Disclaimer: los personajes, lamentablemente, le pertenecen a J. K. Rowling. Si no, el protagonista no sería Harry Potter sino Theodore Nott y habría más Slytherins.


Capítulo IV: Spiral

"Samayou trap in endless night, sonzai jitai ni imi ushinai, modorenai kako, don't you dare to know" Dustz


Scorpius Malfoy, el mejor amigo de Albus Potter no apareció a la hora de la cena. Rose Weasley miró fijamente el asiento vacío en la mesa de Slytherin, justo al lado del de su primo. Había conocido al chico rubio, una fiel copia de su padre en primer año, cuando se cumplió el peor temor de Albus a esa edad: ser seleccionado para Slytherin. Recordaba perfectamente su selección. Primero había pasado Malfoy y el sombrero lo había mandado a Slytherin en cuanto había tocado se cabeza… Unas cuantas personas después había pasado Albus. Había estado casi un minuto sentado con los ojos cerrados y apretados y finalmente el sombrero lo había mandado a Slytherin. El shock del gran comedor había sido total: sólo Slughorn había aplaudido en un principio, encantado de tener a un hijo de Harry Potter en su casa.

Rose sonrió al recordarlo. Esa noche Albus no estaba nada seguro de pertenecer a la casa de las serpientes. Siete años después sonreía de medio lado y decía que no podía existir mejor casa, dijera lo que dijera James. A Rose el sombrero la mandó a Gryffindor luego de sugerirle que haría un buen papel en Ravenclaw y ella había ido a reunirse con sus primos Louis y Roxanne, que también habían comenzado ese año.

A Rose le había extrañado que Scorpius no apareciera junto a su hermano. Ella no era su amiga propiamente dicha, pero ambo solían quejarse de lo malos que eran todos para el ajedrez y a lo largo de los siete cursos habían disputado varias partidas. Albus se burlaba de ellos y decía que el ajedrez le daba sueño. Rose le dirigía gélidas miradas que bien se parecían a las de su madre con esos ojos azules heredados de su padre que tenía y Scorpius bufaba sin hacerle mucho caso. Por supuesto, esa relación no le había hecho ninguna gracia a su padre, Ron, que vivía con prejuicios de la guerra (prejuicios que, a pesar de todo el tiempo que había pasado, seguían conservándose).

Albus se acercó a ella después de la cena mientras regresaba junto con Hestia a la sala común de Gryffindor.

—Han atacado a la madre de Scorpius en su propia casa —soltó sin su habitual sonrisa de medio lado—. Hace solo un rato.

—¿No eran la mansión Malfoy inexpugnable? —preguntó Rose recordando al pesado de Scorpius hablar sobre el tema de por qué nadie desconocido podía entrar a la mansión sin consentimiento previo.

Albus se encogió de hombros.

—No me dijo como —se encogió de hombros—. Apenas si me dijo que habían atacado a su madre cuando lo vi echar todas sus cosas en su baúl. Se ha marchado… Flitwick le ha dado permiso después de que ha venido su abuela a recogerlo.

Rose no contestó, sin embargo en la cara de Hestia McGonagall, que junto con Roxanne Weasley formaba la mafia de los chismes de Hogwarts —no había nada que no supieran—, se formó una sospecha.

—A la madre de Antonin Zabini también la atacaron —dijo—. Y la mataron. Es la segunda…

Rose Weasley se quedó mirándola y comprendió que tenía razón. Sim embargo, se llevó la mano a la bolsa de la túnica donde llevaba el pergamino que había recibido el día anterior por la mañana. ¿También Antonin y Scorpius habían recibido notas como esas?


Habían quedado después del funeral. Liliane había dejado a su padre sólo junto con Antonin y se había asegurado de que no faltara nada. Ahora estaba sentada en una mesa para dos de una cafetería muggle vestida con un sencillo vestido negro que le llegaba a media pierna, medias negras y zapatos de tacón. Del respaldo de su silla colgaba el grueso abrigo negro con el que se cubría. Estaba esperando a que James Potter, que había comenzado el lunes sus vacaciones de la academia de aurores, se dignar a aparecer.

Finalmente, James Potter apareció y se sentó frente a ella luego de mirarla de arriba abajo.

—Que monocromática —comentó.

Liliane se le quedó viendo con una mirada penetrante y James tuvo la decencia de mostrarse incómodo.

—Es por el luto… —espetó con la voz ácida—. No sé qué hagan ustedes cuando se muere alguien cercano, y no me interesa, pero nosotros llevamos el luto. —No había dicho a quien se refería por «nosotros», pero James lo entendió perfectamente: las familias de más abolengo entre los magos, los de sangre pura. En su gran mayoría familias de Slytherins, que aún conservaban costumbres anticuadas, aunque también había gente de otras casas.

—Lo siento… —comentó James—. ¿Por qué me citaste aquí, en una cafetería muggle? Sé que no te agradan los muggles…

Liliane volvió a mirarlo fijamente, sin un parpadeo con sus ojos cafés, heredados de su padre, penetrantes.

—No me agradan —reconoció ella—. Pero aquí hacen buen café —respondió, señalando la diminuta taza de café que tenía enfrente y que había pedido mientras esperaba a James: un expresso doble cortado—. Podemos hablar de esto —puso sobre la mesa la nota que tenía el cadáver de Pansy Zabini cuando lo encontraron—, ¿o seguirás cuestionándome?

James negó con la cabeza, incómodo. Era evidente que no compartía las mismas opiniones de Liliane y se limitó a tomar la nota mientras llamaba a la mesera y pedía un café con leche, a ser posible, descafeinado. Liliane, que era adicta a una buena dosis de cafeína, alzó la ceja, pero no dijo nada al respecto.

—No puedo creer que engañaras a los aurores… menos puedo creer que engañaras a Zeller —comentó James mirando fijamente aquel pergamino en el que claramente se leía, escrito con sangre seca «Iremos por ti, Blaise Zabini»—. Le dio clases a Teddy en la academia… da miedo.

Liliane recordó la imagen que tenía de Rose Zeller difícilmente coincidía con la de alguien que daba miedo. La auror era de muy abaja estatura con el cabello rubio apretado en un moño y algunas arrugas prematuras alrededor de los ojos, con el ceño siempre fruncido. La había engañado y punto. No confiaba en ella. En realidad no confiaba en ningún auror (a excepción de James Potter que estaba en su segundo año en la academia y todavía no era uno propiamente dicho). La miraban como si fueran superiores a ella, aun cuando había colaborado en un par de casos en los que estaban involucrados objetos con poderosas maldiciones.

—Sólo dupliqué el mensaje en un pergamino completamente normal y corriente —contó Liliane—. Sin embargo examiné este. Tiene una maldición poderosa y no sé qué es exactamente.

—Debiste dárselo a Zeller —dijo James, haciendo gala de su correcto sentido de la justicia. Liliane alzó una ceja pero no dijo nada.

—No confío en ella —espetó en ella—. Y quiero descubrir yo lo que esconde este pergamino —musitó, haciendo especial énfasis en el «yo».

—La experta en maldiciones eres tú. Eres tú la que se ha dedicado a eso exclusivamente después del colegio —comentó James con una sonrisa resignada. Aun no tenía demasiado claro para qué lo quería Liliane esa chica con la que siempre había competido para ocupar el primer puesto en Defensa contra las artes oscuras—. ¿Qué puedes necesitar de mí?

—También eres bueno en maldiciones —dijo ella—. Puedes ayudarme a descubrir que esconde ese pergamino.

James aún no estaba demasiado seguro de que aquello fuera correcto. Estaban evadiendo la justicia y eso era un delito grave. Y al fijarse en los ojos de Liliane, en su manera de hablar… era claro porque se negaba a contárselo a los aurores: quería venganza.

—Te ayudaré —dijo James, con cautela, no muy seguro de si estaba haciendo lo correcto y tomando en cuenta que, si los descubrían, estarían metidos en graves problemas.

—Jura que no le revelarás esto a nadie —exigió Liliane—. Júralo.

James se puso a la defensiva.

—¿Qué harás si no lo hago? —preguntó.

Liliane sonrió y esa sonrisa se le antojo peligrosa. En nueve años nunca la había visto esbozar una sonrisa sincera a alguien que no fuera su hermano menor.

—Te haré un obliviate —respondió—, y no recordarás lo que he hecho, ni lo que hemos hablado…

James asintió. No estaba seguro de nada, pero Liliane había picado su curiosidad.

—Te ayudaré —empezó, lleno de dudas y rogando no arrepentirse—, y juro por mi magia que no le revelaré a nadie sobre ese pergamino ni sobre que engañaste a Rose Zeller.

No era lo correcto y su instinto se lo gritaba, pero Liliane había metido la curiosidad en él. A ver a donde les llevaba todo aquello. Sólo estaba seguro de que no sería nada fácil…


Roxanne Weasley, de piel oscura, y el cabello negro peinado en trenzas era una copia casi exacta de su padre. La primera Weasley que no resultaba pelirroja en generaciones. Le encantaba considerarse única y diferente en aquella familia llena de pelirrojos con pecas. Era capitana de equipo de Quidditch de Gryffindor y golpeadora, como su padre. Cuando se había presentado a las pruebas, en cuarto, incluso su hermano Fred, que en ese tiempo era capitán, se había burlado de ella. Pero ella había sonreído y les había demostrado que era su mejor candidata después de que tres idiotas acabaran en la enfermería al haberlos alcanzado tres bludgers. Ahora era la capitana del equipo y estaba segura de que, en su último año ahí llevaría a Gryffindor a la victoria. Había ganado su primer partido, contra Hufflepuff y al volver de vacaciones se enfrentaría a Ravenclaw. El problema sin embargo, lo representaba Slytherin y su perfecto buscador Scorpius Malfoy. Eran los únicos que podían arrebatarle la copa de las manos.

Estaba desayunando acompañada por Latika Thomas, una chica de piel morena y cabello lacio amarado en un intento de coleta, y de Rose Weasley, su prima a la que el Quidditch le venía interesando nada y lo mismo. Iba a los partidos, pero hasta los trece años no había comprendido completamente las reglas, aun cuando sabía volar perfectamente. Ninguna había dicho gran cosa en el desayuno. Rose estaba enfrascada en la lectura del ejemplar de El profeta que le había llegado. Era miércoles y por lo tanto, Roxanne sabía que su tía Ginny escribía su columna deportiva, además del suplemento de deportes. Sabía que Rose no lo leería, así que recordó que debía robarle esas páginas en cuanto soltara El Profeta.

En primera plana veía la foto de Astoria Malfoy, rubia y por lo menos diez años más joven. La habían atacado en su propia casa. Roxanne frunció el cejo al leer de nuevo el titular. ¿Qué el imbécil de Scorpius Malfoy no aseguraba que las defensas de su casa volvían imposible un ataque? Muy bien, se robaría todo el periódico en cuanto Rose, la muy distraída, lo dejara olvidado. Así podría leer la nota completa y satisfacer su curiosidad a gusto.

Finalmente llegó Hestia y se sentó al lado de Rose. Aquella chica de cabello castaño, casi una copia de su tía abuela Minerva a su edad le caía bien a pesar de ser la mejor amiga de Rose. Eran las dos muy estudiosas…, claro. Roxanne a menudo las imaginaba en Ravenclaw. Pero la diferencia entre Rose y Hestia es que la segunda conocía todos los pormenores de la vida en Hogwarts y le tenía aprecio al Quidditch. De hecho, jugaba como cazadora en el equipo. Y no había un solo chisme que no conociera. Así que Roxanne disfrutaba de hablar con ella.

—¿Has oído algo de tu hermano Latika? —preguntó Hestia a modo de saludo. La chica que estaba sentada al lado de Hestia la volteó a ver. Tenía algunos rasgos hindúes como el color de piel (no tan oscuro como el de Roxanne) y los ojos grandes y muy abiertos—. Dicen que está que se muere por esa Alcyone Smith, de Hufflepuff. Ya saben, la chica rubia bajita que lo mira todo con aire circunspecto.

—Me da igual con quien salga Robert —comentó Latika, pero no pudo evitar voltear hacia su hermano, sentado junto a Hugo Weasley, en su misma mesa un poco más allá. Robert era una copia en pequeño de Dean Thomas, pero había heredado los ojos de su madre, Parvati.

—También oí algo más sobre… —siguió Hestia pero se vió interrumpida al ver entrar tres lechuzas. Ya era demasiado tarde para el correo. Una de ellas se colocó enfrente de Roxanne y otra, de Louis Weasley, su primo, que también estaba en el mismo curso. La tercera finalmente, fue hasta donde estaba Lily Potter, sentada junto a Hugo y a Robert.

Roxanne tomó el sobre que le pertenecía y Louis, un poco más allá, hizo lo propio. Dentro del sobre había sólo un pedazo de pergamino extendido. Roxanne lo sacó del sobre y no pudo evitar soltar un grito. El pergamino quemaba al tacto. Lo dejó caer sobre la mesa y las cuatro chicas pudieron leer claramente la única palabra escrita e tinta roja brillante.

«Venganza».


Hermione Weasley estaba en su oficina, pensando, de nuevo en Sayuri Ihara. Aquella chica, hija de Cho, había prometido demasiado cuando había llegado a su oficina, a trabajar bajo sus órdenes. Llevaba días pensando en hacerla su ayudante personal ahora que Irma Fawcett se iba a Estados Unidos con su flamante prometido. Lamentaba perderla, pero era inevitable. Irma tenía planeado marcharse el lunes, pero cuando habían oído la noticia de Sayuri y su desaparición había aceptado quedarse una semana más hasta que Hermione arreglara las cosas en su oficina.

Sayuri, había resultado ser una chica muy lista que estaba deseosa de conseguir, algún día, un puesto en el Winzengamot. Hermione sabía que llegaría a lograrlo y por eso había pensado en hacerla su ayudante, para que conociera todo su trabajo de primera mano.

Estaba sinceramente preocupada por la joven. Incluso le había preguntado a Harry si sabían algo de ella y él le había comentado que Savage, uno de los aurores más viejos, estaba llevando el caso después de que había recibido una nota de Cho Ihara directamente. Sin embargo, nada sabían de ella. Habían descartado que fuera un secuestro para obtener una recompensa, porque no les había llegado ninguna nota.

¿Qué había pasado con ella?

Entonces entró Irma en su oficina, sin tocar, con cara de sorpresa. Hermione se quedó viéndola, inquisitiva, hasta que Irma pudo soltar una sola frase que incluso a Hermione la sorprendió.

—¡Han encontrado a Sayuri Ihara!


Por otro lado Liliane Zabini, Slytherin de los pies a la cabeza, ha engañado a Rose Zelle. James, aunque renuente, acepta ayudarla.

Conjeturas… ¿qué gana Liliane ocultado información y por qué lo hace? ¿Qué maldición tiene el pergamino que encontraron junto a Pansy Zabini? ¿Qué pasará con Astoria Malfoy? ¿Están conectados ambos ataques? ¿Por qué el clan Potter/Weasley recibe notas como esas? ¿Por qué queman al tacto? ¿Quién las envía y qué pretende? Y sobre Sayuri… ¿apareció realmente?, ¿está viva, muerta, algo más? ¿es realmente Sayuri Ihara la de verdad?


A veces recordamos lo que nunca sucedió.

Nea Poulain

a 2 de enero de 2013