Especial
Ella era Pansy Parkinson. Oficialmente la mejor amiga de Draco Malfoy.
Por eso corrió a abrazarlo cuando se enteró de que sería el Buscador del equipo de Quidditch. Él la había empujado a un lado con brusquedad, pero a ella no le había importado, porque mientras él dejara que se colgara de su brazo, todo estaría bien. Porque mientras él le diera más besos, todo siempre sería estupendo.
Ella era la que más gritaba en los partidos de Quidditch. La que siempre llevaba esas banderolas mágicas que intercalaban su nombre y su rostro albino. La primera en bajar al campo para abrazarlo. La primera en felicitarlo. La primera en decirle que había estado magnífico. La primera en consolarlo cuando Slytherin perdía. La que se encargaba de confortarlo, mimarlo y relajarlo al calor de la chimenea de la Sala Común.
Con la noticia de la Cámara de los Secretos nuevamente abierta, ella le siguió en el juego de acorralar a los sangresucia, de esparcir rumores de quién podría ser el próximo, de culpar a Potter por todas las petrificaciones. Draco fue perdiendo el interés, pero ella se dedicó a mantenerlo interesado.
Ella siempre le informaba de las cosas que pasaban en el castillo. Ella siempre le leía el periódico y le resaltaba lo que creía que era más importante saber. Ella siempre le recordaba de los deberes y trabajos que debían presentar. Ella siempre estaba pendiente de él, de todo lo que quisiera y necesitara. Estaba ahí para él.
Y él la recibía. Jamás se negaba, jamás se quejaba.
Ella era especial. O eso le gustaba pensar.
