Doble Negativo.
Summary: Una relación exótica, competitivos por naturaleza, buscando el límite entre lo permitido y lo prohibido, podrían caer presos de sus intensos juegos, victimas de lo exquisitamente desconocido.
Disclaimer: Los personajes de esta historia pertenecen a Stephenie Meyer, la historia aquí desarrollada es de mi completa autoría y por ende queda PROHIBIDA la copia parcial o total del texto sin mi autorización previa. Gracias por su comprensión.
Capítulo II
Realidad y Responsabilidades.
Bella acababa de salir de la visita a su madre. Nunca se llevó bien con Renée, sobre todo después de lo que pasó con Charlie, por lo que luego de haberle dicho toda la verdad sobre ella se fue sin mirar atrás ni tampoco pensar más en ello, pensaría todo después con más calma y tranquilidad, porque en ese momento todo parecía un caos. Jamás pensó que hablar con Renée le resultase tan importante ni mucho menos tan sentimental, y no en la buena manera.
Cuando Bella se encontró frente a la casa de Edward dudó si molestarlo, quizá estuviese con alguien, pero Edward le había dicho que estaría allí para ella en caso de que lo necesitase, por lo que se tranquilizó cuando lo recordó y se animó a tocar el timbre.
Cuando el timbre sonó en la casa de Edward este se sorprendió, no estaba esperando a nadie y estaba cansado luego de una tarde adrenalínica con la última rubia de la semana. Cuando vio que se trataba de Bella abrió inmediato la puerta de entrada y ella ingresó con su coche. Por el aspecto que tenía cuando entró en su casa sabía que algo había andado mal.
—¿Anduvo todo bien? —dijo Edward extendiéndole sus brazos.
Bella le abrazó fuertemente y se mantuvo allí, en la seguridad que su amigo le brindaba, sabía que en estos momentos sólo Edward podría calmarle.
—No —susurró Bella aún en sus brazos —. No me ha gritoneado ni insultado, pero no lo tomo muy bien que digamos.
—¿Qué hizo? —Edward la separó lentamente.
—Bueno, ya sabes, renegar de una hija que prefiere a las mujeres antes que los hombres —hizo una mueca con su boca.
—Por lo menos ya lo sabe, Bella y es un alivio para ti, aunque en estos momentos te sientas mal —le miró fijamente a los ojos y le entregó una dulce sonrisa.
¿Qué demonios? —pensó Bella olvidándose de su drama —. Nunca antes había visto a Edward tan agradable y comprensivo, había dejado de lado su sarcasmo.
—Ven, que te serviré un trago —sonrió.
Para Bella nunca había sido importante la opinión de Renée, no cuando dejó a Charlie cuando ella tenía quince años y mucho menos de la manera en que lo dejó. Esa noche Bella se encerró en su habitación y escuchaba los gritos de Renée desde la cocina, a pesar que Bella se tapaba los oídos para no oír.
—¡Nunca supiste apreciarme! —le gritaba Renée —. ¡Toda tu vida es el trabajo, yo me lo pasaba encerrada en la casa con Bella, cuidando de una niña que vino al mundo por una calentura!
—No digas eso —dijo Charlie —. Para mí Bella es una bendición.
—¡Claro, porque tú no tuviste que dejar de estudiar para dar a luz y amamantarla! — seguía gritando Renée.
Recordó con claridad aquella pelea que había tenido Charlie con Renée, luego de eso su madre le lanzó una olla con agua caliente a Charlie que le cayó en las manos con las que se intentó cubrir en la cara, pero a pesar de eso quedaron cicatrices en su rostro. Si, Bella recordaba bien aquel momento, pero desde que Charlie murió, hacía cuatro años, no tenía familia y deseaba contarle a alguien quién era en verdad. Nunca supo perdonar a su madre por lo que había hecho, pero hablar con ella había sido lo único que le quedaba y le contó su verdad.
—¿Te sientes mejor? —dijo Edward al verla abstraída.
—Si —susurró Bella bebiéndose el vodka—. No, reconoció.
— ¿Por qué? ¿Qué te dijo? —preguntó Edward mientras se sentaba frente a ella en la mesa de la cocina.
—Que le daba vergüenza tener una hija que vivía en pecado —murmuró Bella.
—Ya sabes cómo es ella, está apegada a la religión y es difícil que te acepte de inmediato, quizá debas darle tiempo.
—¡Me da rabia!, yo no elegí esto, sólo me ocurrió y no es un pecado amar a una mujer en vez de a un hombre, ¡pecado es lo que ella le hizo a mi papá! —chilló Bella llena de rabia.
Edward se mantuvo en silencio escuchándola, de vez en cuando le apretaba cálidamente la mano que tenía al lado del vaso y ella comprendía que él la entendía. Agradeció en ese momento tenerle allí para ser su soporte y apoyo.
—No debes angustiarte, eres una mujer fuerte y podrás salir adelante con lo que se venga —sonrió Edward.
—Es agotador —reconoció Bella—. Es agotador tener que soportar las críticas de la gente, las miradas feas en las calles porque vas de la mano con quién amas, los insultos y groserías en los pubs.
—No siempre será así, Bella—le levantó el mentón para que ella pudiese verle a los ojos —. Es la realidad de ahora, pero más adelante no será así, no tienes por qué esconderte de nuevo.
—Lo sé —dijo ahogada en llanto —, pero no sé por qué no dejo de llorar como una idiota.
Edward se levantó de su silla y la abrazó, deseaba protegerla y ayudarla, pero sabía que luego de esto, Bella crecería de sus cenizas como un Fénix, se repondría y saldría adelante. Era una mujer admirable y estaba seguro que prontamente exitosa.
Esa noche Bella se quedó en casa de Edward, ambos s quedaron dormidos en el sofá viendo televisión, pero cuando Edward despertó se llevó a Bella hasta su cama, mientras que él se fue a dormir a la habitación de invitados. Bella no supo cómo ni cuándo se quedó dormida, pero durmió hasta tarde.
—¿Dónde demonios estoy? —susurró aún somnolienta tratando de abrir los ojos que estaban empeñados en cerrarse.
Cuando estuvo lo suficientemente despierta se encontró sola en la inmensa habitación, era blanca con una cama de más de dos plazas, con unos cojines de plumas que se amoldaban perfectamente a su cabeza y unas cortinas que no permitían que la luz de la mañana se colase por ellas. Abrió bien los ojos y vio que la decoración era esplendida, llena de cosas muy bonitas sin siquiera sobrecargar el lugar, entonces se dio cuenta que había un baño al lado izquierdo, de seguro era el baño personal de Edward, por lo que asumió que la habitación en la que estaba era en la de su amigo, a pesar de los años de amistad jamás había estado en su habitación, así que se sintió libre de ir al baño, ya que si se encontraba allí de seguro era por obra de Edward.
—¡Oh, Dios! —se dijo al verse los ojos hinchados y unas tremendas bolsas debajo de ellos —. Por este motivo no lloro, deberé recordármelo.
Sin maquillaje que cubriese tal horror ni nada que pudiese ocultarlo, buscó en los gabinetes de Edward a ver si encontraba milagrosamente algo que le sirviese. Encontró preservativos por cajas, lubricantes y cuanta cosa sexual podría existir estaban en sus gabinetes del baño, pero el señor tengo-piel-envidiable-para-comercial-televisivo no tenía nada para sus ojeras por lo que tuvo que andar así por la casa de Edward quién parecía no estar.
—¡Ed! —le llamó para saber si estaba.
—¡Acá! —escuchó la voz que respondió.
Edward venía entrando, había salido a comprar y afuera estaba lloviendo por lo que venía un poco mojado y lleno de bolsas.
—Tenía que traerte algo para desayunar —dijo sin mirarla —. ¡Oh, Dios! —chilló cuando vio el rostro de Bella—. Es broma, es broma —dijo riéndose una vez que vio lo asustada y a la vez molesta que se puso con su comentario.
—No deberías criticarme, ¡me has dejado dormir en la cama del delito! —hizo un gesto de asco.
—Deberías agradecérmelo, Bella —rió —. No sabes cuantas mujeres se mueren por dormir allí.
—Pues no soy una de ellas —alzó una ceja.
Desayunaron juntos. No era una rutina a la que estuviesen acostumbrados, ni tampoco les disgustaba, pero desde que tenían quince años y celebraban los jueves sagrados,jamás Edward se quedaba a alojar, así como ella tampoco lo hacía. Era su primer desayuno y estaba bastante callado.
—¿Irás a trabajar? —le preguntó Edward.
—No lo creo —reconoció Bella —. No ando de ánimos y Sue es capaz de hacerlo todo muy bien.
—¿Te quieres quedar? No tengo planes para todo el día y podríamos conversar o hacer algo —sonrió.
—No, la verdad es que prefiero marcharme. Ya tendremos otra oportunidad.
—¿Quizá mañana? ¿Qué dices si vamos al bar o hacemos algo? —sonrió Edward.
—No lo creo, estaré todo el día en mi cama y no planeo hacer nada más que echarme en mi cama y ver televisión —murmuró Bella.
—Está bien, cualquier cosa me llamas —le besó en la frente antes que se marchase.
Cuando Edward se quedó solo en su casa no supo qué hacer, así que prendió la televisión mientras pensaba si salir o no a la noche, fue entonces cuando sonó su teléfono, sus amigos estaban esperándole para ver un partido de futbol y querían saber si él se uniría.
—Vengan para mi casa y lo vemos acá —respondió Edward.
—Era exactamente lo que queríamos oír —dijo Emmett.
A pesar de la lluvia el día estaba caluroso, pero cuando ya oscureció y se hizo de noche, hacía frío, por lo que Bella se quedó todo el día en cama aprovechando esas valiosas horas para reponer el sueño y evitar extrañar a su padre.
—¿Qué te pasó en la mañana? —dijo Jasper —. Te esperábamos en el gimnasio y no apareciste.
—Bella se quedó aquí anoche —murmuró Edward bebiendo su trago.
—No me digas que al fin… —alzó las cejas Seth para dar a entender lo que no dijo.
—No —bufó —. Les he dicho mil veces que entre Bella y yo no pasa ni pasará nada. Yo no soy de relaciones serias y ella es lesbiana ¿Cuál es su problema?
—Edward —le interrumpió Emmett —. ¿Qué le costaría al gran Edward Cullen, el terror de las mujeres, cambiar de bando a una chica como Bella?
Todos quedaron expectantes a la respuesta de Edward, pero este no se pronunció, le parecía estúpido e infantil querer cambiar la decisión madura de alguien que, simplemente, no siente atracción hacia los hombres y que no lo hará porque no le nace, así como a él no siente nada por un hombre.
—Cuando pruebe un verdadero macho —insistió Emmett —. De seguro que cambiaría de bando.
—No tengo por qué explicarles que esto no se trata de cambiar de bando a alguien, es cambiar su esencia y no perderé tiempo porque la verdad aunque se pudiese no me interesa, Bella me gusta y es mi amiga tal cual es, ahora si no van a cambiar el tema de conversación mejor se van a ver el partido de fútbol a otro lado —dijo secamente.
Luego de eso nadie tocó el tema, quizá por respeto a Edward y también a Bella o simplemente porque no querían perderse de ver el partido en el LED de 80''.
A la noche siguiente, Bella estaba lo suficientemente repuesta de ánimos como para salir en la noche a un bar, así que se puso una camiseta verde, unos jeans negros ajustados, unos tacos preciosos que le había regalado Alice y se dejó caer sus ondas chocolate por sobre sus hombros, además llevó su chaqueta de cuero de color guinda. Tenía la esperanza de disfrutar y pasarlo bien.
—Un vodka naranja, por favor —le pidió al barman mientras se sentaba en la barra.
Había estado todo el día pensando en lo mucho que extrañaba a Charlie, hacía ya cuatro años que le había perdido y le había extrañado cada minuto que había pasado, porque habían cosas que sólo podían hacer los papás, cosas que sólo lo necesitas a él y para esas cosas no estaba y le dolía recordarlo.
—Hola —dijo una chica a su lado.
—Hola —sonrió Bella.
—Soy Lily —sonrió la chica —, ¿Cómo te llamas?
Lily, sonaba tan parecido a Lucy, era… tan parecido, pensó Bella, aunque de inmediato se criticó. Estaba ahí para superarlo, aunque fuese sola, tenía que superarlo y ella podría. Le demostraría a Edward que era capaz, que no era una niñata llorona y que podría tener una noche desenfrenada sin temer mezclar sentimientos, luego de eso no sólo se lo demostraría a Edward, sino también a ella misma.
—Soy Bella —respondió cortésmente —. ¿Quieres un trago?
—¡Oh, gracias! —dijo la chica que no esperado a que la invitasen.
—¿Qué haces aquí un día de semana? —le preguntó Bella.
—Sólo quise venir a conocer este bar, me parece muy genial —sonrió.
—¿Y tú? —sonrió alegremente —. No pareces muy feliz.
Muy perceptiva —pensó Bella —, y guapa.
—Me gusta venir de vez en cuando y usualmente los días de semana no está tan lleno, por lo que me gusta pasearme estos días antes de irme a casa.
El brillo labial que la chica llevaba desprendía un exquisito olor a guinda. Su maquillaje no era excesivo, tenía las pestañas preciosas y encrespadas, sus ojos eran verdes oscuros y su cabello era rojizo. A Bella le pareció muy guapa y agradable, por lo que mantuvo la conversación con ella.
—¿Sabes qué tipo de bar es este? —preguntó Bella.
Parecía una chica muy tierna y quizá un poco desconectada del mundo, por lo que Bella quiso asegurarse que la chica supiese en lo que se estaba metiendo. No estaba dispuesta a sufrir un rechazo, no esta noche, cuando necesitaba sentirse mejor y olvidar un poco de todo lo que había vivido los últimos meses.
—Eres demasiado directa para tus cosas —rió Lily —, pero si, sé qué tipo de bar es.
—Lo siento, la delicadeza no es lo mío —sonrió incomoda Bella.
Siguieron conversando mientras se acababan su trago, hasta que ambas decidieron ir a bailar ya que la música les impedía conversar. Las horas pasaron rápidamente, parecía que el mundo daba vueltas al ritmo de la música.
—Fue un placer conocerte, Lily —sonrió Bella.
Durante toda la noche había hablando y bailado con ella y parecía una muy buena persona como para tener algo de una noche, era una chica tan dulce que prefería verla otra vez y conocerla mejor, aunque no quería mentirse a sí misma intentando tener una relación duradera con alguien.
—¿Ya te vas? —le preguntó Lily con sus ojos abiertos de par en par.
—Sí, mañana debo trabajar —mintió.
—Es una lástima —murmuró Lily.
Bella se acercó para besarla en la mejilla, pero Lily tomó el rostro de Bella y la besó. Aquel contacto fue dulce, sus labios eran suaves y el cremoso brillo labial que expelía el exquisito aroma a guindas se propagó por toda la boca de Bella haciéndole imposible resistirse a aquella invitación voluntaria que había iniciado Lily con ese beso suave y a la vez excitante.
Continuaron besándose de pie a mitad del bar, Bella la atrajo aún más a sí y sintió como el perfume a flores de Lily se propagaba por su ambiente invadiéndola así como la invadía el creciente deseo por la chica.
—Vámonos de aquí —susurró Bella rompiendo el beso y tomándola de la mano.
Lily soltó una sonrisa picara que a Bella la descolocó y la hizo sonreír. Si algo necesitaba Bella en ese momento era distraerse, por lo que no se criticó cuando subió a Lily a su vehículo y se la llevó a su departamento, después de todo, esa era la idea original.
Al entrar al departamento Bella no alcanzó a prender la luz cuando Lily se había apoderado de su cuello y la estaba besando con necesidad, le quitó la chaqueta que llevaba y la dejó caer en el suelo, seguido de eso enredó sus dedos en el cabello de Bella y rompió el beso con una risita traviesa.
—Tu cabello es tal cual como imaginé, es suave —sonrió y volvió a besarla.
Bella acarició la espalda de Lily y le quitó la blusa que llevaba, no pudo evitar excitarse cuando vio el sostén de encaje trasparente que dejaba ver sus pezones erectos detrás de la suave tela. Besó el pecho de Lily hasta la unión de ambos senos, los acarició sobre la tela, los besó sobre ella y luego quitó el sostén para dejar caer los hermosos pechos, suaves y calientes que estaban a la espera de sus caricias, besó los montes mientras Lily revolvía sus cabellos y acariciaba la espalda de Bella. La respiración entrecortada de Lily y el subir y bajar de su pecho comenzaron a aumentar su temperatura hasta sentir que estallaría en calor, entonces Lily le quitó la camiseta verde y el sostén, para dedicarse a darle placer a su compañera. Besó y acarició los montes firmes de los pechos de Bella, mordió uno de ellos y Bella sintió la electricidad que le recorría por todo el cuerpo. Dejó caer una de sus manos para encontrar el monte de los vellos rizados de Lily y sintió el calor y la humedad incluso sin introducir sus dedos dentro de ella.
Fue entonces cuando un sonido las alertó y se quedaron tal cual estaban, vieron una sombra de pie en el umbral que no pudieron distinguir a buenas y primeras. Lily se tapó con sus manos y buscó su ropa. Para Edward no hacía falta prender la luz para saber qué ocurría, sin querer había venido a ver cómo estaba Bella, como esta le había dado una copia de las llaves de su nuevo departamento en caso que las perdiera y como, además, le había dicho que esta noche no haría nada, él pensó en hacer su acto de buena caridad e ir a visitar a su amiga a penas se desocupara con la morena que lo había estado entreteniendo en su cama. Edward no supo si fue por curiosidad y por ver el rostro de Bella que prendió la luz y se encontró con la escena que había estado retratando su mente. Ambas mujeres desnudas una encima de la otra tratando de cubrirse con la ropa que había estado tendida en el suelo.
Hola
Mis queridas les cuento que tuvimos problemas en el capítulo anterior para dejar reviews, así que fue una pena, pero ahora he vuelto y espero que ustedes no hayan tenido problemas para leer el fic. ¿Qué les parece? Espero que les guste y lo comenten.
¡Les quiero contar que tengo una HISTORIA ORIGINAL!
Se llama Lasciatemi, busquen en facebook hay un grupo de la novela y allí podrán pedir que las agregue.
Les dejo un breve Summary aquí:
Luca es huérfano, está enfermo y prefiere evitar cualquier relación cercana porque sabe que no podrá estar mucho tiempo más, hasta que conoce a Mía, una chica simple y sencilla que parece cambiar todo lo que él había planeado. El amor tiende a enfrentar grandes desafíos, pero ni siquiera ellos son capaces de reconocer el gran problema que enfrentarán. Lidiar con enfermedades dolorosas, parece sencillo, lidiar con una sentencia a muerte es mucho más complejo. ¿Podrá el amor sobrevivir cuando parece tener los días contados? ¿Será suficiente o será un impedimento?
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Cariños.
Manne Van Necker
