No se dejen engañar por el comienzo. Va a haber mucho hard. ^^

Kiba.

Últimamente estuviste pasando mucho tiempo con Shino, más que nada porque era totalmente interesante y misterioso, por supuesto te daba curiosidad la gente así. Te levantaste de la banca en la que estabas sentada una tarde en la aldea y fuiste a su encuentro diario.

-Hola – Le dijiste a Shino cuando lo viste jugando con sus insectos en silencio. - ¿Otra vez tu aquí?... veo que ya se te hizo costumbre. – Susurró con su voz baja y sonó molesto por ello, pero sabías que por dentro no lo sentía así. – Sabes que nada de lo que me digas va a hacer que me vaya ¿Cierto? – Sonreíste para molestarlo aún más. Él asintió y suspiró. Te sentaste en el pasto a su lado y te apegaste a él por el único motivo que su voz era muy baja y casi no oías cuando hablaba. Lo miraste con los ojos brillantes y esperaste hasta que comenzara a contarte cualquiera de sus geniales relatos. Pero su voz nunca salió, porque unos ladridos lo detuvieron antes de que comenzara a hablar.

- ¿Interrumpo algo? – Gruño Kiba entre dientes mientras se acercaba con Akamaru. - ¿¡Por qué demonios me mentiste!? – Gritó y te levantaste del pasto, al igual que tu acompañante. Intentaste hablar varias veces, pero él simplemente no paraba de gritar. - ¡Todas las últimas semanas que estuviste "ocupada", ¿¡Era para encontrarte con él!? – Kiba estaba totalmente exaltado mientras que el gran Akamaru se había recostado a tu lado, que, aunque su dueño estaba totalmente alterado, él sabía la realidad de la situación. – … Mejor me voy. – Dijo Shino susurrando. - ¡NO! ¡No te vas a ningún lado! – Le gritó Kiba fuera de sus cabales. Se acercó a él con la intención de atacarlo, pero al instante te metiste en el medio. - ¿¡Eres idiota!? ¿Qué creías que le ibas a hacer a tu compañero? – Le gritaste, frenándolo en el pecho. – Si, mejor vete Shino, hablamos después. – Giraste la cabeza y sonreíste, con un novio totalmente hirviendo de la rabia. – Claro. – Susurró y asintió. Al instante ya había desaparecido.

- ¡Ves! ¡Lo haces de nuevo! – Gritó una vez más totalmente rojo. Apretó los dientes y le dio un puñetazo al árbol que tenía más cerca, partiéndolo al medio. Akamaru notó ese comportamiento en su dueño y se interpuso en el medio de ustedes dos. Kiba se acercó de vuelta a tu lado, pero su perro no lo dejo avanzar más ya que lo miraba mostrándole los dientes mientras gruñía. Acariciaste la cabeza de Akamaru como de costumbre ya que siempre era de esa forma contigo. Kiba parpadeó varias veces y se dio cuenta del estado de su perro. Sabía que ya estaba cruzando el límite así que respiro profundamente e intentó recobrar la compostura. - ¿Por qué no me dijiste nada? – Te preguntó mucho más calmado. – Por esta razón. – Suspiraste. – Mira cómo te has puesto sólo con habernos visto juntos. ¿Realmente crees que te haría algo así? ¿Y con tu compañero de equipo? – Kiba te escuchó detenidamente y comenzó a sobarse la cabeza. – Sabes que no puedo controlarlo, es más fuerte que yo, el que invadan mi territorio, mi sobreprotección se activa. Eres mía y con solo pensar en otra persona tocándote o que esté así de cerca como lo estabas con Shino… - Cerró los ojos con fuerza y apretó los puños, recordando. – Lo sé. Yo más que nadie Kiba. – Le dijiste y acariciaste su mejilla izquierda, tomándolo por sorpresa. Para ese momento, Akamaru se había sentado a un lado, no muy lejos de ustedes.

- Shino es genial contando historias, y siempre me cuenta una nueva. Al principio fue casualidad, pero luego le insistí demasiado para que hablara más conmigo. No quería acercarse a mí y me ignoraba, creo que sé la razón. – Dijiste mirándolo, obviando la situación. – Pero después de unos cuantos días, noté que a él le gusta que lo escuchen y tal vez dar consejos, es una gran persona y se está convirtiendo en un amigo. Pero no pasa nada más que eso Kiba. – Lo miraste a los ojos sinceramente y él paró la nariz para olerte. - ¿Realmente tienes que olerme para saber que no estoy mintiendo? – Le preguntaste fingiendo molestia. – No, claro que no. – Dijo riendo y te abrazó con ese gran cuerpo que tenía. – Aun así, no me has dicho por qué estaban tan cerca. – Dijo en tu oído, con un puchero. - ¿Estas bromeando? – Dijiste abrazándolo aún más, resignándote de que siempre iba a ser igual. – Sabes que la voz de Shino es muy baja, quería escuchar con detenimiento la historia que ALGUIEN interrumpió. – Se separaron y rieron. – Lo siento. – Dijo con la cabeza gacha, como un perro mojado. Acariciaste su cabeza y él se apegó a tu mano. – Lo sé. Vas a tener que trabajar en ello. Y discúlpate con Shino cuando lo veas. – Dijiste. Él asintió y te rodeó la cintura, atrayéndote para robarte un beso. Se quedaron unos segundos así y antes de separarse, te mordió el labio inferior. – Mm, tan dulce. – Dijo lamiéndose los colmillos. Te sonrojaste un poco, pero al instante te diste cuenta de que estaba oscureciendo. – Kiba, tenemos que irnos. En unas horas tenemos que estar en el bar de siempre para vernos con los chicos, ¿Recuerdas? – Tomaste tu mochila del piso y comenzaste a caminar. – Gracias amigo, y lo siento mucho. – Llegaste a escuchar de Kiba. Te giraste y viste como se había agachado para acariciar a Akamaru, y este le respondió con unos ladridos. Sonreíste para tu interior y el gran perro comenzó a correr feliz hacia tu dirección. – Wow, Akamaru realmente te quiere. Parece que ya no es más mi perro. – Dijo tu novio riendo mientras se rascaba la nuca. – Y sí. Tiene que ser así, además ya casi soy parte del clan Inuzuka. – Sonreíste y le guiñaste un ojo. Kiba al instante se sonrojó por la sorpresa. – Claro. – Dijo ya a tu lado, tomando tu mano. Ibas caminando con Kiba a un lado y Akamaru en el otro. Realmente te podías imaginar una vida así.

Llegaron al lugar al que siempre se encontraban después de las misiones y ya había un par de sus amigos ahí. Kiba y tú saludaron a todos y se sentaron juntos en la gran mesa. – ¿Está todo en orden? – Preguntó Shino apareciendo de la nada atrás de ustedes, como hace siempre. – Si – Sonreíste feliz y Shino asintió inexpresivo. Kiba te besó la cabeza y se levantó para hablar con su compañero. Se alejaron unos metros, pero igual podías escuchar algo de lo que decían. – Lo siento Shino, realmente no quería hacerte daño. – Escuchaste decir a Kiba, que le palmeaba un hombro a su camarada. – Lo sé, no importa. Sabía que ibas a ponerte así, por eso tampoco dije nada. – Dijo totalmente tranquilo. – Si, ya entendí todo y enserio lo siento. No me molesta que pases tiempo con ella, sé que nunca me harías algo así. – Terminó de decir Kiba y Shino asintió. Los viste regresar a la mesa como si nada, pero antes de que tu novio pudiera sentarse a tu lado, llegó Hinata y lo arrastró con ella. – H-hola Kiba, oí que en la última misión que te asignaron solo te habías lastimado un poco, quería ver que estuvieras bien. – Ella hizo que se sentara a su lado enfrente tuyo y al hablar comenzó a mover sus grandes pechos en la cara de Kiba. En ese momento los últimos que faltaban ya habían llegado y ahora la mesa estaba toda rodeada de ustedes.

Tenías a Naruto a un lado y a Choji del otro, así que te estabas riendo como loca, era inevitable reírse con eso dos. Pero obviamente no podías dejar de mirar a Kiba, que te estaba ignorando totalmente y seguía cómodamente hablando con su compañera de equipo que, aunque ella se le pegara encima él no la alejaba. Puede ser que no fueras posesiva como él, pero inconscientemente también te estabas muriendo de los celos.

Pensaste por unos momentos más, y luego de haber tomado varios tragos se te ocurrió una forma de vengarte de la escena que te había hecho antes. La noche recién comenzaba.

Te sacaste el calzado derecho y sigilosamente pasaste el pie por su pierna, subiendo lentamente por su rodilla. Kiba en un segundo levantó la vista e hicieron contacto visual en el momento. Sonreíste pícaramente, pensando "venganza" y él te rogó con los ojos que no hicieras nada. Pero obviamente caso no le ibas a hacer. Tonteaste con su pierna por unos minutos y apoyaste rápidamente tu pie en su entrepierna cuando lo notaste desprevenido. - ¿E- Estas bien Kiba? – Le preguntó Hinata cuando pegó un salto y todos se lo quedaron mirando. – S-sí. – Contestó mientras se rascaba la nuca. Te hiciste la desentendida y seguiste hablando con los chicos. No querías mirarlo mucho a la cara.

Comenzaste a frotar en círculos por arriba del pantalón y luego de un rato sentiste como sus piernas se tensaban. Algo grande tan familiar para ti estaba creciendo entre sus piernas, sonreíste para tus adentros y seguiste moviendo el pie. Seguiste hablando normalmente con los chicos y sonriendo a lo que decían. Kiba comenzó a temblar un poco y no pudiste evitar mirarlo. Te quedaste un poco sorprendida al ver que estaba con el ceño fruncido y unos grandes colmillos salían de su boca amenazantes. Apoyó las manos en la mesa ruidosamente con intención de levantarse, pero siguió en su lugar. Lo miraste confundida y sentiste la mirada de alguien posada en ti. Giraste a la izquierda y notaste como Shikamaru estaba mirándote sonriente, con las manos debajo de la mesa. Deberías haberlo sabido, el estratega no era ningún idiota, se había dado cuenta de todo y además te estaba ayudando con su posesión de sombra, sosteniendo a Kiba. Le sonreíste de regreso y seguiste con tus asuntos, tu novio no se iba a mover de ahí.

Hinata y Sai le estaban preguntando si se encontraba bien, pero el resto seguía en lo suyo. Kiba pidió un poco de agua y Sai fue a traerle. Hinata se veía preocupada así que se acercó a medirle la temperatura de la frente, paseándole esos enormes pechos en su cara. Con rabia, apretaste más su entrepierna y empezaste a mover el pie mucho más rápido. – Y-yo estoy bien Hinata, n-no pasa nada. – Dijo Kiba entre dientes. Notabas que intentaba moverse, pero cualquier intento era inútil. Shikamaru notó cuando Sai le trajo el agua y bajó su posesión de sombras a sólo los pies. Notaste que Kiba estaba mucho más relajado y bajó la cabeza entre sus brazos. Suspirando levemente, mientras seguías con tu trabajo ahí abajo. Él ya se había dado cuenta que era inútil ir contra la corriente. Los que tenía a su lado se veían preocupados, pero Kiba los alejó un poco. Te concentraste en tu pie y lo moviste rápido pero sigilosamente, ya que habías notado como Kiba se estaba retorciendo abajo. Hiciste varios círculos en su gran erecto pene hasta que sentiste como ese lugar se ponía húmedo. -K-kiba, ¡Estas transpirando! ¿E-enserio te encuentras bien? – Le preguntó Hinata. – S-si Hinata, ¡Enserio! – Lo último lo dijo en un grito ahogado.
Lo viste jadear violentamente e intentando recobrar el aire. Mostró los colmillos una vez más y notaste que ya era suficiente. Sacaste el pie y volviste a ponerte la sandalia. Kiba se tomó toda el agua y se calmó bastante rápido, intentó mirarte, pero le corriste la cara y te hiciste la distraída.

Luego de ese pequeño castigo, la noche siguió tranquilamente a excepción de Kiba, que miraba a Shikamaru con ganas de matarlo, y éste solo le respondía con suspiros aburridos sin interés.

Ya era hora de irse y todos se estaban despidiendo de todos. – Kiba, estuviste muy callado hoy datebayo, ¿Estás seguro de que estas bien? – Le preguntó Naruto que ya se había parado con intención de irse. – Si Naruto, estoy perfecto – Dijo Kiba sonriendo como siempre. Naruto se despidió de ti y de los otros y lo viste marcharse con Sakura. Todos estaban parándose, pero Kiba seguía estático en su lugar, y al instante te diste cuenta por qué. Te paraste y te acercaste a él, luego de horas sin haberse visto. Te sentaste a su lado, porque finalmente Hinata se había ido, obviamente sin antes restregarle los senos a Kiba. - ¿Está muy mal? – Le preguntaste, señalando lo obvio. – Fíjate por ti misma. – Dijo Kiba algo enojado. Sonreíste en tus adentros por cómo lucía y bajaste tu mano para ver si su pantalón se había manchado mucho. Obviamente estaba peor de lo que creías, antes de hacer eso habías olvidado que Kiba eyaculaba a montones. Acomodaste sus pantalones un poco y notaste que su pene seguía duro como una roca, te quedaste totalmente sorprendida y además ahora te dabas cuenta porque obviamente estaba tan callado y la vergüenza que hubiera sentido si alguien lo veía con esa mancha ahí si iba a ocuparse de ese asunto al baño. – Vamos. – Le dijiste seria mientras te levantabas. – Ya están todos afuera esperándonos. – Agregaste y Kiba asintió. – Quédate pegado a mí. – Le dijiste y te pusiste delante de su imponente cuerpo. Caminaste segura hasta la salida y él lo hizo como pudo. Los chicos estaban comentando unas cosas afuera y otros ya se habían ido.
- Bueno chicos, nosotros ya nos vamos. – Dijo Kiba detrás de ti, tomándote de la cintura y clavando disimuladamente su gran poste en tu trasero. - ¿Ya se van? – Dijo Shikamaru. – Esta bien, espero la hayan pasado bien y Kiba ve al hospital, que hace rato te veías muy mal. – Suspiró y notaste como le sonreía pícaramente y luego te guiñaba el ojo a ti. Todos los que quedaban asintieron de acuerdo y tú le devolviste la sonrisa a Shikamaru. – Yo me encargaré, gracias chicos, nos vemos. – Dijiste y ambos le dieron la espalda y se alejaron. – No creas que esto se terminó acá. Sabes jugaste con fuego hace rato– Dijo Kiba mientras te clavaba una mordida suave en la oreja. – ¿Qué creías? ¿Qué no me iba a vengar de la escena que me hiciste antes? ¿Qué me iba a dar igual verte así con Hinata? – Dijiste entre pícara y decaída. – Sabes que no podía ver a ninguna otra en la forma que te veo. – Dijo en tu oído roncamente. – Y Hinata… ¿Crees que no me di cuenta como estabas? Me encantas por eso. – Chupó tu lóbulo y tus piernas flaquearon. – Me encanta cuando te pones así por mí. – Siguió diciendo Kiba entre mordidas.

Caminaron en la oscuridad de la noche y fueron en dirección a su casa, que por suerte hacía poco que vivía solo.

Ibas a abrir su puerta, pero el peso de su cuerpo se acumuló al tuyo. Te apretó contra la pared y comenzó a jadear en tu cuello. – K-kiba, ni siquiera entramos todavía. – Intentaste decir racionalmente, sin querer caer en su rudeza. – Lo sé, pero me tuviste toda la noche así, no aguanto más. – Gruñó en tu cuello y apoyó su aún húmeda entrepierna en tu trasero por segunda vez. Comenzaste a mover tus caderas al compás de sus semi estocadas y a la vez intentabas abrir la puerta, pero te era difícil y más cuando comenzó a besarte el cuello por atrás. – Aah – Gemiste y un "Clic" se escuchó, la puerta se abrió y Kiba te alzó cuando te despreviniste. Rodeaste las piernas en su cintura y él cerró la puerta de una patada. Ahora sí. Comenzaron a besarse desesperadamente y Kiba mientras tanto seguía clavándote su erección. – Aaah K-kiba – Suspiraste entre besos. Se separaron y él finalmente te mostró esos colmillos bestiales que tanto te gustaban, se lamió los labios y se pegó a tu cuello otra vez. – Eres toda mía. – Lo oíste decir debajo de ti, mientras te mordía y chupaba en donde seguramente iban a dejar unas notables marcas al otro día. - ¿De quién eres? – Preguntó meneando las caderas para rozar su erección con tu ahora húmeda vagina. – ¡T-toda tuya Kiba! ¡Tuya! – Gemías a los gritos. Aún encima de él te apoyó contra la pared más cercana y te desenganchaste de su cuello para poder sacarte la molesta camiseta que traías. Kiba te ayudó con una mano y al instante clavó sus colmillos en tus pechos, mordisqueando tus pezones como si fueran caramelos, sin dejar todavía de menear las caderas. – Mmm como me gustan, como me gustas toda. – Seguía diciendo ahora entre tus senos. En ese momento estabas tironeando de sus cabellos por la oleada de placer que te estaba proporcionando.

Luego de unos momentos, te sostuvo con una sola mano y como pudo se bajó los pantalones hasta la pantorrilla, incluida la ropa interior toda pegajosa por lo de antes. Te desabrochó el cinturón con las armas shinobis y te bajaste de su cuerpo para sacarte lo que te quedaba de ropa. Duró un segundo, porque al instante ya estabas con las piernas en su cintura otra vez. Kiba escupió su mano y juntó su frente a la tuya, mientras te volvía a besar metió su mano entre tus piernas y comenzó a acariciar brutalmente tu feminidad. Pegaste un salto al contacto de su mano mojada y al instante se mescló con tu humedad. Cuando él notó que ya estabas totalmente dispuesta viste como pasó una mano en su gran pene y sin pensarlo dos veces lo incrustó brutalmente en tu interior. Pegaste un grito ahogado que fue callado por un beso. Kiba no se hizo esperar y al instante comenzó a embestirte contra la pared rápidamente. Lo apretaste fuertemente contra tu cuerpo, pero tuviste que separarte por sus labios por tu necesidad de gemir alto. – Mmm AHH SI ASÍ KIBA, ASÍ… - Gritabas sin control. - ¿Queres más? Me tuviste esperando mucho tiempo. – Gruñó en tu cuello mientras incrementaba la velocidad de sus embestidas a una humanamente imposible. – Sí… MÁS MAS KIBA, MMM. – Jadeaste. Definitivamente escuchar a Kiba gruñendo en tus oídos te encendía mil veces más, porque su voz ronca te volvía loca. Ambos estaban todos sudados y al contacto con el otro era inevitable que un hilo pegajoso se quedara conectado.

Kiba te embistió profundamente y te tomó con ambos brazos para bajarte y girarte. Clavó tu cabeza contra la pared y siguió penetrándote rápidamente, pasó sus grandes manos por tu espalda y tomó tu cabello tironeándotelo, como te gusta. – Mmm Kiba, mhgg. – Gemías con la mejilla pegada a la pared de la entrada, porque ni siquiera habían llegado a la habitación. Soltó tu cabello y lo corrió para dejarse lugar en tu cuello. Pegó su pecho completamente a tu espalda y siguió haciéndote marcas en la nuca, mientras pasaba su mano derecha a tu vagina. Estabas temblando porque no podías resistir tanto placer. – Mmm, KIBA ERES TAN BUENO, MMHGG. – Gritaste más fuerte. Kiba alentó sus embestidas y te incorporaste para tirarte en el piso boca arriba. Abriste las piernas y le rogaste a Kiba con la mirada que te penetrara. Él no te hizo esperar y se abalanzó encima de ti. Te penetró rápidamente y ambos se miraron después de unos segundos. – Ahh, t-te amo Kiba, te amo, soy tuya y eres mío. – Intentaste decir mientras se movía en tu interior. – Toda mía, y yo soy todo tuyo. T-todo. – Dijo roncamente mientras clavabas tus uñas en su espalda. – Y-ya estoy cerca. – Dijo frunciendo el ceño y mostrando sus colmillos. Te penetró duramente y te dio una última estocada profunda hasta que sentiste los chorros de semen rebalsar tu vagina. – Mggm. – Gimió Kiba en tu oído. – Te amo. – Dijo y te besó una vez más. Siguió chuponeándote y encaminó sus labios por tu cuello e hizo un camino con la lengua por la mitad de tu estomago hasta tu entrepierna. Posó su boca entre tus labios bajos y devoró tu vulva de un solo mordisco. Apretaste los ojos fuertemente y posaste tus manos en sus cabellos, haciendo presión para que chupara más profundo. – Ahh Kiba, no aguanto mmm. – Gemiste y te viniste en su cara mientras lamía toda tu longitud como un helado. Lo tomaste de la cabeza y jadeando le diste un beso profundo, mezclando todas sus esencias. Kiba se levantó y tomó una manta, se cubrió con ella y te llamo para que te sentaras entre sus piernas. Fuiste en cuatro patas hasta donde estaba él y te metiste en la manta. Él te abrazó y comenzó a lamer los restos de sudor que quedaron en tu frente y cien. Lo besaste una vez más y te acurrucaste mientras apoyaba su nariz en tu cabello, como hacía siempre para tener contacto con tu olor y poder dormir. Te sentías exhausta y por un momento agradeciste que Akamaru se había quedado con Hana. Sonreíste y te reíste por la relación de dominación que tenías con él, te encantaba que fueran así. Cerraste los ojos y te quedaste tranquila con la respiración de él encima de ti y su gran pecho en tu espalda.

Al otro día te juntaste con Shino como de costumbre y llegaste al lugar caminando como podías. – Me alegra que no se hayan peleado. – Dijo Shino inexpresivo como siempre. Te acercaste disimuladamente para que no notara que estabas un poco renga y te sentaste a su lado. – Deberías cubrir eso, ¿No te duele? – Te preguntó. Lo miraste confundida y luego recordaste todas las marcas alrededor de tu cuello. Sentiste tus mejillas calentarse y miraste hacia otro lado.

Sentiste algo cubrir tus hombros y levantaste la vista. Shino había puesto su campera y te miraba con lo que casi parecía una sonrisa. Le sonreíste felizmente y cerraste la campera que te cubrió hasta la boca. Pensaste como se iba a poner Kiba al notar que tenías el olor de Shino en tu cuerpo, pero sonreíste porque sabías que ibas a tener otra noche espectacular con esa bestia.