Wow. Ha sido más difícil de lo que esperaba.
¿Continuar un capítulo después de tres años? Sí que me ha tomado mi tiempo. Espero que entendáis que no he escrito nada desde hace un par de años y seáis compresivas.
Que sea de su agrado y sepan que terminaré este fic (:
Sagrados Veintiocho
Ella era Pansy Parkinson, perteneciente a una de las familias que estaban en la lista de los Sagrados Veintiocho. Familias que se podían considerar limpios en linaje. Sangre pura y punto.
Por eso repartía orgullosa las insignias de "Apoya a Cedric Diggory – Potter Apesta". No es que este compañero le agradara en particular, pero hacía cualquier cosa con tal de molestar al héroe de Gryffindor (y hacer sonreír maléficamente a Draco Malfoy). Además, era totalmente ridículo que fueran cuatro participantes en el Torneo de los Tres Magos.
Su misión, cuando no estaba pendiente de su amado rubio, era hacerle la vida imposible a los amigos de Harry Potter.
Gastaba gran parte de su tiempo deseando casarse con el único hijo de los Malfoy, y gastaba la otra parte del tiempo maquinando nuevas y pesadas bromas para contárselas a él. Así fue como se le ocurrió enseñarle a Draco el maleficio para aumentar los dientes y aplicarlo en cualquiera que se cruzara en su camino. Y su camino se vio cruzado cuando se enfrentó a San Potter antes de una de sus clases juntos. Draco gritó "densaugeo" al mismo tiempo que Potter, así que éste rebotó y le dio a Hermione Granger, la insufrible sabelotodo. Y fue muchísimo mejor, pues pudieron humillarla con lo que más le dolía: con esos dientes chuecos y anormalmente grandes que ya tenía, llevándola a las lágrimas.
Ahí, en mitad del pasillo que daba a la clase de Pociones, ella rió con estruendosas carcajadas más fuerte que todos los presentes, incapaz de sentir pena por Gregory Goyle a quien le habían empezado a salir forúnculos en toda la cara.
Y, a mitades del Torneo, se tomó la molestia de citar a Rita Skeeter- esa reportera tan importuna e inmunda, la que siempre peinaba su cabello de textura de escoba en unos rizos completamente rígidos, con los lentes incrustados de piedras de fantasía a punto de resbalarse, con restos del labial carmesí en los dientes y fumando ese mugriento cigarrillo- para darle una exclusiva entrevista sobre el triángulo amoroso entre Krum, Granger y Potter.
Draco enloqueció de buena manera, cuando vio el diario a la siguiente mañana, y la amó sin remedio durante un día entero. Por eso continuó con su racha de maldades, enviándole el pus de bubotubérculos a la leona, sólo para regodearse con sus llantos.
No le importaba en absoluto lo que dijeran de ella. No le interesaba que la llamaran estúpida, que tenía cara de dogo o que era más pava que un troll con conmoción cerebral. No le afectaba en nada con tal de hacer sonreír a Draco, con tal de que éste la volviera loca y la tocara donde ella resbalaba en el amor, ahí debajo de la ropa.
Debajo de su larga túnica de pálida seda rosa en el Baile de Navidad.
Bailar con Draco Malfoy era estar en el cielo. Su invitación había sido un disparo a quemarropa, un disparo a su amor, estremeciéndola toda y haciendo que ella le pidiera guerra una y otra vez con tal de sentir aquello para siempre.
Pero para siempre no duró. Porque, después de incontables bailes, se encontró sola y confundida. Se vio acompañada por Theodore Nott hacia la Sala Común después de buscar a Draco por todo el castillo.
Ella era Pansy Parkinson, acabando de darse cuenta de la existencia de la menor de los Greengrass.
