Doble Negativo.


Disclaimer:Los personajes de esta historia pertenecen a Stephenie Meyer, la historia aquí desarrollada es de mi completa autoría y por ende queda PROHIBIDA la copia parcial o total del texto sin mi autorización previa. Gracias por su comprensión.


Capítulo VII

Profundidad.


Los gritos que revoloteaban por su cabeza se mezclaban con las imágenes borrosas que se reproducían una y otra vez, eran recuerdos vagos que se hacían vívidos entre sus sueños, pero ella era incapaz de reconocerlos como tal. Se sentía tan real estar reviviendo las discusiones de sus padres, esconderse en el armario y ver como su madre lanzaba el hervidor con agua caliente sobre su padre y los quejidos de dolor de este al protegerse del ataque. Era capaz de sentir su dolor nuevamente, el miedo y el odio hacía su madre, era capaz de recordar con exactitud todo lo que había ocurrido, parecía tan vívido que a pesar de estar durmiendo estaba llorando. Luego Edward estaba allí, su rostro de adolescente y sus ojos tiernos le estaban inundando sus sueños, recordaba a Edward así, un chico promedio, tan agradable y dulce que no tardó en convertirse en su más fiel amigo, él estuvo allí en esos momentos tristes, estuvo cuando más le necesitó, le quería tanto que no podía siquiera pensar en abandonarle, por lo que cuando su madre se marchó de casa prefirió quedarse con Charlie y también con Edward. Todo marchaba bien, era una chica promedio, su familia volvía a estar más tranquila, la vida con Charlie era bastante buena y esa noche había planeado besar a Edward, pero las cosas cambiaron, en vez de ir al baile debió acompañar a su padre a urgencias para tratarse las quemaduras de sus manos y el besó que planificó nunca llegó, en vez de eso Lucy apareció en su vida y la seguridad que ella desplegaba la inundaron, tanto así se deslumbró con la experiencia de la chica que se olvidó completamente de Edward.

—Bella—susurró Edward, pero la chica no se despertó—. ¡Bella despierta!

Cuando Bella abrió los ojos se encontró la imagen de Edward frente a ella, se sintió contrariada porque recién le había visto pequeño y ahora las mismas facciones se habían transformado en las de un hombre, volviéndose más definidas. La creciente barba, las pequeñas líneas de expresión entorno a sus ojos, el modelo definido de su armoniosa quijada y su mentón masculino eran todo lo opuesto del niño que ella había visto recién, pero sólo un detalle consiguió que Bella reconociese a Edward; el brillo de sus ojos tiernos permanecía allí, no todo el tiempo podía verlo, pero en ese mismo instante eran los mismos ojos de años atrás.

—Estabas llorando en sueños—dijo Edward quitándole las lágrimas que recorrían su rostro—. ¿Quieres un poco de agua?

—No, estoy bien, Ed—sonrió aunque seguía confusa.

¿Por qué había tenido que recordar aquello en ese preciso instante? Todo se volvía más confuso cuando se trataba de Charlie, más si se mezclaban los recuerdos de Edward y de Lucy en su cabeza. Había dormido bien toda la tarde hasta que tuvo que soñar con todo eso, se sentía fatal y un naciente dolor de cabeza se estaba apoderando de ella. Por muy cómoda y segura que se sintiese en casa de Edward sabía que lo mejor era salir de allí.

—Ed—murmuró—, será mejor que me vaya a casa.

Edward la había visto dormir, desde que llegó a su casa en la mañana Bella no había parado de llorar, tanto que se quedó dormida en el sofá mientras él la consolaba. Una vez que se dio cuenta que no despertaría pronto y que lo mejor sería dejarla dormir, la tomó en brazos y la llevó a su cuarto donde la arropó y se quedó allí vigilando su sueño mientras leía un artículo financiero.

—Será mejor que te quedes aquí—la miró mientras Bella seguía arropada y miraba el techo—, si te vas a tu casa Alice estará allí intentando darte explicaciones, probablemente Rose esté en el mismo plan y quién sabe si hasta la descarada de tu ex está allí esperando que llegues.

Tenía razón, Bella era incapaz de discutírselo puesto que era exactamente lo que Alice hubiese hecho, es más, agradecía que su teléfono no hubiese sonado mientras estaba descansando, porque de seguro que Alice había intentado llamarla más de alguna vez.

«Un momento—pensó—. ¿Dónde está mi teléfono? De seguro sonó toda la tarde, Alice debe haber estado como loca llamándome. ¿Por qué no me desperté?»

—Edward—se sentó en la cama y le miró—. ¿Dónde está mi teléfono?

Este no le respondió nada, dejó de leer el artículo y buscó en la mesita que estaba al lado de su cama, abrió el cajón y sacó el teléfono de Bella.

—Está aquí—se lo enseñó y lo volvió a guardar—, no pretenderás que te lo devuelva ¿verdad?, sabes que todo el mundo te estará llamando así que lo apagué, incluso Alice me llamó exigiéndome que te dejara hablar con ella, pero negué que estabas aquí, así que probablemente tu amigas están recorriendo cada bar con tal de encontrarte.

Edward la invitó a comer todo lo que había cocinado esa mañana. Había crema de espárragos natural hecha por él mismo, costillar de cordero asado y papas duquesas, finalmente de postre habían panqueques con helado y manjar. Ya que no había comido nada desde que llegó Bella y ella tampoco había almorzado, no les importó que la hora de almuerzo se les hubiera pasado, se sentaron juntos, uno frente al otro, y disfrutaron de la comida.

—Ya—rió Bella—, cuéntame el secreto ¿De dónde sacas esta comida tan rica?

—Sigo, vagamente, las recetas de los matinales—sonrió Edward disfrutando del cordero asado.

—En serio, Edward, no me tienes para qué mentir, dime ¿Dónde compras todo?

—Que te digo que lo hago yo en casa, cuando llegaste acababa de terminar el postre y lo había dejado en el congelador—sonrió—. ¿Por qué nunca crees en mis pocas, pero existentes virtudes?

Bella volvió a recordar al Edward de su sueño, el chico tierno que siempre le acompañaba en todo momento, a él si le habría creído todo lo que le dijese, pero al Edward que tenía ahora en frente, por un motivo y otro, se le hacía difícil creerle. Quizá estaba analizándole demasiado, siempre desconfiando de sus verdaderos sentimientos o en realidad cualquier pizca de bondad que en él pudiese existir. Pero cada vez que se tomaba el tiempo de conocerle un poco más se acercaba a lugares y características de Edward que desconocía, detrás de la faceta de don Juan existía algo más, algo que pensó que Edward había perdido con los años.

—¿Te he dicho que me han dado entradas dobles para el concierto de Jim Morrison para la semana entrante?—sonrió Edward cambiando de tema —, como no tengo quién me acompañe pensé que tú querrías hacerlo, después de todo el lavado de cerebro de Alice ya no funcionó ¿no?

—Mal no me hará ir a un concierto, después de todo necesito liberarme de todo lo que me ha ocurrido últimamente—suspiró.

Mientras Bella estaba limpiándose la cara y desmaquillándose en su baño, Edward estaba sobre la cama cambiando los canales de televisión. La verdad es que tenía el televisor encendido sólo para tener ruido y no quedarse a solas con sus pensamientos, menos con el recuerdo de aquella estúpida apuesta que había hecho con sus amigos. Era hombre de palabra, sabía que era pagar la importante suma de dinero o intentar seducir a Bella, pero él no quería ninguna de las dos porque realmente ni siquiera sabía qué era lo que exactamente quería. Veía a Bella ya madura, no se comparaba en absoluto con la niña que alguna vez había parado su corazón, esta vez era la mujer la que lo cautivaba, tenía algo especial cuando estaba vulnerable, cuando dejaba de ser la fierecilla que él había convertido o la Bella que había convertido Lucy, cuando Isabella Swan estaba vulnerable volvía a ser ella misma, sin necesidades de cumplir expectativas, demostrando sus verdaderos sentimientos, llorando si era necesario o simplemente riendo de las cosas más simples de la vida. Era ella sólo cuando nadie parecía estarla mirando, aunque Edward siempre tenía sus ojos posados en Bella.

—¿Nos quedamos en casa y vemos alguna película o prefieres salir a algún bar?—alzó la voz para que Bella le pudiera escuchar desde el baño.

—¿Quieres que te de una paliza en un bar?—rió Bella—, pues si quieres que te deje solo y sin automóvil, adelante, nos vamos a un bar.

—Siempre recordándome mis sufrimientos—fingió sentirse afectado.

—La verdad prefiero quedarme en tu casa, no vaya a ser que me encuentre con las chicas por ahí.

Alice había hecho callar a Lucy en el instante en que abrió la boca para decir lo exagerada que había sido Bella. Y en ese mismo instante se reconoció como una idiota, sabía que no debería haber ido a encontrarse con Rose y Lucy, todo este tiempo en su interior lo había sabido y no se escuchó a sí misma. Estaba tan molesta que tomó sus cosas y se fue al automóvil con la fija intención de esperar a Bella en su casa, tarde o temprano tendría que aparecer por allí.

—¡Ali!—escuchó que la llamaron, era Rose—. Espérame.

Alice se detuvo para conversar con Rosalie, le explicó todo lo que ocurría y esta comprendió enseguida por qué se sentía culpable su amiga. De cierta manera, ella se sentía igual. Decidió acompañarla hasta la casa de Bella, pero esta no estaba allí, se sentaron en el suelo a esperar. Mientras esperaban en la fría cerámica Alice no podía dejar de pensar en el grave error que había cometido, se ponía en caso de Bella y comprendía perfectamente el dolor que debió haber causado a Bella verle allí con Lucy y que le hubiesen lanzado la bomba del matrimonio.

—Quizá esté donde su madre—dijo Rose.

—Imposible, le dijo a Renée que era lesbiana, ya sabes cómo es Renée. Le cerró las puertas de su casa por ser antinatural, una pecadora y no sé qué más. Jamás ellas se han llevado bien, ahora menos—alzó una ceja.

—Será mejor que llame a su teléfono, quizá ya lo encendió—sonrió Rose buscando su móvil.

—Ya lo he intentado—le interrumpió Alice—, más de mil veces y no contesta, me envía a buzón de voz.

—Si Bella se ha vuelto muy apegada a Edward de seguro está con él ahora ¿Tienes su número?

Alice llamó a Edward, pero este negó que Bella se encontrase con él. Ella no supo si creerle o no, usualmente él era una caja de sorpresas, pero no le quedaba otra que fiarse de sus palabras, además sonaba tan tranquilo y desentendido del asunto que probablemente no supiese nada, después de todo Alice le había dicho a Bella que lo mejor era alejarse de Edward, quizá su amiga siguió el consejo y no estaba con él, así que ella no arruinaría eso diciéndole a Edward lo que le pasaba a Bella para que este se aprovechara de la situación y la invitara a salir de bar en bar con la primera chica que se les cruzara por delante.

—La verdad nunca pensé ver a Bella tan afectada por haber terminado con Lucy—añadió Rose.

Rosalie había estado tan desconectada de sus amigos últimamente que no creyó que Lucy y Bella hubieran terminado en serio, aún albergaba la esperanza que volverían como si nada hubiera pasado y serían tan felices como siempre. Desde que conocía a Bella que ella mantenía una relación con Lucy, jamás las imaginó por separado, para Rose ellas venían en un pack. Así que cuando se dio cuenta de que todo se había acabado y que había acabado muy mal sintió el peso de la responsabilidad de hoy. Entendía a Bella, era su amiga y la quería, así como entendía a Lucy que también era su amiga, pero sabía que Bella era mucho más frágil y que sufría mucho más, así que deseaba mucho verla y darle un gran abrazo junto con unas disculpas.

—Quizá deberíamos ir a buscarla a algún bar, de seguro estará por ahí—dijo Alice luego de una larga pausa.

Estuvieron todo el día recorriendo los bares que frecuentaba Bella con Edward, también fueron al Spa, pero allí no había vuelto a ir, así que finalmente decidieron volver a casa y esperar hasta mañana para poder conversar con Bella. Rose quedó de llamar a Alice si sabía algo y también lo prometió Alice si ocurría al revés.

Agotada por la carga emocional del día, Alice se dejó caer sobre el sofá y estiró su cuello lo más que pudo. Estaba tensa, le dolía la espalda y los zapatos la estaban matando.

—¿Problemas?—dijo Jasper suponiendo lo que había ocurrido.

—Algunos—murmuró Alice sin querer detallar lo que había ocurrido.

Jasper no insistió en sacarle información a Alice, después de todo se enteraría igual, así que decidió no tomarla en cuenta e irse a la cama lo antes posible, mañana hablaría con Alice. Mientras su mujer estaba en la cocina, Jasper decidió llamar a Edward para saber cómo estaba.

—¿Qué haces, campeón?—dijo Jasper cuando Edward contestó.

—Veo una película—respondió al otro lado del teléfono.

—¿No estás en un bar intentando coquetear con alguna morenaza?—dijo incrédulo.

—Para que veas—rió Edward—. Estoy con Bella viendo Troya y comiendo palomitas.

—Así que comenzaste con el plan de la apuesta. No esperé que lo hicieses tan rápido hombre. Te deseo suerte con eso, porque por lo que me di cuenta Bella está vulnerable.

—¿Cómo lo sabes?—frunció el ceño Edward, él no le había contado nada a Jasper.

—Conozco a Alice y hablé con Emmett, así que por lo que supe el trío de amigas está en crisis, así que no sé cuándo podré ir a enterarme de los jugosos detalles de tu conquista, pero aún así guárdame lo mejor para mí.

—No habrá nada que contar—murmuró Edward—, ahora tengo que dejarte, quiero seguir viendo la película.

—Cuando te metas en las bragas de Swan me avisas, tendré que cobrarme unos cuantos billetes por haber ganado la apuesta—rió Jasper.

Cuando Jasper colgó el teléfono y se recostó en la cama se quedó con una amplia sonrisa de satisfacción, estaba seguro que Edward podría conquistar a Bella, después de todo quizá Bella no fuese lesbiana, quizá era bisexual, nunca había probado algo con un hombre, ¿Por qué no con Edward? Cuando Jasper miró la puerta de su habitación se encontró con Alice mirándole fijamente y por lo que se veía en su rostro no estaba para nada contenta.

—¿Qué pasa amor?—intentó fingir Jasper.

—No me vengas a tratar de amor ni me cambies el tema. Escuché todo. Así que tienen una apuesta con el idiota de Cullen y planean ganar dinero a costa de Bella ¡¿Qué demonios te metiste en la cabeza para apoyar esa estúpida idea?—gritó Alice.

«¡Ay, Dios, ay Dios, estoy en graves problemas!—pensó Jasper.»

El calor que desprendía Edward la hizo acercarse aún más a él, este le había preguntado si necesitaba que aumentara la calefacción pero ella se negó de plano y decidió acomodarse en el hombro de Edward y seguir viendo Troya. Ya se acercaba la horrorosa parte en la que Héctor mataba por error a Patroclo, una de las escenas que Bella más odiaba porque eso significaba la muerte de Héctor en manos de Aquiles.

Edward abrazó a Bella y la tapó con la manta que había traído, seguía pendiente de la película pero también de cada movimiento que ella hacía, así como cada suspiro que se le escapaba cuando veía alguna escena especial. Disfrutó de la compañía de Bella y también de la película, hasta que sintió los sollozos de su amiga y se dio cuenta que estaba llorando.

—¿Qué ocurre?—sonrió Edward.

—E-Es que—hipó—, Héctor no quería matar a Patroclo y el pobre chico, tan joven e inocente, se muere. Y lo peor es que Aquiles se venga con Héctor y le mata y ni siquiera le deja tener un funeral digno. ¡Todo es tan cruel!

—Tragedia griega, preciosa—dijo Edward limpiándole las lágrimas—, pero la vida no siempre es así, no todo es tragedia, así como no todo es blanco o negro, siempre hay matices.

—Yo no le veo ningún matiz a mi vida—susurró Bella—, todo lo contrario para mí siempre ha sido blanco o negro, nada de matices y nada de dudas.

Edward lo sabía bien, Bella había tenido que tomar las riendas del asunto familiar mucho antes que cualquier otra chica. Su padre trabajaba duro y ella no quería que él gastase en alguna nana o chica de la limpieza, por lo que comenzó a hacerse cargo de la casa y a estudiar, pronto la pequeña niña fue reemplazada por una mujer llena de responsabilidades y tareas por cumplir.

—Quizá para conseguir la felicidad no sólo sea necesario el negro y el blanco—le miró a los ojos—, quizá necesites probar los matices de tu vida, quizá necesites salir del mundo en el que te sumergiste y probar otras cosas.

—Sé perfectamente a dónde quieres llevar esta conversación Edward—Bella volvió a mirar la pantalla.

—Pues será mejor que hablemos de esto ahora, entonces—puso en pausa la película—, dime Bella ¿Nunca has pensado en probar estar con un chico?

El corazón de Bella se detuvo y un mar de pensamientos se adueñó de su mente impidiendo ordenarlos y pensar con claridad. Si había pensado en eso, pero estaba tan enamorada de Lucy que realmente nunca le preocupó nada más, nunca notó si sentía algo por otras mujeres u otros hombres, para ella todo se trataba de Lucy y ahora que ella no estaba todo se trataba de olvidarla. Quizá Edward tenía razón y necesitaba salir del mundo en el que se sumergió por tanto tiempo, pero podría ser muy tarde para intentarlo. No quería reconocer que tenía miedo del resultado.

—Piénsalo Bella, quizá necesites abrirte camino en nuevas etapas—sonrió Edward volviendo a reproducir la película.


Hola chicas.

Espero que todas estén muy bien y que no me maten por atrasarme tanto con este capítulo. Entre el estrés de la universidad y el cansancio emocional la diva de la inspiración se marcha, pero la he vuelto a recuperar y aquí está este capítulo en el que pueden descubrir un poco más de lo que ocurre.

Espero agradecida todos los reviews que me quieran enviar y una vez más muchas gracias por el apoyo que todas ustedes me entregan ya sea comentando, preguntándome por PM cómo estoy y también haciendo publicidad a mi historias.

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