Disclaimer: Naruto, todos sus personajes y lo referente al mundo shinobi es propiedad intelectual de Masashi Kishimoto. La historia es una adaptación del Libro "Riesgo Aceptable", de Robin Cook. Su Trama, historia e ideas son de su autoría. Yo sólo adapté la historia para el disfrute, sin fines de lucro ni nada parecido, sólo por diversión.

Advertencias: Adaptación del Libro "Riesgo Aceptable" de Robin Cook. Varias escenas son completamente nuevas, otras, son variaciones de las originales del Libro. Algo de OOC en los personajes de Naruto, por imprimirlos en los respectivos personajes que representan. AU. Línea diferente de tiempo de relato. Sólo hecho para disfrute, sin fines de lucro cesante ni daño emergente.


Capítulo 11 - Indicios Tenebrosos


Jueves 26 de septiembre de 2013

A pesar de los recelos que albergaba contra Ultra, durante los siguientes días, en varias ocasiones, Hinata se sintió tentada a probarla, a medida que su angustia, la cual aumentaba de manera gradual, empezó a afectar su sueño. Pero cada vez que estaba a punto de tomarla, se arrepentía.

Menma, mientras tanto, continuaba feliz. La única alteración en su comportamiento había ocurrido el jueves por la mañana, cuando Hinata estaba a punto de salir de la cabaña para dirigirse al castillo, él entró muy malhumorado por la puerta principal y arrojó su libreta de direcciones sobre la mesa.

-¿Hay algún problema? -preguntó Hinata.

-Claro que sí -respondió él-. Tengo que venir hasta aquí para poder hablar por teléfono. Todos esos bobos del laboratorio escuchan mis conversaciones. Eso me vuelve loco.

-¿Por qué no usas el teléfono que está en el área de recepción? -preguntó Hinata.

-También oyen cuando voy ahí -contestó.

-¿A través de las paredes? -preguntó ella.

-Tengo que llamar al jefe de la oficina de licencias de Harvard -se quejó Menma, sin tomar en cuenta a Hinata-. Ese idiota ha iniciado ahora una campaña de venganza en mi contra -abrió la libreta de direcciones para buscar el número.

-Tal vez sólo está haciendo su trabajo -aventuró Hinata.

-¿Su trabajo consiste en que me suspendan? -gritó Menma.

La joven sintió que el corazón le latía con violencia. El tono empleado por Menma le recordó aquel amargo episodio en el que el científico había arrojado la copa de vino contra la chimenea de su departamento.

-Ah, vaya -dijo Menma, completamente sereno-. Así es la vida -se sentó y marcó el número de la oficina de licencias. Hinata escuchó mientras sostenía una conversación cordial con el sujeto contra el que acababa de proferir imprecaciones.

-Ya que estoy aquí -comentó Menma cuando colgó el teléfono-, voy arriba corriendo a juntar la ropa para la lavandería, como ayer me pediste que lo hiciera -se dirigió a las escaleras.

-Ya la reuniste -comentó Hinata-. La encontré cuando subí. Menma se detuvo y parpadeó, como si estuviera confundido.

-¿De veras? -preguntó-. Bien por mí. Entonces debo regresar al laboratorio.

-Menma -llamó Hinata antes de que saliera por la puerta principal-. ¿Te encuentras bien? Últimamente olvidas muchas cosas.

Menma rió.

-Es verdad -reconoció-. Soy un poco olvidadizo. Es sólo que estoy preocupado. Pero hay una luz al final del túnel, y todos nosotros estamos a punto de volvernos ricos. Tú también, hablé con Neji y está de acuerdo en que te incluyamos en el paquete de acciones.

-Me siento halagada -contestó Hinata.

Hinata se acercó a la ventana y observó a Menma caminar de regreso al laboratorio. Enseguida, reflexionó sobre el comportamiento de su amigo. Era más amable y atento con ella, pero a la vez impredecible.


Impulsivamente, tomó las llaves de su BMW y se dirigió al pueblo. Necesitaba hablar con alguien de confianza. Afortunadamente, Naruto aún se encontraba en el Hospital de Salem. Lo solicitó en la mesa de información y le dijieron que estaría con ella en unos minutos. Hinata fue a la cafetería del Hospital y, resolvió esperarlo alli.

Media hora después el llegó a la mesa donde se encontraba Hinata. El estab con su delantal de cirujano. Al verlo se levantó de la mesa y lo abrazó efusivamente.

-Me alegra volver a verte -dijo él al verla.

-A mi también.. Espero no te moleste.

-No no al contrario.. Me entusiasma la idea de que me visitaras..

Hablaron de cosas triviales y sobre lo poco que les quedaba para regresar al hospital en Boston. Luego Hinata le contó el por qué de su visita.

-Naruto.. -el rubio la miro fijamente con sus manos entrelazadas sosteniendo su mentón -Necesito hacerte una pregunta. ¿La pérdida de memoria puede ser efecto secundario de una droga psicotrópica?

-Por supuesto que sí.. Pero hay muchas cosas que afectan la memoria de corto alcance. Es un síntoma común a muchos trastornos. ¿Debo suponer que Menma está perdiendo la memoria?

-¿Puedo contar con tu discreción?

-Ya lo sabes. ¡Dattebayoo! -el rubio rio un poco. luego continuó -¿Menma y sus colaboradores están tomando la droga?

Hinata asintió.

-Están locos -manifestó Naruto -Se están buscando muchos problemas. ¿Que otros efectos observaste?

-Es algo.. Como decirlo.. Increíble -Hinata rió -Todos tuvieron una reacción impresionante. Antes de tomar la droga, reñían entre ellos, estaban malhumorados. Ahora están tan felices que pareciere que vivieran de rumba en rumba cuando todo el tiempo están trabajando.

-Bueno, diría que es un efecto positivo -rió sarcástico Naruto.

-En un sentido, si.. Oye no te rias -le golpeó el hombro suavemente y rio ella también -Pero después de un rato con ellos uno descubre algo extraño: detrás de tanta alegría y laboriosidad hay una especie de tedio que afecta a todos por igual. Pero lo que me preocupa ahora más que nada es la falta de memoria en las cosas pequeñas de todos los días. está cada vez más peor. No sé a ciencia cierta si los demás la padecen o no.

-¿Que harás Hina-chan?

-No lo sé.. Esperaba que pudieras confirmar o disipar mis temores. Pero ni lo uno ni lo otro.

-No, con certeza no. Pero debes tener en cuenta que las expectativas tiene gran influencia sobre la percepción, eso en la investigación médica se hacen estudios a ciegas. Quizá veas efectos negativos en la droga de Menma ya que eso es lo que esperas ver. Sé que Menma es un hombre sumamente inteligente y no creo que esté tomando las cosas a la ligera.

-No lo había verdad que no estoy segura de lo que veo. Tal vez lo esté imaginando. Pero no lo creo.

Naruto miró el reloj en la pared del cafetín y se dió cuenta que debía seguir atendiendo a los pacientes.

-Lamento interrumpir tu grandiosa visita, pero debo atender a unos pacientes... Esto.. Jejee -Se rascó la nuca mientras sonreía zorrunamente -Será que un día de estos podríamos ir a cenar, no sé, si quieres claro..

-Me.. me encantaría.. -contestó Hinata sonrojada.

-¿En serio? -Hinata asintió -Genial ¡Dattebayoo!

Luego se levantaron de la mesa, Naruto le extendió su mano y ella la tomó, se despidieron con un fugaz beso en la mejilla a lo cual sintieron un leve cosquilleo al tocarse sus mejillas. Hinata le despedía con la mano en alto mientras él la miraba embobado perderse por la salida.


De vuelta en la propiedad, fue derecho al castillo. Antes de bajar a la bodega, revisó las entradas de las alas del castillo. Se sintió consternada al ver una de la habitaciones para los sirvientes. Había tierra, varas, hojas en las escaleras y un recipiente de comida china cerca de la puerta.

Mientras maldecía en voz baja, Hinata se dirigió al clóset de limpieza para sacar un trapo y un cubo. Las huellas de tierra llegaban hasta el primer rellano. Después de limpiar todo, se dirigió a la puerta principal, tomó de ahí el tapete del exterior y lo llevó hasta la entrada del ala de los sirvientes. Pensó en colocar una nota, pero decidió que el tapete transmitiría bien su mensaje.

Por fin, Hinata bajó a la bodega y puso manos a la obra. Aunque no encontró ningún documento cercano al siglo diecisiete, la concentración ahuyentó de su mente las preocupaciones.

A la una de la tarde tomó un descanso. Regresó a la cabaña y dejó salir a Matatabi mientras comía. Antes de regresar al castillo, se cercioró de que la gata estuviera de vuelta en la casa. En el castillo, conversó con los plomeros unos minutos y observó a Gai que, con destreza y ayuda del soplete colocó unos sellos en las tuberías de agua. Por último, regresó a trabajar. Esta vez, en el ático.

Empezaba a sentirse otra vez desilusionada por no encontrar más, cuando por fin halló una carpeta completa de material que databa de la época de Hikari. Entusiasmada, la llevó a una de las ventanas. Casi todos los testimonios resultaron ser comerciales, pero entre los documentos aduanales y conocimientos de embarque había una pieza de correspondencia personal: una carta dirigida a Hizashi, de Kintaro Hoyoshi.

17 de agosto de 1692

Ciudad de Salem

Señor:

Muchas son las infamias que han asolado a nuestro pueblo temeroso de Dios. Ha sido causa de grave aflicción para mí siempre que, contra mi voluntad, he tenido que participar en ellas de un modo u otro. Me entristece profundamente que usted piense mal de mí y se niegue a conversar conmigo respecto a asuntos de mutuo interés. Es verdad que, en efecto, en el nombre de Dios testifiqué contra su esposa durante el juicio. A petición suya, visité su hogar en una ocasión a fin de ofrecer ayuda en caso necesario. Ese día fatídico, encontré su puerta abierta de par en par, a pesar del frío glacial que se sentía en nuestras tierras, y la mesa estaba repleta de alimentos, como si una comida se hubiera interrumpido; sin embargo, otros objetos se encontraban en completo desorden o rotos con bordes puntiagudos y había manchas de sangre en el piso. Temí que los indios hubieran tomado la casa por asalto. Pero descubrí a los pequeños, tanto a sus hijos naturales como a las niñas refugiadas, encogidos de terror en el piso de arriba, y ellos me hicieron saber que la buena esposa de usted había sufrido un ataque mientras comía, que no actuaba normalmente y que había corrido al refugio de su ganado. Azorado, me dirigí al lugar y la llamé por su nombre en la oscuridad. Se acercó a mí como si fuera una salvaje y me atemorizó grandemente. Tenía sangre en las manos y en el vestido y vi su trabajo. Con espíritu atribulado, la tranquilicé a riesgo de mi propio bienestar. Respecto a todas estas cosas, hablé con la verdad en el nombre de Dios.

Quedo de usted, su amigo y vecino,

Kintaro Hoyoshi

-Pobre gente -murmuró Hinata. De todo lo que había leído hasta entonces, esa carta era la que más se aproximaba a transmitir el horror personal de la terrible experiencia que había significado la cacería de brujas en Salem, y sintió empatía por todos los que se vieron involucrados. Comprendía que Kintaro, el autor de la carta, se había sentido muy abatido al verse atrapado entre la amistad y lo que él consideraba la verdad. Además, Hinata sintió compasión por la pobre Hikari, a quien un hongo había enloquecido hasta el punto de aterrorizar a sus propios hijos.

En medio de la empatía que experimentaba, se dio cuenta de que la carta revelaba un dato nuevo e inquietante. Era la mención de la sangre, con todas sus implicaciones de violencia. Hinata no quería imaginar lo que Hikari le había hecho al ganado. ¿O acaso se había infligido algún daño ella misma? La idea de una automutilación hizo que se estremeciera. Una cosa quedaba clara: el hongo se relacionaba con la violencia, y pensó que era algo que Menma debería saber. Al regresar a la cabaña, vio una patrulla de la policía de Salem que salía de entre los árboles. El vehículo avanzaba en dirección hacia ella. Cuando se detuvo, los mismos dos oficiales que habían acudido a la llamada por el asunto de Kurama, bajaron del automóvil. Al acercarse a ella, Shisui tocó el borde de la visera de su gorra de policía a modo de saludo.

-¿Ocurre algo malo? -preguntó Hinata.

-¿Han tenido algún otro problema desde lo del perro? -preguntó Shisui-. Ha habido una oleada de vandalismo en la zona.

-¿Qué clase de vandalismo? -inquirió Hinata.

-Hay cubos de basura volcados; desperdicios diseminados alrededor -comentó Shisui-. También han desaparecido más mascotas. Se han encontrado algunos animales muertos en la carretera cercana al cementerio de Greenlawn. Creemos que los ánimos de algunos chicos están exaltados. Han sucedido demasiadas cosas para que se trate de un animal. Quiero decir, ¿cuántos cubos de basura puede volcar un mapache en una noche? -soltó una risita.

-Agradezco que haya venido a advertirme -dijo Hinata.

-Si aquí tienen algún problema, por favor, no duden en llamarnos -dijo Shisui-. Queremos llegar al fondo de esto.

Hinata observó mientras el autopatrulla se alejaba de la propiedad.


Esa noche se propuso permanecer despierta hasta que Menma llegara. Quería contarle lo que sabía sobre la carta de Kintaro Hoyoshi. Confiaba en persuadirlo de que dejara de tomar Ultra, ahora que tenía razones para creer que tal vez se relacionaba con la violencia. Después de la una de la madrugada, oyó que la puerta principal se cerraba y enseguida oyó las pisadas de Menma en la escalera vieja. Cerró el libro que estaba leyendo y lo llamó.

-¡Santo cielo! -expresó Menma, al tiempo que se asomaba al cuarto de Hinata-. ¿Qué haces despierta a estas horas?

-No estoy cansada -respondió Hinata-. Pasa.

-Estoy exhausto -se sentó en la orilla de la cama de Hinata-. Si me quedo dormido, llama a una grúa para que me lleve a la cama -dijo entre risas.

Hinata le contó acerca de la carta de Kintaro Hoyoshi y le habló de sus temores de que Ultra pudiera conducir a la violencia. Le suplico que dejara de tomar la droga.

-Soy completamente capaz de decidir lo que es mejor para mí -repuso Menma en tono amable -Disfruto de la sensación de seguridad social que me da, en lugar de ser tímido y vergonzoso.

-Pero es peligroso tomar una droga que no ha sido probada en forma suficiente -manifestó Hinata-. Además, ¿no cuestionas la falta de ética que implica adquirir rasgos de carácter a través de una droga en lugar de la experiencia? Es como hacer trampa.

Menma bostezó.

-Escucha, querida -dijo-. No es que Ultra no se haya probado, sino que todavía no está completamente probada. Pero no es tóxica, y eso es lo importante. Voy a continuar tomándola, a menos que se produzca algún efecto colateral grave, lo que con sinceridad dudo mucho -le dio una palmadita tranquilizadora en la pierna a través de las frazadas-. Si te parece, continuaremos con el tema mañana. En este momento no soy capaz de mantener los ojos abiertos. Tengo que ir a acostarme.

Se inclinó, dio a Hinata un beso en la mejilla y caminó dando traspiés a su habitación. Después de sólo unos cuantos minutos, ella oyó la respiración pesada de quien duerme de manera profunda.

Perpleja ante la rapidez de la transformación, se levantó. Se puso la bata y fue al cuarto de Menma. Una estela de ropa que se había quitado la guió hasta la habitación; él estaba sobre la cama, con las piernas y los brazos abiertos, vestido únicamente con su ropa interior. La lámpara de la mesa de noche todavía estaba encendida. Hinata la apagó. Le asombró que Menma roncara de manera tan ruidosa. Se preguntó por qué nunca la había despertado durante el tiempo en que dormían juntos.

Antes de regresar a la cama, Hinata encontró su antiguo frasco de Xanax y tomó una de las pastillas rosas con forma de bote. No le agradaba la idea, pero sabía que no podría dormir si no la tomaba.


Viernes 27 de Septiembre de 2013

A las tres de la madrugada había poco tráfico en las calles oscuras de Salem, y Minato Namikaze se sentía el dueño del mundo. Desde poco más de la medianoche paseaba sin rumbo en su Chevrolet Camaro SS ZL1 amarillo año 2012. Había ido dos veces a Marblehead e incluso había recorrido Danvers y la vecina Beverly hills.

De cabello rubio y ojos azules. Tenía 17 años y cursaba tercer año en la secundaria de Salem. Por las tardes trabajaba en el McDonald`s local; con sus ahorros y un buen préstamo se habia comprado el Camaro, su bien más preciado. Disfrutaba de la sensación de libertad y de poder puro que le daba el auto; lo había pedido con el paquete aerodinámico que se le observa al Camaro de la película Transformers 3, incluido el color amarillo con franjas negras. Minato decía que su Camaro era "Bumblebee" en persona, hasta el logotipo autobot estaba en el maletero. Debido al color del auto y lo rápido que acostumbraba a andar, disfrutaba de la admiración de sus amistades, quienes jocosamente lo llamaban "El Rayo Amarillo" y causando furor entre las chicas de su edad, especialmente en Kushina Uzumaki. Kushina, de cabello inmensamente largo rojo, con 16 años, cursaba segundo año y tenia un cuerpo sumamente espectacular.

Minato miró el reloj en la consola central del tablero: era casi la hora. Dobló por la calle Dearborn, donde vivía Kushina, apagó las luces y el motor y dejó que el coche se deslizara hasta detenerse bajo la copa de un gran arce.

No tuvo que esperar mucho. Kushina apareció junto al muro que rodeaba su casa de madera blanca, corrió al auto y subió. Su dentadura blanca y sus ojos violetas brillaban bajo la pálida luz. Temblaba de excitación. Se deslizó sobre el tapizado de cuero hasta quedar justo al lado de Minato.

Con un gesto fingido de despreocupación, como si las citas a altas horas de la noche fueran un hecho cotidiano, Minato extendio su mano para girar la llave y pulsar el boton de arranque del motor. Sin embargo su mano temblorosa sacudió las llaves. La miró furtivamente, temeroso de haberse delatado. La sonrisa de ella lo intranquilizo; tal vez lo creía inmaduro.

Al llegar a la esquina encendió los faros, e inmediatamente apareció ante ellos el paisaje nocturno, con hojas agitadas por el viento y sombras muy tenebrosas.

-¿Tuviste algún problema? -preguntó el rubio atento a la calle.

-Ninguno -replicó Kushina -¡Que tonta, tener tanto miedo de salir, Dattebanee! Si hubiera sabido que mis padres tienen el sueño tan pesado hubiera salido por la puerta antes de descolgarme por la ventana.

Recorrieron una calle bordeada de casas oscuras.

-¿A donde vamos? -pregunto Kushina con aire de indiferencia.

-Ya lo verás. Ya casi llegamos.

Bordeaban el gran cementerio Greenlawn. Apretada contra Minato, Kushina contemplaba el camposanto lleno de lápidas.

Minato aminoró la marcha y ella se tensó bruscamente en el asiento.

-No entraremos ahí -dijo desafiante.

Minato sonrió y sus dientes brillaron en la oscuridad.

-¿Por qué no? -preguntó él.

Y doblo hacia la izquierda. El Camaro cruzó el portón de entrada al cementerio con un suave giro del timón. Minato apago los faros y redujo la velocidad a paso de hombre. Era difícil ver el camino bajo la hierba.

-¡Kami-sama! -exclamó Kushina al echar una mirada alrededor. Las lápidas se alzaban fantasmagóricas en la noche, y las superficies lustradas de alguna lanzaban destellos.

Instintivamente se aferro contra Minato, apretándole el muslo. El sonrió con satisfacción.

Dejó que el Camaro se deslizara hasta el borde de una laguna serena bordeada de sauces llorones. apago el motor y trabó las puertas.

-Hay que tener cuidado -señaló Minato.

-¿Podrías encender el auto y el aire acondicionado? `preguntó ella.

-es mejor así, así no sabrán que "Bumbleee" está aquí..

-Oh.. Abramos un poco las ventanillas entonces, sino será un horno aquí dentro.

Minato lo hizo, no sin antes advertirle que quizá le picarían los insectos. Luego se miraron cohibidos por un instante. Minato tomó la iniciativa.

Se acercó a ella lentamente y se besaron. Ese contacto leve bastó para que se encendiera el fuego de la pasión, y se estrecharon en un salvaje abrazo libidinoso. Con torpeza Minato comenzó a deshacerse de los ajustados vaqueros de Kushina. Ella por su parte se encargaba del jean del rubio. Y así transcurrio los minutos donde se deshicieron de las prendas íntimas y consumaban el acto carnal uniéndose en uno solo, mientras las ventanillas comenzaban a empañarse.

Después de a los sumo media hora del acto sexual Kushina y Minato se percataron al unísono de que el Camaro se hamacaba en exceso. Suspendiendo lo que sería el segundo asalto, alzaron la vista para mirar por el parabrisas empañado. La visión era aterradora. Un espectro lívido volaba por el aire nocturno hacia el coche. La criatura sobrenatural, o lo que fuese, se estrello contra el parabrisas y rodo a la parte derecha del coche.

-¡Que mierda..! -chilló Minato subiéndose los pantalones.

-¡KYYAAAA! -Kushina gritó cuando una mano sucia se introdujo por la ventanilla semiabierta y le arrancó un mechón de pelo.

-¡Puta Madre! -exclamó Minato dejando sus pantalones de lado para rechazar otra mano que se introducía por su ventanilla. Las garras se hundieron en su cuello y desgarraban su remera. Hilillos de sangre corrieron por su espalda.

Enloquecido por el terror pudo encender el motor del Camaro. Puso marcha atrás y arrancó bruscamente, saltando sobre los baches del camino.

Kushina volvió a gritar al golpearse la cabeza contra el techo del auto mientras trataba de vestirse. el coche choco contra una lápida que se quebró y cayó con un golpe sordo.

Minato puso la primera y aceleró a fondo. El Camaro quemó llantas impulsado por el enorme motor 8 cilindros. El cuerpo de Kushina golpeó contra la puerta y cayó en las piernas de Minato, el cual se la sacó justo a tiempo de encima para evitar chocar contra una estatua de mármol.

Minato encendió los faros y enseguida tomó una curva cerrada del camino que atravesaba el cementerio. Kushina se había repuesto y lloraba desconsoladamente.

-¿Quien diablos eran esos? -vociferó él.

-Eran dos -farfulló entre sollozos la peliroja.

Cuando llegaron a la calle, Minato dobló en dirección a la cuidad, en una curva tan cerrada que dejo huellas en el pavimento. Miró por el retrovisor y, en la oscuridad de la noche distinguió dos pares de ojos rojos como la sangre que se quedaban atrás cada vez más que el se alejaba. no los vió más ya que Kushina giró el retrovisor hacia ella para mirarse el cabello. Su llanto había terminado y consistía ahora en suaves sollozos.

-Se arruinó mi corte de cabello. -gimió.

Minato volvió a acomodar el retrovisor para volver a ver y los ojos ya no estaban, a lo mejor habían quedado atrás. Se cercioró de que nade los siguiera. Luego se pasó la mano por el cuello y notó la sangre.

-¿Que tenían puesto?

-Que diablos importa -bufó Kushina.

-Tenían como una especie de sabanas blancas, parecían fantasmas.. Ademas, tenían los ojos rojos, como sangre.

-No debimos ir allá -lloriqueó Kushina -Lo sabía.

-¿Que sabías? No sabías nada.

-Si que sabía pero no me consultaste.

-Mentira. -bufo Minato.

-Seguro eran locos.

-Probablemente. Aunque no me queda claro del todo algo..

Kushina se llevo la mano a la boca.

-Voy a vomitar..

Minato frenó bruscamente y estacionó en la acera. Kushina abrió su puerta y vomitó en la calle. Minato rezó en silencio que no cayera nada en el auto.

Kushina se enderezó en el asiento y cerro los ojos.

-Quiero irme a casa -gimió ella.

-Vamos -susurró Minato. Al ponerse en marcha sintió el olor agrio del vómito y se preguntó si no habrá salpicado su hermoso Chevy.

-No podemos hablar con nadie -declaró Kushina -si mis padres se enteran me castigarán de por vida.

-Esta bien.

-¿Lo prometes? -pregunto ella.

-Claro, no hay problema...

Doblaron por la calle donde vivía ella, Minato apagó los faros y detuvo el coche metros antes de llegar a la casa de ella. Esperaba que Kushina no le pidiera un beso; para su alivio ella bajó volando del coche.

-Recuerda tu promesa -dijo por la ventanilla.

-No te preocupes..

Minato esperó a que cruzara el jardín y desapareciera por detrás del muro por donde ella había aparecido.

Varias calles más allá, se detuvo bajo un farol a inspeccionar el auto. Había una abolladura en el paragolpes trasero, donde había golpeado la lápida, pero era poca cosa. Fue a la puerta derecha la abrió y la olfateó. No había olor a vómito. Cerró la puerta y fue a inspeccionar el capó y la parrilla. Descubrió que faltaba el limpiaparabrisas derecho.

Apretó los dientes y murmuro una obscenidad. Que noche de porquería. A pesar de que había llegado al home la situación había sido traumante para la chica. Al subir al Chevy se preguntó si podría despertar a su mejor amigo, Fugaku Uchiha. No veía la hora de contarle todo. En un sentido, era una suerte haber perdido el Limpiaparabrisas, si no, el Teme no le habría creído. acelero a fondo el coche y se perdió en la oscuridad de la noche..


Hinata intentó sacudirse el leve estupor provocado por el Xanax. Una vez más, se sintió sorprendida de haber dormido tantas horas. Eran casi las nueve.

Después de ducharse y vestirse, sacó a pasear a Matatabi. La gata deambuló hasta la parte posterior de la casa. Hinata la siguió, pero se detuvo de pronto y profirió un improperio. Los dos cubos de desperdicios habían sido volcados. La basura estaba esparcida por todo el patio. La joven enderezó los dos cubos de plástico para la basura, que estaban desgarrados en el borde superior, supuestamente cuando alguien retiró las tapas por la fuerza.

-¡Pero qué fastidio! -exclamó al tiempo que regresaba los recipientes de vuelta a su lugar habitual, al lado de la casa. Se dio cuenta de que tenía que reemplazarlos, puesto que las tapas ya no quedarían fijas.

Hinata capturó a Matatabi un minuto antes de que emprendiera la carrera hacia el bosque y la llevó de regreso a la casa. Recordó que la policía había solicitado que llamara por teléfono si tenía algún problema, así que se comunicó a la comisaría. Para sorpresa suya, insistieron en enviar a alguien para revisar.

Hinata empezó a recoger la basura y a colocarla de nuevo en los recipientes. Estaba por terminar su labor cuando llegó la policía.

En esta ocasión, acudió un solo oficial, de aproximadamente la edad de Hinata. Se llamaba Izuna Uchiha. Por un momento Hinata se preguntó si todos en el departamento tenían parentesco, pero luego recordó el apellido del colaborador de Menma, Sasuke, quien nació en Alemania. Tal vez era un apellido muy conocido y común. Izuna pidió ver "la escena del crimen". La ojiperla lo condujo a la parte posterior de la casa y le mostró los recipientes. Explicó que acababa de recoger todo.

-Habría sido mejor si lo hubiera dejado como lo encontró hasta que lo viéramos -manifestó Izuna. Examinó los cubos con cuidado; después revisó las tapas-. Un animal hizo esto -comentó-. No fue ningún chico, creo que éstas son marcas de dientes sobre los bordes de las tapas -alzó una de las cubiertas y señaló una serie de muescas paralelas-. Debe comprar recipientes más seguros -sugirió Izuna.

-Es lo que planeaba -contestó Hinata.

-Tal vez tenga que ir a Burlington a conseguirlos -mencionó Izuna-. Ha habido una fuerte demanda de ellos en la ciudad.

-Parece que se ha convertido en un problema serio -dijo Hinata.

-Más vale que lo crea -aseguró Izuna-. El pueblo entero está indignado. Hasta anoche lo único que teníamos eran perros y gatos muertos. Esta mañana descubrimos a la primera víctima humana.

-Es horrible -Hinata contuvo la respiración-. ¿Quién fue?

-Un vagabundo llamado Han. Lo hallaron no lejos de aquí, cerca del puente Kernwood. Se lo comieron parcialmente.

La boca de Hinata se secó al recordar, sin quererlo, la espantosa imagen de Kurama tirado en la hierba.

-Han tenía un nivel tremendo de alcohol en la sangre -dijo Izuna-. De modo que tal vez haya muerto antes de que el animal lo encontrara. Sabremos algo más después del informe del médico forense. El cuerpo fue enviado a Boston con la esperanza de obtener alguna pista sobre el animal al que nos enfrentamos a partir de las marcas de los dientes en los huesos de Han.

-No sabía que este problema fuera tan grave -dijo Hinata con estremecimiento.

-Al principio pensábamos que se trataba sólo de un mapache -continuó Izuna-. Sin embargo, con esta víctima humana y el alto nivel de vandalismo, creemos que se trata de un animal más grande, quizá un oso. Sea lo que sea, nuestra industria de brujería de Salem está encantada. Dicen que es el diablo y tratan de persuadir a la gente de que 1692 se repite una vez más. El problema es que lo están logrando y el negocio va viento en popa. También nosotros tenemos mucho trabajo -después de una firme recomendación para que tuviera cuidado, Izuna se fue.


En vez de ir hasta Burlington, Hinata entró en la casa y llamó a la ferretería de Salem. Le informaron que el día anterior acababan de recibir un pedido de cubos para basura.

Hinata partió en cuanto comió algo. El empleado de la tienda le dijo que había sido prudente al ir de inmediato. Desde que hablaron por teléfono, había vendido una buena parte de la remesa.

-Este animal en realidad merodea por aquí -comentó Hinata.

-No hay duda -dijo el empleado llamado Omoi-. Aunque ha sido muy bueno para nosotros. No sólo hemos vendido de manera impresionante una tonelada de recipientes para basura, sino también han aumentado las ventas de municiones y rifles.

Al salir de la tienda, la joven se estremeció al pensar que, oculta tras los visillos de las ventanas, había gente apuntando con un gatillo, sólo en espera de oír que algo o alguien revolvía su basura. Puesto que en apariencia se trataba de algunos chicos, con facilidad todo esto podría convertirse en una verdadera tragedia.

De vuelta en casa, transfirió la basura a los nuevos recipientes, cuyas tapas se aseguraban por medio de un mecanismo de compresión. Después se encaminó al laboratorio. Pensó que los investigadores deberían saber que la basura había sido revuelta y que se había descubierto el cuerpo de un hombre en las cercanías.

Hinata pasó por el área de recepción y entró en el laboratorio, en el que todos sostenían una junta que seguramente trataba sobre algo importante. La atmósfera era casi la de un funeral.

-Lamento mucho interrumpirlos -se disculpó Hinata.

-No hay problema -la calmó Menma-. ¿Necesitas algo en particular?

Hinata les contó acerca del problema con la basura y la visita de la policía. Dijo que las autoridades pensaban que el culpable tal vez era un oso, pero que algunos chicos se habían aprovechado de los sucesos para divertirse. También describió la agitación, que se había apoderado otra vez de la pequeña ciudad.

-Sólo en Salem le dan una importancia tan desproporcionado a incidentes así -comentó Menma entre risas-. Por lo visto, esta ciudad nunca va a recuperarse por completo de 1692.

-La preocupación general se justifica -advirtió Hinata-. Hoy por la mañana encontraron el cadáver de un hombre no muy lejos de aquí. El cuerpo estaba roído.

-¿Ya saben cómo murió el hombre? -preguntó Menma.

-No exactamente -informó Hinata-. Enviaron el cuerpo a Boston para que lo examinaran. Tienen ciertas dudas acerca de si el hombre murió antes de que el animal lo atacara.

-En tal caso, el animal pudo haberlo descubierto ya que estaba muerto -señaló Menma.

-Es verdad -reconoció Hinata-. Pero pensé que era importante advertirles que tuvieran cuidado.

-Tú también cuídate -dijo Menma-. Y vigila a Matatabi.


Cuando Hinata salió, Menma se volvió preocupado hacia su grupo. Guardaron silencio unos minutos mientras todos sopesaban la situación. Por fin, Orochimaru habló:

-Creo que tenemos que enfrentar el hecho de que tal vez seamos responsables por algunos de los problemas en la zona.

-Sigo pensando que una idea así es absurda -replicó Menma.

-¿Cómo puedes explicar lo de mi camiseta? -preguntó Sasuke Uchiha. La sacó de un cajón, en el que la había metido en forma apresurada cuando Hinata llegó. Estaba desgarrada y tenía manchas.

-Hice una prueba con una de estas manchas. Es sangre.

-Pero es tu sangre -dijo Menma.

-Cierto. ¿Pero cómo sucedió? Quiero decir, no lo recuerdo.

-También resulta difícil explicar lo de las cortaduras y los cardenales que tenemos en el cuerpo cuando despertamos por la mañana -agregó Kiba.

-Quizá padezcamos sonambulismo -sugirió Orochimaru.

-Yo no soy sonámbulo -puntualizó Menma. Miró furioso a los demás-. No estoy seguro de que esto no sea una broma bastante elaborada, después del jugueteo con el que se han estado divirtiendo. No hemos observado nada con los animales utilizados durante el experimento que indique una reacción así. De ningún modo podría decirse que esto tiene sentido en el aspecto científico.

-Estoy de acuerdo -intervino Sakura-. Yo tampoco soy sonámbulo ni tengo cortaduras ni cardenales.

-Bueno, no estoy alucinando -repuso Orochimaru-. Las cortaduras que tengo aquí son reales -extendió las manos para que todos pudieran verlas-. Algo malo ocurre. Sé que nadie quiere sugerir lo que resulta obvio, pero yo lo haré. Debe de ser Ultra. Necesité días para admitirlo siquiera ante mí mismo. Sin embargo, es muy claro que salgo por las noches y no tengo memoria de lo que hago, excepto que estoy cubierto de suciedad cuando despierto.

-¿Insinúas que no es un animal el que está ocasionando los problemas en esta región? -preguntó Tsunade con timidez.

-No insinúo nada, excepto que salgo por las noches y no sé lo que hago -repuso Orochimaru.

Una oleada de temor se difundió entre el grupo a medida que empezaban a encarar la realidad de la situación.

-Si el sonambulismo está ocurriendo, y la causa de éste es la droga, que considero es la única explicación -observó Orochimaru-, tiene que provocar algo en nuestros cerebros que es único.

-Déjenme ir por mis fotografías del escáner -dijo Kiba de pronto. Regresó con una serie de tomografías del cerebro de un mono al que se le había administrado Ultra etiquetada como radioactiva-. Observé algo esta mañana -señaló-. Si examinan con cuidado estas imágenes, verán que la concentración de Ultra en el tallo del cerebro anterior, el cerebro medio y el sistema límbico se acumula lentamente a partir de la primera dosis. Después, cuando llega a cierto nivel, la concentración sube de manera bastante pronunciada.

Todos se inclinaron para ver las fotografías.

-Tal vez en el punto en que la concentración aumenta de manera pronunciada, el sistema de enzimas que la metaboliza se sobrecarga. -sugirió Tsunade.

-Creo que tienes razón -dijo Kiba.

-Eso significa que debemos revisar la clave que nos indique la cantidad de Ultra que hemos tomado -apuntó Tsunade.

-Me parece razonable -coincidió Menma. Se dirigió a su escritorio y sacó una pequeña caja cerrada con llave. En el interior había una tarjeta de siete centímetros por doce, que contenía el código que relacionaba las dosis con los nombres. Sasuke estaba en la dosis más alta, seguido por Orochimaru. En el otro extremo de la escala, Sakura ingería la dosis menor y Menma la siguiente más baja.

Después de una larga discusión racional, concluyeron que cuando la concentración de Ultra alcanzaba cierto punto, bloqueaba la variación normal de niveles de serotonina que ocurría durante el sueño, con lo que se alteraban los patrones de éste. Tsunade indicó que cuando la concentración fuera aún más alta, Ultra bloquearía las radiaciones del cerebro inferior, o de reptil, hacia los centros más altos de los hemisferios cerebrales. El sueño, como otras funciones autónomas, estaba regulado por las áreas del cerebro inferior, donde Ultra se concentraba.

-Si ése es el caso -dijo Orochimaru-, ¿qué ocurriría si despertáramos mientras el bloqueo se lleva a cabo?

-Sería como si experimentáramos una evolución en retrospectiva -afirmó Sasuke-. Funcionaríamos sólo mediante los centros del cerebro inferior. ¡Seríamos reptiles carnívoros!

La conmoción producida por esta aseveración acalló a todos.

-Aguarden un momento -dijo Menma, tratando de alegrarse a sí mismo y también a los demás-. Nos estamos precipitando. No hemos observado algún problema con los monos, que también tienen hemisferios cerebrales, aunque más pequeños que los de la mayoría de los humanos.

Todos, salvo Tsunade, sonrieron ante el humor de Menma.

-Aun cuando hubiera algún problema con Ultra -insistió Menma-, tenemos que tomar en consideración la manera en que la droga ha afectado positivamente nuestras emociones y capacidad mental. Quizá hemos ingerido dosis demasiado elevadas. Tal vez todos deberíamos reducir la dosis al nivel de la de Sakura.

-No estoy dispuesta a disminuir la mía -aseguró Tsunade desafiante-. Voy a suspenderla por completo. Me horroriza el solo hecho de pensar en la posibilidad de que una criatura primitiva esté acechando dentro de mi cuerpo.

-Lo planteas de una manera bastante pintoresca -comentó Menma-. Deja de ingerir la droga, si quieres. Nadie va a obligar a nadie a hacer nada que no desee; sin embargo, he aquí lo que propongo: como medida de seguridad adicional, vamos a dividir por la mitad la dosis de Sakura y a usarla como el límite superior, con lo que las subsecuentes bajarían en intervalos de una centésima de miligramo.

-Eso me parece razonable y sin riesgos -opinó Orochimaru.

-A mí también -intervino Sasuke.

-Y a mí -dijo Kiba.

-Bien -continuó Menma-. Tiene que haber en esto un punto en que la probabilidad de causar un problema sea un riesgo aceptable.

-Yo no voy a tomarla -volvió a manifestar Tsunade.

-No hay problema.

-¿No te enojarás conmigo? -preguntó la farmacóloga.

-En lo más mínimo -aseguró Menma.

-Actuaré como control -sugirió Tsunade-. Además, así podré vigilar a los demás por las noches.

-Es una idea excelente -aceptó entonces Menma-. Sólo una cosa más. Esta reunión debe mantenerse en secreto para todo el mundo, incluyendo a sus familias.

-Está de más decirlo -dijo Orochimaru-. Lo último que queremos es comprometer el futuro de Ultra. Tal vez nos tropecemos con algún problema aquí y allá; sin embargo, a pesar de ello, ésta va a ser la droga del siglo.


Hinata tenía la intención de pasar algún tiempo en el castillo por la mañana, pero cuando regresó a la cabaña, se dio cuenta de que ya era hora de comer. Mientras comía, el teléfono sonó. Para su sorpresa, era Shizune Kato, la bibliotecaria de Harvard.

-Tengo buenas noticias para usted -le anunció Shizune-. Encontré una referencia a un trabajo de Izumi Mukare.

-Es maravilloso -repuso Hinata-. ¿Cómo la encontró?

-Volví a leer la carta de Chouza Akimichi que usted nos permitió copiar -explicó Shizune-. Gracias a la referencia de éste a la escuela de derecho, obtuve el acceso al banco de datos de la biblioteca de esa facultad y el nombre surgió de pronto. Su trabajo se trasladó a la escuela de derecho en 1818, lo que significa que sobrevivió al incendio de 1764.

-Pensé que todo se había quemado -dijo Hinata.

-Alrededor de doscientos libros que estaban prestados sobrevivieron -informó Shizune-. Alguien debe de haber estado leyendo el libro que usted busca.

-¿Encontró el libro? -preguntó Hinata entusiasmada.

-No -contestó Shizune-. Creo que debe partir de aquí. Comuníquese con Mabui, es una de las archivistas de la escuela de derecho. Voy a llamarla el lunes a primera hora para que aguarde su llamada o visita.

-Iré el lunes saliendo de trabajar -aseguró Hinata impaciente.

-Avisaré a Mabui -dijo Shizune antes de colgar.

Hinata se sentía eufórica. Había renunciado a la esperanza de que las pruebas hubieran sobrevivido al incendio. Entonces, se preguntó por qué Shizune estaba segura de que se trataba de un libro. ¿Había podido averiguar tanto a través de la referencia? Llamó de nuevo a Shizune, pero ya había salido de trabajar. Hinata se desilusionó, aunque no por mucho tiempo. El lunes conocería por fin la naturaleza de las pruebas utilizadas contra Hikari. Si consistían en un libro o no, eso en realidad no importaba.

Esa noche casi no pudo dormir. Deseaba haber podido hacer el seguimiento de la pista que apuntaba a la escuela de derecho esa misma tarde. Por fin, tomó otra pastilla de Xanax para tranquilizar la mente que parecía un torbellino.


Hinata despertó sobresaltada. Estaba muy oscuro y un vistazo a su reloj le indicó que sólo había dormido unas cuantas horas. Escuchó los sonidos de la noche y trató de dilucidar qué podría haberla despertado. Oyó golpes sordos que provenían de la parte posterior de la casa y le pareció que algo o alguien golpeaba sus nuevos recipientes para basura contra el tinglado. Se irguió, ya que pensó en un oso tratando de escarbar en la basura, cuyo contenido, como ella bien sabía, eran huesos de pollo.

Después de encender la lámpara que tenía en la mesa junto a la cama, se levantó. Se puso su bata y los pantuflos. Acarició a Matatabi para tranquilizarla y corrió por el pasillo a la habitación de Menma. La cama de su compañero estaba vacía. Pensó que aún debía estar en el laboratorio y, preocupada porque él tenía que regresar a pie en la oscuridad, fue a su habitación y marcó el número del laboratorio. Después de dejarlo sonar diez veces, se dio por vencida.

Tomó la linterna de su mesa de noche y empezó a bajar las escaleras. Cuando dio vuelta en el descanso, se quedó inmóvil. La puerta principal se encontraba abierta de par en par. La idea de que el oso, o lo que fuera, había entrado en la casa y que en ese momento la acechaba desde la oscuridad, la paralizó. Trató de escuchar con atención, pero todo lo que logró distinguir fue un coro de ranas arbóreas. Una brisa fresca y húmeda se colaba a través de la puerta abierta y llegaba hasta las piernas desnudas de Hinata. Afuera caía una llovizna muy ligera.

La casa estaba silenciosa como una tumba. Perdió la esperanza de que el animal no hubiera entrado. Se movió despacio hacia la puerta, dando un paso a la vez. Después de cada paso, aguzaba el oído para escuchar algún ruido que indicara que un animal estaba dentro de la casa. Pero ésta continuaba en silencio.

Hinata llegó a la puerta y miró al exterior para ver a Matatabi sentada en medio del camino de losas que conducía a la entrada. La gata se lamía tranquilamente la pata y la frotaba contra la cabeza.

Al principio, no podía creer lo que observaba, puesto que acababa de ver a la gata en su cama. Matatabi debía de haber detectado que la puerta principal estaba abierta, mientras Hinata iba a ver a Menma, y bajó para aprovechar la oportunidad de salir.

Después de una inspección rápida del área contigua, corrió hacia la gata, la alzó con brusquedad y dio vuelta cuando se cerraba la puerta principal. Dijo un no silencioso y corrió hacia la puerta, pero ya era tarde. Se cerró con un sonoro golpe, seguido del clic metálico y agudo del pestillo al engarzarse en la contrachapa. Trató de abrir la perilla. Fue en vano. La puerta estaba cerrada.

Hinata se encorvó bajo la lluvia fría y muy despacio se volvió para enfrentarse a la negrura de la noche, admirada de la situación desesperada en la que se encontraba. Estaba en bata y pijama, la puerta de su casa estaba cerrada; ella se había quedado afuera en una noche lluviosa con una gata contrariada y tenía que enfrentarse, además, a una criatura nocturna desconocida que acechaba en alguna parte entre los arbustos.

Matatabi luchó porque la bajara y se quejó de manera audible. Hinata la silenció. Se alejó de la casa paso a paso e inspeccionó cada una de las ventanas que tenían bisagras, pero todas estaban cerradas. Sabía que tenían puesto el seguro. De repente oyó el sonido de una criatura grande que se movía en la tierra a lo largo del costado derecho de la casa. A sabiendas de que no podía quedarse donde estaba, corrió en la dirección contraria. Desesperada, trató de abrir la puerta de la cocina. También estaba cerrada. Se alejó de la casa y divisó el cobertizo. Apretó a Matatabi contra el pecho y, sosteniendo la linterna como si fuera un garrote, corrió tan rápido como los pantuflos abiertos en los talones se lo permitieron. Cuando llegó al cobertizo, levantó el gancho que servía para mantener la puerta cerrada y se introdujo en la oscuridad del interior. A la derecha de la puerta había una ventana muy pequeña y sucia, que ofrecía una magra vista del patio detrás de la cabaña. La única iluminación provenía de la fuente de luz que salía de la ventana de su habitación y del resplandor luminoso del cúmulo de nubes bajas que se arremolinaban en el cielo.

Mientras observaba, una figura voluminosa dio vuelta en la casa. Era una persona, no un animal, pero actuaba de una manera bastante peculiar. Se detuvo a olfatear el viento como lo haría una bestia. Hinata se llenó de terror cuando vio que se volvía hacia el cobertizo y empezó a caminar con paso vacilante hacia ella, con un modo de andar lento y arrastrando los pies; olisqueaba el aire como si siguiera un aroma. Rezó porque la gata se quedara quieta y retrocedió agachada hacia la oscura parte posterior del cobertizo, mientras empujaba herramientas y bicicletas. Oía las pisadas en la grava. Se aproximaron, pero de pronto se detuvieron. Se produjo una pausa angustiosa. Hinata contuvo la respiración.

De repente, la puerta se abrió de golpe. Al perder el control, Hinata gritó. Matatabi reaccionó con sus propios chillidos y saltó de los brazos de su ama. El hombre también gritó. Hinata sujetó la linterna con las manos y la encendió. Dirigió el haz al rostro del individuo. El se protegió de la luz intensa con los brazos.

Hinata quedó boquiabierta por la sorpresa de alivio. ¡Era Menma!

-Gracias a Dios -musitó al tiempo que bajaba la linterna.

Hinata saltó de su posición entre las bicicletas y echó los brazos al cuello de Menma, que la miraba sin expresión.

-No puedo decirte lo feliz que me siento de ver tu rostro -dijo Hinata-. Nunca he estado tan asustada en mi vida.

El científico no respondió.

-¿Menma? -preguntó Hinata-. ¿Te encuentras bien?

El joven exhaló ruidosamente.

-Estoy bien -dijo por fin. Estaba enojado-. No gracias a ti. ¿Qué demonios haces aquí afuera, en medio de la noche? Me diste un susto de muerte.

Hinata se disculpó de manera efusiva y explicó lo que había sucedido. Cuando terminó, Menma sonreía.

-Esto no es gracioso -añadió ella. Pero ahora que estaba a salvo, Hinata sonrió también.

-No puedo creer que hayas arriesgado la vida por esa vieja gata -dijo-. Ven. Vamos a guarecernos de la lluvia.

Hinata regresó al cobertizo y, con la ayuda de la linterna, encontró a Matatabi aún oculta detrás de una hilera de herramientas de jardinería. Hinata la animó a salir y la cargó. Después, ella y Menma volvieron a la casa. Él usó su llave para abrir la puerta principal.

-Me estoy helando -dijo Hinata-. Necesito beber un té caliente. ¿Quieres que te prepare uno?

-No, pero me quedaré un momento -se sentó en un banco.

En la cocina, Hinata puso el agua a hervir mientras Menma explicaba su versión de la historia.

-Tenía intenciones de trabajar durante toda la noche -empezó-. Pero a la una y media no podía mantener los ojos abiertos. Todo lo que podía hacer era caminar del laboratorio a la cabaña sin tirarme en la hierba. Cuando llegué a casa, abrí la puerta y entonces recordé que traía una bolsa llena de restos de la pizza que cenamos, que se suponía debía arrojar al cubo de la basura en el laboratorio. De modo que di media vuelta para ir a dejarla en nuestro recipiente. Creo que dejé la puerta abierta. De todos modos, no pude abrir las tapas de los recipientes de basura.

-Son nuevos -explicó Hinata.

-Bueno, espero que tengan un instructivo -repuso Menma.

-Es fácil a la luz del día -dijo Hinata.

-Por fin me tuve que dar por vencido -prosiguió Menma-. Cuando regresé a la casa, la puerta estaba cerrada. Me pareció percibir el aroma de tu colonia. Desde que tomo Ultra, mi sentido del olfato ha mejorado de manera notable. Seguí el aroma y ya.

Hinata se sirvió una taza de té.

-¿Estás seguro de que no quieres?

-No podría -respondió Menma-. Sólo estar sentado constituye un verdadero esfuerzo. Debo ir a dormir. Siento como si el cuerpo me pesara cinco toneladas -bajó del banquillo y se tambaleó. Hinata extendió el brazo para sostenerlo.

-Estoy bien -dijo-. Cuando me siento muy cansado, necesito un segundo para recuperar el equilibrio.

Hinata lo oyó subir con trabajos la escalera. Tomó su taza de té y lo siguió. Al llegar arriba miró su habitación. Estaba dormido sobre la cama, a medio desvestir.

Hinata entró en la habitación y, con muchas dificultades, le quitó los pantalones y la camisa, lo cubrió con las frazadas y apagó la luz. Deseó poder conciliar el sueño con igual facilidad.


Sábado 28 de Septiembre de 2013

En la claridad neblinosa que precede al amanecer, Menma y los investigadores se encontraron a la mitad del camino entre la cabaña y el castillo y marcharon en silencio por la hierba hacia el laboratorio. Iban con el ánimo sombrío, en especial Menma. Al despertar esa mañana, lo había impresionado profundamente descubrir unos huesos de pollo, encostrados con asientos de café, en el piso de su habitación. Parecían provenir de la basura.

Prepararon café y todos llevaron una taza al área del laboratorio que usaban para sus reuniones. Kiba fue el primero en hablar.

-A pesar de que mi dosis de Ultra se redujo en más de la mitad, volví a salir anoche -expresó con tristeza-. Cuando desperté esta mañana, mi pijama estaba tan sucio e impregnado de comida que tuve que arrojarlo a la basura.

-Yo también salí -reconoció Sasuke.

-Temo que me ocurrió lo mismo -dijo Orochimaru.

-Debemos poner fin a esto -exigió Kiba.

-Yo no salí -anunció Sakura-. Así que tiene que relacionarse con las dosis.

-Estoy de acuerdo -dijo Menma-. Vamos a reducir otra vez las dosis a la mitad.

-Tal vez no sea suficiente -advirtió Tsunade. Todos se volvieron a mirarla-. Yo no tomé ninguna dosis de Ultra ayer y, a pesar de ello, salí. Me propuse permanecer despierta a fin de cerciorarme que nadie más saliera, pero no pude evitar quedarme dormida.

Por unos minutos, guardaron silencio mientras analizaban la revelación de su colega. Menma rompió el silencio.

-La experiencia de Tsunade sólo indica que la concentración en su cerebro inferior es todavía más alta que el umbral de esta desafortunada complicación. Debemos reducir aún más la dosis.

-Ya no quiero correr este riesgo -advirtió Kiba-. Salgo a merodear por ahí sin comprender ni saber en absoluto lo que hago. No deseo que me maten o me atropellen porque actúo como un animal. Voy a suspender la droga.

-Pienso lo mismo -manifestó Orochimaru.

-Es lo único razonable -coincidió Sasuke.

-De acuerdo -aceptó Menma con cierta renuencia-. Todos tienen razón. No es sensato que pongamos en riesgo nuestra seguridad o la de los demás. Vamos a suspender la droga y volveremos a evaluar la situación en unos cuantos días.

-Mientras tanto, ¿qué medidas de precaución podemos adoptar? -preguntó Kiba.

-Quizá debamos tomarnos electroencefalogramas mientras dormimos -sugirió Tsunade-. Podríamos conectar el equipo a una computadora para que nos despierte si los patrones normales de sueño se alteran.

-Es buena idea -dijo Menma-. Pediré el equipo el lunes.

-¿Qué hacemos mientras llega? -preguntó Kiba.

Todos meditaron unos momentos.

-Tal vez sería conveniente tomar turnos para dormir -sugirió Kiba-. Así unos vigilarán a los otros.

-Dormir por turnos es una buena idea -reconoció el jefe de] grupo-. Entre tanto tenemos una enorme cantidad de trabajo que hacer. Y sobra mencionar que todo lo que hemos hablado aquí debe permanecer estrictamente confidencial hasta que tengamos oportunidad de aislar el problema y eliminarlo.


Fin del Capítulo 11 - Hola chicos y chicas.. Como siempre, cualquier duda que tengan, no duden en enviarme un MP o búsquenme en el foro "Grandes Juegos Mágicos" del cual soy Moderador, os invito a que se pasen por el mismo si son megafanáticos de Fairy Tail. Si quieren compartir con gente amena y divertida sobre nuestra serie favorita, jugar divertidos juegos, participar en nuestro juego de Rol y en los retos como este, sólo deben pasarse por allí y encantados los recibiremos…

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Nos vemos en el siguiente capítulo…

De Pie, Reverencia, ¡Aye Sir!

El Siguiente Capítulo Será: Una Reunión no muy Agradable