¡Hola! Primero que todo, lamento mucho la demora con este tercer capítulo. Segundo, les quería dar las gracias a todos los que han dejado comentarios. La verdad es que esta historia la empecé como un desahogo personal, por lo mal que van las cosas en la serie original y la necesidad de que, al menos en algún lado, las cosas sucedan a mi modo. No pensé que leería gente esperando capítulos o intrigada al respecto, así que reitero el agradecimiento.

Bueno aquí va el tercer capítulo y les tengo recomendaciones de canciones:

Si resulta que usted es el tipo de shipper depresivo, lea el capítulo al ritmo de Won't Go Home Without You de Maroon 5.

Si usted es low key depresivo, lea el capítulo con It's In Your Eyes de Phil Collins.

Si usted detesta deprimirse y puede quedarse quieto leyendo con música movida, escoja Want You Want Me de Jason Derulo.

También puede optar por oírlas todas y llorar en 3 diferentes idiomas... o simplemente pasearse mi opinión y escuchar su propia música XD

¡Saludos!


Barry contempló su celular vibrando sobre su escritorio, sin ninguna gana de dejar a un lado el cubo de Rubik que estaba intentando armar a velocidad normal, y suspiró fastidiado al ver que los intentos de llamada se extendían.

Cuando el aparato por fin se detuvo, le siguió una vibración más corta. Barry revisó la pantalla cuidando de no abrir el mensaje.

De: Cisco Ramon

"S.O.S"

Barry no pudo no reaccionar a las tres letras con algo de ansiedad. Tomó una honda bocanada de aire, se sentó derecho en la silla y concentró sus fuerzas en acceder a la Fuerza de la Velocidad, como si estuviera a punto de salir en carrera. En la pantalla apagada del celular pudo ver luminosos rayos de electricidad surcando sus ojos.

Una imagen rápida pero lo bastante clara acudió: el café Jitters. Caitlin revolvía su café, mientras le dirigía una mirada decepcionada a Cisco, quien estaba dejando su celular sobre la mesa con los hombros encogidos.

—Buen intento —musitó, sintiendo un bulto inexistente en su laringe.

Habían pasado diez días desde el incidente en casa de Caitlin. Diez días desde que estaba evitando a sus amigos no tan disimuladamente como había pensado. Aun cuando revisaba de vez en cuando el estado de las cosas, como acababa de hacer, contestaba la mayoría de los mensajes con excusas y se hacía cargo de crímenes menores, eso no le impedía sentirse como la peor persona del multiverso. Acudiría en cuanto hubiera una emergencia pero, mientras las cosas estuvieran tranquilas, necesitaba ese tiempo para sí mismo.

Su conexión con Caitlin era suficiente para saber que no estaba excesivamente preocupada, así que no había interpretado mal lo que había visto. Sin embargo, Cisco y ella no se tomarían bien que ignorara un mensaje de auxilio, por más falso que fuera, así que decidió responder.

—¿Qué… sucede? Dejé una… recarga… anoche —entonó, mientras escribía—. ¿Cómo va… eso… por cierto?

La contestación apareció un minuto después de que oprimiera 'enviar' a su mensaje.

De: Cisco Ramon

"Excelente, la verdad.

No ha tenido que volver a entrar.

Pero nos habría gustado estar ahí cuando fuiste.

¿Qué sucede? Habla con nosotros."

—Todavía no lo sabe —aventuró Barry, retomando su cubo de Rubik.

Se le había pasado por la mente que Cisco buscaría una explicación a su comportamiento y tal vez Caitlin le acabaría contando lo ocurrido entre ellos. Dado que esta última también lo mensajeaba de vez en cuando y con toda normalidad, supuso que no se atribuía el motivo de su ausencia. Barry no podía culparla, ya que él no había sido muy explícito. No obstante, el saber que habían pasado diez días y una segunda recarga todavía no había sido necesaria era un motivo para sonreír. Ella estaba bien.

10 días antes

Barry apareció con Caitlin en el Cuarto de Velocidad. Cisco los esperaba ahí, parado en frente de su más reciente invención: una ancha columna transparente, cuyos costados estaban atiborrados de cables.

Como tú bien le explicaste a Barry, a medida que él se fue tornando más rápido, comenzó a producir más energía que su cuerpo le urge gastar —comenzó a explicar Cisco—. Tú, Caitlin, eres lo opuesto: no produces energía, te vales de energía calórica y era obvio que cuando te volvieras más poderosa necesitarías más.

Caitlin deslizó sus ojos hacia el costado. Como ya estaban en el Cuarto de Velocidad, apenas se acababa de dar cuenta de que la máquina estaba conectada a la caminadora de Barry.

No necesito explicarte la termodinámica de esto, sólo que Barry tiene un problema de exceso y tú de falta —continuó Cisco, sonriendo inmensamente al ver que Caitlin ya estaba entendiendo hacia dónde iba—. Cada vez que sientas que necesitas una recarga, sólo tendrás que bajar aquí y encerrarte por unos segundos. Ya saqué algunos cálculos basándome en la temperatura corporal de un humano promedio, la de Barry y la energía que él produce cuando corre. Con estos botones —Señaló una placa metálica junto a la compuerta— establecimos un tiempo y temperatura límite. No intentes reajustarlo tú sola, puesto que es exactamente la cantidad necesaria y que estamos seguros que no te matará —Caitlin echó los labios hacia atrás y levantó las palmas en entendimiento—. Si empiezas a necesitar más, me lo dices.

¿No dormiste en toda la noche construyendo esta máquina? —preguntó Caitlin, con la voz entrecortada—. Cisco… gracias.

No me agradezcas sólo a mí, Barry acaba de correr un equivalente a media vuelta al mundo para cargarla.

Barry, quien se había ataviado con su traje de Flash para hacer dicha carrera, se quitó la máscara y avanzó un paso para quedar junto a ella.

Y cada vez que baje aquí, voy a cargarla —le dijo a Caitlin, tratando de no sonar demasiado romántico, pero fracasó en el intento—. Lo que te pasó anoche no volverá a pasarte de nuevo.

Él y Cisco se quedaron observando cómo su amiga luchaba por decir 'gracias' sin derramar una sola lágrima.

¿Quieres probarla ahora mismo? —le sugirió Cisco, dando un aplauso al aire—. No me malentiendas, Caitlin, te adoro… pero mi verdadera motivación para terminar esta cosa rápido fue no volver a verte a ti y a Barry besándose. Incómodo —canturreó, en un tono de voz algo agudo.

Barry intentó no girarse hacia Caitlin cuando, de reojo, notó que ella fallaba por primera vez en el arte de disimular y lo miraba con pánico contenido.

Hoy.

—¿Me estás escuchando? —preguntó Joe, apareciendo de pronto en el campo visual de Barry.

—¿Qué? ¡AU! —exclamó, adolorido. Se había enderezado tan rápido en la silla que se había golpeado la rodilla con la base del escritorio—. ¿De dónde saliste?

—¿Cómo que de dónde salí? Acabo de entrar. Y desde lo más profundo de tu trance me saludaste.

—¿Lo hice?

Joe miró la pantalla encendida del celular de Barry, llena de notificaciones sin atender. A continuación, asintió tres veces, como decidiendo si reservarse o no el comentario que quería hacer.

—La última vez que pasaste tantas horas en este laboratorio fue el día antes de que te cayera ese rayo —inició, sentándose en el costado del escritorio—. Y esta —Colocó su dedo entre las cejas de Barry, para impedir que volviera a perderse en la inmortalidad del cangrejo — es una mirada que conozco muy bien, pero que no había visto hacía bastante tiempo. ¿Problemas de chicas?

Barry había estado a punto de agarrarse de la bracera de su silla, pero la pregunta de su padre adoptivo lo tomó por sorpresa y su mano pasó de largo hacia abajo, quedando en posición casi horizontal. Joe se desternilló de risa.

Barry dejó el desarmado cubo de Rubik a un lado y se resignó a hablar con Joe. Ya se había esforzado mucho intentando respetar la decisión de Caitlin y, si no hablaba con alguien y se desahogaba, la tristeza lo volvería loco. Cómo añoraba sus días de Flash principiante, en que un vulgar asaltante habría ocupado la mayor parte de su mente. Roger Peters no sería difícil de atrapar, simplemente necesitaban oír de él de nuevo.

Sí, Roger Peters, el atraviesa muros, había escapado de la cárcel de metahumanos y no tenían noticias de él desde entonces.

—Supongo que no tiene caso mentirle a alguien que se gana la vida interrogando sospechosos — suspiró Barry, alzando la vista hacia la mirada afable que le ofrecía su interlocutor.

—Y yo supongo que tú sabes que tienes una ventaja que pocos tienen: puede que ya no sea tu suegro, pero sigo siendo tu padre adoptivo —le recordó Joe, encogiéndose de hombros—. Todavía puedes contarme todo. Dispara.

Al sentir que su cuerpo se destensaba un poco, Barry empezó a hablar.

—Yo… cené con alguien hace unos días —comenzó. Contrario a la intención inicial, no se sintió lo bastante listo para revelar la identidad de ese alguien—. Tuvimos la conversación más larga que he tenido con alguien desde que empecé a ser Flash, vimos un documental… y pasamos la noche juntos. Sentí que habíamos conectado y, tan pronto empecé a preguntarme qué significaba eso, ella estaba frente a mí enviándome a la friendzone —Por un momento, se sintió de regreso al 2014, pero con una diferencia que estaba a punto de explicar—. Cada vez que vuelvo a ese momento, visualizo un compilado de imágenes de todas las palizas que he recibido en mi vida, porque me sentí igual de estúpido e impotente. No pude hacer nada, no pude decir nada… ni siquiera sé qué quiero decir… todo lo que sé es que la Fuerza de la Velocidad comenzó a sentirse diferente desde entonces. Particularmente hoy: desde que me senté en esta silla esta mañana que siento como que tengo que sujetarme de algo, porque siento toda esta… energía o lo que sea jalándome hacia STAR Labs…

Barry se quedó con la boca abierta y un dedo suspendido en el aire, tratando en vano de impedir que el sonido del nombre de su segundo lugar de trabajo se propagara por el espacio. Al ver que los ojos de Joe se ponían casi redondos, se llevó ambas manos a la boca, con las mejillas ardiéndole de vergüenza.

—¡¿Caitlin?! —exclamó Joe, levantándose del escritorio con un saltito—. ¡¿TÚ Y CAITLIN?!

—¡No puedo guardar un secreto! —declaró él, alzando ambos brazos y jalándose el cabello de la parte posterior de la cabeza—. Ella tiene razón, ¡no puedo guardar un secreto!

—¡Oh, por Dios!

Joe se paseó por el laboratorio y, cuando regresó frente a él, prorrumpió en risas escandalosas.

—No entiendo, ¿qué es tan gracioso? —inquirió Barry, irritándose por primera vez al recordar a Caitlin riéndose de él en su departamento—. ¿Es en serio? —Hizo aspavientos con los brazos seriamente, pero eso sólo pareció divertir más al policía—. ¿Qué pasa con ustedes? ¿Por qué les resulta tan inverosímil?

—Lo siento, es que… —se disculpó Joe, presentando menor dificultad que Caitlin para volver a ponerse serio—. ¿Caitlin? —Barry volvió a asentir con evidente impaciencia—. ¿Tacones altos, faldas cortas, organiza la oficina por color, siempre llega a la hora… y tú?

—¿Yo qué? ¿Crees que no soy suficiente?

—Oh, no. Yo no dije eso. Sólo que tal vez son demasiado diferentes.

Barry se sintió algo ridículo por reaccionar mal, como si hubiera esperado que Joe considerara grandioso el asunto y agregara cómo siempre supo que él y Caitlin acabarían juntos.

—Ahora que ya sabes quién es, puedo contarte más —decidió, algo más calmado—. Preferiría hacer eso antes de que recibir consejos.

—De acuerdo —aceptó Joe, sonriendo.

Barry le contó a Joe todo lo acontecido, desde la noche que Caitlin y él habían pasado su departamento hasta la mañana en que le presentaron la solución a sus problemas de absorción de calor. Incluyó el hecho de que ahora estaba evadiendo STAR Labs, excepto por algunas noches, cuando corría para subir la carga de la máquina.

—Sólo dilo: Perdí la cabeza —concluyó, al finalizar la última frase de la historia—. Sé que estos… pensamientos y sentimientos han estado aquí desde hace un tiempo, no sé cuánto… pero esa noche cambió todo. Perdí la cabeza.

Joe lo seguía observando con la misma atención, como si aún no hubiera terminado.

—Hace mucho —opinó, al vacío.

—¿Cómo?

—Perdiste la cabeza hace mucho, Barry. No esa noche en específico —Joe le sonrió sinceramente, como intentando que esta vez no iba en son de burla—. Ya sé que tu trabajo es proteger a las personas, incluso aunque no se lo merezcan, y que muchos han pagado por tus errores en el pasado… pero, a esta chica siempre has sentido que le debes más —Si bien Barry estaba muy sorprendido por lo que estaba oyendo, no le estaba resultando del todo desconocido—. Fuiste tras ella arreglando cada desastre que hizo cuando no podía controlar sus poderes, sacrificaste tu carrera aquí para protegerla, sin saber si algún día podrías recuperarla… y, cuando esa singularidad mató a su esposo, no le dirigiste la palabra por seis meses, porque estabas avergonzado. Y ahora estás sentado aquí, con la misma expresión que esa vez, como si le hubieras fallado de nuevo. ¿Por qué?

Barry pensó un poco antes de responder.

—Porque "los héroes mueren" —citó, con la siniestra voz del autor de la frase resonando en su mente—. Complicamos todo, Joe. Caitlin sigue pasando por algunas cosas y quiero ayudarla, no interponerme. Estoy constantemente arriesgando mi vida y ella ha perdido mucho. No quiero que pierda nada más… tal vez ella tampoco quiere perder a nadie más y yo debería respetar eso. Sé que un 'nosotros' se le pasó por la cabeza, pero sólo fui una posibilidad… en cambio, para mí… —Barry se llevó una mano al pecho, tratando de alejar otra breve visión de Caitlin en Jitters. Ella tenía su mano en el mismo lugar de su cuerpo—. Para mí es ella ahora.

—Pero ella no sabe eso y tú no piensas decírselo —adivinó Joe, contrayendo las cejas con desaprobación—. Te vas a callar de nuevo y a darte vuelta uno, dos, tres o cinco años entre distintas excusas para no decirle lo que sientes, sólo porque crees que sabes lo que ella piensa. Vas a dejar que, ahora que gracias a esa máquina podrá llevar una vida más normal, alguien más se te adelante.

—Joe… —intentó interrumpir Barry, pero fue detenido por un dedo en alto.

—Caitlin ha sacrificado seres queridos, tiempo libre y noches de sueño para quedarse a tu lado, Barry. No importa si empiezas una relación romántica con ella o no, es demasiado tarde: ya estás en su vida. ¿En serio crees que, si te pasa algo, el que seas sólo su amigo la impactará menos? No te escudes en la benevolencia sólo porque tienes miedo de oír una verdadera respuesta. ¡Déjame terminar! —Barry se enderezó con una mano en alto, pero Joe se la bajó con un palmetazo—. ¿Por qué no resignificas esa frase? "Los héroes mueren". Siempre he creído en tu final feliz, pero nunca sabes lo que puede pasar. Si estás tan pesimista respecto a tus posibles destinos, aprovecha el día. Deja de evitar a tus amigos, ve a STAR Labs y cuéntale a Caitlin acerca de su conexión a la fuerza de la velocidad y toda esa cursilería que me explicaste… da el primer paso. ¿Qué pasa si ella está igual que tú y sólo se antepuso a la situación? —Barry lo miró sin entender—. Barry, has usado el mismo mecanismo de defensa por años: esperar una señal obvia que tú tampoco estás dispuesto a dar. Tal vez Caitlin se antepuso a los hechos, tal vez esto no fue sólo por sus poderes o porque sean amigos, tal vez… cierto amor de juventud tuyo luce como demasiada competencia.

Si bien ese último comentario por fin distrajo a Barry de su dolor, lo recibió como un duchazo de agua helada. Joe y él nunca habían llegado a tener una conversación verdadera sobre su ruptura con Iris.

—Gracias por apoyarme con esto, sé que debe ser difícil para ti —dijo, decidiendo enfrentar la situación.

—¿Por qué? —inquirió Joe.

—Iris… tú sabes. Creo que sigue enfadada conmigo.

—Eso es gracioso. Ella… —Joe removió su celular del bolsillo, encendió la pantalla y se la enseñó a Barry— me dijo exactamente lo mismo sobre ti.

—Es ella la que contesta mis mensajes con monosílabos —se explicó Barry, al terminar de leer.

Joe dio un resignado suspiro.

—Okay, no le digas que te dije o me matará: conoció a alguien en Francia —declaró, atropellando una palabra—. Está asustadísima de decírtelo, de que todavía… bueno, tú sabes.

Irónicamente, aquel era el primer momento de esa semana en el Barry se sentía tan liviano y aliviado.

—Tuvimos mucho tiempo para arreglar nuestra amistad antes de que se fuera, Joe. Era por eso que me preocupaba el silencio —concluyó—. Esto es algo que jamás habría dicho hace un año, pero: Me alegra que se me haya adelantado.

Joe sonrió.

—Llámala pronto, ¿quieres? —le dijo a Barry, yendo hacia la puerta—. Y piensa acerca de todo lo que te dije.

Barry asintió. En cuanto Joe se fue, volvió a revisar su celular y, antes de poder arrepentirse, le envió un mensaje a Cisco para invitarlo a que se tomara algo con él la noche siguiente.


Esa noche, Barry se quedó en el laboratorio trabajando horas extra y esperó hasta las nueve para detenerse frente a la puerta del departamento de Caitlin. Bufó con ansiedad ante lo ruidosa que fue la ráfaga que atrajo con su aparición, ya que todavía no había descartado la posibilidad de arrepentirse de lo que iba a hacer.

Al no oír movimiento provenir del interior, respiró hondo y recorrió el pasillo tres veces, murmurando lo que tenía que decir para no dejar nada fuera. Estaba claro que su mayor motivación para correr hasta ahí era ver a Caitlin, porque no se sentía ni remotamente listo. Imágenes de la noche que habían pasado juntos se colaban con insistencia en su mente, como una esperanza infundada de que las cosas salieran bien. Era obvio que Barry quería demostrarle que era apreciada, que podía ser feliz y que él era el más idóneo para compartir dicha felicidad con ella… pero también estaba consciente de que tendría que respetar su decisión si no lo conseguía.

11 días antes.

Eso no es posible —comentó Barry, agarrando un puñado de palomitas y pasándole el bol a Caitlin por sobre la manta que los cubría a ambos en el sofá.

Lo es —aseguró Caitlin, recibiendo el bol y retrocediendo el documental con el control remoto—. El Dr. Wells… Thawne —se corrigió, rodando los ojos— y yo iniciamos el proyecto cuando estabas en coma, pero nadie confió lo suficiente en nosotros como para comprarlo. Funciona. Fue una de las pocas cosas que aprendimos del acelerador de partículas.

Caitlin, nadie ha tenido éxito con ese experimento…

Teletransportamos un trozo de tejido a la sede de Coast City. Vamos, Barry. ¿Cuántas veces hemos violado las leyes de la física?

Ya sé, pero, ¿sólo con instrumentos de laboratorio? —Barry presionó el botón para retroceder el documental y oír esa parte por tercera vez—. Imposible.

¿Quieres apostar? ¿30 dólares?

Hecho.

Hecho. Te mostraré mañana.

Muéstrame ahora. Vamos al laboratorio.

Oh, no. Estoy cansada… ¡BARRY!

Caitlin se arrinconó contra la bracera del sofá cuando él se ladeó para agarrarla por la cintura.

No… quiero… ir —rió, intentando empujarlo fuera del sofá con las piernas—. ¿Por qué estás tan desesperado por estar equivocado?

No vas a tener que dar un solo paso, vamos —rió Barry, abriéndose paso entre el ataque y pasando sus brazos por debajo de la espalda de ella—. ¡Quiero verlo!

Caitlin rodó sobre sí misma y derribó a Barry de espaldas sobre el sofá, quedando sentada a horcajadas sobre él.

¿Cómo rayos hiciste eso? —inquirió Barry, con un vacío de susto en el estómago.

Vi a Diggle y a Oliver entrenando la última vez que estuvimos en Star City —jadeó Caitlin, con una sonrisita petulante—. Qué gracioso, los oí diciendo que este tipo de cosas no funcionaban contigo.

Barry sabía que tal vez era momento de separarse, pero la adorable vista de Caitlin, llevando una sudadera suya y ni una sola gota de maquillaje, lo había dejado perplejo. Fue un alivio examinar la expresión de ella y darse cuenta de que él no era el único que, al parecer, se había congelado en ese momento. En un movimiento instintivo, levantó su mano unos centímetros, con la intención de colocar un mechón rebelde de cabello detrás de su oreja, pero la de Caitlin la encontró a medio camino y llevó de vuelta al cojín, entrelazándola con la suya. Barry le sonrió, en un intento de preguntar silenciosamente qué estaba ocurriendo, pero temió que eso pudiera frenar el curso de lo que él creía que estaba ocurriendo.

Ella siguió con sus pupilas todos y cada uno de los movimientos de las de Barry, como hipnotizada, mientras él intentaba pensar en escenas del crimen y cadáveres para controlar su respiración, la 'situación' dentro de sus pantalones y el desconocido revoloteo que sentía en el estómago. Como si la tortura de su mirada clavada en la suya no fuera suficiente, Caitlin llevó sus dedos al costado izquierdo de su clavícula y comenzó a dar rítmicos golpecitos en esa zona. Barry giró la cabeza como un cachorrito curioso al verla reírse.

¿Estás midiendo mi frecuencia cardíaca? —rió Barry—. ¿Es en serio?

Ya no necesito el estetoscopio, la memoricé —confirmó ella, orgullosamente—. Estás… algo acelerado.

Barry usó sus brazos como soporte para enderezarse y se sentó, sin remover a Caitlin de su regazo, pero sin atreverse a descansar sus manos cerca de ella tampoco. Su corazón se saltó un latido cuando ella subió su mano a su cuello, para sentir su pulso carotideo… y dio una dolorosa voltereta cuando, después de lo que parecieron siglos, colocó su frente contra la suya y acunó su rostro en ambas manos con decisión. Barry, esperando hacerlo bien, intentó que sus ojos denotaran un 'sí' cuando volvió a alinearlos con los de ella.

Cuando Caitlin chocó sus labios con los suyos, él ya estaba listo para recibirla. Sus bocas se abrieron y cerraron en perfecta sincronía, como si no fuera la primera vez que se encontraban. Sin embargo, la necesidad, evidenciada por las respiraciones entrecortadas y el vaivén en el que ambos se movían, delataba una experiencia nueva y largamente esperada. Barry por fin encontró una tarea para sus manos y recorrió los contornos de su cuerpo hasta llegar a sus muslos. El pequeño sonido que salió de su garganta fue la señal que había estado esperando para colocar los brazos bajo las piernas de su amiga y ponerse de pie con ella. Ella no dejó de besarlo mientras Barry la cargaba casi a ciegas hasta su dormitorio.

Hoy.

"Ella quería saber si estaba nervioso" se dijo Barry, recordando el detalle del pulso.

Con ese repentino arrebato de confianza, por fin tocó la puerta.

Caitlin abrió un segundo después. Llevaba el cabello liso y se estaba cerrando una bata de levantar.

—Sabías que estaba aquí —la acusó Barry, rodando los ojos.

—No quería forzarte a hablar —dijo ella, con una sonrisa de bienvenida que inmovilizó a su amigo en su sitio. Percibiendo su incomodidad, la doctora cruzó el umbral de la puerta y lo rodeó con sus brazos—. ¿Dónde has estado?

Barry hundió el rostro en su hombro como única respuesta, temiendo que devolverle el abrazo lo hiciera llorar. El que ella intuyera que la ausencia se había debido a algo emocional y su primera reacción fuera confortarlo, le tocó la fibra más sensible y lo deshizo por entro. Su suspicacia y su compasión eran dos grandes razones para tener a Caitlin como amiga, pero nunca había valorado tanto ambas cualidades como en ese momento.

—¿Puedo pasar? —pidió, con la voz hecha un hilo.

Caitlin le frotó la espalda y jaló de él hacia el interior del departamento, sin romper el abrazo. Lo soltó una vez que ambos estuvieron adentro y cerró la puerta detrás de ella.

—Cisco y yo estábamos muy preocupados, pero no quisimos invadirte —comentó Caitlin. Si bien su tono seguía siendo comprensivo, Barry ya percibía cómo estaba induciendo sutilmente el interrogatorio—. Creo que no habíamos pasado tanto tiempo separados desde…

—Desde que Zoom te secuestró —completó Barry, sufriendo una abrupta ola de ira.

—Iba a decir 'cuando me fui a trabajar a Mercury Labs', pero tienes razón.

Barry se frotó sus irritados ojos e intentó pararse lo más derecho posible, porque repentinamente se sentía a punto de descomponerse. No le había mentido a Joe con lo de que no quería arrastrar a Caitlin a otra relación que podría terminar en tragedia pero, ahora que la tenía en frente, comenzaba a darse cuenta de que su culpa era mucho más grande que eso: no sólo le había fallado a Caitlin el día en que Ronnie había muerto, sino que muchas veces más. Sus propios asuntos siempre vinieron antes de hacer intentos reales por protegerla del peligro o ayudarla a lidiar con sus poderes, de los cuales también había sido causante.

Una vez más se preguntaba: ¿Qué pretendía? ¿En serio esperaba que ella corriera a sus brazos con una lastimera confesión? ¿Después de todo lo que había hecho por él y que él apenas le había devuelto?

No obstante, ya estaba ahí y pretendía continuar con su propósito, que era decirle la verdad. No porque se mereciera a Caitlin, sino porque era lo correcto.

—Estaba tan enfocado en recuperar mis poderes que nunca… —comenzó, con la voz rompiéndose un poco más con cada palabra—. Fui tan egoísta. Tú me necesitabas, y yo…

—¿Por qué estamos hablando de esto ahora? —intervino Caitlin, cruzándose de brazos. Su sonrisa se había teñido de cierta precaución—. ¿Y cómo esperabas salvarme sin tus poderes?

—Él te dejó ir, ¿puedes imaginar lo que habría pasado si… ? —Barry se llevó las manos a la nuca, incapaz de continuar con ese tema. Los latidos de su corazón estaban alcanzando velocidades incómodas—. Y los poderes, estuviste sola con todo eso… —Volvió a frotarse los ojos insistentemente. Se suponía que esto iba en serio, no podía permitirse llorar en frente de ella—. Es mi culpa, todo lo que te ha pasado es mi culpa…

—Barry, por favor no me digas que desapareciste por lo que pasó aquí. Se terminó —Caitlin le enseñó sus manos despreocupadamente, como indicándole que su piel no estaba ansiando calor—. Salvaste mi vida.

—No sé qué decirte, ni siquiera sé qué decirte…

—¡Barry! —Caitlin lo agarró bruscamente de los hombros y la forzó a mirarla—. Siéntate.

Barry dejó que ella lo empujara al sofá y le soltara el primer botón de la camisa.

—¿Puedes respirar? —preguntó su amiga. Suspiró al recibir un agitado asentimiento departe de Barry—. Gracias a Dios, creí que era un ataque de pánico. Voy a traerte algo de agua…

—Te amo, Caitlin.

Esta vez, las respiraciones de ambos se detuvieron, sumiendo la sala en un silencio sepulcral que se extendió por varios segundos. Caitlin retrocedió los dos pasos que había dado lejos del sofá y volvió a sentarse, con una mano sobre la boca, como si estuviera a punto de vomitar. Las cejas tristemente arqueadas le indicaron a Barry que no tenía que clarificar qué clase de "te amo" era ese.

—¿Qué? —bisbiseó, con el aliento contenido.

—Cait, estoy enamorad… —intentó especificar, antes de ser interrumpido.

—No, no, no, no —Ella abrió y cerró la boca varias veces, como una corista que se niega a aceptar su afonía—. Ahora yo estoy teniendo el ataque de pánico…

Barry sostuvo las manos de Caitlin con firmeza, tratando de que su incredulidad no lo hiriera.

—Sé que esto parece de la nada —continuó Barry—. Y sé que parece muy ligado a lo que pasó entre nosotros, pero… no es así. No es tan así. Mentí sobre Cisco esa noche: No sé si estaba muy ocupado para ir a mi departamento, porque ni siquiera lo invité —Caitlin se llevó la mano a la frente con cierto tedio, lo que sólo lo puso más nervioso—. Es sólo que ahora que Wally se fue a Keystone, Iris se fue a Francia y Harry nunca está con nosotros… ahora que volvemos a ser nosotros tres, Cisco, tú y yo, me he dado cuenta de que tú y yo…

Barry se detuvo al ver que Caitlin bajaba la mano y revelaba unos brillantes ojos irritados, y recordó con horror la primera vez que había hecho una declaración como esta, cuatro años antes, a una chica que había tenido la misma muda reacción.

—Caitlin, tú y yo alguna vez tuvimos una conexión… y la perdimos —declaró, remontándose a un tiempo en que Caitlin parecía una posibilidad muy oculta entre su nueva vida de superhéroe y su terco amor hacia una mujer comprometida—. Alguna vez tuvimos muchos de estos momentos de entendimiento… hablamos de nuestras pérdidas, de nuestros desamores, nos dimos cuenta de que era divertido pasar tiempo juntos... pero siempre había algo que nos impedía vivir esa amistad al máximo. Esa noche en mi departamento sólo quería traer algo de eso de vuelta… porque, de toda la gente que ha pasado por mi vida, tú eres una constante —Barry tragó y frenó el flujo de agua juntándose en sus ojos con terquedad, al ver que Caitlin acababa de enjugarse sus primeras lágrimas—. Siempre has sido importante para mí. Tanto que, considerando la situación, me es imposible decir que sólo me gustas. Te has quedado durante las más ridículas crisis, has perdido cada cosa buena que te ha pasado… no siempre has podido contar conmigo, pero yo no recuerdo una sola vez en que no haya podido contar contigo. Y me mata, me mata que daría un brazo para que tuvieras dos o tres grandes razones para sonreír… cuando la verdad es que no me necesitas, porque sonreír es lo primero que te veo hacer cada mañana.

Barry se detuvo, en un intento de amenizar el bombardeo de declaraciones y darle la oportunidad a Caitlin de acotar, pero ella no hizo ni el intento. Permanecía estática en su sitio, con las manos debajo de las de Barry y el café de sus pupilas luchando por dominancia sobre el blanco. Cuando lo logró, el flujo de lágrimas retomó su curso. Barry se alegró no sólo de que recuperara el control, sino también de que diera señales de emociones fuertes, aunque no fueran más que rabia hacia él por arruinar la amistad que ella tanto había intentado proteger.

—No intentaba ser un caballero o hacer lo correcto a la mañana siguiente: esa noche significó mucho para mí —le aseguró, algo descorazonado al verla llorar en silencio. Había entrado a esa sala odiándose por todo el dolor que le había causado y sólo le estaba causando más, pero no podía permitirse este secreto entre ambos—. Básicamente lo único que hicimos fue avanzar en terreno no explorado… porque la respuesta siempre estuvo ahí. Cuando te quedaste dormida en mis brazos, yo sólo… lo supe. Lo supe como si hubiera sido obvio desde el principio. No tuve que pensarlo como palabras, no tenía idea de qué te diría en la mañana… sólo quería que, cuando despertaras, aceptaras pasar un poco más de tiempo conmigo. He estado acumulando esto desde no sé cuándo y de pronto exploté... porque sé que no te merezco y no he hecho suficiente para hacerlo, pero… creo que nuestro tiempo no había llegado hasta ahora. Todos los viajes en el tiempo que no debí hacer me enseñaron que ciertas cosas pasan por una razón y que no uno, sino varios eventos que nos trajeron a este momento. Caitlin, creo que eso tenía que…

Caitlin se separó de Barry y se enjugó las lágrimas decididamente, resoplando con furia.

—Trabajamos juntos —gruñó, parándose del sofá y agarrando una taza sucia de la mesa de centro.

Barry se permitió unos segundos de shock y la contempló avanzar en estampida hacia la cocina sin agregar nada, luego corrió tras ella y apareció a su lado en frente del lavaplatos. La ventisca que le agitó el cabello sólo pareció irritarla más.

—Cait —la llamó Barry, intentando frenarla de enjuagar la taza por décima vez.

—No me llames así —dijo ella, cerrando la llave y secándose las manos con una toalla de papel.

—¿Por qué estabas llorando?

—Trabajamos juntos, Barry, esa es la única respuesta que necesitas.

—No quiero saber por qué no puede ser, Caitlin —explicó Barry, enfatizando desdeñosamente en su nombre completo—. Quiero saber cómo te sientes.

—Como que quiero hacerte una quemadura de hielo en esa linda cara tuya.

Caitlin trató de colarse por el costado de Barry, pero él dio un sutil paso hacia el lado para bloquearle la salida de la cocina.

—¿Por qué lo empezaste? —le preguntó, saltándose los rodeos—. ¿Por qué me besaste?

—Porque estábamos solos y me siento cómoda contigo, yo… —Caitlin tartamudeó y se frenó, como si temiera decir algo de lo que se podría arrepentir—. Barry, hace diez días no podía salir con quien quisiera…

—Entonces me usaste.

—¿Qué quieres que te diga? ¿Qué siento lo mismo? ¡Acabas de lanzar una bomba!

—Me habría conformado con escuchar que fui más que una entretención.

—Okay, no tengo idea de por qué hice lo que hice, pero eso no es justo —le advirtió Caitlin, sosteniéndole la mirada—. Tú y Cisco son mi mundo. Haría lo que fuera por ustedes, así que no me acuses de indiferencia.

Barry se detuvo ahí y bajó la cabeza, apenado. Su egoísmo estaba arruinando su plan original, que era decirle, desinteresadamente, a una chica que la amaba.

—Perdóname —se disculpó —. Pude haber muerto hace diez días… cuando te di mi calor. No te lo estoy sacando cara, sólo quiero que sepas que haría lo que fuera por ti también, incluso si no me dices lo que quiero escuchar.

—Déjame preguntarte algo —propuso ella—. ¿Estás seguro de que habrías hecho lo mismo cuando no estabas 'enamorado' de mí?

Barry lo pensó un momento, sin querer dar una respuesta apresurada.

—Eso pensé —asumió Caitlin, sin poder ocultar un dejo de pena—. Barry, vives cada pequeña emoción más fuerte que todos nosotros. Das un trozo de ti a todos los que conoces y acabas de terminar una relación con alguien que quisiste la mitad de tu vida…

—Eso fue hace un año, Caitlin, no puedes marcarme de por vida sólo porque… —explotó Barry. Antes de que ella lo interrumpiera, se preguntó brevemente Joe tal vez sí tenía algo de razón.

—Sólo estoy diciendo que no sabes quién eres sin eso… —La doctora sacudió la cabeza con cansancio y se apoyó contra el mueble de cocina—. Créeme si te hubieras ido a tomar algo con otra chica esa noche, probablemente ella sería la que estaría oyendo todo esto…

—Estás… tan equivocada…

Barry se llevó una mano a una muñeca, sintiendo ese fuerte torrente de energía que lo invadía cada vez que estaba envuelto en una situación particularmente emocional con Caitlin. Intuyó que la leve vibración en sus dedos se debía a que ella lo estaba hiriendo, y la Fuerza de la Velocidad lo urgía por moverse hacia otro sitio.

—Te vas a volver a enamorar, pero no así —finalizó Caitlin. Barry intentó encontrar aunque fuera un dejo de decepción, pero su lado más pesimista sólo parecía indicarle que la estaba hartando—. No en este contexto. Barry…

—No, no, no —la paró Barry, levantando las manos delante de sí—. No me digas que 'merezco algo mejor que eso'…

Pero no llegó a saber si eso era lo que ella quiso decir, porque se llevó un dedo al oído cuando dos estruendosos pitidos interrumpieron la parte más acalorada de la conversación. Caitlin corrió hacia la sala para su celular de la mesa de centro, en tanto Barry se quitaba el suyo del bolsillo para desactivarlo.

—El botón de pánico de Cisco —avisó Caitlin.

Barry se tardó un poco en reaccionar cuando ella, a la luz de la emergencia y notoriamente incómoda, colocó sus brazos alrededor de su cuello. Él, carraspeando, pasó un brazo por debajo de sus rodillas y emprendió carrera hacia el córtex de STAR Labs.

—Tenemos un problema —anunció Cisco, notoriamente aliviado de ver a sus dos amigos ahí.

Cisco estaba de pie en medio del córtex, amarrado de pies a cabeza. Peters, el metahumano atraviesa-muros que se les había escapado, apuntaba con una mano a su pecho. Pero eso no era todo: tres hombres armados, más bien tres duplicados de Mirror Master, lo apuntaban con una pistola desde distintas direcciones. Estaba libre.

—¿Qué lo que quieres, Scudder? —exclamó Barry, bajando a Caitlin—. ¿Y cómo es que estás libre?

—Lo que Snart no tuvo las agallas de hacer: matarte —admitió el criminal—. Gracias por hospedar a Peters en tu tubería, por cierto. Tuvimos un increíble tour nocturno que nos permitió encontrar esto.

Se sacó del bolsillo un retorcido y chamuscado pedazo de metal, que Barry no tardó en reconocer: la pistola de su doppelganger, el Mirror Master de Tierra-2, que Harry se había traído a Tierra-1 para encerrarlo en el Mundo de los Espejos.

—Sabía que había sido muy fácil —comentó Caitlin, sacudiendo la cabeza.

—¡Tú! —exclamó Peters, señalándola.

Tan pronto Peters se alejó de Cisco, Scudder hizo desaparecer las tres copias de sí mismo e hizo reaparecer cinco en su lugar, todas apuntando a su amigo. Barry tenía algunas ideas de cómo detectar al verdadero, pero la posición era muy riesgosa. Concentrándose en algo más urgente, intento detener a Peters cuando se aproximó hacia Caitlin, pero pasó a través de él y fue a dar contra el piso.

—Ahora los tenemos a ambos —celebró el atraviesa-muros, quien tenía a Caitlin fuertemente aprisionada con un brazo alrededor de su cuello.

—Oh, no haría eso si fuera tú —le comentó Cisco, haciéndole un gesto a Barry por el rabillo del ojo, para que no intentara interferir nuevamente.

Caitlin le dedicó una leve sonrisa, cerró los ojos y frunció el entrecejo. En cosa de segundos, Peters la soltó, entre chillidos de dolor. Barry, anonadado, se fijó en el cuello de su amiga: un extraño collar de púas de hielo, ahora cubierto de sangre, había aparecido en esa zona. Cisco dio un grito de alegría.

—¡Tal como lo practicamos! —celebró, agitándose dentro de sus ataduras—. Perdona si no puedo aplaudir.

Sin desaprovechar la oportunidad, Barry se escabulló por detrás del adolorido metahumano, quien no alcanzó a oír las advertencias de Scudder antes de que él le diera un codazo en la nuca, enviándolo inconsciente al suelo.

—Qué asistente tan inútil tienes, Scudder —rió Barry, chocando los cinco con Caitlin—. Deja ir a nuestro amigo, es a mí a quien quieres.

Mirror Master, furioso, empujó a Cisco hacia sus amigos. Al ver que ya no estaba haciendo amenazado, este envió un impulso vibratorio desde todo su cuerpo para romper las cuerdas que lo ataban.

Scudder repitió el proceso de hacer desaparecer sus copias y, esta vez, replicó al menos doce para rodear al trío.

—Ustedes tres son una verdadera molestia —dijeron doce voces al unísono—. Tanto, que mataré a uno. No a Barry, obviamente, eso queda para otro día —rió—. Pero veamos qué tan bien juega a la ruleta rusa.

Barry examinó tranquilamente el entorno y a los doce Scudders en cámara lenta, listo para detener la primera bala que viera. En eso, Caitlin, quien estaba entre él y Cisco, deslizó una pierna y cruzó la mitad de su cuerpo en su camino.

—¡Está mintiendo! —exclamó ella, levantando sus manos delante de sí y dibujando un círculo en el aire.

Once Scudders desaparecieron en ese momento, dejando únicamente al que estaba alineado con el campo visual de Barry, el original. Barry se detuvo en seco en su sitio sólo para oír un sonido de succión. Las milésimas de segundo que mantuvo su vista en Scudder los dedicó a esperar un estruendoso disparo para llegar a quitar a Cisco y a Caitlin del camino.

No fue hasta que vio tres gotas de sangre en el espacio de suelo entre él y Caitlin, y el improvisado escudo de hielo (con un agujero en el medio) que ella sostenía, que se dio cuenta de lo que acababa de ocurrir.

Scudder llevaba una pistola con silenciador.

—Oh no, ¿cómo te diste cuenta? —se quejó este mirando a Caitlin, quien se estaba cubriendo un espacio bajo las costillas con la palma.

—¡CAITLIN! —gritó Cisco, corriendo hacia ella para ayudarla a desplomarse en el suelo.

Barry entró en un limbo momentáneo, incapaz de reproducir un pensamiento coherente en su cabeza, pero sus extremidades respondieron al ver a Scudder entrar en desesperación, dispuesto a disparar al aire. Corrió a súper velocidad y detuvo tres de las balas que disparó hacia él y sus amigos. Pero, cuando se disponía a dejar caer la fuerza de su furia sobre su enemigo, un rayo azul lo impactó y arrojó al suelo.

Barry se giró para ver a Harry Wells aparecer en la escena con un arma parecida a una bazuca.

—Siempre carga el arma más grande —comentó, colocándosela al hombro.

Barry corrió hacia Mirror Master, se sentó con las rodillas sobre su torso, sacó de su bolsillo el pequeño espejo que acarreaba y lo rompió.

—Te tengo —dijo, con desdén.

—Eso es lo que tú crees —rió, con sus dientes cubiertos de sangre.

Antes de que Barry pudiera hacer nada, acercó sus dedos a un trozo de espejo minúsculo que había quedado junto a él y desapareció debajo de su cuerpo. Barry cayó sobre sus rodillas en el suelo.

—¡Maldita sea! —exclamó al darse cuenta de que, además, Peters tampoco estaba donde lo habían derribado.

Sabiendo que no podía ocuparse de eso en ese momento, Barry corrió hasta donde Cisco intentaba parar la hemorragia de Caitlin con sus dos manos sobre la herida.

—Lo siento, lo siento tanto —le dijo Barry, horrorizado—. No lo vi.

Al arrodillarse junto a ella, intercambió una mirada de pánico con Cisco.

—¡No me mires a mí! Soy mecánico, ¡mecánico! —exclamó él, en estado de shock.

—No… no… no rozó mis pulmones… o mis costillas —gruñó Caitlin, colocando su ensangrentada mano sobre las de Cisco para detener más efectivamente la hemorragia—. Pero tienes que remover la bala.

—Te voy a llevar al cuarto médico.

—No, ¡no! Escúchame…

—Caitlin, necesito moverte para…

—¡Bala afuera y hemorragia detenida! ¡Cuarto médico después!

Barry, quien la había elevado dos centímetros, volvió a depositarla en el suelo.

—Ya sabes qué hacer —declaró Caitlin, descansando su cabeza en el suelo.

El saber que ella se refería a vibrar su mano a través de su abdomen, volvió a paralizar a Barry en su sitio. Un loop de malos recuerdos danzaron delante de sus ojos.

—Podría lastimarte —le dijo, sintiendo como su frente se perlaba de sudor conforme el miedo se apoderaba de él—. Nunca lo he hecho en alguien. Él mató a mi papá así…

—Allen, no sentí nada cuando él removió una bala de mí —terció Harry, arrodillándose entre él y Cisco para rememorar la vez que Hunter Zolomon le había salvado de la vida—. Hazlo.

Barry se pasó una manga por la cara, porque el sudor le estaba cayendo a los ojos.

—¡ALLEN! —rugió Harry, intentando, mediante golpecitos en el rostro, que Caitlin no perdiera el conocimiento.

Barry apenas podía oír, porque estaba en medio de la más absurda encrucijada de su vida. Como Joe había expresado, sentía que le había fallado a Caitlin tantas, pero tantas veces que la repentina presión se había apoderado de él.

—Barry —musitó Caitlin, con un hilo de voz e incapaz de enderezarse—. No hay nada… que ese… no hay nada que él haya podido hacer que tú no puedas —aseguró—. No lo digo porque te necesite más que nunca… pero creo en ti.

La sonrisa con la que Caitlin coronó el comentario relajó un poco a Barry, quien intercambió una liviana carcajada con Cisco. Barry se concentró con todas sus fuerzas y vibró su mano través de su cuerpo, concentrándose en encontrar el minúsculo trozo frío de mental. Aliviadísimo, liberó todo el aire contenido en sus pulmones una vez que su mano estuvo fuera. Acto seguido recibió la camisa de Cisco, la extendió alrededor de la cintura de Caitlin, la anudó sobre la herida y corrió con ella hacia el cuarto médico para comenzar a administrar desinfectantes.


Barry descansó su cabeza sobre el borde metálico de la camilla. Eran las cuatro de la mañana y había cuidado de no pegar ojo, porque quería estar seguro de que Caitlin iba a estar bien cuando despertara. Había considerado llevarla al hospital varias veces en esas horas de la madrugada, pero se habrían arriesgado a que los doctores descubrieran el gen metahumano en su cuerpo.

Casi como si su cansancio la hubiera invocado, Caitlin despertó con un leve respingo y reaccionó con algo de ansiedad a la mascarilla en su nariz.

—No te la quites —la regañó Barry, agarrando su muñeca con suavidad para impedirle que se llevara la mano a la cara—. ¿Cómo te sientes? ¿Te duele?

—No demasiado. ¿Por qué me pusiste esto? —preguntó, señalando la mascarilla entre jadeos—. Es muy dramático. Me siento como en una escena de Hospital General.

Barry liberó una ronca risotada y se despeinó con una mano, infinitamente aliviado. El embotamiento que sintió en el cráneo recién le informaba lo asustado que realmente había estado.

—Estabas equivocada: el solo impacto te fracturó dos costillas —le informó, al verla tanteando la faja que Barry le había puesto debajo del pijama—. Apenas podías respirar cuando todavía estaban completamente rotas.

—¿Cuándo 'todavía' estaban rotas? —repitió.

Barry tomó el iPad de Caitlin de la mesa plegable y le enseñó las radiografías que Cisco le había tomado: una de cuando le habían disparado y otra de hacía veinte minutos.

—¿Cómo? —preguntó ellla, al darse cuenta de la evidente mejoría entre la una y la otra.

Barry alzó su muñeca y le enseñó la intravenosa que tenía puesta. Caitlin siguió el tubo hasta su propia muñeca, perforada con otra intravenosa.

—Como nos dejaste, tuvimos que improvisar para asegurarnos de que estarías bien —comenzó a explicar Barry—. Alguna vez dijiste que tenías unas instrucciones de emergencia, así que Cisco revisó tu computadora y extrajo unas notas muy interesantes… que borraste el 2014 —Barry le dedicó una ojeada inquisitiva, a la que Caitlin no reaccionó enseguida—. Aparentemente, una transfusión de mi sangre acelera la regeneración de tejido en otros. No es tan rápido como mi propia curación, pero funciona.

Caitlin se quitó la mascarilla e inhaló y exhaló hasta acompasar su respiración. Barry detectó cierta vergüenza en la forma en que ella intentaba, a toda costa, evitar su mirada.

—Caitlin, ¿por qué no dijiste nada?

—Precisamente por esto. ¿Hace cuánto que lo tienes puesto? —gruñó ella, alzando su muñeca con la intravenosa—. Sabía, sabía que irías por ahí haciendo transfusiones o queriendo donar células madres a parapléjicos, hasta que eventualmente te expusieras al mundo. No eres una rata de laboratorio —Con algo de dificultad, logró enderezarse un poco, como queriendo comprobar su umbral de dolor. Ya que no le habían administrado ningún calmante, era un hecho que la herida también estaba sanando bien—. Además, era todo teórico… pero estoy muy agradecida.

Barry disfrazó su conmoción detrás de una pequeña sonrisa. Más de una vez había quedado implícito que la explosión del acelerador de partículas había arruinado las carreras profesionales de Caitlin y Cisco. El que ella se hubiera negado a publicar un descubrimiento científico revolucionario, cuando apenas llevaban semanas de conocerse y pudo haberlo dejado para hacer una nueva vida normal, significaba mucho como para ponerlo en palabras.

Barry hizo una pausa larga y se quedó observándola de esa forma que sabía que la ponía incómoda: una mezcla de diversión e infinito respeto.

—¿Qué? —preguntó ella, ya notoriamente ruborizada debajo de la mascarilla.

—Nada —rió Barry, continuando con un hondo suspiro—. Es que no sé qué es peor: Si el hecho de que tú no sepas lo increíble que eres o el que yo apenas esté dimensionando cuánto —Evaluó hasta dónde llegar, al ver a Caitlin observarlo con cierta tristeza—. Gracias… pero no vuelvas a hacer algo como esto. Me has asustado de muerte dos veces este mes.

Caitlin liberó algo entre una tos y una risa sardónica.

—Diecinueve veces —suspiró, levantando su dedo índice débilmente—. Llegaste diecinueve veces herido de gravedad en tu primer mes como Flash. Te cosí, parché y reacomodé huesos. Incluso te envenenaron… todo en un mes. Creo que yo lo estoy haciendo bastante bien.

—¿Eso significa que ya estás lista para salir del closet de superhéroes? —bromeó Barry.

—Sólo si tengo permitido elegir un rango de edad. Creo que los ojos todavía asustan un poco a los niños.

Si bien Caitlin había intentado aligerar la situación gastando bromas, ahora lo estaba mirando expectante. Barry sabía que no podía seguir ignorando que tenían una conversación pendiente, así que tomó una muy dura decisión. Una que ya podía considerar como una de las más difíciles que había tomado en mucho tiempo. Coló su mano por debajo de la barandilla de la cama y tomó la de Caitlin.

—Lo que te dije en tu departamento… es la verdad. Y cumplí con hacértelo saber —dijo en un murmullo, por si Cisco estaba cerca—. Encontraré una forma de lidiar con ello, porque es mi problema, no el tuyo… nada tiene que cambiar —citó, intentando ni teñir la frase con cierto desdén—. ¿Puedes seguir conviviendo conmigo sabiendo esto?

Caitlin asintió acentuadamente y sonrió debajo de la mascarilla.

—Duerme un poco, ¿quieres? —le pidió a Barry—. No aquí —especificó, al verlo entrelazar sus brazos sobre la mesa plegable.

—No te voy a dejar —bostezó él, dando un pequeño cabeceo—. Envié a Cisco a dormir a su taller, porque me estaba poniendo muy nervioso. Yo te cosí lo mejor que pude, pero la herida podría volver abrirse.

—¿Tú me cosiste? No puedo creer que no estaba despierta para ver eso —Caitlin tanteó el costado de la almohada para encontrar un interruptor suspendido de un cable—. Tengo este timbre con el que tanto les gustaba jugar a ti y a Cisco cuando me tocó hospitalizarlos a ambos.

—No, de ninguna manera. Iré por una bolsa de dormir…

Un par de pasos interrumpieron la pequeña discusión.

—Hola, Harry —saludó Caitlin, alegremente, al ver a Harrison Wells ingresar al cuarto médico.

—Es bueno verte despierta, Snow —respondió él, manteniendo su distancia de la cama, como siempre que quería evitarse sentimentalismos—. Allen, ¿puedo hablar contigo un momento?

Barry miró la intravenosa, algo dubitativo.

—Quítala, estás exhausto —lo alentó Caitlin—. Quedará más que suficiente en mi sistema.

Él obedeció y, luego de ego de desinfectar ambas muñecas, siguió a Harry hacia el pasillo, algo a regañadientes.

—No es que sea asunto mío, pero necesito saber cómo comportarme —anunció Harry, como introducción al tema—. ¿Desde cuándo?

—¿Desde cuándo qué? —inquirió Barry, sin entender.

—Desde cuándo que tú y Snow están juntos.

Barry casi se atragantó con su propia lengua.

—No estamos juntos —aclaró.

—Ahórrame la incomodidad —se impacientó Harry, cruzándose de brazos—. Sólo respóndeme: ¿lo sabe Ramon?

—No, pero…

—Okay, ningún comentario delante de él entonces. Es todo lo que necesitaba.

—Harry —lo frenó Barry, sintiendo que su lengua crecía dos veces su tamaño al intentar elaborar una aclaración más explícita—. No estamos juntos —concluyó sin éxito.

Harry, impasible, arqueó una sola ceja. Acto seguido, levantó un brazo por sobre su cabeza y le dio un fuerte palmetazo a Barry en la nuca.

—¡AUCH! ¿Por qué fue eso? —se quejó él, sobándose la zona.

—¿Por qué no quieres estar ella? ¿Estás loco? —lo increpó, en un furioso susurro.

—¿YO? ¿Estás bromeando? Harry, yo…

Barry comenzó a explicar la situación desde un principio, lo más resumidamente posible y con toda la indignación del mundo, pero Harry lo detuvo cuando llegó a ciertos detalles físicos que no le interesaba oír.

—Demasiada información —soltó el científico—. De verdad no quiero oír sobre cómo te arrastraste, Allen… simplemente piensa en qué pudiste haber hecho para que a ella ni se le pase por la cabeza.

—Nada, Harry, porque apenas me ha dejado hacer algo —se defendió Barry, con angustiosa exasperación en su voz—. Lo que pasó fue un error. Ella no siente lo mismo que yo y está intentando hacerme un bien diciéndomelo.

—Primero, Allen, acabas de decirme que no te dio ninguna respuesta. Segundo —Harry agarró a Barry por los hombros y lo giró hacia el cuarto médico, supuso que con la intención de que mirara a Caitlin por la ventanilla de la puerta—. Esa mujer acaba de recibir una bala por ti… ¿necesito recordarte que eres más rápido que una bala?

—No me percaté de cuando Scudder jaló el gatillo, me salvó la vida.

—Ella no tenía cómo saber no lo esquivarías. Snow puede ser muy abnegada, pero obviamente tenía el cerebro sobrecargado de oxitocina y no estaba pensando con claridad —Harry, con su inexperiencia en relaciones humanas, dio un hondo suspiro antes de arrojar una bomba de verdad: — Viéndolo desde ese punto de vista, tiene algo de razón con lo de no involucrarse con compañeros de equipo.

Barry se giró cabizbajo hacia su amigo de Tierra-2.

—Harry —comenzó, otra vez con dificultad para elaborar una pregunta a partir de una situación tan ambigua—. ¿Cómo supiste que algo ocurría entre nosotros?

Harry tragó saliva imperceptiblemente, pero Barry supo de inmediato que no era la pregunta la que lo había incomodado, si no la cara que debía tener. Podía sentir sus músculos faciales contraídos por la tristeza, sabiendo que estaba buscando la opinión de alguien brutalmente honesto respecto a todo el asunto.

El científico se aproximó a un interruptor, atenuó levemente las luces del pasillo y luego se cruzó de brazos frente a Barry en las tinieblas. Este último no tardó en darse cuenta de lo que Harry quería que viera: sus extremidades generaban pequeños destellos de estática dorada, como si acabara de quitarse un suéter.

—Me fijé en eso las dos veces que te apartaste unos metros de esa camilla —señaló Harry—. Hay una especie de campo electromagnético… no lo sé —Barry sonrió ante la dificultad de su amigo para llevar el tema, y no quiso probar cómo le afectaría que le hablara de la conexión de Caitlin a la Fuerza de la Velocidad. Probablemente vomitaría en el cubo de basura más cercano—. Olvídalo, el punto es… la ciencia es el conocimiento de lo observable… y yo vi algo. "Así decía el hierro al imán: te odio porque me atraes sin que poseas fuerza suficiente para unirme a ti" —citó, acercando su mano al hombro de Barry y depositando una palmada amistosa ahí—. No eres hierro, Barry. Al menos no para ella.

Harry se encogió de hombros, volvió a encender las luces del pasillo y abrió la puerta del cuarto médico.

—Ve a dormir —le aconsejó a Barry, metiéndose por la puerta.

Barry lo observó sentarse junto a la camilla e intentar inducir algo de conversación en Caitlin. Estaba tan cansado que apenas y podía mantenerse en pie o recordar el autor de la frase que Harry le acababa de decir, así que se admitió a sí mismo que necesitaba un descanso y abandonó el laboratorio, luchando levemente con la energía opuesta que parecía jalarlo de regreso.