Doble Negativo.


Disclaimer:Los personajes de esta historia pertenecen a Stephenie Meyer, la historia aquí desarrollada es de mi completa autoría y por ende queda PROHIBIDA la copia parcial o total del texto sin mi autorización previa. Gracias por su comprensión.


Capítulo IX

Negación.


El dolor en el rostro, donde había dado el puñetazo aquel hombre, no se comparaba en nada con el dolor de su orgullo. Si bien Edward había fingido olvidar todo lo que sucedió al ver que Bella también lo hizo, se sentía contrariado e insatisfecho con aquello. Luego de aquel beso Bella se alejó de él, le tendió la mano y le ayudó a incorporarse, juntos caminaron hasta el vehículo y ella condujo. No hablaron de nada, todos los tópicos parecían agotados, él fingió haberse quedado dormido mientras ella fingía que nada había pasado.

Una vez en casa, Bella ayudó a Edward a acostarse y ella se fue al sofá. La verdad es que no tenía sueño, nada de sueño, su cabeza estaba trabajando a velocidad luz y ni siquiera era capaz de reprimir sus pensamientos, las preguntas se tornaban cada vez más confusas y las respuestas estaban lejos de llegar a su destino.

«¿Recordará algo?—pensó Bella sentada en el sofá—, probablemente no, después del golpe y todo lo que había bebido… realmente espero que no lo recuerde» Bella cerró sus ojos y apoyó su rostro en sus manos abiertas, se sentía agotada y se recostó en el sofá aunque no pudo dormir del todo.

Edward estaba en la cama fingiendo estar dormido, a tientas buscó su teléfono, una vez que lo encontró, buscó el número de Jasper y le envió un mensaje de texto sin siquiera importarle la hora.

El sonido estridente de un teléfono sonaba lejano. «¿Qué hora es?—pensó Alice—, ¿Por qué Jasper no deja su maldito celular en silencio?» Se acurrucó en el lado de su cama evitando tocar a Jasper, no se olvidaba que estaba molesta con él, así que se apartó lo que más pudo rogando que él cogiese el teléfono, pero estaba tan profundamente dormido que no lo hizo. «Demonios—pensó Alice—, ¿Dónde está el maldito teléfono?» Cuando cogió el teléfono y lo desbloqueó, se sabía de memoria la contraseña de Jasper, consiguió que dejase de sonar, ese era el objetivo inicial, pero cuando vio que el mensaje provenía de Edward Cullen no pudo evitar sentir curiosidad y decidió leerlo.

«Acabo de besar a Bella, estaba un poco borracho, pero lo recuerdo. Ella no se apartó, pero sentí sus labios congelados, no respondieron mi beso ¿Lo recordará? ¿Qué hago? Llámame a penas puedas y disculpa la hora. Ed»

Sentada en la cama, con el teléfono de su novio en las manos, leyendo un mensaje que no era para ella, sonrió. Aunque no supo si sonrió por lo que decía el mensaje o por lo que este significaba para ella, pero dejó el teléfono allí en donde estaba y se volvió a acostar, esta vez con una sonrisa en el rostro.

—¿Dónde vas?—dijo desperezándose Edward.

Bella había estado recién contemplándole dormir, había visto el horrible moretón que le había dejado aquel puñete que había recibido. Mientras Edward dormía Bella pudo ver su rostro calmado, sin ninguna extraña expresión que pudiese perturbar las hermosas líneas de su angulado rostro.

Había decidido marcharse sin hacer ruidos, se ahorraría cualquier tipo de contacto con Edward, después de todo, no quería saber más de él por ahora, hasta que se asegurara que él no recordaba nada y que estaba segura nuevamente, pero Edward había despertado.

—Tengo cosas que hacer, muchas cosas—dijo tomándose el cuello en la zona que le dolía; el sofá de Edward era fatal.

—¿Un día sábado?—frunció el ceño Edward mientras se acercaba a Bella—, deberías quedarte y contarme ¿Qué pasó anoche?

«¿Será capaz de decirme la verdad?—pensaba Edward.» Sin esperar respuestas y evitando mirarla a los ojos caminó hasta la cocina y encendió el hervidor para preparar el desayuno.

—No puedo quedarme Ed—insistió—, el Spa tiene mucho trabajo los fines de semana—lo que no era del todo mentira.

—Pues no te irás sin desayuno así que ven, siéntate y cuéntame ¿Qué hice para que me golpeasen?—sonrió débilmente ya que al mover su labio este dolía.

Esa mañana Jasper se levantó sin las ganas de desayunar, era una de esas mañanas en que la comida te repugna y el olor simplemente es intolerable, así que se fue a la ducha, como costumbre tenía el poner el teléfono con música mientras se duchaba, cuando desbloqueó el suyo se encontró con el mensaje de Edward en la pantalla. Lo leyó y sonrió. Su amigo no dejaba de meter el pie a fondo, tan a fondo que corría el riesgo de quedarse atrapado. Decidió que lo llamaría luego y se metió a la ducha.

Bella se quedó solo por compromiso, aunque no deseaba hablar de ninguna manera sobre el tema, le contó su versión de los hechos mientras Edward preparaba las tostadas, con la idea fija de omitir aquel beso, no había necesidad, si él lo había olvidado ella también debería.

—Así que eso fue todo—dijo Edward—, pensé que había sido peor.

Él esperaba que ella soltase la verdad, pero no lo hizo, lo que significaba una sola cosa: le importaba. Le importaba tanto que deseaba que él no lo supiese jamás, de lo contrario, si aquel beso no le hubiese importado en absoluto no habría tenido miedo de reconocerlo, pero la pregunta de Edward ya no era si le importaba, sino ¿Por qué no lo reconocía, sería bueno o malo que lo evitase? Mientras conversaba con Bella aún recordaba la suavidad de sus labios lo que le hacía difícil seguir la conversación.

—Está buenas tus tostadas—dijo Bella aún con la boca llena.

—Gracias—respondió Edward vertiendo leche en su tazón.

Entre la conversación trivial y sin importancia que estaban teniendo, ambos cuidándose de que nada pareciese extraño, aunque de por sí ya lo era, sonó el teléfono de Bella.

«Lo sé todo, no intentes negarlo, sé que estas enojada conmigo y ya no me importa, te iré a ver a tu casa, sé que necesitas hablar. A»

—¿Algo importante?—dijo Edward al ver que Bella fruncía el ceño.

—Es el trabajo—mintió—, debo irme. Exquisito como siempre tu desayuno, te llamo cualquier cosa ¿vale? Cuídate y me cuentas como va tu mandíbula.

Bella se sintió contrariada, sabía que quería hablar con alguien del tema, sabía que necesitaba ser oída para expulsar todo lo que llevaba dentro, pero también recordaba lo que Alice le había dicho, sabía perfectamente que todo se volvería un caos para ella si no lo decía, si no tenía quién la escuchase. Necesitaba a Alice, más que a Rose, porque sabía que su rubia amiga tenía también fuertes lazos con Lucy y no quería que esta tarde o temprano se enterase, prefería callárselo, así que llamó a Alice y le pidió que fuese a su departamento.

—¿Jasper?—dijo Edward cuando escuchó que su amigo contestó—, Hey hombre, ¿por qué no te vienes a mi casa?

—Iba a llamarte, justo estoy saliendo de la ducha ¿Almorzamos? Hoy Alice me dejó una nota, así que como está enojada supongo que no querrá verme, en unos minutos estoy por allá—le respondió y cortó.

«Es un beso, solo un beso—se repetía mentalmente Bella—, un beso como cualquier otro, pero ¿Por qué? ¿Por qué me besó?» Bella recordaba lo que había sentido con ese beso, la verdad es que solo recordaba el sabor a sangre y el calor de los labios de Edward, pero de lo que sintió ella; nada. Aún así sentía que le importaba y no comprendía por qué, no había deseado ese beso, fue que ocurrió tan de repente y ya no podía dejar de pensar en él.

Una vez en su casa se sentó en el sofá y esperó que llegase Alice, aún en su mente estaba la idea de hablar con ella como si nada o si le sacaba en cara su reunión con Lucy, pero en ese momento necesitaba a Alice no podía privarse de que le escuchase, así que decidió hacer como si nada.

—Bella—sonrió su amiga una vez que estuvo en casa.

Esta le abrió la puerta y volvió a sentarse en el sofá, Alice no quiso apresurar las cosas aunque hubiera deseado poder abrazar a su amiga, no se quejó, cerró la puerta tras de sí y se sentó.

—¿Cómo te enteraste?—fue lo primero que dijo Bella.

—Edward mandó un mensaje de texto a Jasper y simplemente me enteré—sonrió.

«Edward lo recordaba, había estado fingiendo todo este tiempo—sintió la presión nerviosa en su estómago—. Lo sabe»

—¿Me puedes explicar qué demonios pasó para que se besaran?—dijo aún confusa Alice.

Bella comenzó a explicarle todo lo que ocurrió, pero no dejaba de pensar en que él lo sabía, sabía de aquel beso y fingió no saberlo. ¿Por qué haría algo así? Quizá por los mismos motivos que ella, pero ni siquiera ella tenía claro por qué había ocultado el beso, «Quizá era mejor así—pensó—. Conociendo a Edward si se enteraba sería el centro de burlas por meses, pero no se burló ¿Por qué?»

—Siempre supe que Edward sentía algo especial por ti y si recuerdas una vez te lo dije, pero no le diste importancia porque estaba feliz con Lucy, pero el rostro de Edward demostraba siempre dolor cuando estaban ustedes juntas—reconoció Alice—, pero ya sabemos que el beso es un hecho ¿Qué demonios pasó por tu cabeza al besarlo?

—Es la misma pregunta que intento hacerme—reconoció Bella—, ni siquiera entiendo por qué ese beso me hace tanto pensar, es solo un beso, no es que me haya gustado.

—¿No te gustó?—insistió Alice—, ¿estás segura que no te gustó el beso? Bella, mírame a los ojos.

—No sé—reconoció luego de un largo silencio—. No sé ¿ok? No tengo idea, ¿Qué se supone que debo decir o hacer? No me fue desagradable su beso, pero fue demasiado breve para decir que podría haberme gustado.

—¿Demasiado breve? ¿Podría haberte gustado?—alzó una ceja—, Bella ¿te estás escuchando?

—No sé qué digo—se levantó del sofá y se fue a la cocina en busca de cualquier cosa que hacer con tal de mantener las manos ocupadas. Alice la siguió.

—Vamos, no te habrá afectado el cerebro ese beso, te siguen gustando las mujeres ¿cierto?—sonrió Alice diciéndolo por broma.

—No seas ridícula, Alice. Por supuesto que ese beso no ha cambiado nada, es sólo que ¿Por qué Edward lo hizo? Eso es lo que me tiene pensando así—reconoció Bella.

Alice sabía por qué Edward lo había hecho o creía saberlo, lo que hacía que se debatiera entre contárselo a Bella o callárselo. La última vez que le había ocultado algo a Bella creyendo que hacía las cosas bien, todo salió fatal, quizá no fuese tan bueno callárselo, sería mejor decirlo…

—Además, no sé no creo que ese beso haya sido en serio, porque después de todo Edward y yo siempre hemos sido amigos, yo le quiero como un amigo especial, quizá sólo fue eso y nada más—decía confusa Bella.

Alice decidió escuchar a Bella, intentar llegar al asunto, ya que estaba claro que a Bella algo le ocurría que ni siquiera ella misma había reparado y quizá, luego de eso, soltase la bomba.

—Querida—sonrió Alice jugando con una servilleta—, no quiero ser grosera en absoluto, pero ¿Te has preguntado alguna vez si realmente no te agradan los hombres? Bueno, lo digo porque eran tan jóvenes Lucy y tú cuando comenzaron con esto y ahora ya eres una mujer, no digo que no hayas querido a Lucy, pero que pasaría si descubres que solo amaste a Lucy como persona y no como género, no sé si me explico—Bella comprendía muy bien—, quizá amaste a Lucy y eso no implicaba que te gustasen las mujeres, sino solo Lucy.

—No sé—murmuró Bella—, ya ni siquiera tengo claro nada, todo se ha vuelto tan complejo últimamente. Edward ha estado allí siempre y cerré mis ojos a su presencia, quizá no fui justa con nadie cuando estuve con Lucy, pero ahora, ahora disfruto de mi vida tal cual está, el dulzor de una mujer, la candidez de ellas, su suavidad y aroma, es tan diferente cuando se trata de un hombre—se estremeció—, no sé si soportaría tener a uno.

—Yo no me refiero a los hombres en general, me refiero a Edward, al parecer él no te parece tan repugnante a pesar de todo—sonrió Alice.

—No sé, no quiero cuestionarme, estoy bien con mi sexualidad, soy consciente de lo difícil que fue en su momento afrontarlo, pero ahora ya es parte de mí y lo elegí así, no voy a cambiarlo por un beso, es estúpido Alice, ni siquiera sé por qué le he dado tanta importancia—miró a su amiga.

—Porque para ti, te guste o no es importante. Es tu primer beso Bella, por lo menos con un hombre. Yo aún recuerdo la primera vez que besé a una mujer—sonrió culpable—, sólo quería saber qué se sentía y lo hice, aunque siempre tuve claro que me gustaban los hombres… Ahora pienso bastante diferente a como pensaba entonces…

—¿Qué piensas ahora?—sonrió Bella sintiendo un pequeño alivio al no tener la presión sobre ella.

—Antes creía lo que mi madre decía, que amar a una persona de tu mismo sexo es antinatural, pero yo te amo Bella, eres mi amiga y te amo, amo a mi mamá, amo a mi abuela, amo a las mujeres que me rodean, porque no importa si son guapas o no ellas me aman a mí y yo les correspondo. No elegí a mis padres, pero los amo. Es lo mismo en el amor de pareja, yo no elegí amar a Jasper, no me gusta muchas cosas físicas de él, pero le amo por su ser, por lo que tiene más allá de su cuerpo o sus cosas materiales, sonará cliché, pero amo su alma. Es lo mismo con las personas homosexuales, ellos no eligen a quién amar, ellos aman más allá de lo físico o del sexo—sonrió—, quizá tú amaste a Lucy, ahora ¿Quién dice que no puedes amar a un hombre? No es el sexo de ellos de lo que te enamoras ¿no? Te enamoras de lo que ellos son.

Bella se quedó pensativa sin saber qué decir, porque las palabras de Alice sonaron muy ciertas y muy similares a lo que una vez escuchó de Edward. Quizá no tuviese que elegir, pero aún así, que estuviesen hablando ese tema no significaba que sintiese algo por Edward, simplemente aclaraba sus dudas o complicaciones. Porque de una cosa estaba segura, o creía estarlo, Edward, el que era ahora, no tendría cabida amorosa en el corazón de una chica, porque de seguro lo destrozaría.

—Quizá podrías considerarte bisexual—sonrió Alice—, yo creo que deberías intentarlo con un hombre. Nunca habías besado a uno hasta anoche, ¿quién sabe si tener sexo con alguno no fuese bueno? Quizá te gusta y ya luego no tendrías que acomplejarte por tan poco.

—Quizá—respondió Bella algo distraída.

Ante la conversación Alice se dio cuenta que no era buen momento para decirle a Bella lo de la apuesta, debería esperar, había conseguido que su amiga abriese su visión de la vida, sería mejor dejar que viviera tranquila esa etapa antes de arruinársela con la bomba de que Edward Cullen pretendía jugar con ella, además todavía tenía pendiente la visita a Cullen para que reconociera su culpa.

—Así que la besaste—sonrió Jasper mientras recibía un plato con su almuerzo.

—Así es, la besé, Jasper, finalmente lo hice, pero ella fingió no recordarlo—murmuró—, ni siquiera fui capaz de confesarlo por mí mismo.

—¿Hiciste como si nada pasó?

—Sí, lo peor es que cada vez que estoy con ella me comporto como un idiota—confesó—, tanto así que hace mucho que no salgo… ya sabes a qué.

—Pero ¿A ella le gustó el beso?

—No lo sé, supongo que sí, no se alejó de mí por lo menos, pero tampoco sus labios respondieron, no lo sé…

—Si quieres quitarte el tema de la cabeza de una buena vez debes enfrentarlo, debes conseguir hablarlo con ella, ser sincero. ¡Anda hombre, nada te costará a ti! Has conseguido a mujeres mucho más difíciles, podrás hacerlo—sonrió.

—No lo sé, supongo que esta vez es diferente—reconoció.

—Sólo quieres que ella ceda a tus encantos, luego seguirás como si nada, como siempre lo haces—puso el dedo en la herida a propósito—, ¿Qué tan diferente puede ser?

—Diferente tipo que la quiero; la quiero, Jasper, de ese tipo de diferente—murmuró ante de beber de su copa de vino.

Alice y Bella siguieron conversando, dándole vueltas al asunto, suponiendo cosas y proponiendo otras. Alice estaba convencida que su amiga debía salir a probar estar con un hombre, que no perdía nada, así que obligó a Bella a mantener su palabra y conseguir estar con un hombre, iba a apostar sobre ello ocupando el mismo recurso barato que había usado Edward, pero prefirió no hacerlo. De las apuestas nunca salía algo bueno.

—¿Qué?—frunció el ceño Bella.

—Que saldremos juntas a un bar e intentarás coquetear con un hombre, ve como se te da, no significa que vayas a acostarte con él, sólo coquetea—sonrió.

—¿Con cualquiera?

—Con cualquiera—afirmó Alice.

—¿Y si no me gusta?—cuestionó Bella pensando en lo desagradable que sería hacer algo así obligada.

—Pues tiene que gustarte alguno, esa es la idea, sólo coqueteas con el que te gusta—sonrió.

—Ya, pero suponiendo, solo suponiendo—enfatizó—, si no me gusta ninguno ¿Qué pasa si no me gusta ninguno?—dijo Bella mientras Alice tomaba su chaqueta, la chaqueta de Bella y la preparaba para salir a arreglarse antes de salir a la noche.

—Pues si no te gusta ninguno siempre está la opción de Edward Cullen—le guiñó un ojo.

—No me hace gracia—la fulminó con la mirada.

—Él te haría todas las gracias que quisieras si solo le dejaras y no me mires así, sabes que es cierto—sonrió y cerró la puerta de la casa de Bella.

Esa noche Bella saldría a probar, tendría que intentarlo ¿por qué? Porque lo necesitaba, había echado toda la culpa a Alice y si idea, pero realmente quería saberlo, todo sonaba muy cierto cuando Alice lo decía. Ella había amado a Lucy como nunca creyó amar a alguien, pero cuando esta se marchó y la dejó, Edward estuvo allí, volvió a sentirse cómoda como siempre y volvió a confiar en ella, no quería entregar su corazón, pero eso no le impedía sentirse feliz de estar soltera. Las mujeres siempre habían sido muy agradables, dulces y tiernas, siempre habían sido correctas, así las había visto Bella, pero Lucy, que había sido todo eso y mucho más, también podía ser una total desgraciada, así como su madre con Charlie, tal cual como ella, que había dañado a su padre a un punto irreversible, ella no quería eso, quería encontrar a alguien dulce y tierno con quien compartir todo y nunca temer a un fracaso y quizá podría buscarlo en un hombre, no perdía nada con intentarlo, no por lo menos por esa noche.


Hola:

Gracias a todas por sus reviews, se agradece mucho que comenten los capítulos, es la única manera de saber si les gusta o no la historia.

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Estaré publicando en cuanto me sea posible.

Besos

Manne Van Necker