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LAS ALAS DEL CISNE

CAPÍTULO 1

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Reneé conducía emocionada hacia su casa, repasando los planes que tenía para ese verano. Sonrió pensando que era la mujer más feliz, su vida se encontraba en un momento culmen; tenía estabilidad económica, su marido la amaba con locura; su hijo era un irreverente niño de diez años que alegraba sus días con sus travesuras y ocurrencias; su pequeña princesa de cinco añitos era la luz que iluminaba los ojos de su hijo, de su marido y de ella.

Ya que Emmett, su hijo, se iría todo el verano a un campamento; había decidió inscribir a su pequeña a clases de ballet.

Llegó a casa dando brincos de alegría, como si la sorpresa fuera para ella.

— ¡Bella! ¡Cariño, ven aquí! — llamó a gritos dese la sala.

— ¡Mami! — chilló la pequeña emocionada, que entró corriendo al encuentro con su madre—. ¿Por qué no me abrazas? — preguntó frunciendo el ceño adorablemente, ella había llegado con ímpetu a abrazar a su mamá, pero ésta no le correspondió, dejó sus manos a su espalda.

—Princesa, da un paso hacia atrás y cierra los ojos— pidió con una enorme sonrisa. No había nada mejor que ver los ojitos de su pequeña brillando de emoción.

— ¿Sorpresa? — se aventuró a preguntar dando saltitos y pequeños aplausos.

—Sí, cariño, una sorpresa. Cierra los ojos— ya que su hija tapó sus ojitos con ambas manos puso frente a ella el esponjoso vestido rosado—. Listo, puedes abrirlos.

Isabella abrió sus ojitos y boca encantada con lo que había frente a ella. Alzó un dedito, apenas rozando la tela, deleitándose con la suavidad del tutú y la delicadeza de las cintas.

— ¡Es un vestido de princesa! — chilló emocionada. Reneé rió y se hincó frente a su hija para explicarle mejor.

—No, mi vida, es un tutú.

— ¿Un tutú? — preguntó Bella mortalmente confundida.

—Sí, tutú. Éste es un vestido especial para bailar ballet. Ya que tu hermano se va hoy de campamento, mañana tú comienzas con clases de ballet, así no te sientes tan solita mientras él no está.

— ¿Ballet? Mami, ¿yo puedo bailar eso?

—Para eso vas a tomar las clases, mi amor, para que aprendas a hacerlo— Bella hizo una mueca—. ¿Qué pasa, cariño?— preguntó asustada de que a Bella le desagradara la idea.

—Es que… éste vestido es muy bonito para bailar— se quejó, sintiendo lástima por el hermoso traje. Reneé rió por la curiosa ocurrencia de su hija.

—Amor, este es sólo un traje de ensayo. Los de gala son mucho más hermosos.

— ¿Más bonito que éste? — preguntó con su boquita muy abierta, sorprendida.

—Sí, más bonito. Si tienen una presentación al final del curso lo más probable es que uses uno— los ojitos de Bella se iluminaron—. ¿Qué te parece si te lo ponemos para ver qué tal te queda?

— ¡Sí! — chilló Bella brincando emocionada.

Poco después aparecieron de nuevo en la sala, ésta vez encontrándose con Emmett y Charlie, que cargaban pequeños leños para las fogatas del campamento; dejaron los trozos de madera a un lado y pusieron atención a la peculiar vestimenta de la pequeña.

— ¿Qué hace mi hermana con disfraz? — preguntó Emmett haciendo enrojecer de coraje a Bella.

— ¡No es disfraz! — defendió ella arrugando el entrecejo y dando un puntapié.

—Pero pareces hadita con tu disfraz de…

— ¡Que no es disfraz!— repitió pataleando ante la insistencia de su hermano.

—Hijo, tu hermana no está disfrazada— dijo Charlie sin poder evitar una risilla.

— ¿Entonces? — preguntó Emmett cruzándose de brazos.

—Emy, Belly está usando su traje nuevo de baile. Es un tutú de ballet— explicó Reneé con paciencia.

— ¿Bella en ballet? — preguntó sorprendido.

— ¡Claro! No creerás que eres el único que puede tener actividades de verano, ¿verdad? — dijo Charlie con simpatía.

Emmett no quedó satisfecho de molestar a su hermanita, hasta tiempo después. Más tarde él y su papá se despidieron de Bella y Reneé y se fueron rumbo el campamento que los libraría del remolino que era Emmett, por lo menos lo que durara ese verano.

Al otro día Isabella llegó corriendo a casa, dejando atrás a su padre que había pasado a buscarla a la academia. Entró con una enorme sonrisa, sus pasitos apresurados hacían brincar la faldita de su tutú, buscó con desespero a su madre hasta que la encontró leyendo documentos de trabajo en su habitación.

— ¡Mami! — chilló emocionada.

—Hola, princesa— respondió Reneé con una enorme sonrisa, dejó los documentos de lado y extendió los brazos para recibir a su pequeña con un gran abrazo—. ¿Cómo te fue, cariño?

— ¡De maravilla! Hoy me enseñaron posturas básicas, ejercicios de calentamiento y los primeros pasos clásicos…— Reneé siguió la entretenida conversación con una enorme sonrisa.

Isabella detalló toda la clase con un brillo especial en sus ojitos, ahí fue cuando Reneé se dio cuenta que de ese verano resultaría algo maravilloso; no vio la inmensidad de ello hasta que fue testigo del empeño que ponía su pequeña hija en sus ensayos, lo dedicada y disciplinada que se volvió con sus ejercicios y lo radiante que lucía cuando le mostraba un nuevo paso.

Al final de verano prepararon una presentación final con un par de escenas del cascanueces, Bella consiguió el papel principal y lució un precioso traje con aplicaciones brillantes, tuvo una cita en el salón para que la peinaran con a una verdadera princesa y su papá le regaló un par de zapatillas de baile nuevas.

Reneé fue tras bambalinas minutos antes de la presentación para ayudar a su pequeña con cualquier cosa que pudiera necesitar, no pudo dar un paso más cuando la vio ensayando con pasión al lado de sus compañeritas, tenía un estilo hermoso que no había notado antes, la dejó sin palabras.

—Es única— dijo una voz femenina a sus espaldas, Reneé volteó a verla—. Rachel Wood— se presentó ofreciéndole su mano.

—Hola, mucho gusto. Es la maestra de las niñas, ¿cierto? — dijo después de contestar al saludo con su mano.

—Sí. Permítame felicitarla por Isabella, ella ha sido la mejor alumna, la mejor que he tenido en mucho tiempo.

—Gracias.

—Me atrevería a decir que su hija tiene un don, sólo mírela, la forma en que su cuerpo se mueve, su estilo, soltura, naturalidad…, como si hubiese nacido para hacer esto.

Tras esas palabras Reneé se despidió de la maestra con una enorme sonrisa y tomó u lugar al lado de Charlie para apreciar el espectáculo.

Sin lugar a dudas Isabella irradiaba hermosura por donde quiera que se le viera, sus alegres pasitos entusiastas eran perfectos, brillaba por sí sola eclipsando totalmente al resto de niñas.

Ese día muchos fueron testigos de un hecho que marcaría la vida de los Swan.

Ese día nació un cisne.

Por: VickoTeamEC

Aquí les dejo el primer capítulo de mi nuevo bebé. Así fue como todo comenzó, con un simple curso de verano.

Espero su apoyo con éste nuevo proyecto

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Nos leemos pronto. Pueden agregarme a fb (Vicko TeamEc)

Besos de bombón

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