Disclaimer: Los personajes le pertenecen a J. K. Rowling, lo cual es una lástima porque yo hubiera escrito una saga con Slytherin, sexo, drogas y rock&roll.


Capítulo XLVI: Continued story

"Tonari ni wa atarashii seki. Mirai no tame ni mata deau. Kazaranai mama dekiru dake. Ikite miyou kyou to iu hi. Kanashikute hito wa setsunai. Sore de mo doko made mo michi wa tsuzuku" Hitomi Kuroishi


Liliane Zabini se había separado de James en cuanto había dado el alta de Albus. Se habían despedido con un firme «ya nos veremos» y la certeza de que no sería la última vez que trabajarían juntos. Antes de ir a casa, volvió a andar el camino que había hecho con Emmanuel Nott el día que habían aparecido Jezabel y Antonin, al cuarto solitario donde sabía que una Daphne Nott en coma aun descansaba sin que nada, ni nadie, pudiera despertarla.

Y también sabía que él estaría allí.

—Señor Nott —saludó, abriendo la puerta, viéndolo parado junto al cuerpo inerte de su esposa, parado en la cama.

—Que sorpresa, señorita Zabini —le respondió Theodore Nott alzando una ceja, volviéndose, sin moverse ni un milímetro de donde estaba—. ¿Qué la trae por aquí?

—Los atraparon —soltó Liliane—. A los responsables de los secuestros —confesó—, rescataron a los cautivos.

—Todo San Mungo habla de eso, señorita Zabini —Theodore Nott la volteó a ver, por fin, con una mano sosteniendo el bastón con el que se ayudaba a caminar y otra al borde de la cama donde descansaba Daphne, su esposa—. Sinceramente, ¿ha venido a decirme sólo eso? Porque no veo como eso vaya a ayudar a dormir a mi hija, o a despertar a mi esposa. ¿A qué ha venido a molestarme?

Liliane respiró hondo.

—Lo hice, estuve allí —murmuró.

—Asumo que James Potter lo estuvo también… —dijo Nott.

—Sí. —Liliane se quedó callada, pero vio la mirada de Theodore Nott, que la inspiraba a seguir hablando—. Tuve a uno cerca. A mis pies. Pero… —dejó que sus palabras se apagaran completamente antes de apretar los puños y mirarlo a los ojos—. ¿Por qué no pude matarlo?

Theodore Nott se quedó mirándola un momento, hasta que se acercó a ella, increpándola con la mirada.

—¿Así que todo es por esto? ¿La pureza de tu alma, Liliane Zabini? —Era la primera vez que la tuteaba—. ¿El hecho de que no pudiste matar a nadie allí? ¿O de que no quisiste? —Liliane se quedó callada un momento, hasta que Theodore Nott alzó la manga de la camisa negra, dejando ver la marca tenebrosa que tenía en las manos—. No hace falta tener una de estas para ser un asesino, señorita Zabini. Sólo se necesita un motivo.

—Yo tenía uno…

—Pudiste haberlo hecho, haber matado a quien fuera que hubieras conseguido —le espetó, volviéndose a tapar la marca—. Pero no lo hiciste porque no te dio la gana. Supongo que enhorabuena por tu alma, Liliane Zabini. —Se quedó mirándola, con un tinte sarcástico en los ojos, la sonrisa, en el rostro—. A pesar de todo, eres buena guerrera, sin escrúpulos. Hace veinticino años, te hubieran propuesto unirte a los Mortífagos.

Liliane no supo cómo contestar a eso.

—Nunca lo hubiera elegido. Nunca hubiera matado a nadie por una causa en la que no creía.

Theodore Nott abrió un poco más la sonrisa.

—Si hubiera tenido elección, quizá hubiera dicho eso —le dijo—. Pero no la tuve y cuando maté a alguien, tenía sólo diecisiete años. Era otra época. —Se dio la vuelta para volver al lado de su esposa—. Matar o morir. En esa situación, ¿qué elegirías tú, Liliane?

Liliane no lo dudó ni un momento. Aferrárse a la vida. Costara lo que costara. Y al parecer Theodore Nott había hecho esa misma elección mucho tiempo atrás.

—Matar. —Se quedó callada un momento que le pareció una eternidad hasta que dijo lo siguiente—: Ella escapó. Morrigan. La de los recuerdos. A ella sí me gustaría despellejarla, hacerla que me sulique piedad por todo lo que Antonin ha tenido que sufrir. A nadie más. Pero ella escapó. ¿Qué hará ahora usted?

—¿Qué más puedo hacer? Esperar, Liliane Zabini, esperar. Ella volverá algún día. Los malos tienen ese irrefrenable impulso de buscar revancha cuando han sido derrotados.

«Y el día que ella vuelva, yo estaré esperando», sentenció Liliane Zabini, para sí. Tenía la certeza de que aquel hombre haría lo mismo. Le quedaba poco que perder.


Regresaron a Hogwarts como los héroes que no eran, y definitivamente, quizá nunca serían. Regresaron para pasar sus seis últimos meses en esas aulas y en ese castillo con la sensación de que una fisura en su ser se quedaría siempre con ellos y que nada volvería a ser igual. Que los chismes nunca más volverían a sonar igual y Al incluso pensó, con una nota trágica, que la copa de Quidditch no sería lo mismo si Roxanne no era la capitana del equipo de Gryffindor, peleando por la victoria contra Scorpius, como siempre. Pero Roxanne no volvería a caminar por esas aulas, a menos de que un milagro ocurriera. Y la primera vez que la había visto despierta, con una cara sin lágrimas, pero que denotaba una tristeza infinita y una desesperación aun más profunda, había sentido algo en su interior. Algo que no lo dejaba dormir tranquilo.

—¿Todo cambiará, no? —murmuró Scorpius mientras caminaban por esos pasillos vacíos, en dirección a la sala común de Slytherin, el lugar donde se habían hecho amigos.

—Quizá…

Albus pensó que todo sería completamente diferente, pero no dijo nada. Había pasado los últimos días abrazado a Rose y era la primera vez que estaba lejos de ella desde que lo habían secuestrado. Pero Rose no volvería hasta el siguiente lunes, o hasta que dictaminaran que estaba mejor. Después de un cuarto mugriento, donde lo que predominaba eran las lágrimas de Rose, la sangre que goteaba de las vendas mal puestas y la desesperación absoluta, cualquier cosa era la gloria. Y nada más.

—¡Al! —oyo una voz. La voz—. ¡Scorpius!

Los dos se dieron la vuelta como resortes cuando encontraron a Lily, con el cabello pelirrojo ondeando y la mirada agitada, que parecía haber corrido cuando se había enterado de su regreso. Ella no había conseguido ningún permiso para ir a verlos, así que debía de estar ansiosa.

Al primero que abrazó fue a Albus y luego a Scorpius, con una emoción que no se traducía con palabras. Un «me alegro tanto que estén vivos» que nunca llegó a decir y unas lágrimas de felicidad que nunca escaparon de sus ojos.

—Lily —murmuró Scorpius—, qué alegría verte.

Sonrió, apenas un atisbo, un intento de una sonrisa que le costaría un tiempo volver a esbozar completamente. Al los miró a ambos, se imaginó como se veían los tres en aquel momento, intentando sonreír sin lograrlo del todo, apenas dándose cuenta de que algo nunca volvería a ser lo mismo.

Finalmente, Lily habló de nuevo.

—¿Y Rose? —preguntó—. ¿Y Roxanne?

—Lily —empezó Albus, hablando con cautela—, Rose volverá la semana siguiente, cuando la den de alta… Y Roxanne…

Joder. No sabía como decírselo, no quería ser él el portador de las malas noticias. Lily atisbó algo en su rostro y su sonrisa se descompuso segundos antes de que Albus lograra pronunciar las siguientes palabras.

—Roxanne no volverá, Lily. No puede volver.

Y ese era sólo uno de las pocas consecuencias que los perseguiría hasta el fin de sus días.


Al día siguiente, Rose Zeller dejó la conferencia de prensa casi a las once de la mañana, después de haberle demostrado a El Profeta que sería tan tajante con la prensa como lo había sido su antecesor, Harry Potter. El Profeta no sabía cosas de más y tampoco les había dado espacio para que hablaran de sus fracasos, dejándola en ridículo. Aunque no dudaba que encontraran información, por supuesto: la encontrarían.

Sobre la prescencia de James y Liliane nadie, más que los que habían estado presentes en el rescate, sabía nada. Zeller no estaba interesada en que se cuestionara su autoridad en ningún momento. Y a esos dos, hubieran hecho lo que hubieran hecho, había sido una estupidez, así que nadie les iba a dar ningún premio. Los periodistas, además, habían cuestionado la participación de Dennis Creevey, conocido cazarecompensas. Rose, adelantádose a Dennis, que también había estado presente en la conferencia, había dicho que si no fuera por él, quizá no habrían podido rescatar a nadie.

Sobre la participación de Harry Potter, a todo el mundo le pareció bien, porque todos olvidaron que Potter en la misma situación que Creevey: oficialmente, ya no era auror. Pero, como héroe del Reino Unido, lo que fuera que hiciera estaba muy bien.

Aun cuando preguntaron sobre la salud de tres de los cuatro secuestrados —olvidando, cómo no, al chico Malfoy—, Rose sólo mencionó que estaba vivos y estables. Indicó que las familias deseaban que los chicos no fueran molestados y que se evitaría que estos tuvieran contacto con la prensa hasta que fueran dados de alta. Por otro lado, en cuantro fueran dados de alta, volverían a Hogwarts… («excepto Roxanne Weasley», se recordó Zeller) y la auror estuvo segura de que el director, Filius Flitwick, no permitiría que la prensa paseara por sus jardines.

Rose rogó, tan bien, con tono severo, que la prensa debería ser consiente del dolor de los familiares de los muertos, entre los cuales se encontraba Shaper e Ian Savage. Agregó, además, que sus funerales no serían públicos ni multidinarios, como lo había sido el funeral de la ex directora de Hogwarts, Minerva McGonagall y el de la esposa de Harry Potter, a menos de que los familiares lo desearan. Y ella estaba segura de que la esposa de Savage lo que menos deseaba era atención mediática. Y los padres de Shaper eran muggles.

Indicó, también, ante las apremiantes preguntas, que todos los fugados que habían sido recapturados volverían a Azkaban, junto con aquel chico, Adolf Lestrange. Aunque evitó mencionar su apellido y su origen. A El Profeta se le iba a dar muy bien armar teorías conspiratorias una vez que lo hubieran descubierto y, si era por ella, no lo iban a descubrir nada pronto.

Por otro lado, cortó todas las preguntas de índole personal dirigidas a Harry, que el hombre cortó, aduciendo que no estaban allí para hablar de la vida de nadie. Y finalmente, casi dos horas después de comenzada la rueda de prensa, la abandonó. Los periodistas por fin parecían satisfechos y ella estaba completamente agotada.

Cuando bajó hasta la oficina de la División de aurores, ubicada en la segunda planta, se encontró con un caos, justo como esperaba. Los escritorios de los cinco muertos estaban cubiertos con flores, algunos menos que otros. Rose se alegró de comprobar que el de Savage era el más lleno, pues la mayoría le guardaba especial cariño dado que daba clases en la academia desde el año en el que ella había ingresado para realizar su entrenamiento como auror.

Y Dennis Creevey estaba allí. De nuevo.

—Creí que te irías con tu esposa —le dijo, mirándolo atentamente. ¿Ya habían acabado, no? Aunque, visto fríamente, Dennis Creevey aun no había reclamado su pago: Rowle. Y Rose sospechaba que por eso estaba allí—. A menos de que quieras… ya sabes, tu pago.

Dennis medio sonrió.

—Le acaban de llevar la comida a Rowle —comentó—. Mañana aparecerá muerto, aparentemente de manera natural. Pero tú y yo sabremos que hay un veneno indetectable tras eso, convenientemente camuflajado en agua de sabor.

Rose reprimió un escalofrío. Aquel Dennis le recordaba muy poco al Dennis de Hogwarts o al Dennis de la Academia de Aurores. No dijo nada por un momento: asintió y nada más. Ni un solo gesto. Le había prometido inmunidad a Dennis y lo iba a cumplir. Siempre cumplía su palabra.

—Así que puedes dar por terminado tu trabajo como cazarecompensas —murmuró Rose, finalmente, pero Dennis negó.

—No, Rose… —murmuró—. Quiero atraparla. Encerrarla.

—Sabes que no te puedo contratar como auror —atajó ella. En su opinión, lo mejor era que ella y Dennis dejaran de verse. Si no lo hacían, ella temía que él siguiera insistiendo con conocer a Ashley—. ¿Qué opina Mai sobre esto?

—Creo que se resignó. —Dennis se encogió de hombros—. Da igual. No importa. Quiero ser parte del equipo que encuentre a Morrigan y la encierre.

—Así que seguirás como cazarecompensas —concluyó Rose.

—A tus órdenes, claro; al menos podrías alegrarte de eso —comentó Creevey.

—No me alegra en lo más absoluto, Creevey —espetó ella—, pero tienes un punto: prefiero tenerte aquí, como un externo al que puedo controlar, a que hagas lo que quieras a tu aire. Porque si vas a tu aire es muy probable que te encuentren muerto en medio de la nada y no voy a ser la que le informe a tu bella y joven esposa que tu testarudez la dejó viuda y con un hijo. —Se encogió de hombros, dirigiéndose a su oficina, cerrando la puerta después de que Dennis entró. Se quedó viendo el corcho que había llenado, con nombres, y pistas. Aun había incógnitas y un solo cabo suelto—. Morrigan Lestrange… —murmuró—. Casi no le creo a Harry cuando me lo contó. Mató a su propio padre… Harry asegura que cuando oyó que todos habían caído, lo soltó y salió corriendo, sin preocuparse de nada más.

Dennis se quedó mirando aquel rompecabezas por un momento y finalmente señaló una foto tomada hacía pocas horas, cuando los reclusos habían ingresado, de un chico que cambiaba su aspecto.

—Él —murmuró—. Afirma ser su hermano, ¿no? Adolf Lestrange.

—¿Quieres decir que…?

—Sí, Morrigan va a volver por él —concluyó Dennis—, si mostró un signo de debilidad con Harry sólo pudo haber sido por él.

Al final, estar a salvo era sólo una ilusión. Rose sabía que había rencores que duraban años, esperanzas nunca morían, sólo se retorcían. Que nunca estarían del todo a salvo. Pero estaba segura de que, esta vez, nadie se confiaría. Nadie caería en la trampa de tiempos demasiado pacíficos.

No iba a esperar a que Morrigan apareciera: la iba a buscar allí donde pudiera. Y, por supuesto, cuando apareciera, iba a estar lista, al mando de la División de Aurores, e iba a ganar la batalla.

El futuro se extendía bajo los pies de todos los supervivientes como un lienzo blanco por pintar. Zeller se iba a asegurar de que se pintara a su favor.


That's the end.

Dejó unas cuantas tramas abiertas y preguntas. ¿Qué pasó realmente con Roxanne? ¿Cómo conseguirá volver Morrigan? ¿Cuál es la relación con su hermano? ¿Dennis y Rose por fin se llevarán bien? ¿Dennis conocerá a su hija? ¿Liliane mejorará, cambiará, acabará como amiga de James? Teorías, las hay.

Nos vemos en el epilogo, y después, en la secueta: Morte.

La canción del capítulo es del capítulo final de Code Geass, el final más triste y perfecto que he visto nunca. Continued Story habla sobre eso, que no todo ha acabado y que al final, llegará un nuevo día. Y aquí ha llegado. Liliane parece haber dejado los senderos de la venganza, mientras que Albus, Rose, Roxanne y Scorpius, se recuperan de un intento de venganza que fue planeado mucho antes. Pero un nuevo día se asoma y un futuro se extiende de nuevo ante ellos.

Así que eso es todo.

«jSi... Voy a destruir el mundo... Y a reconstruirlo...»

(Lelouch Vi Britannia, a Nunally, capítulo final, Code Geass)

Andrea Poulain

A 10 de octubre de 2013