Doble Negativo.
Disclaimer: Los personajes de esta historia pertenecen a Stephenie Meyer, la historia aquí desarrollada es de mi completa autoría y por ende queda PROHIBIDA la copia parcial o total del texto sin mi autorización previa. Gracias por su comprensión.
Capítulo XIII
La otra.
Dedicado especialmente a SabiaAtenea y a DianaPrenze. Las adoro mucho, mis niñas.
Si, enrollados juntos, abrazados, entregándose calor, luego de haber tenido sexo. Muy romántico, demasiado para el gusto de Isabella, que cuando se despertó, se encontró abrazada del cuerpo desnudo de Edward. Se quedó admirándole por unos segundos antes de despertar del todo. ¡Había tenido sexo con Edward! Lo había tenido, lo había disfrutado y ¡había dormido abrazada a él! «¡Ay, no! Esto parece la típica comedia barata, ahora si que la he fregado bien». Isabella tomó su ropa, que estaba esparcida por todo el suelo, se la colocó lo más rápido posible, evitando hacer ruido y una vez que todo estuvo listo, miró a Edward una vez más. Tenía que huir de ahí, pensarlo a solas, sin la intervención de nadie, debía ser imparcial al respecto y Edward empeoraba su juicio, lo nublaba de tal manera que todo lo que él dijese estaba jodidamente bien. Necesitaba su espacio, no negaba lo que había ocurrido, ni se arrepentía, sino que necesitaba pensar y pensar al lado de Edward, no, eso no existía. Estaba segura que si él se despertaba, la cogería en sus brazos y se perdería en ellos una y otra y otra vez, hasta hacer el amor incontables veces. Un momento, ¿pensó en "hacer el amor" y no en sexo? Ya había algo extraño en sus pensamientos, la semilla romanticona de Edward estaba surtiendo efecto y se estaba volviendo cursi. Debía escapar de allí cuanto antes, por más que el cuerpo de Edward le hiciera pensar en todo tipo de cosas indecorosas, lo mejor era darse una ducha de agua fría en su casa y meditar. Cerró la puerta detrás de sí, con la certeza de que Edward seguía durmiendo y no la había oído. Pero se equivocaba, rotundamente.
El «clic» de la puerta, hizo que Edward abriera los ojos. Estaba despierto y había sentido cuando Isabella se alejó de su cuerpo, así como también sintió el roce de sus dedos en su torso desnudo. Se había marchado y no hacía falta preguntarse por qué, conocía bien a Bella y de hecho estaba esperando que hiciera eso durante la madrugada, pero se había quedado toda la noche en su pecho, más de lo que incluso él esperaba. Lo sabía y por más que le costase hacerlo, tenía que dejarla marchar, ella volvería cuando ordenara todos sus pensamientos. Esperaba que lo hiciera.
«Hola, Isabella, soy Alice, ¿Responderás mis mensajes? Te he estado llamando, por si no lo haz notado. Si estás viva y en tu casa, devuélveme el llamado» «Hola, Isabella. Ya te he dejado miles de mensajes. Sé que no estás en casa de Edward. Conecta tu celular y llámame. Alice» «Hola, Isabella, Alice me lo ha contado todo. ¿Serás tan mala amiga que no entrarás en detalles? Juntémonos un día de estos para charlar. Besos, Rose» Y tenía cerca de treinta mensajes de ese estilo, todos de las chicas pidiéndole que se reunieran, uno que otro era del Spa, hacía días que no iba al trabajo, pero suponía que todo andaba de maravillas, porque siempre en su trabajo todo andaba de maravillas. Además, era ella quién necesitaba un masaje urgente, desestresarse y desconectarse del mundo. Justo en ese momento, si volvía a escuchar otro pitido de la contestadora, la aventaría por la ventana. Entonces, sonó el pitido y fue incapaz de aventar la contestadora, era Lucy.
«Hola. Sé que puede sonar extraño que te esté llamando, pero hace días que he querido hablar contigo. Tus amigas me lo han impedido, incluso he ido a casa de Edward, él no me dijo donde estabas, no me quiso decir nada. Me he conseguido tu número, pero no es suficiente. ¿Podríamos quedar para cenar? Yo invito. Devuélveme la llamada al número de siempre. Lucy»
—Ya, como si no supieras que eras tú—rodó los ojos y siguió tomando su cereal con leche.
Isabella llamó a Sue, preguntándole cómo iba todo en el Spa, la eficiente administradora le explicó como estaban las cosas y las horas que tenía solicitada con ciertos clientes que decidían atenderse con ella, por lo que se vio obligada a asistir.
—Isabella—le saludó Sue—. Aquí está tu lista de clientes, los horarios están marcados allí y tienes esperando a tres clientes sin hora que debes acomodar según tu disposición. Han llegado ya los clientes de las 9:30 y de las 10:00.
—Genial—dijo, irónicamente.
No alcanzó a dejar todo en orden en su escritorio, cuando la luz de la sala de masaje ya estaba prendida. Se dedicó a releer la lista de clientes, mientras caminaba hacía la pequeña salita. Saludó a la dama, le pidió que se voltease e intentara relajarse. Puso música ambiental y comenzó con la rutina de masajes.
—No me digas nada—dijo Edward, colocándose sus gafas, mientras salía de la oficina acompañado de Jasper.
—No he dicho nada—sonrió su amigo.
—Ya, pero tu cara dice todo y no he tenido ningún llamado ni nada de Bella. En serio, Jasper, estás peor que Alice.
—¿Tan malo fue el polvo que no te ha llamado en tres semanas? ¿Qué se siente, semental? Tú estas acostumbrado a recibir llamadas desesperadas de mujeres—se rio—, ahora te quiero ver desesperado esperando una sola llamada que no llega.
—Gracias por tu apoyo, Jasper—dijo con ironía—, pero estoy dejando que se tome su espacio, ya conoces a Bella, no es del tipo de mujeres con las que suelo estar. Debo adaptarme a sus tiempos.
—Sí, linda manera de conformarse—dijo Jasper, antes de entrar al coche.
Edward llevaba tres semanas esperando la llamada de Bella, pero ella no había dado señales de vida. ¿Se habría arrepentido?, era una pregunta que no dejaba de rondar por su cabeza. Era lógico que tuviera que pensar, pero por lo que Jasper le había contado, ni siquiera había hablado con Alice o con Rose, estaba dedicada a su trabajo y a su soledad. ¿Estaría saliendo a bares? ¿Estaría viéndose con alguien? La duda lo carcomía, día y noche. Había rechazado las invitaciones de los chicos a salir, hasta Seth le había invitado a un bar de las cercanías, pero él se negó rotundamente. Últimamente no encontraba motivos para salir, así que se sentaba, prendía la televisión y pasaba horas esperando que el teléfono sonara. Se desilusionaba al corroborar que no era Bella y seguía en ese estado inmutable en el que había caído.
«Ya llamará—se animaba—. De seguro estará muy confundida, después de todo lo que ha pasado para ella no es fácil. ¿Estará mal si la llamo? Quizá sea demasiado desesperado»
Sue comenzó a notar que algo no andaba bien con su jefa. Estaba yendo todos los días al Spa, atendía a sus clientes en horario continuado y almorzaba en su misma oficina. Incluso hasta los sábados había ido a trabajar y le había ofrecido un aumento por todo el trabajo de más que había hecho todos los meses que ella estuvo desaparecida. No lo podía creer, era algo fuera de serie y le parecía demasiado extraño. Aun así no quiso entrometerse, fingió como si todo era normal, y ayudó a Bella en lo que necesitara.
—Sue, ¿quedan más pacientes a la hora de las dos?—preguntó Bella, saliendo de un masaje facial a la última clienta que tenía en la ficha.
—No, no hay horas pedidas—le respondió Sue—, de hecho la siguiente hora sería a las 16:30.
—Magnífico—sonrió, tomando su bolso—. ¿Tienes algo qué hacer? Podríamos ir a almorzar algún sitio, ¿te animas?
Sue se sorprendió, pero evitó demostrarlo demasiado.
—Pero ¿el resto de las chicas? El staff sigue atendiendo, mientras usted no está.
—Ya, pero Beth se puede quedar a cargo, será solo por el almuerzo—insistió—. Y te he dicho que no me trates de usted. Vamos, coge tu bolso.
Rose había vuelto a la ciudad, sus viajes de ida y venida, eran demasiado fugaces para el resto de sus amigas. Por lo que muchas veces, simplemente, se dejaba caer en la casa de alguna de ellas. Rose sabía que Alice de seguro estaría trabajando, así que se fue a hacerle una pequeña visita, pero se sorprendió al no encontrarla allí. Por lo que cogió el teléfono, llamó a su amiga e hizo parar el siguiente taxi. Todo en menos de cinco minutos.
—¿Dónde estás?—dijo Rose, sin siquiera saludar a su amiga.
—Voy de camino al Spa de Isabella ¿Dónde estás tú?—respondió Alice.
—Fui a tu trabajo e incluso pensé en ir a tu casa, pero por lo que veo me equivoqué de lleno para darte una sorpresa—sonrió, sacando de su bolso un lápiz labial y comenzar a aplicarlo sobre sus labios.
—¡¿Estás acá?! ¡Oh, magnífico! Isabella no responde ninguno de mis mensajes, sé que Lucy ha estado tratando de contactarla, lo peor es que no quiere hablarme y no sé por qué. Nada ha cambiado desde que te fuiste, por el gran detalle que se llama Edward Cullen. En serio, chica. Tenemos que hablar con Bella—suspiró, agotada—. Nos juntamos en el Spa, si no está allí, ya veremos.
El chofer del taxi iba tan lento que los vehículos lo rebasaban sin ninguna dificultad. Rose rogaba para que el hombre acelerara a fondo y llegara pronto, pero al parecer el tipo no tenía apuros, contrario a lo que ella deseaba, claramente.
—Te pago la mitad extra si te apresuras—le dijo, fue solo entonces que el hombre aceleró.
Alice estaba saliendo del Spa, frustrada por no haber encontrado a Bella, ni siquiera estaba Sue. Por lo que las chicas del staff le habían explicado, Isabella y Sue estaban juntas, habían ido al restaurante de siempre. Y ella sabía perfectamente cuál era ese.
—¡Ay, Dios!—se abrazó Rose a Alice—. No sabes lo horrible del vuelo y lo peor del taxi. ¡Fue una odisea llegar!
—Muévete, Bella no está aquí—sentenció Alice, cogiendo a Rose del brazo.
—¿Por qué tanto apuro?
—Porque Jasper me ha mandado un mensaje. Él y Edward fueron a almorzar exactamente al mismo restaurante donde va Bella. Se van a encontrar allí—dijo, moviendo sus pies tan rápido que a la rubia le costó gran trabajo seguirla.
—¿y? Quizá que se encuentren no sea tan malo, le haría tomar decisiones bajo presión…
—Claro, pero si es lo que yo creo. Bella está con Sue… con Sue, ¿te hace pensar algo? Bella ha estado extraña, está trabajólica, evita hablar con nosotros e incluso con Edward… pero está con Sue, almorzando. Esas dos jamás almuerzan juntas, Bella tiene, o quizá tenía, una relación exclusivamente laboral…—interrumpió Alice.
—¿Me estás diciendo que crees que Bella está saliendo con Sue?—frunció el entrecejo mientras se subía al coche.
—Es exactamente lo que temo… ¡Pobre chica! Sue es una buena muchacha y demasiado frágil e influenciable, eficiente en el trabajo, pero Bella podría devorarla de un solo bocado ¿entiendes?—Rose asintió.
Edward estacionó el coche, mientras Jasper buscaba una mesa en el concurrido restaurante. Allí la clientela no era tan exclusiva, las personas buscaban sus propias mesas y esperaban que llegara el mesero del sector. Para estar ubicado en un sector alto, era bastante cómodo y de poca etiqueta, pero de excelente servicio.
—Entonces—dijo Edward, cuando llegó—. ¿Has pedido algo?
—Nada, todavía—respondió Jasper, viendo la carta.
Edward recorrió la suya y revisó el menú. Estaba con ganas de comer pescado, quizá lenguado. Estaba buscando la compañía de su elección, cuando sintió un suave roce en su oído. Alguien se había acercado y le susurraba un suave «Hola bombón». Edward reconoció esa voz.
—¿Qué tal, preciosura?—respondió Edward, besando la mejilla de la morena. Había utilizado el «preciosura» con todas las chicas, exceptuando Bella, por lo que se aseguraba no errar en el nombre o en el apodo.
—Bien, sobre todo ahora que te veo. Has estado muy desaparecido de la vida nocturna, podrías llamarme y quizá hiciéramos algo entretenido, repetir lo de la otra vez—susurró, acercándose a él e ignorando por completo a Jasper.
—Quizá, preciosa—sonrió Edward—. Te llamaré.
—Ansiaré esa llamada, bombón—sonrió y luego le besó en la comisura de los labios, para finalmente marcharse.
Edward no pudo evitar mirar las piernas exquisitas de la morena que acababa de abandonar su mesa para ir a sentarse unas mesas más allá. Empuñó su mano sobre la mesa al ver que el minivestido que llevaba se ajustaba pecaminosamente a su cuerpo, al sentarse, la redondez de su trasero se acentuó haciéndole sentir una corriente eléctrica que se acentúo en su entrepierna.
—Isabella Swan—dijo Jasper.
—Si, si lo que digas Jasper, pero la abstinencia no es lo mío y créeme que no soportaré tres semanas más con eso rondándome… es un pecado ándate ¿viste ese culo?—dijo sin quitar la vista de la chica.
Edward al no tener respuesta de Jasper, se volteó a mirarlo, entonces lo comprendió.
—Un culo para porno, sin duda—añadió una voz femenina a sus espaldas. Era Isabella, Edward la reconoció—. Aunque si me lo preguntas, estoy segura que ese culazo no remplaza la falta de tetas.
Edward se puso de pie, intentó recobrar el aliento y no parecer sorprendido ante la aparición de Isabella. Aparentemente no falló, ella no lo notó, pero era evidente la molestia en la voz de la castaña. Saludó a Sue, que acompañaba a Isabella y luego se centró en la última.
—Te equivocas, la chica está buena por todas partes—respondió Edward.
No iba a dar su brazo a torcer, no se arrepentiría de lo que dijo. ¿Qué iba a decir? ¿Pedirle perdón? ¿Mostrar arrepentimiento? Él le había dado espacio a Isabella, ella no le había llamado de vuelta. Ambos se conocían bien y el orgullo de ambos estaba en juego.
—He tenido mejores—le reconoció, abiertamente, Bella, mientras cogía el bolso de Sue y posaba su mano en la espalda de la morena. El gesto fue clarificador, Edward comprendió que estaban juntas, no solo de juntas en ese momento, sino de relación.
Edward estudió el rostro de Sue, pero no encontró sorpresa en él. ¿Sería cierto lo que Bella le estaría diciendo? ¿Estaba saliendo con Sue? ¿Desde cuándo? Tenía tantas curiosidades insatisfechas que deseó haber estado a solas con Bella, para obligarla a hablar, pero allí habían demasiados ojos y oídos, demasiados como para levantar un interrogatorio del que podría salir muy mal parado.
—Bueno, nosotras ya nos vamos—añadió Bella, al ver que Edward no decía nada—. Ya nos vemos en algún bar un día de estos. Saluda a Alice de mi parte—le dijo a Jasper, éste asintió.
Una vez que Edward se sentó y comprobó de reojo que Bella había tomado una mesa lo suficientemente distanciada de la de ellos, miró a Jasper, aunque se podría decir que no lo miró, sino que lo fulminó, esa mirada tenía de asesina lo mismo que un revólver cargado.
—No la vi—dijo casi en un susurro—. No la vi antes, te lo juro, sino te habría advertido.
—Ya, por lo menos podrías haber interrumpido mi oda a el culazo de… ya olvidé como se llamaba—bufó—. Ahora si que la he cagado, ¿Alice no te dijo que estaba saliendo con Sue?
—Alice no sabe nada, Edward, Isabella no le coge el teléfono ni le abre la puerta. Ha estado de lo más hermética—reconoció.
Isabella se sintió realmente ofendida al oír a Edward hablar del culo de cualquier otra que no fuera el suyo. Le había hablado de amor y cosas por el estilo, hacía tan solo unas semanas. Habían compartido momentos muy especiales, él la conocía mejor que nadie «¡Joder!», pero aun así no había sido capaz de esperarla, ella tenía toda la intención de hablarle, ¿Cuándo? No lo sabía, quería hablarlo con alguien que no estuviera de parte de nadie y ¿Quién mejor que Sue? Ella no era solo su empleada, había una extraña amistad, Sue siempre le decía lo que no quería oír, algo que muchas veces Alice, Rose y cualquiera que considerara amigo, no había sido capaz de hacerlo.
—Bonita cagada, así que ahora juego de tu equipo—bufó Sue, mientras revisaba el menú.
—Ya, lo siento, Sue—susurró Bella—. No quería involucrarte, pero te juro que estaba a punto de cometer una estupidez al oír a Edward hablar así…
—Sabes que él es así, ¿no estarías esperando un príncipe azul montado en un corcel blanco que te sería fiel solo a ti? ¡Vamos, mujer!—Bella la recriminó con la mirada para que bajara la voz—. Los hombres son dominados por la cabeza eréctil y lo sabes, Edward es uno más como miles y quizá peor.
«… Pero él había sido tan suave conmigo, me trató tan gentilmente, acarició mi cuerpo con una dulzura única. Me trató como si no existiera ninguna mujer en el mundo, como si fuera la única…»
—… Edward sabe lo que hace—seguía hablando Sue—. Trata a las mujeres como si fueran la más importante y la única en el mundo. Les dice lo que quieren oír, reafirma sus inseguridades y las hace sentir la más perfecta y sensual de todas. Es el terapeuta de la autoestima, es lo que mejor sabe hacer. Lo conoces y no creo que hayas sido tan ilusa como para pensar que él cambiaría porque una lesbiana declarada le abriera las piernas ¿o si?
«Ouch» Eso era exactamente lo que Bella temía oír y Sue lo había dicho con una soltura que la aterraba. ¿Habría sido simplemente la lesbiana que faltaba en la colección de Edward? «No, no puede ser, no se habría tomado tantas molestias. No, no fue así, él me trató bien. Además, soy yo la que tiene el dominio de esto, yo debía decidir si seguir adelante o no, él tenía que esperarme ¿lo habrá hecho o se habrá acostado con media ciudad, otra vez? No, ese no es el Edward que yo conozco» O no era el Edward que ella conocía o creía conocer, o quizá solo había caído en un estúpido juego del que ahora no quería enterarse.
—¡Jasper!—dijo Alice al verlo, entonces él levantó la mano. Alice y Rosalie se acercaron a la mesa.
—¿Qué pasa?—dijo Edward—. ¿Están desesperados por hacerlo en el baño?
Alice lo fulminó con la mirada, mientras que Rosalie saludaba a Jasper. Luego le saludó a él.
—¿Han visto a Bella? En el Spa me dijeron que iba a estar aquí con Sue, espero no molestarlos pero…
—Ya estuvo aquí, tuvieron un desencuentro. Diría que no califica para llamarse agradable encuentro—acotó Jasper.
—¿Está aquí?—dijo Rose—. ¿Dónde, que no la veo?
—Se sentó en unas mesas más allá con Sue…—respondió Edward, aunque en realidad parecía un gruñido.
—¿Y a éste que le pasa?—preguntó Rose.
—Isabella llegó cuando estaba admirando el culo de una chica, lo escuchó y le presentó a su nueva conquista. Todo en tiempo récord—añadió Jasper.
—¿El culo de quién? Jasper—le miró seria, Alice—. Supongo que…
—No, yo solo estaba mirando el menú, cariño—sonrió.
—Como sea, dejen sus problemas maritales para después. Al parecer es lo que tu temías, Alice—susurró Rose—. Bella está saliendo con Sue.
—O finge estar saliendo con ella—interrumpió Jasper.
—¿Para qué haría eso? Además, Sue no se prestaría para esa estupidez—alzó una ceja, Edward.
—Esto no puede quedar así—declaró, Alice—. Tengo que hablar con Bella, no puede evitarnos como si nada, no puede.
Pero antes que cualquiera pudiera detenerla, Alice montada en sus tacones de doce centímetros, caminaba a la perfección entre las mesas. Cuando encontró la de Bella, se dirigió lo más rauda posible a ella.
—¡Oh, no!—dijo Sue, que vio acercarse a la mujer—. Ahora si que te metiste en un lío, jefecita. Y aunque me subas el sueldo, no te saco de ahí.
—¿Isabella?—dijo Alice—. ¡Oh, Bella! No sabía que estarías aquí, Jasper y Edward me lo acaban de contar.
Alice fingió como si no hubiera sabido nada, pero Bella la conocía demasiado bien, sabía que encontrarse a todos allí no era solo casualidad, menos si Rosalie estaba con ella. Esto era un plan en todo sentido y ella sería la víctima si no se inventaba algo rápido.
—Alice—sonrió, Bella—. Lo siento, pero estoy en algo importante con Sue. ¿Te parece si te llamo luego?
—¡No, no, no!—exclamó Alice—. De seguro a Sue no le molestará que te robe solo por unos minutos ¿cierto, Sue?
—Para nada, Alice—sonrió Sue, a lo que Bella respondió con una mirada seria.
—Pues entonces, aprovechemos de saludar a Rose—dijo tomando del codo a Isabella y obligándola a ponerse de pie.
Como siempre y fiel al estilo de las mujeres, las tres amigas se dirigieron al lavabo. Allí era el lugar propicio para conversar, o como pensaba Bella, para estallar la bomba. Estaba segura que no recibiría menos de sus amigas.
—¡¿Cómo has podido, Bells?!—cuestionó Rose—. ¡Ignoras todas mis llamadas, las de Alice y nos niegas una salida de amigas! ¿Te hemos hecho algo? ¡Nos tenías recondenadamente preocupadas, pensando que estarías en estado de bulto porque quizá Lucy estaba acosándote o te habías arrepentido de lo de Edward! ¡Eres una desconsiderada!—gritaba Rose.
Isabella tomó la palabra antes que un sermón parecido o peor recayera sobre ella de parte de Alice.
—Ya, pero no quería hablarles chicas, pensé que cogerían la indirecta—se miró al espejo—. O sea, necesitaba pensar, era todo y si les decía algo parecido a ustedes, sabía que se volverían locas.
—Nos preocupamos por ti, eso es todo—dijo Alice, tan seria que casi no la reconoció—. Solo nos preocupábamos por ti, pero al parecer a ti no te importa, así que solo veníamos a decirte que Edward ha estado desesperado intentando saber qué demonios te pasaba.
—Si, muy desesperado si estaba viéndole el culo a quizá cuantas y tirando con tantas otras en todos los bares de la ciudad—reclamó.
—No creo que tengas derecho a reclamarle eso—añadió Rose—. Tú misma dices salir con Sue, él te ha esperado casi un mes, Bella. Tú que lo conoces deberías saber que él no postergará su vida otra vez para verla estrellada de la nada por tu indiferencia.
—No quiero que se enojen chicas, pero me quedó claro que Edward no está lo suficientemente comprometido para una relación seria y la verdad, yo tampoco. ¡Ni siquiera sé si es correcto! Haber tenido sexo con él una vez no significa que deje de ser lesbiana. Me gustan las mujeres, sus lápices labiales, sus suaves labios, su aroma suave y exquisito ¿Ok? Me encantan las mujeres y Edward espera que solo me guste él. Yo no puedo darle eso, no cuando veo a tanta hermosa mujer sufriendo por idiotas como él—bufó—. Él jamás entenderá eso.
—Pruébalo, Bells—le aconsejó Rose—. Díselo a él, no a nosotras. Es él quien tiene que escuchar todo esto, que él te diga lo que piensa y lo que siente al respecto, pero no pretendas hacerte la que no tiene culpa de nada, cuando no le has respondido en semanas.
—Ya, pero ahora estoy bien con Sue—mintió.
—Si, Bella—ironizó Alice—. Como si no supiera que Sue está con el conserje del edificio. Twitter delata, mujer. Sé que Sue no está contigo y si no lo desmintió ha sido solo porque eres su jefa y yo como tu amiga debo decirte que está mal que involucres a gente que no tiene nada que ver. Será mejor que arregles las cosas, porque de verdad nos duele verte haciendo estupideces.
—Estupideces inescrupulosas como las que hacía Lucy—murmuró Rose, antes de abrir la puerta del baño y marcharse. Alice la siguió y se paró en el umbral.
—Me aterra pensar que te estás convirtiendo en ella, no arrastres a chicas inseguras por el camino que te arrastró ella. Sue no merece que juegues con ella, la pobre chica suficiente ha aguantado con tanta desilusión amorosa, deja que el conserje se encargue de hacerla feliz—luego de eso, cerró la puerta y dejó sola a Bella.
Bella estuvo unos minutos en el baño, las últimas palabras de Alice habían chocado fuerte en su cabeza, tanto que no podía olvidarlas. Se preguntó si realmente se estaba convirtiendo en Lucy, y se atemorizó que fuera cierto.
—¿Problemas?—dijo Sue, que estaba comenzando a comer.
—Acorralada en el lavabo, si, un problema—reconoció, mientras imitaba a Sue y comía.
—Ya, en serio, no es por machacarte, pero Edward no es un prospecto de fidelidad y por lo que sé, últimamente tú tampoco…—le reconoció a su jefa—. Así que si sabes qué papel estas jugando en todo esto, no veo cuál es el problema. Ya deberías haberle dado una respuesta a Edward.
—Puede ser… quizá—reconoció—, pero no soy capaz de plantarme así como así.
—Pues tú siempre te plantas así como así. Nunca has tenido complejos de ser quién eres. No entiendo por qué ahora tanta inseguridad.
—Es Edward el que me descoloca así, es él quién hace que pierda los estribos y luego quede desorientada…—reconoció.
«Porque cuando estoy con Edward soy otra sin dejar de ser la misma, pero cuando él se marcha, esa parte de mí se marcha con él… y vuelvo a preguntarme ¿Quién demonios soy?»
Edward miró a Bella, estaba allí, pero desde la distancia notaba que estaba ausente. Al parecer ella y Sue no hablaban demasiado. Le dolió su reacción tan fría, creía conocerla bien como para decir que realmente estaba celosa del comentario a la morena curvilínea, pero no vio nada de eso y a pesar de que conocía a Sue desde hace mucho, ella no negó nada con su mirada. ¿Sería real? ¿Realmente Bella seguía prefiriendo a las mujeres o de lleno no sentía nada por él?
—Ya se van—murmuró Jasper—. ¿Qué harás, Edward?
Alice y Rose no dijeron nada de lo que habían hablado en el baño con Bella, por lo que Edward no supo a qué atenerse. Su mente le decía que se mantuviera sentado allí y continuara con su almuerzo, mientras que todo su cuerpo le gritaba que corriera detrás de ella. Pero entonces hizo algo que pocas veces hacía, silenció a su cuerpo y silenció a su mente. Se levantó de su silla, dejó algunos billetes sobre la mesa para pagar el almuerzo, se despidió fugazmente de todos sin decirles qué haría y se marchó.
¡Hola!
Lamento la tardanza, para quienes me siguen en Facebook en mi página Manne Van Necker. Sabrán que he estado complicada de ánimos, inspiración, tiempo y que después de la operación de mi muela del juicio, estuve algo complicada.
Agradezco a quienes siguen aquí, quienes recomiendan la historias, las personas que la leen y más quienes la comentan.
¡Agradezco sus reviews dándome ánimos, preguntándome por actualización y dándome un granito de arena en esta historia!
Besos.
Manne Van Necker
