Viviendo entre sombras
Capitulo 8: Luto.
En el planeta Tierra regía una conmoción general. Las tropas de la Red Ribbon buscaban a sus mejores elementos para enfrentar la ahora pasiva amenaza ambulante. Tomar posesión del planeta entero había sido una tarea complicada y dejar que un individuo desconocido se los arrebatara de las manos en cuestión de un par de horas no era una opción viable. Aún Bulma permanecía en la lista de las más buscadas del planeta entero, junto con su padre y ex compañero Maki Gero. Ahora mismo emprendía un viaje en jeep con sus nuevos compañeros, Yamcha y Puar.
El tímido y callado muchacho de largo cabello oscuro conducía el vehículo en ese momento y no faltaría mucho para encontrar la nave del saiyajin según los cálculos de Bulma. A pesar de que los dos muchachos realmente temieran lo que pudiera suceder de encontrar la nave, el deseo de Yamcha por cuidar de su nueva compañera era mayor a su temor de ser víctima del viajero espacial.
Bulma se miró a sí misma en el espejo retrovisor y disimuladamente acomodó su cabello. Hacía años no pasaba tiempo a solas con un muchacho que no fuera militar, por lo que intentó cuidar un poco más su imagen personal de lo que acostumbraba viviendo en la Capsule Corp. Además de que había encontrado en Yamcha, un jovencito bastante atractivo y esa timidez impenetrable le resultó ciertamente encantadora. Sin mencionar que el heroísmo del joven la dejó boquiabierta.
La científica prófuga colocó su mano sobre su frente para despejar su vista del sol. A lo lejos pudo visualizar finalmente su tan añorada zona de aterrizaje extraterrestre.
— ¡Miren! —Exclamó señalándolo.— ¡Es ahí! ¡Lo encontramos!
Puar y su viejo amigo, dirigieron la vista al punto señalado. Se podía apreciar un par de árboles carbonizados y en un espacio con forma de circunferencia una notable falta de vegetación. Al avanzar entendieron el por qué de la poca fauna en esa área. La colisión de la nave había dejado en la tierra una marca similar a los cráteres de la luna. Bulma se abrió camino hasta el centro del cráter, y justo en el medio estaba la nave de forma esférica que había traído a Kakarotto a ese planeta. Yamcha caminó temeroso, la idea de encontrarse en ese lugar con el dueño de la nave lo aterraba. Miró por encima de su hombro varias veces antes de llegar hasta la peli azul, quien maravillada curioseaba y tocaba con sus manos ese pequeño transporte. Con un esfuerzo de su muñeca, la mujer logró abrir lo que parecía ser una compuerta. El fóbico joven se puso nervioso al verla.
— No creo que deberías tocar eso —Le dijo intranquilo.
Puar levito hasta ella e intentó disuadirla de la idea de investigar ese transporte pero las palabras fueron mudas a los necios oídos de la científica. La peli azul se puso cómoda y se sentó en el acolchonado interior. Fue entonces cuando notó la titilante luz y debajo de ella un monitor que comenzaba a buscar las coordenadas del scooter de Kakarotto. Bulma se enfrentó al monitor y frunció el ceño. Le molestó no reconocer el lenguaje que empleaba la maquina, descartando la idea de que aquel mensaje de ayuda extraterrestre provenía de la misma especie.
— ¡Maldición! —Dijo golpeando con sus puños la superficie de la compuerta.— ¿Ah? —Musitó cuando sintió un movimiento gravitatorio.
Yamcha, quien se había mantenido un tanto distante hasta entonces, dedicándose a vigilar el perímetro, se volteó y al ver como la esfera comenzaba a despegarse del suelo en un acto poco premeditado se aferró de la compuerta que hasta entonces permanecía abierta.
— ¡Salgan de ahí!, ¡se mueve!
— ¿¡Qué!? —Gritaron los restantes al unísono.
No faltó mucho para que la compuerta terminara de cerrarse y tanto Puar como Bulma quedaran atrapados en ella. Al llegar a cierta altura del suelo y con Yamcha aferrado al exterior y golpeando la rojiza ventana circular, la nave se dirigió a la ubicación de Kakarotto a una velocidad impresionante. El muchacho de larga cabellera negra quedó atrapado entre la presión del aire y la pequeña nave, siendo su rostro aplastado contra la ventana. Mientras unos frenéticos prisioneros se abrazaban gritando por su vida.
El enemigo ya estaba establecido. Freezer había traicionado su alianza con el imperio de los saiyajins y destruido el planeta natal de aquella especie. Vegeta aun no podía formular un plan para deshacerse del Lord del universo. La diferencia de poderes entre ellos era enorme, y le tomaría muchísimo tiempo superar esa amplia brecha entre ellos. Por otro lado sería muy complicado planearlo como ejercito de saiyas. Freezer se comunicó con todos ellos a través de un scooter, lo que también quería decir que podría escuchar alguna conversación que tuvieran entre ellos a través de éste. No sabía cuántos permanecían con vida ni en donde se encontraba cada uno, y en el caso de saberlo probablemente ya habrían abandonado sus misiones de conquista para unirse al imperio de Freezer. Ellos no tenían manera de descubrir la traición.
Hacía más de una hora que todos guardaban silencio, pensando a quienes perdieron y en la impotencia por no poder vengar a todos sus caídos. A pesar del constante sentimiento de pérdida de compatriotas, el príncipe mayor no podía quitar de su mente algo que nunca llegaría. En Vegetasei, al llegar a cierta edad en la vida de un príncipe y tras unas ceremonias típicas, este se convierte en Rey. Vegeta sería condenado a ser un príncipe eternamente. Su padre no podría entregarle nunca la corona frente a sus súbditos. Y nunca cumpliría esa gran meta personal que lo acompañó desde la niñez. Ahora Vegeta no tenía la posibilidad de ser el rey de su planeta, debido a que este ya no existía.
En cientos de diferentes planetas, cada saiyajin sobreviviente estaba de luto. La pregunta ahora era ¿Qué hacer? ¿Cómo reunirlos? Y sobre todo ¿Dónde? La respuesta estaba aún en espera. Mientras un escuadrón de saiyas presionaba los puños en un oscuro planeta, hirviendo de impotencia, otro solitario no sabía cómo reaccionar ante su pérdida desde el planeta Tierra.
Todos prevalecieron en silencio, y asimismo Tarble tomó su scooter y presionó sus teclas una y otra vez, dejando unos minutos entre acción y acción. Bardock no podía dejar de pensar en su descendencia y que habría sido de ellos. No podía permitir que los sobrevivientes de su familia se unieran al ejército de esa arpía traicionera de ninguna manera.
Tarble había modificado varios aspectos de su scooter, pero en aquel momento se lamento el no haber creado la opción de comunicarse en una señal oculta. Jamás tuvo un colega intimo entre los de su especie como para considerarlo necesario. Sin embargo sí elaboró la opción de reproducción de video hasta su scooter de las actividades actuales de otros saiyas. Así fue como dio un vistazo a los sobrevivientes, muchos de los cuales reaccionaron de la misma manera que los tres restantes. Algunos impotentes optaron por destruir lo más cercano a ellos, otros tantos solo guardaron silencio en señal de respeto a los perdidos aquel día. Además de un par que jamás llegó a enterarse de esto y que habían muerto en alguna batalla.
Al cabo de unos minutos Bardock se giró a su derecha y el pequeño príncipe continuaba en la misma posición que llevaba desde hace ya treinta minutos.
— ¿Qué haces? —Preguntó en un tono sereno.
— Veo si se enlistan… —Contestó ensombrecido.
El de bandana roja alzó la mirada, entendió en aquel instante la capacidad de su rastreador y sin pensarlo se acercó a él. El príncipe se sorprendió ante su actitud y preguntó desconcertado:
— ¿Qué sucede?
— ¿Puedes mostrarme a mi hijo?
— ¿Raditz?
— No, lo conozco bien y Raditz va a unirse al ejército de Freezer en poco tiempo. ¡Quiero ver a Kakarotto!
El pequeño Tarble asintió y tras introducir las coordenadas del planeta Tierra y el sujeto Kakarotto, en la lámina del aparato se abrió una ventana con un pequeño reproductor.
No faltó mucho para que a lo lejos se dibujara en el celeste cielo un punto negro, que con los segundos se transformó en la nave espacial del saiyajin. En conjunto con la aparición visual de ésta, el tranquilo sonido de los pájaros fue sustituido por los gritos del ladronzuelo del desierto, la científica prófuga del imperio de la Patrulla, y el gato volador de pelaje azul.
Kakarotto no reaccionó cuando ésta apareció, aún pensaba en su seguro perecida familia. Si bien no tenía mucho en común con ellos, como en toda familia se había establecido un lazo afectivo, en especial con su padre. La nave y sus ocupas pasaron volando a espaldas del estático saiyajin y esta se impactó con el suelo a unos diez metros del grupo que lo acompañaba. Una inmensa ola de tierra se regó por el lugar, Milk y Launch se ocultaron tras el torso del guerrero. Mientras que Son Gohan, Roshi y Krilin anteponían sus brazos a sus rostros.
Lo primero que pasó por sus mentes era que un segundo visitante había llegado a su planeta y serían los primeros en verlo. Al disiparse la nube los ancianos y el joven calvo se acercaron al agujero. Solo para encontrar un muchacho inconsciente, una mujer colgando de la compuerta y un gato que aparentemente había pedido el conocimiento. Al cabo de un segundo el ensimismado Saiya recobró la conciencia y notó que su nave lo había rastreado. Al moverse de su lugar para encontrarla, Milk le dirigió una mirada reprobatoria a la de cabello violáceo, demostrándole el disgusto que le causó que se atreviera a tocar a su pareja.
Kakarotto caminó unos pasos quedando al filo del cráter y observó a la mareada peli azul que aún luchaba por ponerse de pie y fuera de la nave. Fue entonces cuando accidentalmente tocó uno de los botones prohibidos de la nave. El innecesario botón de autodestrucción.
El saiya apretó los dientes y gritó al segundo:— ¡Tienen que salir de ahí!
Bulma abrió los ojos y percibió una oscura figura doble que se acercaba rápidamente a ella para arrastrarla fuera de la nave e inmediatamente comenzó a gritar y patalear por su vida.
— ¡Suéltame!, ¡no me toques!, ¡te juro que si me haces daño te arrepentirás!, ¡¿qué acaso no sabes con quien estas tratando!? —En un santiamén se había hecho con los tres extraños y posicionado en un lugar en el que seguramente estarían a salvo.
— ¡Cúbranse! —Gritó Kakarotto con el trío entre las manos poniéndose en cuclillas.
La explosión no se hizo esperar, Kakarotto dejó a la atontada humana y el dúo desmayado en el suelo y se regresó al filo cuando comenzó a oír los pedazos de metal caer al suelo. Lo único que logró encontrar allí fue una marca negra carbónica entre las piedras, acompañada de un par de llamas que lentamente se apagaron y sobre los retorcidos trozos de metal, cables y vidrios rotos, una espesa nube negra.
— Diablos… —Dijo en voz baja y rascó su cabeza.
A sus espaldas Roshi aprovechó la situación, disfrazando su perversión con caballerosidad ayudando a Bulma a ponerse de pie sujetándola del pecho. La cachetada tampoco se hizo esperar, y tampoco el rubor en la mayoría de los rostros presentes. Son Gohan se arrodilló y colocó a Puar sobre sus piernas, abanicándole aire a la pequeña criatura para que volviera en sí.
Yamcha acarició su cabeza e intentó incorporarse quedando sentado, cuando miró a su alrededor encontró varias personas y a unos metros una musculosa figura masculina cuyo rasgo especial lo distinguía del resto. La peluda cola de Kakarotto se volvía a colocar en forma de cinturón.
— ¿Qué…?
Tanto el pequeño príncipe como el veterano saiyajin alzaron las cejas sorprendidos por la escena que habían presenciado de incógnitos. Resultó bastante vergonzoso para Bardock ver como la nave de su hijo había sido retenida por esa débil especie y más aún destruida. Quizá lo más impropio fuera el hecho de haberles salvado la vida luego de esto. Ninguno de los dos sabía exactamente que decir, el plan del mayor era encontrar un lugar seguro junto a su hijo ya que conociéndolo quizá se diera a la fuga y vagara por el espacio. Era bastante improbable que se uniera a Freezer.
— Vaya… —Susurró Tarble rompiendo el incomodo silencio.
— Quizá debiera explicarle algo sobre mi hijo —Comenzó el otro sentándose un poco más cómodo en el suelo.— Verás… cuando Kakarotto nació lo enviaron a la sala de incubadoras como a todos los saiyajins. Como ya te había mencionado… tenía un poder de pelea muy bajo y gracias a su escaso poder decidieron enviarlo a un planeta que conquistaría al cabo de unos años. Pero jamás lo enviaron ya que tuvo un accidente en aquella sala.
Tarble recordó que esa fue la razón por la que volvió a enviarlo a esa misión en la Tierra.
— Se produjo una explosión en la sala pero milagrosamente Kakarotto sobrevivió. Sólo que cuando se recuperó estaba cambiado… Recibió un fuerte trauma en la cabeza y creo que esa es la causa de que su personalidad no sea como la de un saiyajin común y corriente. Tal y como has visto, él no siente deseos de destruir a nadie, es pacífico y noble. Características que no sirven de mucho entre los de nuestra especie, como bien sabrá.— Ladeó una sonrisa y el príncipe imitó el gesto. Identificado por el hijo de su colega.— Entenderá ahora la razón por la cual él se comporta de esa manera.
— Entiendo. Y ya que él está en la Tierra sin medio de transporte creo que la mejor decisión sería la de ir por él, ¿no crees? —Dijo el príncipe. Al comenzar a pensar en los pasos a seguir de allí en adelante dejó totalmente de lado a su hermano. Durante toda su vida el planeta y sus costumbres lo habían mantenido al margen y a pesar del dolor que el causaba la muerte de su pueblo, al mismo tiempo se sintió liberado de los saiyajins.
— Excelente —Concluyó esbozando una amplia sonrisa para luego levantarse del suelo.
Continuará…
Sólo un par de capítulos más y por fin ¡un poco de VxB!
Nadeshico023.
