Doble Negativo.
Disclaimer: Los personajes de esta historia pertenecen a Stephenie Meyer, la historia aquí desarrollada es de mi completa autoría y por ende queda PROHIBIDA la copia parcial o total del texto sin mi autorización previa. Gracias por su comprensión.
Capítulo XII
Perdida.
Previamente en Doble Negativo: Isabella está dudando respecto a su decisión sexual. Edward ha puesto en la mesa todos sus sentimientos que llevaban años guardados, dejó de ser pedante y dio una estocada directa al corazón de Isabella. ¿Habrá surtido efecto?
El fuego que se encendió en su cuerpo, inició como pequeños centelleos en los labios que eran acariciados por los de Edward, aquellos centelleos cosquillosos y suaves no tardaron formar una llama en su interior, una cálida y hermosa llama que pareció apoderarse de sus pensamientos. Ya no solo eran sus labios los que estaban tocando los de Edward, sino que todo su cuerpo se había adherido involuntariamente al cuerpo del chico que la mantenía pegada al automóvil. Su conciencia se apagó lentamente hasta convertirse en un susurro que ya nadie tomaba en cuenta, sus manos, que en un inicio habían estado estampadas al carro, ahora comenzaban tímidamente a ascender hasta posarse en la espalda de Edward. Sintió aquellos músculos delineados, comenzó a bajar sus manos, así con una suavidad felina acariciaba lentamente cada centímetro de su piel, fue entonces cuando abrió los ojos y fue consciente de lo que estaba haciendo.
Edward adivinó lo que Isabella estaba pensando y, a pesar que su cuerpo deseaba continuar pegado al de ella, se separó. Suavemente quitó sus labios de los de Isabella, así como separó sus caderas de las de ella. Al abrir los ojos se encontró con los achocolatados abiertos de par en par, como si fuera una presa mirando directamente al cazador que le daría muerte.
—E-Edward—murmuró, intentando recobrar el aliento.
—Tranquila—susurró con su voz aterciopelada.
Bella sintió que sus piernas se volvían dos delgados hilos y que en cualquier momento no podría sostenerse más de ellos. Pegó su cuerpo aún más al coche y agachó su rostro, sabía que Edward al verla nuevamente deduciría lo que estaba pensando, pero él no se calló.
—Isabella…
—Déjame marchar—murmuró.
—No, Isabella, no te dejaré marchar de nuevo—respondió acercando su rostro al de ella, pero Isabella aún tenía la mirada baja—. Mírame.
La orden de Edward no surtió el efecto deseado, Isabella mantuvo su mirada baja por miedo de perderse en los ojos de Edward y terminar en la boca de él.
—Mírame, por favor—suplicó—, solo un segundo, prometo no besarte.
Ella, tímida ante la nueva sensación de sentirse dominada por sus sentimientos y emociones, alzó su rostro, al encuentro del de Edward. Miró aquellos ojos buscando en la inmensidad de su mirada la respuesta a todas sus interrogantes que la asediaban, pero allí solo había dulzura, una inexplicable dulzura que había sido precedida por el deseo y la pasión. Aquello fue más de lo que Isabella pudo soportar y bajó la mirada, pero Edward posó su mano en su barbilla y alzó nuevamente su rostro.
—Dime una verdad—susurró en su oído—. ¿Se sintió correcto?
«Sí, se sintió malditamente correcto» reconoció en su interior, pero fue incapaz de verbalizarlo.
—¿Lo deseaste?—insistió.
«Sí, lo deseaba y aún lo deseo.»
—¿Me dejarías besarte de nuevo?—susurró una vez más en su oído y se apartó suavemente para mirarla.
«Sí»
Isabella no respondió ninguna pregunta de las que Edward formuló, le miró directamente a los ojos, intentando sostener la mirada, intentando darle todas las respuestas que su boca se negaba modular. Se sentía indefensa, estúpida, completamente fuera de lugar. No estaba acostumbrada a nada de esto, todo rompía sus reglas, sus esquemas y jamás, jamás había pasado por su cabeza la idea de sentirse tan bien, de sentirlo tan correcto, tan deseable, tan necesario, tan natural.
Edward se acercó a ella, sostuvo con su mano la barbilla de la chica y la acercó hasta él, pero mientras más acercaba el rostro de Isabella al suyo, él retrocedía un paso, deshaciendo la cercanía que obtenían.
Era un juego tentador, lleno de promesas que se acrecentaban cuando estaban cerca, pero a la vez era una dolorosa espera al desear sus labios unidos, pero una vez más eso no ocurría e Isabella sabía muy bien el por qué: Edward estaba esperando que ella tomase la iniciativa de besarle.
—Isabella—susurró, mirándola como si acariciara su rostro con ello—. Te quiero.
El corazón de la chica, que por ese entonces, latía desbocado en su pecho, se descontroló completamente. La joven no supo si fue consciente o no, pero se acercó a Edward, voluntariamente, se apegó tanto a él que era capaz de sentir el calor que traspasaba su ropa. Deseaba esos labios, más que nada en ese momento, deseaba retribuirle aquello que le provocaba con solo tocarla. Era algo definitivamente físico, algo que superaba su entendimiento y tenía dos opciones: seguir dejándose llevar por aquella exquisita sensación o, a su modo de ver, quedarse siempre con la duda de lo que podría haber sido que no fue.
Acercó su boca a la de él, al punto que se rozaban en ciertas zonas, pero no se tocaban del todo, entonces abrió sus ojos y se encontró con el rostro de Edward, tan suave al tacto, tan tranquilo, parecía que todos los músculos de su rostro se hubiesen relajado, dejándole en plena paz. Tenía los ojos cerrados, pero al ver que ella no sellaba el beso, los abrió y le sonrió. Ella imitó el gesto, entregándole una sonrisa cautivadora, solo entonces depositó sus labios sobre los de Edward y selló aquella decisión con un beso lleno de pasión y deseo, así como también, lleno de explicaciones que tendrían que venir luego.
Edward, quién deseaba en su interior aquel momento, apresó a Bella en sus brazos y deslizó sus manos por la cintura de la chica. Estrechó la distancia entre ellos y se dejó llevar por la cálida humedad de la boca de Isabella. Mientras ambos se perdían al placer que les provocaba el contacto, Edward se quedó gratamente comprendido cuando ella dio un pequeño brinco y enredó sus piernas alrededor de su cintura haciendo que casi perdiera el equilibrio. Entonces, la joven reanudó el beso con aún más necesidad que antes.
Edward separó suavemente sus labios. Al darse cuenta de lo que él pretendía hacer, Isabella le mordió suavemente el labio inferior y atrajo su boca nuevamente a la de ella. Aquel acto provocó una oleada de electricidad que recorrió todo su cuerpo y se asentó en su abdomen.
—Bella—se separó—. ¿No me vas a invitar a tu casa?
La chica, que aún estaba embelesada con todo lo que estaba experimentando, le miró con los ojos abiertos de par en par, intentando fingir inocencia, que al parecer surtía efecto. Edward sonrió mientras negaba con su cabeza, comprendiendo lo que ella quería decir.
—Eres imposible—río—. ¿Tendré que llevarte hasta la puerta a horcajadas mías?—ella asintió manteniendo su papel de chica indefensa—. ¿Dónde quedó la fierecilla?—Isabella hizo un puchero.
No tardaron en llegar a la casa. Ella abrió la puerta, mientras Edward acariciaba su espalda baja, acercándose peligrosamente a sus muslos, ella le golpeó dos veces las manos, para que se estuviese quieto, mientras nerviosa jugaba con las llaves intentando abrir la puerta. No supo si fue el nerviosismo o el despertar de sus sentidos, que hizo que perdiera todo tipo de dominio sobre sus manos, era incapaz de voltear la llave, por lo que Edward terminó abriendo la puerta. Una vez dentro de la casa, ella se abalanzó sobre él y lo besó hasta que cayeron en el sofá.
—Despacio—jadeó, Edward—. No hay prisa, pequeña.
La sensación de calor que se vivía en la casa se expandió por todo el lugar. De pronto, ambos sintieron la necesidad apremiante de quitarse la molesta ropa que se pegaba a sus cuerpos e impedía el roce natural de sus pieles. Isabella se deshizo de todo con más rapidez de lo que lo hizo Edward, que prefería irla desvistiendo con suavidad y cuidado, mientras que ella prefería terminar todo cuánto antes y experimentar lo inexplorado, pero él estaba marcando un ritmo lento, demasiado lento para las necesidades de Isabella, que no hacían más que incrementarse con cada beso que Edward depositaba en su pecho.
—Anda—jadeó, Bella—, por favor.
—Tranquila—le susurró—, haremos las cosas bien.
Cuando el teléfono de Alice sonó, ésta se sorprendió al ver el número que ingresaba. Era Lucy. Aclaró su garganta y le pidió un minuto a Jasper, para poder contestar el teléfono. Habló dos veces, pero no recibió más respuesta que ruidos, algo que le pareció extraño. Cuando ya estaba por cortar el teléfono, Lucy habló.
—Alice—alargó extrañamente el nombre de la chica—. Alice, querida. ¿Cómo estás?—en su voz se notaba claramente que había estado bebiendo.
—Lucy—respondió—. ¿Estás bien?
—Fatal—respondió—, peor de lo que he estado nunca—sus palabras se alargaban y sonaban extrañas.
—¿Necesitas algo?—dijo por cortesía mas que por el deseo de ayudarla.
—¡Isabella no me coge el teléfono! ¡Llevo horas llamándola y no coge! Ella siempre me coge el teléfono, ¿Por qué no me coge?—evidentemente estaba ebria ya que repetía sus palabras de tal manera que sonaba grotesco.
—De seguro está ocupada—respondió—, aunque no deberías llamarla Lucy, ella está rehaciendo su vida.
—¡Ella debe cogerme el teléfono! Siempre lo hace, yo quiero…—hipó—, yo quiero hablar con ella, debe saber que me pasa y… no me coge el teléfono.
Alice no supo si pensó lo suficiente su respuesta, si se apresuró a decirla porque estaba cansada del papel que jugaba Lucy en todo esto, pero no quería saber más de esa chica que había hecho sufrir a Isabella durante tanto tiempo, aquella que cerró el mundo de su amiga y la dejó abandonada en él hasta que casi se hundió y claramente no fue ella la que se preocupó de salvarle, por lo que escupió las palabras con tanta rabia que no se dio cuenta que estaba gritando.
—Porque de seguro ahora esta cogiéndose a Edward Cullen—remarcó la palabra coger y luego de eso, exasperada a tal punto que era casi incapaz de controlarse, cortó el teléfono.
—¡Mary Alice Brandon!—escuchó que le gritaron a sus espaldas. Era Jasper—. ¿Has dicho "coger"?
Alice se volteó sorprendida de que Jasper hubiese estado escuchando su conversación, le miró directamente a los ojos, algo intimidada, pero no tuvo más opción que responderle con una pequeña sonrisa. Los ojos de Jasper brillaban a tal punto que parecían centellear.
—Si—susurró. Jasper no respondió, solo se acercó a ella—, pero es que…
—Me da igual, sonó tan maravilloso en tus labios. ¿Lo dirías para mí?—acercó las caderas de Alice a las de él y ella soltó una risa traviesa.
—¿Quieres, sucio de mente, que te diga que en este preciso instante tú amiguito se está cogiendo a mi amiga lesbiana? Pues si, sucio, están cogiendo—río antes que él estampara sus labios sobre los de ella.
No muy lejos estaba la aseveración de Alice, respecto a lo que sus amigos estaban haciendo, de hecho, quizá estaba próximos a acercarse al cometido. Edward aún torturaba a Isabella, la joven castaña estaba desesperada por entrar en un juego intenso, pero Edward insistía en quedarse en el calentamiento, calentamiento que le había encendido todos los sentidos dejándola al borde de la locura. Él la tocaba, la excitaba cada vez que rozaba con sus manos aquellas zonas suaves y sensibles de su piel, la besaba, acariciaba e incluso mordisqueaba, pero el martirio de castaña no parecía suficiente para Edward, aunque para ella parecía un mundo nuevo. Nadie la había tocado así, con tanta cautela, con tanta experiencia, con tanto dominio de sí. Edward parecía conocer sitios que ella en su propio cuerpo jamás había explorado, le provocaba oleadas de placer con cosas tan simples como besarle las palmas de las manos.
—Basta—rogaba.
—No hay prisa—le respondía él.
Las manos de Edward bajaron hasta llegar la zona íntima de Isabella, acarició la suavidad de la tersa piel, como si de terciopelo se tratase. Se dejó llevar por el calor que este emanaba, entonces y solo entonces fue consciente del dolor que existía en su entrepierna. Era una sensación punzante y caliente, que lejos de ser desagradable, le hacía desear más de aquella tortura placentera, pero llevaba mucho tiempo torturando a Isabella, con un solo fin: demostrarle que el placer que obtendría hoy sería memorable a posterior, independiente de si volvía a ocurrir o no, el hecho que ella se entregara a él, marcaría un precedente en la sexualidad de la castaña y deseaba que fuera un recuerdo placentero.
En la incomodidad del sofá, Edward sentía que su cuerpo sobre el de Bella caería en cualquier momento al suelo, por lo que no demoró más y tomó a la chica por la espalda y sin levantarse, la depositó con cuidado sobre la alfombra. Ella solo sonrió.
El cuerpo caliente de Edward se dejó caer sobre el de ella, sus pectorales firmes tocaban sus pezones erectos, su boca la devoraba, sus manos la acariciaban haciendo pequeños círculos sobre sus caderas y su viril miembro descansaba sobre su pubis, sin ánimos de ingresar todavía. Ella movió en varias ocasiones sus caderas, intentando obligarle a entrar, pero él, a pesar de sufrir un tormento al rozarla, se mantenía firme y seguía acariciándola. La tensión llegó a tal punto, que Isabella parecía ser incapaz de soportar más, un calor profundo e intenso comenzó a adueñarse de su cuerpo, nacía en su entrepierna y crecía hasta cada espacio que Edward estaba tocando, sus pezones estaban tan duros que dolían, su cabeza comenzó a sentir un hormigueo que solo consiguió excitarla y hacerla sudar, fue entonces, como si Edward estuviese esperando aquel momento, que la besó tan intensamente que el juego de sus lenguas le hizo perder la cabeza y ante la sensación exquisita de fuego que crecía en su interior, lanzó un gemido tan excitante para Edward que este tuvo que abandonar el beso y mirarla. Ella había llegado a un orgasmo, sin necesidad de consumar completamente el encuentro.
Los pequeños espasmos disminuyeron al cabo de unos segundos. Cuando Isabella se sintió capaz, abrió los ojos, sorprendida de ver que Edward la observaba con una sonrisa. Entonces ella comprendió lo que él había estado tramando todo ese tiempo y él comprendió la interrogante de su mirada.
—Si—solamente respondió antes de besarla tiernamente. Ella se abrazó a su cuello para acercarlo nuevamente a su boca, pero él se mantuvo firme—. ¿Estás segura, Bella?—ella asintió en silencio—. No deseo que te arrepientas luego, sabes que esto te incomodara.
—Lo sé—insistió en acercarlo para besarlo. Deseaba proporcionarle el mismo éxtasis que él le había provocado, deseaba que él se sintiera tan excitado como ella lo estaba. Quería retribuírselo.
Mientras Edward la besaba, acomodó sus caderas, dejando abiertas las de Bella. Entonces comenzó con suavidad, una suavidad que para él era un martirio, porque lo que en ese momento él deseaba era tomarla tan bruscamente que sus embestidas lograsen gemidos ardientes en ella, pero sabía que debía ser cuidadoso, por lo que el dolor y la necesidad que él tenía, en ese momento fueron secundarias. Él deseaba que ella disfrutase y no importaba lo que él deseara. Ingresó con suavidad a la humedad de la chica, aquel calor acogedor envolvió su viril miembro como si lo abrazase, acarició el cabello castaño de Isabella y le sonrió. Edward era incapaz de cerrar sus ojos, quería ver el rostro de Bella, saber si algo le incomodaba, si le dolía o si estaba bien o más que bien, pero no pudo evitar sonreír cuando él llevaba la mitad de su miembro dentro de Isabella, cuando ella abrió los ojos de par en par al darse cuenta que seguía ingresando.
—Esto no es uno de esos juguetillos con los que solías jugar, Bella—le susurró al oído, acercándosele—. Este es real y con el tamaño original.
Fue entonces cuando la nueva sensación que experimentaba Bella se intensificó, cada fibra de su cuerpo, respondió ante e ingreso de Edward, como si estuvieran esperando por ello desde siempre. Pequeños calambres se apoderaron de sus extremidades inferiores y lejos de ser dolorosos, solo aumentaban su placer. Edward poco a poco fue aumentando la velocidad, suavemente en ocasiones, en otras un poco más brusco, pero él no era de fierro y contrario a lo que se solía esperar de un semental, él realmente había anhelado aquel momento, por lo que su resistencia se veía afectada por el caudal de sentimientos que en ese momento lo embargaba. Si hubiera sido más sentimental, hubiese llorado, pero estaba tan lleno de regocijo, que solo se dedicó a darle más placer a Bella, hasta que fue incapaz de seguir, sentía que estaba próximo a terminar y era consciente que no habían usado protección y como si Bella lo hubiese adivinado le dijo:
—Está bien—sonrió—, acaba.
Fue cuando él, dejó que todo los torbellinos de sensaciones y emociones, se tornasen en uno solo y aumentando la intensidad de sus embestidas, consiguió que Bella llegase a un clímax en el que él fue incapaz de escapar y se unió a ella, liberando aquellos sentimientos que había albergado por tanto tiempo, dejando que fuera ella la que decidiera si era lo correcto. Él había hecho su parte, se había entregado a ella y ahora Bella debía ver si le aceptaría por completo. Agotado, con el cuerpo lleno de placer y cansancio, se dejó caer sobre Bella.
Para ambos fue extraño. Comúnmente solían separarse de la persona con la que habían tenido sexo, preferían no tocarse, cada uno estaba en una extremidad de la cama si siquiera rozar al otro, pero esta vez era diferente, a ambos les apeteció permanecer abrazados. Edward estaba sobre Bella en la alfombra de su recibidor y Bella, instintivamente, le abrazó. El chico solamente se quitó de encima, cuando se dio cuenta que podría estar incomodando a Bella.
Los pensamientos de Edward eran tan confusos y llenos de miedo a lo que pasaría luego, que no se acercó a Bella de nuevo. Se quedó reposando en el sofá, asustado por lo que pudiera pasar después de esto, por lo que ella decidiera. Haber tenido sexo con él, quizá no significaba nada para ella, aunque para él lo había significado todo, para él era sexo con amor, aunque no sabía qué significaba para ella y tenía temor de preguntarlo.
Fue entonces, cuando con un solo gesto tuvo su respuesta. Bella se acercó a él buscando su abrigo, se acomodó en su hombro y le abrazó mientras permanecían con sus piernas entrelazadas. Entonces, como si hubieran hecho un acuerdo tácito de no decirse nada, él la rodeó con su brazo y besó su frente.
Hola :)
Sé que estuve muchos meses desaparecida con este capítulo. La universidad y la falta de inspiración se habían apoderado de mí. Para quienes le dieron me gusta a mi página de Facebook o que me siguen en Twitter, estaban al tanto de mi situación. (Si deseas comunicarte por esos medios están los link en mi profile)
Saben que nunca dejo a medias mis historias, es solo que este capítulo se resignaba a salir y la universidad me sometía a presión.
Espero que les haya gustado este capítulo y me cuenten qué tal.
Cariños y nos leemos en los siguientes.
Estamos muy próximos al final...
Manne Van Necker
