Capítulo 19: La espada mágica
Emma nunca había ido al teatro, así que cuando sus padres le propusieron a Killian y a ella de ir a ver una obra aceptó entusiasmada. La obra se llamaba "Los caballeros de la mesa redonda". El teatro era chico, los actores no eran conocidos, y la sala no se llenó. Pero a Emma no le importó nada de eso, ella simplemente quería ver que se sentía ver actuaciones en vivo.
Desde el momento que empezó la obra Emma se quedó maravillada. Todo lo que sucedía cobraba vida ante sus ojos, era simplemente fantástico. Todas las sensaciones que sintió con esas actuaciones, le hicieron creer que a partir de ese día estaba segura que el teatro se convertiría en una de sus salidas favoritas.
- ¿Vamos? – Preguntó Emma, una vez que terminó la obra e intercambiaron un par de comentarios sobre lo que les había parecido.
- No, sacamos la entrada especial. – Respondió Blancanieves.
- ¿Qué es una entrada especial? – Pidió saber Emma.
- Quedarse a conocer a los actores. – Informó Encantador.
Los actores empezaron a salir de a poco al escenario. Algunos se presentaron, otros los saludaron amablemente otros ofrecieron sus autógrafos, y otros les agradecieron por ir a verlos. Emma miraba todo con una intensa curiosidad, ya que todo lo que estaba experimentando era nuevo.
- ¡¿Así que es verdad que mi mujer me está engañando contigo y que no es sólo actuación?! – Gritó frustrado el actor que hacia del Rey Arturo.
- Amigo, no es lo que piensas, esto tiene una explicación. – Aseguró el actor que interpretaba a Lacenlot.
- Guardate las explicaciones para ti mismo, si volves a tocar a mi mujer yo te mato. – Amenazó Aturo con una actitud casi salvaje.
- ¡Ella no es tuya! – Exclamó Lancelot.
De repente ambos actores se vieron envueltos en una pelea de espadas. Emma no sabía si eso era real, o todavía seguían con las actuaciones de la obra. Pero lo que si sabía era que ante sus ojos todo eso cobraba una vida distinta, ella podía verlos como caballeros reales en un campo de batalla. ¿Sería posible que ellos fueran parte de los Cuentos de Hadas? Sin saber como detener el lío que cada vez se estaba intensificando, sacó la espada que había en una piedra y la golpeó con todas sus fuerzas contra el escenario.
- ¡Basta! ¡Dejen de pelear! – Exigió Emma, una vez que obtuvo la atención de todos.
-Excalibur. – Dijo Guinevere, señalando la espada que Emma tenía en sus manos.
- Ella sacó la espada de la piedra. – Dijo Aturo sorprendido y maravillado a la vez.
- Lo siento si no podía tocarse, yo sólo… - Comenzó a disculparse Emma, pero se quedo callada cuando de repente todos se arrodillaron ante ella. - ¿Qué está sucediendo? – Preguntó confundida, sin lograr entender todo eso.
- Nos devolviste las memorias y finalmente eres la persona que sacó la espada mágica de la piedra. – Explicó Arturo.
- ¿Mágica? – Preguntó Emma, mirando la espada.
- Excalibur no sólo lastima a los mortales, sino a los inmortales también, con ella podrás derrotar a todo lo que se cruce en tu camino. – Expresó Arturo con admiración lo que sabía de la espada.
- Yo pensé que eras tú quien la había sacado o iba a sacar. – Dijo Emma pensativamente, todas las historias que sabía del Rey Arturo indicaban que él era el dueño de esa espada.
- Según las profecías de Merlín lo iba a ser, pero cuando quise hacerlo no funcionó. – Relató el Rey, sintiéndose algo avergonzado.
- ¿Dónde puedo encontrar a Merlín? – Cuestionó Emma.
- Está atrapado en este árbol, si tocas alguna de sus raíces podrás comunicarte él. – Dijo Guinevere, señalando el único árbol que tenían de escenografía en uno de los costados del escenario.
Emma se dirigió al árbol y con sus manos tocó las raíces. Al hacerlo tuvo la necesidad de cerrar sus ojos, y allí en su cabeza pudo ver a Merlín. Él se comunicó con ella y le explicó como usar su magia para liberarlo. Sintiendo una extraña confianza, ya que aquel hombre le había transmitido seguridad, intentó usar su magia siguiendo las indicaciones. Una vez que descargó su magia, el árbol poco a poco de transformó en un hombre.
- Hola Emma, es un placer conocerte de una vez salvadora. – La saludó Merlín.
- Gracias. – Agradeció Emma, sin saber bien que decir.
- ¿Es ese el portal? – Preguntó de repente uno de los tantos caballeros.
- Si, puedo verlo. – Asistió Lancelot. – Ahora que estamos todos libres podemos volver a nuestro mundo. – Aseguró a sus compañeros, para que sepan que estaba bien cruzar el portal.
- Supongo que tendremos que seguir la pelea en nuestro mundo. – Comentó Arturo a su caballero. – Gracias por ayudarnos. – Agradeció a Emma.
- No hay necesidad de que me agradezcan. – Dijo Emma con sinceridad.
Y así de a poco todos empezaron a emprender camino hacia el portal que sólo ellos podían ver, y fueron desapareciendo. Hasta que finalmente quedaba solo Merlín. Antes de que el hechicero pudiera cruzar el portal, Emma recordó lo que Maléfica le había comentado de aquel hombre y de repente sintió la necesidad de no dejarlo ir.
- Espera. – Pidió Emma a Merlín.
- ¿Si? – Preguntó él, volviéndose hacia ella.
- Antes de irte, ¿Puedes ayudarme con mi magia? – Preguntó Emma, sintiendo algo de nervios.
- Pensé que nunca ibas a pedirlo. – Comentó Merlín e hizo algo con su magia que probablemente había hecho que el portal se cerrará. – Creo que estaría muy bien que tengamos un par de lecciones si pasas la primera prueba. – Dijo con una sonrisa.
Al otro día Emma se encontró con Merlín para realizar la primera prueba. Emma no tenía la menor idea sobre que podía llegar a consistir aquella prueba, pero estaba nerviosa. Ella no había descubierto sus poderes hasta hace poco, y nunca había tenido nadie que le enseñara como usarlos, lo cual le hacia sentir insegura. Pero tenía que intentarlo. Emma quería aprender a usar su magia para poder proteger a las personas que amaba.
Merlín la llevó a un bosque. Se hicieron un largo camino por en medio de entre los árboles, hasta llegar a un precipicio que desembocaba en un río. Merlín la hizo ubicarse en medio del puente, y él se quedo en la tierra.
- ¿Y ahora? – Preguntó Emma, después de varios minutos de silencio.
- Ahora veremos de que está hecha tu magia. – Respondió Merlín, y empezó a cortar las sogas que ataban al puente.
- ¿Qué estás haciendo? – Preguntó Emma empezando a caminar nuevamente hacia la tierra, horrorizada ante la idea de caer por aquel precipicio.
- Te estoy poniendo a prueba. – Le recordó Merlín. – Usa tu magia para salvarte. – Indicó cuando terminó de cortar las cuerdas.
Emma se sostuvo de las sogas como pudo, pero no tuvo sentido. Una vez que ellas fueron cortadas, comenzó a caer a toda velocidad. Ese era el fin. Podía sentir la adrenalina de como su cuerpo caí a gran velocidad, hasta que de repente algo se activó en su interior. Emma sintió su magia surgir en su interior. Al no sentir más miedo, abrió los ojos, y cuando lo hizo vio que su magia había vuelto a construir el puente y la estaba sosteniendo sana y salva.
- Eso fue lo más increíble que vi en mi vida. – La halagó Merlín una vez que ella estuvo devuelta en tierra. - ¿Te das cuenta de tu potencial? – Preguntó.
- Supongo que si. – Asistió Emma dando un suspiro de alivio. - ¿Eso significa qué pase la prueba y me vas a enseñar a usar mi magia? – Pidió saber.
- Absolutamente. – Asistió Merlín.
Y así la siguiente semana la pasó teniendo lecciones de magia con Merlín. El hechicero no podía usar su magia en el mundo sin magia, pero podía indicarle a ella como hacerlo. Le enseñó hechizos de defensa, de teletransportación, de curación, y de ataque. También le enseñó a realizar algunas pociones que creía que le podían ser útiles. Emma llegaba a las noches sintiéndose agotada, queriendo solamente comer y dormir.
- ¿Qué tal fue la lección de hoy? – Preguntó Killian, uniéndose a la cama junto a ella.
- Intensa, agotadora, interesante. – Describió ella, refugiádose en los brazos de él.
- Quizás debas tomarte un descanso. – Sugirió él mientras le acariciaba el cabello.
- Lo he pensado, pero quiero aprovechar el tiempo que tengamos juntos. – Admitió ella, expresando sus pensamientos y sentimientos. – Yo quiero aprender a controlar mis poderes, quiero poder protegerlos. – Justificó sus motivos.
- Lo sé y lo estás haciendo muy bien, pero no quiero que te sobre exijas. – Dijo él mirándola profundamente a los ojos.
- Te juro que una vez que Merlín regrese a su realidad dormiré una semana entera. – Prometió ella y le dio un pequeño beso en los labios.
A Emma le gustaba como él la cuidaba, como él siempre quería lo mejor para ella, como él siempre la ponía como prioridad. Su corazón saltaba de alegría con cada demostración de amor que él tenía con ella. Y esa noche, durmiéndose a salvo en sus brazos, se preguntó si ya estarían listos para expresar ese amor en voz alta.
A la mañana siguiente fue a encontrarse con Merlín en donde siempre se encontraban para tener las lecciones de magia. Pero ese día fue distinto, ese día él no tenía nada preparado, y al encontrarse con aquella situación Emma presintió que había llegado el fin.
- ¿Te ibas a ir sin despedirte? – Le reprochó ella, sintiéndose traicionada y dolida.
- No, yo te conozco y sé que eso no te hará ningún bien. – Comentó él, mirándola de pies a cabeza, como si estuviera leyendo su alma.
- Ya he tenido demasiado abandono en mi vida. – Confesó ella, mostrándose vulnerable por un instante.
- Este no es el caso. – Aseguró él. – Es sólo que para esta última lección no necesitamos nada más que nosotros mismos. – Explicó con calma.
- Bien, empecemos entonces. – Aceptó ella.
- La última lección es que te aceptes a ti misma. – Informó él.
- ¿Es una broma? – Preguntó ella sorprendida.
- Para nada. – Respondió él.
- No sabía que los hechiceros también son psicólogos. – Comentó ella con cierta ironía.
- Para poder controlar tus poderes, tienes que aceptar la magia como parte de tu ser. Esa es la única forma – Reveló él con convicción.
- Yo acepto mi magia. – Dijo ella, cruzándose de brazos defensivamente.
- ¿Estás segura? Entonces dime, ¿quién eres? – Cuestionó él.
- Yo soy Emma… - Comenzó a decir ella.
- Eres la salvadora, eres la hija de Blancanieves y Encantador, eres el producto del verdadero amor, y tu magia es la única capaz de ser lo suficientemente fuerte como para enfrentar la oscuridad. – La interrumpió él, exponiendo todos los roles que a ella le costaba asimilar.
- Sé que soy todo eso, yo sé quien soy. – Dijo Emma.
- Pero no basta sólo con saberlo, decirlo, escucharlo, verlo; tienes que creerlo Emma. – Presionó él.
- Es complicado, y difícil. – Se excusó ella. – Tú no entiendes porque no creciste en este mundo. Todos ustedes se suponía que eran simplemente historias. – Reprochó, comenzando a perder la paciencia.
- Pero no somos nada más historias, somos personas reales. – Le recordó él.
- Lo sé, pero eso no significa que sea fácil. – Discutió ella.
- Nadie dijo que fuera fácil, pero las cosas que valen la pena en general nunca lo son. – Dijo él. - ¿Quién eres Emma? – Volvió a retomar su pregunta inicial.
- Yo soy Emma Swan. – Respondió Emma, mirándolo desafiadoramente.
- ¿Y quién es Emma Swan? ¿Por qué no te presentas con uno de tus roles que sabes que te hacen importante? ¿Quién eres Emma? – Cuestionó él, una y otra vez, cada vez más insistentemente.
- ¡Porque yo soy simplemente lo que soy! ¡Yo no soy nada, ni nunca fui nada! – Explotó ella. – Mi magia y los roles que tienen para darme o lo que sea, no me hacen ser quien soy. Yo soy importante porque soy lo que soy, no por lo que tengo. – Dijo ella con confianza.
- ¿Y qué se siente ser valioso por lo que uno es? – Preguntó él con una sonrisa.
Esa pregunta fue la que hizo que todo cobre sentido. Él la había estado cuestionando para que se replantee lo que era, para que logre aceptarse. Pero como ella finalmente había logrado expresar, lo que la hacia importante era ser quien era; no su magia, ni sus roles. Las personas eran importantes por el simple hecho de ser. Y ella había crecido creyendo lo contrario, en gran parte gracias a su experiencia en el sistema de adopciones. Sin embargo, eso ahora había cambiado. Con la ayuda de Killian, de sus padres, y todo lo que trajo a ella el mundo de la magia; se había dado cuenta que su vida era importante. Ella merecía ser amada y ser feliz como cualquier otra persona. Ayudar a todos aquellos personajes, o mejor dicho personas, le hizo volver a tener esperanza de que algo mejor siempre era posible.
- Increíblemente bien. – Confesó ella, unas lágrimas de emoción cayendo de sus ojos.
- Estoy orgulloso de ti y estoy seguro que vas a lograr grandes cosas. – La halagó él.
- Gracias por todo. – Agradeció ella con la más profunda honestidad.
- Que la luz siempre te acompañe. – Le deseó él.
Merlín cruzó el portal que lo llevaba a su mundo, dejando a Emma sola. Ella se quedo un largo rato en aquel lugar pensando en todo lo que había vivido desde que había cumplido veinticuatro años y había deseado no estar sola; y por primera vez en su vida se sintió en paz y a gusto con ser ella misma.
