Capítulo 21: El sabor amargo de las despedidas

Caminar siempre le resultó un buen método para descargar sus preocupaciones. Así que en ese momento, que todavía no sabía cómo iba a enfrentar a Killian y la verdad que se había enterado, decidió caminar por las calles de la ciudad. No entendía porque Killian le había ocultado algo tan importante como eso, le dolía pensar la posibilidad de que él no confíe en ella. Aunque en realidad estaba casi segura de que no se debía a un tema de confianza, sino a no querer separarse. Pero si Killian podía ver el portal eso significaba que el destino los quería separados, y ella pensaba que lo mejor era hacerle caso porque no quería arriesgar la existencia de él. Ella prefería estar separados sabiendo que él estaba bien y a salvo, antes de estar juntos y tener siempre el miedo de perderlo ante los hombres de "La Sombra". Ella debía convencerlo de cruzar el portal, sin importar cuanto le doliera.

Caminando de un lado a otro de repente escuchó una voz hermosa, llena de paz y sentimientos. Entró al lugar de donde provenía aquella voz, una biblioteca. Allí encontró a la dueña de la voz, quien estaba rodeada de libros y los acomodaba mientras cantaba una canción.

I want more than this provincial life. (Yo quiero más que vida provincial.)

I want adventure in the great wide somewhere. (Quiero aventuras en algún gran lugar.)

I want it more than I can tell. (Quiero más de lo que puedo decir.)

And for once it may be grand, to have someone understand. (Y por una vez podría ser grandioso tener alguien que me entienda.)

I want so much more than they've got planned. (Quiero mucho más que lo que tienen planeado.)

- A veces es mejor no desear más de lo que tenemos. – Comentó Emma sintiéndose afectada por la canción. Ella nunca había deseado nada, pero ahora que tenía a sus padres y a Killian deseaba más de lo que ellos podían llegar a tener. Y desear más no resultaba algo bueno, no cuando era un imposible.

- Oh, lo siento, no sabía que tenía un cliente. – Se disculpó la mujer cuando notó la presencia de Emma. - ¿En que puedo ayudarte? – Preguntó amablemente.

- Eres Bella. – Dijo Emma reconociéndola. En ese momento sintió algo de alivio y alegría, ese era el último personaje del libro que quedaba por encontrar y ayudar a regresar a su mundo.

- ¿Cómo sabes quién soy en verdad? ¿Eres la salvadora? – Cuestionó Bella pensativamente.

- Soy la salvadora, pero preferiría que me llames por mi nombre, soy Emma. – Respondió Emma con sinceridad.

- Bueno Emma, estoy lista para regresar a mi mundo. – Dijo Bella con confianza.

- Entonces es hora de encontrar tu final feliz. – Informó Emma.

Según Bella su final feliz era encontrar a su padre y regresar a su mundo con él. Así que estaba claro lo que tenían que hacer, encontrar a su padre. Emma la llevó al departamento de sus padres, pero para su sorpresa en vez de encontrarse allí con ellos, se encontraron con Killian. Sus padres estaban preocupados porque ella no respondía después de haberse ido a hacer que Rumpelstiltskin volviera a su mundo, por eso le habían pedido a Killian que él se quedará a esperarla mientras que ellos fueron en su búsqueda.

- ¿Por qué no nos respondías? – Preguntó él con cierta mezcla de enojo y preocupación.

- Eso no importa, lo que importa es que Rumpelstiltskin y Bealfire volvieron a su mundo, y yo estoy bien. – Respondió ella.

- Emma… - Comenzó a decir él.

- ¿Por qué me estuviste ocultando que podes ver el portal? – Preguntó ella interrumpiéndolo.

- ¿Cómo sabes que puedo verlo? – Preguntó él sorprendido.

- Rumpelstiltskin me dijo. – Contestó ella. – ¿Hace cuánto que podes verlo? – Volvió a insistir.

- Desde el día que logramos hacer que Úrsula volviera a nuestro mundo. – Informó él refiriéndose al día en que habían hecho el amor por primera vez.

- No puedo creer que hayas estado tanto tiempo mintiéndome. – Dijo ella después de unos minutos de silencio, donde se habían dedicado a mirarse intensamente a los ojos.

- Yo no te mentí. – Discutió él.

- Ocultar algo así de importante es lo mismo que mentir. – Retrucó ella.

- Por la única razón que no te lo dije antes es porque no quería separarme de ti, yo te amo. – Confesó él, su voz llena de emoción.

- ¡Si en verdad me amas, cruzarías ese portal! – Exclamó ella.

- ¡¿Y dejarte aquí?! – Preguntó él horrorizado por la idea. – No puedes pedirme eso, yo quiero estar contigo acá, allá, o en cualquier lado. No me importa donde estemos, mientras estemos juntos. – Dijo con la más pura sinceridad, invadiendo el espacio personal de ella.

Lo miró a los ojos por un instante y al hacerlo le dieron ganas de acceder a lo que el decía, de dejarlo hacer lo que él quería. Pero no podía hacerlo, no podía ser tan egoísta. Ella lo quería salvo. No le importaba si estaban juntos o separados, lo que le importaba es que él tuviera una vida. Y si él se quedaba con ella, ya se podía imaginar a los hombres de "La Sombra" logrando alcanzarlo con algún dardo, su existencia esfumándose, sus páginas del libro de Los Cuentos de Hadas volviéndose en blanco como las de Walsh y Graham.

- El destino lo quiere así. – Justificó ella. – De todas formas jamás habríamos funcionado juntos. Si nos quedamos en este mundo tarde o temprano vamos a terminar porque yo no creo en las relaciones serias y duraderas, y si fuéramos a tu mundo jamás estaríamos juntos porque tú eres un pirata y yo soy una princesa. – Agregó intentando mostrarse indiferente ante la situación.

- No te creo. – Negó él agarrando el mentón de ella para hacer que sus miradas se encuentren. – Te conozco y sé que estas sólo son excusas para hacerme ir. Sé que me amas y que quizás no estás lista para decirlo, pero por favor no me pidas que me vaya. – Suplicó desesperadamente.

- Yo no te amo. – Mintió ella mirándolo a los ojos. – Y si tú me amarías un mínimo de lo que dices, entonces deberías cruzar el portal. – Dijo apartándose de él.

- Bien. – Aceptó él, secándose las lágrimas que caían silenciosamente por sus mejillas. – Yo creo que te vas a arrepentir de esto. Tú te habrás dado por vencida, pero yo no lo voy a hacer. – Dijo tristemente. - Sea como sea te voy a encontrar y nunca voy a dejar de luchar por nuestro amor. – Prometió y cruzó el portal.

Cuando Killian desapareció tras el portal fue cuando Emma no pudo soportar más el dolor que sentía, se dejó caer al piso y comenzó a llorar descontroladamente. Bella, quien había sido testigo de aquel encuentro, se arrodilló junto a ella y la abrazó para confortarla. Emma lloró hasta que no le quedaron más fuerzas para seguir produciendo lágrimas.

- ¿A eso te referías con qué a veces es mejor no desear más? – Preguntó Bella, una vez que la otra se calmó, recordando lo primero que habían hablado en la biblioteca.

- Lo amo, pero no puedo arriesgarme a perderlo. – Admitió Emma.

- ¿Crees qué el Bosque Encantado está fuera de peligros? – Preguntó Bella intentando comprender los razonamientos de la otra. – En nuestro mundo también hay peligros y las personas también morimos. – Dijo a modo de recordatorio.

- Lo sé. – Asistió Emma. – Pero si allí mueren siguen a la próxima vida o a lo que sea que hay después de la vida, en cambio aquí si los agarra alguno de los hombres de Pan dejan de existir. Y yo soy la salvadora, y eso implica la responsabilidad de mantenerlos a salvo. – Explicó lo mejor que pudo.

- Si su amor es verdadero yo creo que van a encontrar la forma de volver a estar juntos. – Dijo Bella con convicción.

- Gracias. – Agradeció Emma. – En fin, veamos como encontrar a tu padre. – Decidió, levantándose del piso y poniéndose en acción.

Y así se pusieron en marcha. Gracias a las investigaciones que Bella había estado haciendo, más las habilidades de Emma como agente de fianzas, pudieron encontrar a Mauricio en un asilo de ancianos. Sin siquiera pensarlo se dirigieron allí, hablaron con una enfermera y la convencieron para que las dejara visitarlo.

- ¿Quiénes son ustedes? – Preguntó Mauricio sorprendido cuando las dos mujeres entraron a su habitación.

- Somos voluntarias, venimos a leer historias. – Pusó Emma la primera excusa que se lo ocurrió al notar que Bella se había quedado en un estado de congelación.

- Ohh, eso es genial. – Aceptó Mauricio la idea, mostrándose algo entusiasmado.

- ¿Bella por qué no lees la historia que trajimos hoy? – Propuso Emma al notar que la otra todavía no había reaccionado.

- Claro. – Asistió Bella recuperándose lentamente de su estado de shock.

Bella comenzó a leer la historia de ella y su padre, la que estaba en el libro "Había una vez". Leyó a la perfección, sabiendo que emoción poner en cada momento y cuando hacer pausas. Emma disfrutó de escuchar la historia, y de ver como de a poco distintas emociones y sentimientos iban apareciendo en los ojos de Mauricio, hasta que finalmente hubo reconocimiento.

- ¿Hija? – Preguntó Mauricio una vez que Bella terminó de leer la historia.

- Si papá, soy yo. – Respondió Bella con una sonrisa.

Emma vio como Bella y Mauricio se reencontraron en un abrazo que irradiaba puro amor, y el corazón se le retorció al saber que muy pronto iba a tener que separarse de sus padres. De repente, un ruido inesperado llamó su atención. Se acercó a la ventana de la habitación, y tal cómo había sospechado, pudo ver a hombres de "La Sombra" haciéndose camino hacia el edificio.

- ¿Son ellos? – Preguntó Bella preocupada, quien la había seguido hasta la ventana.

- Si, son ellos. – Asistió Emma. – Es hora de que se vayan de aquí. – Indicó dirigiéndose a la puerta, mientras sacaba el arma que llevaba en el pantalón. - ¿Ven el portal? – Preguntó.

- ¿Es esa luz? – Preguntó Mauricio señalando hacia un extremo de la habitación.

- Si, yo creo que si. – Respondió Bella ubicando la luz a la que se refería su padre.

- Solo ustedes pueden verla. – Les dejo saber Emma. – Es hora de que crucen antes de que lleguen a buscarlos. – Sugirió queriendo hacerlos accionar.

- ¿Pero qué hay de ti? – Preguntó Mauricio con la cara que cualquier padre pone cuando uno de sus hijos está en peligro.

- Yo voy a estar bien. – Aseguró Emma.

- Gracias por todo. – Agradeció Bella dándole un abrazo.

- No es necesario que me agradezcas. – Dijo Emma sintiéndose abrumada.

- Claro que si, fue un honor que nos ayudarás salvadora. – Dijo Mauricio haciéndole una pequeña reverencia de respeto y admiración.

- Es hora de que se vayan. – Les recordó Emma presintiendo que los hombres de "La Sombra" estaban cada vez más cerca.

- ¿Vamos? – Preguntó Bella a su padre.

- Vamos. – Asistió Mauricio tomándola de la mano.

Justo cuando Bella y Mauricio desaparecieron, la puerta de la habitación fue abierta con tanta fuerza que Emma cayó al piso. En un abrir y cerrar de ojos se encontró rodeada de varios hombres de "La sombra". Se puso de pie y se preparó para enfrentar lo que fuera que quieran hacer.

- ¡¿Dónde están?! – Preguntó uno de ellos furioso.

- Al parecer llegaron tarde, ellos ya están en donde pertenecen. – Dijo Emma con satisfacción.

- ¡Abrí el portal! ¡Llévanos con ellos! – Ordenó otro de ellos apuntándola con su arma.

- Lo siento, pero eso no está a mi alcance. – Se disculpó Emma irónicamente. – Y aún si lo estuviera, no lo haría. – Les recordó orgullosamente.

- En ese caso, veremos como te sienta la nueva magia. – Dijo el más alto de todos.

Había algo raro y difícil en diferenciar un rastro de sombra de Pan, que una persona. Pero con el tiempo a Emma se le hacía cada vez más sencillo diferenciarlos, y en ese entonces supo reconocer que estaba con todos rastros de sombra y no con personas. Ellos son los que se vuelven polvo. Emma disparó su arma y definitivamente como ella había calculado se volvieron polvo. Sin embargo, las sombras le ganaban en cantidad y pudieron clavarle unos cuantos dardos. Ella siguió existiendo como siempre, pero sus fuerzas empezaron agotarse. Sin saber exactamente cómo, llegó al departamento de sus padres y fue envuelta en sus brazos. Cuando sus fuerzas se recuperaron se despertó. Estaba en el sillón de sus padres. Al verla recuperada le dieron un par de abrazos y le prepararon un chocolate, mientras Emma los puso al día de lo que había pasado con Killian y con Bella.

- Ustedes son los únicos que faltan cruzar el portal y es hora de que lo hagan. – Dijo Emma cuando terminó su chocolate.

- No, no podemos. – Negó Blancanieves.

- Si pueden y tienen que hacerlo, es la única manera que van a estar a salvo. – Insistió Emma.

- ¿Y a ti quién te mantiene a salvo? – Preguntó Encantador.

- Yo voy a estar bien. – Respondió Emma, manteniéndose fuerte.

- Nosotros no vamos a dejarte, no podemos separarnos otra vez, no cuando finalmente te encontramos. – Expresó Blancanieves desesperada ante la impotencia que sentía.

- Nuestro final feliz no está completo sin ti. – Dijo Encantador, su voz quebrándose de la tristeza.

- A veces los finales felices no resultan ser lo que pensábamos. – Dijo Emma tristemente. – Yo soy la salvadora y mi misión es hacer que todos vuelvan a su mundo a salvo, y eso los incluye a ustedes. – Agregó Emma intentando justificar lo que tenía que suceder.

- No se abandona a las personas que uno ama, y nosotros no vamos a abandonarte. – Discutió Blancanieves, lágrimas cayendo de sus ojos.

- Y no me van a abandonar, yo siempre voy a estar presente en sus corazones y ustedes en el mío. - Aseguró Emma emotivamente. – Gracias a ustedes pude saber lo que es tener padres que me aman. Y aún si no pude terminar de abrirme con ustedes, todo este tiempo juntos significó el mundo para mí. – Dijo lo que sentía desde lo más profundo de su corazón.

- Te amamos. – Dijo Encantador abrazándola.

- Por eso no podemos irnos sin ti. - Agregó Blancanieves.

- No pueden irse, pero lo van a hacer porque yo se los pido. – Dijo Emma con convicción, a la par que se secaba las lágrimas que caían silenciosamente de sus ojos. – Jamás en mi vida les pedí y nada, y me gustaría no tener que hacerlo, pero les tengo que pedir esto. Por favor crucen ese portal. – Suplicó.

- Emma, pero… - Comenzó a decir Encantador, buscando la manera de convencerla de lo contrario.

- Tienen que pensar en el bien mayor, como cuando me enviaron a este mundo. – Lo interrumpió Emma. – Para que todos ustedes estén a salvo deben cruzar el portal. – Re afirmó.

- Te amamos. – Dijo Blancanieves dándole un beso en la frente a su hija.

- Nunca vamos a dejar de pelear por volver a ti, o porque vengas a nosotros. – Dijo Encantador acariciando la cabeza de su hija.

- Pase lo que pase, nosotros siempre vamos a encontrarte. – Sumó Blancanieves a modo de promesa.

- Eso mismo me dijo Killian. – Dijo Emma recordando las últimas palabras que el hombre que amaba le había dicho.

- Eso es amor verdadero. – Dijo Blancanieves con una pequeña sonrisa.

Un beso por parte de cada uno y un abrazo. Luego sus padres se agarraron de la mano y empezaron a caminar hacia el portal, el portal que habían podido ver desde que Emma aceptó que ellos debían seguir adelante para estar a salvo. Verlos caminar hacia el portal le hizo sentir miedo y dolor, y le hizo dar cuenta que esa podía llegar a ser su última oportunidad de verlos en su vida.

- Mamá, papá. – Los llamó Emma. – Los amo. – Dijo mirándolos a los ojos.

- Y nosotros te amamos Emma. – Dijo Encantador con una sonrisa.

Sus padres desaparecieron al cruzar al portal. Emma se dejó caer de rodillas al piso y comenzó a llorar una vez más. Agarró el libro "Había una vez" y comprobó como mágicamente habían quedado todas sus páginas y la tapa con color. Las historias estaban a salvo y todos los personajes, mejor dicho todas las personas que formaban parte de ellas estaban a salvo. Y Emma… Emma estaba nuevamente sola.