Disclaimer: Los personajes le pertenecen a J. K. Rowling, lo cual es una lástima porque yo hubiera escrito una saga en la que Harry Potter no fuera tan idiota… Es más, ni siquiera sería el protagonista.


Capítulo XL: Wishlist

"I wish I was a messenger and all the news was good" Pearl Jam


No se lo había dicho a Astoria, que seguía internada. No se atrevía. No se atrevía a destrozarle la vida de esa manera, a enseñarle la carta que había recibido, exigiendo un pago por el rescate de Scorpius. «No vino ayer a verme», había dicho ella, y él le había dicho que no había tenido tiempo, que había ido a comprar ingredientes de pociones. Y ella le había contestado que le hubiera gustado que la hubieran dado de alta antes de que Scorpius se marchara a Hogwarts de nuevo y él simplemente no había tenido el valor de decirle que en realidad no tenía ni idea de donde estaba Scorpius. Se había marchado, alegando que tenía una reunión de negocios, con los Montague, que estaban interesados en rentar uno de sus terrenos para poner un restaurante, o algo parecido. No era del todo mentira…, pero no pensaba verlos, no ese día. Ese día se enfrentaría a Rose Zeller y a su mirada dura, para enseñarle esa carta.

Al fin y al cabo… un impostor haciéndose pasar por el mejor amigo de Scorpius lo había secuestrado. Si eso le ayudaba a Zeller a encontrar al hijo de Harry Potter, él estaría encantado de ayudar siempre y cuando encontraran a Scorpius también. Llegó al ministerio casi al medio día, después de que se hubiera marchado el Expreso de Hogwarts sin su hijo en él.

Le dijo a Munch, el idiota de la entrada, que iba a ver a Rose Zeller y él le dirigió una mirada desconfiada. Había gente que seguía sin acostmbrarse a su inocencia, con todo y los veintiséis, casi veintisiete años que habían pasado. Pero cuando se volvió mortífago tenía dieciséis y ninguna opción. Al menos su madre se consolaba diciéndole que, si todos los magos fueran su peor error, todos serían criminales.

Subió hasta la oficina de los aurores, que no había visitado más de dos veces en todos aquellos años. Principalmente para evitar a Potter y porque no había tenido ni un motivo para hacerlo. Hasta ese momento. Todo parecía frenético allí, todos se movían de un lado a otro. Él ignoró el ruido y las miradas curiosas y se dirigió hasta el despacho de la nueva jefa de aurores: Rose Zeller. Había visto el nombramiento la mañana anterior, preguntádose que sería tan poderoso como para llevar a Potter a renunciar.

Llamó a la puerta un par de veces y una mujer de cabello rubio, un poco menor que él, se asomó a la puerta.

—Ah… Malfoy —dijo—. Pase, me enviaron un mensaje diciendo que quería verme.

Se hizo a un lado para dejarlo pasar y el entró en el despacho. Ella le indicó con un ademán que se sentará en una de las sillas mientras élla se dirigía a la silla.

—¿Café? —ofreció—. ¿Té?

—Nada, gracias —respondió el secamente-

—Bien. —Ella se sentó—. ¿Para qué ha venido a verme, Malfoy?

—Mi hijo… —empezó él—. Todos lo saben, salió en El Profeta… se lo llevaron antier y aun no se tiene una pista…

—Vaya al grano, señor Malfoy —espetó Rose Zeller.

Draco lanzó la carta que había llegado a la mansión aquella mañana. En la que pedían un rescate exagerado por la libertad de su hijo.

—Esta mañana una lechuza me entregó esto. —Lanzó la carta—. Venía junto con esto. —Le enseñó un mechón de pelo, uno que pertenecía a su hijo. Antes tal vez se habría negado a enseñársela a los aurores, que se sentían superiores a él. Pero Theodore le había dicho que era imposible encontrar la ubicación de los hijos de puta. «Joder, Theodore, tú tuviste suerte», pensó, porque Nott se había salvado y él estaba allí, mirando a Zeller con impotencia por no poder averiguar donde estaba su hijo.

Y peor aun: por ocultárselo a Astoria. Pero ya no lo podría hacer mucho tiempo más, y lo sabía. La burbuja que había construido en torno a su mujer se rompería el día que la dieran de alta, y ese día ya no quedaba muy lejos.

Rose Zeller leyó la carta con rapidez, casi sin cambiar de expresión, con esa frialdad profesional que la caracterizaba desde la primera vez que Draco la había visto. Alzó las cejas al llegar casi al final y Draco supuso que había leído la oferta, pero no hizo ningún comentario.

—No sé si nos sea útil —dijo al final—, quizá no podamos rastrear su origen, señor Malfoy. Hacemos todo lo posible para…

—… para encontrar a Albus Potter —terminó Malfoy por ella, interrumpiéndola. ¿A quién intentaban engañar? Cuando había desaparecido la hija de Nott y el de Zabini la movilización no había sido tan abrupta. Pero en ese caso habían secuestrado a Albus y a otras dos Weasley, además de su hijo.

—No puede cuestionar mi trabajo…

—No, pero lo cierto es que así funciona, ¿no? —le espetó, de mal humor. ¿Dónde estaba Scorpius?—. Mientras más influencia hay, más fácil es mover el mundo.

Zeller se le quedó mirando, pero no agregó nada sobre el tema, para no alargar la discusión.

—Haré lo que pueda para encontrar a su hijo —le dijo—. Gracias por venir y… —hizo una pausa, como si dudara en decir lo siguiente, pero al final soltó una frase—: señor Malfoy, no haga estupideces.

«No acepte los términos de esa carta», había querido decir y Draco la entendió perfectamente, pero ya no sabía qué más hacer.


Salió del compartimiento dando un portazo y nadie se extrañó. Todos estaban preocupados, pero ella estaba que explotaba. ¿Qué haría? Llevaba casi dos horas en aquel compartimiento deprimente, junto con Hugo, que estaba del mismo ánimo decaído que ella, Robert Thomas, el mejor amigo de su primo, y su hermana, Latika, que miraba a la ventana con el mismo desasosiego que Lily tenía pintado en la cara. Los acompañaba también Kate y la mejor amiga de su prima Rose, Hestia, pero nadie hablaba mucho. Todos, excepto Robert, habían perdido a alguien a quien querían sin saber si lo volverían a ver.

Eso era lo que más dolía. No saber si los volvería a ver si quiera algún día. Y aparentar normalidad dolía aún más.

—¿Lily? —Era Hugo. La había seguido—. Oye… ¿estás bien?

Los dos sabían que la respuesta era un gran y rotundo bien. No podían estar bien. Era imposible. Dentro de su mente, al menos lo era. Siempre habían sido afortunados, habían sido niños con apellidos famosos, hijos de héroes de guerra, tenían el futuro asegurado porque todos los que recordaban la guerra soneían al escuchar que se apellidaban Potter. A Albus incluso le decían que se parecía mucho a su padre, aun cuando fruncían el ceño cuando el adolescente reivindicaba su pertenencía a la casa de las serpientes. Deberían estar allí. Debería estar allí Albus, intentándola hacerla sonreír, y debería de estar allí Scorpius, que la miraba con curiosidad desde que había cumplido trece. Los dos eran diferentes a ella. Más callados, más reflexivos, más ambiciosos. Pero los quería. De verdad que los quería a los dos… Y a Rose, y a Roxanne, que compartía su pasión por el quidditich.

—Ojalá lo estuviera —murmuró ella—. Ojalá todo estuviera como antes de navidad. Ojalá pudiera revertir el tiempo…

«Pero no podemos. No podemos volver atrás y fingir que nada pasó.»

Hugo la abrazó. Parecían dos niños pequeños otra vez. Destrozados por dentro. Y además, no podían hacer nada. Sólo podían quedarse sentados, como todos los demás, mirando por la ventana, preguntándose qué estaría pasando allá afuera, en un lugar lejano, donde quiera que estuvieran todos los desaparecidos.


—Nos están cercando —dijo aquella voz, la del hombre que podía cambiar el aspecto. Scorpius mantuvo la cabeza abajo, fingiendo estar dormido, desmayado, lo que fuera, todo para que no lo molestaran. Estaba sentado contra la pared, como siempre, y una de las piernas amenazaba con volverse a dormir. Igual sus brazos, siempre alzados, atados con una cuerda que Morrigan había hecho aparecer. Igual que la mordaza que le había puesto. ¿Cuál era el precio que le había pedido a su padre?

—Lo sé —murmuró Morrigan—. No hay nada que apunte a nosotros. En lo que a ellos respecta… —respiró hondo, Scorpius pudo oírlo a la perfección—, no tenemos nada que ver. En lo que a ellos respecta, nosotros no existimos.

—¿Los dejarías atrás?

—Sabes bien de lo que soy capaz, no me hagas esa pregunta. —¿De qué estaban hablando, los dos? A veces hablaban cuando no se fijaban en él, hablaban mucho, sobre todo cuando no había nadie más allí en la sala. Pero de todos modos él no entendía ni una palabra la mayoría de las veces. No mucho, al menos. Sólo los veía a ellos dos, y al hombre encapuchado con la voz ronca, que pasaban horas allí algunos días.

Evitaba hacerse notar. Evitaba hacer ruido, quejarse, cualquier cosa. Quería volverse invisible para evitar que Morrigan lo viera y lo volviera a atormentar, una y otra vez.

—Lo harás si nos descubren. Pero no tienen entrada. Tenemos suficiente protección.

—La tendrán. Si lo atrapan. Lástima que no seamos los guardianes secretos de este refugio… —ella se quejaba. ¿Así que no tenía tanto poder?

—No nos encontrarán.

—Pareces muy seguro, Adolf.

—No lo harán.

—Pero si lo hacen, —la voz de Morrigan sonaba amenazante, como cuando le hablaba a él, pero no tanto—, vamos a huir. No importa lo que tengamos que dejar atrás, me conoces.

—¿Y el chico Malfoy?

Scorpius sabía que lo estaban señalando, que lo estaban mirando. Usualmente no le prestaban demasiada atención, excepto cuando Morrigan se aburría.

—Voy a cumplir mi palabra —respondió Morrigan. Tenía voz fría, cortante—, lo liberaré si las condiciones se cumplen.

—Sabe demasiado…

—Oh, pero sus recuerdos no tienen por qué permanecer intactos. Lo único que dije… es que seguiría vivo… y libre —Morrigan sonaba seria. Le daba miedo. ¿Cómo sería su vida si salía de allí? ¿Volvería alguna vez a sentirse seguro?—. Aunque claro, no tengo tantas esperanzas es que Malfoy cumpla su parte… Y siendo así, lo enviaré en pedazos.

Scorpius no la veía, pero imaginó que estaba sonriendo.

Y su sonrisa le daba escalofríos. Lo hacía sentir como todos los vellos de su cuerpo que erizaban, sentía sudor frío sobre la nuca y sobre la frente.

Esa sonrisa era como una promesa. La promesa de vivir en sus pesadillas por el resto de sus días.


—¿Esto te sirve de algo? —le preguntó Rose a Creevey, con el ceño fruncido. Con tantos adolescentes desaparecidos, las noticias no podían ser peores. O quizá sí. Al menos Hogwarts había vuelto a clases y los hijos menores de los Weasey y los Potter habían vuelto seguros a las aulas. El problema serían los mayores.

—Es sólo una carta.

Dennis la miró atentamente unos segundos, leyendo el contenido con ojos escrutadores.

—¿Crees que acepte los términos?

—Le advertí que no lo hiciera.

—Sería una alimaña menos para el mundo —comentó Dennis, con una mueca—. Nos ayudaría un poco, claro.

—Oh, claro, nos ayudaría que sus negocios se fueran para abajo, cuando todo el mundo mágico inglés depende de ellos y de los Nott —atajó Zeller—, son asquerosamente ricos, mantienen la economía a flote. Y por supuesto, a Scorpius Malfoy le vendría muy bien verse liberado para descubrir que tiene un padre que se mató por su libertad. No me importa que sea Malfoy, Creevey, si de mi depende, vivirán todos.

Dennis suspiró, cansado, como quien ya ha visto demasiado en la vida.

—A la larga… no puedes protegerlos a todos —le dijo a Zeller.

—Pero puedo intentarlo, Creevey —le espetó Zeller— y nadie me puede quitar eso.

Había alzado la voz, sonando enojada. Aquella situación la ponía de nervios y ya era sabido que no tenía un humor demasiado bueno nunca. Menos si Creevey estaba presente y le recordaba el resentimiento que había estado guardando los últimos trece años. «Puedo intentarlo», se dijo, sabiendo que a la larga, sería imposible proteger a todos.

—Vale, Rose… —Dennis se dio por vencido, sin ganas de enfrentarse a ella—. Pero deberías también pensar a las familias que están en riesgo… Mira e patrón. Están atacado a los que se salvaron de ser enjuiciados por crímenes de guerra. Zabini, al que nunca le pudieron probar nada, no tenía la marca —empezó a enlistar—, Nott, que tenía la marca, pero su padre aceptó la culpabilidad de todos los crímenes y a él lo dejaron libre…, Malfoy, todos sabemos lo que pasó, se los comieron a multas, pero los dejaron libres por delatar a todos los que delataron, porque Narcissa ayudó a Potter…

»Pero no son los únicos, también están atacando a los héroes… Potter, Weasley… ¿Quiénes serán los que sigan? ¿Los hijos de Longbottom, que se volvió famoso al crear una resistencia dentro de la misma Hogwarts tomada por los mortífagos? ¿Los de Luna Scamander, a quien consideraban mártir, después de su largo cautiverio? Hogwarts no es impenetrable, aunque todos nos esmeremos en creerlo. Ya se demostró una vez, hace veintisiete años, cuando asesinaron a Dumbledore; y puede volver a pasar.

»Protege a los que están vivos, a los ilesos. Manda aurores a Hogwarts, ten un ojo puesto en James Potter y en Frank Longbottom, están en la academia… Rose, si no aparecen pruebas, pruebas que nos sirvan, que nos guíen hasta los fugados que se esconden en alguna parte de Liverpool, no podremos hacer nada. Sólo podemos evitar que se haga más grande.

Finalmente Dennis se quedó callado y Rose no se atrevió a decir nada durante un momento. Tenía razón. Podían evitar que todo aquello se hiciera más grande. Que creciera. Respiró hondo varias veces, pensando, evaliando las opciones que tenía, que a aquellas alturas ya no eran muchas.

—Enviaré aurores a Hogwarts —soltó finalemente, como si aquella decisión le hubiera costado demasiado—. Por lo demás, puedo ofrecerle protección a los Weasley que quedan, Creevey. Lo único que temo es que protección o no, no servirá de nada para Hermione Weasley. Potter me explicó que de algún modo, la vincularon a su hija… —dijo. No entendía mucho de aquel tipo de magia y aquello la frustraba. Debería entenderla, para poder pelear con ella.

—¿Magia de sangre…? —preguntó Dennis, dubitativo—, ¿magia ancestral? —Se quedó callado un momento. Largo. Rose se preguntó que estaba pensando, pero no se atrevió a interrumpirlo en ningún momento. Finalmente, como dudando aun más, se atrevió a añadir algo—: Rose…, no podemos luchar contra eso. Eso es magia de sangre puras…

—¿Qué?

—Es magia vieja. No es mala, pero sólos unas pocas familias de sangre pura la practican hoy en día. —Dennis se encogió de hombros—. Para proteger sus mansiones, y otras cosas. Me gustaría saber más, pero son reacios a hablar de eso. Sobre todo con alguien que no tiene ascendecia mágica. Sinceramente, Rose… espero que no la usen para nada más que no sea esa vinculación.

«Ya es bastante malo en eso», pensó Zeller. El Winzengamot presionaba y ella no podía entregar resultados. Pero al Winzengamot no le importaba Rose Weasley, ni Albus Potter, ni Roxanne Weasley… Menos les iba interesar Scorpius Malfoy, que al final de todo era sólo un adolescente. El Winzengamot sólo quería una ministra, sólo velaba por la supervivencia de Hermione Weasley.

Lo demás, no importaba.

El mundo mágico podría vivir sin cuatro adolescentes.

Pero la señora Weasley, ¿podría vivir sin su hija? Harry Potter, ya viudo, ¿se sobrepondría aquello? Y ella, Rose Zeller, ¿iba a poder vivir con el remordimiento de no haber podido salvar a cuatro chicos?

—Tengo que intentar salvar a todos, Dennis —dijo, llamándolo por primera vez por su nombre—. Si no, no podré vivir conmigo misma. No podre, lo juro…

Suspiró. Odiaba no tener noticias, no tener resultados, odiaba quedarse allí sentada comandado a la División mientras otros arriesgaban el pellejo, odiaba no tener ninguna pista sobre la cual caminar.

«Quiero salvarlos a todos, quiero volver a traer paz.»


¡Hola!

Este capítulo me ha costado un montón porque después de la primera escena sufrí un bloqueo terrible. No es tan largo, ni tan corto, pero bueno, es el preludio de una tormenta completa, porque quedan más o menos diez para el final (por supuesto, la secuela está por verse, probablemente la escriba).

Draco decide enseñarle la carta a Rose Zeller, en la que están los términos para conseguir la liberación de su hijo. ¿Cuáles son esos términos? Nos enteramos unas escenas más abajo: la vida de Draco por la de su hijo. ¿Lo hará? ¿Será capaz?

Lily y Scorpius, mi OTP, mi concepción del amor al completo…, mi todo. Los amo a ambos aun cuando en esta entrega de Vendetta no han tenido un papel demasiado amplio. Estan separados y Lily está triste por todas las pérdidas, por su madre, su hermano, sus primas, su novio… ella tiene una relación con todos los secuestrados…, y además su madre, creo que es una de las que más ha perdido. ¿Qué será de ella? Y Scorpius lo tiene todo aun más negro, oscuro, sabe que Morrigan está dispuesto a matarlo sin sentirlo mucho…

Por otro lado, Dennis le recuerda a Zeller que nunca se puede salvar a todos y que debe de preocuparse también por aquellos que siguen bien: evitar que las cosas crezcan. ¿Cuáles serán sus padres? ¿Zeller logrará lo que desea, salvar a todos?

La canción que le da el título al capítulo es Wishlist de Pearl Jam y la estrofa que sirve de cita es, definitivamente, para Rose Zeller. Pero creo que va dedicada a todos los personajes, a todos los deseos que tienen en este momento y que al final son casi el mismo: unos quieren sobrevivir y otros quieren ver vivos a los anteriores. ( www . youtube watch ? v = THnabGK7mPs Sin espacios)

En fin…

Si pones una vela para Dios, pon dos para el Diablo.

Andrea Poulain

25 de Agosto de 2013