Disclaimer: Los personajes utilizados en ese fanfic no son utilizados con fines de lucro y son propiedad de Akira Toriyama y/o Toei Animation.


Viviendo entre sombras

Capítulo 1: A su merced.

Los seres humanos a menudo nos sobre la existencia de otros seres inteligentes en el universo, si existe uno o varios Dioses detrás de las nubes que acompañan al sol durante el día. Muchas veces nos sentimos aprisionados, obligados, y con la constante necesidad de aprobación de alguien más. A menudo lo sentimos… pero son muy pocos los que realmente se encuentran en esta situación.

La Tierra ya no es lo que un día fue, los niños ya no juegan libres por las calles, las personas ya no viven esperando el día de mañana… El mundo es una prisión.

— Anda mocosa, ¡camina! —Gritó aquel imponente hombre.

Con sus casi dos metros de altura y su aire siniestro de superioridad no se le hacía muy difícil golpearla una y otra vez por la espalda con la pesada y dura culata de aquella escopeta, bien pulida y letal. Sus profundos ojos negros no se inmutaban con aquel acto cruel, sin más esbozaba sonrisas perturbadoras, sin pena ni culpa. Sus gruesos labios negros se deleitaban con cada gemido de sufrimiento, se remojaba los labios a la expectativa de que el próximo golpe no le partiera los labios de la risa.

— Continúa.

La mujer giró su rostro con recelo, posó su mirada primero en las botas negras típicas de uniformes militares, brillantes, gruesas y pesadas. Peso comprobado en carne con cada patada.

Levantó la mirada por sobre los pantalones color ocre, con una leve marca en el medio de cada pierna, perfectamente planchados y probablemente por algún otro prisionero. Por encima del también negro cinturón que portaba la funda de su arma más pequeña tenía una banda desde el hombro al lado contrario de su cadera, bien decorada de medallas, más brillantes aún que sus botas. Para final todo aquel bien ordenado y ya escabroso conjunto, un sombrero de visera negra y también ocre, como el uniforme; y justo en el centro, la misma insignia que cargaba con orgullo en su pecho. Red Ribbon.

— ¿Qué tanto me miras? —Le cuestionó para, nuevamente, propiciarle un certero golpe en la espalda con la culata de madera.

La joven se arqueó por el golpe y continuó caminando, no sin soltar un leve alarido. Lo que no se permitiría soltar sería una lágrima más frente al militar, de modo que, con orgullo cerró los ojos y caminó a paso débil el camino señalado.

El hombre la escoltó hasta una puerta metálica como lo eran ya casi todas en aquel recinto. Junto a ella, a la altura de la cintura, se encontraba un tablero con una serie de números y justo sobre él, un monitor pequeño.

Dicen que las manos son más rápidas que la vista, pero no era el caso. Bulma logró memorizar la serie de dígitos correspondientes a la mayoría de compuertas abiertas en su presencia. Tal vez le podría resultar útil algún día.

— Debes entrar sola.

La jovencita caminó dos pasos hacia el interior, para luego voltearse y observarlo fijamente. Incómodo, el hombre de ojos negros gruñó nuevamente. —¿Qué demonios quieres? —Le cuestionó en un tono más alto.

Por desgracia, tu feo rostro —Pensó, más no contestó.

— ¿Y bien? —Inquirió elevando el tono.

— Nada —Le contestó con una sonrisa fingida. El hombre hizo un gesto de confusión sumada a fastidio y cerró la compuerta.

—Bulma, deberías dejar de comportarte de esa manera. No vas a mejorar las cosas si cada dos por tres actúas como una rebelde —Comentó un hombre de mediana estatura, sentado frente a un computador.— Entiendo por qué lo haces pero no es lo más inteligente si quieres seguir con vida.

La muchacha de ojos celestes se volteó al anciano. Cabellera grisácea, plagada de canas, de inicio a fin, tal como sus bigotes. Más larga incluso que la de ella, que rozaba la mitad de su espalda. Su vieja espalda se apreciaba encorvada, lo que le recordaba un poco a la apariencia de su padre. Aquel anciano la miró a los ojos y regresó a su trabajo, sus ojos también grises se apreciaban levemente rojos, probablemente debido a las largas jornadas de labores forzados frente al monitor. A pesar de todas las cualidades de un aparente abuelo, el doctor Gero imponía respeto.

La mujer tomó aire y lo soltó derrotada.— Lo sé, pero no puedo evitarlo. Detesto todo esto.

— ¿Acaso crees que lo disfruto? —Cuestionó sin retirar mirada de sus labores— Quizás incluso tenga motivos para detestarlo más que tú, niña.

— Sin importar quién de los dos lo deteste más, no podemos hacer mucho al respecto —Comentó tomando lugar junto a él— Ningún humano en la Tierra se enfrentaría con la Patrulla Roja.

— Exacto —Dijo con seguridad— Ningún humano… —Murmuró.

— ¿Cómo dice?

— No mucho, niña. Delirios de un viejo que ha estado en cautiverio por demasiado tiempo —Respondió vagamente, para luego echar un vistazo a la cámara de seguridad plantada en la esquina superior de la habitación.

Bulma soltó una risa inocente.— Usted es extraño, doctor. No lo tome a mal.

— Lo sé.

— Aún así me cae bien, le prometo que cuando encuentre la forma de salir de esta ratonera vendré por usted —Bromeó ella y le guiñó un ojo con picardía.

Gero dejó salir una risa en forma de bufido, casi imperceptible. Aún si hubiera sonreído, su grande y abultado bigote no le hubieran permitido observarlo.

No sabía qué era lo más gracioso, que una mujer bella y joven le guiñara o que fuese tan engreída para creer que podría escapar de allí antes que él.

Bulma Briefs, legitima heredera de la famosa y renombrada Capsule Corp, hija de uno de los científicos más innovadores del planeta, talento también heredado. Y así mismo, prisionera en las instalaciones de investigación de la Red Ribbon.

Durante años esta organización criminal dirigida por el Comandante Red, su fundador. Empeñados en descubrir que la afamada leyenda era cierta, recorrió cielo y tierra en busca de las Esferas del Dragón. Pero su baja tolerancia al fracaso lo llevó a la conquista global.

Red nunca encontró las famosas esferas, por lo que se dedicó a canalizar su frustración contra los ciudadanos del planeta y aspirar más allá.

Bulma tenía tan sólo 16 años, cuando todo comenzó. Tanto ella como su padre fueron confinados a las facilidades de la Corporación, que había sido reducida a, tan sólo una cede más de la fatídica organización. Gero era uno más de todos los científicos allí confinados, para los mismos fines que Bulma, la creación de nuevo y mejor armamento para la Red Ribbon.

Libertad era ya prácticamente una palabra ficticia, nunca hubo nadie dispuesto a enfrentarse a la Patrulla Roja, y los pocos valientes habían sido vencidos sin mucho esfuerzo. Al igual que todos los que habían intentado huir del cautiverio. La dominación de masas se volvió cada día más violenta e impune. Y así ya habían transcurrido lenta y tortuosamente seis años.

— Tus constantes comentarios sobre escaparte podrían traerte problemas.

— No creo que crean conveniente aniquilar la mente más brillante de la Tierra.

— Aunque te aniquilen, yo seguiré aquí sentado —Refutó el anciano y su bigote se movió ligeramente, como si hubiese esbozado una pícara sonrisa.

La muchacha de ojos azules soltó una risa y luego observó el reloj colgado en la pared, las faenas forzosas recién comenzaban.

Segundo después se oyó un sonido similar a la interferencia, salir de una de las bocinas colocadas sobre la compuerta por la que entró.

"Bulma Briefs, presentarse a las oficinas del General Blue. Repito, Bulma Briefs, presentarse a las oficinas del General Blue, ¡de inmediato!"

No debió esperar ni un segundo para que la compuerta se abriera nuevamente, y luego de un sonoro "Ya oíste" de parte de aquel malhumorado oficial, fuera escoltada hacia su nuevo destino.

— Te dije que te meterías en problemas —Le dijo Gero antes de perderla de vista.

Como ya se le había vuelto una costumbre, el gigantesco hombre apresuró su paso a base de empujones.

— Apresúrate mocosa, no tengo todo el día.

— Ash —Se quejó— ¿Qué acaso en el ejército no les enseñan modales? ¿No sabes cómo diablos debes tratar a una dama?

— Pues yo no veo ninguna dama —Refutó sonriendo— Tan sólo veo a una mocosa presuntuosa que cree serlo —Y finalizó con un nuevo empujón de la culata de aquella escopeta.

Los pasillos de su antiguo hogar estaban irreconocibles, casi podía ver en las paredes los cuadros de la familia que ahora era cautiva de un imperio mundial. Las flores que con tanta dedicación, su madre había plantado y cuidado durante tantos años, habían sido totalmente destruidas y aquellos animales que convivían con ellos, en su mayoría, asesinados.

No recordaba la última vez que había podido ver a su madre, quien por exigencia de su padre, el Dr. Briefs, había sido puesta a salvo, trabajando para los militares en la cocina de la mansión.

La oficina que la requería no se encontraba muy lejana a su anterior destino, tan solo les tomó unos minutos llegar allí y antes de que Bulma lo notara, el hombre de ojos negros había detenido su paso.

— Aquí es —Sentenció y presionó un botón junto a la puerta.

Pasados unos segundos de espera, que la joven aprovechó para observar las instalaciones en detalle, un monitor se encendió y en él se apreciaba la imagen centrada del general de las fuerzas armadas.

Adelante —Les dijo y la puerta frente a ellos se abrió.

— Pasa —Le ordenó el militar con firmeza, por lo que ella se adentró un poco temerosa.

Nuevamente la compuerta se cerró a sus espaldas y la mujer caminó por el frió corredor blanco. Al final del corredor se observaba otra compuerta, Bulma alzó su mano derecha y tocó la pared, totalmente hecha de un tipo de metal, que a su parecer era acero. Observó con cuidado las uniones y lentamente llegó hasta la segunda entrada. Se paró frente a ésta y se abrió, develando al mismo hombre del monitor frente a sus ojos.

— Puedes pasar.

La joven de ojos azules no pudo evitar perder el aliento al ver a ese hombre, tan atractivo sentado llamando por ella. Su cabello rubio y fuerte mirada la habían cautivado. Caminó unos pasos y el hombre con un ademán de mano, le ofreció asiento frente a su escritorio.

— Bulma Briefs, ¿no es así?

— Sí —Contestó con seguridad.

— Bien… Como sabes Bulma, en estas instalaciones nuestro objetivo es la máxima seguridad y la creación de innovadoras armas para la Red Ribbon. Pero con el pasar del tiempo hemos tenido varios intentos de escape, algunos, por desgracia nos han obligado a tomar medidas extremas —Comenzó, el rubio, sin separar la mirada de sus ojos celestes de los azules de ella— Contigo solo hemos tenido que soportar un mal comportamiento, pero tú jamás has intentado nada radical —Continuó y tomó una hoja de su escritorio que al margen tenía impresa su fotografía junto a un informe detallado de sus antecedentes y perfil psicológico— Parece ser que, como tu padre, eres una de las prisioneras más inteligentes. Por eso creemos que podemos confiar en que no intentarás nada estúpido, por lo que queremos incluirte en un proyecto especial —Sonrió— Serás acompañada por un selecto grupo de científicos de todo el globo, y tu aporte será recompensado con una estadía más… "cómoda" —Haciendo énfasis en la última palabra— ¿Qué te parece?

— ¿De qué se trata este proyecto especial? —Indagó rápidamente, la astuta mujer— ¿Y cuál será mi participación?

— Trabajarán como iguales en este proyecto y, por separado… Como sabes, las instalaciones de máxima seguridad son creadas por ustedes mismos y sería sumamente incompetente de nuestra parte que sepan las debilidades de nuestras defensas. Por eso es que, cada científico esta dentro de las instalaciones creadas por otro. Tal y como lo harán con este nuevo —Dijo y sonrió nuevamente— Necesitamos que creen una nave para viajar al espacio exterior. Hemos recibido una señal que no pudimos identificar y creemos que nuestra organización debe hacerse cargo del asunto.

— ¿Quién más podría?

La expresión cómoda del general cambió inmediatamente. Frunció su ceño y observo a la joven con repulsión, observó el expediente nuevamente y se inclinó sobre su silla.

— Deberás modificar esos problemas de actitud, si no quieres que yo mismo me encargue de disciplinarte. Ese tipo de sarcasmo no nos parece gracioso.

— No será necesario tomar medidas disciplinarias. Verá que seré de mucha utilidad en este "proyecto.

— Comenzarás inmediatamente a trabajar en ello —Determinó con firmeza.— Ahora levántate, el sargento Juno te escoltará a tu nueva área de trabajo —Concluyó el de ojos celestes para luego hacer un gesto con el reverso de su palma para que la joven se marchase.

— Adiós —Se despidió Bulma y caminó hasta la puerta, se detuvo y volteó al general una vez más.— Solo una pregunta más.

— Que sea rápido.

— ¿Qué hay sobre la señal que recibieron?

— No lo sabemos, está en un código que no pudimos comprender.

— ¿Puedo tener acceso?

— Si así lo deseas, haré que lo pongan a tu disposición. Ahora retírate.

La peliazul asintió con un gesto y se marchó por el mismo camino tomado minutos atrás. El instinto que heredó de su padre le decía firmemente que debía participar, quizá había encontrado el momento preciso para su huida, de existir vida en algún otro lugar del universo, probablemente podría encontrar ayuda para su especie de una vez por todas. Sin lugar a dudas, era el destino.


Como múltiples pasadas ocasiones, se hincó sobre su rodilla y rindió una reverencia. Bajó la cabeza, de nobleza entre los de su raza y mordió su labio inferior una vez más. De no traer consigo los guantes blancos que acompañaban su real uniforme, se habría podido percibir la vena que se formaba en el reverso de su palma.

— Mi Lord —Espetó calmado, ejerciendo disimuladamente presión sobre su puño.

— Rey Vegeta. Ya puede ponerse de pie —Le dijo el calmo tono de su voz.

El rey deshizo su reverencia con todo gusto y junto con él, un joven de aspecto similar. El llamado "Lord" abanicó su escamosa cola blanca y acarició con la punta de ésta, el suelo. La piel que no cubría su armadura era rosa y veteada, como los músculos sin piel del cuerpo humano.

El sujeto apoyaba cómodamente sus codos en los bordes de una pequeña nave que lo cargaba. Y al igual que el resto, con quien compartía la habitación en ese instante, traía puesta una armadura similar. Siendo la suya color púrpura oscuro, de bordes blancos y una parte más flexible color amarillo opaco, los mismos colores que la nave. Sobre su cabeza un casco con los mismo acabados, y a derecha e izquierda, dos cuernos negros y puntiagudos.

Alzó una mano y con un movimiento parecido a una invitación a bailar, señaló al de cabellera puntiaguda frente a él.

— Supongo que vienes a entregarme la lista de conquistas. ¿No es así? —Dijo con una leve sonrisa de sus labios negros plasmada en el rostro.

— Efectivamente, señor —Contestó el rey e hizo una seña a un tercero a sus espaldas.

Un hombre calvo de fino bigote se acercó entonces, de más de dos metros de alto con unas hojas entre sus manos, miró al otro con apariencia de reptil y este hizo otra a uno de sus soldados para recibir la documentación.

— Luego la revisare con más detenimiento —Dijo y cerró los ojos por un segundo para luego abrirlos nuevamente y apuntar sus negras pupilas con resplandor rojo al más joven de los tres soldados a su merced— Vaya, el pequeño príncipe ha crecido mucho desde la última vez que lo vi —Volvió la vista nuevamente al Rey y prosiguió— Debes estar muy orgulloso de tu sucesor, Vegeta.

El aludido rechinó los dientes, en ningún momento de todo el tiempo que compartieron con el extraño ser, le quitó la vista de encima. Con su seño notablemente fruncido y una expresión de tedio imposible de pasar por alto.

El Rey asintió para luego flexionar su brazo derecho a la altura del pecho junto con su capa roja de terciopelo y hacerle a éste una pequeña reverencia.— Con su permiso Lord Freezer, tengo asuntos que tratar en mi planeta —Finalizó y comenzó su marcha, girando sobre sus talones.

— Espera un segundo, Vegeta —Llamó Freezer y al Rey no le quedó más remedio que voltearse— Considérate afortunado. Hoy he decidido liberarte de tus obligaciones.

Vegeta lo observó confuso por un leve instante— ¿Qué…

Con su mano derecha hizo una seña a su cuerpo, apuntándolo con el dedo índice. De la punta de su negra uña repentinamente se hizo un haz de luz roja, que fue desde él… hasta el pecho del rey.

El de capa roja cayó tendido al suelo, dejando atónitos a sus aliados… Su hijo observó la insignia de su planeta totalmente calcinada en el pecho de su padre, de donde ahora brotaba la espesa sangre, color vino.

De la boca de ambos, tanto del príncipe como del enorme sujeto que los acompañaba, solo podrían escapar monosílabos sin orden. El príncipe observó el rostro de su padre y notó que de su labio ahora pendía un hilillo de sangre y que su demandante mirada estaba ausente. Sus pupilas blancas y los pequeños movimientos de sus dedos no dejaban cabida a la duda. El rey había sido asesinado.

El príncipe se volvió a Freezer y apretó con fuerza sus puños. Lleno de indignación e impotencia se volteó directamente a él.

— ¡Maldito! —Gritó y el Lord frunció el seño con desagrado.

— Repugnante simio, inferior… —Dijo suavemente.

No pudo notar en qué momento lo atacó, pero ahora la respiración le resultaba extremadamente dificultosa. Bajó la mirada para observarse a sí mismo y donde antes se encontraba su estomago, ahora había un agujero que lo atravesaba. Sus órganos vitales seguramente estarían destruidos en su totalidad… Fue entonces cuando comenzaron los espasmos y cayó al suelo junto al cadáver del rey. El príncipe comenzó a toser su propia sangre manchando con cuantiosas gotas su barbilla, sus pupilas desaparecían y reaparecían como si luchara por quedarse en este mundo. Repentinamente la risa de su asesino se oyó, al principio como un ronroneo, para luego convertirse en una carcajada. Riéndose en el lecho de muerte la realeza saiyajin.

Vegeta…

— ¿Qué…? —Dijo confundido a la voz que irrumpía la constante y altanera risa de Freezer.

Despierta Vegeta, se hace tarde.

El príncipe abrió con recelo los ojos y percibió una borrosa figura familiar a su lado. Luego de parpadear un par de veces notó que lo vivido minutos atrás había sido nuevamente, una pesadilla. Los pensamientos desagradables no lograron abandonar su mente, el desprecio hacia el Lord del Universo era el mismo, si no es que mayor.

Un jovencito vestido de traje ajustado azul, bajo la misma armadura que el mayor se alejó unos metros de la cama del príncipe.

Notó al acercarse a despertarlo que sudaba frió y se movía nervioso de un lado a otro.

El pequeño mechón de cabello negro azabache que caía sobre su frente, desacorde al resto que traía hacía arriba lo hacía ver más joven de lo que en realidad era. Ya había notado que las pesadillas de su hermano eran cada vez más frecuentes.

— ¿Ya estás listo, Tarble? —Dijo acariciándose los ojos con su mano derecha.

— Sí —Afirmó de inmediato el menor.

— Bien, vamos.

El jovencito asintió y tomó lugar detrás de Vegeta, siguiendo su caminata. El príncipe sacudió un par de veces la cabeza intentando liberarse de la palpitación y cefalea que le había dejado el mal dormir. De pronto detuvo su andar confundido y cerró con rudeza los parpados.

— ¿Te encuentras bien hermano? —Preguntó el más joven intrigado.

Vegeta continuó su camino sin darle respuesta.

— No te preocupes. El rey también me pone nervioso.

Vegeta alzó una ceja al observar a su joven hermano.

— No seas estúpido —Dijo indignado por la suposición— Para ser un heredero al trono de los Saiyajins dejas mucho que desear —Volvió la vista al corredor y prosiguió su camino.

— Lo–lo siento… —Siseó avergonzado, bajando la mirada.

Tras escuchar a su hermano mayor avanzar, lo siguió con cautela. Se reprochó mentalmente el haberse atrevido insinuar que el príncipe tuviera algún tipo de temor hacía su padre y se propuso jamás volver a hacerlo.

Los saiyas recorrieron los pasillos del castillo de la familia real. Los muros de éste parecían superar los tres metros de alto, con varios acabados color rojo oscuro y dorado en las paredes. Al llegar a una puerta doble de roble, Vegeta empujó una aldaba baja para hacer entrada. Tarble tragó saliva y se irguió con rectitud expectante al encuentro con su progenitor.

Luego de abrirse paso dentro de la habitación, Tarble cerró la pesada puerta tras de sí y se volvió a posicionar a la derecha de su hermano.

— Padre —Dijo Vegeta y el rey, quien se encontraba sentado en una imponente silla de terciopelo y acabados de oro, levantó la vista, pasándola del mayor al menor respectivamente— Ya estamos aquí.

— Eso veo —Aseveró el rey— Bien —Dijo y se levantó de su asiento— Acompáñenme.

El rey Vegeta tomó camino a una de las puertas que daban a los exteriores de su palacio y abrió una puerta de vidrio calado. Sus hijos siguiendo las claras órdenes caminaron tras la blandiente capa, pasando por una escalera de mármol tallada, hasta llegar a los jardines privados de la familia, vigilada por los mejores soldados del reino.

— ¿Qué sucede? —Cuestionó Vegeta firmemente, extrañado al ver la privacidad que requería el asunto a tratar.

— Solo es algo que prefiero tratar entre nosotros —Comenzó volteándose a los jóvenes— Freezer no está muy contento con las últimas conquistas planetarias que realizamos —Dijo desganado y Vegeta ahogó un gruñido en su garganta. El sutil gesto del príncipe no fue notado por el rey, pero sí por el segundo en la línea del trono.— La última vez que cruzamos palabras me dejó saber que si no ve mejores resultados la próxima vez que me presente, tomaría nuevas medidas —El rey aclaró su garganta, imaginar qué tipo de represalias sería capaz de tomar contra su especie entera, hacía que sintiera de inmediato un dolor intenso en el estomago.— Quiero que te encargues de algunas conquistas personalmente, Vegeta. Sé que esas tareas las dejamos para los escuadrones… pero entenderás que nos encontramos en una situación delicada.

— Eso veo —Espetó indignado.

— Uhmm… —Murmuró el tercero y el par volteó.— ¿De qué me encargaré yo?

— ¿Servirás de algo? —Preguntó con sarcasmo su hermano.

— Quiero que asignes las misiones personalmente Tarble, luego iras junto con tu hermano a su siguiente conquista.

— ¿¡Que!? —Dijeron sorprendidos al unísono. Mientras que Vegeta gruñó, Tarble abrió los ojos repentinamente, anonadado.

— Así es, ustedes dos son mis sucesores… Y al parecer a Tarble le falta experiencia en el campo de batalla. Lo cual es totalmente inaceptable, así que lo pondré a tu cargo y luego se encargará él mismo de su siguiente conquista. ¿Entendido?

— Entendido —Refunfuñó el mayor.

El rey corrió su mirada al más pequeño y el joven, intimidado, asintió. —Entendido —Dijo de inmediato.

— Ya pueden irse, y prepárense para sus misiones.

El par de príncipes se giró sobre sus talones mirándose disimuladamente por el rabillo del ojo. Mientras que Tarble estaba emocionado por poder observar a su hermano en acción, Vegeta estaba fastidiado. Aunque lo más importante en su mente era que ese sueño recurrente, no se volviera una realidad.

Tarble tomo camino a la sala de comunicaciones que en ese momento se encontraba vacía y organizó todos los escuadrones del reino en diferentes grupos. Con su tecnología no sería difícil categorizar los planetas por dificultad de conquista y tiempo esperado. Al cabo de unas horas ya tenía un plan de ataque para una gran parte de la galaxia… pero se detuvo extrañado al revisar las conquistas pasadas de un soldado.

— Kakarotto… —Dijo y revisó el estado de un planeta en la galaxia del norte— Sabía que había leído sobre este planeta, "Tierra" —Rápidamente le propició una lectura al informe— Que extraño… según mis datos éste planeta le fue asignado hace más de diez años cuando era un infante, pero en su perfil dice que lo dejó en espera por que se encontraba gravemente herido. — ¿Qué debería hacer?, ¿asignárselo a un miembro de la sala de incubadoras o pedirle que cumpla su primera misión? —El príncipe suspiró y recordó las palabras de su padre— El tiempo apremia, esperar que un niño lo conquiste quizá tome más tiempo del que disponemos. Se lo reasignaré a Kakarotto y eso es todo —Dijo decidido y firmó el documento que obligaría al saiyajin a iniciar su conquista.


— Han sido convocados hoy, aquí, para cumplir diversas misiones de conquistas planetarias, soldados —Dijo el rey del planeta caminando en dirección contraria al viento, blandiéndose tras de sí, su larga capa que acariciaba con suavidad el suelo bajo sus pies.

Habían pasado varios días desde que encomendó a sus hijos la organización de la invasión espacial. Tarble había alineado a las tropas personalmente y Vegeta pospuesto la mayor cantidad de tratados de Vegetasei, para el momento en que regresase de su siguiente misión. Sin lugar a dudas, el rey Vegeta quería mantener el dilema con Freezer, lo más intimo posible… De enterarse su pueblo del peligro que corrían, podrían verse victimas de motines entre sus soldados, traiciones y alianzas de sus miembros con las tropas del Lord.

El enorme grupo de guerreros alzó sus puños en el aire en demostración de emoción por su porvenir. Un gran porcentaje de soldados habían sido seleccionados para luchar en nombre del imperio saiyajin.

— A continuación serán llamados a recibir un documento, indicándose el planeta que se les encargará, sus compañeros y la hora del despegue de su nave. Por la victoria, soldados —Concluyó el rey y giró sobre sus talones, acompañado del festejo de los guerreros, terminando así la celebración que encubría el temor de Vegeta, a ser asesinado por el Lord.

Uno a uno, fueron llamados a recibir el susodicho documento de manos del joven príncipe Tarble. Al llegar el turno de entregarle a Kakarotto el que le correspondía, Tarble sintió pena por las seguras burlas que recibiría al serle encargado un planeta de dificultad 1.

—Ka-Kakarotto —Llamó el príncipe y volteó dudoso al calvo que lo acompañaba.

Otro muchacho apenas unos años mayor que él, se presentó de inmediato, notablemente alegre. A pesar de ser un soldado de clase baja, para esas misiones era más que suficiente un bebe de su raza…

— Aquí tiene, soldado —Dijo y bajó la mirada ruborizado— Me odiará por darle esta misión… —Pensó y volteó a los salvajes pares del soldado.

— Muchas gracias, su alteza —Espetó respetuoso al tiempo que le brindaba una reverencia.

Al levantar la vista y notar que el joven no establecía contacto visual con él, se extrañó.— ¿Se encuentra bien, príncipe Tarble?

— ¿Ah? —Musitó nervioso— ¿De qué habla, soldado? —Contestó con claro nerviosismo— Estoy bien, no sucede nada malo, Yo só-

— Retírate, clase baja. —Aseveró el hombre calvo a su lado.

Kakarotto miró al de bigote y asintió sin más para luego retirarse.

— Gracias, Nappa —Murmuró Tarble.

— No hay de que príncipe. Solo procure no comportarse así frente a su padre —Dijo con molestia el soldado cruzando los brazos.

A unos metros el guerrero que acababa de ser nombrado, observaba con emoción su siguiente misión. Hacía meses no era reclutado por el ejército de su planeta para algo de tal importancia. Gran cantidad de miembros estaban incluidos en la movilización masiva de saiyajins para conquistar varios planetas en diferentes galaxias, ese día era el inicio, del que según la comunidad de saiyajins, sería el inicio de una nueva y mejor época.

— Planeta Tierra… —Murmuró tras leer el escrito. Pasó los ojos con rapidez, obviando frases formales para pasar de una vez a lo concreto. Hora y día de despegue.— Vaya —Se dijo sorprendido abriendo los ojos.

— Me sorprende que se hayan tomado la molestia de llamarte, Kakarotto —Dijo uno de un metro y noventa centímetros de alto, detrás de él.

El individuo sonrió de lado al tiempo que apoyaba su mano sobre el uniformado hombro del más pequeño. La cabellera de este igualaba su altura, tan oscuro como la noche y alborotado desde el inicio al final. A simple vista su cuerpo estaba por demás tonificado en todos los espacios posibles, poseía un cuerpo de magnitudes impresionantes. En su pierna izquierda traía una cinta roja, a la altura del muslo, la cual parecía que por la presión del trabajado cuerpo, se rompería en cualquier momento.

— No molestes, Raditz —Le contestó Kakarotto con los ojos a media asta.

El aludido soltó una carcajada al ver la expresión del otro joven— ¿A dónde te enviaran, hermanito?

— A un planeta llamado Tierra.

— ¿Y qué dificultad tiene? –

— ¿Dificultad? —Repitió y luego pensó:— Lo había olvidado.

— ¿Aún no terminas de leerla? —Cuestionó extrañado. Observó entonces que su pequeño hermano había relajado completamente su posición. Miró su mano derecha y ahí estaba el escrito con el que debía presentarse el día de su partida. Sonrió con picardía y lo tomó en una milésima de segundo— Veámoslo —Dijo divertido.

— ¿Eh? —Musitó y perplejo miró sus desnudas manos.

— Pfff. —Bufó luego de pasar su mirada en el trozo de papel.

— ¿Qué sucede?

— Nada que no sepamos, eres una vergüenza.

Sin más, con un movimiento de su mano colocó el escrito en el pecho de Kakarotto con un poco de violencia. Se lo oyó gruñir levemente antes de dar media vuelta y marcharse indignado. Su hermano no entendía el por qué de esa reacción… no lo entendió hasta tomar el documento entre sus manos y continuar su lectura.

— ¿¡Nivel 1!? —Exclamó con los ojos como platos— ¡Debe haber un error!

Y no lo había, de inmediato se dirigió al príncipe Tarble para consultarle y esa fue la única respuesta recibida de él "No hay ningún error." y una menos cortés del calvo "Lárgate de aquí antes de que vuele tu cabeza en mil pedazos".No le quedó más opción que presentarse el día de partida a su patética misión.

Los demás tendrán toda la diversión —Se dijo en un pensamiento al momento de ingresar a su pequeña nave esférica.

Iniciando secuencia de hibernación —Dijo una voz femenina luego de ingresar las coordenadas en el tablero. Sin más, un gas blanco se apropió del ambiente y Kakarotto cerró los parpados. La próxima vez que los abriera estaría en el pequeño planeta azul. Donde daría comienzo a su pequeña e insignificante misión…

Continuará…


N/A: Hola a todas! Viejas de mis lectoras, como así nuevas lectoras del género. Espero que disfruten de esta historia de aventuras que se me ocurrió hace varios años y ha vuelto "remasterizada" jaja

Me ocuparé de reescribir cada capítulo, para poder retomarlo y estar más satisfecha con mi trabajo. Espero que las amantes de Bulma y Vegeta lo disfruten, tanto como quienes tengan ganas de leer sobre otras parejas y nuestros personajes favoritos.

Nos reencontraremos en el próximo capítulo!

Nadeshico023