¡Gente! Lamento infinitamente la tardanza.
Como ya les adelantaba, este es el capítulo final de esta historia. En general, me gusta mantener las cosas precisas y concisas, ya que estirar el chicle tiende a arruinar algo que en principio disfrutábamos.
Como ya vieron, mientras se me ocurrían ideas para esto, subí un one-shot. Tengo intenciones de seguir escribiendo fanfics así que, si por alguna bizarra razón les sigue gustando mi narrativa después de este último capítulo, no se preocupen.
Como siempre, les dejo las canciones que me acompañaron mientras escribía el capítulo. ¡Hasta la próxima!
Careful - Michelle Featherstone (Caitlin)
Signal Fire - Snow Patrol (Barry)
Hunger - Ross Copperman (Barry & Caitlin)
—¿Estás despierto?
—Ahora sí lo estoy —gruñó Barry, abriendo los ojos y sacando su celular de debajo de la almohada para ver la hora: Las cinco de la mañana—. Hoy no trabajo hasta las nueve. ¿Qué pasa?
—Estás en mi lado —respondió Caitlin, de costado, echando los labios hacia atrás en una mueca de culpa.
—¿Qué?
—En mi lado de la cama. Necesito que cambiemos.
—Caitlin, llevas cuatro horas durmiendo ahí.
—Y las dormí mal porque me daba vergüenza decírtelo.
Barry dio una adormilada risita y estiró débilmente el cuello para besarla.
—Eres adorable —murmuró, dándole un topón en los labios con cada sílaba—, pero no voy a cambiar.
—¿Qué? —se indignó Caitlin—. ¿Por qué no?
—Porque es absurdo. Tu cama debería funcionar igual de bien en los dos lados.
Pese a la oscuridad circundante, Barry notó que Caitlin intentó enseñarle una expresión de enojo sin mucho éxito. Gateando sobre el colchón, llegó hasta él y se acostó boca abajo sobre su cuerpo.
—Problema solucionado —dijo, cruzando los brazos sobre el pecho de Barry y apoyando el mentón sobre ellos.
—Sabía que harías eso —rió él, levantando la frazada para cubrirlos a ambos y abrazándola por debajo de ella.
—Eres un novio muy manipulador.
—¿QUÉ?
Barry abrió la boca y se la cubrió con una palma tan femenina y escandalosamente que Caitlin comenzó a reírse.
—Estoy segura de que te han llamado cosas peores —comentó ella, sorprendida.
—Oh, no me importa si soy manipulador, horrible o el mejor del mundo —aclaró Barry, con una sonrisa imposible para esas horas de la madrugada—. Dijiste que soy tu novio y ahora no lo puedes retirar.
—No soy dramática con las etiquetas, si eso pensaste —Caitlin subió un poco su cuerpo y acomodó el costado de su cabeza en el espacio entre el hombro y el cuello de Barry—. Claro que eres mi novio. Te quedas en mi departamento, yo me quedo en el tuyo…
—…comemos juntos, dormimos juntos, nos levantamos juntos, nos vamos al trabajo juntos… —Barry volvió a llevarse la mano a la boca con fingido horror y sonrió al sentir a Caitlin reírse contra su cuello—. Oooooh, nooooo. Apenas llevamos cuatro días juntos y ya somos una pareja simbiótica e insoportable.
—No, sólo somos una pareja que lleva cuatro días juntos.
Barry giró su cabeza para presionar sus labios contra la frente de Caitlin y cerró los ojos ante el contacto, teniendo nuevamente esa sensación mixta entre la comodidad de lo familiar y lo potente de lo nuevo.
—¿Estás feliz? —le preguntó.
—Muy feliz —afirmó ella, apretando un poco su abrazo para enfatizarlo—. Y estaba exagerando… nunca he dormido mejor desde que estás aquí.
—Entonces me despertaste por nada —Barry rió cuando ella lo golpeó en el hombro opuesto con la palma—. Estaría enfadado si no hubiera cumplido una semana sin pesadillas.
—¿Todavía tenías pesadillas, eh?
—Al menos tres veces a la semana… pero no esta. ¿Qué hay de las tuyas?
—Ninguna desde que tenemos la máquina.
—Oh —Barry agitó la cabeza con fingida tristeza—. Entonces no soy yo lo que te ayuda a dormir mejor.
—¿Sobre qué crees que eran algunas de mis pesadillas? Estás a salvo de mí ahora.
—Estoy a salvo contigo.
Caitin levantó la cabeza y descansó su frente contra la de él. Barry no podía elegir una interacción favorita entre ellos, pero adoraba esta en particular. Años de construir confianza les permitía sostener contactos visuales que podían durar horas sin tornarse incómodos.
—Y te necesito —añadió—. Eres mi segundo páncreas… No te rías de mí, no te rías de mí —rió él mismo, al ver a Caitlin con las mejillas infladas y pequeños sonidos de risa saliendo de su boca cerrada—. Creí que apreciarías el chiste médico.
—Eres tan emo —dijo ella, trazando líneas entre una y otra peca en el pecho de Barry con su dedo.
—Nunca podría ser emo contigo. (N/A: LALALA XDDD).
—Yo tampoco. Nunca pensé que volvería a reír tanto.
—¿Podrías colocar en mi muro de Facebook cuánto te hago reír, para que lo vean mis ex compañeros de secundaria?
—Okay, ¿debería colocarme una selfie frente al espejo, en la que enseñe el escote, como foto de perfil?
—¿Qué? ¡No! Adoro la que tienes, con las gafas de laboratorio y ese traje de astronauta.
—No es de astronauta, era para emergencias biológicas. Y apenas puedes ver mi cara.
—Bueno, piénsalo de esta forma: no corres el riesgo de que a tus contactos les aparezca 'etiquetar a Caitlin Snow' si cliquean en una foto de Frost en su inicio de Facebook.
Barry sonrió al oírla explotar en otra carcajada bajita. Era verdad que últimamente nada le parecía tan serio o grave, junto con otras cosas que todavía se guardaba para no abrumarla. Esta faceta juguetona era sólo uno de muchos otros aspectos de sí mismo que Caitlin hacía, de algún modo, mejores.
—¿Has hablado con Cisco? —preguntó Barry, trazando circulitos en el hombro de Caitlin con su dedo.
—No —contestó ella—. Su teléfono está muerto. De seguro sigue en Tierra-19.
Barry había intentado ignorar el pequeño escozor que le causaba recordar la última vez que habían visto a Cisco porque, por primera vez, sentía que tenía derecho a disfrutar de su felicidad sin sentirse culpable de nada. Después de todo, no había hecho nada malo.
4 DÍAS ANTES…
—¡Sabía que estaban actuando raro desde hacía días! —bramó Cisco, contemplando a sus amigos separándose el uno del otro y poniéndose de pie—. No voy a preguntar, '¿qué están haciendo?' porque eso es bastante obvio. Nada de lo que se me viene a la mente alcanza a abarcar todo lo que quiero saber, así que aquí les va un genérico '¿QUÉ DEMONIOS?'
Caitlin fue la primera en adelantarse hasta él, arreglándose disimuladamente la parte trasera de la camiseta de STAR Labs.
—Cisco, escúchame —comenzó, colocando una mano en cada hombro de su amigo—. Esto va a ser muy difícil de procesar…
—Oh, ¿tú crees? —espetó él, sarcástico.
—Barry y yo… sólo pasó…
—¿Qué quieres decir con 'sólo pasó'?
—'Conectamos' —Caitlin se sonrojó desde el cuello hasta la frente al hacer las comillas con los dedos—. Creímos que sería algo de una sola vez, pero...
—¿'Algo de una sola vez'? ¡¿Esto ya ha pasado antes?!
—Hace varias semanas, pero…
—Dios santo, esto es como Chandler y Monica otra vez…
Cisco se llevó las manos a la cabeza y se quedó contemplando el vacío. Barry, quien temerosamente había permanecido un poco más atrás, se acercó unos pasos.
—Cisco… —intentó.
—¡Tú ni me hables! —espetó, estirando una mano. Barry esquivó la vibración que le envió a través de su mano y esta dañó una parte de la estructura del cuarto de velocidad. Tanto el afectado como Caitlin ignoraron el hecho, porque era obvio que Cisco pretendía fallar—. ¿Es en serio, Barry? ¿Caitlin? ¡Con todas las chicas que hay en la ciudad, en el mundo, en el Multiverso! ¡¿Nuestra amiga?!
—Esto no es una cosa de elección —continuó Barry, tomando la mano de Caitlin y ofreciéndole una amorosa sonrisa rápida antes de volver a mirar a Cisco—. Estoy enamorado.
—Sí, claro. ¿Esperas que me crea eso, cuando hace sólo un año seguías colgado de Iris? —Barry se llevó las manos a la nuca y negó con la cabeza repetidas veces, como rogándole a Cisco que no se fuera en esa dirección— ¿Recuerdas a Iris, Barry? Porque yo sí: estabas comprometido con ella. Nos pasamos un año entero intentando salvar su vida y, si bien me alegro de que lo hayamos logrado, te recuerdo bastante poco enfocado en nosotros. Mi hermano murió y lo que le pasò a Caitlin…
—¡Estoy bien ahora, Cisco! —exclamó ella, cuidando de interponerse entre él y Barry—. Por favor, no digas nada de lo que te puedas arrepentir…
—No, Caitlin, déjalo. Parece que tiene bastante reprimido —intervino este último, perdiendo rápidamente la paciencia.
Caitlin estiró ambos brazos, al sentir a Barry intentar moverla de en medio para hablar con Cisco.
—No tengo nada reprimido, pero no esperes que me entere de esto con una sonrisa dados tus antecedentes —continuó Cisco, permitiéndole a Caitlin que le bajara el acusador brazo que tenía alzado hacia Barry—. Caitlin ya ha pasado por suficientes cosas como para que llegues tú, la ilusiones y, en cuanto Iris vuelva a poner un pie en Central City, la dejes.
—Creo que la única calificada para tomar mis decisiones soy yo —terció Caitlin, fríamente—. Y no tienes idea cuán difícil ha sido esta decisión en particular. Antes de esa noche y de que construyeras la máquina, me torturaba preguntándome si alguna vez podría estar con Barry sin matarlo…
—¿En serio? —interrumpió Barry, gratamente sorprendido.
Caitlin lo ignoró olímpicamente.
—También estaba aterrada de afectar nuestra dinámica como equipo y … un millón de cosas más —continuó Caitlin, con una interrupción abrupta lo suficientemente obvia para notar que había omitido algo—. Y he sido egoísta y horrible con Barry mientras intentaba ocultar esto… pero no puedo seguir mintiéndome. Quiero estar con él —Al decir eso, intercambió una rápida mirada con Barry, ya que eso era algo que no había tenido tiempo de confirmarle—. Lamento que esto te incomode, pero te vas a tener que a acostumbrar.
Cisco retrocedió con una expresión derrotada, esa de quien sabe que no tiene la razón.
—Voy a necesitar algún tiempo para eso —finalizó, abandonando el cuarto de velocidad a zancadas.
AHORA
Aunque Barry sabía que la opinión de Caitlin era la única que debía importarle, el que la primera reacción de la gente ante sus sentimientos fuera de duda lo hería profundamente. Había estado posponiendo el compartir con ella su vínculo con la Fuerza de la Velocidad desde su primera vez juntos, porque no podía encontrar el momento perfecto para explicárselo y todo le gritaba que esperara un poco más que cuatro días de relación. Barry tenía la extraña impresión de que era una especie de sentencia más que una prueba de amor, una forma de decir 'la fuerza de la velocidad cree que somos el uno para el otro'. No era que no confiara en Caitlin pero, considerando el proceso que ella tuvo que pasar para aceptar esta nueva relación, todavía tenía miedo de decir o hacer cualquier cosa que pudiera asustarla.
—Se le va a pasar —lo consoló Caitlin, frotándole el costado del pecho, justo sobre el corazón—. Sólo se siente algo desplazado.
—¿Por qué está más enojado conmigo que contigo? —inquirió Barry, escuchando un silencio que se prolongó por varios segundos—. ¿Cait?
—No te va a gustar mi respuesta.
—Dime.
—Porque cruzaste una línea —Caitlin levantó la cabeza y apoyó el mentón en su clavícula para mirarlo—. Barry, no soy la única que perdió a Ronnie. Él era su mejor amigo y ahora tú lo eres… pero supongo que, para Cisco, todavía había una cosa que Ronnie y tú no tenían en común, que le impedía sentir que lo estabas reemplazando… y eso era yo —Hizo una extensa pausa para examinar el rostro de Barry—. Debe sentir que cambiaste la particularidad de nuestra dinámica.
Barry se sintió de una forma en que no quería sentirse, pero le fue inevitable: Ese fastidio de no ser el primer amor ni la primera opción de nadie.
—¿Ves? Esto sólo te hirió —se lamentó Caitlin.
—No estoy herido —se defendió Barry, con un casi puchero formado en la boca.
—Barry —Ella volvió a acomodarse sobre él y llenó su mejilla de ruidosos besos, logrando sacarle una leve risita—. Si Cisco tiene miedo de que me lastimes, es porque sabe que tú y yo jamás nos juntaríamos si no fuéramos en serio.
—No me gusta que la gente dude de mi seriedad… Digo, Cisco se enfadó tanto con nosotros que hizo otro viaje interdimensional. Joe me ayudó con lo de ser honesto contigo, pero su reacción cuando le dije que eras tú fue de risa… Si alguien más reacciona como si estuviéramos locos, yo…
—Barry, Cisco vio en esto una excusa para ausentarse y seguir intentando recuperar a Gypsy. No tiene que ver con nosotros en un 100% —Barry ni siquiera intentó discutir la firmeza con la que ella hizo esa declaración—. Y yo no dudo de tu seriedad… ya no. Estoy completamente a bordo. Quiero que funcionemos… la gente está teniendo reacciones, las opiniones no pueden hacérselas aún.
—Dios, eso espero.
—Tengo un buen presentimiento.
Barry asintió, con la vista perdida en el techo.
—¿De verdad quieres que funcionemos? —le preguntó a Caitlin, quien dio un bufido. Barry se apresuró a corregir su torpeza—. Lo siento, esa debe ser la pregunta más tonta que…
—Está bien. Lo entiendo —lo calmó ella—. Tenemos una historial de mala suerte en el departamento de relaciones, Barry, y el derecho a estar rotos e inseguros o a que nos importe qué dicen el resto… pero yo tomé la decisión de no hacerlo cuando regresé contigo después de nuestra pelea en STAR Labs. No me abandones ahora —rió.
—Nunca.
Después de un hondo suspiro, Barry se dio cuenta de que había superado rápidamente ese mini instante de duda. Caitlin, dejando atrás sus propios miedos, acababa de impedirle irse a ese pequeño rincón oscuro en que se ponía a pensar más de la cuenta. La verdad era que él también tenía un buen presentimiento sobre ambos, sobre cuán bien estaba lo que tenían. Sólo estaba siendo algo tonto.
—Te eché de menos —le comentó Barry, para cambiar de tema—. Pasé casi un mes creyendo que nunca volveríamos a estar así —explicó, hundiendo la nariz en su pelo.
—¿Cómo pudiste echarme de menos? Sólo pasamos juntos una noche —señaló Caitlin.
Barry bufó, divertido ante esa pragmática respuesta.
—Fue suficiente para echarte de menos —continuó él, sin darse por vencido—. Me fijé en muchas cosas esa noche y ahora sé cuáles son las más frecuentes. Por ejemplo, haces un leve sonido con la garganta cuando estás a punto de dormirte, y así sé cuándo tengo que dejar de hablarte… y no sé cómo haces para saber cuándo te doy la espalda y abrazarte a mí automáticamente. Estoy seguro de que estás bastante dormida cuando lo haces —Ambos rieron—. Y cómo te ves a… la luz de los faroles de la calle.
—Ahora estás inventando —exclamó ella, en amistoso son de burla.
—¡No lo estoy! Sólo te observo dormir —Dejó de hablar al ver a Caitlin disparar sus cejas hacia arriba—. Y eso sonó muy raro…
Barry fue tomado por sorpresa cuando Caitlin se enderezó sobre él, apoyando un brazo a cada lado de su cabeza.
—Escucha —murmuró—. Esos días sin ti… fueron horribles para mí también —No era necesario tener luz en el dormitorio para que Barry supiera la clase de miradas que ella le estaba dirigiendo. Sólo con su tono de voz podía sentir la intimidad y empatía que las acompañaban—. Pero también me enseñaron que, pase lo que pase, te quiero en mi vida. Y, ahora que estamos trabajando más juntos que nunca, necesito que me prometas que cuidarás de ti mismo.
—Te prometo que cuidaremos el uno del otro —prometió él, notando la inconformidad de su novia—. Tómalo… —Lentamente, comenzó a desabrochar los botones de la parte de arriba de su pijama— o déjalo.
—Eres imposible.
—¿Vas a besarme o no?
Si bien Barry comprendía su inquietud, él ya había cometido el error de no disfrutar lo que tenía por preocupaciones hipotéticas demasiadas veces. No obstante, justo cuando temió haber sonado insensible, Caitlin se inclinó y acarició la punta de su nariz con la suya. Después de lo que pareció una eternidad, comenzó a besarlo con una lentitud abrumadora, atrapando y liberando su labio inferior entre sus dientes. Barry sentía su corazón agitándose con violencia dentro de su caja toráxica, pese a que no había movido ni un solo músculo. Así había sido esos últimos días: Caitlin se tardaba tanto en ir al grano que él era sumamente consciente de todos y cada uno de sus lentos movimientos, y eso lo hacía percibir las emociones de la interacción mucho más intensamente. Si tenían tiempo, ella entrelazaba una mano con la suya y lo forzaba a ralentizar, al menos al principio. El que lo mismo aplicara, de cierta forma, a algunas situaciones de la vida cotidiana, como cuando le ofrecía llevarlo al trabajo en su auto para que pudieran hablar, le hacía pensar que ella estaba intentando enseñarle a apreciar el tiempo que tomaban las cosas.
—¿Lo notaste? —murmuró Caitlin, pasando sus manos por el cabello de Barry—. Está ocurriendo de nuevo.
—¿Eh? —inquirió Barry, algo atontado por los besos que le estaba dejando en el lóbulo de la oreja y el movimiento de sus caderas contra las suyas.
—Está ocurriendo de nuevo.
—No puedo ponerte atención mientras haces eso…
Barry, dando un dificultoso suspiro, estiró sus brazos y frenó los muslos de Caitlin. Aprovechando la posición, alcanzó su cuello con su boca.
—¡Au! ¿Qué dijimos de los chupetones, Barry? —se quejó Caitlin, empujándolo contra la almohada cuando lo sintió comprimir sus labios sobre su piel.
—¿Quién te lo va a ver? Trabajas conmigo —rió él, olvidándose momentáneamente que había parado para escucharla y jalando de la parte posterior de su cabeza para que lo besara.
—No, ya en serio. ¡Barry, para! —Riendo, Caitlin se separó de él con dificultad y guio su mano para que tocara su mejilla, algo caliente—. ¡Estoy casi sudando! No había sudado ni una gota desde que obtuve mis poderes. Ni siquiera ahora cuando corro o boxeo. Creí que la máquina te estaba ayudando a liberar energía, pero cuando te beso por más de treinta segundos algo pasa…
—Ah, eso… —Barry vio que Caitlin estaba fijándose en la estática que los rodeaba, brillando en la oscuridad—. Es…
—¿Qué?
—Es… ¡grandioso! Tal vez ni siquiera necesitas la máquina si hacemos esto —declaró Barry, girándose y dejando a Caitlin debajo de él.
—Barry, aunque así fuera, tenemos que averiguar qué está pasando contig…
Antes que ella pudiera protestar, Barry le cubrió toda la boca con un beso y le sujetó ambas muñecas por sobre la cabeza, lo cual pareció hacerla olvidar rápidamente su pregunta. Sin embargo, sabía que no podría recurrir por mucho tiempo a esa estrategia. Tendría que encontrar un momento lo suficientemente adecuado para confiarle ese asunto.
Barry alcanzó la puerta de su laboratorio y, como ya le habían avisado en el vestíbulo de la CCPD, encontró a Cisco sentado frente a su escritorio, masticando un lápiz.
—Hey —lo saludó Barry, con un cordial tono de sorpresa.
Cisco se paró de su sitio en cuanto lo oyó y avanzó hasta él.
—Hola —le dijo, con evidente culpa en sus ojos—. Ya le dije a Caitlin en el teléfono que hablaría más con ella en STAR Labs, pero primero quería verte a ti. Escucha, Barry…
—No tienes que decir nada. Estamos bien —lo cortó él, con una sonrisa, al notar hacia dónde iba—. Lo comprendo.
Cisco lucía desconcertado, como si no hubiera esperado ser disculpado tan pronto.
—¿Qué tienes en tu cabello? —le preguntó a Barry, señalándose su propia cabeza para indicarle.
Barry se palpó la coronilla y removió un pequeño sujetador para el cabello de color púrpura.
—Caitlin —dijo, sonriendo como un bobo mientras se lo guardaba en el bolsillo del bléiser—. Necesito un corte. Me costó peinarme esta mañana, así que me colocó esto.
—Sí, ninguno de nosotros tiene buenos recuerdos de tu cabello hacia abajo —respondió Cisco, riendo—. Demasiado pronto para esas bromas —Barry asintió, estremeciéndose al recordar a Savitar y su mal sentido del estilo—. Qué domésticos. ¿Están viviendo juntos?
—¿Qué? No, no —Barry rió nerviosamente y se llevó las manos a los bolsillos—. Quiero decir, no es que no vayamos en serio —Se apresuró en aclarar, alzando los brazos delante de sí, pese a que no había juicio aparente en los ojos de Cisco—. Pero la noche en que nos atrapaste fue cuando nos juntamos. Sólo llevamos cuatro días…
—Lo siento, hombre. Sabía que algo te estaba carcomiendo, pero nunca me imaginé que...
Barry aprovechó la pausa y le ofreció a Cisco el asiento delante de su escritorio, para invertir los próximos quince minutos en contarle la historia en detalle.
—No había nadie a quien quisiera contárselo más que a ti, créeme —concluyó, recargado en su escritorio.
—Sólo estabas respetando a Caitlin, no podría enojarme por eso —dijo Cisco, rascándose la parte superior del labio—. Es sólo que, además de mi shock inicial, actuaban tan misteriosos que sentí que me estaban dejando de lado. Quiero decir, tú y Caitlin… wow. Es que… wow —Resopló y agitó la cabeza, como si estuviera intentando acostumbrarse a colocar esos dos nombres juntos—. Ustedes siempre…
—¿Uhm?
—Caitlin es mi mejor amiga, pero hay cosas en las que siempre sentí que no podía comprenderla… no tan bien como tú. Cuando tú apareciste —Hizo un gesto con la palma hacia atrás, para referirse a cuando los tres se habían conocido—, ella cambió. Comenzó a, ya sabes, abrirse con la gente otra vez…
—Cisco, Cisco… —Barry lo cortó colocando una mano en su hombro—. Te prometo que Noche de Películas, Noche de Juegos o cualquier otra actividad permanecen intactos. No te vas a quedar fuera de nada.
—Ya sé… y ya sé que tal vez esto sea innecesario, pero… —Extendió su mano abierta hacia Barry—. Por favor, no lastimes a mi amiga.
Barry estrechó la mano de su amigo sin pensarlo dos veces, y ambos sonrieron al sentir el aire más liviano entre ellos. Al recordar lo que Caitlin mencionó sobre Cisco sintiéndose algo solo ahora que ellos estaban juntos, decidió consultar sobre su vida amorosa.
—¿Cómo van las cosas entre tú y Gypsy? —preguntó.
—Lo normal: ni serios ni exclusivos —respondió él, resoplando—. Lo único a lo que puedes aspirar cuando tu novia vive en otra dimensión….
En eso Dave, el policía que ya le debía un favor a Barry por ayudarlo con casos pendientes, entró corriendo.
—Hey —saludó, mirando su reloj—. Sólo por si acaso: te llevé conmigo a la escena del crimen.
—Uh, ¿qué? —preguntó Barry, sin entender.
—3… 2… 1
Tanto Cisco como Barry removieron sus teléfonos de sus bolsillos cuando la ruidosa alerta de botón de pánico comenzó a sonar al final de la cuenta.
—Dos metahumanos —les avisó—. Acabas de marcar tarjeta, no hay coartada posible para una desaparición, así que, si el Capitán pregunta, te llevé conmigo a lo que tengo que atender.
—Es el de Caitlin —gruñó Barry, agarrando a Cisco por el brazo—. Gracias, Dave —bisbiseó, pasando junto a su compañero y dándole una palmada en el hombro.
—Espera, ¿este sujeto sabe…? —intentó intervenir Cisco, señalando a Dave, pero Barry ya lo había jalado fuera del laboratorio a súper velocidad.
En una rápida visita a STAR Labs, Barry se atavió con su traje de Flash y a Cisco con el de Vibe. En otro parpadeo, en el que Barry no necesitó una inspección tan exhaustiva para dar con Caitlin, aparecieron en la esquina opuesta del lugar de la emergencia.
—Rayos, qué bueno que estás bien —le dijo Barry, al verla emerger de su auto estacionado y cerrar la puerta.
—¿Puedes al menos avisarme que vas a cambiarme de ropa? —protestó Cisco, arreglándose un botón del traje que Barry había abrochado mal.
—Son Weather Wizard y Mirror Master —les informó Caitlin, enfrentando un edificio sobre cuya azotea ya se estaba formando una nube de tormenta—. Es un Hospital de niños, es demasiado al azar. Creo están buscando llamar nuestra atención. Tenemos que tener cuidado.
Barry dio un suspiro de fastidio al pensar que, una vez que los contuvieran, tendrían que ir pensando en una situación más definitiva y menos peligrosa que mantener a los Rogues en celdas.
—Sal de aquí, ¿de acuerdo? —le dijo Barry a Caitlin, dando un paso al frente para darle un beso de despedida.
—¡Whoa! —lo detuvo ella, girando la cabeza hacia ambos lados para examinar la calle—. Uno, no querrás que alguien de la CCPD crea que te estoy engañando con Flash y dos, voy con ustedes.
—Sin mencionar que yo aún no me acostumbro —espetó Cisco, ni tan en broma.
—Lo siento, se me sigue olvidando —se disculpó Barry, retrocediendo para echar carrera.
Hizo otro viaje rápido a STAR Labs y, a su regreso, después de dos o tres vueltas alrededor de Caitlin, la dejó ataviada en su súper traje azul.
—Gracias —dijo ella, enderezándose la máscara sobre la cara.
Cisco se puso entre sus dos amigos, se tomó de sus brazos y los teletransportó hacia el interior del último piso del edifico.
En cuanto llegaron, Barry se alivió de ver que ese sector del hospital estaba en remodelación y se encontraba vacío, excepto por dos figuras de pie frente a la ventana.
—Bueno, si no son los Súper Amigos —rió Mirror Master.
—Vaya, se sumaron nuevos miembros desde la última vez que me encerraron —agregó Weather Wizard, regresando sus brazos a los costados para detener la nube de tormenta a sus espaldas.
Barry dio un paso hacia adelante.
—Ya estoy harto de preguntarles qué quieren —exclamó, señalándolos alternadamente—. Sea lo que sea, llevemos esto a otro lado.
—No tenemos interés en pelearnos con ustedes, simplemente queríamos asegurarnos de que no nos molestaran —dijo Mirror Master, haciéndole una señal a Weather Wizard—. Mardon, son todos tuyos.
Mark Mardon avanzó un paso hacia Barry, con una sonrisa de medio lado, pero no hizo ningún otro movimiento. Barry no notó nada fuera de lo común hasta que sintió sus extremidades agarrotadas y un frío punzante atacó sus pulmones, haciéndolo toser y expulsar vaho blanco. Se giró hacia Caitlin.
—¡No soy yo! —exclamó ella, pese a que era la única de los tres que no parecía afectada.
—No me puedo mover —se quejó Cisco, entre toses, con las piernas fijas en su sitio.
—Tampoco yo —dijo Barry, intentando vibrar.
Mardon arqueó los brazos, formando una ventisca que expulsó a los tres amigos hacia el final de la habitación, quedando apilados unos sobre otros. Caitlin, quien era la única que podía moverse, se levantó.
—Tenías razón Scudder: exponerse a esa lluvia ácida funcionó —rió Mardon, girándose hacia su compañero, quien se había resguardado como reflejo en una de las ventanas.
—Combinó frío y alguna clase de veneno para inmovilizarlos —gruñó Caitlin, cubriéndose la boca con la manga y colocando la mano de Cisco sobre la de Barry—. Barry, tienes que vibrarte a ti y a Cisco para expulsarlo de sus sistemas.
—Eso intento —musitó Barry, quien sentía que estaba tiritando más que vibrando.
—Esto me recuerda a cuando los matones de mi escuela me empujaron a la hiedra venenosa —lloriqueó Cisco, con el lado de la boca que no tenía paralizado.
Furioso y frustrado, Barry pudo oír las risas de los dos metahumanos frente a ellos, aunque no podía levantar la cabeza.
—¿Qué deberíamos hacer con ella? —inquirió Mardon, señalando a Caitlin.
—Cierto, poderes de hielo —recordó Scudder—. Nah, ya vámonos. Ya nos hicimos cargo de la caballería pesada. No podrá hacer mucho por sí sola.
Scudder se subió a la espalda de Mardon quien, haciendo uso de sus dos manos, creo más viento que le permitió flotar y abandonar el recinto por la ventana.
Barry, quien apenas estaba recuperando la movilidad en los dedos de los pies, se fijó en cómo había cerrado las manos en apretados puños. Las venas de su cuello sobresalían un poco, evidenciando una batalla interna.
—¡Cait, no los escuches! —musitó él, bruscamente. No porque no tuviera confianza en su autocontrol, sino porque era evidente que este se le estaba dificultando—. Cait…
Ella frunció el ceño y sus ojos se encendieron. Cuando Barry por fin pudo cerrar su mano sobre la de Cisco para vibrar el veneno fuera de sus sistemas, Caitlin se giró hacia la ventana y echó a correr.
—¿Qué e-e-estás hacie-e-e-endo? —le gritó Cisco, agitándose ante el tacto vibratorio—. ¡CAITLIN, NO!
Los dos amigos apenas habían logrado levantarse entre tambaleos cuando, boquiabiertos, vieron a Caitlin lanzarse en zambullida por la ventana.
Barry, sin detenerse a pensar que su novia era lo bastante lista para no arrojarse desde un edificio de trece pisos sin tener un plan, atravesó la ventana y descendió lo más rápido que pudo por el costado para rescatarla. Sin embargo, para su sorpresa, los restos de una pista de hielo en el aire hicieron bastante obvio qué dirección había tomado y cómo lo había hecho, así que cambió de dirección para correr horizontalmente y saltó de un edificio a otro, hasta que dio con ella.
Barry dudaba que alguna vez dejara de sorprenderle la habilidad con la que se desplazaba por esa pista de hielo, como su alter ego alguna vez había hecho con propósitos no tan benignos, impulsándose con una mano y creando suelo en el qué pisar con la otra.
—¡Creí que eso te mareaba! —comentó Barry, por el intercomunicador.
—¡Me marea! —gimoteó ella, haciendo una curva con su brazo al perder momentáneamente el equilibrio.
—¿A qué se debió tan dramática salida? —preguntó Cisco, a quien Barry vio aparecer en la azotea de un edificio y reaparecer en el siguiente.
—¡Necesitaba la adrenalina! —respondió Caitlin, dando otro traspié que interrumpió la pista y casi la hizo caer al vacío—. ¡Cisco, te necesito aquí!
—¿Aquí…?
—¡Aparece detrás de mí!
Barry vio un portal abrirse detrás de Caitlin y a Cisco emerger de él, agarrándose de su cintura con dificultad.
—Usa tu brazo —le indicó ella, y Barry aceleró un poco porque, cuando Cisco apuntó su brazo hacia atrás, su vibración los hizo ir más rápido. Caitlin se giró con todo su cuerpo hacia el frente y alineó su brazo libre con el que estaba creando hielo e hizo la pista más ancha—. Ahora me siento más segura.
—¡Wohoooooo! —exclamó Cisco, con su cabello azotándole la cara—. ¡Tenemos que hacer esto más seguido!
Barry, quien a súper velocidad casi nunca podía oír ruidos externos, ajustó su intercomunicador con extrañeza al oír música provenir de él, como si fuera un audífono cualquiera.
—¿Eso es… Poison? —inquirió Caitlin, entre el sonido de la guitarra.
—Mírate nada más, Señorita Opera Radio, acertaste —se sorprendió Cisco.
—Todos conocen a esa canción, Cisco —la defendió Barry.
—Tú cállate, Dashboard Confessional —espetó él—. Como sea, para este momento rudo, necesitábamos una canción de rock. Gypsy adora Talk Dirty To Me, es nuestra canción.
—Estoy segura de que Gypsy no querría que supiéramos tanto —terció Caitlin, estremeciéndose.
Barry rió, haciéndose oír por sus amigos. Sabía que Mirror Master y Weather Wizard estaban guiando la batalla a un punto más conveniente para ellos, puesto que no había forma de que abandonaran el edificio tan pacíficamente, pero estaba disfrutando al máximo el poder, por fin, compartir esta clase de adrenalina con Cisco y Caitlin.
—Los veo —notificó Caitlin, indicándole a Cisco que descendiera.
Barry, al ver que los edificios terminaban, saltó a tierra firme, acortó la distancia que le faltaba y se detuvo en el terreno baldío rodeado de cercos, en el que los dos Rogues ya los estaban esperando otra vez. Caitlin y Cisco aterrizaron junto a él… con un chapoteo.
—¿Qué ra…? —comenzó Barry, al sentir agua metiéndose en sus botas.
El césped del terreno comenzó a desaparecer ante sus ojos, y fue reemplazado por una larga fuente de cemento, llena de agua que les llegaba hasta los tobillos.
Uno de los espejismos de Scudder.
Weather Wizard levantó un brazo hacia el cielo y Barry sintió un dolor quemante extenderse por sus extremidades, a la vez que flashes de luz danzaban delante de sus ojos y los gritos de Cisco y Caitlin le perforaban los tímpanos.
Acababan de ser electrocutados.
Barry cayó sobre sus rodillas por el dolor y, al oír a Cisco gritar su izquierda, se giró hacia su derecha e, incapaz de hablar, miró a Caitlin con expresión suplicante.
Ella se agachó con dificultad y, con el rostro contraído y sus ojos blancos destelleando, metió las manos en el agua. En cosa de segundos, la fuente estuvo completamente congelada.
Barry vibró fuera del hielo lo suficientemente fuerte para que Cisco y Caitlin pudieran salir.
—No había mucho que pudiera hacer, ¿eh? —se quejó Mardon con Mirror Master, al ver que el no tan elaborado plan había fracasado.
Antes de que pudiera reaccionar, un portal se abrió a sus espaldas y Cisco salió disparado de él, noqueándolo con sus pies.
—Ya te tenemos, Scudder —le dijo Cisco, mientras Caitlin llegaba a sus espaldas y Barry unía las muñecas de Mardon con un par de esposas anti-poderes—. Oh…
Cisco se desplomó como un saco de papas y Barry apenas logró atraparlo antes de que se diera de bruces contra el suelo.
—Usó ese maldito paralizante antes de desmayarse… —dedujo Barry, cubriéndose la boca con la manga. En cámara lenta, detectó una extraña sombra pasar por el suelo a su lado—. ¡CAITLIN!
Caitlin se giró justo a tiempo ante su advertencia y esquivó a Roger Peters, su metahumano a la fuga, que había emergido del suelo a sus espaldas con un cuchillo, gracias a su habilidad para atravesar materia sólida. Tan rápido como pudo, Barry dejó a Cisco apoyado contra un árbol y regresó con Caitlin, poniéndose espalda contra espalda.
—Intentaré atrapar a Peters y esposarlo. Encárgate de Mirror Master —le dijo Barry a Caitlin—. Tienes algo pendiente con él —añadió, guiñándole un ojo al recordar la herida de bala que le había infligido hacía pocas semanas.
—Encantada —aceptó ella, volteándose hacia Scudder, quien había creado un espejo rectangular para resguardarse en el interior.
Barry, quien quería sellar ese asunto lo más antes posible, ya tenía un plan en marcha y contempló a Peters con una sonrisita traviesa
—¿De qué te ríes? —preguntó el metahumano, con los puños apretados.
—De lo fácil que será encerrarte de nuevo —contestó Barry, cruzándose de brazos—. ¿Puedes apurarte con lo que sea que harás? De verdad necesito regresar al trabajo.
Tal como lo había esperado, habiendo enfrentado tantos delincuentes con problemas de temperamento, Peters enrojeció desde la raíz de su cabello y atravesó el suelo bajo sus pies, desapareciendo bajo tierra. Barry comenzó a silbar distraídamente e hizo una pequeña cuenta regresiva en su cabeza.
—¿Qué crees? —exclamó, arrodillándose en el suelo y vibrando su brazo a través de él. Con un tirón, sacó a Peters del suelo, quien tenía una aterrorizada expresión en su rostro—. Yo también puedo atravesar sólidos.
Dicho esto, le colocó otro par de esposas anti-poderes y lo noqueó de un puñetazo.
Barry se giró hacia Caitlin, quien tenía gran parte del espejo de Scudder congelado.
—¿Qué pasa, Scudder? —le preguntó ella a su enemigo, contemplando confiada su obra—. ¿El frío te pegó la lengua al paladar?
Pero Barry, quien ya tenía numerosos encuentros con Mirror Master en su haber, tuvo un inmediato mal presentimiento al verlo con los brazos tras la espalda y una sonrisa de oreja a oreja. La Fuerza de la Velocidad pareció sentirlo también porque, pese al aparente control de la situación que Caitlin tenía, percibió la energía acumularse a su alrededor.
Cuando ella acabó de cubrir la superficie del espejo bajo una capa de hielo, se detuvo y comenzó a avanzar los metros que la separaban de él. Fue entonces que Barry lo vio: un pequeño rincón trizado en una esquina.
—No, no, no —exclamó, por lo bajo.
Si bien estaba de espaldas, Barry notó que Caitlin también lo había visto, puesto que ya tenía sus brazos alzados y listos. No obstante, él ya estaba en carrera hacia esa dirección.
Un estruendo de cristales rotos resonó en el terreno baldío justo cuando Barry se interpuso entre Caitlin y Scudder. El espejo había volado en pedazos, revelando la figura de su ocupante, y decenas de fragmentos salieron disparados hacia el frente y se incrustaron en distintas zonas del cuerpo de Barry. Al caer al suelo en cámara lenta, vio que el resto era frenado por una ola de frío que Caitlin ya había puesto en marcha antes de su intervención. Esta también alcanzó a Mirror Master, quien se dobló sobre sí mismo al recibir el impacto.
Barry vio colores danzar delante de sus ojos por tiempo indefinido, mientras punzantes dolores llegaban desde distintas partes de su cuerpo, y algo en su garganta frenaba el acceso de aire hacia sus pulmones.
—No puedo… no puedo…
—¡No hables! —escuchó que la voz de Caitlin le decía, a la vez que veía la silueta de su mano bajar hasta su cuello.
Barry intentó tocar la zona afectada, pero Caitlin usó su otra mano para detenerlo.
—Tienes un gran fragmento incrustado, tienes suerte de que no rozara la aorta… —le informó, congelando los bordes de la herida. El dolor disminuyó, pero la falta de aire le estaba nublando el juicio—. ¡CISCO!
—¡Ya voy! —oyó que él respondía a la distancia, al parecer ya recobrado de la parálisis.
—Intenta respirar, Barry. No cierres los ojos…
Barry logró cumplir parcialmente con la primera solicitud, pero el dolor y la pérdida de sangre le estaban dificultando mucho la segunda. Lentamente y pese a las súplicas mezcladas de sus dos amigos, fue perdiendo la conciencia.
Cuando Barry despertó, su corazón dio un salto al recordar que había abandonado al equipo en pleno campo de batalla. Hizo un intento instintivo de enderezarse y, sin siquiera alcanzar a echar un vistazo alrededor, los apretados vendajes en piernas, brazos y torso lo regresaron con un rebote a la almohada.
Por el rabillo del ojo, notó que no estaba solo en el cuarto médico: Caitlin había bajado la revista científica que sostenía y lo observaba con atención. Todavía llevaba los pantalones de su traje, pero se había colocado la bata de médico sobre una camiseta de tiras.
—Mira eso. Los ángeles sí existen —comentó Barry, sonriéndole.
Caitlin frunció los labios, se puso de pie y comenzó a pasearse de espaldas a él, frotándose la frente con la palma.
"Uh, oh" pensó Barry.
—¿Qué pasó con Mardon, Scudder y Peters? —inquirió, como primera prioridad—. ¿Cuánto llevo inconsciente?
—No demasiado. Los atrapamos, pero Cisco todavía no regresa de Iron Heights —respondió Caitlin, registrando los cajones de sus muebles y regresando junto a la camilla con el medidor de presión en sus manos.
Barry observó con nerviosismo la ácida expresión en su rostro y evitó quejarse cuando casi le estranguló el brazo con la banda del medidor de presión.
—Sé que probablemente debería saber esto, pero… ¿estás enojada conmigo? —inquirió.
—Oh, ¿qué me delató? —contestó Caitlin, en un antipático susurro grave.
—Okay, me equivoqué: sólo bajas la voz así cuando estás intentando no gritar, lo que significa que estás MUY enojada conmigo…
—¡Me designaste algo y lo cumplí, Barry! ¡Me encargué de Scudder! —Barry intentó llevarse la mano a la cara al ver que se le venía encima un regaño, pero su codo también estaba inmovilizado por un vendaje—. No sólo sabía que haría estallar el espejo, ¡ese era mi plan para atraparlo! ¡Él creía que me tenía, pero yo lo tenía!
—Caitlin, somos un equipo…
Caitlin dio una exhalación y acomodó las almohadas de Barry en furibundo silencio. Luego lo ayudó a enderezarse para que pudieran verse mientras hablaban.
—¿Crees que no haberlo derrotado sin ayuda es lo que me enoja? —le preguntó. Barry omitió comentario, pese a que su respuesta era negativa—. No, es el que arriesgaras tu vida tan innecesaria e imprudentemente sólo unas pocas horas después de que te dijera que quería que cuidaras de ti mismo…
—No estaba intentando ser un mártir, Caitlin. Te estaba ayudando —se defendió Barry, intentando alcanzar su mano, pero ella la sacó de su alcance—. Te estaba ayudando, como siempre nos ayudamos, y salí herido. No sabía que sucedería, ¡fue un accidente!
No obstante, Barry sabía que eso no era del todo cierto. Al menos no de parte de su lado más conectado con la Fuerza de la Velocidad. Tal vez Caitlin había estado en verdadero peligro sólo milésimas de segundos, pero habían sido suficientes para hacerlo reaccionar.
Caitlin, incapaz de resistir los intentos de contacto de Barry por más tiempo, se sentó en el borde de la camilla y aceptó tomar su mano.
—Voy a usar mi recientemente adquirida autoridad de novia para decirte algo que me he estado guardando por años —le advirtió, con una expresión muy suave como para tomarse en serio el sermón—. Todavía no te has dado cuenta de esto, pero eres mi paciente. Cuando acaba tu jornada, soy yo la que tiene que evaluar cómo arreglarte y me aterra pensar en el día en que no pueda. Allá afuera, sales gravemente herido en manos de algún psicópata… pero luego caes en mis manos. Si te mueres, te mueres en mis manos porque yo no pude hacer nada —Llevó su palma a la frente de él, para tomarle la temperatura. Sus cejas se arquearon por la angustia recién pasada—. Eres mi responsabilidad. Siempre lo has sido.
—Estoy a salvo contigo —recitó Barry, tensando el vendaje de su cuello al sonreírle—. Siempre lo he estado.
—Sigues repitiendo eso y, de verdad lo siento, pero no sé qué significa.
Barry bajó la vista. Su pecho se sentía más y más pesado a medida que hablaban. La Fuerza de la Velocidad estaba asentada alrededor de ellos y, con cada minuto que pasaba, le era más y más fácil experimentar el miedo que Caitlin sintió.
No podía culparla por su reacción.
—Te amo, Caitlin —le dijo, estirando su brazo lo más lejos que pudo para acariciar su mejilla. Ella ayudó inclinándose sobre él—. Y lo siento, lo que menos quiero hacer es preocuparte… De hecho, necesito hablarte de algo. No sé si tenga algo que ver o si te hará sentir mejor, pero… ¿puedo llevarte a algún lado, una vez que me cure? No hemos tenido una verdadera primera cita.
Barry trató de no sonreír ante el tierno pucherito que Caitlin tenía formado, pero era obvio que le estaba costando permanecer molesta.
—No creo que podamos ir hasta la tarde. Me tomará horas sanar, puedo sentirlo —continuó él, entornando los ojos—. ¿Quieres esperar conmigo? Si no, deja el control remoto de la televisión en mi mano, por favor.
Satisfecho, Barry vio que Caitlin esbozaba una sonrisa completa. No sólo le alcanzó el control remoto, también se recostó en la orilla de la camilla y se acomodó con todo cuidado junto a él.
—¿Eso fue todo? —se sorprendió Barry, moviendo los ojos hacia ambos lados, como buscando una cámara indiscreta—. ¿Esa fue nuestra primera pelea?
—No presiones —rió Caitlin, acomodando las almohadas para apoyar su cabeza junto a la suya—. El que sobrevivas tiende a ser suficiente para que te perdone.
—Perfecto. Me pondré en peligro mortal cada vez que discutamos… ¡es broma! —se quejó él, cuando ella hizo un ademán de abandonar la camilla.
Más tarde ese día, Barry tomó prestado el auto de Joe y regresó a STAR Labs para recoger a Caitlin. Ella no pidió explicaciones para el medio de transporte y tampoco lo interrogó por el destino, algo que agradeció enormemente. No era como si tuviera algo tan increíble o súper genial planeado.
Barry condujo hasta los límites de la ciudad y luego cuesta arriba por otro par de minutos, por la orilla del Parque Nacional de Keystone, hasta llegar a un mirador. La luz rojiza del atardecer bañaba el espacio, completamente desierto.
—Estamos aquí —avisó, estacionando el auto de frente a la vista de la ciudad.
Barry se bajó del auto y lo rodeó corriendo, para que Caitlin no alcanzara a bajarse antes de que él pudiera abrirle la puerta. Ella se lo agradeció, riendo.
—No estoy muy segura de qué hacemos aquí… —comentó, cuando Barry y ella se apoyaron contra el capó del auto para contemplar la ciudad—. Pero no puede ser tan grave.
—¿Disculpa? —inquirió Barry, confuso.
—Lo que quieres decirme —se explicó Caitlin, encogiéndose de hombros y señalando el lugar con su brazo—. Barry, detestas conducir y, por alguna razón, no tenías prisa por llegar aquí… al Medio de la Nada, donde es extremadamente improbable que nos interrumpan. ¿Qué es lo tan privado?
Barry rió fuerte ante su suspicacia.
—No es ni lo uno ni lo otro. Ni privado ni grave —aseguró, quitando de su rostro los mechones de cabello que el viento le estaba alborotando, y la contempló con una leve sonrisita antes de añadir: — Profundo, tal vez.
Caitlin alzó su mano para colocarla en la mejilla de Barry, pero él la atrapó a medio camino y se la llevó al pecho.
—No-no... no te salvé porque no quisiera escucharte —tartamudeó—. Lo hice porque no puedo evitarlo.
Dio un hondo suspiro para calmar sus nervios, y Caitlin sólo se limitó a sonreírle pacientemente.
—La noche que pasamos juntos… pasó algo —continuó, cuidando de mantener sus ojos sobre los de ella en todo momento—. Algo se despertó en mí. Tenías razón con lo de que tenía mucha energía acumulada y debía gastarla, o podría echarme a correr sin control, perderme y nunca regresar… pero te perdiste dos detalles —Caitlin alzó las cejas—. Mi exceso de energía no me jala hacia cualquier lado… me jala hacia a ti —Barry se giró, recargándose de costado contra el capó y agitó su cabeza hacia ella con énfasis— y, una vez que estoy ahí, no siento la necesidad de seguir corriendo. Esta cosa, esta energía… no se detiene, pero fluye y se asienta… tú eres como un…
—¿Pararrayos?
—No, como un refugio… —Barry oyó con atención la canción de Wildlife que estaba sonando en la radio del auto—. una tienda.
—¿Una tienda?
—Una tienda a prueba de relámpagos. Cada vez que estoy contigo, nos aislamos de toda la energía que fluye a nuestro alrededor.
Barry apretó los dientes y exhibió una sonrisa preocupada al notar la expresión calculadora de Caitlin. Si bien no dudaba en lo absoluto de sus afectos por él, estaba seguro de que ella estaba registrando cada almacén de su cerebro en busca de una explicación científica.
—Por supuesto —recordó ella, de pronto, alzando sus ojos hacia los de Barry. Él le sonrió desde la minúscula distancia que los separaba, haciendo su mejor esfuerzo para no interrumpirla con un beso—. Ese día, cuando tocaste la computadora… estábamos muy cerca el uno del otro, y luego de que explotó fue como si te recuperaras.
—Es atracción literal —rió Barry, posando sus manos sobre los hombros de ella—. Creo que mis síntomas y la explosión se debieron a que acababa de encontrar una forma de liberar la energía y mi cuerpo… te necesitaba. A eso me refiero: cuidas de mí cuando me lastimo y ahora, literalmente, me mantienes los pies en la tierra. Estoy amando de nuevo… tengo un propósito —Hizo una pausa para tomar una larga bocanada de aire—. Es más fuerte cuando te echo de menos, cuando estás triste, asustada… o preocupada por mí.
Caitlin agitó las manos delante de sí para solicitar una pausa.
—¿Sabes cómo me siento? —preguntó, estupefacta. Barry podía sentir el golpeteo rápido de su corazón en la palma que tenía sobre su hombro.
—La mayor parte del tiempo, sí —respondió él—. Pero no el motivo de que te sientas así. Hace cuatro noches, fui jalado hacia STAR Labs… porque estabas triste —Barry parpadeó, al reconocer la emoción repentinamente—. ¿Por qué?
Algo preocupado, llevó una palma a la mejilla de ella, porque se acababa de morder el labio y parecía tener algo atorado en la garganta. Sus pupilas siguieron a las suyas con una coordinación admirable.
—Porque soy complicada y te amo —contestó, recomponiéndose
—Esa es una… elección interesante de palabras —comentó Barry, tratando de evitar hacer un pequeño bailecito ante la declaración. No recordaba haber estado tan genuinamente feliz desde que era un niño.
—Eso es como una verdad universal desde que te conocí. Pero tú… —Caitlin sonrió, impidiendo que las lágrimas acumuladas se salieran del perímetro de su párpado inferior—. Tú nunca me viste de esa forma y nunca pensé que nuestro pequeño desliz te haría enamorarte de mí. Cuando me dijiste de tus sentimientos, no supe qué hacer con eso. Hubo un momento, hace mucho, en el que pude imaginarte conmigo… pero entonces empezaste a salir con Iris y yo me convertí en un monstruo… yo…
Se encogió de hombros y se secó ágilmente los ojos con la manga de su suéter. No era necesario que completara la frase o recurrir a su vínculo para que Barry supiera exactamente cómo se sentía.
—Cait… sin ofender, pero fuiste la peor villana de la historia. No hiciste ni un cuarto del mal que yo hice —dijo él, y ella lo premió con una risita—. Y, respecto a lo otro, sería fácil para mí torturarme con la idea de que nunca amarás a nadie como amaste a Ronnie —se atrevió, tomándola por sorpresa. Ella bajó la vista con cierto bochorno—. Y, cielos, sé que Iris nunca me amó como amó a Eddie, pero tú y yo… tuvimos nuestros momentos, ¿verdad? ¿Recuerdas el karaoke? —Caitlin rodó los ojos. Claro que lo recordaba—. Esos éramos nosotros… antes de que te casaras, antes de que yo me comprometiera… —Satisfecho, vio que su interlocutora parecía estar asumiendo bien sus palabras—. Y no quiero minimizar nuestras pérdidas, pero… la vida nos tiene justo donde nos quería. Aquí hay una verdad universal: la Evolución. Sea cual sea el primer organismo del que venimos, estaba predispuesto a desarrollar inteligencia.
Caitlin intentó no reírse mientras esperaba que él aclarara ese punto. Barry prefirió no comentarlo en voz alta, pero no pudo evitar pensar en la paciencia que ella le tenía. Iris ya lo habría hecho callar.
—Y eso significa que tal vez no me enamoré de ti cuando te conocí… —empezó a explicar, haciendo una pausa para añadir dramatismo— pero definitivamente lo iba a hacer en algún momento. Estaba predispuesto a enamorarme de ti.
Ella, al no saber qué añadir, sonrió y se puso en puntillas para darle un abrazo. Barry la rodeó firmemente y le concedió un momento para mantener la cara escondida en su hombro, ya que era obvio que no quería llorar frente a él.
—Encontraré una forma de controlar esto, ¿de acuerdo? Ya no seré tan imprudente —la consoló—. Te prometo que no me iré a ningún lado.
—No sólo siempre, siempre sabes qué decir… también lo haces muy convincentemente —lo alabó Caitlin. Sus ojos irritados iban acompañados de una radiante sonrisa cuando se separó de él.
—Alguna vez me dijiste que te gustaba cuándo la vida era predecible —prosiguió Barry, entrecerrando los ojos para protegerlos del sol del atardecer—. Pero, como alguien que puede saber fácilmente qué le depara el futuro, te digo: Caitlin Snow, eres lo más impredecible que me ha pasado, y eso es lo que más me gusta de lo que tenemos aquí.
—¿Quién lo diría? Arruiné una línea temporal —Dicho eso, alzó la mano para que Barry le diera los cinco, pero él negó con la cabeza, enfatizando en la poca gracia que le hacía el comentario—. Recuérdame no volver a bromear con eso... Entonces, ¿por qué me traijste aquí? ¿Qué tiene de especial este lugar?
—Es sólo un viejo cliché de película que siempre quise hacer. Ya sabes: una chica, un mirador… y un auto que no necesito —Rodeó el auto de Joe, metió la mano por la ventana del copiloto y sacó una baliza policial—. ¡Un auto de policía que no necesito! —agregó.
—¿Usaste un cliché de película en mí?
—Si te gustan, tengo muchos. ¿Qué te gustaría después? Un Flaaaaaaash mob?
Cuando Barry alzó la palma para recibir los cinco, esta vez fue Caitlin quien negó con la cabeza ante el chiste malo. No obstante, no más de dos frases después, ambos volvieron a romper en carcajadas sonoras gracias a alguna estupidez espontánea y aleatoria.
Barry había oído mil veces que la felicidad no era algo estático, sino un conjunto de momentos y, si bien quería que este en particular durara para siempre, tenía fe en lo que se les venía. Tenía fe en que, después de pasar por todo lo que él y Caitlin habían pasado, nada era tan serio. Que el mundo se volvía un poco mejor cuando encontrabas una nueva forma de vivir, a pesar del dolor, y a una persona que compartiera la misma sensación. Alguien que no pensara en dicho dolor como una bomba de tiempo.
Por primera vez desde que tenía once años, Barry Allen se sentía tan seguro y protegido como cualquier persona de Central City se sentiría con Flash.
fin
PD: La canción de Wildlife que sonaba en la radio se llama "Lightning Tent" ;D
