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LAS ALAS DEL CISNE
CAPÍTULO 4
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Ya había pasado una semana desde el incidente en Santa Mónica. Durante esos días Isabella dedicó las mañanas a sus clases, las tardes a ensayar con esmero y los crepúsculos a prepararse para un nuevo día, además de las múltiples y largas llamadas con Paul. Las cosas entre él y su hermano iban mucho mejor, se aclararon los malos entendidos, se disculparon las palabras hirientes y la amistad comenzó a crecer, a pesar de los evidentes celos de Emmett.
Paul terminó por invitar a Bella al cine; Emmett, con su radar sobreprotector a mil por hora, se enteró justo un día antes y movió cielo, mar y tierra para que esa cita se convirtiera en una salida grupal a la que también asistirían Rosalie, su amiga y compañera, y él. A pesar de la insistencia de Rose para que él dejara solos a Bella y Paul, Emmett terqueó en acompañar a su hermana y su prospecto a novio.
— ¿Lista, baby? — preguntó Emmett cuando su hermana se subió a su auto el día de la "cita doble".
—Siempre, baby— le sonrió—. Ni creas que no sé que haces esto por tus celos de "hermano mastodonte".
— ¿Yo? — preguntó él con inocencia.
—No, el hombre que viaja en el techo del auto— dijo Bella con sarcasmo.
Emmett rió con ganas, cuando se detuvieron en una luz roja él giró su torso hacia Isabella.
—Lo siento, baby, no puedo evitarlo.
—Te quiero, bobo— se sonrieron con afecto y siguieron su camino hacia el cine.
Llegaron al lugar muy animados, Emmett llamó a Rose para preguntar en dónde estaba y después de colgar se dirigieron a un café dentro del establecimiento. Cuando llegaron a la mesita en la que estaba la rubia, vieron que estaba acompañada de dos chicos, uno era Paul y el otro Jasper, el hermano menor de Rose. Emmett saludó a los tres y Bella sólo a Paul y Rose.
—Mira, Bella, él es mi hermano…
—Jasper— completó Bella la frase de su amiga.
—Sí, ¿cómo sabes? — preguntó Rosalie confundida.
—La entrevisté hace tiempo, cuando hicimos una revista de baile en la escuela de artes de la UCLA— explicó el apuesto chico rubio.
—Así que ya se conocían— dijo Emmett pasando un brazo por la cintura de Rose.
—Sí— contestaron Bella y Jasper al unísono.
—Bueno, los dejo. Quedé de verme con un amigo cerca de aquí. Que lo pasen bien— Jasper se despidió de ambas parejas y se fue un par de minutos después.
Después de discutirlo un rato, se decidieron por una comedia, compraron en la dulcería y entraron a la sala oscura para pasar un buen rato riendo y bromeando. Para apaciguar un poco los celos de Emmett, Rosalie decidió sentarse entre él y la pareja de tórtolos; dándoles un poco de privacidad para tomarse de las manos o darse besos furtivos ocultos por la penumbra, el ruido y los susurros de Rosalie que distraían a Emmett lo suficiente como para que no se diera cuenta de nada.
Al final del día Paul y Bella, mientras se tomaban de la mano y se veían a los ojos con enormes sonrisas en sus labios, prometieron verse también el domingo para pasar el día juntos. Emmett, como si estuviera equipado con un radar "anti-cuñados", se metió entre los dos y destruyó cualquier contacto romántico.
— ¿Salir mañana? ¡Genial! ¿Dónde nos vemos, bro? — preguntó pasando un brazo por los hombros de Paul y apretando un poco más de lo necesario.
—Emmm… en…— el pobre chico fue tomado por sorpresa y no supo qué contestar, Bella se limitó a suspirar con derrota.
—Ahora entiendo por qué se lleva tan bien con papá— pensó Bella imaginando a su padre ordenándole a Emmett que no la dejara sola con ningún chico, como si su hermano fuera un robot programable.
—Iremos a… desayunar y a pasear por la playa— exclamó Bella, diciendo lo primero que le vino a la mente—. ¿Nos vas a acompañar, Rose? — se giró hacia ella con mirada suplicante.
—Claro— dijo la rubia sonriente, maquinando desde ese momento cómo haría para quitarles a Emmett de encima.
Sin más se despidieron. Emmett y Bella llevaron a Rose a su casa y quedaron de verse en el IHOP de South Sepulveda Boulevard.
El domingo temprano los cuatro se encontraron en el restaurante, desayunaron entre bromas y risas de pláticas amenas. Al final de una montaña de Hot cakes, Waffles y casi una docena de vasos de jugo de naranja; quedaron de verse en la casa de Santa Mónica para pasar el día en la playa. Con el pretexto de que Paul y Emmett no se fueran solos en sus coches, Rosalie se fue con Emmett y Bella con Paul; minutos antes Rosalie le contó el "plan" de los coches a Bella, así que ella y Paul se fueron de largo hacia West Hollywood para poder pasar el día solos, como habían pensado en un principio.
Paul estacionó el auto en un establecimiento, luego anduvieron a pie, tomados de las manos, por Hollywood Boulevard. Caminaron por el paseo de la fama, leyendo los nombres de las estrellas, reconociendo a muchos y diversos actores, bromeando y riendo como cualquier pareja. Llegaron hasta el museo de cera de Madame Tussauds, decidieron entrar y tomarse fotografías con las estatuas de cera de sus artistas favoritos. Después del entretenido recorrido, cruzaron la calle para tomar un tentempié en The Coffee & Tea Leaf, para después seguir caminando por el concurrido Boulevard y entrar a los establecimientos que llamaban su atención.
—Qué rápido pasa el tiempo— comentó Paul mientras balanceaba la mano que tenía unida con la de Bella.
—Sí, demasiado rápido. Dicen que eso pasa cuando lo estás pasando bien— sonrió coqueta.
Paul rió y jaló la mano de Bella para atraparla en un abrazo; de repente ella se soltó y dio un par de saltitos.
— ¡Mc Donals! — chilló como niña pequeña, apuntando hacia enfrente, sin dejar de dar saltitos.
—Vamos entonces— dijo Paul tomándola de nuevo de la mano.
Pasaron un buen rato dentro del restaurante de hamburguesas, descansando por todo lo que habían caminado durante el día; ya que el sol comenzaba a caer decidieron que era hora de regresar a Beverly Hills, a la casa de Bella.
Paul estacionó el coche en la acera y acompañó a Bella dentro de su casa, al entrar se dieron cuenta de que no había nadie.
— ¿Quieres ver televisión un rato? — invitó ella.
—Sí, está bien. Me quedaré contigo hasta que llegue alguien— dijo Paul con firmeza.
— ¿Te puedo ofrecer algo de tomar? — preguntó Bella dirigiéndose a la cocina.
—Un vaso de agua está bien— contestó él mientras se dejaba caer en un sofá y encendía la pantalla para buscar un buen canal en la programación.
Poco después Bella llegó con el vaso de agua de Paul y otro con jugo de arándano para ella. Se sentó junto a él, Paul le pasó un brazo por los hombros, Bella se acurrucó en su pecho y se dedicaron a ver un interesante documental. Cuando dieron comerciales comenzaron a hacerse bromas tontas, provocándose risas y leves caricias; en un momento de silencio se miraron profundamente a los ojos, hipnotizándose, perdiéndose por completo de todo lo demás, sintiendo un calor recorriendo sus cuerpos y un anhelo creciendo en sus vientres.
Se acercaron lentamente hasta que lograron encontrar el ángulo perfecto que los uniría en un delicioso beso acalorado, las sensaciones se arremolinaron alrededor, provocando, incitando. Bella se deslizó por el sofá hasta que su espalda se encontró con la mullida y suave superficie, Paul se inclinó sobre ella, continuando la danza de labios al compás de la temperatura creciente a cada minuto. Cuando Bella dio un suspiro, Paul se separó con la respiración entrecortada y le sonrió a los brillantes ojos cafés que lo observaban con ternura.
—Bella… — susurró inspirando profundamente.
— ¿Sí?
—Bella, tú… tú…
— ¿Yo?
—Bella, ¿quieres ser mi…?— la puerta principal crujió mientras alguien intentaba abrirla por el otro lado.
Ellos se incorporaron rápidamente, tomando una postura despreocupada, aparentando ver la televisión, como si nada hubiera pasado. Para cuando Emmett hizo acto de presencia en la sala, los dos estaban sentados como si no hubieran estado devorándose un minuto antes.
— ¿Por qué rayos nos dejaron plantados? — preguntó Emmett frunciendo el ceño.
—Porque yo quise ir al Mc Donals de West Hollywwod. ¿Algún problema? — dijo Bella alzando una ceja. Emmett los vio con ojos entre cerrados.
—Acababas de desayunar, Bella.
— ¿Y tú qué hiciste con Rosalie todo el santo día? ¿Por qué no me llamaste si tanto me querías contigo? — preguntó ella desafiante, poniéndose de pie.
—Bueno, chicos. Yo me voy— dijo Paul poniéndose de pie.
—Te acompaño— dijo Bella, dejando a su hermano un poco aturdido y confundido.
Bella y Paul caminaron en silencio por el jardín delantero de la casa.
—Te hablo después— murmuró él antes de subirse a su coche.
—Okey. Hasta pronto— Bella se acercó y dejó un corto beso en los labios de Paul, quien le sonrió y subió a su coche para perderse en las iluminadas calles nocturnas de Los Ángeles.
— ¿Emmett? — llamó ella al entrar de nuevo a la casa.
— ¡En la cocina!
—Hola— saludó Bella recargándose en el marco de la entrada.
—Hola, baby— contestó él antes de empinarse un vaso con jugo de naranja—. ¿Van en serio? — preguntó receloso.
—Aún no sé.
—Lo único que quiero es que… no sea un idiota que quiera jugar con mi hermanita— Bella sonrió y se acercó a Emmett, luego le pasó los brazos alrededor de su cintura y escondió el rostro en su pecho—. Te quiero, pequeña— dijo Emmett rodeándola con sus fuertes brazos.
—Ya soy grande, baby. Sé lo que hago.
—Lo sé— contestó él tras un suspiro.
—Siempre seré tu hermana, Emmett. Eso nadie te lo quitará— los brazos de él se ciñeron con más fuerza alrededor de Bella, cediendo en un silencioso pacto ante las decisiones de su hermana.
— ¿Puedo partirle la cara si te hace algo? — Bella rió.
—Tonto— dijo ella, alzando el rostro para dejar un beso en la fuerte mandíbula de su hermano—. Sí puedes. Sólo si yo te lo pido.
— ¿Y, si se lo merece? — Bella rió de nuevo.
—También, si se lo merece.
Comenzaron a caminar hacia las habitaciones, sin romper el abrazo.
—Diez minutos, baby— dijo Emmett, dejando a Bella en la puerta de su habitación.
—Quince— contestó a la oración que ella sabía perfectamente qué traería con ella.
—Está bien, quince.
Quince minutos exactos después, Emmett tocó la puerta de Bella.
—Adelante— dijo ella antes de quitar el último rastro de maquillaje de su rostro.
— ¿Lista?
—Sí.
Se metieron en la cama, encendieron la televisión y se acurrucaron juntos. Un bostezo escapó de los labios de Bella, recostó la cabeza sobre el pecho de su hermano y dejó que el sueño la envolviera.
—Dulces sueños— susurró Emmett cuando sintió que Bella se dormía.
—Buenas noches— contestó ella con una enorme sonrisa.
El lunes por la tarde, Isabella llegó a su casa después de un agotador día de ensayos, al entrar un delicioso aroma proveniente de la cocina hizo rugir a su estómago, así que decidió seguirlo casi levitando.
—Mamá, huele delicioso— aduló Bella relamiéndose los labios.
—Hola, cariño— Reneé dejó que Bella la besara en la mejilla—. Lávate las manos y ven que ya voy a servirte.
— ¿Y los hombres de esta casa?
—Tu hermano iba a salir a cenar con sus compañeros de facultad y tu papá tenía una cena de negocios— Bella se encogió de hombros; fue a su habitación para dejar el bolso que usaba para la academia, se puso pijama y se lavó las manos.
Cenó con su mamá mientras platicaban sobre lo que habían hecho en el día.
—Hoy nos dieron un personaje para las audiciones en la academia— explicó Bella con entusiasmo.
— ¿Qué vas a interpretar? — preguntó Reneé con interés antes de echarse un bocado.
—El Lago de los Cisnes. Aún no sabemos qué escenas tendremos que interpretar en Las Vegas.
—Emmett está loco con ese viaje.
—Lo sé— dijo Bella sonriendo—. Él será mi asistente "oficial" — bromeó.
—Tu padre y yo los alcanzaremos un día antes de la presentación.
— ¿Mucho trabajo? — su mamá asintió con una mueca de disgusto en el rostro.
—Sería genial que pudieran ir junto a nosotros— se lamentó Bella.
—Está bien, hija. Además, así tienen oportunidad de hacer un poco de travesuras— dijo guiñándole un ojo.
— ¿Con mis ensayos encima? No, no creo que podamos salir mucho— ambas rieron levemente.
— ¿Y cómo van tus ensayos?
—Estupendos. En hora de clase bailo junto a un compañero y en las tardes ensayo como loca las coreografías en solitario.
—Me parece que te esfuerzas demasiado— dijo Reneé poniéndose de pie para retirar los platos—. ¿Ya terminaste?
—Sí, gracias— su mamá quitó el plato vacío frente a ella—. Yo creo que doy lo mejor de mí en esos ensayos para triunfar en Las Vegas.
—Aún así, me parece demasiado.
—Mami, si yo no me exijo así… ¿quién lo hará?
—Oh, cielo— Reneé regresó al lado de su hija para darle un abrazo—. Estoy muy orgullosa de ti.
—Gracias, mami.
— ¿Por qué no tocas el piano para mí? — dijo Reneé dándole un beso en el tope de la cabeza a Bella, rompiendo el abrazo.
— ¿Qué quieres que toque?
—Algo de lo que probablemente bailarás en Las Vegas—contestó sonriente.
Bella asintió con una enorme sonrisa adornando sus labios y se encaminó al salón de música. Se sentó frente al banquillo, levantó la tapa del hermoso piano de cola azul, acarició las teclas y poco a poco la melodía tomó forma entre sus dedos. Suspiró, cerró los ojos y dejó que la música la invadiera por completo; llenando sus sentidos, llevándola hasta los más escondidos recovecos de su imaginación; podía verse bailando en el salón de la academia, elevándose, brincando, girando, majestuosa, perfecta. Cuando abrió los ojos y dio fin a su interpretación, apareció frente a ella una copa de vino.
—Magnífica— aduló su mamá alzando su copa a modo de brindis, chocaron sus copas y dieron un sorbo al vino.
—Gracias— sonrió Bella un poco roborada.
Un par de canciones y dos copas de vino después, Bella y Reneé se desearon buenas noches y fueron a sus habitaciones.
La semana continuó rutinaria, exigente y autoritaria sobre Bella: ensayando en clases con un compañero por las mañanas y bailando casi hasta el anochecer por las tardes.
El viernes la alarma sonó como cualquier otro día, Isabella abrió los ojos, apagó el molesto ruido y suspiró. El último día de ensayos de ésta semana, se dijo a sí misma. Al ponerse de pie sintió como si un aire diferente se dispersara por el ambiente, como si un buen día se desplegara frente a sus ojos.
Después de despedirse de sus padres partió rumbo a la academia junto a su hermano, saludó entusiasta como cualquier otro día y fue a los ensayos con su compañero de baile. La mañana se le fue rápida, salió a comer en un establecimiento cercano y regresó para continuar con su rutina de baile.
Bella tomó un gran respiro, hizo sus ejercicios de calentamiento, puso música y comenzó a dar saltos, giros y piruetas hermosas. Sus pies se deslizaron con elegancia, soltura y perfección sobre la duela del salón.
Tomó una respiración profunda antes de hacer una pirueta que siempre le había quedado impecable y que la mayoría de sus compañeras envidiaban… pero algo salió mal, sus pies se volvieron torpes, perdió el equilibrio por un segundo y aterrizó de una forma muy poco elegante para estar interpretando una pieza de ballet. Bella frunció el ceño y miró sus pies con reproche.
—Esto nunca me había pasado— susurró.
Ella cerró los ojos, suspiró y siguió con su rutina de baile.
—Aquí vamos— pensó tratando de hacer de nuevo la pirueta con la que había fallado—. ¡Rayos! — dijo al sentirse derrotada de nuevo.
Intentó una vez más, dos, tres. Siguió fallando.
—Tiene que salir perfecta, ¿qué pasa? — susurró con convicción.
Suspiró profundamente una vez más, frunció el ceño a su reflejo, se paró en puntas, hizo un par de pasos, se puso en posición, se elevó lentamente y sus pies abandonaron el suelo momentáneamente, giró y… algo va mal.
¡Crack!
Un sonido sordo surgió desde su interior, desde el momento en el que comenzó a caer todo pasó en cámara lenta, su pie la dejó levitando sólo un par de segundos mientras su tobillo se torcía dolorosamente, su cuerpo completo se volvió peso muerto y se estrelló contra el piso en un sonido hueco y fuerte, haciéndole rebotar la cabeza. Un lacerante dolor la atravesó desde los pies, desde la cabeza, invadiendo todo, agonizando en un profundo sufrimiento. Un grito ensordecedor escapó de sus labios, alertando a quienes estaban cerca del salón.
Bella apenas pudo identificar el rostro de la maestra Rachel Wood, más personas se arremolinaron a su alrededor, escuchó más gritos, palabras sin sentido, murmullos, sollozos… caos.
Con torpeza intentó incorporarse, apenas logró elevar su torso y lo vio… su pie estaba hinchado y amoratado, otro grito escapó desde lo más profundo de su ser.
El pie duele, la cabeza duele, su espalda duele, todo comenzó a ser borroso, los sonidos llegaron a sus oídos tan amortiguados como si estuviera bajo el agua, lágrimas inundaron su rostro, todo era dolor..., desde su cuerpo hasta su alma.
—Se acabó— pensó justo antes de que una reconfortante inconsciencia la envolviera, llevándosela a un profundo sueño en el que era feliz, en el que nada había pasado.
Sólo quedaba una cosa… incertidumbre.
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NOTAS:
* IHOP (The International House of Pancakes) es una cadena de restaurantes estadounidenses especializados en desayunos. (¿Hay uno cerca de donde viven? ¿No han ido? Se los recomiendo, es delicioso, lindo y nice)
* Madame Tussauds son unos reconocidos museos alrededor del mundo que exhiben figuras de cera de personajes famosos. El primero fue abierto en Londres. La mayoría de las figuras guardan un parecido increíble con el personaje que representan.
* The Coffee Bean & Tea Leaf es un establecimiento que queda justo frente al museo de Madame Tussauds.
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¿Cómo vamos por acá? ¿Saben? Creo que comenzaré a cobrarles a ver si así me dejan algún coment! jajajajaja, ok no _
Pero en serio, me gustaría saber qué piensan! Sigo aquí porque veo su apoyo y por mi hermosa Ali que nunca me falla y mis lindas comentaristas y mis amores que hacen acto de presencia.
Pensé en subirles el capi como regalo del 14 de febrero... pero con éste final no pensé que quedara bien con la celebración.
u_u
Comenzó el drama
¿A caso nadie se pregunta por Edward? Creo que le daré un giro que no tenía previsto y haremos a Paul protagonizar ésta historia
¿Qué les parece?
Besos de bombón! Nos vemos prontito!
Por: VickoTeamEC
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