Disclaimer: Los personajes le pertenecen a J. K. Rowling, lo cual es una lástima porque yo hubiera escrito una saga con Slytherin, sexo, drogas y rock&roll.
Epílogo
El ministerio estaba lleno de movimiento aquel día, frenético, con empleados y periodistas. Era lunes quince de enero de 201 y las elecciones en el Winzengamot se habían convocado para ese día. Y, aun cuando solo el Winzangamot en pleno votaba, la mayoría de los magos del mundo mágico esperaban el resultado con ansias. Algunos más que otros. En la División de aurores todo transcurría con aparente tranquilidad mientras, a puertas cerradas, transcurría la votación. Zeller se encontraba allí, como miembro honorario, por ser la jefa de la División, así que Creevey se había quedado en su despacho que poco a poco empezaba a adoptar como el suyo propio. Ted Lupin, por otro lado, no estaba en su escritorio, sino en una esquina algo alejada de los demás donde una joven alta pelirroja, con rasgos finos y movimientos distinguidos hablaba con él.
—Vic… —murmuró él—, no me respondiste las cartas durante estos días. —Sacudió la cabeza, sin saber qué decir o qué hacer. Verla le daba ganas de besarla, pero no quería forzar las cosas, ni perder de vista por qué habían tenido todas las discusiones al final—. Y ahora vienes… y…
—Ya lo sé. —Ella bajó un poco la vista.
—Sabes que quiero intentarlo. Volver, lo que sea… —Ted medio sonrió, lo que seguro le dio esperanzas a Victoire—. Pero soy un auror, Vic, eso no va a cambiar, nunca. No te puedo prometer que no voy a trabajar o que voy a tener mucho tiempo libre. —Se encogió de hombros—. No te puedo prometer que no me iré a las once de la noche, porque los avisadores tienen pésimas horas para sonar. No te puedo prometer muchas cosas pero… te quiero, así, sin más.
Victoire sonrió. Lentamente, alzó las manos y envolvió las de Ted con ellas, con una sonrisa.
—Creo que puedo vivir con eso —murmuró—. Si me quieres… puedo vivir con eso.
Ted sonrió.
—¡Ya hay resultados! —gritó alguien—. ¡Los del Winzengamot empezaron a salir!
Eran las cuatro de la tarde. Dentro de pocos minutos, cuando la sesión al completo hubiera abandonado la sala se comunicarían los resultados a la prensa y a todos los magos en el Reino Unido. La mañana siguiente, el ministro o la ministra electa sería la portada de El Profeta, e incluso del Quisquilloso. En todas las estaciones de radio mágicas se oiría su nombre.
—¡Señor Creevey! —un chico de los recados llamaba a la puerta de Rose, donde le habían dicho que encontraría a Dennis Creevey, lo más seguro—. ¡Señor Creevey! —Finalmente un Dennis Creevey que refunfuñaba abrió la puerta y recibió un papel en la mano del chico—. Me han pedido que le de esto.
—¿Qué? —murmuró Creevey, contrariado, pero entonces lo leyó.
—¡Lupin! —gritó, mientras tomaba su abrigo y se lo ponía. Ted volteó a verlo alzando un ceja, como preguntando que quería—. ¡Le dices a Rose que me fui a ver a Colin! —le gritó, anunciándole a todo el mundo, indirecatamente, que su esposa, Mai Creevey, acababa de dar a luz.
Y se marchó al vuelo, esquivando a los medios que esperaban la crujiente noticia sobre las elecciones a ministro. Los aurores más jóvenes se dirigían una y otra vez al atrio, por turnos, esperando oir la codiciada noticia y proclamarla por todo el ministerio, y no eran los únicos expectantes: muchos empleados más querían ser testigos del acontecimiento. Ted no bajó, se quedó allí, con Victoire, hasta que un auror de los más jóvenes llegó casi corriendo y gritó una nticia que le hizo sonreír de oreja a oreja.
—¡Es Hermione Weasley! ¡Hermione Weasley ha sido proclamada como la nueva ministra de magia!
Well, that's the true end.
Vendetta, como Vendetta, realmente terminó. No hay más venganzas, ni más obsesiones, ni más planes trazados a la perfección. Pero hay, por supuesto, cabos sueltos, intrigas sin resolver, y muchas más ideas.
Así que está fue todo, y aun queda el consuelo de que esta no es una despedida, sino sólo un hasta luego. Pueden encontrar la secuela bajo el nombre de Morte, que empezará a publicarse en Enero.
Por otra parte, quiero dar unos cuantos agradecimientos:
A Bell Potter, por ser la primera en leer todos los capítulos y hacerme el honor de darme una opinión sincera y compartirme las teorías que iba creando, día tras día.
A Dann, por leer con interés, por compartir todas sus opiniones, y por rogarme que nunca se me ocurriera hacer drama adolescente. Y porque es uno de los mejores amigos que uno puede pedir esta vida.
Y a Luz V (alias Lucy Weasley), por cuestionarme sobre mis personajes, haciendo que salga lo más profundo de ellos y, por supuesto, por leer.
Para una mente bien organizada, la muerte es la siguiente gran aventura
Andrea Poulain
a 27 de septiembre de 2013
