Disclaimer: Naruto, todos sus personajes y lo referente al mundo shinobi es propiedad intelectual de Masashi Kishimoto. La historia es una adaptación del Libro "Riesgo Aceptable", de Robin Cook. Su Trama, historia e ideas son de su autoría. Yo sólo adapté la historia para el disfrute, sin fines de lucro ni nada parecido, sólo por diversión.
Advertencias: Adaptación del Libro "Riesgo Aceptable" de Robin Cook. Varias escenas son completamente nuevas, otras, son variaciones de las originales del Libro. Algo de OOC en los personajes de Naruto, por imprimirlos en los respectivos personajes que representan. AU. Línea diferente de tiempo de relato. Sólo hecho para disfrute, sin fines de lucro cesante ni daño emergente.
Hola a todos aquí de nuevo con ustedes! Aquí está para todos ustedes el capítulo final de la historia! Agradezco la aceptación que ha tenido! Les recuerdo que "Riesgo Aceptable" pertenece a Robin Cook, Y Naruto y sus personajes , al gran Masashi Kishimoto!
Continuemos con el mundo de las brujas y los estetoscopios!
Capítulo 12 - Final
Una Reunión no muy Agradable
Domingo 29 de Septiembre de 2013
Hinata abrió los ojos y parpadeó. No podía creerlo, eran casi las diez de la mañana. Hacía años que no dormía hasta tan tarde.
Sentada en el borde de la cama, bruscamente recordó el espisodio de la noche anterior, había sido tan aterrorizador que no pudo dormir. Después de dos horas de no poder conciliar el sueño, tuvo que tomar una pastilla de Xanax para poder hacerlo.
Recordó la carta de Kintaro Hoyoshi, y como describía la busqueda de refugio por parte de Hikari en el cobertizo al momento de ser afectada por el moho venenoso. Que casualidad que el pánico la llevase a esconderse allí mismo.
Se bañó, se vistió y desayunó con la esperanza de poder disfrutar el día, pero lo consiguió a medias. Necesitaba algo más que eso y que la actividad de clasificar documentos en el castillo. Echaba de menos el contacto humano y el bullicio de ciudad.
Tomó el teléfono y llamó a varias amigas en Boston, pero no tuvo suerte. Si no estaban ocupadas, daba con las contestadoras automáticas. Quedandose sin opciones, acabó discando el número de Naruto. No sabía que decir, no era común que lo llamara. Estaba casi segura de que no tendría razon alguna, pero, por algún motivo, se sintió impulsada a hacerlo. Cuando sonó el penultimo timbrazo, cuando estuvo ya a punto de desistir, Naruto tomó la lamada.
-¿Moshi-moshi? Naruto desou.. -Hinata estaba sin habla -Hola ¿Hay alguien allí?
-S-si -dijo ella a ultimo minuto - Naruto, es Hinata..
-Hinata.. ¡Hinata! -dijo él en un grito que ella tuvo que separar un poco el auricular -¡No puedo creer que me estes llamando! Disculpa si te hice esperar, estaba en la ducha. ¿Como has estado?
-Puede decirse que bien..
Hablaron un poco de esto y aquello. Hinata estaba nerviosa, trató de ocultarlo pero Naruto lo notó.
-¿Estás bien?... Te noto alterada.
Hinata estaba sin palabras. Bruscamente se sintió confundida, y hasta con ganas de llorar.
-Tu falta de respuesta es toda una respuesta. Quiero ayudarte. ¿Que necesitas?
Hinata respiró hondo y hablo.
-Si que puedes ayudarme. Necesito alejarme de Salem. Quería ir a la ciudad y quedarme a dormir allá, ya que mañana vuelvo al trabajo.
-Oh... -luego de unos minutos Naruto se le ocurrio una idea -Oe ¿Por qué no vienes aquí? Solo tendría que mover mi bicicleta de ejercicios, las piezas de refacción del motor del Mustang y unas 80 mil revistas entre medicina y de coches del cuarto de huéspedes. Además tengo franco, podemos pasar un lindo día. ¡Dattebayoo!
-¿De veras te parece una buena idea?
-¡Oh si! Seré un chico juicioso, si es lo que te preocupa. no haré nada que te incomode.
Hinata dudó si ella de verás se podria portar juiciosa al lado de Naruto. Recordó los ultimos instantes que pasaron juntos.
-Vamos, decídete -insistió Naruto -Te hará bien alejarte de los suburbios y pasar una tarde en el centro. Te llevaré a comer rollos de canela, ¿Aún son tus favoritos?
Naruto había dado en el blanco. La debilidad de Hinata por los rollos de canela.
-Acepto.
-Excelente ¡Dattebayoo! Y bien, ¿Cuanto tardarás?
-Una hora, como mucho dos, me llevaré el BMW, así que no tienes que ir por mi.
-Bien.. Aunque igual no me incomoda en lo absoluto, jejee.. Entonces te espero. ¡Adios!
Hinata colgó. Aunque no le quedaba claro a donde quería llegar Naruto, le parecía que hacía bien. Se paró de la silla donde estaba y fue a buscar sus efectos personales, incluida su ropa de trabajo. Pasó por la cocina y dejó un plato de comida para Matatabi, además de que le cambió la arena para gato.
Llevó sus cosas al 335i y las colocó en el maletero. Luego enfiló al laboratorio.
En el laboratorio reinaba un clima aún más pesado que en días anteriores. Todos estaban absortos en sus tareas y ni se percataron de su presencia.
Menma se encontraba absorto ante la impresora, que escupía datos en papel desde la computadora. Al verla, sonrió de medio lado, pero luego volvió la mirada al papel.
-Me voy a Boston a pasar el día con unos amigos - anuncio ella alegre.
-Que te vaya bien..
-Y me quedaré a dormir ¿Quieres que te deje el número donde me quedare?
-No es necesario. Si hay problemas, llámame, aquí estaré.
Hinata se despidió y fue hacia la puerta, pero se detuvo cuando Menma la llamó.
-Lamento todo esto. Estoy un poco preocupado. Ojalá no hubirese tanto que hacer, pero surgieron problemas.
-Comprendo -dijo Hinata y lo miró a la cara. Había una expresión de timidez en él que hacía tiempo no veía.
Abandonó rápidamente el laboratorio y subió a su auto. mientras salía de la propiedad, no dejaba de pensar en la conducta de Menma. Tenía la impresión de que volvía su antigua personalidad, aquella que le había resultado atractiva cuando se conocieron.
Introdujo un disco en el reproductor de sonido del BMW, inmediatamente de los parlantes comenzaba a sonar Chocolate de Jesse & Joy. Poco a poco se fue relajando, a medida que se alejaba al sur por la autopista, se sentía mejor. En parte se debía al tiempo, era un día soleado, templado y agradable. Algunos árboles mostraban su deslumbrante ropaje otoñal y el cielo de tanto azul, parecía un vasto océano.
El domingo no había tanto tráfico, casi sin darse cuenta estaba en Boston. Encontró un lugar para estacionar a corta distancia del apartamento de Naruto. Estaba nerviosa al llamar a su puerta, pero su recibimiento la hizo sentirse cómoda. La ayudó con sus cosas al cuarto de huéspedes, que en efecto, él había acabado de limpiar.
Al cabo de una hora subieron al Shelby Mustang GT500 de Naruto. La llevó a pasear por la cuidad, y durante unas horas felices, entre las anécdotas, sus cuentos y las tonterías de Naruto, Hinata pudo olvidarse de Omni, Ultra, Menma y Hikari. el paseo comenzó en un barrio italiano donde almorzaron rollos de canela y bebieron café.
En un alto de la caminata, entraron en el sector de ofertas de una gran tienda para ver que había. Los dos eran clientes asiduos. Hinata consiguió una hermosa falda de un modisto de Nueva York.
Después pasearon entre los árboles otoñales y los materos de flores del parque y se sentaron a mirar los botes con forma de cisne que se deslizaban sobre el lago.
-¿Recuerdas la última vez que vinimos aquí? -preguntó Naruto.
-Si.. Fue hace mucho pero aún lo recuerdo.. Fue muy gracioso.. Intentaste darme mi primer beso, pero me tomaste por sorpresa y debido al susto te empujé al lago -Hinata río al recordarlo -Después tuvimos que esperar a que tu ropa secara..
-Si.. Que tiempos aquellos..
-Tienes razón... -dijo ella mirando el lago. Naruto la veía a ella fijamente -¿Que pasa?
-Te noto cansada.
-Es lógico. Últimamente no duermo lo que se dice bien. La vida en Salem no ha sido idílica.
-¿Quieres hablar de ello?
-Por ahora, no.. Me siento confundida.
-Entiendo.. Sabes, me alegra que hayas venido ¡Dattebayoo!...
-Que te quede claro que dormiré en el cuarto de huéspedes -dijo Hinata precipitadamente.
-Oe Oe... -Naruto alzo las manos como defendiéndose de un ataque - No pretendo nada. Tranquilízate, somos amigos ¿O no?
-Si , lo se.. Perdóname. Dirás que estoy súper nerviosa, pero la verdad es que hace mucho que no me siento bien -Tomo la mano de Naruto y la apretó, luego le dio un cálido beso en la mejilla -Gracias por ser mi amigo.
Naruto se sonrojo furiosamente luego del beso y viró la mirada apenado. Hinata sonrió feliz.
Al salir del parque caminaron por una calle mientras miraban las vidrieras de las tiendas para luego dedicar un buen rato a una de las aficiones de Hinata en Boston. Entraron en la librería y ojearon los libros. Hinata eligió una Novela de Ciencia Ficción de Isaac Asimov, y Naruto compro un libro llamado "La Grandiosa Historia de Porsche".
Cuando caía la tarde, fueron a un excelente restorán hindú. La comida fue deliciosa, aunque desgraciadamente la casa no ofrecía bebidas alcohólicas. Ambos coincidieron que esos platos picantes hubieran quedado mejor con un gran jarro de cerveza.
De allí volvieron a Beacon Hil. Entraron al apartamento de Naruto y se sentaron en el sofá. Bebieron varias copas de vino blanco frío. Hinata comenzó a sentir sueño. No supo en que momento se había ido a dormir. Al día siguiente, a eso de 3:30 am, casi se desmaya al despertar y encontrarse bajo las sábanas de la cama de Naruto. Había dormido con él, en su cama, abrazados. Se reprendió mentalmente, ya que le había dejado claro que dormirían en cuartos separados y allí estaba, en su cama. Para suerte de ella, se encontraba vestida con su pijama, no había sucedido nada mas inocente que solo dormir juntos. Después se río, se acomodó entre los brazos de él y concilió el sueño mas placentero y reparador que había tenido en varias semanas.
Lunes 30 de Sptiembre de 2013
Hinata casi había olvidado lo difícil que resultaba un día normal en la Unidad quirúrgica de terapia intensiva.
Después de un mes de vacaciones no estaba en situación de contar con la energía física y emocional necesaria. A medida que su día de trabajo llegaba a su fin, tuvo que reconocer que disfrutaba mucho de la intensidad, el desafío y la sensación de logro que le proporcionaba ayudar a la gente necesitada, por no mencionar la camaradería del esfuerzo compartido.
En cuanto terminó su turno, salió del hospital y abordó el tren de la Línea roja hacia Harvard Square. Al llegar, caminó hacia el noroeste en Massachusetts Avenue para dirigirse a la Facultad de Derecho de Harvard. Como sudaba, aminoró el paso. Un calor en verdad bochornoso se había estancado sobre la ciudad y hacía que la temporada se pareciera más al verano que al otoño. El servicio meteorológico había pronosticado posibles tormentas eléctricas.
Hinata preguntó a un estudiante cómo llegar a la biblioteca de derecho. El aire acondicionado del interior fue un alivio. Volvió a preguntar y llegó a la oficina de Mabui. Se anunció con la secretaria, quien le pidió esperar. No acababa de sentarse cuando una mujer morena, alta y excepcionalmente atractiva, de cabello blanco como la nieve, salió de la puerta que comunicaba las oficinas.
-Soy Mabui y le tengo muy buenas noticias -dijo la mujer con entusiasmo. La condujo hasta su oficina y le indicó que tomara asiento-. Shizune Kato me contó acerca de su interés en un trabajo de Izumi Mukare.
Hinata asintió.
-¿Ya lo encontró? -preguntó.
-Sí y no -respondió Mabui.
-¿Qué significa sí y no?
-Quiero decir que aunque no encontré el libro como tal, sí localicé una referencia al hecho de que estuvo aquí. Sin embargo, fue transferido a la Facultad de Teología en 1825 y después a la de medicina en 1826. Al parecer, nadie sabía dónde guardarlo.
-¡Oh, por todos los cielos! -exclamó Hinata sin ocultar su frustración-. Esto se está convirtiendo en una broma de mal gusto.
-Me comuniqué a la Countway Medical Library y hablé con Yagura, que está a cargo de los libros y manuscritos raros. Le conté la historia y me aseguró que se ocuparía de averiguar.
Después de darle las gracias a Mabui, Hinata regresó a Harvard Square y volvió a abordar el tren a Boston. Era la hora de más movimiento, por lo que Hinata tuvo que abrirse paso para alcanzar el tren. Cuando por fin llegó al estacionamiento del Hospital General Mass, subió a su automóvil, puso en marcha el motor y se dirigió a la Countway Medical Library.
Yagura, a pesar de parecer un adolescente tenia un poco mas de 26 años, parecía el hombre ideal para trabajar en una biblioteca. Hablaba con suavidad y su amor por los libros se puso de manifiesto inmediatamente por la manera afectuosa con que los manipulaba.
Hinata se presentó y mencionó el nombre de Mabui. Yagura buscó algo entre el desorden de su escritorio.
-Tengo algo para usted -informó-. ¿Dónde diablos lo puse? -el rostro se iluminó-. Ah, aquí está lo que quería -sacó una sola hoja de papel-. Revisé los registros de la biblioteca de 1826 y encontré esta referencia al trabajo que usted busca.
-Permítame adivinar -dijo Hinata-. Lo enviaron a otra parte.
Yagura miró a Hinata por encima del papel que tenía en las manos.
-¿Cómo lo supo? -preguntó.
Hinata rió.
-Es un patrón -señaló-. ¿A dónde lo enviaron?
-Al Departamento de Anatomía -respondió Yagura-. En la actualidad se le conoce como Departamento de Biología Celular.
-¿Cómo se les ocurrió enviarlo ahí?
-No tengo la menor idea -contestó Yagura-. El registro que encontré fue una tarjeta escrita a mano que en apariencia estaba adjunta a un libro o dibujo. Hice una copia -Yagura entregó el papel a Hinata.
Era difícil de leer, sin embargo, parecía decir: "Curiosidad por Izumi Mukare, contraída en 1691." Al recordar la carta de Nikko Hyuga a su padre, Hinata supuso que la caligrafia que veía en ese momento era la de Nikko. Se imaginó al estudiante nervioso, cambiando subrepticiamente el nombre de su madre por el de Izumi Mukare.
-Llamé al director del departamento -dijo Yagura, interrumpiendo las cavilaciones de Hinata-. Me indicó que me comunicara con Suigetsu Hozuki, curador a cargo del Warren Anatomical Museum. De modo que así lo hice y me dijo que si quería ir a ver la pieza de exhibición se dirigiera al edificio de la administración.
-¿Quiere decir que ahí esta? -preguntó Hinata incrédula.
-Así parece -respondió Yagura-. El Warren Anatomical Museum se encuentra ubicado en el quinto piso del edificio A, en diagonal, frente a la biblioteca.
Hinata sintió que el pulso se aceleraba con la idea de que tal vez descubriría por fin las pruebas contra Hikari. Agradeció a Yagura y cruzó de prisa al edificio A, una estructura neoclásica cuya fachada tenía un enorme frontón soportado por columnas dóricas.
El museo, tal como era, consistía en un conjunto de escaparates cubiertos por cristales. Contenía la colección habitual de instrumentos quirúrgicos primitivos capaces de hacer estremecer de dolor a los más estoicos, fotografías antiguas y especímenes patológicos. Había también muchos cráneos.
-Usted debe ser Hinata Hyuga -dijo una voz. Ella alzó la mirada para observar a un hombre mucho más joven de lo que esperaba para ser curador de un museo, de cabello azulado liso, traía una bebida y la bebía como si muriera de calor.
-Soy Suigetsu Hozuki -se estrecharon la mano-. Entiendo que usted está interesada en la pieza de exhibición de Izumi Mukare -comentó.
-¿Se encuentra aquí? -preguntó Hinata.
-Nop -respondió Suigetsu.
Hinata miró al hombre como si no hubiera entendido.
-Está en la bodega -explicó Suigetsu-. No disponemos de espacio para exhibir todo lo que tenemos. ¿Quiere verla?
-Por supuesto -respondió Hinata con alivio.
Tomaron el ascensor a fin de bajar al sótano y siguieron una ruta laberíntica por la que Hinata no habría sabido cómo regresar. Suigetsu abrió una pesada puerta de acero. Buscó a tientas en la pared y encendió las luces que eran meros focos desnudos.
La habitación estaba llena de polvorientos escaparates de vidrio.
-Nee.. Disculpe el desorden -dijo Suigetsu- No es usual que alguien venga aquí muy a menudo.
Hinata lo siguió mientras él se abría paso entre los gabinetes repletos con una amplia variedad de huesos, instrumentos y tarros con órganos preservados. El hombre se detuvo. Hinata se acercó desde atrás. Él se hizo de lado y señaló el gabinete que se encontraba enfrente. El horror hizo retroceder a Hinata, que no estaba preparada para lo que vio. Embutido en un tarro grande de vidrio, lleno de un líquido marrón oscuro utilizado como preservador, había un feto de cuatro a cinco meses de desarrollo que parecía un monstruo.
Indiferente a la reacción de Hinata, Suigetsu Hozuki abrió el gabinete, introdujo la mano y arrastró el pesado tarro hacia adelante, lo que ocasionó que el contenido se moviera de modo que parecía ejecutar una danza grotesca y provocó que llovieran fragmentos de tejido como en un pisapapeles en forma de burbuja de vidrio que contuviese una escena invernal.
Hinata apretó la mano contra la boca mientras miraba fijamente el feto, que tenía enormes ojos saltones como los de un sapo, el cráneo aplastado y el paladar hendido, que daba a la boca la apariencia de encontrarse entremetida en la nariz. Las extremidades superiores eran como muñones que terminaban con manos puntiagudas y dedos muy cortos, algunos de los cuales estaban pegados. El efecto era casi como de pezuñas hendidas. De la cadera emergía una cola larga, parecida a la de un pez. Hinata comprendió en forma cabal cómo la mente del siglo diecisiete había considerado tal malformación monstruosa como la encarnación del demonio.
-¿Quiere ver el otro lado? -preguntó Suigetsu.
-Ya no, gracias -contestó Hinata, al tiempo que, de manera inconsciente, se alejaba del espécimen. Recordó la nota que Yagura le había mostrado en la biblioteca de medicina. No decía: "Curiosidad por Izumi Mukare, contraída en 1691." La palabra era "concebida" y no "contraída."
También recordó el registro en el diario de Hikari acerca del inocente Job. Hinata había creído que se trataba de una referencia al Job bíblico. Pero no era así: Hikari sabía que estaba embarazada y había llamado Job al bebé.
Hinata agradeció a Suigetsu y caminó dando traspiés hacia su automóvil, mientras pensaba en la doble tragedia de su Hikari. Estaba embarazada al mismo tiempo que, sin notarlo, se envenenaba con un hongo que crecía en su almacén de centeno. En aquella época, todo el mundo debe de haber estado convencido de que tenía relaciones con el diablo para producir un monstruo así.
De camino a casa, Hinata empezó a comprender cómo debió de haberse sentido Hikari. La mujer sabía bien que no era bruja, pero la seguridad en su inocencia tenía que haberse visto socavada. Debió de haber creído que era culpable de una espantosa transgresión contra Kami-sama. ¿De qué otra forma podía explicarse dar a luz a una criatura semejante?
Hinata quedó atrapada en el tránsito en Storrow Drive. Cuando logró salir de los límites de la ciudad, se dirigió al norte por la carretera interestatal 93. Cuando casi de manera literal se liberó del tránsito, tuvo una nueva revelación de libertad interior. Empezó a convencerse de que el tremendo pasmo producido por la confrontación visual con el monstruo de Hikari había provocado que descubriera al fin el mensaje que ella creía que su antepasado había tratado de transmitirle, a saber: Hinata debía creer en sí misma. No debía perder la confianza debido a las creencias de otras personas, como había hecho la pobre de Hikari. Tampoco debía permitir que figuras autoritarias tomaran el control de su vida. Hikari no tuvo ninguna opción, pero Hinata sí. Durante mucho tiempo, había permitido que otros trazaran el rumbo de su vida. La elección de su carrera era un buen ejemplo y también las condiciones en las que en ese momento vivía.
Con súbita resolución, Hinata decidió cambiar de vida. Menma Namikaze vivía con ella, pero sólo en apariencia. En realidad, sólo se aprovechaba y no le daba nada a cambio. El laboratorio de Omni no debía estar en su propiedad, y los científicos no tenían por qué vivir en la casa de la familia Hyuga. Hablaría con él en el instante en que llegara a casa. De todos modos, necesitaba hablarle en cuanto fuera posible, ya que parecía que Ultra era teratogénica, es decir, que dañaba el desarrollo del feto. Hinata sabía que dicha información no sólo sería crucial para las mujeres embarazadas, sino también porque muchas sustancias teratogénicas provocan cáncer.
Cuando Hinata llegó a la propiedad, eran casi las siete. Las nubes de tormenta empezaban a acumularse en el oeste y todo estaba más oscuro de lo normal para esa hora del atardecer. Entonces observó que las luces del laboratorio ya estaban encendidas.
Encontró a Menma en un rincón oscurecido frente a su computadora. La pálida fluorescencia verde del monitor lanzaba una luz fantasmal sobre el rostro de su compañero. Mientras ella observaba las manos de Menma moverse sobre el teclado, detectó un temblor en los dedos. Menma no la tomó en cuenta.
-Por favor, Menma -dijo Hinata finalmente. La voz sonó entrecortada-. Tengo que hablar contigo.
-Más tarde -dijo Menma. Pero ni siquiera se volvió a mirarla.
-Es muy importante que hable contigo ahora -insistió Hinata.
Menma sobresaltó a Hinata al ponerse de pie de un brinco. El súbito movimiento hizo que la silla patinara sobre el piso. Pegó la cara a la de Hinata tan cerca que ella podía ver los vasos sanguíneos en la esclerótica de los ojos abultados del científico.
-¡Dije que más tarde! -repitió con los dientes apretados.
Ella retrocedió y chocó contra la mesa de laboratorio. Con torpeza, extendió la mano para apoyarse y tiró un vaso de precipitados al suelo. Se hizo añicos, lo que destrozó los nervios de Hinata, ya de por sí crispados. Miró a Menma con aprehensión. Cuando le pareció que él había recobrado cierto control, le ofreció disculpas por interrumpirlo. Luego se alejó de su mirada fulminante y se preparó para marcharse. Dio unos cuantos pasos, pero se volvió:
-Hoy averigüé algo que debes saber -dijo ella-. Es posible que Ultra sea teratogénica.
-Probaremos la droga en ratones preñados -replicó Menma de manera hosca-. Pero ahora tenemos un problema más urgente -le dio la espalda y después de recuperar su silla volvió al trabajo.
Lo primero que hizo Hinata cuando llegó a casa fue dirigirse a la sala. Contempló el retrato de Hikari y miró a la mujer con lástima, admiración y gratitud renovadas. Después de unos momentos de contemplar fijamente el rostro femenino que traslucía fortaleza, con los brillantes ojos perlados, empezó a tranquilizarse. La seguridad en sí misma de Hikari era evidente en la línea de la mandíbula, la forma de los labios y la mirada franca. La imagen proyectaba fuerza. Hinata sabía que ella ya no daría marcha atrás. Esperaría a Menma y hablaría con él.
Martes 1 de octubre de 2013
El rugido asombrosamente ensordecedor de un trueno despertó a Hinata de las profundidades del sueño en un instante. La casa todavía vibraba por el ruido cuando ella se sentó erguida en la cama. Matatabi había reaccionado ante el cataclismo saltando del lecho y yendo a ocultarse debajo.
A pocos minutos del rugido del trueno, la lluvia azotó el techo de pizarra ubicado sobre la cabeza de Hinata y golpeó contra el mosquitero de la ventana de bisagras abierta. Ella saltó de la cama y cerró la ventana. Cuando estaba a punto de poner el seguro, el destello de un rayo iluminó el campo entre la cabaña y el castillo, y Hinata vislumbró una figura fantasmal, apenas cubierta, que corría por la hierba. No estaba segura, pero pensó en Sakura.
Hinata corrió al pasillo que comunicaba con la habitación de Menma para avisarle. Tocó a la puerta. Como no obtuvo respuesta, la abrió. Durante el destello de otro rayo, vislumbró al joven tirado de espaldas sobre la cama con brazos y piernas extendidos. Vestía ropa interior. Sin embargo, una de las perneras del pantalón aún colgaba de la pierna.
Encendió la luz del pasillo y,se acercó de prisa a la cama de Menma. Lo sacudió con fuerza. Este no sólo no despertó, sino que su respiración ni siquiera se alteró. Era como si estuviera en estado de coma. Prendió la lámpara de la mesa de noche y sacudió a Menma con insistencia, al tiempo que lo llamaba a gritos por su nombre. Él parpadeó y abrió los ojos.
-Menma, ¿estás despierto? -Hinata volvió a sacudirlo; la cabeza se balanceaba de lado a lado como si fuera un muñeco de trapo.
El hombre parecía desorientado. Entonces entrecerró los ojos hasta formar una mera rendija, sus ojos cambiaron enseguida del tono azulado a uno rojizo, y sus puilas se rasgaban como los de un zorro mientras que el labio superior se curvaba hacia arriba como el de una bestia que gruñe. Sus colmillos crecieron inexplicablemente volviendose filosos y sus marcas en las mejillas se acentuaron más y más oscureciendose. (N/A: Recuerden a Naruto cuando pierde el control del zorro y sus ojos se vuelven rojos, ese es el aspecto de Menma horita) La expresión de Menma se retorció en una horrible mueca de rabia pura.
Asustada, Hinata lo soltó de los hombros y retrocedió. Menma emitió un sonido gutural parecido a un gruñido y se sentó. La miraba fijamente.
Hinata corrió a la puerta, consciente de que Menma había saltado tras ella. Lo oyó tropezar y caer al piso; imaginó que era porque se había enredado con los pantalones que no había terminado de quitarse. La joven azotó la puerta de la habitación tras ella y bajó como un rayo las escaleras. Corrió al teléfono de la cocina y marcó 911. Sabía que algo malo le pasaba a Menma. No sólo estaba enojado porque lo había despertado; su mente estaba trastornada.
Mientras la comunicación se establecía, oyó al científico gruñir en la parte superior de la escalera. Enloquecida de terror, dejó caer el teléfono y se dirigió a la puerta trasera. Cuando llegó, alcanzó a ver por encima del hombro que Menma se estrellaba contra la mesa del comedor. Estaba totalmente fuera de sí.
Hinata abrió de golpe la puerta y se precipitó a la lluvia, que caía a cántaros. Su único pensamiento era conseguir ayuda; pensó que la fuente más cercana de auxilio era el castillo. Rodeó la casa y atravesó el campo corriendo tan rápido como pudo en la oscuridad.
La entrada principal del castillo estaba abierta de par en par. Respirando agitadamente, Hinata entró a toda prisa. Corrió por el recibidor a oscuras y llegó al gran salón, donde chocó contra Sakura. Un camisón blanco de encaje empapado estaba adherido al cuerpo de la mujer como una segunda piel.
Hinata se paralizó de momento. El rostro de Sakura, bajo la escasa luz, tenía la misma expresión salvaje que había visto en el de Menma. esta vez, sus ojos esmeraldas eran lo más parecido a los de una serpiente. Para colmo, la boca estaba manchada de sangre.
Tropezar contra la joven le costó a Hinata la ventaja que le llevaba a Menma. Jadeante, él entró tambaleándose en el salón y vaciló, mirando a Hinata de manera feroz en la penumbra. Tenía el cabello húmedo y pegado a la cabeza, la camiseta y los pantaloncillos cortos estaban cubiertos de lodo.
Menma se lanzó contra Hinata, pero se detuvo cuando advirtió la presencia de su compañera de investigación. Olvidándose de manera momentánea de Hinata, avanzó dando tumbos hacia Sakura. Cuando se encontraba a corta distancia de ella, echó la cabeza hacia atrás con cautela, como si olfateara el aire. La contendiente hizo lo mismo y con lentitud empezaron a dar vueltas uno alrededor del otro. Hinata se estremeció. Era como si estuviera atrapada en una pesadilla en la que observaba a dos animales salvajes encontrarse en medio de la selva olfateándose para distinguirse que no son la presa y el cazador.
Retrocedió mientras Menma y Sakura estaban ocupados. En cuanto vio el camino despejado hacia el comedor, giró con brusquedad. El movimiento repentino sobresaltó a los otros dos. Como por algún reflejo carnívoro primitivo, empezaron a acosarla.
Hinata llegó a las escaleras y, al tiempo que gritaba, corrió a la planta alta. Irrumpió en la habitación ocupada por Kiba y se acercó hasta la cama. Sacudió al biofísico con desesperación, pero no despertó. Empezó a sacudirlo de nuevo, sin embargo, en ese instante se quedó paralizada. Aun en medio del pánico recordó que había sido igualmente difícil despertar a Menma.
Hinata retrocedió un paso. Kiba abrió los ojos con lentitud y, tal como había sucedido con Menma, el rostro sufrió en un momento una transformación salvaje. Entrecerró los ojos y al abrirlos también se rasgaron como los de un animal y el labio superior se curvó hacia arriba dejando al descubierto los dientes. De la boca salió un gruñido que no era humano y le heló la sangre.
Ella giró para huir, pero Menma y Sakura bloquearon la puerta. Sin dudarlo, Hinata se precipitó a la puerta que comunicaba con la sala de estar de esa sección de la casa y salió al corredor. De regreso en las escaleras, subió en forma apresurada al siguiente nivel y entró en otro cuarto que sabía estaba ocupado.
Sasuke y Orochimaru se encontraban en el piso, apenas vestidos y cubiertos de lodo. Frente a ellos había un gato desmembrado. Al igual que Sakura, tenían la boca manchada de sangre. Hinata oyó a los demás subir las escaleras. Dio media vuelta, abrió la puerta que daba a la parte principal de la casa y cruzó a toda velocidad el pasillo de las habitaciones principales. En su carrera desesperada chocó contra una mesa. Cayó en medio de un tremendo estrépito. Por un segundo no se movió. Tenía un dolor punzante en el estómago y la rodilla derecha estaba entumecida. Sintió que algo le corría por el brazo, pensó que era sangre.
Hinata buscó a tientas en la oscuridad y se dio cuenta de que había tropezado contra las herramientas y la mesa de trabajo del plomero. Oyó el ruido distante de las criaturas; se rehusó a pensar en ellas como seres humanos en su actual estado. Cuando por fin la vista se adaptó a la oscuridad, logró distinguir algunos de los utensilios. Tomó el soplete de acetileno y también el encendedor de fricción. Si estas criaturas la estaban cazando y actuaban bajo instintos animales, como sospechaba, el fuego las aterrorizaría.
Con el soplete en mano, la joven caminó como pudo hasta el ala de huéspedes y empezó a bajar las escaleras. Después de sólo unos cuantos pasos divisó a Tsunade, que iba de un lado a otro en el arranque de las escaleras, como lo haría un felino frente a su guarida. Cuando la farmacóloga vio a Hinata, profirió una especie de aullido y empezó a subir la escalera.
Hinata cambió de dirección, huyó por el pasillo y bajó por la escalinata principal, pegada a la pared para ocultarse. Al llegar al final de los escalones, cojeó hacia el vestíbulo. A casi tres metros de su meta, se detuvo. Para consternación de Hinata, Sakura caminaba sigilosamente de un lado a otro frente a la entrada principal.
Se hizo a un lado a fin de evitar la línea de visión de Sakura. En cuanto lo hizo, se dio cuenta de que alguien bajaba por la escalinata principal. Hinata cojeó al baño que estaba construido debajo de la escalinata y cerró la puerta. Estaba aterrorizada. Colocó el soplete de acetileno y el encendedor en el piso y se sentó en la taza del baño para aliviar un poco la presión sobre la rodilla hinchada,
Transcurrió cierto tiempo. Hinata no podía saber cuánto. La casa estaba en silencio. Pero entonces cobró conciencia del sonido que alguien hacía al olfatear. Si Menma había sido capaz de percibir el olor de su colonia la otra noche, tal vez podría volver a olerla.
Los minutos pasaron con lentitud. Por los ruidos colectivos, Hinata comprendió que el grupo estaba reunido al otro lado de la puerta del baño. Emitió un quejido cuando uno de ellos dio puñetazos en la puerta varias veces. La madera apenas resistió. La enfermera sabía que no podría defenderse de un asalto concertado. Se puso en cuclillas en la oscuridad y buscó a tientas el soplete. Junto a él se encontraba el encendedor. Se incorporó con el soplete y el encendedor en las manos. Con dedos temblorosos trató de prender el encendedor. Una chispa saltó en la oscuridad. Pasó el soplete a la mano derecha y giró el tornillo; oyó un siseo continuo. Sostuvo el soplete y el encendedor a corta distancia y prendió el encendedor. Con un sonido crepitante el soplete se encendió.
Cuando Hinata logró encenderlo, la puerta había empezado a astillarse bajo los golpes constantes. Manos ensangrentadas se introdujeron a través de las fracturas en el panel. Para horror de Hinata, la puerta cayó hecha pedazos a medida que las criaturas desgarraban los tablones de madera.
Los investigadores estaban frenéticos, como animales salvajes a punto de ser alimentados. Intentaron entrar apresuradamente en el baño al mismo tiempo. En medio de la confusión de brazos y piernas, sólo lograron obstaculizarse unos a otros.
Hinata apuntó el soplete hacia ellos. Menma y Sasuke eran los que se encontraban más cerca. Se retrajeron por el terror; los ojos brillantes como cuentas no se apartaban de la flama azul. Animada por su reacción, Hinata salió del baño, manteniendo el soplete frente a ella. Los investigadores retrocedieron. Hinata hubiera preferido que se quedaran en un grupo compacto o que huyeran juntos, pero a medida que avanzaba hacia el vestíbulo, empezaron a rodearla. Tuvo que agitar el soplete en círculo para mantenerlos a distancia.
El temor abyecto que las criaturas habían mostrado a la flama en un principio; empezó a disminuir. En un momento, cuando Hinata apuntaba el fuego en dirección a otro, Menma se abalanzó contra ella y la sujetó del camisón. Hinata dirigió el soplete hacia él y le quemó la mano. Menma gritó de manera horrorosa y la soltó.
El siguiente en saltar hacia ella fue Sasuke. La chica le chamuscó una franca a lo ancho de la frente y el cabello se prendió. Sasuke aulló de dolor y apretó las manos contra la frente.
Tsunade entró cuando Hinata cambiaba de dirección y la sujetó del brazo. Ésta logró liberarse con una sacudida, pero el movimiento repentino provocó que girara sin control y cayera. En el proceso de su caída, el brazo de Hinata golpeó contra el borde de una mesa lateral con tal fuerza que se entumeció, lo que ocasionó que soltara el soplete, que cayó sobre el piso de mármol en un ángulo pronunciado y patinó sobre la superficie pulida.
Hinata se sentó, sujetando el brazo lastimado con el sano. Las horribles criaturas se cernían sobre ella, agrupándose para matar. Con un chillido colectivo cayeron sobre la enfermera al mismo tiempo, como animales de rapiña.
Hinata gritó y luchó mientras la arañaban y mordían. Entonces, un rugido estruendoso y reververante, acompañado de una luz repentina, brillante y caliente, interrumpió el frenesí, y Hinata logró escabullirse. Todos miraban confundidos sobre el hombro de la chica. Los rostros reflejaban una luz dorada.
Al volverse para mirar detrás de ella, Hinata Hyuga vio una pared en llamas. El soplete había prendido los cortinajes y todos ardían como si los hubieran rociado con gasolina. Las criaturas profirieron un aullido colectivo. Menma fue el primero en correr; los demás lo siguieron. Pero no se dirigieron a la puerta principal; en vez de ello, invadidos por el pánico, subieron corriendo la escalinata.
-No, no -gritó Hinata a las figuras que huían. Pero todo fue en vano. No sólo no la entendían; ni siquiera la oyeron. El rugido de las llamas, en su furia, sofocaba todo sonido. Se puso de pie y cojeó hacia la puerta de entrada. Una vez afuera, se volvió a mirar el castillo. La vieja estructura ardía como yesca. Las llamas ya eran visibles desde las ventanas del ático.
Un relámpago sacudió el cielo sobre el castillo, dándole una imagen lúgubre y dantesca. Para Hinata la escena era como una imagen del infierno. Movió la cabeza con desaliento. El diablo había regresado a Salem.
Fin del Capítulo 12 - Hola chicos y chicas.. Aqui les traigo el capítulo final de este emocionante fic..! Que les pareció? Cuenten que tal les ha parecido el gran final.. Todas las dudas se resolvieron, y las cosas sucedieron de forma horrible.. Que final tragico para Menma y sus colaboradores, una verdadera lástima. Se preguntaran que pasó con Hina después de esto, pues les tengo un Bonus Track! La semana siguiente les traere el Epílogo de esta historia! De todas formas gracias por sus hermosos comentarios y por el apoyo que recibió la historia! Al final del Epílogo les daremos unas sinceras gracias a todos los que nos acompañaron en esta emocionante historia! Nos vemos! Dattebayoo!
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Nos vemos en el siguiente capítulo…
De Pie, Reverencia, ¡Aye Sir!
El Siguiente Capítulo Será: Epílogo: El Resurgir.
