Doble Negativo.
Disclaimer: Los personajes de esta historia pertenecen a Stephenie Meyer, la historia aquí desarrollada es de mi completa autoría y por ende queda PROHIBIDA la copia parcial o total del texto sin mi autorización previa. Gracias por su comprensión.
Capítulo VIII
Liberación y deseos.
En el exacto momento en que Jasper vio los ojos de Alice supo que esto era grave y que lo mejor era no mentirle. Sabía perfectamente que no había cosa que Alice odiase más que las excusas baratas y las mentiras aparentemente piadosas, así que tomó aire, se armó de valor y soltó toda la verdad de un solo tirón, esperando que Alice tuviese piedad y no fuese tan tajante en su castigo, porque de una cosa estaba seguro: Alice no se lo perdonaría y buscaría la manera más cruel de castigarle por su intención.
Mientras Alice escuchaba la explicación de Jasper pensaba en lo estúpido y cruel que eran los hombres y aunque no se admiraba de que lo fueran, creía que Jasper era diferente al resto. Se creyó una ilusa al haber pensado así y decidió que lo mejor era ser decidida y fuerte a la hora de decirle a Jasper lo que ella pensaba. Si ella se mantenía firme de seguro podría obtener más información de la que Jasper le estaba entregando, porque después de todo algo debía haber detrás de esa apuesta. ¿Por qué Edward apostaría ligarse a Bella así por así? A los ojos de Alice Edward no era más que un don Juan sin destino, pero si mostrase un poco de corazón al respecto de seguro habría algo más detrás, algo que podría ser una debilidad oculta. Según lo que Jasper le contaba Edward no estaba a favor de la apuesta, lo que a Alice le intrigaba era el por qué.
—… bueno y luego de mucho rato intentando convencer a Edward, este por cansancio aceptó—finalizó Jasper.
—¿En qué demonios estaban pensando ustedes cuando decidieron jugar con Bella?—le dio un palmetazo en la cabeza.
—Yo jamás creí que Edward aceptaría, pero ya ves, lo hizo, además ni siquiera quería hacerlo, quizá ni siquiera lo haga—se explicó.
—¿Les dijo por qué no lo haría?—Alice quería saciar su curiosidad antes de dejarle caer la bomba redentora a su amiga.
—Dijo que era su amiga, supongo que por eso—murmuró Jasper ocultando la verdad del asunto.
Alice insistió respecto a la actitud de Edward, sabía que Jasper no decía toda la verdad y eso se debía porque cada vez que este mentía no podía mirarla a los ojos y comenzaba a tartamudear, así que no se rindió hasta que Jasper soltó cierta frase que sus oídos querían oír.
—Creo que a Edward realmente le interesa Bella—murmuró Jasper sabiendo que al decir toda la verdad Alice sería más compasiva en su castigo.
A penas Alice se enteró, tomó su cartera, las llaves del auto, se colocó una chaqueta y dejó sólo a Jasper sin siquiera decirle dónde iba ni qué haría. En ese mismo instante en que vio a Alice tan decidida decidió que lo mejor era hablar con Edward para que se preparara lo mejor posible a recibirla.
Bella estaba sentada en el sofá, Edward había ido a preparar un café y ella se había quedado sentada frente al televisor. Seguía en shock, no había caso, nunca podía superar Troya, era una de esas películas que la dejaban en otra sintonía, independiente que la hubiese visto una y mil veces, quizá se debía a que la novela épica histórica era su debilidad. Aunque la verdad es que no estaba sólo en shock por la película, había algo más que rondaba por sus pensamientos, algo que hasta ahora no había querido reconocer ni ver y estando tan cerca de Edward le era imposible no notarlo. Sintió el ruido en la cocina y despertó de sus pensamientos, en minutos tuvo una taza de café en sus manos acompañada de una sonrisa de su amigo que tenía una taza para él también.
—¿Estás pensando aún en lo que te dije?—sonrió Edward al notar que Bella estaba muy callada—. No deberías darle tanta importancia a las estupideces que digo, sabes que son para molestarte.
Aunque él sabía perfectamente que esa era la estupidez molestosa más cierta que le había dicho. Quería recuperar el recuerdo de Bella, quería que ella volviese a intentarlo, esta vez no con Lucy, quería que lo hiciese con él, que le viese más allá que lo que veía en ese momento, que se diera cuenta lo que su cuerpo le estaba gritando, que fuese capaz de dejar de lado todo lo que creía y que se aventurase a lo que pensaba imposible.
«¿Por qué? —se preguntó—. Esto es estúpido, ¿Por qué me estoy pensando en la estupidez de los matices? Yo me siento atraída por las mujeres, es lo que me pasa, lo acepté y lo vivo así. Él lo sabe y aún así me insiste en la estupidez de probar algo con un hombre ¿Por qué? Y ¿Por qué su pregunta me hace tanto pensar? Será que…»
—Sabes lo que pienso respecto a tu insistencia con lo de probar algo nuevo—bebió un sorbo de café—. Además me gusta ser como soy y no veo la necesidad de probar algo que sé que no me gustará.
—¡Oh, vamos!—sonrió Edward—, no me dirás que te has creído todo este tiempo el cuento que los hombres no te parecen atractivos. Yo recuerdo un tiempo, antes de Lucy, en el que te gustaba ver a los jugadores de básquetbol y sus músculos.
Bella recordaba bien aquellos tiempos en los que nada le parecía seguro, una vida llena de contradicciones era lo que tenía en ese tiempo, su madre y su padre estaban fatal, querían que eligiese por uno de ellos, Charlie estuvo hospitalizado por las quemaduras que sufrió, Renée se había mandado a cambiar luego del suceso, todo en su casa era un caos y se sentía muy confundida con todo como para añadir más dilemas a su vida, hasta que llegó Lucy y se eclipsó con su naturalidad, seguridad y por sobre todo con su atractivo, era hermosa y quería ser como ella, jamás había pensado en todo los cambios que le produjo en su vida, así como tampoco había pensado en lo que ocurrió con ella; de pasar a ser su referente terminó enamorándose de ella.
«¿Cuándo decidí que me gustaban las mujeres? ¿Lo decidí? Pero me gustan, me gustan mucho, ni siquiera me gustan los hombres, estoy segura que no me gustan, es Edward el que tergiversa todo esto, porque lo tergiversa ¿cierto?—pensó. »
—Será mejor que lo olvides, Bella —le quitó la taza vacía—. ¿Quieres hacer algo?
Ese día Bella se marchó a su casa insegura y con la cabeza en las nubes. La conversaciones con Edward se estaban tornando demasiado íntimas, algo que le molestaba y la hacían terminar con jaqueca, pero esta vez vio algo en Edward diferente, por primera vez no fue confrontacional del todo, parecía decir las cosas para luego querer olvidarlas. Bella sintió que él estaba jugando con ella, así que intentó no darle en el gusto y se dedicó a pensar en otra cosa, algo que no tuviese nada que ver con Edward, ni Lucy y menos sus amigas.
Rosalie había llamado a Bella por los tres días siguientes y todas sus llamadas fueron desviadas al buzón, así que resignada decidió llamar a Lucy, sabía que no era del todo acertado, pero quería saber cómo iban las cosas con su matrimonio y luego podría hablar con Alice de lo que ocurría con Bella.
—¿Rose?—le llamó Emmett—. ¿Qué harás hoy en la noche? —gritó desde la otra habitación.
—Nada, ¿armaste planes?—dijo mientras buscaba el número de Alice en su teléfono.
Emmett tenía ganas de salir con sus amigos, había planeado una idea a algún bar, jugar billar y quizá salir a bailar, hacía mucho que no lo hacían y como casi nunca estaban todos, había pensado que este sería el mejor momento para hacerlo. Llamó a todos, pero Edward no le confirmó ya que hoy tenía un concierto.
—¿Crees que iría Bella?—le preguntó Emmett a Rose.
—No, está enojada conmigo y con Alice, además si ya invitaste a Lucy, será mejor que ni pienses en invitar a Bella—alzó una ceja Rose.
—¿Cuándo podremos reunirnos todos como antes?—suspiró Emmett.
Bella se levantó más perezosa que nunca, tenía los ojos aún pegados de sueño y no quería levantarse de la cama hasta que escuchó que su teléfono sonaba. Miró la hora dos veces para corroborar que era bastante tarde. Había dormido cinco horas de lo que ella llamaba siesta reponedora. No se apresuró a contestar el teléfono y dejó que la contestadora hiciera su labor. Dos llamadas del Spa la primera era por un permiso y la segunda por una hora reservada con ella para el próximo viernes. Terminó la última llamada y colgó, fue cosa de minutos para que volviese a sonar el teléfono.
—En quince minutos estoy allá, lleva cámara fotográfica porque la mía no tiene baterías y tráeme el disco de Morrison que te presté. Lleva ropa cómoda me dijeron que el tributo a Morrison iba a estar lleno de gente y que nuestros puestos serían segunda fila—dijo Edward antes de cortar.
Había olvidado por completo el hecho que se había comprometido con Edward para ir al concierto en tributo a Morrison y más había olvidado que era hoy. Así que se metió a la ducha, se refregó lo más rápido que pudo, maldijo que le cayese shampoo en un ojo y salió dándose tropezones hasta encontrar la toalla. Cuando sonó el timbre caminó a abrir la puerta aún molesta con el shampoo que le había caído en el ojo, vio a Edward y se sorprendió al verle con ropa deportiva, nada de combinaciones ni producción, era simplemente él.
—¿No estás lista aún? El tributo de Morrison es un evento único y tú aún no estás lista. Recuérdame ¿por qué te escogí para que me acompañases?—sonrió sentándose en el sofá.
—¿Por lástima?—dijo Bella sin darle más importancia.
Sujetó firme su toalla, no fuese a que cayera en ese preciso instante en que Edward la estaba mirando, fue hasta su habitación cogió una remera, unos jeans limpios y se los puso lo más rápido posible, antes de salir de su habitación amarró su cabello, se llevó un chaleco y sus zapatillas. Caminó hasta el sofá y por descuido se golpeó el dedo pequeño del pie causándole tanto dolor que se lanzó al sofá sin importarle que Edward estuviese allí. Mientras Edward se reía Bella chillaba de dolor.
—Así que la fierecilla tiene un punto débil—dijo Edward mientras miraba a Bella como se retorcía de dolor—, te daría un beso para que sanara, pero me da asco.
Se fueron a toda velocidad hacia el recinto donde se realizaría el concierto, estaban atrasados y Edward, quien amaba la puntualidad, estaba molesto por ello. No habían hablado de nada en el camino, simplemente estaban sentados uno al lado del otro ignorándose, de vez en cuando Bella se miraba al espejo para ver como su ojo que había estado hinchado y rojo volvía a la normalidad. Pasaron sus tickets y recibieron sus menús con los grupos que daban el tributo a The Doors y también los solistas que daban tributo a Morrison. Edward tomó por la cintura a Bella y la condujo entre el mar de gente, para él este gesto era algo que había deseado, para Bella no era más que el hecho que no quería perderla de vista.
—¡Otra copa!—chilló Lucy en el bar —, ¡Salud!
Emmett había notado que Lucy estaba bebiendo demasiado, pero no quería decir nada, sabía que él no era el adecuado y que su comentario podía ser mal visto, miró a Rose intentando comunicarle que por favor hiciera algo, pero la rubia estaba feliz conversando con Alice de cualquier cosa y poco notaban la triste escena que estaba dejando Lucy.
—Es que todas las mujeres son iguales—reía ebria—, hasta la señorita perfección. Me ha dicho que vendría y mira, ya ves, el trabajo es más importante. No es que no lo entienda ¿sabes?, pero podría haber dejado eso de lado por un solo día y haber pensado en mí, yo siempre hago eso, pienso mucho en ella ¿sabes?, pero al parecer no soy lo suficientemente buena para que ella piense en mí—hipó mientras se apoyaba del hombro de Jasper.
Cuando Rose vio el rostro de suplica de Emmett y vio que Lucy estaba apoyada del hombro de Jasper y seguía bebiendo se dio cuenta de que algo andaba mal con su amiga, así que dejó de escuchar a Alice para ver como Lucy iba a buscar su trago a la barra.
—Algo le pasa—dijo Emmett—. ¿Saben algo?
Todos negaron. Lucy era siempre alegre, sonriente y despreocupada de los grandes problemas de la vida, pero hoy, que se supone presentaría a su pareja a su grupo de amigos, estaba descontrolada, estaba bebiendo más de lo normal y se quejaba por todo.
—Quizá tenga que ver con su novia, como ha estado hablando de eso y sólo eso—añadió Jasper.
Luego de que se tropezara y derramara la mitad de su trago sobre alguien que se le cruzó en el camino, llegó a la mesa riéndose del idiota que se le había cruzado y en lo empapado que lo había dejado.
—Lo único que lamento es que perdí mi precioso licor—dijo lamiendo el borde de la copa.
—¿Te ocurre algo?—dijo Rose mientras Alice le quitaba el vaso.
—Dame eso—le reclamó Lucy a Alice.
Intentaron hacer que Lucy les hablase de lo que le ocurría, pero esta no hacía más que reclamarle a Alice por su vaso. El público del bar no tardó en reclamar por el espectáculo que estaba montando Lucy, así que antes que los echaran y los vetaran del lugar decidieron marcharse. Emmett estaba muy molesto por el lío que había armado la amiga de su novia, mientras que Jasper sólo quería irse a dormir, así que la noche de amigos se fue por la basura ante el escándalo de Lucy.
—No podemos dejar que se vaya sola—dijo Rose—, no puede conducir.
—Llamemos a su novia que la venga a recoger—dijo Emmett.
—No, no podemos hacer eso—añadió Rose.
—No la llevaré a mi casa—interrumpió Alice.
Finalmente decidieron ir a dejar a Lucy a su casa. En el camino esta iba cantando cualquier canción aunque su lengua se trababa notoriamente y sus gritos eran todo menos afinado, les causó gracia y a la vez pena verla en ese estado. Hablaba constantemente de lo sola que se sentía, de que su pareja era espectacular en la cama, pero que el resto del tiempo parecía siempre estar ocupada, cuando le hablaba parecía no existir, simplemente no la escuchaba. Se bajó en su casa, tocó el timbre, no tardaron en abrirle. Era una mujer alta, morena que vestía en bata, miró de pie a cabeza a Lucy y la entró a la casa. Saludó a los chicos que se mantuvieron en el auto y se marcharon.
—¿Qué creen que le pasara?—dijo Alice.
—¿Qué no lo ves?—sonrió Jasper—. Tú siempre notas las cosas, me parece raro que ahora no lo hagas.
—Yo creo que estaba molesta porque su novia no vino al bar—dijo Emmett conduciendo.
—Pasa que con Bella tenía toda la atención, el mundo giraba en torno a lo que ella hacía, lo que decía, lo que vestía y lo que le pasaba, todo era Lucy, Lucy y Lucy, pero ahora es diferente. Ella ha quedado en segundo plano y no le gusta, es obvio que prefiere llamar la atención y no le está funcionando—dijo Jasper.
—Eso le pasa por dejar a Bella, la muy idiota—masculló Alice.
El tributo a The Doors y a Morrison no resultó como Edward creía, las bandas eran buenas, la música y la ambientación eran buenas, pero no lograban captar ni la más mínima esencia de lo que había sido The Doors, les faltaba esa psicodelia única que obviamente era inimitable, pero que él esperaba ver. Cogió de la mano a Bella y la sacó de allí.
—¿Por qué nos marchamos?—dijo Bella sin comprender.
—Me aburro—murmuró mientras hacía el quite a la gente que se interponía en su camino.
Bella no quiso hablar más, simplemente siguió a Edward sintiendo el peso de su mano sobre la suya, era incomodo que la hubiese cogido de la mano como si nada, pero no le reclamaría por algo tan superficial, además si lo hacía de seguro se perdería y no podría seguirle el rastro, así que dejó que este tuviese su mano. Una vez que llegaron al carro de Edward este se quedó sentado en su asiento sin moverse, no dio marcha al vehículo ni siquiera la miró.
—¿No te ha gustado?—dijo Bella rompiendo el incómodo silencio.
Edward no respondió, no se movió, simplemente hizo nada. Bella seguía preguntándose si había hecho algo mal, si había dicho algo que le molestase o simplemente no le había gustado el asunto, pero no entendía por qué estaba tan callado y mucho menos por qué estaba comportándose de aquella manera tan extraña, así que decidió quedarse en silencio hasta que él decidiera romperlo y decirle algo.
Cuando Edward arrancó el vehículo, Bella esperó que le dijese algo, pero tampoco lo hizo, este miró simplemente el camino y puso música.
—¿Dónde me llevas?—dijo algo asustada.
Edward estaba haciendo amago de todo su autocontrol, intentaba no recordar nada del concierto. Había sido su perdición llevar a Bella a ese maldito concierto, sabía que no debería haberla invitado, sabía que era una pésima idea llevarla, pero nació de él y cuando había dicho esas palabras ya no podía arrepentirse. Bella estaba reluciente, sonreía y coreaba las canciones, saltaba y gritaba entusiasmada y él no podía hacer más que verla, poco le importó la música, hacía rato que se había dado cuenta que no le gustaba, pero no quería marcharse por ver a Bella. Se tuvo que contener de acariciarle la espalda, sujetó sus manos para no acomodarle el cabello y cuando ya no pudo más debió llevársela de allí.
—Vamos a un bar, necesito beber algo—murmuró y siguió conduciendo sin más explicaciones.
Bella no hizo caso de Edward, sabía que era excéntrico, sabía que de vez en cuando se las daba de misterioso con el fin de hacer caer al que estaba a su lado, esta vez no caería en su juego. Sería superior, si Edward quería jugar a este tipo de cosas sin comprensión, ella seguiría el juego. No sabía por qué no le hablaba o actuaba tan extraño, quizá había visto a alguien especial en el concierto y decidió huir o simplemente era cierto que se aburrió, pero eso no explicaba su silencio sepulcral.
En el bar Edward pidió tequila. Era la noche que le ocurría una vez por año cuando estaba con los chicos y descargaba todo sentimiento que le consumía como una quimera, era el tiempo de mea culpa donde hablaba con sus amigos de lo vacía que era su vida, donde les contaba que se sentía mal por tratar así a las mujeres, era el tiempo de la verborrea emocional que le provocaba el recuerdo de haber amado a Bella y de la rabia de verla con Lucy, el gran problema del asunto era que no estaba con sus amigos, estaba con Bella y lo peor que no era por recuerdos del pasado sino era ella la que estaba allí mirándole directamente a los ojos como si le desafiara a hablar. Cuando el líquido recorrió su cuerpo y el ardor se mezcló con un regocijante calor decidió no pensar más y se dejó llevar por lo que fuese que le pasaba en ese momento.
—Otro corrido de tequila—pidió Edward.
—Debes conducir—murmuró Bella tomando su corto para llevárselo a la boca.
Edward no respondió, luego de tres o cuatro corridas de tequila, Edward se atrevió a hablar.
—¿Has sabido de Lucy?—fue lo único que se le ocurrió decir.
La pregunta de Edward fue como un golpe en el estómago, tuvo que armarse de valor e inhalar mucho aire antes de ser capaz de responder aquella pregunta como si realmente creyese en su respuesta.
—No y no me interesa—bebió otro corto de tequila—, hace tiempo que ya no me interesa nada, Edward.
Este no respondió ni acotó nada, simplemente pidió otra ronda de tequila y aunque el camarero le miró extrañado, no fue capaz de decir nada cuando Edward le miró como si quisiera asesinarle, así que simplemente le sirvió otra corrida.
—¿Qué tal una conquista, fierecilla?—sonrió Edward.
—Aquí no hay nada, además míranos nadie nos tomará en cuenta así—rió Bella al escuchar como sus erres sonaban arrastradas.
—Será un desafío, a ver, a ver ¿qué nos tiene este bar para la entretención?—dijo mirando el local.
La verdad es que quería quitarse a Bella, no quería verla como la estaba viendo últimamente, quería traer de vuelta a aquella mujer fría y sin sentimientos, desafiante, aquella mujer que era su igual cuando se trataba de apagar emociones y ser frívola, la fierecilla era la única capaz de ser odiosa y provocarle envidia cuando conseguía su cometido, era lo que él había creado, no era Bella, no por lo menos aquella que le confundía.
Luego de mirar alrededor encontraron a una chica que estaba junto a un grupo de personas, pero estos se habían ido a bailar y la dejaron cuidando de la mesa, así que decidieron acercarse para hablarle e intentar conquistarla. Esta vez Bella estaba segura que la chica era heterosexual así que intentar convencerla sería una pésima idea, sólo se limitó a hacerle difícil la conquista a Edward, pero eso no fue necesario.
—¿Cómo te llamas, linda?—dijo Edward.
—¿Te puedes levantar de allí?—dijo la chica—, pronto vendrá mi novio y se molestará si te ve cerca de mí.
—¡Oh, preciosa, no temo a tu ficticio novio! Vamos, dime tu nombre—sonrió Edward.
Bella estaba a punto de advertirle a Edward que mejor no insistiera, pero eso no fue necesario, cuando Edward volvió a insistir el novio de la chica, que no era ficticio, apareció. Tomó a Edward de la remera y le preguntó a su novia si le estaba molestando, la chica lo negó, pero el hombre, que era más corpulento que Edward y parecía tener un terrible carácter, tomó a Edward moviéndolo del asiento y sin más le propinó un puñetazo en la quijada. Bella chilló, la chica chilló, la gente de alrededor se paró a ver lo que ocurría, todo el mundo gritaba animando la pelea, pero Edward no respondió, se quedó en el suelo sintiendo todo el dolor en su quijada, se tocó la boca y vio que le salía sangre; le había partido el labio. No mucho duró el alboroto, llegaron los guardias del local y sacaron a Edward de inmediato. Bella le acompañó a la salida de una manera más digna luego de pagar la ronda de tequilas.
—¿Te duele mucho?—dijo Bella agachándose hasta donde Edward estaba descansando.
—Mucho—murmuró intentando no abrir demasiado la boca que de inmediato se le había hinchado.
El silencio volvió a apoderarse del momento, Edward sentía que se lo había merecido, había estado buscando eso todo el día, era eso o a Bella, pero sabía que lo segundo no lo podía tener así que necesitaba una dosis de realidad.
—Te daría un beso, pero me da asco—rió Bella citando a Edward.
Edward miró a Bella a los ojos, pero no estaba sonriente. Bella dejó de reír de inmediato al ver que a su amigo no le hacía gracia. Buscó en sus bolsillos y encontró papel higiénico, se lo entregó para que presionara la herida. Iba a decirle que lo mejor sería ir a urgencias, pero no alcanzó a abrir la boca. Sintió la mano de Edward sobre su nuca y el leve empujón, lo que sintió luego fueron sus labios calientes y suaves mezclados con el sabor de su sangre.
Hola chicas.
Lamento la tardanza de esta actualización, principalmente se debe a que me fui al campo por unos días y la inspiración no llegaba, hasta hoy que el capítulo salió de un sólo tirón.
Estoy contenta con la recepción de este fic, gracias por sus reviews, son la mejor manera para animarme y alegrarme el día, como siempre he dicho ¡Es mi terapia!
Les cuento que tengo nuevo fic en mente se llamará Hiding my heart away, lo publicaré a penas termine Mr. Misterious, así que les dejo el Summary.
Summary: Una vida plena y feliz ha sido la constante en la vida de Isabella, amada y exitosa es la mejor combinación, hasta que todo podría desestabilizarse cuando un desconocido llega a su vida y todo cambia. La vida feliz y plena se convierte en un infierno imposible de escapar y el miedo podría ser paralizante.
Si desean conocer más de esta historia y estar atentas a todas mis otras historias, pueden buscarme en facebook Manne Van Necker, tal cual como acá, incluso está el link directo en mi profile.
¡Espero sus reviews!
Con mucho cariño
Manne Van Necker
