Disclaimer: Los personajes, lamentablemente, son de una rubia llamada Rowling. Si me los regala prometo muchos slytherins desnudos y no más entradas para Draco Malfoy.
Capítulo XVII: Miéntele
"Miéntele, no le digas lo que hiciste ayer cuando me viniste a ver. Miéntele, no le digas nunca como fue, tú sabes cómo es él" Los Bunkers
Estaba tremendamente cansada. Habían conseguido acabar con el motín el Azkaban y ya pasaban de las doce del día. La noticia empezaba a extenderse y no llegarían sanos y salvos a la hora de la comida: los periodistas aparecerían antes. En total tenían cinco heridos, ninguno de gravedad, un desaparecido, a todos los guardias de Azkaban muertos (menos a uno, que estaba desaparecido) y treinta presos fugados. La cifra nunca había sido tan alta. Treinta… sonaba como la condena de la División de aurores, considerando que diez de ellos eran todos los presos de alta seguridad de Azkaban: los ex mortífagos.
Nombres que todos procuraban no pronunciar. Nombres que veintiséis años habían emborronado y condenado al olvido. Apellidos temibles, apellidos de asesinos que no habían dudado entre matar a hombres, a mujeres o a niños. Apellidos como Nott, Rookwood, Dolohov, Mulciber…
—Tenemos que anunciarlo lo más pronto posible —dijo Alec Holmes—, Reino Unido no está seguro con ex mortífagos sueltos a sus anchas. Nadie estará a salvo… ni siquiera los muggles.
Zeller asintió, a su pesar.
—Tenemos que anunciarlo, Potter —le espetó a Harry. No había ocurrido nada de aquella magnitud desde hacía tanto tiempo… y ahora parecía que estaban ahogados entre tantos casos.
La mujer rubia se levantó, con dolor de cabeza y se froto los ojos.
—Nos cuestionarán —dijo, con la voz dura—, se preguntarán si hicimos lo suficiente, si hicimos lo correcto… Nos interrogarán y quizá especulen que pudimos evitarlo o que había un fallo en las protecciones de Azkaban. Pero todos los que hablarán no vieron lo que nosotros vimos, ni lucharon a nuestro lado. Pero tenemos que anunciarlo y dejar que nos juzguen como si fuéramos unos idiotas. Como si ellos supieran hacer nuestro trabajo mejor que nosotros mismos, entrenados especialmente para defenderlos de todos los peligros que los acechan… —Sonrió amargamente—. Así que, chico-que-vivió, ¿crees que a tu historial le sentará mal un fracaso junto con una fuga de Azkaban?
Harry no sonrió. Ni un poco.
Pero asintió.
Diez ex mortífagos estaban sueltos y lo mejor que podían hacer era poner a todos sobre aviso. Después de hacer eso, empezaría el rastreo.
No descansarían hasta atraparlos y encerrarlos a todos.
Como se lo merecían.
«Cuanto trabajo», pensó Zeller, saliendo del despacho de Harry. Había que poner orden en la División y ella tenía pulmones potentes… Potter ya estaba lo suficientemente estresado, dejando de ser el héroe. Sin embargo, antes de que pudiera poner orden a aquel caos, alguien la interrumpió.
—¡Rose! —era Savage—. Creo que ya es lo que ocurre con Sayuri…, creo que sé por qué atacó a la señora Weasley.
Rose Zeller elevó una ceja, queriendo decirle que ya tenía demasiado trabajo, pero a la vez, sucumbiendo al misterio.
—Hipnotismo —dijo Savage.
Luego, le extendió una botella con un líquido plateado dentro.
Estaban en La bruja de Blair, un bar mágico cercano a Wiltshire. No tenía nada de especial, pero a Scorpius le gustaba mucho más que el Caldero Chorreante, donde siempre había gente conocida o las Tres Escobas, que estaba abarrotado.
—Emmanuel no vendrá —dijo Scorpius después de saludar a Albus y pedir dos cervezas de mantequilla (después de todo, era apenas la hora de comer, demasiado temprano para pedir algo más fuerte en un bar donde conocían a sus padres)—. Las cosas en su casa no van bien.
Albus asintió con comprensión. Todos lo habían oído… lo del secuestro… su madre en coma.
—No saben que tiene su madre —agregó Scorpius—. Los sanadores no tienen ni idea… —Se detuvo un momento—. Dicen que despertarán a la mía. Lo aseguran incluso…
Usualmente no le confesaba aquellas cosas a cualquier persona, pero llevaba una semana exacta temiendo por la vida de su madre y no le sentaba bien tanta presión, no le sentaba bien a nadie.
—Espero que se recupere —le dijo Albus, sinceramente, con una sonrisa de medio lado—. Por cierto, mi primo Louis organiza una fiesta este viernes, cumplirá dieciocho. Victoire les ha ayudado a conseguir un local en el Callejón Diagon… Va a ir medio Hogwarts.
—Si tú lo dices…
—¿Irás, cierto? —lo interrumpió Al—. Necesitas diversión en tu vida…
—Depende —le respondió Scorpius, decidido a irritarlo.
—¿Depende de qué exactamente? —le preguntó Albus, sospechando.
—¿Irá o no irá tu hermana? —Resultado esperado: mejor amigo enfurruñado.
—Para averiguarlo tendrás que ir; lo siento, pero la asistencia de mi hermana a esa fiesta es información confidencial. —Oh, por supuesto que iría, era Lily Potter, no se perdía una sola fiesta—. Aunque no creo que ella te haga mucho caso… —Oh, claro, hermano celoso. Ya lidiaría con eso más tarde—. ¿Irá Jordan, verdad? —inquiruió, cambiando de tema.
—Lamentablemente sí, es de las mejores amigas de Roxanne.
—Y yo que esperaba no tener que verla…
Una lástima. Pero bueno, si Lily perfecta Potter iba a asistir probablemente podría aguantar ver la enorme nariz de Kate Jordan y oír su voz chillona sin quejarse ni un segundo.
—Te digo, irá medio Hogwarts…
—¿Y Justine? —preguntó él, que estaba al tanto de la aventura de su amigo con aquella chica rubia de nariz afilada y boca demasiado pequeña—. ¿Irá ella?
—Ya veremos —le respondió Albus—. A mi madre no le gusta —soltó, como si nada.
—A tu madre no le gusta nadie —le espetó Scorpius, recordando su primer contacto con la señora Potter. Podía ser una mujer muy amable, pero con él había sido fría como un glaciar. Su apellido y su familia tenían mucho que ver en eso.
—Nadie Slytherin, querrás decir —puntualizó Albus—. A los amigos de mis hermanos se acostumbra muy fácil.
Scorpius se encogió de hombros.
—Iba a salir con ella hoy, con Justine —le contó Albus—; pero su familia tiene un compromiso con los Pucey.
—Mala suerte, Al. La próxima vez tendrás que adelantarte a los Pucey… Que por cierto, son unos creídos.
Bebieron un sorbo de cerveza de mantequilla al darse cuenta de que se habían quedado sin tema de conversación. No querían tocar otros temas más serios y más peliagudos. Preferían seguir en la fantasía de los diecisiete años, donde nadie los podía tocar.
Entonces, alguien, después de una exclamación alarmada, le subió a la radio que sonaba en la barra.
—Información de última hora: se reporta la fuga de treinta personas de Azkaban. La información ha sido dada a conocer directamente por el jefe de la División de aurores, Harry Potter. Los nombres de los fugados son los siguientes…
Y mientras la voz del locutor mencionaba nombres que no le sonaban de nada, y otros que tenían apellidos conocidos, Albus tuvo un pensamiento bastante acertado.
«Se está cayendo el mundo.»
—En realidad no le mentí —dijo ella, con una sonrisa torcida en los labios—. Le dije exactamente dónde estaría e incluso le ofrecí venir recibiendo una negativa por respuesta. No puede desconfiar de mí.
—Si te conociera tan bien como yo, desconfiaría de cada palabra que dices —le respondió el, enterrando su barbilla afilada en la curva de su cuello—. Si fuera él no te dejaría separarte nunca de mi lado, sabiendo de todo lo que eres capaz.
Ella rio.
—Cuando estoy con él, no sospecha nada.
Niklaus Pucey se rio.
—¿Y quién lo haría, teniéndote a ti como distracción principal?
Y ella sonrió. Tenía la boca pequeñita y la nariz aguileña. Los ojos muy juntos, con el peligro tatuado en ellos. El cabello rubio y lacio, heredado de su padre y la piel blanca y delicada, propia de quien nunca ha tenido que trabajar o preocuparse un solo día de su vida.
—No soy lo que parezco —le respondió Justine Higgs al chico de ojos oscuros y nariz prominente que estaba frente a ella. Le pasó una mano por el negro cabello que llevaba un poco largo y siguió sonriéndole hasta que él la besó de nuevo.
—No eres lo que pareces, eso te lo concedo.
—Mis padres creen que estoy con él —soltó ella de sopetón, dejándose caer en la cama.
—Y mis padres están cenando en la casa de los tuyos en uno de sus ridículos montajes —le comentó él.
—No me has dicho como te salvaste tú —lo picó ella, rodeando el cuello del chico con sus manos.
—Les dije que se llevaran a Elijah. Ahora que no estamos en Hogwarts pueden presumir su hermosura por todas partes… —Él sonrió. No tenía una sonrisa bonita.
Justine le sonrió acercándose cada vez más a su rostro y besándolo. Dejó que su saliva se mezclara con la de Niklaus y que sus labios bailaran aquel baile salvaje, aquella melodía sin ritmo y sin tiempo.
Cuando se separaron, ella se acercó a su oreja, y le dijo algo.
—Él besa mejor que tú…
Él no le creyó. Nunca le creía.
—No entiendo por qué estás con él —soltó él de sopetón—. Entiendo que lo consideres guapo, al menos es más alto que su padre y hace un intento por peinarse. Pero nunca superará mi apabullante personalidad.
Ella le sonrió, con misterio, no muy dispuesta a responderle. Estaba con Albus Potter porque le daba la gana, porque besaba de puta madre y cuando estaba con él todo parecía perfecto. Las mismas razones por las que estaba en ese momento en la cama con Niklaus Pucey, tentándolo a quitarse la ropa y hacerla suya. Total, los dos eran mayores de edad… no muy conscientes de lo que estaban haciendo.
—En Hogwarts no estás tú —le espetó ella—. Y me aburro.
Él sonrió y se acercó a ella, recorrió la curva de su cuello con sus labios hasta llegar al hombro y empezar a bajarle el tirante del vestido.
—Siempre tan tú… tan poco predecible —murmuró Niklaus.
Por eso le gustaba.
Joder. Como lo había extrañado mientras estaba en Hogwarts.
Como había extrañado esos besos, tan iguales y tan diferentes a los de Albus Potter; como había extrañado las manos grandes de Niklaus recorriendo su espalda, su barbilla enterrándose en su cuello y sus labios tocando cada centímetro de su piel.
Hermione Weasley se había negado a que Savage le pusiera un auror a vigilarla para protegerla. Le ponía de nervios que una persona la siguiera todo el tiempo y no quería alarmar a nadie. Después de lo de Sayuri, sin embargo, era más cuidadosa. Y pensará lo que pensará Savage, podría ser que ella no hubiera tomado un entrenamiento como auror, pero era claro que a un a los cuarenta y tres años, con el cabello desordenado como siempre y las patas de gallo apareciendo sin ser llamadas en sus sienes, aun sabía defenderse solita perfectamente.
Le gustaba aparecer a unas cuantas calles de su casa, ubicada en los suburbios de Londres y caminar hasta allí. Esas caminatas le devolvían todo el contacto que estaba perdiendo con el mundo muggle. Sobre todo desde que había muerto su madre y su padre había tomado el dinero de su retiro y se había marchado a conocer América. Llevaba seis meses sin verlo y tampoco podía enviarle cartas muy seguido.
Respiró hondo.
Los últimos días habían sido demasiado estresantes. Explosiones en King Cross, ataques de personas que creía diferentes y una fuga de Azkaban. Harry en persona le había contado la noticia y le había dicho que se habían fugado diez ex mortífagos. Nunca lo había visto tan preocupado y tan saturado de trabajo.
Pero ya pasaría.
No todo podía ser tan malo. En algún punto tenía que mejorar… ojalá.
Entonces vio el rayo y se agachó, por instinto. Y se descubrió como a los diecisiete años, empuñando la varita sin importarle quien la viera, buscando con la mirada atenta a quién le había disparado aquel rayo color verde tan mortal que había esquivado por poco.
Y entonces vio venir hacia ella otro rayo color verde muerte, y otro más. Pero no vio ningún objetivo, seguramente invisibles, ni oyó ninguna voz y tomó una decisión de la que nunca se arrepentiría, todo eso en menos de un segundo.
Se desapareció.
Le daba igual cuantos muggles la vieran.
Ya habían visto los rayos, que parecían efectos especiales de una película de acción, y ya habían visto como empuñaba su varita como un arma.
¿Qué más podían ver?
Cuando apareció justo ante la puerta de su casa fue consciente de lo que había pasado: había estado a punto de morir. Era la segunda vez en la semana.
Alguien la quería muerta.
Bonjour, lectores fieles y lectores no fieles.
Ya ven, este no es un capítulo tan cardiaco como el anterior… es un poco de transición sí, pero sepan que yo no doy un paso sin una razón.
Primero tener un recuento de los daños: todos los guardias de Azkaban muertos, menos uno, que está desaparecido, treinga prófugos, diez de ellos con una marca tenebrosa, unos cuantos heridos, pero ninguno muerto (los presos no tienen varitas…). Además, quizá sepamos lo que tiene Sayuri, quizá no. ¿Qué creen que es lo que le da Savage a Zeller? ¿Creen que tenga razón? ¿Creen que Sayuri es culpable o inocente?
Por otro lado escena transitoria entre Scorpius y Albus, que son mejores amigos. Algunas menciones a Emmanuel Nott, que también es su amigo, y a la novia de Albus, Justine, que no es una persona muy de fiar. También menciones al interés amoroso de Scorpius y, por segunda vez, a la fiesta de dieciocho de Louis. Va a ir medio Hogwarts, tal parece. Finalmente anuncio la fuga de Azkaban, que impacta en el mundo fuera de la División de aurores de una manera diferente. Ellos —Al y Scor— son de una generación diferente y quizá no les afecté tanto como a otros, que su fueron las víctimas…
Finalmente tenemos a Justine con Niklaus Pucey (hijo de Adrian Pucey y de una desconocida… aún —yo sí sé quién es, ustedes no—). Y no son precisamente amigos. Vamos… En fin, ya me dirán que piensan de ellos. En cuanto a los dos, a Justine me la imagino como Natalie Dormer versión rubia (ahora anda de morena, porque hace a Margaery Tyrell en Juego de Tronos), con su boca chiquita y todo. Es la Justine perfecta. Y a Niklaus Pucey me lo imagino como Nick Hobbes (personaje de la Academia Abracadabra —la secuela de La bruja desastrosa— que está… feo, pero con un sex appeal que te cagas y no comprendes como Mildred no lo empotra contra la primera pared que vea. Como nota, sí, yo lo haría, Nick Hobbes es partible y violable… sin ser muy guapo.)
Finalmente a Hermione Weasley (joder, le queda mejor el Granger, pero no le digan)… atacada. Opta por huir —buena decisión ante un adversario invisible—, pero ¿por qué la quieren muerta?, ¿o mínimo en coma?
La canción que le da título al capítulo es de Los Bunkers (muy buen grupo, escúchenlo) y se llama Miéntele. Creo que no es necesario explicar por qué es el título… (cofff Justine y Niklaus cofff). ( www. youtube watch ?v= 521YmudSeVk Sin espacios)
Hasta el viernes que viene…
Y recuerden…
Nunca doblegado, nunca roto.
Nea Poulain
a 21 de febrero de 2013
