Doble Negativo.

Summary: Una relación exótica, competitivos por naturaleza, buscando el límite entre lo permitido y lo prohibido, podrían caer presos de sus intensos juegos, victimas de lo exquisitamente desconocido.

Disclaimer: Los personajes de esta historia pertenecen a Stephenie Meyer, la historia aquí desarrollada es de mi completa autoría y por ende queda PROHIBIDA la copia parcial o total del texto sin mi autorización previa. Gracias por su comprensión.


Capítulo VI

Debilidades.


Edward sabía que no podía cumplir la promesa que había hecho al aceptar aquella apuesta, simplemente le era imposible y, aunque tuviese la oportunidad de cumplirla, esperaba tener la fuerza de voluntad para evitarlo.

Una vez que quedó solo en casa, se sentó en el sofá donde habían estado sus amigos y pensó por largo tiempo. Hacía ya mucho que había visto a Bella con Lucy por primera vez, hacía mucho que no sentía algo así por alguien, a quién quería engañar, nunca más sintió algo así por nadie y simplemente el hecho de pensar en reconocerlo le revolvía el estómago. Dentro de todo lo que rondaba en su cabeza, una de las cosas más complejas era pensar en Bella, sentía algo por ella, algo que no se había muerto jamás y que superaba las expectativas de aquel entonces. Había visto crecer a Bella a la par con él, la vio sufrir por la muerte de su padre, se desarrolló como toda una mujer y ahora sufría por la que, según ella, había sido el amor de su vida.

—¿Qué haré conmigo ahora? —murmuró bebiendo un corto de tequila.

Bella se levantó ese día con más ánimo del que normalmente tenía, así que decidió aparecerse por su Spa, tomó una larga ducha y respondió sus correos electrónicos mientras desayunaba, llamó a Alice para agradecerle por todo y le prometió invitarla a cenar, tal cual como antes lo habían hecho. Caminó decidida a que hoy sería un buen día, pero jamás imaginó que a quién vería sentado en su oficina y en su despacho, con la propiedad digna del dueño del lugar.

—Edward —sonrió cerrando la puerta detrás de sí.

—¿Vuelves a ser la respetable señorita Swan, fierecilla? —sonrió ladinamente.

Bella se observó a sí misma, una falda tubo, ajustada a sus caderas, llegaba hasta sus rodillas, con una hermosa caída, y una blusa blanca con volantes que resaltaban sus senos. A eso le había añadido un suave maquillaje que resaltaba su belleza natural, nada de rojo, nada de recargado, se había vestido como una dama, tal cual como lo había sido antes, sólo que ahora quería disfrutar de esta nueva etapa que se había abierto para ella y quizá la compañía de Edward no fuese tan beneficiosa. O quizá, Alice había hablado demasiado anoche.

—Sí, creo que luego de lo que me has hecho, será mejor que me dejes trabajar, Eddie, querido —sonrió y luego realizó un chasquido con sus dedos para que Edward se moviese de su puesto, pero este no lo hizo.

—Siéntate, querida —sonrió mientras daba golpecitos en su pierna —. Tenemos mucho que hablar.

—Muévete de una vez —dijo empujándole de la silla —, no tengo tiempo que perder.

Edward sonrió, se veía extremadamente guapa como la antigua Bella, su sonrisa despreocupada, su maquillaje tierno y suave, incluso sus ojos volvían a brillar cuando él le hacía bromas, podía decir a ciencia cierta que le gustaba mucho más cuando era así, una chica tranquila, a cuando él la convertía en la fierecilla. Quizá todo se debía a que cuando Bella se vestía así le hacía pensar que aún tendría alguna posibilidad de que, debajo de todo ese personaje, estuviese la Bella que alguna vez le miró con otros ojos.

—¿Qué pasa? ¿Un fin de semana que no nos vemos y ya me extrañas? —rió de pie.

—Edward, tengo que trabajar —insistió —, ¿podrías hacerme el favor de…?

—El favor encantado, preciosa —sonrió —, por esta mañana tendrás a este cuerpecito bajo tu completo dominio, seré todo tuyo.

—Ya, déjate de juegos, ni que me interesara ese cuerpecito tuyo —rió mirándole de pie a cabeza.

—Te va a interesar, esta mañana necesito un masaje de esos que das tan rico —sonrió y se fue hacía la sala de masajes que había dispuesto para él.

Cuando Bella entró a la sala Edward estaba desvistiéndose y dejando su espalda al descubierto. Bella había visto muchas veces ese cuerpo, trabajado del todo, con los músculos marcados por el trabajo duro que hacía en el gimnasio, el tono de piel era terso y esta vez notó una leve diferencia, había un rasguño en su espalda que se notaba reciente, no alcanzó a comentar nada, porque Edward se dio vuelta y dejó a su vista todo el resto que antes ella había admirado.

—¿Pasa algo? —sonrió —. Apostaría a que te gusta lo que ves.

—¿A mí? —rió —, Eddie, por favor, ya no soy una niña exploradora, hace rato sé lo que quiero.

—No me refería a eso, ahora si tú lo piensas así —rió —, por algo será, sucia de mente.

Bella abrió el aceite de almendras y su aroma la invadió, hacía tanto que no sentía aquel perfume, pero no quiso sentirse melancólica, no con Edward allí, no recordaría a Lucy, tenía que evitarlo. Se concentró en la exquisita espalda de Edward, sin duda, este hombre era el terror de las mujeres y entendía perfectamente por qué, tenía esas agallas necesarias para hacerle frente a todo, no se intimidaba con ninguna mujer, incluso con las más complicadas, conseguía lo que se propusiera y a pesar de ser un rompecorazones y Don Juan, tenía corazón, muy dentro de todo lo tenía, o quizás lo tuvo, pero hacía mucho que no lo veía. Hace mucho que Edward había perdido ese calor humano que desprendía, eso que lo hacía tan especial e interesante, ¿Dónde se había ido? Bella quizá jamás lo sabría.

—¡Qué rico! —susurró Edward mientras Bella acariciaba su espalda —, tienes unas manos benditas.

Bella mientras masajeaba la zona lumbar de su amigo pensaba en cómo decirle, sin que lo tomase mal, que quería un descanso de las últimas semanas de locos que habían vivido. Sentía que debía volver a encontrarse luego de todo lo acontecido y si seguía evadiéndose a sí misma lo único que conseguiría sería volverse bolsa, sí, lo sabía bien, últimamente cerrarse a sus propios sentimientos e ignorar que había sido destruida por la partida de Lucy no había sido una buena idea, lo mejor era vivir el luto y esperar un tiempo a sanar, antes de ir por la vida como una pequeña fiera destrozando a quién encontrase a su paso.

—Edd —murmuró mientras continuaba con la rutina de masajes. Este gruñó en señal de respuesta —, quizá sea bueno detener este juego de conquistas, por lo menos por un tiempo.

—¿Por qué? —la voz de Edward sonó excesivamente relajada.

—Porque necesito espacio para mí, tiempo. Ya sabes, las cosas no siempre se dan así como así y jugar con las personas me parece fatal —respondió sin detener sus manos.

—Has pasado demasiado tiempo con Alice y te ha ablandado, Bella —sonrió —deberías dejar de pensar en las tonterías que te dice.

Esa tarde Alice estuvo rebuscando en su armario aquella chaqueta gris que le había regalado Jasper, quería vestir de acuerdo a las circunstancias, además, sabía que corría grave peligro haciendo cosas de este estilo a escondidas. Intentó no levantar sospechas, pero Jasper que la conocía muy bien, notó de inmediato que algo no andaba bien.

—¿Qué pasa, amor? —dijo anudándose la corbata.

—Nada, cariño. Sólo saldré a juntarme con Rosalie que ha vuelto de su viaje —sonrió —, después de todo me merezco las primicias.

—¿Irá Bella?

—Creo que estaba ocupada en el Spa hoy —dijo despreocupada, intentando no sonar nerviosa.

La verdad es que Rosalie había vuelto y no con ánimos de reunirse con ella a charlar del viaje, Rosalie quería detalles de lo que había pasado con Bella y como ella era amiga de Lucy, ella también estaría allí. Alice, quién había aceptado a Lucy por ser la novia de su amiga Bella, no quería que esta se enterase que se había reunido con ella a sus espaldas, de seguro Bella pensaría lo peor de ella si llegase a sus oídos lo que había tramado Rose, pero ya había aceptado a hacerlo y quizá tuviese su ventaja, después de todo sabía que no debía darle esperanzas a Bella con respecto al futuro con Lucy y también sabía que conocer los motivos de la ruptura ayudarían a su amiga a no cometer los mismos errores en una relación. Así que tomó sus cosas, dándose seguridad a sí misma mientras se miraba al espejo pensó en que todo saldría bien y se marchó.

Jasper ignoró por completo la respuesta que Alice le había dado, sabía que había algo extraño en su actuar, por primera vez en mucho tiempo no había notado que había dejado la tapa del escusado abierta, ni que la toalla con la que se había duchado y que estaba mojada estaba en el suelo, y eso en Alice era muy extraño.

—Hola, ¿Emmett? —dijo cuando le contestaron de la otra línea.

—Sí, Jasper, ¿Qué pasa? —murmuró somnoliento.

—¿Aún duermes? Es el colmo, hombre, levantate ya.

—¿Qué quieres? —dijo destapándose y sentándose en la cama.

—¿Rose está contigo? ¿Sabes si se reunirá con Alice? —cerró la tapa del escusado y levantó la toalla del suelo, sabía que si Alice no lo había notado en ese momento, lo haría cuando regresara.

—No, a mí no me han dicho nada, aunque ayer llamó Lucy —bostezó —. ¿Por qué preguntas?

—Por nada, que estés bien y es hora de despertar, dormilón —luego de eso cortó.

Así que lo que ocultaba Alice era que se reuniría con Lucy, además de Rose ¿Por qué se lo habría ocultado a él? Pensó una y otra vez en la respuesta, pero ninguna lo complació lo suficiente como para darla por correcta. Finalmente decidió olvidar el tema y centrarse en su desayuno antes que llegase atrasado a la reunión de trabajo.

—¡Al fin! —dijo Alice abrazándose a su amiga —. ¡Al fin te han soltado, mujer!

—Amiga, tanto tiempo sin saber de ti ¿Cómo has estado ingrata que no me llamas?

Conversaron tranquilamente disfrutando de cada segundo juntas, Alice y Rose caminaron un par de cuadras mientras hablaban de lo mucho que se habían extrañado, cuando entraron en la cafetería de reunión de siempre vieron a Lucy que ya las estaba esperando sentada en una de las mesas del rincón y con su café ya listo.

—Ya viene el pedido para ustedes, ya saben, lo de siempre ¿Cómo han estado? Tanto tiempo —sonrió Lucy con la misma naturalidad de siempre.

Alice la miró una y otra vez, como si la estuviese estudiando, en ella seguía la misma esencia de antes, despreocupada, alegre y muy buena para tomar todo en chiste o broma, pero dentro de lo que si había cambiado y que Alice notó, fue que se veía mucho más profesional y seria, su look ya no era tan juvenil como lo era cuando estaba con Bella.

—Tú Alice —sonrió Lucy —, sigues igual que siempre —rió —, podría apostar que nada a cambiado en tu vida.

Alice se mordió la lengua, la verdad es que sí, mucho había cambiado en su vida, principalmente tenía una amiga con el corazón roto y al borde del abismo por culpa de su abandono y por la influencia de Edward Cullen, quizá no fuese todo culpa de Lucy, pero el hecho de que haya tenido el descaro de dejar a su amiga sin ninguna explicación más que una nota y luego aparecer como si nada en la ciudad con otra pareja, era imperdonable a los ojos de Alice. Y lo peor, según ella, era que Lucy apareció con la desfachatez de pretender que todo seguía igual que siempre y que todas eran sus amigas.

—Bueno, bueno —dijo Rose luego de una larga conversación superflua —, a lo que vine ¿Qué demonios pasó entre tú y Bella?

—Las cosas ya no eran lo mismo, Bella se había vuelto trabajólica y muchas veces no hablábamos más de tres palabras al día, por las noches ella dejaba un tremendo espacio en la cama, como si no quisiera ni tocarme y bueno, el amor se fue volviendo monotonía y apareció alguien que me quitó de ella y terminé allí, enamorada otra vez, feliz y lo mejor es que siento que volví a vivir —sonrió.

—Ya, pero ¿No pudiste ni siquiera conversarlo con Bella? —alzó una ceja Alice.

—Lo intenté, pero años, son años. Llevabamos tanto tiempo juntas que sabía que hablar con ella nos iba a doler tanto a ambas…

—Que preferiste que le doliera sólo a ella y no a ti —criticó Alice interrumpiendo a Lucy.

—No creas que no me dolió, si, realmente si me dolió, pero no pude negarme a la felicidad que tenía frente a mí —sonrió Lucy —, además miren esto —alzó su mano y dejó ver la sortija —. Me ha pedido que nos casemos.

Rose intentó sonreír con la misma naturalidad que Lucy, haciendo una reproducción casi perfecta, mientras que Alice, que admiraba la joya, evitó sonreír demasiado, sabía que era una sortija hermosa, pero no podía evitar pensar que era con Bella con quien todos esperaban que contrajera matrimonio, pero no había sido así y el golpe había sido demasiado duro para su amiga como para olvidarlo y dar vuelta la página. Incluso Rose se sintió así, ella venía con la idea de que todo se podría solucionar, que era cosa de conversarlo, otras veces habían estado así de mal ¿Por qué ahora sería diferente?, pues tenía la respuesta frente a sus ojos, era diferente y mucho, porque ya todo estaba roto y Lucy tenía una nueva vida, las opciones que Bella pudiese volver a ser parte de la vida de Lucy bordeaban el cero por ciento.

—Obviamente aceptaste con la tremenda roca que te puso encima —interrumpió Bella.

Había salido del Spa, luego de haber hablado con Edward, quién increíblemente aceptó de buena gana su nuevo cambio de plan. No le criticó como ella esperaba, simplemente le dijo que tendría su teléfono disponible siempre y cuando ella lo necesitara, sobre todo si era para una salida desenfrenada. Bella sabía que no podía continuar con la farsa de ser quién no era y Edward aceptó porque alejarse de Bella era lo más sano para él, aunque la extrañase de cierta manera, era lo mejor. Luego de la breve conversación que tuvieron, Bella decidió venir por un café a la cafetería donde preparan el mejor capuchino de la ciudad y casi se quedó de una pieza cuando ve riendo a Rose, Alice y Lucy, pero por sobre todo porque Alice estaba allí, riendo junto con todas. Sus amigas se habían reunido con Lucy a sus espaldas, estaban hablando con ella como si nada, como si ella aún no estuviese sufriendo por su culpa, por lo que no pudo evitar interrumpir el feliz momento.

Alice se congeló al ver a Bella, quiso explicarle, pero no fue capaz de hacerlo frente a todos, después de todo nadie la había obligado a venir, ella voluntariamente se había sentado a conversar con ellas.

—Bella —susurró Rose —, no te sientas mal por esto—fue lo único que supo decir.

—Hola Bella —sonrió Lucy —. ¿Quieres sentarte?

No podía ser más cínica —pensó Bella.

Sentarse con sus amigas a conversar de lo bien que le iba en la vida, sin siquiera tener el descaro de reconocer sus errores, porque de seguro no los reconoció y más encima invitarla a sentarse con ella, en la misma mesa y compartir un café. ¡Era de dementes!

—Ahórrate tu tiempo, de seguro eso quisiste hacer cuando dejaste esa nota, ahorrar tiempo, de seguro eso fui yo para ti, una pérdida de tiempo, pero no te preocupes que ahora seré yo al que no pierda el tiempo contigo sentándome aquí, fingiendo que todo va de maravilla y deseándote lo mejor. Porque no, Lu —la llamó por el apodo cariñoso que antes habían compartido —, no soy tan cínica como para fingir que todo va bien.

Se dio la media vuelta antes que las lágrimas cayeran por su rostro, inhaló tanto aire como fue capaz y salió de la cafetería con un gusto amargo en la boca y sin su capuchino. En cuanto cerró la puerta detrás de sí, las lágrimas comenzaron a brotar sin descanso, una tras otra invadieron su rostro mientras que su corazón le presionaba el pecho, tan fuerte, que le era imposible respirar. Se tomó el costado con una mano, intentando controlarse y controlar el llanto, pero le fue imposible y volvió a hipar como la primera vez que lloró por Lucy. Aún llorando y con la cabeza congestionada con las imágenes que había tenido de Rose, Alice y Lucy en la cafetería, caminó decidida a coger su automóvil e irse lo más lejos posible, entonces escuchó la voz de Alice a sus espaldas.

—¡Bella!—gritó corriendo en sus tacones —, ¡Bella no te vayas! Déjame explicarte, por favor.

Pero Bella siguió caminando sin detenerse y Alice, asustada por su amiga la siguió, corrió tanto que pensó que perdería sus zapatos, pero poco le importó. Lo que más temía había ocurrido y lo peor de todo era que no podría explicárselo después, tenía que ser ahora, Bella tenía que comprender que haberse reunido con Lucy no significaba nada para ella, todo lo contrario, lo había hecho por su amistad, porque quería saber el por qué de la ruptura, porque quería ayudarla a superarlo.

—No tienes nada que explicar, lo vi todo, Alice. Ve a felicitarla por su matrimonio y dile que no vuelva a repetir la historia o quizá peor, que la repitan con ella —sollozó y tomó el primer taxi que pilló.

Edward estaba en su casa, preparando la receta de cocina que estaban dando en el matinal de la televisión. Se veía sencillo, pero no lo era, aún así, le gustaba tanto cocinar, que decidió seguir la receta, las veces que se perdía, buscaba en internet para seguirla. Aunque él nunca seguía al pie de la letra las recetas, prefería agregarle su toque personal. La cocina para él era terapia, cada vez que algo no andaba bien, terminaba en la cocina haciendo más cosas de las que podía comer. Quizá era porque la cocina requería su completa atención para que todo saliese bien y por lo mismo no podía distraerse pensando en otras cosas, pensando en cosas como lo que le pasaba con Bella.

Cuando sonó el timbre de su casa se sorprendió y cuando escuchó a Bella se sintió confuso. De inmediato le abrió la puerta y se dirigió a la entrada de su casa. Fue allí cuando la vio, vestida tal cual como en la mañana, pero con el maquillaje corrido por las lágrimas, la nariz roja y los ojos hinchados de tanto llorar.

Cuando Bella vio a Edward de pie en el umbral de su casa, lo primero que pensó fue lo que hizo. Saltó a sus brazos y enlazó sus piernas alrededor de sus caderas y rompió en llanto. Edward la sostuvo firmemente y la entró a casa.

—Shhh, mi pequeña, Shhh, ya estás conmigo —le susurró al oído.

Bella no supo si fue la sensación de confort que Edward le otorgaba o la sensación de protección que necesitaba en ese momento, pero sabía que lo único que necesitaba era a Edward y que él estaba allí en ese momento para ella, que estaba como siempre había estado, sólo que ella nunca le había dado tanta importancia. Sentir a Edward cerca de ella bastó para que el llanto la colapsara nuevamente.


Hola chicas.

Lamento el retraso, en facebook prometí subir capítulo el fin de semana, pero me fue imposible por tantas cosas. Pero bueno ¡Aquí hay capítulo!

Espero les haya gustado a todas y espero sus mensajitos.

Para las que no saben me hice un Facebook, es cosa que quiten los espacios de este link : de www . facebook ManneVanNecker

Y le dan me gusta!

Besos a todas, que tengan hermosa semana ya nos estamos leyendo.

Manne Van Necker