.
.
LAS ALAS DEL CISNE
CAPÍTULO 2
.
.
Isabella se plantó frente a la gran pared de espejo. Escrutó detenidamente su aspecto, observó la bola de cabello perfectamente acomodada en el tope de su cabeza, el pequeño mechón que insistía en salir de su lugar para caer sobre su rostro, su cara de concentración, sus hombros perfectamente alineados, sus brazos abiertos con gracia en perfecta posición y sus piernas firmes con los pies plantados sobre la duela. Esperó con respiración acompasada y profunda a que la canción empezara, la música comenzó a resonar entre las paredes del salón, ella no dejó de observar sus movimientos mientas se deslizaba al compás de las notas y lo que dictaban sus pies expertos.
En el reflejo estaba la misma convicción de siempre, el mismo incentivo: Broadway.
Desde pequeña tomaba a diario el mismo camino: desde su casa en Rodeo Drive, en Beverly Hills, hacia el oeste por el Santa Monica Boulevard (casi hasta llegar a Santa Mónica), ahí se encontraba Elevé Ballet Academy (EBA).
Aquel curso de verano a los cinco años decidió su futuro, supo en el instante en el que realizó su primera pirueta que quería hacer eso por el resto de su vida. Fue así como se propuso ser la más grande, el más hermoso cisne de ballet. Puso empeño y dedicación a cada lección, aprendió cada paso con perfección, siempre se esforzó al máximo, dando lo mejor de sí. No había alumna más consagrada que ella.
Desde que entró en la adolescencia decidió que dedicaría su vida al ballet, el día que llegó a sus oídos la pregunta "¿Qué serás cuando seas grande?", ella contestó sin dudar:
—Bailarina de ballet en Broadway— la enorme sonrisa y el brillo en sus ojos soñadores no dejaban cabida a la duda.
Era un alivio que sus padres la apoyaran en su decisión y no la forzaran a estudiar una carrera "normal", tal como lo hacía su hermano en la UCLA Anderson School of Management.
Hacía años que se había propuesto entrar entre las filas de las más reconocidas firmas de Broadway y, ¿por qué no?, del afamado grupo de danza Balletto de Inglaterra. Sabía que podría lograrlo.
Podía visualizarse en importantes presentaciones, tal vez no con el papel principal, pero sí entre las más destacadas; casi podía degustar el dulce y desdeñoso sabor a gloria. En cuanto a la fama, sabía que importaba; se lo habían corroborado las múltiples ocasiones en las que apareció en los tabloides del periódico, cuando adulaban a la bella intérprete de las más exquisitas danzas del EBA. Esas pequeñas apariciones "en público" y el reportaje que le hicieron de la escuela de arte de la UCLA, catapultaron su carrera un par de escalones más arriba, siendo Bella el punto de referencia de muchas y la candidata perfecta para ganar uno de los codiciados lugares en Broadway.
Su tiempo como alumna del EBA estaba por expirar, ya estaba en noveno grado y tendría que alzar el vuelo hacia una academia más especializada. EBA era reconocida por sus excelentes clases de ballet y la buena formación que daba a sus alumnos desde muy pequeños, años de experiencia la avalaban y alumnas como Isabella sólo hacían titilar el nombre de la academia con reconocimiento y buena fama.
Bella no perdió detalle de sus movimientos. La canción, aunque moderna para el ballet, fue interpretada con gracia. Se paró en puntas sólo como ella sabía hacerlo, giró en movimientos fluidos y limpios, sus piruetas eran dignas de envidiarse. Por supuesto, era la promesa a bailarina modelo; su nombre se estaba dando a conocer en medios de comunicación, era elogiada por los más duros críticos expertos de baile, definitivamente el ballet era su mundo perfecto.
Por más que lo pensara no había vuelta atrás, no podía visualizarse de otra forma. Por lo que decidió, rotundamente sí, eso era lo que quería hacer por el resto de su vida. Quería pisar los más excelsos escenarios, conocer a las leyendas del ballet y codearse con las más famosas bailarinas.
Sí, ella realmente quería todo eso y más.
Para el final de su rutina hizo una espectacular pirueta, quedó de pie, con un brazo flexionado y el torso levemente inclinado: devant. Se sorprendió al escuchar unos atronadores aplausos inundando el lugar, se giró en un rápido movimiento y le regaló una resplandeciente sonrisa a su espectadora.
—Perfecto, supremo— dijo ella sin dejar de aplaudir.
—Gracias, maestra Wood— contestó Isabella sonriente, con una leve inclinación de cabeza.
—Aún me sorprende que cada día mejores más tu técnica. Cada vez noto más perfeccionados tus pasos. Bella, cuando estás en pointe es más que perfecto..., tus giros, cada mínimo movimiento…, y podría seguir toda la tarde con elogios hacia ti.
—Gracias— contestó levemente roborada.
—De nada, Bella.
— ¿Qué hace tan tarde en la academia?
—Sé que si te pregunto lo mismo me dirás que ensayando— las dos rieron—. Quería ser la primera en felicitarte.
— ¿Felicitarme? — su maestra sonrió y asintió.
—Por medio de la academia has sido nominada para participar como protagonista en la XXI Obra Magistral Internacional que tendrá sede en Las Vegas— conforme Bella escuchaba las maravillosas palabras, su boca se iba abriendo de sorpresa hasta que soltó un grito de alegría y se abrazó con fuerza a su maestra.
— ¡No lo puedo creer!
—Felicitaciones, pequeña. Te lo mereces— aduló su maestra sin dejar de abrazarla—. No puedo creer que aquella pequeña niñita a la que comencé a darle clases hace quince años ahora esté por aparecer en un evento tan importante. Porque estoy segura de que obtendrás ese puesto.
— ¡Aún no lo puedo creer! Tengo que contarle ahora mismo a mi mamá, a mi hermano…— comenzó a decir con rapidez por la emoción, haciendo reír a su maestra.
—Tengo algo para ti.
— ¿Para mí?
— ¡Por supuesto, mi niña! — buscó entre las cosas de su gran bolso—. Aquí está— le tendió una caja mediana y rectangular.
Bella quitó el lazo rosa y abrió con cuidado el paquete. Saltaron unas largas cintas satinadas de un precioso color rosado, las jaló y un par de puntas de ballet resplandecieron frente a sus ojos.
— ¡Son hermosas! Muchas gracias— abrazó de nuevo a su maestra.
—En cuanto a Emmett… no creo que tengas que hablarle— Bella la vio con mueca de duda—. Te está esperando afuera, lo vi fumando hace rato.
Isabella sonrió aún más, agradeció efusivamente una vez más y se preparó para salir. Corrió por los pasillos como cuando era niña, al otro lado de la puerta de cristal pudo ver a su hermano merodeando en la acera mientras hablaba por teléfono, se abalanzó con ímpetu hacia él, dejó caer su bolso justo antes de subirse a la espalda del fortachón de Emmett.
—Te dejo, tengo que irme— dijo colgando su celular—. ¡Belly! — saludó mientras se sacudía, tratando de sacarse a su hermana de la espalda.
Cuando por fin la hizo soltarse, la pasó al frente de él para darle un abrazo constrictor sólo como él sabía y llenarle el rostro de ruidosos besos mientras ella reía como niña.
—Hola, pequeña Belly— dijo después del entusiasta saludo inicial.
—Hola— respondió ella con una resplandeciente sonrisa. Se alzó, estirándose en puntillas, para dejar un beso en la mejilla de su hermano.
— ¿Estás lista?
—Sí— Emmett se agachó para tomar las cosas de Bella, las echó al asiento trasero de su focus y le abrió la puerta a su hermana.
—Tengo noticias— canturreó Bella mientras encontraba una buena canción en el reproductor del auto.
—Yo también— canturreó de igual manera Emmett—. Tú primero.
—Soy una de las nominadas— hizo una pausa y se acomodó de lado para ver la cara que pondría su querido hermano—, a protagonizar en la ¡XXI Obra Magistral Internacional en Las Vegas!
— ¡Las Vegas, baby! Sé que lo lograrás— dijo él exultante en felicidad—. Estoy muy orgulloso de ti, Belly— dijo él estirando su mano para entrelazarla amorosamente con la de su hermanita.
—Me muero por contarle a papá y mamá— Bella dio un par de brinquitos imaginando sus rostros.
—Creo que eso tendrá que esperar.
— ¿Por qué?
— ¡Tenemos que festejar! — Bella lo vio con atención—. Usted y yo, señorita, tenemos una fiesta.
— ¿Tenemos? Eso me suena a manada.
—Nah, sólo suena a que tú y yo vamos a pasar el fin de semana en la casa de Santa Mónica. Oh, sí, lo olvidaba… atendiendo la fiesta que daré con mis amigos de la facultad.
—Tú lo has dicho, baby, tus amigos. Para que veas que no soy mala, te acompañaré— Emmett sonrió y apretó ligeramente su mano alrededor de la de su hermana—. Pero sólo eso, Swan. Al siguiente día tú te encargarás de tus invitados y tú te harás responsable del desorden.
— ¿Y tú qué?
— ¿Yo? — Emmett esperó paciente la respuesta de su hermana—. Tal vez vaya a la playa a tomar un poco de sol o salga a dar una vuelta en bicicleta por Ocean Front— contestó altanera.
—Belly…— rogó tratando de persuadirla para que accediera a ayudarlo al día siguiente con el aseo.
—No, la fiesta es tuya.
— ¡Pero celebro a mi hermanita!
—Podría ser, pero como acabo de darte la noticia…, no cuenta. Debías sorprenderme— contestó sonriendo victoriosa.
—Está bien— refunfuñó Emmett como niño pequeño.
Siguieron su camino por el Santa Mónica Boulevard, se detuvieron a comprar algo de comer y continuaron su viaje hasta que giraron a la izquierda en Ocean Avenue. Pasaron Hollister Avenue, donde Ocean Av. se convertía en Barnard Way, y siguieron hasta la esquina de Barnard y Ocean Park Boulevard.
Desde que Isabella alcanzó a ver el parque que daba frente a su casa deseó bajarse del coche, correr a través del pasto hasta la playa y hundir sus pies en el agua. Suspiró, caminó de la mano de Emmett hacia el interior de la casa y se prepararon para una interminable noche de fiesta.
Uno a uno fueron llegando los amigos de su hermano, entraron en ambiente rápidamente, la música resonaba en las paredes de la sala y los bailes no se hicieron esperar. Entre todos ellos había un interesante chico de ardientes ojos grises, cabello negro y sonrisa seductora; desde el momento en el que él y Bella conectaron sus miradas estuvieron casi seguros que esa noche algo pasaría, por lo menos esa ocasión.
— ¡Vamos al Font! — animó Jared, amigo de Emmett, mientras mecía en su mano un vaso con algún trago.
— ¿En dónde está eso? — preguntó Bella dejándose llevar por el abrazo del amigo de su hermano de lindos ojos grises.
— ¡Malibú! — chilló una chica rubia de la que Bella no recordaba el nombre.
— ¿¡Qué!? ¡Están locos! — dijo Bella con terror—. ¿No podemos dar la vuelta aquí?
—No seas aburrida, baby. Anda, vamos a dar la vuelta por Malibú— dijo Emmett pasándole un brazo por los hombros.
—Sí, baby, vamos— dijo el tipo que tenía al lado. Lo fulminó con la mirada, sólo Emmett la podía llamar así.
—Si te opones… ¡iremos hasta Oxnard! — amenazó Jared apuntándola con su vaso.
—Está bien— farfulló no muy convencida.
— ¡Gente, nos vamos al Font! — aulló Jared haciendo que todo mundo saliera como si hubiera amenaza de bomba en el interior de la casa Swan.
—Vámonos, baby— dijo Emmett tendiéndole la mano a Bella después de cerrar con seguro la puerta principal.
—Ella se va conmigo— murmuró el chico de ojos grises, atrayéndola hacia él por la cintura.
— ¿Bella? — preguntó Emmett viéndola interrogante.
Ella miró la atractiva sonrisa, sonrió olvidándose por un momento del coraje que le hizo pasar Jared y volteó de nuevo hacia su hermano.
—Está bien, Emmett. Me voy con él— dijo lanzándole un beso, caminando al lado del chico.
Se subieron a un lindo mustang negro y arrancaron hacia una iluminada noche. La luna resplandecía sobre el mar, el agua lucía deliciosa aún en la distancia, desde que había llegado Bella apenas y había asomado la cabeza para admirar la vista.
— ¿A dónde vamos? — preguntó cuando se desviaron de la caravana de coches.
—Por bebidas, Bella. Al rato los alcanzamos, no te preocupes— ella le sonrió. ¿Qué podía pasarle? Él era amigo de su hermano, ¿no?
—A todo esto… ¿Cuál es tu nombre?— preguntó Bella y el chico soltó una risita.
—Paul.
—Mucho gusto, Paul. ¿Por qué no te conocía?
—Sólo tengo un semestre en Anderson, hace relativamente poco que conozco a los chicos— dijo refiriéndose al grupo de amigos de Emmett.
—Con razón no te había visto.
—Entonces, espero que me veas más seguido— dijo sonriéndole como a ella ya comenzaba a gustarle.
—Esperemos.
Llegaron a una tienda de conveniencia, cargaron el maletero del auto con bebidas y partieron con rumbo a Malibú por Pacific Coast Highway. La música atronaba en los oídos de Bella, invitándola a moverse aún sujeta a su asiento por el cinturón, tomó un par de botellitas de vodka y para cuando llegaron al Font, ella estaba totalmente animada.
El grupo de jóvenes se divertía a lo grande, el bar estaba en un local que daba justo al mar, en los intervalos de silencio musical se alcanzaba a escuchar de fondo el murmullo de las olas. Todos bailaban y reían al son de las canciones de moda. Era una noche espectacular. El local se puso a reventar en menos tiempo del que hubieran imaginado. Entre una cosa y otra Paul y Bella comenzaron a platicar y a alejarse.
— ¿Qué quieres hacer, Bella? — ofreció seductor.
—Mojarme con el agua del mar— dijo entre ebria y despierta.
—Vamos entonces— respondió llevándola de la mano hacia el agua.
Antes de llegar aventaron sus zapatos a un lado y corrieron entre risas hasta que sus pies chocaron con las olas que se arremolinaron entre ellos. Como lo había predicho, el agua estaba deliciosa; Bella rió encantada y chapoteó con sus pies como una niña.
De repente se vio envuelta en los brazos de Paul, quien la giró y la miró endemoniadamente sexy. Sin despegar los ojos de la boca de Isabella se acercó hasta que la besó, llevando sus fuertes manos a la espalda de ella, acariciando el escote de su vestido. Una ola, que no tenía nada que ver con el agua bajo sus pies, la recorrió por completo, haciéndola jadear y desear. Enredó sus manos en el corto cabello de Paul, picándole en las palmas y acariciándolo sugestivamente; él llevó sus manos al trasero de Bella, alzándola en un fluido movimiento, haciéndola enredar sus piernas alrededor de él. Comenzó a caminar con dificultad hasta que terminaron en un apartado y oscuro callejón.
Ella, recargada en una rasposa pared mientras Paul la embestía sobre la ropa, en uno de los momentos que se dieron un respiro, perdió la mirada en el mar mientras él besaba su cuello con desespero y acariciaba sus piernas, que habían quedado totalmente descubiertas al estar en esa posición.
— ¿Quiero esto? — se dijo a sí misma, recordando cuánto tiempo había pasado desde la última vez que tuvo sexo—. No, no lo quiero— se dijo con firmeza.
Se hizo hacia atrás todo lo que pudo, lo empujó con firmeza por los hombros y apartó el rostro cuando Paul hacía ademán de besarla de nuevo.
—No— él la miró arrugando el entrecejo—. No quiero, hoy no— ese "hoy no" le dio un poco de esperanza al chico.
Con un suspiro la dejó en el piso y se acomodó la ropa.
— ¿Qué quieres hacer entonces? — preguntó con paciencia.
— ¡Wow! No me ha insultado, ni ha salido corriendo— pensó Bella—. Estoy cansada, ¿puedes llevarme a mi casa? — preguntó haciendo una mueca de disculpa, esperando a que ahora sí explotara en su contra.
—Claro— dijo él tomándola de la mano—. Espera— dijo adelantándose, trotando a la playa, se agachó y tomó los zapatos de los dos—. Listo, vamos— dijo reanudando su marcha.
El camino silencioso terminó por agotar a Bella, ya era muy entrada la madrugada y sus ojos se cerraron poco a poco.
—Bella…— escuchó que la llamaban a lo lejos.
— ¿Humm?
— ¿Las llaves? — preguntó Paul.
—En mi bolso— murmuró con voz pastosa.
Poco después se sintió en volandas, se acurrucó en el pecho de Paul y en suaves murmullos le indicó el camino hacia su habitación. La dejó en la cama, la metió bajo las mantas después de sacarle los zapatos y se recostó al otro lado de la cama.
—Gracias— susurró Bella.
—Para servirle, señorita— dijo él en voz baja y ronca.
Un par de minutos después Paul se estremeció, moviendo la cama y haciendo a Bella abrir los ojos de golpe.
—Metete bajo las mantas, morirás de frío— dijo despertando a Paul, por nada del mundo subiría la temperatura del Mini Split de su habitación.
—Hasta mañana— dijo él después de que Bella sintió sus puntapiés mientras se sacaba los zapatos.
— ¿De qué planeta eres? — preguntó ella entre susurros.
—Del planeta Tierra, ¿y usted?
—También— respondió para después acurrucarse junto a él.
¿Qué le traería a Isabella esa salida a Malibú?
.
.
.
NOTAS:
* Ni idea quién pueda vivir en esa bella casa de Beverly Hills ni de Santa Mónoca, sólo las encontré y me parecieron dignas de los Swan.
* Elevé Ballet Academy existe, sí está en los ángeles y se dedica a dar clases de flamenco y pilates, además de ballet. Con mi imaginación sólo la cambiamos un poco más al oeste y más cerca de Santa Mónica.
* Balletto salió directamente de mi alocada cabeza, lo tomé de la etimología de la palabra "Ballet", en italiano "balletto", que significa danza (ballet).
* UCLA = University of California (Universidad de California).
* UCLA Anderson School of Management, es el área especializada en administración y ciencias económicas de la Universidad de California.
*Devant es una posición de ballet, también se le conoce como efface.
* En pointe es el francés de "en puntas", como el nombre lo indica, se refiere a la posición de pararse en puntas.
* El evento de Las Vegas es totalmente ficticio.
* Puntas de ballet son las zapatillas especiales que se usan para bailar.
* Font fue el nombre que se me ocurrió después de recorrer cibernéticamente Malibú por el Pacific Coast Highway.
.
.
.
Por: VickoTeamEC
Hola por acá! ya sé que me pasé de notas pero las creí necesarias.
¿Qué les pareció el capi? Díganme, por favor!
Wiiiiiiiii! logré actualizar rapidito! y mucho tiene que ver que ustedes hayan entrado a leer a mi bebé más pequeño.
GRACIAS! Vamos por la siguiente meta!
Nos estamos leyendo, mis corazones.
BESOS DE BOMBÓN!
.
.
