Viviendo entre sombras

Capitulo 3: ¿Invasor o libertador?

Aún la corteza terrestre emitía humo, el calor que produjo el impacto había elevado la temperatura de las piedras e incendiado un árbol cercano al aterrizar. El guerrero saiyajin había salido de su nave unos minutos atrás, para encontrar a poca distancia una cascada y cristalino lago en los alrededores. Limpió su adormecido rostro con el agua y se sentó a disfrutar del paisaje por un momento.

— En Vegetasei no tenemos lugares tan hermosos como éste —Se dijo y el sonido de los pájaros cantando a los alrededores llamó su atención. Sonrió al ver a los coloridos animales que habitaban el planeta y emitían un sonido tan acogedor. Apoyó las palmas de su mano en su nuca y se recostó en sobre la grava verde, a disfrutar de la tibieza del sol. El calor en Vegetasei siempre le resultó sofocante, lo que provocaba a toda su especie un color de piel moreno, que ya era considerado una característica.

Al pasar unos minutos se levantó y se colocó su scooter, localizó después el sitio más cercano con habitantes y frunció deprimido su labio inferior al ver que el nivel de pelea de los humanos era diminuto.

— Vaya… esto será muy aburrido —Lentamente levitó por sobre la copa de los árboles y se dirigió a su primer destino.

Para la suerte de los pobladores prisioneros del planeta Tierra, Kakarotto se encontró con una base militar del dichoso Red Ribbon. Para ese momento todos los militares habían sido puestos en alerta, en especial las bases que se encontraban más cercanas al lugar del impacto del objeto no identificado. El joven de cabello alborotado sobrevoló las instalaciones militares por un momento antes de pensar en aterrizar en ellas.

— No son oponentes para mí, lo mejor será entregarlos como esclavos al rey —Comentó al aire masajeando su barbilla.

— ¡Ahhhh! —Gritó debajo de él un hombre de baja estatura y cabello castaño. Temblando cayó de bruces al suelo señalando con su dedo índice tembloroso al guerrero que sobrevolaba el lugar. Asustado, observó al sujeto de apariencia humana pero el simple hecho de que este ser volara le pareció suficiente para suponer que se trataba del "objeto no identificado" que había aterrizado en la Tierra hacía unos minutos atrás. Inmediatamente, ante los sorprendidos ojos de Kakarotto el hombre se volteó casi arrastrándose de rodillas y corrió para adentrarse a las instalaciones.

— Creo que lo asusté —Percibió entonces en su rodilla una molestia y miró hacia abajo. Al parecer un tanque de la milicia estaba intentado atacarlo, cuando de pronto a éste se le unieron varios.

Luego de notar que las armas convencionales no rendían ningún efecto sobre el supuesto alienígeno, comenzaron a atacarlo con misiles y demás objetos de destrucción. Sin esfuerzo esquivo la mayoría de los ataques, totalmente inexpresivo, cuando ya cansado se decidió a contrarrestarlos. Levantó su muñeca y formó una esfera de energía, que lanzó a un tanque haciendo que este explotara.— ¡Ríndanse y no les pasará nada! —Gritó con las manos junto a la boca. Los militares no escucharon órdenes y continuaron con sus infructuosos ataques, ganando no solo pérdidas, si no la destrucción completa de su base en un par de ataques del enemigo.

Ya la base había sido reducida a cenizas, cuando los pies de Kakarotto tocaron el suelo y este caminó por los alrededores observando las estructuras destruidas.— Ni modo, no me dejaron más remedio.


El mundo entero ya estaba enterado de la aparición de un intruso de otro planeta. Los medios de comunicación autorizados recorrían los escombros de las bases militares destruidas mostrándole a la Tierra entera, los anteriores pasos del visitante. Los humanos equívocamente comenzaron el rumor de que un libertador del espacio vino a rescatarlos, cuando la realidad era que Kakarotto venía a ponerlos en una situación peor a la que vivían actualmente. Era una casualidad enorme que haya aterrizado cerca de tres bases militares ubicadas estratégicamente en el desierto. Una a una las destruyo por no encontrar que se subordinaran ante él. Los líderes de la Patrulla Roja temían que los rumores fueran ciertos, de ser así solo se liberarían de la muerte si dejaban a los terrícolas en paz.

Los científicos más importantes del globo se encontraban frente a un televisor, atentos a la periodista castaña de voluptuoso peinado recorriendo las que fueron instalaciones militares. Bulma estaba intranquila, ¿era posible que un dios haya escuchado tan claramente sus plegarias?

Aquí vemos como lo que antes era un depósito de artillería, ahora es un cráter. Si la cámara me acompaña veremos…

La peli azul retiró la vista del aparato y se volteó a observar a sus captores, que cada cinco minutos se retiraban presurosos. Todos los militares dentro de la Corporación, a pesar de intentar mantener la calma entre los reclusos, se encontraban en alerta roja. Volteó nuevamente a la reportera, cuando oyó como dos caían de sus sillas, anonadados y el resto abría los ojos incrédulos.

Los testigos aseguran que el sujeto es letal, y aseguraron, tomó rumbo hacia la Capital del Oeste a toda velocidad. —Decía la mujer señalando en cielo y la supuesta dirección.

— ¡Nos atacará!, ¡este es el mayor puesto de las fuerzas armadas!, ¡vendrá aquí! — Gritó desesperada una mujer robusta de cabello negro.

En menos de un minuto la Corporación se volvió un caos entre soldados preparándose para la batalla y otros cuantos desertores renunciando a la patrulla creyendo que sería motivo para suplicar clemencia cuando el invasor se dispusiera a acabar con sus vidas, no sabían cuanto tiempo tendrían a su disposición para huir y ponerse a salvo. La mayoría de científicos se camuflaron entre la confusión para retirarse del seguro próximo lugar que atacaría el sujeto del espacio. Repentinamente unas sirenas se escucharon a lo largo y ancho de la C.C, incrementando el estado de alarma de todos allí dentro.

— ¡Ve por mamá y póngase a salvo! —Gritó Bulma a su padre y éste asintió y se retiró del lugar. Con la vista buscó a su compañero de laboratorio, el anciano Gero pero no pudo encontrarlo en ninguna parte. Al cabo de unos segundos apretó los puños y corrió a buscar una salida sin otra opción que ver por su seguridad.

Tras recorrer unos pasillos y eludir un par de soldados se topó con una habitación llena de vehículos de transporte ligero. Al mirar a su izquierda noto unas cajas que le resultaron familiares. Se acercó rápidamente y se procuró un par.— Este debe ser el laboratorio de papá. —Se dijo al ver que dentro de este habían varias capsulas enumeradas. Sonrió y guardó en el bolsillo de su short la caja que le pareció más útil y antes de irse revisó uno de los cajones y tomó una cajetilla de cigarrillos.— Gracias, papá.

Prosiguió con su escape, cuando frente a ella en una intercepción de pasillos, asustada se hizo detrás de un mueble al ver como unos soldados a medio vestir salían corriendo a toda velocidad para seguramente hacer lo mismo que ella. Encontrar una salida.

Al ver al último irse prosiguió su recorrido por el pasillo, pasando frente a la puerta de la que salió la media docena de hombres, justo sobre una silla pudo ver la banda roja que utilizaban en el brazo todos los integrantes de la patrulla.— Puede serme útil —Se dijo y se procuró la banda.

Otra vez se dedicó a buscar una salida y le resultó bastante conveniente el haber prestado tanta atención a las contraseñas al momento de abrir un par de puertas. Sin dificultad alguna, con el paso del tiempo encontró un patrón numérico en ellas. Con el tiempo notó patrones numéricos que más tarde descubrió, correspondían a diversos colores, sólo debía saber qué color le correspondía a cada compuerta.

Al pasar unos minutos recorriendo el lugar encontró una ventana que ocupaba casi toda una pared y del otro lado, la libertad.

No pudo contener una amplia sonrisa y apoyar las palmas de sus manos contra el vidrio al encontrarla, visiblemente esperanzada. Un punto en el cielo captó su atención en ese exacto momento y un escalofrío la recorrió de pies a cabeza.

Kakarotto alzo su mano derecha por sobre su cabeza y comenzó a formar una esfera de energía. Después de destruir tres bases militares, que, a su parecer debían ser aldeas, comenzó a sentirse aburrido y ubicó con su scooter un lugar cercano con mayor cantidad de habitantes. De ser todo el recorrido igual que los tres anteriores se sentiría muy decepcionado. Al llegar, los ataques a su persona no se hicieron esperar y con tedio ahora preparaba su primer contraataque.

— ¡Ay, vamos!, ¡sólo ríndanse! —Dijo en un tono aniñado— Estoy desperdiciando energías…—Pensó y al ver que no cesaban sus pequeños ataques lanzó la esfera de lleno contra la Corporación Capsula.

El impacto destruyó buena parte de los laboratorios. Bulma se refugió inmediatamente en un cruce de corredores y se cubrió con sus manos. Al abrir los ojos felizmente descubrió que la explosión no llegó a afectar esa parte de la instalación y al levantarse sonrió observando que gracias a ella se había abierto una enorme salida. Internamente deseo que sus padres y Gero se encontraran bien antes de correr a las afueras. El constante sonido de explosiones en el área de laboratorios se le hizo preocupante.

El scooter de Kakarotto comenzó a titilar y este levantó las cejas en señal de sorpresa. — Alguien está tocando mi nave —Un impulso de energía lo hizo regresar por el camino que lo acababa de llevar a ese lugar, retirándose por donde llegó.

Bulma presionó el interruptor de una capsula y una pequeña moto se apareció frente a ella al disiparse la polvareda de humo, clásica de las pequeñas capsulas Hoi-Poi. Sin dudarlo se subió a ella y giró su mano derecha para acelerar, dejando atrás finalmente su prisión.— Por fin —Pensó aliviada al alejarse.


El príncipe de la realeza saiyajin se encontraba sentado sobre una piedra, apoyando su codo sobre su rodilla, esperando que su compañero trajera algún alimento.

Minutos atrás ambos habían masacrado a un grupo de gente reptil que habitaba el enorme planeta y tomado ese lugar como una especie de campamento. A pesar de que habían pasado horas, no se asomaba el sol, lo más probable era que se encontraran a tanta distancia de él que sus rayos no llegarían a iluminarlo nunca. El frío era casi insoportable por lo que se vio obligado a encender una fogata para mantener la temperatura. Quitó el scooter de su rostro y miró el cielo y las cuantiosas estrellas que lo adornaban. Buscó entre las constelaciones su planeta, como siempre hacía por costumbre cada vez que se encontraba en un planeta nuevo. Bajo la mirada, estaba molesto por la partida de Nappa detrás de Tarble, a su parecer lo mejor que podía hacer su pequeño hermano era desaparecer y no volver jamás. Al nacer le descubrieron un poder de pelea muy pobre y debajo de lo esperado, pero con el pasar del tiempo notaron que su rápido aprendizaje, e inteligencia eran asombrosos. Aunque si el niño no servía para la lucha, no debía pertenecer a la familia real, era vergonzoso para él creer que estaba emparentado con alguien tan insultantemente débil y no entendía por qué razón su padre lo dejo con vida al nacer.

Al cabo de unos minutos escuchó a Bardock acercarse cargando una criatura del aspecto de una larva gigante sobre su hombro. El príncipe tragó saliva y retiró inmediatamente la vista de esa repugnante criatura.

— No pensarás comer esa porquería, ¿o sí?

Perplejo, Bardock observó al príncipe y dejó al insecto gigante en el suelo junto al fuego.— Pues, sí… ¿Por qué no?

— Agh… —Rugió con asco— En ese caso buscaré otra cosa para mí.

— ¡Vegeta! —Se oyó acercándose, el par volteó y el pequeño Tarble aterrizaba con Nappa, junto a ellos.— ¡He hecho un descubrimiento importante, Vegeta! —Exclamó entusiasmado empuñando sus manos a la altura del pecho.

Vegeta alzó una ceja.— Ahora no tengo tiempo para tus estupideces —Le dijo en un tono autoritario— ¡Nappa! —Llamó, molesto.

— Su alteza.

— ¡Ve por algo de comer ahora mismo! —Ordenó y el vasallo no pudo evitar observar el animal capturado por Bardock y que, en su frente apareciera una pequeña gota de sudor. Ya conocía a la perfección a su príncipe. No necesitó más para retirarse por sustento.

— Pero, Vegeta. Es importante, yo-

— ¡Ya basta, Tarble! Molesta a otro con tus estupideces, mientras tú estuviste jugando al investigador nosotros hicimos la mayor parte del trabajo. No entiendo por qué mi padre te envío, tan solo eres una maldita carga para nosotros. Ahora retírate de mi vista, no quiero escuchar una sola palabra más salir de tu boca.

El pequeño entristeció su mirada y giró sobre sus talones, con impotencia apretó sus puños y corrió en una dirección incierta. El príncipe bufó y volvió a sentarse para esperar a que el calvo trajera su cena.

Bardock observó la escena y silenciosamente siguió al más joven que acababa de retirarse. Nappa no tardó mucho en traer consigo un animal que le resultara más apetecible al heredero, al llegar y encontrarlo solo, imaginó lo que pudo haber ocurrido en su ausencia. Tomó asiento junto al de cabellera puntiaguda mientras vigilaba su alimento cocinarse.

— Su padre no estará contento si el príncipe no aprende a pelear.

— Mi padre tiene cosas más importantes que atender. No debería preocuparse porque ese niño aprenda a luchar, simplemente no lo hará.

— Pero-

— ¡Basta! Si realmente te preocupas por Tarble y su educación lo primero que tendrías que hacer es dejar de protegerlo. Conmigo jamás necesitaron tanto incentivo, simplemente me encerraron en una cámara con un par de Saibaiman hasta aprender a defenderme por mi mismo, no entiendo por qué no hacen lo mismo con él.

— Su nivel al nacer nos resultó preocupante y-

— ¿¡Por qué diablos no lo exterminaron entonces!? —Gritó ya fuera de sí.

— El rey tuvo sus razones Vegeta —Contestó endureciendo sus rasgos.

— Excusas —Culminó y se levantó a arrancarle una extremidad al ser inerte frente a sus ojos. Sin más mordisqueó su piel y se dispuso a alimentarse.— Y no quiero que vuelvas a tocar el tema.

A unos kilómetros de ellos el pequeño príncipe recuperaba el aliento, respirando con profundidad al tiempo que apoyaba sus enguantadas manos en sus rodillas. Miró hacia delante y a unos pocos metros encontró la ladera de una rocosa montaña. Lentamente caminó hacia ella y se sentó al filo observando el cielo.

— Es extraño no tener una luna a la cual observar, ¿no le parece?

Tarble se volteó, Bardock acomodó la cinta roja que portaba en la frente y acompaño al pequeño sentándose junto a él.

— De hecho —Contesto y volvió su vista al estrellado cielo.

— No debe dejar que lo que diga el príncipe Vegeta lo perturbe. Uno de mis hijos nació con un poder de pelea bastante bajo… y tengo que admitir que en el momento en el que lo supe me enfurecí mucho. Tanto que me negué a verlo cuando nació, pero algo pasó que me ayudó a entender que a veces eso no es todo lo que importa.

— Pues él y mi padre no me han dado eso a entender.

— Eso es porque ellos tampoco lo han entendido aún.

— Y no creo que lo hagan nunca. Somos saiyajins, no existe nada más importante que ser el mejor guerrero para nuestra raza. Ha sido así desde los inicios.

— Sin estrategia y plan de ataque, el músculo no nos sirve de nada. Si no pensamos y somos más inteligentes o astutos que nuestro enemigo, no podremos emplear todo nuestro potencial. Y pueden descubrir nuestros puntos débiles… Yo creo que de alguna manera podrás demostrarles que tu poder es otro.

— Gracias —Respondió reconfortado y continuó— ¿Cuál es el nombre de tu hijo?

Bardock suspiró— Su nombre es Kakarotto —Los ojos de Tarble por poco se desorbitan al escuchar el conocido nombre del joven saiyajin. Fue una terrible coincidencia encontrarse en esa situación con su padre. Después de tragar saliva habló:

— Ah, ¿sí? —Dijo y tragó saliva— ¿Y él está en algún planeta en misión? —Preguntó tratando de disimular su estado desviando la vista del otro.

— Lo está, pero no pude hablar con él sobre ello, el despegue de nuestras naves fue inmediato.

¡Es cierto! Al menos aún no sabe que tuve que enviarlo a un planeta de bebés. Dudo que hablara de esta forma conmigo de saberlo —Pensó el príncipe.

Su conversación prosiguió por un par de horas, para el momento de terminar, el rugido de sus estómagos los obligó a regresar al pequeño campamento a devorar la suculenta criatura que Bardock había cazado antes de que el jovencito se enfrentara a su hermano mayor.

Gracias a esa noche el heredero más joven estableció un vínculo que jamás había creado con otro saiyajin. A diferencia de los demás de su raza, Bardock era muy sociable y sobre todo había logrado comprender el predicamento en el que se hallaba Tarble.


Ya habían pasado tres horas desde su milagrosa huída de la capital del oeste. La fémina de cabello azulado había pasado por dos pequeñas ciudades y encontró que todas se encontraban en situaciones similares. El ejército estaba indefenso, al parecer todas sus armas eran inútiles contra la criatura de aspecto humano que se había hecho presente y según los últimos informes de los noticieros, tras su retirada en la capital continuó su destrucción de pequeños grupos de soldados. Pero al parecer, extrañamente, los ataques se habían detenido y su rastro se había perdido.

Bulma bajó de su motocicleta a las afueras de un pequeño pueblo y colocó un mapa de la ciudad que acababa de adquirir en el suelo. Marcó en él las ciudades que la criatura atacó y marcó con un círculo en rojo un área en específico.

— Seguramente ahí aterrizó la nave —Se dijo y guardó en su bolsillo trasero el papel, doblado en varias partes, para luego volver a subir a su motocicleta. Ya se había colocado la banda en el brazo y no fue una sorpresa ver como todos reaccionaban con cierto temor al verla. Se colocó unas gafas que protegerían sus ojos de la arena que enfrentaría en el desierto y nuevamente aceleró su vehículo y emprendió su marcha.

Pasaron unas horas más y según sus cálculos no estarían muy lejos del próximo pueblo. El calor estaba comenzando a afectarle, tanto su visión como sus fuerzas empezaron a flaquear y justo en el momento en el que creía que se desmayaría su motocicleta cayó en una trampa pobremente cubierta alertando sus sentidos por completo.

El sonido de la caída de la joven y el vehículo no pasaron desapercibidas al creador de la trampa. Quien lentamente con una sonrisa se acerco a ver su captura. Caminó hasta ella y se hincó sobre sí, apoyando los codos sobre sus rodillas. Victorioso miró a su compañero volador y le guiñó un ojo.

— Te dije que atraparíamos algo —Comentó y se acercó al agujero.

— Aw… —Gimoteó la mujer.

El joven tenía en su rostro una larga marca que pasaba justo por encima de su ojo izquierdo. Sus gruesas cejas negras se alzaron con sorpresa al notar las blancas piernas sobre la motocicleta estancada. La rueda delantera estaba doblada y la trasera aún girando sobre su eje. La científica comenzó a levantarse y al notar que justo sobre su cabeza el sol le hacía corona al muchacho que la observaba desde arriba.

— ¿Qué haces ahí quieto?, ¡ayúdame! —Alzando una mano aproximándose a él.

— Yamcha, ¿estás bien? —Preguntó preocupado el animal que levitaba junto a él, al ver como el muchacho se arrastraba sobre su espalda.

— U-u-u-u-una chi-chi-chica —Tartamudeó señalando la mano de la joven.

— Ash —Se quejó— ¡Bueno! Si no piensas ayudarme entonces ¡lo haré yo sola! —Gritó enfurecida tratando de acomodarse.

Colocó las palmas de sus manos sobre la tierra y apoyando un pie sobre el arruinado vehículo se impulso para salir de su pequeña prisión. Una vez afuera se volteó y entristecida comentó:— Maldición, esta arruinada… Bueno, no importa. Por suerte traje suficientes capsulas— Satisfecha se giró nuevamente.

El joven de traje verde y naranja aún estaba en el suelo mirándola asustado.

— Disculpa, ¿te encuentras bien? —Le cuestionó la mujer.

Yamcha tragó saliva, y ruborizado asintió con la cabeza.

— Y dime, ¿sabes cuánto falta para llegar al siguiente pueblo?

Por la ausencia de una respuesta el animal azulado de aspecto felino se colocó entre los dos batiendo sus pequeñas manos un poco nervioso.— ¡Yo sé dónde queda! Y no falta mucho, tan solo unos minutos.

— ¡Qué bien! Entonces mejor no pierdo más tiempo y voy para allá. Muchas gracias.

— Puar —Completó sonriente y recordó a su compañero.— ¡Y-Y Yamcha!

Bulma sonrió.— Bien, muchas gracias Puar y Yamcha.

— ¿No es peligroso que estés sola? ¿Acaso no sabes que hay un sujeto suelto creando destrozos?

— En realidad estoy buscando su nave —Contestó restándole importancia mientras buscaba en sus bolsillos el estuche que había hurtado.

— ¿¡Su nave!? —Cuestionaron ambos incrédulos.

— ¡¿Pero que acaso no sabes que está destruyendo todo a su paso?! ¿No te parece un poco imprudente ponerte frente a él de esa manera? —Dijo Puar, en pánico.

— ¡Pues no me importa! No soy una inconsciente, sé muy bien el peligro que puedo correr pero ya he soportado suficiente —Contestó molesta sacando de su estuche una capsula. Repitió el mismo proceso que la anterior, sólo que esta vez se procuró un pequeño jeep.— Adiós y gracias otra vez —Se acomodó tras el volante y se retiró dejando detrás una nube de tierra que marcaba su camino.

Yamcha y Puar estaban atónitos ante la valentía de la mujer, o tal vez estupidez, dependiendo del punto de vista. Yamcha limpió sus ropas y caminó hasta el enorme árbol que había convertido en un hogar. Su fiel amigo lo siguió y al entrar ambos se sentaron en un pequeño sofá aún un tanto pensativos. La televisión seguía encendida justo como la habían dejado, y al igual que la mayoría de la población del planeta tenía sintonizada la cadena televisiva que transmitía las últimas hazañas del alienígeno. Desde un plano de lo que parecía ser un helicóptero, se filmaban las afueras de la Corporación Capsula y una a una se mostró en pantalla a todas las fotos de los científicos prófugos de las instalaciones. Yamcha tomó un sorbo de su bebida cuando repentinamente una imagen de la sonriente peli azul se mostraba en primer plano.

— ¡Mira Yamcha! ¡Es la niña que acabamos de ver!

La bebida fue regada a la pantalla, cuando sorprendido escupió al observar la foto y debajo una cifra de seis ceros que se ofrecía como recompensa a cualquiera por su captura.

— ¡Y la teníamos atrapada! —Gritó anonadado.— ¡Debemos ir por ella! —Rápidamente corrió a las afueras de su hogar y activó su propia capsula, un vehículo de color verde militar apareció entre los ladronzuelos del desierto y sin perder un segundo más se encaminaron detrás de la muchacha que dejaron marcharse minutos atrás. Era una oportunidad que no podrían perder por nada del mundo.

Continuará…


N/A: ¡Hola querido lector! Espero que sigan encontrando mi historia mínimamente interesante. En el próximo capítulo tendremos más de Vegeta y Tarble, y más sobre Yamcha y Bulma!

Nos leemos en la próxima.

Nadeshico023