Cómplice

Ella era Pansy Parkinson. Amante de Draco Malfoy.

Reina de Slytherin y si se permitía, de Hogwarts. Andaba orgullosa del brazo de Draco, pavoneándose de haberse convertido en lo que muchas féminas soñarían. No necesitaba expresarlo con palabras porque se notaba a leguas.

Sus ojos soñadores con un brillo febril y su sonrisa pícara desencajaban con su rostro de apariencia dura, de nariz achatada y apariencia dura, pero la seguridad y confianza que mostraba era implacable. Y había algo más, algo que sólo unos pocos de tercer año eran capaces de discernir.

Algunos como Draco Malfoy, quien no tenía reparos a la hora de besarla en el vagón de Slytherin rumbo al castillo. Él la miraba de una manera diferente, claramente sin esa inocencia virgen que había tenido antes. Ahora era intenso, intimidante, intricado.

Normalmente a chicos de su Casa no les afectaban los dementores, pero Pansy estaba tan ensimismada en su burbuja celestial que se vio perturbada por los efectos de dichos seres mágicos cuando irrumpieron en la gran locomotora escarlata.

Fue como si hubiera tenido una visión de su futuro (futuro que todavía ignoraba), pues se había sentido desesperanzada, tan triste y tan sola sin Draco, que por un momento se preguntó si no habrían colado un boggart también.

Sus compañeros la zarandearon y acosaron con preguntas mientras ella intentaba a trompicones de volver a la normalidad. Todos la vieron como si estar feliz fuera una de esas maldiciones imperdonables de las cuales todavía ninguno estaba interesado. Ella sonrió con torpeza y buscó aquel par de ojos grises que tanta calma le traían.

Cuando los encontró, supo que su momento de debilidad tenía que ser pasajero porque el rubio no estaba siendo nada amable. Tal vez le molestaba una compañera enclenque que desfallecía ante un pequeño susto. Y si eso le disgustaba a Draco Malfoy entonces ella tenía que construir una barrera de insensibilidad para afrontar cualquier tipo de peligro con tal de complacerlo.

Por eso junto a sus compañeros de Slytherin y con Draco como cabecilla, se burló cruelmente de Harry Potter por haber sido el único afectado en el Expreso de Hogwarts. Fue la comidilla de inicio de curso, en desayuno, almuerzo y cena; en cada clase compartida con los insufribles leones a tal punto de ganarse un buen castigo por irrumpir en el campo de Quidditch e intentar que el niño que vivió se cayera de la escoba. Aun cuando éste les había lanzado un hechizo repelente.

Y también estaba la pantomima de Draco, en la que lo había ayudado a esparcir por todo el castillo. El gigantón y su hipogrifo no iban a salir bien librados de eso, oh no, claro que no. De eso se iban a encargar los Slytherin, porque si se metían con su príncipe entonces no se podían considerar a salvo.

Así era ella. Confidente, compañera, fiel, secuaz, o como a ella le gustaba más: Cómplice.