Viviendo entre sombras
Capitulo 6: Frutos de la suspicacia.
No pasó mucho tiempo para que Kakarotto finalizara su ingesta y se despidiera de los amables lugareños. La misión había cambiado su curso, se había comprometido con los aldeanos a no hacer daño a los de su especie, pero aún así debía cumplir con su deber a su pueblo y entregar ese planeta como conquista. En ese instante continuaba su camino por un sendero que, según Ox Satán, lo llevaría nuevamente a la Capital de Oeste, sede de la mayor base de las fuerzas armadas.
— Estoy lleno —Se dijo a sí mismo mientras se acariciaba el vientre— Tengo tiempo de sobra para entregar el planeta. Quizás debería tomarme las cosas con calma —Colocó sus manos en la nuca y continuó su camino— Oye ¿Ya vas a dejar de seguirme?
— No.
— ¡Ya te dije que no irás conmigo!
— ¡Pues yo te digo que una devota esposa siempre está presente para su esposo!
— ¡Como quieras!
Desde el momento en el que abandonó el castillo, la joven optó por seguirlo de cerca. A pesar de que Kakarotto se negó a contraer matrimonio, ella insistió e incluso le dijo que era su "deber", una obligación que conllevaba haberla derrotado en batalla.
Un incesante barullo a sus espaldas la obligó a girar su rostro. Encontró necesario entrecerrar la mirada, la intensidad del sol nublaba su visión, por lo que le resultó dificultoso encontrarle una forma a aquella imagen.
No muy lejos de ellos un joven calvo de baja estatura corría a toda velocidad cargando los extremos de una carreta, aquellos que se suponen a los lados de un caballo. Dentro de la carreta dos ancianos, también calvos, uno de bigote y otro de barba gritaban al pequeño de traje naranja.
— ¡Más rápido! —Le gritó, desesperado uno de los ancianos.
— ¡Nos está alcanzando! —Exclamó el otro.
— ¡APRESURATE! —Gritó nuevamente le primero.
— ¡Estoy haciendo lo mejor que puedo! ¡Si no estuviera arrastrándolos iría más a prisa!
Milk se giró y en el mismo sendero que Kakarotto y ella recorrían percibió una nube de tierra que se levantaba al paso de la carreta.
— ¡Kakarotto! —Gritó y se posicionó detrás de él.
El saiya se volteó y frunció el ceño, inmediatamente colocó su musculoso brazo delante de ella para protegerla.— Cúbrete, Milk —Pronunció y la carreta con los tres frenéticos individuos estaba a tan solo unos metros.
— ¡CORRANSE DEL MEDIO! —Gritó el de barba empuñando un añejo bastón.
La morena cubrió su rostro y se agachó detrás de la figura masculina. Kakarotto presionó con fuerza sus manos y una onda de energía se creó a su alrededor. El pequeño calvo vio al saiya algo tarde, tragó saliva y forzó con sus talones un freno. Fue tan intensa la fuerza que ejerció para detenerse que la carreta no pudo estabilizarse a tiempo y el par de ancianos se empotró contra el campo de energía de Kakarotto, siendo devueltos al lado opuesto.
— ¡Maestro Roshi! ¡Maestro Gohan!
— ¿Están locos? ¡Iban a arrollarnos! —Se quejó Milk aún detrás del saiya.
El llamado Roshi se incorporó quedando sentado en el suelo, las gafas oscuras que portaba en su pequeña nariz con forma de "L" invertida, estaban torcidas y, en medio de su calva se veía claramente una protuberancia colorada, seguro producto del golpe que se dio contra el suelo.
Kakarotto sintió algo rodar contra su pie, al bajar la mirada un rayo del sol acarició la superficie de la esfera sujeta a un pequeño sombrero rojo. El muchacho tomó la esfera en la palma de su mano y pudo ver claramente las cuatro estrellas dibujadas en el centro de ella.
— Eso es mío jovencito —Dijo un encorvado anciano frente a él.
El saiyajin devolvió el peculiar sombrero y el hombre de blanco bigote se lo vistió para luego dirigirle una cálida sonrisa— Muchas gracias.
— De nada.
— ¡Ahí viene! —Gritó Roshi.
Los cinco individuos levantaron la vista y a tan solo unos metros una segunda nube de tierra se dibujaba detrás de una motocicleta con una rubia sobre ella. Los ancianos se ocultaron detrás del más alto junto con la fémina de cabello oscuro. Kakarotto nuevamente fijó su vista en el objetivo.
La muchacha rubia portaba un arma de fuego en su mano derecha, luego de detener su motocicleta alzó el arma en alto y apuntó al par de ancianos.
— ¡Devuélvemelo maldito pervertido!
Kakarotto se acercó a la fémina y ella relució su blanca dentadura y su ceño fruncido. Inmediatamente presionó el gatillo y apuntó a su pecho. Las balas se impactaban y luego de ser repelidas por el cuerpo del extraño visitante, caían al suelo junto a los atónitos humanos. El calvo se aferró a la tierra bajo sus pies al ver caer frente a él una bala deformada y aún caliente. Los ancianos miraron la escena aterrorizados, se habían topado con un ser extraordinario.
— ¿¡Qué diablos!? —Gritó la rubia de cabello ondulado al ver como su arma se había vuelto totalmente inútil.
El saiya alzó su mano izquierda y la fémina de ojos verdes soltó el gatillo, asustada. Como si nada, Kakarotto curvó la punta de ésta dejándola inutilizable. La joven cayó de bruces al suelo totalmente perpleja.
— No te asustes, no te haré daño.
— ¿¡Q-q-quién eres!? —Cuestionó el calvo.
El saiya se giró al de baja estatura.— Mi nombre es Kakarotto.
— ¡A mí no me interesa quién demonios seas! ¡Yo vine a que me las pague ese viejo decrepito! —Sin más se lanzó contra el de barba para estrangularlo pero el saiya la aprisionó con su agarre, dejándola pataleando a centímetros del suelo.— ¡Suéltame!
— ¿Por qué estás molesta con el anciano?
El resto volteó al viejo Roshi, al verse presionado por las miradas reprobatorias de sus compañeros comenzó a sudar pequeñas gotas.— ¡No tengo idea de que me están hablando! —Espetó ruborizado haciendo presión con sus puños en el aire.
Milk notó en ese momento un trozo de tela diferente que sobresalía en su pecho que parecía estar escondido debajo de sus ropas. Su innata curiosidad la obligó a tomar entre sus dedos el trozo de tela rosa y sacarla de su escondite. Se ruborizó de sobremanera al encontrar que se trataba de un par de bragas femeninas de encaje.
— ¿¡Cómo llegó eso ahí!? —Preguntó el mismo anciano.
— ¡Pervertido! —Gritó la morena y automáticamente le propició una cachetada en el rostro.
— Debí suponerlo —Comentó el más bajo rolando los ojos.
La rubia se escandalizó al ver las bragas, agitándose aún más violentamente que antes de tal manera que su voluptuoso cabello se posicionó sobre la punta de su respingada nariz. Entrecerró los parpados y respiró de manera diferente, para finalmente estornudar. Al abrir otra vez los ojos su iris había cambiado, al igual que el color de su cabello. Su mirada era otra y confundida observó al muchacho que la sostenía de la cintura.
— ¡Vaya! —Exclamó el saiya.— Qué mujer tan rara.
— ¿Qué pasó?
El calvo sonrió y miró al más alto.— No pasa nada Lunch, oye ya puedes soltarla, no nos hará daño —Le dijo sonriente para luego volver a ver en el suelo las abolidas balas.— Aunque creo que a ti no podría hacerte daño aunque quisiera.
Kakarotto obedeció al de traje naranja y soltó a la mujer, ahora de cabello y ojos violetas oscuros.
— Mi nombre es Krilin —Dijo el mismo extendiendo la palma de su mano al saiyajin. Al estrechar su mano pudo sentir perfectamente la fuerza de su agarre y la sacudió levemente luego de soltarlo.— Se nota que eres extraordinariamente fuerte.
— Lo es. Mi esposo es el más fuerte del mundo —Espetó orgullosa la morena apropiándose del musculoso brazo del aludido.
Todo planeta conquistado, vendido o apropiado por alguna de las especies parte del tratado de Bases, deberá dar nota sobre su nueva propiedad a todas las partes del pacto. Con el simple fin de conformar una alianza confiable y leal.
Tarble acababa de descubrir que el antiguo pacto que entre otros, Freezer y su padre habían firmado, había sido irrespetado. Sumándole a ello el hecho de que Freezer había demostrado su descontento con su alianza saiyajin y los pocos logros realizados para él. No era difícil ni descabellado pensar en una emboscada.
— ¡Bardock! —Gritó Tarble corriendo hasta el saiya, que reunía a los habitantes del oscuro planeta, en hileras bien ordenadas. El guerrero se volteó extrañado, el jovencito estaba exaltado.— ¡Bardock! ¡Debemos comunicarnos con mi padre de inmediato!
— ¿Qué sucede príncipe? —Preguntó tomándolo por los hombros para alejarlo de la comunidad aprisionada.
— Creo que Freezer nos traicionará.
— ¿¡Qué!? ¿Está seguro de lo que dice?
— ¡Por supuesto! ¡Debo buscar a mi hermano! —Frenético, se deshizo del agarre de su compatriota para darse a la búsqueda de Vegeta, pero lo detuvo el agarre de su brazo por parte de Bardock.
— Tranquilícese —Susurró.— Le recuerdo que el príncipe Vegeta no es el más interesado en sus teorías, si le plantea la situación de esta manera no quedará muy convencido de lo que tenga para decirle. Yo te creo Tarble, pero debes confiar en mí, quizá sea más conveniente que usted y yo confirmemos sus sospechas antes de acudir a Vegeta.
— Tienes razón… Vegeta no me escucharía —Dijo bajando la mirada. Recordó en ese momento la enorme sala de conferencias que había visto unos minutos atrás. Allí seguramente encontraría toda la información que necesitaba.— Acompáñame —Le dijo y el saiya asintió.
No paso mucho tiempo para que llegaran allí, Vegeta había abandonado el espacio dentro del establecimiento y ahora se encontraba vagando a las afueras planeando que parte del planeta atacar a continuación.
— Lo primero que llamó mi atención fue encontrar a un Nameku prisionero, según lo que me dijo fue capturado por las tropas de Freezer y vendido a este planeta. —Comenzó presionando diferentes teclas en el gigantesco aparato. Tras ser ingresadas diferentes coordenadas, una serie de imágenes fueron apareciendo en pantalla. En un marco cuadriculado se dibujaron una serie de circunferencias de diferentes tamaños.— Recordé que cuando asigné las conquistas planetarias pasé por alto a este. No tiene mucho valor, sus recursos son escasos y su economía se basa en agricultura. Pero —Levantó la mirada y sonrió, la circunferencia marcada con el nombre "Namekusei" se mostraba en color verde.— Tal y como lo pensé, Freezer no nos notificó de su conquista, aún está marcado como un planeta libre. Lo mismo pasó con el resto, más de diez planetas diferentes ya fueron tomados por Freezer. No sé qué es exactamente pero sé que Freezer está planeando algo en nuestra contra.
— ¿Envió tropas a alguno de esos planetas? —Cuestionó con seriedad.
Tarble miró fijamente a Bardock, si había enviado algunas tropas a un planeta ya conquistado matarían a aquellos saiyajins sin dudarlo.
— Maldición —Espetó el príncipe.
A las afueras del edificio Vegeta pulsaba una y otra vez un botón a un lado de su scooter, a pesar de que la tarea de conquistar planetas era misión de otra clase de saiyajin, no de la realeza, le resultaba bastante entretenido. Rara vez conoció criatura que se comparara con sus fuerzas y la sensación de poder que le brindaba esa situación era embriagadora.
Tenía la vista fija en el horizonte, cuando a su izquierda percibió lo que parecía el despegue de una nave.
— ¿Qué demonios? —Se dijo y observó su partida. Imaginó que lo más probable era que uno de sus prisioneros lograra escaparse y huyó del planeta. Le desagrado ver que lograra escapar bajo sus narices, pero no sentía ánimos de ir tras una lagartija antropomorfa en aquel momento.
Durante todo aquel tiempo vivió entre malos presentimientos. Un mal augurio era su fiel compañero. Sabía perfectamente lo que le esperaba y había planeado con antelación cada uno de sus movimientos. La movilización masiva no era más que una excusa para sacar a todos los saiyajins posibles del planeta. El rey sabía perfectamente lo que le esperaba.
— Supongo que quieres saber por qué te cite aquí ¿No es así Vegeta? —Dijo lentamente, disfrutando de cada palabra que pronunciaba.
El rey tragó saliva, a pesar de esperar de antemano su muerte, le resultaba desagradable hacerlo bajo las siniestras manos de aquel ser que ahora lo observaba. El rey asintió y Freezer sonrió.
— Por empezar quiero que te voltees —Comenzó y al voltearse revivió una escena ya vista. Vegetasei y su rojiza atmosfera.
— Mi planeta señor —Dijo y respiró profundamente, sus últimos momentos hacían que sus sentidos se intensificaran.
— Lo sé. Tus guerreros, tu población y toda tu familia se encuentra allí.
Apretó los puños y afirmó las palabras de Freezer. — Termines con esto, ambos sabemos por qué estoy aquí.
— ¿Quieres que te ahorre el dolor? —Cuestionó risueño.— Pero Vegeta, bien sabes que ese no es mi estilo.
Con una especie de laser rojo atravesó una de las rodillas del rey quien con un fuerte quejido cayó, apoyándose sobre su pierna restante.
— Me parece muy poético que mueras arrodillado ante mí —Y con un nuevo movimiento se deshizo de la rodilla restante del rey.
Vegeta miró sus destruidas piernas, bañadas de sangre y se giró al asesino.
El Lord alzó su mano derecha y un haz de luz roja nació de la punta para impactarse de lleno al núcleo del planeta. Vegeta se giró rápidamente y olvidó el dolor de su magullado cuerpo cuando, abrió desmesurados sus ojos y se quedó sin aliento, sin importar cuánto se había preparado para esa instancia, el ver todo aquello por lo que luchaba totalmente destruido, era desgarrador. No pudo evitar temblar, y una lágrima rodó por su mejilla. Bajó la mirada y con un puño golpeó el suelo dejando marcados sus nudillos.
La explosión continuaba expandiéndose por la galaxia. Inclusive sintió el calor de aquella explosión rozar su piel morena. Los pedazos de su planeta giraban por el espacio sin rumbo. Vegetasei acababa de ser destruida.
— Sólo te traje aquí para mostrarte esto, Vegeta. Quería que tuvieras un lugar en primera fila para este espectáculo —Le dijo malicioso al estático monarca.— He allí tus futuras generaciones... —Sus hombros comenzaron a mecerse mientras su risa sádica retumbaba en los oídos del rey.
Vegeta se volteó, su plan había salido bastante bien. Sus hijos estaban juntos y alejados de ese tirano. Aunque se sintió haber fracasado al ver como tantos habitantes se desaparecían ante sus ojos. Tantos años de trabajo por una sociedad digna de respeto, destruidos.
— No, en realidad no —Contestó ladeando una sonrisa aunque con el seño entristecido. — Ahora será su batalla —Pensó con la imagen de sus vástagos en la mente.
Continuará…
