LAS ALAS DEL CISNE

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CAPÍTULO 5

DREAMING

Parte 1

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Él estaba acostado con los brazos cruzados detrás de la cabeza y un cigarrillo pendiendo precariamente de la comisura de su boca; sólo se dedicaba a recordar cómo había llegado su hermosa novia esa noche…

Escuchó unos insistentes golpes en la puerta del departamento, sabía que era ella y sonrió por eso, él se encaminó a paso lento y abrió perezosamente.

—Hola, cariño— ronroneó ella seductoramente.

—Hola.

— ¿Puedo pasar? — preguntó con una fingida cara de inocencia.

—Por supuesto, aquí vives— dijo él haciendo un ademán con su mano, invitándola a pasar.

—Dime, cariño, ¿te gusta mi nuevo peinado? — preguntó ella agitando su brillante melena rojiza.

—Te ves bien— contestó él encogiéndose de hombros, restándole importancia, y dando media vuelta para dirigirse hacia la cocina.

—Oh, vamos, cariño. ¿No te gusta mi nueva apariencia de abogada? — preguntó ella haciéndole una pasarela desde la sala hasta la cocina.

No podía mentirse, Victoria lucía endemoniadamente sexy con su cabello de esa forma, ondulado en las zonas perfectas para darle volumen, peinado en una hermosa melena; y su ropa no se quedaba atrás. Ella usaba una blusa blanca, abotonada sólo lo suficiente para cubrir sus turgentes pechos, dejando un atrevido escote en V a la vista; también vestía una falda negra de tubo que iba desde su cintura hasta la mitad de sus muslos, dejando al descubierto unas torneadas y largas piernas; el toque final eran los elegantes e imposiblemente altos zapatos negros de tacón de aguja.

Una sola palabra: espectacular.

—Edward, cariño, no puedes estar enojado conmigo por tanto tiempo— dijo ella pasando una mano por el pecho de él.

—Ah.

—Edward…— él la miró aún reticente, no pudo resistirse.

La sonrisa de Victoria lo atrapó, ¿qué maldición había lanzado hacia él? Tan sólo con mirar sus ojos café caramelo quedaba idiotizado por ella, deseoso de devorar sus rellenos labios en forma de corazón, de pasar sus manos por la tersa piel de sus mejillas y…

Detuvo sus pensamientos antes de que terminara tomándola sobre la encimera, los días sin su adictivo cuerpo le estaban pasando factura.

—Vamos a cenar, Victoria— invitó él antes de sacar la comida del horno.

Los pensamientos de Edward se vieron interrumpidos cuando el cigarro resbaló de sus labios y aterrizó sobre el edredón, dejando un hueco negruzco en la tela.

— ¡Demonios! — pasó la mano por la tela para quitar la ceniza, luego se acomodó sobre la marca antes de que Victoria la notara.

— ¡Edward, apaga eso! Sabes que odio el humo del cigarro— dijo ella en cuanto entró a la habitación, Victoria recién salía de la ducha y sólo estaba envuelta con una toalla.

Sin decir ni una sola palabra Edward lo apagó, antes de que comenzaran otra discusión. Victoria se acercó a la cama, se arrodilló a un lado de Edward, apretó el rostro de él con una mano y lo obligó a que la mirara.

—No puedo quejarme de la cena, estuvo exquisita. De lo que sí puedo quejarme es de lo que pasó después. No voy a negarte que sabes muy bien lo que haces…, eres un maldito bastardo— espetó Victoria entre dientes.

— ¿Y qué vas a hacer? — preguntó él zafándose del agarre de Victoria—. ¿Vas a echarme de tu casa? — respondió con una mirada retadora.

—Debería.

—Pero no lo harás— afirmó Edward con una sonrisa burlona.

—Eres un mald…

— ¡Hey! Shhh— la interrumpió poniendo un dedo sobre sus labios—. Prometo compensarte pronto por el mal rato. Pero ahora, ¿por qué no te quitas esa toalla y vienes a dormir conmigo? —Victoria lo evaluó con la mirada por un breve momento.

—Tramposo— dijo finalmente.

—Aquí te espero— respondió Edward acomodándose en la cama.

Mientras Victoria desaparecía de nuevo en el cuarto de baño Edward recordó el mal momento que la había hecho pasar. Después de la cena ella lo sedujo y, como siempre, él cayó rendido a sus pies; pero aún estaba muy reciente la fuerte discusión que lo había hecho enojar tanto…, así que al principio hizo todo aquello que sabía que la haría enloquecer, la acarició y besó como un demente, la llevo al borde de la locura y luego… simplemente buscó su propia satisfacción, dejándola ansiosa y a punto de llegar; he ahí el motivo de la ducha con agua fría.

Malvado, siniestro…, sí; pero era lo único con lo que Edward podía hacerla entrar en razón para que tomara en cuenta su punto de vista, para que considerara otras opciones. Hacía mucho que Edward se había dado cuenta de que podía usar el sexo para su beneficio, para conseguir cualquier cosa de Victoria y hacerla ceder ante sus aferradas decisiones o pensamientos.

—Lista, cariño— murmuró Victoria metiéndose a la cama y acomodándose sobre el pecho de Edward.

—Buenas noches.

—Tenemos una plática pendiente— dijo ella.

—Lo sé— respondió Edward antes de rodear la pequeña cintura de su novia con uno de sus brazos.

¿Lo que Edward tenía con Victoria era amor? Tal vez sí, tal vez no. Él no lo sabía. Victoria era lo más cercano que había tenido a una relación "seria". Nunca había vivido el sentimiento, pensaba que lo que tenía con ella tal vez lo era; más allá de la pasión y el desenfreno, había momentos en los que Victoria era tierna y dulce con él, ocasiones en las que lo hacía reír, que lo mimaba con cariño y detalles que nunca antes había tenido alguna otra chica con él.

A pesar del caos en su vida Edward escribía y lo hacía maravillosamente. Estudiaba en la escuela de artes de la UCLA. Pasaba sus días con ideas soñadoras plasmadas en papel o en decenas de documentos dentro de la memoria de su computadora portátil, y las notas musicales que se formaban en su cabeza explotaban en el aire a través de su guitarra o de las teclas del piano en casa de sus padres.

Edward era un alma libre, soñadora, inquieta y creativa; atada por los estrictos regímenes a los que casi lo obligaba su incomprensible padre. Carlisle siempre tenía frases para él como "Lo que estudias no sirve para ganar dinero" "Deberías haber seguido mis pasos" "Deberías pensar a futuro cómo tu hermano" "¿Por qué no eres como tu hermano mayor?" "Tienes que dejar esa escuelita de arte y estudiar una verdadera carrera"; en fin, todo aquello que demeritara sus logros. De no ser por el apoyo de Esme, su madre, no habría podido estudiar lo que le gustaba, ni habría ido en busca de sus sueños.

Algo que mantenía a su padre al margen de sus decisiones eran tres cosas:

Su hermano mayor; ocupando el tiempo de su padre, abriéndose paso como abogado en Nueva York, haciendo del despacho de Carlisle una empresa reconocida.

Esme, que servía de mediadora en la situación y que siempre lo apoyaba, cualquiera que fueran sus decisiones.

Victoria. Haberse relacionado con una estudiante de derecho había calmado un poco la tensión entre él y su padre. Además, Victoria representaba una inversión a largo plazo para el despacho de Carlisle.

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Al otro día Victoria se anunció a primera hora en el despacho de Carlisle; el cual la recibió gustoso, con una enorme sonrisa y una humeante taza de café.

—Gracias, Carlisle— dijo después de saludar y tomar asiento frente al imponente escritorio de su suegro y antes de darle un sorbo al café.

—No es nada. Dime, Victoria, ¿cómo está Edward?

—Estupendamente.

—Qué bien. ¿Cómo van las cosas entre ustedes? — Victoria hizo una mueca antes de contestar.

—Hemos tenido un par de desacuerdos últimamente; pero no es nada que no podamos solucionar, ya sabes…, cosas de pareja— respondió sonriendo sinceramente.

—Supongo que eso fue debido a la mala elección de profesión de Edward.

—Aún no logro persuadirlo, Carlisle, te juro que hago lo mejor que puedo para convencerlo. Me preocupa su futuro— dijo Victoria con un afligido tono de voz. Eso no era mentira, le preocupaba el futuro de Edward…, y el de ella.

— ¿Cuándo será el día en el que entienda? — se preguntó Carlisle con añoranza. Victoria se encogió de hombros.

—Y bien, ¿qué puedo hacer por ti? ¿Por qué me mandaste llamar? — cuestionó Victoria.

—Sé que eres una chica brillante, tengo excelentes referencias de tu desempeño y he pensado en proponerte algo.

— ¿De qué se trata?

— ¿Qué te parece tener medio turno dentro del despacho? — los ojos de Victoria se abrieron a la par de su boca.

— ¿Hablas en serio?

—Totalmente. No tendría por qué mentirte con algo así.

Frente a ella estaba una oportunidad codiciada por cientos de estudiantes de derecho y, ahora, era toda suya. Victoria sonrió resplandeciente.

—Pero… ¿no será un problema el hecho de que viva con Edward? Quiero decir, soy la novia de tu hijo y podría prestarse para malas interpretaciones…

— ¿Que la gente haga rumores sobre Edward consiguiéndote un puesto dentro del despacho?

—Sí.

— ¿Te importa? — ella lo meditó unos segundos.

— ¡No! — respondió rompiendo en risas.

—Estaremos en contacto, Victoria. Mi secretaria te llamará cuando las capacitaciones para nuevos ingresos estén programadas. Por lo pronto sigue estudiando y sacando buenas notas.

—Muchas gracias, Carlisle— dijo entendiendo su señal de salida, se puso de pie y le tendió la mano a su suegro.

—Mándale mis saludos a Edward— dijo correspondiendo el saludo de Victoria y dándole un beso en la mejilla a modo de despedida.

—Por supuesto.

—Y…, gracias.

— ¿Por qué? — preguntó ella frunciendo levemente el ceño.

—Por tu relación con mi hijo. Estar contigo es la decisión más sensata que ha tomado, eres muy buena con él.

—Él es grandioso, y lo quiero— respondió sincera, Carlisle asintió—. Saluda a Esme de mi parte.

—Claro.

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Victoria llegó como un remolino al departamento que compartía con Edward, estaba decidida a terminar con el tema de la pelea. Esa era una situación que la tenía con los pelos de punta.

— ¡Edward!

— ¡Aquí!

—Hola, cariño— dijo ella entrando a la salita de entretenimiento, se acercó a él y le dio un beso apasionado.

—Hola— contestó Edward sobre sus labios.

—Tenemos que hablar— le recordó Victoria.

—Lo sé— respondió Edward esperando que Victoria comenzara con la charla. Ella suspiró y se sentó a un lado de él.

— ¿Podrías recordarme por qué terminamos discutiendo y por qué te vengaste con sexo?

—Sí, abogada— dijo haciéndola sonreír y apretar los labios mientras esperaba la explicación de él—. Todo comenzó hace dos días, cuando te mostré un folleto con una convocatoria de la división de artes de la universidad y me dijiste "me pregunto cuándo tomarás las cosas en serio" — Edward hizo una pausa y miró el rostro arrepentido de Victoria, como si fuera una niñita regañada.

— ¿Puedes continuar? — preguntó ella haciendo un puchero apenas perceptible.

—Sí. Después de eso yo te dije que no había nada más serio que mi decisión de estudiar artes, que amo la música y plasmar en mis historias tanto como se me ocurre— Edward suspiró—. Luego me dijiste que no podría alimentarme de letras, que las notas musicales de las canciones no se convierten en dinero como por arte de magia y que debía tener mucha y muy buena suerte para que algo de lo que haga sea sobresaliente de entre todo lo demás que ya hay.

—Edward, entiende— dijo Victoria tomándolo de las manos—, estás en un…

—Área muy difícil de colocar en sociedad— completó él—. Lo sé, siempre me lo dices. Pero entiéndeme tú a mi— pidió viéndola a los ojos.

—Cariño…— Victoria alzó una mano y acarició la mejilla de Edward.

—Sé que te preocupas por mí, pero… ¿es tan difícil entender que esto es lo que me gusta? ¿Lo que me apasiona? ¿Tan duro es para ti apoyarme?

—Edward, si no apoyara de cierta manera lo que haces no estaría contigo.

— ¿Entonces? ¿No quieres verme feliz?

— ¡Claro que sí!

—Entonces demuéstralo y déjame hacer lo que me gusta.

—Es sólo que… no quiero que te sientas frustrado si esto no…

—Déjame sorprenderte— propuso Edward.

— ¿Qué vas a hacer? —preguntó ella con una sonrisa. Edward la tomó de la cintura y la sentó en sus piernas.

—Haré un proyecto. Una historia digna de una puesta en escena de Broadway— propuso él sonriente. Victoria le sonrió de vuelta y asintió.

—Está bien. Pero una historia muy buena, cariño.

—Por supuesto— dijo pegando su frente a la de Victoria.

—Señor Cullen, usted me prometió una compensación por un mal servicio.

—Está dispuesta a recibir el reembolso en éste preciso momento— susurró él sobre sus labios.

—Sí— contestó Victoria antes de recibir un profundo beso.

Edward se puso de pie con ella en brazos, provocando la risa de Victoria.

Lo último que se escuchó en la salita de entretenimiento fue el portazo de la habitación.

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Hola!

Éste capítulo debería llamarse "cap. Coca cola" ya que es lo que hubo mientras lo escribía

Peculiar la parejita, ¿no?

Bueno, aquí está.

Gracias por todo a todos/as.

Nos vemos en la próxima.

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Por: VickoTeamEC