Brigada Inquisitorial
Ella era Pansy Parkinson. Prefecta.
En agosto de ese año había llegado a su mansión una insignia plateada junto a la lista de libros y materiales por comprar. Su sonrisa no se hizo esperar.
Utilizó los polvos Flu para mostrarle a Draco su nueva adquisición, como un cachorro orgulloso que acabara de recibir su primer collar. Él no la felicitó ni se inmutó, sólo le mostró esa mueca torcida y le dijo que él también sería Prefecto ese año.
"Los Prefectos pueden castigar y quitar puntos, sabes." Le había dicho ella como quien no quiere la cosa, y después de muchos días, él le sonrió con malicia y la besó.
Quizás Draco Malfoy fuera enteramente malo. Quizás no había nada que rescatar. Quizás esa cara de asco fuera la única que tenía. Quizás su vanidad, su egocentrismo y aquella superficialidad fueran todo lo que lo describieran.
Pero cuando él la besaba así, todas esas razones que juntaba en una lista imaginaria para olvidarse de una vez de él se esfumaban como si alguien hubiese decidido agitar una varita hacia ella y pronunciar Obliviate.
Por eso iba a los entrenamientos de Gryffindor e inventó la canción "A Weasley vamos a coronar", porque aquella comadreja estaba postulando al puesto de Guardián y Slytherin no podía perder la oportunidad de burlarse. Además, Angelina Johnson traía un peinado horrible que debía ser expuesto como tal.
Las cosas en Hogwarts colegio de Magia y Hechicería habían cambiado desde la llegada de Dolores Umbridge, y a pesar de que el 95% del colegio quería que se fuera, ella estaba más que deleitada con su nueva profesora de DCAO, porque de algún modo veía la maldad en sus ojos ambiciosos y la envidiaba.
Envidia sana, se decía. Pero no había tal cosa.
Quería esa determinación para imponer sus reglas, quería ser temida (u odiada) porque poseía poder, quería que todos supieran que no podían meterse con ella, porque no tardaría en responder.
Así que la ayudó. Se encargó de hablar muy bien de Snape y muy mal de Hagrid cuando Umbridge vino a preguntarle sobre cómo éstos llevaban las clases. También fue inmediatamente con ella, sin consultarle a Draco, cuando encontró una lista tonta que nombraba a los miembros del Ejército de Dumbledore. Se ganó otra insignia, aquella que ponía B.I y que le permitía quitar puntos así los alumnos no estuvieran obrando mal.
Draco llevaba la Brigada como si fuera el mismo capitán del equipo de Quidditch de Slytherin, y se deleitaban al ver disminuir rubíes, zafiros y citrinos. Estaban a punto de comerse al castillo cuando Albus Dumbledore huyó y la cara de sapo tomó las riendas del colegio, reinando con terror y asco; a punto hasta que alguien, tenía la terrible sospecha de que había sido esa sangre sucia, la hechizó poniéndole un cuerno arrugado de Snorkack de tamaño colosal. ¿O quizás fue Lunática Lovegood quien siempre se hallaba hablando de ello sin parar? De todas maneras no importaba, la habían dejado fuera de batalla.
Hasta que todo acabó y hasta que todo volvió a la normalidad gracias a San Potter.
Adiós Umbridge, B.I, poder Slytherin y abuso de autoridad. Adiós a todos los beneficios, y también adiós TIMOS y adiós Trío Dorado. Al fin de cuentas, el período escolar había terminado.
Draco Malfoy podía quejarse todo lo que quisiera, pero nadie le quitaría la satisfacción de poder decir que ese año, había sido su año.
