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LAS ALAS DEL CISNE

CAPÍTULO 3

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Isabella escuchó un gemido ronco al otro lado de la cama, apretó los ojos y frunció el ceño.

¿Qué pasó anoche?— se preguntó mientras abría lentamente los ojos. Reconoció su habitación, suspiró profundamente y trató de recordar—. ¿Cuáles de las cosas que hay en mi cabeza son realidad y cuáles no? — se preguntó en un intento de poner sus ideas en orden.

Detuvo el curso de sus pensamientos cuando escuchó un murmullo ininteligible, como alguien que habla en sueños, eso definitivamente era real. Se giró lentamente, sin saber qué encontraría, ¿Emmett se habría quedado sin lugar en donde dormir?

— ¿Paul? — susurró cuando vio al chico plácidamente dormido, totalmente repantigado a su lado.

Haciendo memoria recordó las botellitas de camino a Malibú, las interminables canciones que bailó, las bebidas, la playa, el agua, los besos… ¡los besos! Bella se cubrió la boca, escondiendo su sonrisa tonta y parte del sonrojo que se extendía por sus mejillas. Le dio una mirada de ternura al "bello durmiente" que tenía al lado, se puso de pie cuidando no hacer mucho ruido, tomó una muda de ropa y se metió al baño. Mientras el agua corría por su piel dejó que su mente se relajara, mostrándole la película de lo sucedido la noche anterior, en todo momento sonrió como boba, ¿quién lo diría?, al final de cuentas se había divertido como hacía mucho que no lo hacía.

Se enfundó en el pants azul de dos piezas que había elegido, cepilló su cabello, humectó su piel y se lavó los dientes con calma.

Entró a su habitación justo cuando Paul se removía, a punto de despertar; se acercó, tomó una cajita de chicles que tenía en uno de los burós y se sentó a un lado de él.

—Buenos días— murmuró Bella sonriente.

—Buenos…— Bella aprovechó que él había abierto la boca para poner dos pastillitas de chicle de menta en su lengua—. Buenos días— contestó él con una risita.

— ¿Dormiste bien?

—Muy bien… aunque pude morir de hipotermia— acusó Paul haciendo reír a Bella.

—Lo siento, trato de evitar el calor lo más que puedo— dijo pícara, mordiendo su labio casi inconscientemente.

— ¿Ah, sí?

—Ajá.

— ¿Cualquier tipo?

—Cualquiera— sonrió ella, siguiéndole el juego.

Paul la tomó de la cintura, la jaló hasta que la hizo caer sobre él; entre risas, Bella se acomodó hasta quedar a horcadas sobre él. Continuaron por un momento con palabras y jueguitos que los hacían soltar risitas tontas, hasta que al final Bella terminó inclinándose hasta juntar sus labios con los de él, el beso que comenzó sin nada del otro mundo, comenzó a intensificarse de a poco, llegando al punto en el que gemían levemente, sintiendo la tela de las mantas totalmente estorbosa y un calor diferente al clima consumiéndolos. Dos rápidos golpecitos se escucharon en la puerta, un segundo después Emmett entró con una sonrisa enorme en los labios.

—Mira, baby, Rose hizo el…— el rostro de Emmett se congeló al ver la escenita que tenía frente a él—, desayuno— terminó de decir en un susurro.

Bella rodó a un lado y Paul se sentó en un movimiento igual de brusco que el de ella, miraron cómo la ira de Emmett se dispersaba por su cuerpo, enrojeciendo sus brazos, su cuello y su rostro. La bandeja con el desayuno de Bella cayó de sus manos, dejándolas en dos firmes y tensos puños, comenzó a bufar como toro embravecido y sus dientes rechinaron de rabia.

— ¡Isabella Swan! — gritó Emmett a todo pulmón—. ¿¡Se puede saber qué demonios hace éste imbécil metido en tu cama!?

—Cálmate, Emmett— pidió Bella asustada, nunca lo había visto así de enfurecido.

— ¿¡Me vas a decir que jugaban damas chinas!?

—No seas sarcástico y deja que te explique— dijo Bella sentándose con cautela, como si calculara los movimientos de su hermano.

—Hermano, escucha…— trató de intervenir Paul. La sola mención de aquel adjetivo hizo reventar a Emmett.

Él se abalanzó sobre Paul, lo jaló de la camisa y lo sacó de la cama de su hermanita a empujones; tomó los zapatos que descansaban al lado de la cama y lo golpeó con ellos mientras lo guiaba fuera de la habitación. Entre los gritos de protesta de Bella, los gritos enfurecidos de Emmett y las mil y un disculpas de Paul; fue como pasaron por el comedor, llamando la atención de los amigos de Emmett que se habían quedado a pasar la noche. Emmett llevó a su amigo hasta su coche, mientras Paul trataba de excusarse, Emmett aventó uno de los zapatos en su dirección, Paul apenas lo esquivó antes de que se estrellara contra su cabeza; luego Emmett lanzó el otro, rozándole un brazo. Paul no tuvo otro remedio más que tomar sus zapatos, subirse a su auto y marcharse de ahí.

Emmett y Bella lo vieron alejarse, luego él dio un largo suspiro y se giró a enfrentar a su hermana.

— ¿Ya estás contento? — preguntó Bella conteniendo sus lágrimas—. Me has dejado en ridículo enfrente de todos tus amigos— dijo entre dientes.

Sin decir más, Bella se metió corriendo a la casa, subió a su habitación, tomó su teléfono celular, una liga para el cabello, un par de billetes y caminó a paso firme hacia afuera. Con todo el orgullo que logró reunir pasó de largo las miradas estupefactas y el silencio sepulcral de la primera planta, sintió la voz de su hermano a su espalda, pero no se detuvo.

—Bella— llamó él tomándola por un brazo.

— ¡Suéltame!

— ¿Qué querías que hiciera? ¿Cómo querías que reaccionara? No me importa tu vida amorosa, pero… ¡Dios! ¡Es nuestra casa!

—Para el sermón, Emmett. No era la forma. ¡Ya suéltame! — dijo retorciéndose para zafarse del agarre de su hermano.

—Espera, baby…

— ¡Que me sueltes! — exigió cuando sintió la mano de Emmett sobre su hombro—. ¡Y no vuelvas a decirme así!

Corrió alejándose de la casa, sin saber a dónde ir, sin rumbo fijo, sin un propósito, ni un fin. Dejó que el nudo en su interior se desahogara con un llanto duro y fluido; vagó por tiempo indefinido y cuando se sintió lo suficientemente valiente para socializar entró a una tienda de música que no había notado antes. Se paseó por los pasillos, escuchó un par de canciones y al final decidió comprar un par de acetatos de Patsy Cline que llamaron su atención. Cuando estaba en la fila para pagar su celular vibró de nuevo, suspiró, imaginando que tal vez sería Emmett y contestó sin fijarse en el número.

— ¿Sí? — dijo con cansancio.

—Hola, cariño. ¿Por qué no contestabas? — preguntó la amorosa voz de su madre.

—Oh, ¡hola, mami! Lo siento, estaba en la playa y no lo escuché— mintió patéticamente.

—Sólo quería avisarte que estamos por llegar a Santa Mónica, compramos algunas cosas para comer y como Emmett me dijo que no estabas… quise asegurarme de que estarás en casa para comprar tu postre favorito— Bella sonrió.

—Sí, mami, ahí estaré.

—Perfecto. Y… ¿dóndes estás, cariño? Claro, si se puede saber.

—Comprando unos discos. No te preocupes, mamá, estaré ahí a tiempo.

—Te esperamos, princesa. Un beso.

—Adiós— dijo y colgó.

No se había dado cuenta lo lejos que había ido hasta que tomó el camino de regreso.

Cuando por fin logró atravesar el umbral de la puerta de su casa, se dio tiempo para un respiro, había explotado como una bomba de sentimiento, había caminado pensando en todo y nada. No era sólo el asunto con Paul, eran sus inseguridades y su miedo al futuro. La incertidumbre del mañana, que de repente la atacó, llenándola de un infundado temor.

Un agradable aroma llegó a ella desde la cocina, haciendo a su estómago rugir en protesta a tantas horas sin alimento. Saludó con entusiasmo a sus padres, ignorando olímpicamente a su hermano. Entre una conversación y otra les contó la buena noticia sobre el evento en Las Vegas, cosa que causó la alegría de los señores Swan y un par de brindis como festejo.

Terminó de ayudar con lo poco que se había ensuciado y se dirigió directamente a su habitación. Reneé entro poco tiempo después, despabilando a Bella del estado de semi-inconsciencia en el que estaba mientras escuchaba sus discos nuevos, acostada en su cama.

—Hola, cariño— saludó Reneé, sentándose a un lado de ella.

—Hola.

— ¿Pasa algo con Emmett? — preguntó amorosamente mientras acariciaba su cabello.

—Nada malo— dijo tratando de restarle importancia.

—Los vi muy extraños allá abajo.

—No te preocupes, mami, nosotros nos arreglamos. No es nada grave.

— ¿Segura?

—Sí.

—Hija, teníamos pensado hacer un picnic en la playa, nadar un rato, caminar por ahí…

—Vayan ustedes— dijo Bella con una sonrisa sincera.

—Pero… Bella…

—En serio, mami, vayan ustedes. Estoy muy cansada por la caminata que hice.

— ¿Estás segura de que sólo es eso?

—Totalmente.

Guardaron silencio un minuto mientras ambas prestaban atención a la letra de la canción que se reproducía en ese momento.

—Bella, ¿qué pasó con Tyler? Hace tiempo que no te escucho hablar de él— Bella recordó la última vez que lo vio, hacía poco más de un mes, y cómo fue que terminaron.

—Terminé con él, era un idiota— aseguró recordando las múltiples peleas en tan poco tiempo. Desde que Bella le había dado el sí, él se sintió con derechos sobre ella como si se tratara de algún objeto y se dio cuenta de que andaba con ella sólo por la fama que ella le representaba a futuro, cosa que había pasado con sus últimas relaciones.

— ¿Un completo idiota? — preguntó su mamá, provocando la risa de Bella.

—Sí, idiota completo. Además, era pésimo en la cama— bromeó, aunque esto último no fuera del todo una mentira.

— ¡Isabella! — chilló Reneé separándose para verla con enormes ojos asustados.

—Estoy jugando, mamá— dijo riendo de la expresión en el rostro de su madre.

—Más te vale, jovencita— regañó, incrementando las risas de Bella—. Entonces, ¿no irás con nosotros?

—No, mami. En serio, estoy muy cansada.

—Está bien— dijo con un puchero infantil que hizo reír a Bella—. ¿Te vas a dormir?

—Supongo que sí— contestó acurrucándose en su cama.

—Que descanses, cariño. Nos vemos más tarde— dijo despidiéndose de su hija con un beso en la frente.

—Que se diviertan— murmuró Bella antes de acomodarse para caer profundamente dormida.

Los Swan pasaron una tarde divertida, jugando con Emmett como si fuera un niño, corriendo por la playa, mojándose en el agua, riendo y disfrutando. Llegaron a casa a la hora de la cena, Reneé se adelantó a la cocina junto con Charlie y mandaron a Emmett por Bella. Él subió las escaleras casi corriendo, con energía aún fluyendo por su cuerpo, se detuvo en seco frente a la puerta de su hermana, tocó un par de veces, pero no obtuvo respuesta.

— ¿Bella? — preguntó, silencio—. Bella, vamos a cenar— dio un par de toquecitos más fuertes, pero no obtuvo respuesta.

Asustado por el silencio al otro lado de la puerta, giró la perilla y entró casi escandalosamente. Bella estaba profundamente dormida, con el Mini Split a baja temperatura y las mantas echas bola a un lado. Emmett sonrió al verla así, llegó a su mente un vago recuerdo de una bebita de cinco meses, de cabello castaño claro, rellenas mejillas sonrojadas y un puchero en su boquita; acostada en una cuna blanca de madera con las piernas y los brazos estirados lo más que podía…, justo como estaba en ese momento, con los brazos alzados por encima de su cabeza, Emmett sonrió.

—Eres una ternura cuando te lo propones— susurró acomodando las mantas para cubrirla.

Ya que estuvo completamente arropada, la tomó de las manos para bajar sus brazos y protegerlos del frío.

—Te quiero, baby— susurró Emmett, depositando un beso en su frente. Bella se removió, acurrucándose contra su almohada, dando un par de gemidos entre sueños, como si intentara decir algo, y cayó de nuevo en un profundo sueño después de un suspiro.

Emmett sonrió y salió de la habitación.

—Está roncando como oso en diciembre— bromeó Emmett con sus padres al llegar de nuevo a la cocina.

Cenaron ellos tres, llegando al común acuerdo de dejar a Bella dormir tanto como quisiera.

El domingo, muy temprano por la mañana, Charlie y Reneé decidieron salir a trotar por la playa; Emmett se levantó al percibir movimiento en la planta baja, despidió a sus padres y se metió a la cocina, esperando que Bella no despertara antes y le echara a perder la sorpresa.

Bella estaba recién bañada, se había puesto un short de mezclilla y una camiseta ancha de manga corta, justo estaba dejándose caer en el sofá que tenía frente al televisor cuando escuchó que llamaban a la puerta de su habitación.

—Adelante— dijo en voz alta.

—Hola— dijo Emmett asomando la cabeza—. ¿Puedo pasar? — preguntó en tono apenado. Bella se encogió de hombros.

—Pasa— su hermano sonrió levemente y desapareció un momento detrás de la puerta. Entró cargando una bandeja con el desayuno de los dos.

— ¿Podemos desayunar juntos? — preguntó él como niño pequeño, Bella no resistió una sonrisa.

—Claro— Emmett dibujó una enorme sonrisa y se acercó—. Espera— dijo ella cuando él estaba por sentarse.

Bella se puso de pie y rebuscó algo en su armario. Emmett ensanchó aún más su sonrisa cuando la vio dirigiéndose a él con "la manta" entre sus manos, Bella la extendió en el sofá, se sentó e invitó a su hermano a sentarse a su lado. Ambos se cubrieron con la manta y se acomodaron para desayunar.

— ¿Qué es todo esto? — preguntó Bella viendo la bandeja con ojos brillosos.

—Son waffles con crema batida, fresas flameadas y jarabe de chocolate. Tus favoritos— Bella sonrió.

En la bandeja también estaba un plato de waffles con miel de maple, mantequilla y rebanadas de plátano (los favoritos de Emmett); dos vasos con jugo de naranja, un plato grande con fruta picada, granola, miel y otro tazón pequeño con fresas.

—Están deliciosos— murmuró Bella cuando dio el primer bocado, haciendo sonreír a Emmett—. ¿Qué es eso? — preguntó Bella cuando reparó en la presencia de una pila de cajitas sobre la bandeja.

—Películas— Emmett las tomó y se las pasó a Bella para que las mirara.

¿La sirenita? ¿Blanca nieves? ¿Cenicienta? ¿Alicia en el país de las maravillas? ¿Wall-e? — preguntó ella con una ceja en alto.

—Sí, ¿qué tiene?

—Que a ti no te gustan estas películas.

—Pero a ti sí, baby. Además, para mí traje Hércules, Las aventuras del emperador, Toy Story, Los increíbles y Cars— dijo muy orgulloso de sí mismo.

— ¿Veremos caricaturas todo el día? — preguntó Bella sin dejar de comer.

—Sí, todo el día— Emmett se puso de pie y puso la primera película que alcanzó, luego tomó de nuevo su lugar al lado de su hermana—. Bella, lamento mucho lo de ayer…

—No importa— contestó ella mirándolo para que él viera que era verdad—. Haces bien tu trabajo, baby— dijo sonriéndole sinceramente.

Terminaron de comer, para luego pasar el resto del día en el cómodo sofá, viendo caricaturas, complaciendo antojos, acurrucados bajo su manta como si aún fueran niños y bromeando y riendo amenamente.

Cuando Reneé los descubrió sonrió complacida, así eran sus pequeños. Ella y Charlie se sentaron con ellos para ver una de las películas de la matiné.

Entre una y otra película, Emmett y Bella aclararon lo sucedido el sábado por la mañana, Emmett sólo pudo justificarse con que aquello había sido un arranque brutal de celos y Bella lo disculpó diciéndole que el día que él hiciera lo mismo ella reaccionaría igual, llevándose de los cabellos a la mujer que se atreviera a tocar a su hermanito.

Al caer el sol los Swan salieron rumbo a Beverly Hills, de regreso a la rutina. Al amanecer Charlie iría a trabajar al despacho jurídico, Reneé a la agencia de relaciones públicas, Emmett a la Universidad y Bella a la Academia.

—Toc, toc— dijo Emmett cuando Bella se instalaba en su habitación.

—Pasa, baby— contestó ella.

— ¿Qué haces, Bells?

—Preparo las cosas de la Academia— dijo mientras acomodaba cosas dentro de su bolso.

—Ten— dijo Emmett extendiéndole su celular.

— ¿Qué? ¿Para qué quiero tu teléfono? — preguntó extrañada.

—Para que veas lo que hay en la pantalla— Bella dejó de lado sus cosas y tomó el aparato—. Es el número de Paul— dijo con un deje de celos en su voz—. Tal vez quieras hablarle— Isabella sonrió y besó a su hermano en la mejilla.

—Gracias— dijo después de copiar el número en su celular.

—Hasta mañana, baby. Buenas noches— se despidió Emmett.

—Hasta mañana— dijo ella con una enorme sonrisa.

Ya que dejó todo listo, Bella se dejó caer sobre la cama y marcó el número de Paul. Sonó cuatro veces antes de que atendiera la llamada.

— ¿Hola?

— ¿Paul?

—Sí, soy yo. ¿Quién habla?

—Hola. Soy Isabella Swan.

— ¡Bella! Hola. ¿Cómo conseguiste mi número?

—Después te cuento eso. ¿Cómo estás?

—Bien, supongo. Un poco extraño con lo que pasó en tu casa…

—Lo sé.

— ¿Estás bien?

—Sí, todo bien— guardaron silencio por un rato. Paul fue el que rompió el silencio.

—Bella… ¿Te parece bien si… salimos? — una sonrisa deslumbrante apareció en el rostro de Bella.

—Me encantaría. Pero… me gustaría dejar pasar un par de días. Por Emmett. No me agrada la idea de que dejen de ser amigos.

—Claro. Mañana que lo vea hablaré con él.

—Está bien. Bueno… yo… te dejo. Sólo quería saludar.

—Okey. Cuídate y llámame, por favor, cuando tú quieras.

—Por supuesto. Buenas noches, Paul.

—Buenas noches, Bella.

—Bye.

—Adiós.

Cortaron comunicación, quedándose los dos con grandes sonrisas en sus labios.

Isabella se metió a la cama, pensando en las actividades que tendría al amanecer, sus clases, ensayos, el tiempo extra que se quedaría a practicar y el empeño que pensaba dedicarle.

Su vida estaba por dar un giro importante y debía esforzarse al máximo para alcanzar sus sueños. La vida le sonreía y la mantenía en calma, dándole lo que había aspirado e incluso un poco más.

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NOTAS:

* Patsy Cline: fue una cantante estadounidense de música country de los 50's.

* La manta es la cobija que tenían Emmett y Bella desde niños, con la que se acurrucaban juntos.

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Hola! México, Venezuela, España, Colombia, Chile, Argentina, Ecuador, Perú, EU y República Dominicana!

Gracias por el apoyo, es increíble para mí ver la aceptación que tiene éste bebé hermosoooo!

Gracias a ustedes es que actualizo tan rapidito, en verdad son capis muy cortitos que no demoro en escribir, ¿se han aburrido de tanta calma? No se preocupen! ya vienen las cosas fuertes de la historia.

Nadie ha tenido dudas hasta ahora, así que supongo que voy bien.

Les dejo la invitación a mis otros bebés:

"Buenos días Mr. Cullen" a 3 capítulos del final.

"Deep Passion" ahora aquí en FF.

Quedo a sus ordenes en FB: Vicko TeamEc

Nos estamos leyendo! Besitos de bombón!

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