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LAS ALAS DEL CISNE

CAPÍTULO 6

BROKEN DOLL

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Oficinas Centrales de Smith Co.

Agencia de Relaciones Públicas.

4:30 P.M.

—Disculpe, Señora Swan— dijo la secretaria interrumpiendo a Reneé a mitad de la importante reunión que le había tomado más de una semana preparar.

Reneé miró a la secretaria de tal manera que la joven dio un paso titubeante hacia atrás, con semejante expresión de coraje cualquiera se intimidaría.

— ¡Dije que nada de interrupciones, Betty! — espetó Reneé furiosa entre dientes.

—E…es una llamada importante— balbuceó la joven al mismo tiempo que agachaba la mirada.

Reneé entrecerró los ojos y pensó en cómo se vería aquella malcriada empleada sin su impecable uniforme ejecutivo.

— ¿No puedes tomar el mensaje o pedirle que llame después? — dijo Reneé casi a los gritos.

—E… es… so… sobre su hija. Llaman de… del California Hospital Medical Center.

— ¿¡Qué!? ¿Y por qué no me dices eso desde el principio?

—Reneé, tranquilízate. No te desquites con la pobre chica por el día de mierda que hemos tenido— le susurró Kate, su amiga y compañera de oficina—. Ve a ver qué pasó con Isabella, yo te cubro— ofreció parándose y poniéndole una mano sobre el hombro.

— ¿Estás segura? — preguntó Reneé tras echar un vistazo a las atentas miradas de los accionistas que esperaban con premura la conclusión de la reunión.

—Sí, no te preocupes. Más tarde te llamo para decirte cómo concluyó la reunión y para saber cómo está Isabella— murmuró Kate rápidamente en una voz apenas audible para Reneé.

—Gracias— susurró Reneé dándole una mirada de agradecimiento a Kate—. Disculpen por el inconveniente, mi compañera concluirá la presentación. Con su permiso— dijo excusándose con el resto de las personas.

— ¿Paso la llamada a su oficina? — preguntó la secretaria mientras caminaba tras los pasos de Reneé.

—Sí, Betty. Gracias— contestó sin mirarla de mala manera ni alzándole la voz.

La secretaria escrutó un par de segundos la mirada de Reneé, de un momento a otro todo enojo se esfumó, escurriendo rápidamente hasta lo más profundo de sus pensamientos, dejando a la vista de todos una evidente preocupación, una mirada casi frenética, la respiración apenas contenida dentro de los márgenes normales y un nudo que se evidenciaba en los constantes movimientos de su garganta, intentando contener sus peores miedos en lo más profundo de su ser.

Reneé entró a la oficina y cerró con un distraído portazo. Le parecieron eternos los pasos desde la puerta hasta su escritorio, un hueco extraño en el estómago casi la hace doblarse de dolor y un enorme nudo en la garganta estaba a punto de provocarle el llanto. Había una sensación en su pecho que le dificultaba respirar con normalidad, su corazón latía frenético…, algo estaba mal.

—Señora Swan, por la línea tres— se escuchó la voz de Betty por el teléfono.

—Está bien. Gracias— contestó Reneé distraída, reuniendo sus cosas para salir disparada al hospital en cuanto terminara la llamada. Puso el altavoz y trató de escuchar lo más atenta posible mientras hurgaba en los cajones de su escritorio.

—Buenas tardes— saludó una amable y paciente voz del otro lado de la línea—. ¿Señora Reneé Swan?

—Sí, soy yo. ¿Qué pasó con mi hija? — preguntó desesperada, sin saber ni qué pensar. Una llamada directamente de un hospital no podía ser nada bueno.

—Habla Sussane Roth. La señorita Isabella Swan sufrió un accidente y en éste momento está en quirófano, la está interviniendo el doctor…— el mundo se detuvo por un segundo, encerrando a Reneé en completa angustia.

Su cabeza sólo podía reproducir dos palabras: accidente y quirófano.

No supo nada más, no averiguó nada más. Inhaló profundamente una sola vez, en un estado casi catatónica tomó sus cosas y salió a toda velocidad de la oficina. Reneé no reparó en despedirse de nadie, no dio ninguna instrucción a Betty, ¿apagó su computadora?, ¿cortó la llamada del hospital? No lo sabía, no lo recordaba y no regresaría a corroborar nada.

El tráfico parecía ponerse en su contra a propósito, los peatones parecían haberse puesto de acuerdo para pasar todos juntos y al mismo tiempo, los semáforos se ponían en rojo en cuanto estaba por cruzar…, todo parecía ponerse en su contra para que no llegara rápido al lado de su pequeña. ¿Qué le habría pasado? ¿Qué clase de accidente pudo haber tenido? ¿Qué tan grave sería?

En la mente de Reneé se reproducía una imagen terrible: su pequeña Isabella tendida en una estrecha cama de hospital, al centro de una habitación fría, conectada a tubos, monitores y de más artefactos, pálida, inconsciente…

Parecía que el tiempo se aletargado, sumiéndola en un espacio inverosímil, como en una terrible pesadilla de la que no podía escapar. Su corazón le gritaba que algo estaba mal, muy mal. Aunque se negara a escucharlo.

Entró al hospital prácticamente corriendo, pensando en mil cosas a la vez, sin saber a dónde dirigirse, por qué médico preguntar, no recordaba si había guardado las llaves del auto en su bolso o simplemente se bajó y lo dejó en marcha. En cuanto dio dos pasos logró ver un mostrador con un par de secretarias uniformadas, con el logo del hospital en la parte izquierda de la blusa y lo que parecía ser sus nombres al lado derecho.

—Buenas tardes, ¿en qué podemos servirle? — preguntó en tono amable una de las chicas.

—Me llamaron para avisar que mi hija está aquí, tuvo un accidente…— balbuceó rápidamente, angustiada y sin siquiera saber qué decir.

—Tranquilícese, aquí podemos ayudarla— continuó diciendo la chica con amabilidad y paciencia.

—Gracias— contestó Reneé con voz estrangulada.

— ¿Recuerda el nombre de la persona que la llamó?— por más que echó su mente a andar no recordaba ningún nombre.

—No.

— ¿Cuál es el nombre de su hija?

—Swan. Isabella Swan— la chica tecleó en su computadora y esperó a que la base de datos arrojara la información que necesitaba.

— ¡Señora Swan! — escuchó que la llamaban y giró en redondo buscando aquella voz—. Señora Swan— llamó de nuevo Rachel, la maestra de baile Bella.

Cuando estuvieron lo suficientemente cerca se saludaron con un breve abrazo.

— ¿Qué pasó? — urgió Reneé.

—Vamos, por aquí, Señora Swan— dijo invitándola a caminar junto con ella—. Gracias, yo la llevo— dijo a la recepcionista.

—Para servirles— contestó la joven con una amable sonrisa.

Reneé no sabía cómo era posible que, con todo y el frenesí con el que irrumpió, aquellas chicas se mantuvieran inmutables, atentas y calmadas.

— ¿Qué pasó? — preguntó de nuevo cuando se sentaron en unos pequeños sofás en la sala de espera.

—No lo sé— Reneé le dio una mirada de incredulidad y cuando estaba a punto de abrir la boca Rachel le dio su versión—. No estaba con ella cuando sucedió. La vi antes de que saliera a almorzar, me dijo que estaba feliz porque hoy era su último ensayo de la semana, me comentó que saldría con su hermano el fin de semana y que tendría una cita con un chico; la felicité y nos despedimos. Como siempre, Bella regresó para ensayar horas extra; yo me entretuve en la oficina con papeleo de las nuevas inscripciones, fui al baño y cuando iba de regreso la escuché gritar. Corrí al salón y la encontré…, en el piso, gritando y gimiendo — explicó la maestra mientras se pasaba los dedos tembloroso por el nacimiento del cabello en un acto totalmente ansioso.

—Pero…— Rachel interrumpió a Reneé antes de que preguntara.

—Al parecer se fracturó un tobillo mientras ensayaba, supongo que con la caída se golpeó la cabeza y por eso quedó inconsciente poco después de que yo llegara hasta donde estaba— Reneé se llevó las manos a la boca y ahogó un grito.

—No— logró susurrar antes de que sus ojos se llenaran de lágrimas.

Las Vegas.

Cualquier tipo de fractura involucraba rehabilitación, lo cual implicaba tiempo e Isabella no lo tenía. El evento de Las Vegas estaba muy cerca y no habría manera en la que ella pudiera participar. El corazón de Reneé se rompió al pensar en la gran desilusión que se llevaría su hija al enterarse de que aquello por lo que tanto se había esforzado en las últimas semanas no podría ser.

—Mi pequeña princesa— murmuró Reneé rompiendo en llanto.

Rachel chasqueó la lengua con desilusión, alargó un brazo para pasarlo por los hombros de Reneé y le dio un leve apretón.

En la mente de Reneé sólo estaba una cosa, la carita de su adorada Isabella cuando tuviera que decirle que no iría a Las Vegas, que no tendría esa grandiosa oportunidad, que Broadway se alejaba un poco más y que sus ilusiones tendrían que esperar.

Lo que ella no sabía, era que esas mismas ilusiones…, se irían con el viento.

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Despacho Fiscal Warner & Jennings

4:50 P.M.

Charlie estaba en su cubículo bebiendo una taza de café. Tenía trabajo que hacer pero debía esperar a que llegaran un par de notificaciones antes de entrar en acción.

Su teléfono sonó y no dudó en contestar. Pensó que eran las notificaciones.

—Charles Swan— contestó en el tono profesional de siempre.

—Buenas tardes, Señor Swan. Soy Sussane Roth, asistente del doctor William Tramell. Le hablo del California Hospital Medical Center. Su hija, Isabella Swan, sufrió un accidente y está siendo intervenida en éste momento— informó la amable voz femenina.

— ¿Qué? ¿Cómo fue? ¿Qué pasó?

—Por el momento no tengo detalles del percance. Es de suma importancia que algún familiar esté presente.

—Sí, sí. Voy en éste momento para allá. Gracias— colgó y literalmente aventó la taza de café sobre el escritorio.

Tomó sus cosas y salió corriendo del edificio. Ese día él y Reneé habían decidido usar un coche, se suponía que ella lo recogería al terminar su jornada laboral, luego comprarían algo especial para cenar e irían a casa juntos. Ahora sus planes no eran nada.

Charlie llegó al hospital en taxi, pagó la tarifa y salió disparado al interior del edificio; sin preguntar nada se aventuró a buscar a alguien, no sabía si Reneé o Emmett ya estaban ahí. En cuanto entró a la sala de espera pudo ver a Reneé, doblada hacia enfrente en su asiento, con los antebrazos apoyados sobre los muslos y el rostro escondido entre las palmas de sus manos; al lado de ella estaba Rachel Wood, acariciando su espalda de forma conciliadora.

—Reneé— llamó Charlie con voz fuerte y clara.

Ella se puso de pie de un brinco, estiró los brazos y se enganchó al cuello de él en un apretado abrazo.

— ¿Qué pasó? — preguntó Charlie con angustia.

—Se fracturó el tobillo— contestó Reneé con voz rota.

— ¿Qué? — dijo él con incredulidad, sabía perfectamente todo lo que eso implicaba. Reneé asintió con pesadumbre—. ¿Ya la viste? ¿Cómo está? — se separó de su esposa para hablar más cómodamente.

—No sé. Todavía está en el quirófano— respondió ella con voz rota.

—Dios— exclamó Charlie pasando una mano por su rostro.

—Bueno, yo los dejo— dijo Rachel poniéndose de pie.

—Muchas gracias…, por todo— dijo Reneé acercándose para despedirla con un beso en la mejilla.

—No hay de que— respondió la maestra en voz baja.

—Gracias, Rachel— murmuró Charlie tendiendo una mano a manera de despedida.

—Manténganme al tanto, por favor— pidió dándoles una cálida mirada a los dos.

—Por supuesto— respondió Reneé.

La vieron marchar y Reneé dio un largo suspiro.

—Emmett. Debemos avisarle a él también— dijo Charlie de repente, rompiendo abruptamente el silencio.

—Ya le hablé, viene en camino— murmuró Reneé con voz cansada.

Se abrazaron nuevamente y tomaron asiento en la sala de espera.

Esperar.

¿Qué más podían hacer?

La impotencia, el coraje, la desesperación y le impaciencia se acumulaban a cada minuto; como una cubeta bajo una gotera, llenándose poco a poco, ocupándolo todo, derramándolo todo…, haciendo un desastre.

Había un sueño roto, un tiempo eterno, un hermano ausente, unos padres desesperados y una vida a punto de cambiar radicalmente.

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Anderson School of Management

University of California

5:53 P.M.

—Mamá, estoy en clase— susurró Emmett agachándose debajo de su escritorio para contestar su teléfono celular.

—Hijo, estoy en el hospital— él se puso alerta en cuanto escuchó la última palabra—. Tu hermana tuvo un accidente, aún no sé exactamente qué fue lo que pasó ni cómo está. Creo que deberías estar aquí.

— ¿¡Qué!? ¿Belly? — gritó dando un salto de debajo del escritorio, golpeándose en la cabeza por el rápido movimiento y haciendo un escándalo en el aula.

—Señor Swan— espetó el maestro, llamándole la atención por el estrépito.

—El proyecto…— susurró Rosalie para que Emmett prestara atención a las indicaciones del profesor y regresara a su asiento.

—Hazte cargo, algo pasó con mi hermana— dijo apresurado. Rosalie asintió.

Poco le importaron a Emmett las protestas del profesor y la bulla de sus compañeros.

Antes de salir echó una mirada a Rosalie, ella le hizo señas indicándole que le llamara después, usando su mano derecha como si fuera un teléfono, Emmett asintió apresurado, terminó la llamada con Reneé y se aventuró lo más rápido que pudo al tráfico de Los Ángeles.

Bella, Bella, Bella. Es lo único que pensaba Emmett. Por más que intentaba no podía tranquilizarse, de seguro era algo grave, si no su madre no le hubiera llamado a mitad de la clase.

— ¿Qué pasó? ¿Qué demonios pasó? — farfulló Emmett al viento.

Al entrar al estacionamiento del hospital aparcó el coche como si fuera un conductor de Rápido y Furioso y casi corrió hasta el interior. En cuanto puso un paso frente a las recepcionistas de la entrada la voz de su mamá lo hizo voltear, caminó hacia sus padres que estaban en la sala de espera.

— ¿Qué pasó? ¿Cómo está? — preguntó Emmett viendo a sus padres alternadamente, esperando que no apareciera ningún indicio de profunda tristeza, de algo irremediable.

—Aún nada concreto. Sólo sabemos que se fracturó un tobillo, que está en el quirófano y está estable. Nada más— murmuró Reneé en voz baja y dolorida.

—Ella es fuerte, saldrá bien— alentó Charlie dando un leve apretón al abrazo alrededor de su esposa.

Ella asintió y desde ese momento se elevó entre los tres una tensión casi palpable.

La preocupación crecía conforme avanzaban las manecillas del reloj, el tiempo se consumía lento, voraz, agónico, tortuoso y desgarrador.

Había una pantalla plana con un programa de concursos, un par de personas ponían atención, tratando de descifrar aquello que no se alcanzaba a escuchar; otros deambulaban por los pasillos ansiosos, otros esperanzados; de repente se veían pasar arreglos florales procedentes de la tienda de regalos. Todas las personas de ahí tenían algo que hacer.

Los Swan no.

Sólo…, esperar.

Reneé comenzaba a desesperarse, se agitaba en su asiento esporádicamente y era entonces cuando Emmett y Charlie hacían presión en la mano que tenían entrelazada con ella; uno de cada lado.

Los tres alzaron el rostro al mismo tiempo, cuando vieron a un hombre mayor acercándose a la sala de espera; llevaba una tablilla con documentos entre las manos y pasaba las hojas leyéndolas con atención. Vestía completamente de azul y aún tenía atado un gorro de tela en la cabeza.

—Familiares de la paciente…— miró de nuevo en la tablilla para corroborar. Reneé lo sabía, presentía que los buscaba a ellos—: Isabella Swan— los tres suspiraron al unísono y se pusieron de pie.

Alivio, curiosidad, angustia, suspenso.

—Nosotros somos sus padres y él es su hermano— indicó Charlie.

—Buenas noches— saludó el médico con un apretón de manos a cada uno—. Soy el doctor William Tramell y estoy llevando el caso de Isabella. Vamos a mi consultorio, por favor. Por aquí— dijo guiándolos por los pasillos de la primera planta.

Ya que los tres estaban sentados frente al escritorio el doctor tomó su lugar y comenzó con la explicación.

—Ella está muy bien, la cirugía fue satisfactoria— los tres tomaron un respiro.

—Pero… ¿Qué pasó? ¿Por qué…?— la voz de Reneé se fue apagando.

—Tengo entendido que ella es bailarina— Reneé asintió—. No hay un motivo concreto, tal vez un calambre, un mal paso, una torcedura… El hecho es que Isabella sufrió una fuerte fractura en el tobillo izquierdo, tuvo un sangrado interno importante a causa de las fisuras y una fuerte contusión en la cabeza que, afortunadamente, no tendrá secuelas— el tono imparcial del médico no dejaba ver la gravedad de la situación a los Swan.

— ¿Ella va a estar bien? — preguntó Emmett tratando de procesar la información que acaba de obtener y los sentimientos que se revolvían en su interior. Todo a la vez.

—Sí, se recuperará.

— ¿Va a… poder…?— preguntó Reneé temerosa, quería preguntar si Bella podría bailar pronto, pero el temor la carcomió y no pudo articular las palabras que bailaban en su cabeza.

—Oh, claro, por supuesto. Tendrá que tomar algunas sesiones de fisioterapia, ejercitarse, seguir bien las indicaciones y podrá volver a caminar; con suerte recuperará el movimiento casi en su totalidad y la sensibilidad del pie.

Los Swan se miraron con terror. ¿Caminar? ¿Si todo salía bien ella podría volver a caminar?

— ¿Qué quiere decir con eso, doctor? — preguntó Charlie.

— ¿Ella va a poder bailar? — cuestionó Emmett.

La mirada que les dedicó el doctor echó toda esperanza por la borda.

¡Mierda!

—Isabella sufrió una fractura muy fuerte, se vieron involucrados músculos importantes, y la mayoría de los ligamentos se dañaron. Será todo un suceso si logra ponerse en pie por sí sola— Reneé comenzó a negar mientras el nudo que había estado conteniendo ascendía hasta llenar sus ojos con lágrimas—. Con todo y la rehabilitación Isabella no podrá bailar ballet otra vez.

— ¡No! — gritó Reneé poniéndose de pie en un solo movimiento y rompió en llanto.

No sólo se había ido la oportunidad del evento de Las Vegas, también estaba la graduación en la academia, el sueño de pisar los mejores escenarios, viajar por el mundo mostrando el arte de sus pies…, Broadway.

Adiós a todo eso.

Emmett se puso de pie para ir detrás de su madre, la abrazó con fuerza mientras los dos veían cómo los sueños y anhelos de Bella se esfumaban en nada, como la vida avanzaba, el barco se movía y Bella se quedaba en el puerto.

Dolor.

No sabían lo que venía, pero entre el llanto de Reneé, el mutismo de Emmett y la mirada fija de Charlie ante las palabras del doctor; sabían que un tiempo duro y tormentoso se avecinaba.

Se sentían rotos.

Todo había sido tan rápido, tan inesperado; como un huracán que llega sin avisar, que irrumpe la felicidad con ímpetu y deja atrás destrucción, frustración y tristeza.

La vida puede cambiar en un pestañeo, todos lo saben. Pero nunca se está lo suficientemente preparado para los giros vertiginosos y fugaces que nos da el destino. Cuando somos arrastrados por la marea aún en contra de nuestra voluntad, cuando un sueño muere para que nazca una nueva esperanza.

Los tres entraron en la habitación de Bella, la besaron, acariciaron su cabello, le susurraron palabras de aliento y dejaron que el tiempo se escurriera por entre sus dedos.

Reneé se quedó esa noche en la habitación de Bella, esperando el momento en el que despertara; mientras Charlie y Emmett se negaron a marcharse y deambularon por la cafetería y la sala de espera con la convicción de pasar una larga noche.

Por un horrendo momento Reneé deseó que no despertara, al menos no esa noche, ¿cómo sería capaz de explicarle a su hija que todo lo que había soñado, por lo que tanto había trabajado, ahora ya no valía nada?

Reneé miró a su alrededor; había un par de arreglos florales por la habitación, uno de ellos y un hermoso peluche los había llevado Paul que se fue al terminar la hora de visita. Paul, aquel pobre chico que había pasado toda la semana planeando una hermosa sorpresa para Bella el siguiente día, había decidido pedirle que fuera su novia, ahora debía esperar.

Con un suspiro Reneé continuó viendo a su alrededor, las máquinas, el goteo constante de la intravenosa, lo fría y sombría que lucía la habitación y por último el pie de Bella. En su tobillo había un aparatoso artefacto metálico que atravesaba su piel, manteniéndolo inmóvil y recto. Era como un monstruo que se erguía desde el interior, de sólo verlo le provocaba un dolor terrible a Reneé.

— ¿Por qué mi hija? ¿Por qué tú, mi princesa?— murmuró Reneé a punto de llorar de nuevo, acariciando el cabello de Isabella con suaves movimientos.

Reneé se giró, no podía seguir mirando, su corazón roto le gritaba que llorara de nuevo, pero ya estaba tan cansada.

— ¿Mamá?— Reneé se congeló por un momento al escuchar el suave murmullo, secó sus lágrimas en movimientos bruscos de su mano.

Reneé dio vuelta lentamente, vio el aleteo de los párpados de Bella mientras intentaba salir completamente de la inconsciencia. Sin dudarlo ni un segundo, se situó a su lado, tomó la mano de su pequeña y acarició su cabello con la otra.

—Mami— susurró Bella, sonriendo levemente y removiendo las entrañas de su madre.

—Hola, princesa— saludó Reneé con los latidos de su corazón aletargados y un nudo intenso, como un apretado puño, subiendo desde su estómago hasta su garganta, sofocándola.

Bella frunció el ceño.

— ¿Qué pasó? ¿Qué hago aquí? — preguntó. Silencio—. ¿Mamá?

Silencio.

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Para que se den una idea de cómo vamos: tengo unos apuntes de la historia con aproximadamente 20 ideas principales y en 6 capítulos sólo he cubierto UNA de esas veinte ideas.

Así que saquen sus cálculos e imaginen la cantidad de capítulos que nos quedan por delante.

Gracias a todos/as por todo.

Amo ver su comentarios, favoritos y follows.

Nos vemos en la próxima

(Facebook sabatino: VickoTeamEc)

Por: VickoTeamEC

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