Viviendo entre sombras
Capitulo 4: Rescates inesperados.
Yamcha no podía creer que había dejado ir a una mina de oro ambulante; luego de su partida y enterarse de que se trataba de una fugitiva se hizo de su transporte más veloz y junto con su mejor amigo se aventuraron a su búsqueda.
En un área desértica y poco poblada se encontraba Bulma, estacionando el jeep que había liberado del estado de capsula hacía unos veinte minutos. Acarició su cuero cabelludo y con desagrado descubrió que el polvo del camino recorrido le había dejado un souvenir en el cabello.
— Necesito un baño caliente, urgente —Comentó y tras observar la calle también desértica encontró un pequeño comercio con un cartel bastante deteriorado. Un mapa no sirve de mucho sin una brújula, pensó que quizá pudieran aceptar algo que trajera encima a cambio de una. Lastimosamente a los prisioneros no se les paga un centavo por sus contribuciones.
El joven caza recompensas que la seguía de cerca custodió desde unos metros su entrada al comercio y esperó paciente, sentado en el suelo apoyándose de la pared de una casa aparentemente destruida.
— A penas salga de este pueblo la atraparé —Dijo esperanzado alzando un puño al aire.
— ¿Y cómo lo harás si ni siquiera puedes mirarla? —Contestó Puar, con los ojos a media asta.
Yamcha bajó la mirada avergonzado— Es cierto. Aunque esa suma de dinero me parece un incentivo suficiente, ¿no te parece?
El felino azulado sonrió a su compañero y repentinamente desvió la vista a la calle, Yamcha giró su rostro para saber que había capturado su atención y se encontró con un par de soldados, llegando en un jeep para estacionarse justo junto al pequeño local al que Bulma acababa de entrar.
— Espero que no nos causen problemas.
— No lo harán —Aseguró Yamcha poniéndose de pie para vigilarlos.
El par de militares conversaban tranquilos, uno de ellos colocó sus manos en los bolsillos del ocre pantalón de su uniforme y sacó de allí una cajetilla de cigarrillos y un encendedor. Mientras caminaba prendió la punta del pequeño cilindro y le dio una pitada. Justo al mismo tiempo que una astuta peli azul abandonaba el local, los hombres hicieron entrada. El más bajo de los dos no pudo evitar notar la innegable belleza de la jovencita y luego de sonreírle con descaro le guiñó un ojo.
— Estoy muy fuera de tu alcance, así que qué ni se te ocurra —Comentó arrogante la de ojos azules sin voltearse al hombre.
El soldado notó inmediatamente la banda en su brazo y comprendió que era una mujer que no podía tomar a la fuerza. Realmente le resulto chocante que no portara algún arma o insignia, pero al ver como su compañero lo dejaba atrás optó por continuar con las tareas que su superior le había asignado aquel día.
Bulma se felicitó a sí misma, haber tomado esa banda era lo más inteligente que pudo haber hecho. Satisfecha observó la vieja brújula que sostenía en su mano derecha, ahora nada le impedía encontrar la nave en la que había aterrizado ese hombre.
Dentro del comercio, el dueño bebía un vaso de agua agotado por el intenso calor que arrasaba diariamente con el área. Al ver ingresar los militares, inmediatamente se hizo de una postura más erguida. El par apoyó los codos sobre el mostrador y mientras uno de ellos se hacía del control remoto y cambiaba de canal a canal en el televisor que pendía en un rincón de la habitación, el otro hablaba con el de piel oscura y túnica beige que atendía el local.
El más pequeño abrió los parpados a todo lo que daban, las noticias repetían una y otra vez las imágenes de los prófugos más importantes de las facilidades de Corporación Capsula.
— Entre los más importantes tenemos a Dr. Maki Gero, Katamashi, Bulma Briefs y su padre el Dr. Briefs, Rukawa… —La lista de nombres se redondeaba a unos diez individuos, y respectivamente, en pantalla bajo cada nombre una fotografía de ellos.— Se los requiere con vida, si alguien los ha visto deben inmediatamente comunicarse con las respectivas autoridades locales. A continuación les mostraremos los números en pantalla.
— ¿Esa no es la chica que acaba de entrar? —Preguntó un niño señalando el televisor, ambos militares se observaron anonadados. Un enorme lingote de oro paso caminando bajo sus narices hace unos segundos.
Yamcha respiró más tranquilo cuando los soldados siguieron su camino a pesar de haber pasado junto a Bulma y que ella tan altaneramente se dirigiera a ellos. La joven estaba apoyada en la puerta de su jeep observando su mapa y brújula tratando de encontrar el pueblo en el que ahora se encontraba.
— Si sólo tuviera materiales podría convertir esto rápidamente en un radar o algo así —Refunfuñó molesta y guardó sus últimas adquisiciones.
El despeinado muchacho creyó haberse encontrado con el momento perfecto para capturarla. Desafortunadamente para ellos, otro par tenía la misma idea en mente.
— ¡Quieta ahí! —Gritó el mismo coqueto soldado apuntándola con su pistola.
Confiada, Bulma alzó una ceja y se cruzó de brazos.— Ya te dije que estoy totalmente fuera de tu alcance —Contestó y giró su rostro alzando su barbilla.
— Oh, ¡no!, ¡van a atraparla! —Puar cubrió su boca con sus pequeñas y peludas manos mientras espiaba la escena junto a su amigo desde una esquina.
— ¡Vendrás con nosotros! —Gritó el otro soldado de mayor altura.
— ¿Me estás dando una orden? ¿Qué no saben quién soy? El General Red estará muy molesto cuando le cuente sobre esto —Les dijo al par, la mujer con las manos en la cadera.
— Claro que lo sabemos lindura, eres un cheque de seis ceros firmado a nuestro nombre —Contestó malicioso, blanqueando su dentadura.
— ¿Cheque? —Cuestionó, confundida.
— Ajá… eso es lo que ofrecen por los prófugos, muñeca. Seguro el General Red estará muy contento cuando le contemos que estás con nosotros.
En ese instante Bulma entendió la situación, deshizo su arrogante posición y colocó sus blancas manos frente a ellos e intento forzar una sonrisa.— Ya veo, pero vamos, no tenemos por qué arreglar las cosas de esta forma, somos seres racionales, ¿no?... ¿No?... ¿No prefieren mejor unas… capsulas? —Ofreció como último recurso.
— No —Respondió y se lanzó sobre ella. Bulma gritó asustada e intentó zafarse del agarre del hombre, quien, a pesar de su baja estatura, era considerablemente más fuerte que ella.
Una roca golpeó la cabeza del captor de la científica, inmediatamente éste colocó su mano sobre el futuro chichón y se volteo molesto.
— ¿¡Quién diablos me arrojó eso!?
Junto a Yamcha una pequeña pila de piedras y su felino amigo.— Te diría que te metas con alguien de tu tamaño, pero no sería justo con los niños de cinco años —Se burló mientras jugaba con una roca lanzándola al aire y volviéndola a su mano una y otra vez.
— Desgraciado. Atácalo ¡¿Qué esperas!?
Su compañero disparó al joven ladronzuelo, quien ahora se ocultaba detrás de la misma pared que lo ocultó de la peli azul.
— ¿Cuál es el plan? —Cuestionó Puar, asustado.
— Que no te disparen.
El burlado hombre de baja estatura colocó a Bulma sobre su hombro y la cargó hasta el vehículo militar, no sin escuchar las numerosas quejas de la fémina quien por ningún motivo volvería a caer en las manos del la fatídica patrulla. Fue una tarea bastante difícil la de maniatar a la joven en el asiento trasero del automóvil, pero luego de lograrlo tomó lugar en el asiento delantero y se giró a su compañero.
Había llegado para él el momento de recargar las municiones de su arma, momento que Yamcha no podía dejar pasar.
— Puar, transfórmate en una ametralladora.
— ¿Qué? ¡Pero sabes que no serviría de nada!
— ¡Confía en mí!
Su secuaz no formuló más cuestionamientos, cerró los ojos y en menos de un segundo se formó una pequeña nube de polvo y al disiparse ahí se encontraba una ametralladora completa. Yamcha la tomo entre sus manos y se levantó, el soldado que los atacaba continuaba colocando las municiones en la culata de su pistola, el de rostro marcado alzó la suya y sonrió.
— Arrójala al suelo y nadie saldrá herido.
El militar apretó los dientes y se giró al vehículo.— ¡Ayúdame! —Obteniendo como única respuesta una nube de arena, resultado de la acelerada que el traicionero miembro de la patrulla le daba a su jeep.— ¿¡Que haces desgraciado!? ¡No me abandones!
— Al parecer no le importa mucho lo que sea de ti. ¡Ahora arroja el arma!
El hombre obedeció y Yamcha se acercó unos pasos, estando a medio metro el de larga cabellera resolvió hacer su confiable ametralladora a un lado, reapareciendo así la nube y detrás de ella un sonriente Puar.
— Te engañamos —Dijo el azulado creando una "v" con su pequeña mano.
Yamcha se aseguró de que recibiera un puñetazo en el estomago, perdiendo la conciencia casi de inmediato. A pesar de salir victoriosos aún les faltaba el premio mayor, que había sido capturada por el pequeño militar. Puar y Yamcha corrieron a su transporte y siguieron al captor de la mujer de ojos azules.
— ¡Ya déjame ir!, ¡maldición!, ¡no pienso volver allá!, ¡suéltame! —Gritaba histérica pataleando en el asiento trasero.
— ¡Cállate de una buena vez!
Bulma se recostó tratando de encontrar la posición perfecta y sin dudarlo pateó una y otra vez la cabeza del oficial mientras continuaba gritando sus exigencias.
Detrás de ellos Yamcha se extraño al ver el errático movimiento del vehículo que perseguía, propiciando movimientos zigzagueantes impredecibles.
La gorra del soldado se había bajado a la línea de sus ojos gracias a los repetidos golpes de la fémina y ahora la percepción de la ruta se volvía extremadamente dificultosa.
— ¡No veo nada! —Gritó escandalizado.
Delante de ellos se comenzaba a percibir un montículo de arena, al que se acercaban peligrosamente. Bulma abrió los ojos, totalmente horrorizada y continuó pateando la cabeza de su captor ahora más desesperada que antes.
— ¿¡Qué haces!? ¡Nos vamos a estrellar! ¡¿Quién te enseño a conducir así!?
— ¡Cállate! ¡Cállate ya! —Exaltado luchaba con las piernas de la joven para poner en su lugar su sombrero.
La portezuela trasera, sobre la cabellera celeste se abrió y allí estaba el mismo joven de la trampa en el desierto.
— ¡Dame la mano! —Dijo extendiéndola hacia ella intentando acercarse.
— ¡No puedo! ¡Estoy atada!
— ¡Ayúdala, Puar! —Pidió a su amigo y este asintió, luego de posicionarse mejor, el pequeño saltó dentro del vehículo en movimiento y se transformo en un par de tijeras. Sin mucha dificultad ante los sorprendidos ojos de la muchacha cortó las sogas que la ataban.
— ¡Apresúrense! —Gritó Yamcha al ver como el choque sería solo en cuestión de segundos.
La fugitiva ya estaba libre y se preparaba para saltar a los brazos de su salvador, cuando sintió una presión en su tobillo.
— ¿Crees que te dejare ir tan fácil? —Exclamó el hombre aún con los ojos cubiertos.
— ¡Suéltala! —Gritaba Puar propiciándole pequeños golpes.
— ¡No hay tiempo! —Sin poder esperar un segundo más, Yamcha adentró la mitad de su torso al jeep intentando no perder el control de su vehículo. Tomó a Bulma por la cintura mientras su compañero se prendía de su fuerte brazo y al fin logró sacarlos de automóvil del militar. Asustada la jovencita se aferró al gallardo muchacho y cerró los ojos, la velocidad era aterradora. Como era de esperarse el soldado colisionó contra el montículo y una polvareda se adueño del lugar a un radio de unos diez o quince metros. Victorioso, el trío miró contento a sus espaldas como se habían librado de un miembro más de la patrulla. Sin notar que un montículo más pequeño estaba frente a ellos. Los jóvenes fueron bien recibidos por el suelo luego del impacto que no se hizo esperar demasiado, aunque los que disfrutaron de mayor comodidad fueron Puar y Bulma, quienes cayeron justo sobre Yamcha.
— Gracias —Le dijo la peli azul al moreno que le sirvió de pista de aterrizaje acomodándose el alborotado cabello azul.
— D-d-de na-nada —Forzó su salvador, sonrojado.
Puar solo sonreía, emocionado por la pequeña peripecia que habían tenido que sortear.
Flashback
— Recuerda que al terminar de conquistar el planeta con Vegeta, te encargarás de conquistar uno tú solo…
— Lo sé. Aún no elegí el planeta pero lo haré. No te decepcionaré.
El rey no pudo pronunciar más palabra y el jovencito volvió a su curso justo detrás de Nappa. Bardock pasó caminando a paso recto a la derecha del rey, cuando éste se volteó el saiya ladeó una sonrisa y le presentó una leve reverencia acompañada de un respetuoso — Su majestad.
Vegeta fue el primero en subir a su nave, en ningún momento se volvió a la gran cantidad de compatriotas que festejaban el despegue de los soldados más importantes del planeta. Lo siguieron Nappa y Bardock, mientras que Tarble volteó dubitativo hacia su padre. El rey alzó su mano derecha y con dos dedos a la altura de su frente le hizo una pequeña seña.
"Buena suerte."
Fin del Flashback
— Por tu bien Vegeta, espero que tu hermano haya aprendido algo en todo este tiempo fuera de Vegetasei.
El hombre de imponente bigote y piel morena estaba inclinado en una enorme silla oscura de madera. Sobre la mesa frente a él estaba ubicado un pequeño aparato cuadrado de color blanco.
— ¿Realmente crees que con ese patético poder de pelea pueda aprender algo? —Se oyó del aparato claramente la voz del príncipe.
— Sería una vergüenza para nuestra familia si no lo hace. Es tu deber, tu hermano-
— Maldita sea, ¿vas a sermonearme? ¿Entonces para qué demonios está Nappa? Me tiene harto con tantas estupideces y te diré lo mismo que le dije a él, si tanto te interesas por su aprendizaje enséñale tú mismo. O hagan lo que hicieron conmigo y métanlo de lleno en una batalla. Además ¿Qué sentido tiene que siquiera este vivo? Ya tienes un heredero al trono, no necesitas otro. Y si quieres uno más yo mismo me encargaré de dártelo.
— Jamás lo entenderás Vegeta. No se trata de ti, se trata de ser poderosos como unidad.
— ¡Basta! ¿Quieres saber cómo va la misión? ¡Perfecto! Todo está bajo control, ya tenemos a la mitad del planeta bajo nuestro poder, no son una especie muy fuerte pero sí tienen un armamento poderoso. Si quieres saber algo de Tarble pregúntaselo tú, también tiene un scooter ¿No?
— Si aprendieras a controlar tu temperamento serías un mejor guerrero —Comentó el rey rechinando los dientes— Es en vano discutir contigo, jamás aceptarás un pensamiento diferente al tuyo. Dile a Nappa que me envíe un reporte con su progreso. Adiós Vegeta.
— Así lo haré, adiós —Sentenció furioso.
El rey se levantó de su asiento y caminó hasta una ventana dentro de la habitación, corrió a un lado la gruesa cortina y miró a las afueras. No había ni una nube manchando el rojizo cielo, un par de guardias caminaban vigilando los alrededores y unos pájaros similares a los conocidos en la Tierra como "cuervos" sobrevolaban el palacio real.
— Si tan solo viera lo que yo vi —Se dijo en un tono casi imperceptible.
Nuevamente en el desértico y frío planeta, Vegeta deambulaba por un edificio ahora vacío. Minutos atrás junto con Nappa y Bardock habían logrado someter a todos los que se encargaban de trabajar en esas instalaciones. Por lo visto en ese lugar se llevaban a cabo las transmisiones de mayor importancia, en la entrada la cantidad de guardias los tomó desprevenidos y sus dos escoltas recibieron un par de impactos. Por suerte su velocidad y fuerza les dio la ventaja y no se vieron en la vergonzosa obligación de llamar refuerzos. Ahora el príncipe caminaba con las manos entrelazadas en la espalda, deambulando en la sala principal de comunicaciones en la que una pantalla gigante se colgaba de la pared.
— Ya tenemos a todos esposados —Interrumpió el calvo a sus espaldas.
— Perfecto. Ya me comuniqué con mi padre, si no me equivoco estaremos listos para volver a Vegetasei en una semana —Hasta entonces no se había tomado la delicadeza de voltear para contestar, al hacerlo notó que la hombrera de su armadura estaba perforada y de su rodilla corría un rojo hilillo de sangre— Me sorprende la capacidad de su armamento, no creí que esta especie tuviera tal tecnología.
— Yo tampoco… Nos confiamos pero no volverá a suceder. Ahora con su permiso, me retiro.
— Nappa.
El aludido detuvo su paso y se giró a su líder— Dime, Vegeta.
— Te encargo decirle a Tarble que elija el planeta que conquistará, no falta mucho para su partida. Y envíale un informe a mi padre sobre nuestro progreso lo antes posible.
Nappa sintió un remordimiento en su interior, claramente ese muchacho no podría con aquella misión y de embarcarse a ello, no regresaría a su planeta para festejar un triunfo.
— Así lo haré, príncipe Vegeta.
Tarble mientras tanto se paseaba por los pasillos de aquella grandiosa base, aunque no participó en la batalla tuvo el placer de presenciar de primera mano la fuerza de sus armaduras y armas de ataque. Le pareció impresionante que pudieran levantarse luego de recibir un ataque de su hermano mayor, y más impresionante aún el haber sido una dificultad para él. A pesar de haberlo sido por tan solo un segundo.
La tecnología que manejaban era asombrosa, en ese mismo instante Bardock organizaba a todos los sobrevivientes en hileras para entregarlos como esclavos a su rey. Sin saber que luego los entregaría a Freezer.
Después de pasar por varios corredores hasta perderse, encontró una escalera que lo llevaría a un piso subterráneo. Al bajar se encontró con un cuarto para prisioneros. Ninguno se inmutó al verlo entrar, todos mantuvieron su posición sentados en el suelo, cada uno en su respectiva jaula. Era fácil darse cuenta de que todos provenían de diferentes planetas, todos eran de extrañas características y a juzgar por la cifra que su scooter le brindó, no muy poderosos.
Al final de todas las jaulas había una que logró capturar la curiosidad del joven saiyan. Este único, a diferencia de los demás estaba aprisionado en una jaula sin barrotes metálicos, los de él eran incandescentes y de color rojizo. El individuo allí atrapado tenía el rostro ensombrecido, al acercarse los pasos de Tarble el hombre levantó su firme mirada de ojos negros y se centró en la figura del muchacho.
— Con que un saiyajin ¿he? Qué sorpresa —Espetó y dejo al descubierto sus finos colmillos en una sonrisa.
— Nameku, ¿verdad?
— ¡Vaya! Eso sí es una sorpresa, un saiyajin culto —Tarble obvió la palabras del sujeto de piel verdosa y se concentró en los luminosos barrotes. Acercó su mano hasta el límite y pudo percibir el calor sobre la palma— Adelante mono, tócalo y veamos qué sucede —Comentó sonriendo.
— ¿Por qué estas encerrado aquí?
— Creí que era bastante obvio. No pudieron mantenerme enjaulado en una celda normal. Es por eso que tuvieron que emplear ésta.
— Ya veo…
— Para ser un saiyajin no te ves muy fuerte que digamos. Después de oír tantas historias sobre tu gente debo decir que esperaba alguien con un aspecto más… temible.
El príncipe relajó su ceño y ladeó una pequeña sonrisa. Era cierto, tal vez la cola y el uniforme era lo único que lo hacían parecer saiyajin.
— No soy un saiyajin de batalla.
— ¿Acaso existen de esos? —Cuestionó para luego reírse— Quién lo creería, un saiyajin que no pelea, eres una sorpresa ambulante niño.
El joven sonrió.— ¿Cuál es tu nombre?
— Piccoro —Contestó cruzándose de brazos— Dime muchacho, ¿qué demonios está pasando allá arriba? Vaya escándalo se armaron.
— Vinimos a conquistar éste planeta.
— Veo que está de moda en estos días.
— ¿Qué quieres decir?
— Creí que eras de los inteligentes, niño… soy un sobreviviente de la destrucción que las tropas de Freezer. Ahora soy esclavo de estas malditas lagartijas.
El príncipe se extrañó, cuando los planetas son marcados como conquistados usualmente se da nota sobre ello, tan solo para evitar confusiones o enviar guerreros a un planeta que ya fue colonizado. Al tratarse de un planeta conquistado por las tropas de Freezer ese era un error que ciertamente no querían cometer. Colocó la mano en su scooter y tecleó un par de veces, en la pequeña pantalla que cubría su ojo las coordenadas aparecieron y se volvió presa de los nervios.
— Maldita sea —Dijo imitando a su hermano— ¿Quién-Quién más aquí ha sido traído por las tropas de Freezer?
Las criaturas se miraron unas a otras, a pesar del temor más de la mitad de los presentes alzó su mano o extremidad en alto. La mayoría de los presentes habían sido conquistados y seguramente comerciados a otros planetas. Tarble comenzó a reconocer a las especies una a una y colocar los datos en su scooter, siempre llegando al mismo resultado. El frenético niño se volteaba a cada ser y seguía los mismos pasos dados con anterioridad.
— ¿Qué demonios te sucede? —Cuestionó el Nameku en un gruñido.
— Debe haber un error… Debo… Debo avisar a mi padre —Se dijo a sí mismo y se giró a la misma puerta de la que salió. Antes de atravesar el marco un pensamiento lo golpeó, giró su rostro y ubicó un aparato empotrado a una pared. Corrió hacia él y tecleó los botones, al terminar presionó un último y las compuertas de las celdas desactivaron los seguros. Los tubos incandescentes que rodeaban a Piccoro desaparecieron instantáneamente. Sin más retomó su camino sin formular palabra alguna. Los anonadados seres comenzaron a salir de sus prisiones desesperados. Por su parte, Piccoro estaba seguro de la presencia de más saiyajins menos amables que aquel joven.
— Será mejor buscar al patriarca —Comentó en voz baja acomodando sus muñequeras.
Continuará…
N/A: Les comento que no sólo tendremos BxV, en el próximo capítulo tendremos un poco de acción entre Kakarotto y Milk. ¡Nos vemos allá!
Nadeshico023.
