Lucifer
Ella era Pansy Parkinson. Literalmente la bruja de su edad más feliz en el mundo mágico.
El curso escolar anterior se sentía como el mejor que hubiera tenido en toda su estancia en Hogwarts colegio de Magia y Hechiería, especialmente porque había pasado tan buenos momentos detrás de las cortinas color verde botella de la cama de Draco.
Su sonrisa era infinita.
Los veranos eran lo mejor porque significaban dos cosas: pasar más tiempo con Draco Malfoy y sus cumpleaños. Sus dos cosas favoritas se combinaban en un día, un día espectacular que no olvidaba jamás.
Draco Malfoy siempre se aparecía en la chimenea de su sala cargado de lujosos regalos para Pansy Parkinson; y ella lo recibía con miles de besos y sonrisas, porque no importaban cuántas personas la fueran a visitar, a ella sólo le interesaba estar con él.
Tampoco le importaban los regalos, aunque puede orgullosamente decir que ninguno jamás la decepcionó, porque todo lo que viniera de él ya se consideraba especial.
Ese año, sin embargo, no había joyas ni piezas de colección o ningún objeto de caro material.
Pansy sonrió insegura y miró a Draco cuando éste depositó con cuidado una caja redonda con agujeros en medio de su alfombra. Él asintió con la cabeza una vez, indicándole que abriera el paquete. Y su inseguridad se transformó en felicidad cuando vio dentro un gatito negro. A ella nunca le habían fascinado los animales (porque a Draco no le gustaban), pero cuando vio a este cachorro, su corazón pareció estrujarse de ternura. Era adorable.
Y tenía los ojos azules, como los de ella, había comentado el muchacho como quien no quiere la cosa.
La morena lo tomó con cuidado entre sus manos y depositó un beso en su nariz helada y húmeda. Tomó sólo un maullido para declarar que lo amaba. Abrazó a Draco el resto de la tarde, y él se dejó, de vez en cuando devolviéndole el gesto. ¿Había manera de ser más feliz?
Pansy supo que sí, porque cuando todos se hubieron ido a sus respectivas casas, él le informó que se quedaría a dormir.
No hubo necesidad de pedir permiso a los padres, porque ellos eran Slytherin y respondían por sí mismos.
"¿Ya pensaste en un nombre?"- preguntó Draco.
"Lucifer"- contestó ella, con la mirada perdida en su nueva mascota.
"Ese no es un nombre."
"Lo es. Millicent lo mencionó una vez en uno de sus cuentos…"- se contuvo de decir muggles, porque no quería escandalizarlo.
Draco se encogió de hombros y ella sonrió. No intercambiaban muchas palabras y no tenían largas conversaciones filosóficas, pero se entendían.
Al menos ella a él. Lo leía y estudiaba. Se aprendía sus gestos, sus gustos y molestias.
Sonrió en su interior, enigmáticamente, como si acabara de descubrir un gran secreto que nadie más había sido capaz de descubrir antes.
Pero cuando Draco Malfoy la besó, ella lo olvidó todo. Olvidó su nombre, el lugar en donde estaba, el día y la hora.
Incluso se olvidó de Lucifer que dormía profundamente en su nuevo hogar.
Lamento si este capítulo ha sido aburrido o si les ha parecido innecesario o nada que ver; pero yo lo llamo "capítulo de transición" para poder seguir avanzando con la historia. Necesito escribir sobre un verano entre un año escolar y otro así que un cumpleaños y un regalo me pareció apropiado.
