Viviendo entre sombras
Capítulo 9: Nuevo terrícola.
El dúo de Saiyajins que acababa de decidir retirarse al Planeta Tierra, preparaba sus naves en silencio. Tarble aún meditaba como confrontar a su hermano y comunicarle su partida, y cuál sería la mejor manera de pedirle que lo acompañara. Al tratarse de Vegeta, Tarble tenía dificultades incluso para la conversación más sencilla. De alguna manera siempre se las arreglaba para decir algo que lo molestara.
— Aquí ya está todo listo príncipe —Le dijo Bardock poniéndose de pie a unos metros de él.— ¿Le falta mucho?
— No… ya casi termino —Contestó esquivo. El de bandana imaginó lo que debía estar pasando por su mente. No sería nada grato observar de cerca una nueva pelea familiar.
— Si lo desea yo puedo hablar con Vegeta, no se preocupe.
El más pequeño alzó la mirada, su compañero Saiya estaba dispuesto a poner el rostro por él. Pero sabía que quizá terminaría siendo peor para ambos que alguien interfiriera.
— Te lo agradezco… Pero es algo que tengo que hacer solo. Tengo una gran habilidad para comprender nuevas tecnologías pero no para dirigirme a mi hermano.
— No es necesario que le pida nos acompañe, de cualquier manera dudo que lo haga.
— También yo, pero creo que por alguna razón mi padre quería que estuviéramos juntos. Es un presentimiento, una corazonada.
Bardock ladeó una sonrisa y desvió la mirada al horizonte. Alzó su mano izquierda y busco las presencias de Nappa y el príncipe.— Se dirigen hacia acá, será mejor que busque las palabras precisas, al parecer vendrán por sus naves en unos minutos.
Faltaron segundos para que Tarble terminara con las coordenadas de su nave y la direccionara hacia la Tierra. Al mirar sobre su hombro encontró la figura de Vegeta de brazos cruzados y alzando una ceja. A sus espaldas Nappa se acercaba a Bardock mientras curioseaba con la mirada las dos naves preparadas.
— ¿A dónde crees que vas? —Cuestionó el príncipe a su hermano.
— El hijo de Bardock está varado en un Planeta llamado Tierra, iremos a su encuentro allá y me pareció que sería un buen refugio para—
— ¿Te pareció? —Cuestionó casi insultado— Te recuerdo que estoy al mando aquí. ¿Debo tomar esto como un acto de deserción?
— ¡No! ¡Estás equivocado! —Intentó defenderse el menor.
— ¿Así que me equivoco? ¿¡Que acaso no estás huyendo sin dar aviso a la autoridad a cargo? —Inmediatamente se volteó a Bardock, quien apretaba los puños por las suposiciones de su alteza.— Me sorprende de ti soldado, creí haber oído que eras fiel a la corona.
— Lo soy, su padre fue uno de mis más allegados —Gruñó el aludido dando un paso al frente, casi desafiante.— Y si usted está a cargo ahora, me pondré a su disposición… siempre y cuando actuemos en beneficio de nuestra especie y no de unos pocos.
— ¿Qué insinúa soldado?
— Vegeta esta fue idea mía, Bardock solo—
— ¡Tú calla! Quiero escuchar lo que éste clase baja tiene para decir.
Bardock aserió la mirada y se preparó para lo que pudiera llegar a suceder con el temperamental príncipe. Nappa estaba listo para interceder, sabía que en instantes se había vuelto una raza en extinción y no parecía conveniente que los pocos que quedasen con vida se enfrentaran entre sí.
— Así como su padre eligió lo mejor para su raza, espero usted lo haga con los que quedamos. Soy testigo de cómo su temperamento toma decisiones por usted en lugar de su juicio.
Vegeta arqueó el labio, indignado por las acusaciones de aquel soldado. Por su mirada Nappa notó que era el momento exacto para intervenir.
— Príncipe, no creo que debamos enfrentarnos entre nosotros. No somos el enemigo, Freezer lo es.
— ¡Es cierto Vegeta! No podemos quedarnos aquí, según nuestros registros este es el primer lugar en el que nos buscarán, debemos apresurarnos e irnos de aquí.
— ¿Tan cobarde eres Tarble? Esto es patético, debería acabar con tu vida aquí mismo y ahorrarme la vergüenza de llamarme tu hermano.
— ¿¡Quiere dejarlo hablar!? —Irrumpió Bardock tocando sus límites.
Tarble observó la sorpresa de su hermano ante la reacción de su compañero y decidió hablar antes de que se decida a acabar con él.
— Ese Planeta está a una distancia considerable, es amplio y estable. Podrás entrenar mientras encuentro la manera de reunir al resto de Saiyajins con vida.— Su expresión cambio, nuevamente consideraba sus ideas, lo cual significaba un enorme cambio a lo que resultaba ser semanas atrás.— Piénsalo bien, no tienes nada que perder.
— Vete Tarble —Formuló luego de unos segundos en silencio.
El más pequeño de ambos príncipes no pudo evitar entristecer su seño ante la respuesta de Vegeta. Relajó sus hombros y se volteó a su compañero, quien con la mirada decidida le hizo una seña con la cabeza para que ambos abordaran sus naves y se retiraran.
Al cabo de unos minutos Nappa y Vegeta observaban atentos el despegue de las naves y como se perdían entre el oscuro manto de estrellas.
— Deberías considerar la idea…
— ¿Quieres huir a ocultarte debajo de una piedra? Qué poco patriótico de tu parte.
— Pues yo creo que no es mala idea.
— ¿Qué? —Cuestionó indignado.
—Me refiero a quedarnos y entrenar mientras Tarble encuentra la manera de reunir a los Saiyajins. Creo que es capaz de hacerlo, es muy inteligente.
— Y verdaderamente estúpido. Cree que éste planeta será el primero al que vengan a buscarnos ¿Crees que no irán a la Tierra entonces? Si lo que Freezer quiere es eliminarnos a todos, nos buscará en cada planeta posible. Es en vano huirle, debemos enfrentarlo a afrontar las consecuencias.
— Suena como si estuvieras resignándote.
— Por supuesto que no. Pero sabes lo poderoso que es.
— Así he oído… Pero sigo creyendo que el plan de Tarble nos compraría algo de tiempo.
— Deliberadamente desobedece mis órdenes, organiza huidas a mis espaldas y el solo hecho de que exista es un insulto para nuestra raza, Y sin embargo quieres que lo acompañemos, debería ser yo quien me cuestione de qué lado estás, Nappa.
— Estoy del lado de los Saiyajins, Vegeta. No deberías pensar que hay bandos entre nosotros —Nappa se acercó a una de las naves que restaban en los alrededores ante la pérdida mirada de su príncipe. De pronto se volteó y revivió en su mente una vieja historia.— Siempre creí que si entrenabas lo suficiente te convertirías en el legendario Súper Saiyajin… —Vegeta alzó la mirada. Internamente compartían ese anhelo, lo que lo llevó a considerar el entrenamiento en un lugar alejado— Jamás conocí a otro Saiya tan dedicado al combate como tú. Sé muy bien que hace años superaste los poderes de tu padre, y no creo que haya nadie más capaz que tu para lograr esa hazaña.
— Quizás sea tan solo un mito, Nappa. Son historias de los ancianos de Vegetasei.
— Aún así… Un Súper Saiyajin podría acabar fácilmente con Freezer y todas sus tropas.
Se formó un silencio en el que cada uno se encontraba ensimismado en sus pensamientos. Deliberando cual sería la mejor opción y si realmente el legendario Súper Saiyajin llegaría a existir.
— De acuerdo, si así dejas de molestarme iremos a ese planeta. Prepara las naves de inmediato… Antes de que lleguen esas sabandijas de las tropas de Freezer.
A Milk, quien se había autonombrado esposa de Kakarotto, le resultaba bastante extraña la expresión del saiya. O mejor dicho, la falta de ella. La morena no oyó la noticia de su perecido planeta, y tampoco imaginaba qué era lo que lo mantenía tan distante en aquel momento. Miró a su izquierda y aún ese extraño trío continuaba en el suelo y limpiando sus ropas. Volteó a su derecha y lo encontró otra vez ensimismado observando el espacio donde solía estar su nave. De pronto tomó su scooter y lo arrojó al suelo, entonces la morena decidió acercarse a él y quitarse de encima la duda.
— No te preocupes… Encontraremos otra nave —Le dijo con voz tierna posicionándose junto a él.
Kakarotto bajó la mirada hacia los oscuros ojos de la mujer y esbozó una ligera sonrisa.— No será necesario.
— ¿De qué hablas?
— Al parecer mi estadía aquí se ha prolongado. Creí que tenía tiempo de sobra para cumplir mi misión pero no imagine que tendría tanto —Sin más colocó sus palmas en la nuca y se volteó a los responsables de la destrucción de la nave.— ¿Y ustedes quiénes son?
Bulma, quien se sostenía del hombro del ruborizado Yamcha, en un esfuerzo por no dejar que sus piernas siguieran temblando alzó la mirada y la enfrentó al muchacho con cola.
— Mi nombre es Bulma Briefs —Dijo en un tono decidido.
— Y yo Yamcha —Comentó el otro alzando la palma de su mano derecha.— Y el pequeño es Púar.
— Y díganme ¿Por qué husmeaban mi nave?
La peli azul soltó su agarre y se encaminó a él enfrentándolo. Su falta de equilibrio y falla visual la acompañaron hasta quedar a menos de treinta centímetros de él, molestando a la celosa Milk por la cercanía de sus cuerpos.
— ¡Tú estás causando todo un escándalo en este planeta! ¡Por si no lo sabes por poco me matas!
— Vaya… debió suceder apenas llegué. Prometí ya no hacerles daño, te pido que me disculpes.
— ¿Te disculpas? ¡Por poco destruyes mi casa! ¿¡Crees que se arreglará con tan solo una disculpa!?
— ¡Cálmate Bulma! —Gritó Yamcha poniendo sus brazos entre los de ella con una expresión incomoda y un notorio rubor en el rostro.
— ¿Qué no recuerdas que él puede matarte? —Dijo a sus espaldas Puar que ya había recuperado la conciencia aunque continuaba levemente desorientado.
— ¿Tu casa? ¿Cuál casa?
— ¡Mí casa en la Ciudad Del Oeste!
— Ahhh esa casa.
— ¡Sí! ¡Esa casa! —Exclamó liberándose del agarre.
— Bueno, ya no es necesario que se preocupen. No haré nada con su planeta, ya pueden estar tranquilos.
— ¿Hiciste todo este escándalo solo para terminar retractándote? —Preguntó molesta.— Bueno… Al menos saqué algo bueno de esto y logré escapar de la Patrulla.
El saiya huérfano de planeta natal, no tenía la más mínima idea de que debía hacer. La única razón por la que conquistaba planetas o participaba en batallas sanguinarias era porque su pueblo lo hacía sentir en obligación. Si bien se quejó por haber recibido como misión a un planeta tan débil, era solo porque disfrutaba enfrentándose con individuos poderosos y anticipó que no se toparía con ninguno allí. Ahora sin nave, ni interés en unirse a un grupo de mercenarios, se encontró a sí mismo con el tiempo suficiente para conocer nuevas técnicas de peleas, tal y como siempre había deseado. Ante ese pequeño descubrimiento sonrió ampliamente ignorando por completo los comentarios de la extraña muchachita con la que acababa de toparse, quien continuaba reprochándole sin parar y buscó con la mirada al anciano hombre que lo había atacado. Lo encontró a unos metros recogiendo su camisa del suelo, ya con el torso encogido y avejentado. El Saiya pasó caminando por la derecha de la científica mientras ella se quejaba por no estar siendo oída. Llegó hasta el maestro Roshi y se inclinó levemente.
— Oiga, ¿usted podría enseñarme alguna otra técnica como la que utilizó antes?
Kame Senin podía sentir todo el poder que Kakarotto poseía en su interior, y asimismo sabía que era mucho más poderoso que él y que sus técnicas quizá no le serían de mucha utilidad. A pesar de saber de antemano todo lo que aquel muchacho había causado en su planeta no podía sentir que su energía fuera maligna, razón numero uno por la cual se rindió tan rápido. Además de que según reportes de los canales de cable, solo había atacado bases militares en respuesta a sus ataques y que la cantidad de civiles heridos era mínima.
Bulma se volteó molesta por haber sido ignorada de esa manera, yendo hasta Yamcha para descubrir que éste oía atentamente las palabras tanto de Kame Senin como de Son Gohan, de quienes durante toda su vida había escuchado historias increíbles sobre sus sorprendentes fuerzas y técnicas y, fue encandilado al verse junto a esas grandes estrellas de la lucha, orillándose a su lado y del extraño individuo de cola para oír su respuesta.
Kakarotto se interesó mucho por la forma de entrenamiento que los maestros estaban empleando sobre el pequeño Krilin, quien tenía un poder bastante elevado a comparación del resto de los humanos que había conocido hasta ese momento, ofreciéndose a sí para convertirse en un discípulo de ellos dos. Fue entonces cuando el calvo les recordó la razón de su entrenamiento.
— La Patrulla Roja ¿O acaso lo olvidan? —Mencionó con los ojos a media asta.
— Por supuesto no lo hemos olvidado —Mintió el de barba.
— Te propongo algo —Le dijo Son Gohan a Kakarotto y éste asintió— Derrota a los líderes de la Red Ribbon y te enseñaremos todo lo que sabemos, ¿qué te parece?
— ¿Solo eso? —Cuestionó incrédulo— Me parece perfecto, de cualquier forma era allí a donde me dirigía.
— ¿Vas a enfrentarte a ellos? —Cuestionó en un tono más pasivo la prófuga. Los presentes se voltearon y Kakarotto asintió por segunda vez.— Entonces yo iré con ustedes, no quiero perderme la expresión de esos idiotas cuando aparezcas frente a ellos.
Sin lugar a dudas Bulma apareció en el instante preciso aunque de una manera poco premeditada. Después de explicar levemente su interés en la Patrulla, tomó una capsula de su bolsillo y se hizo con un vehículo volador lo suficientemente grande como para llevar consigo a los nueve personajes presentes, incluyéndola. Sería la primera vez en la que Bulma vería al líder de la opresora organización que la mantuvo sometida por años, y con suerte esperaba que tras la liberación de su planeta, tanto sus padres como Gero salieran de su escondite a encontrarla. Por fortuna, aquel ser alienígena sería finalmente la salvación de los humanos.
No faltó mucho para que pudieran ver los edificios que formaban parte de la ciudad del Oeste a través de las ventanas de la nave. Kakarotto en ningún momento compartió con los humanos la trágica desaparición de su raza, simplemente no era el tipo de ser que hablara demasiado sobre sus sentimientos.
La peli azul miró por encima de su hombro y se vio reunida con un grupo muy peculiar. Ciertamente su aventura la había llevado a conocer a bastantes personas de diferentes características, y sin aún saber que a su viaje le faltaba lo mejor, creyó por un momento que quizá luego de que todo se solucionara no los volvería a ver y regresaría a lo que antes era su vida normal. Común y corriente. Aunque internamente, todas esas emociones les agradaron.
Se giró otra vez y divisó a lo lejos su enorme mansión convertida en sede y laboratorio de la Patrulla.
— En unos minutos habremos llegado —Mencionó con una sonrisa picara, ansiosa por verlos enfrentarse a ella y su nuevo "amigo".
A medida que la nave aterrizaba en los terrenos de la Corporación Capsula, la cantidad de guardias que comenzaban a rodearlos se incrementaba. Finalmente cuando la compuerta trasera se abrió, el primero en descender fue Kakarotto, que luego de recibir un escandaloso "¡Manos arriba!" y continuara caminando como si nada, recibió una oleada de balas de parte de las armas de los uniformados. No se inmutó, no se movió ni un centímetro y aunque Krilin, los maestros y Launch ya habían visto esto antes, ninguno de todos los ocupantes de la nave podía creer lo que sus ojos veían. Las balas que le disparaban caían a sus pies hechas añicos.
Luego de que las balas de todo su armamento se agotaran, los soldados se miraron unos a otros, totalmente incrédulos y resolvieron correr por sus vidas. El invasor con fuerzas destructivas sobrehumanas estaba ante sus atónitos ojos.
— Ya no hay nadie, pueden bajar —Avisó del otro lado el saiya luego de revisar con la vista el lugar.
Yamcha se volvió a Bulma, esperando que ella los acompañara pero al verla teclear unos botones en el tablero una pantalla ubicada en el centro se encendió y resolvió esperarla.
— "Identifíquese" —Le dijo el mismo hombre de tez morena que solía llevarla a su celda diariamente.
— ¿Qué acaso ya te has olvidado de mí?
El enorme hombre gruñó al reconocer en el monitor el rostro de la científica prófuga. Juno se tragó la gran cantidad de insultos que tenía listos para la jovencita y los ahogó en su garganta. – Que diablos quieres mocosa… -
— Ha, ha, ha —Dijo meneando su dedo de izquierda a derecha en compás con las silabas.— ¿Tienes el atrevimiento de usar ese lenguaje conmigo? ¿Debo decirte quién es quien me acompaña o ya te llegó el dato?
El militar se mordió el labio inferior y ejerció presión sobre su puño.— Ya di que es lo que quieres.
— De acuerdo. Exigimos hablar con el líder de las fuerzas armadas. Digo… si no es mucha molestia —Expresó con picardía guiñándole un ojo al militar.
El oscuro hombre asintió a regañadientes y cortó la comunicación. Cuando Bulma se volteó, el grupo ya estaba reunido a las afueras de la Corporación listos para hacer entrada. Al salir y encontrarse con ellos, colocó inmediatamente las cartas sobre la mesa.
— He trabajado para ellos durante años y se que no nos permitirán quitarles el mando así como así. Pase lo que pase, no se confíen de ellos. Harán todo a su alcance para continuar dominando la Tierra.
— ¿De qué te preocupas? Nosotros tenemos de nuestro lado a Kaka… Kaka… —Pronunció torpemente el joven de mono naranja sin poder recordar la continuación.
— Kakarotto —Completó el aludido.
— Kakarotto, claro.
— Hablando de eso, tu nombre no es muy agradable de pronunciar que digamos muchacho, sin ánimo de ofender. ¿Qué te parece si mientras estés en la Tierra, usas un nombre terrícola? Es decir, serás nuestro alumno, ¿no es así? —Cuestionó el anciano Son.
El saiya recordó que para ese instante su planeta natal había sido reducido a asteroides espaciales. La idea no le pareció descabellada, al contrario, jamás le simpatizó demasiado su nombre Saiyajin. Por otra parte su auto nominada esposa estaba totalmente de acuerdo con la idea y decidió hablar.
— Me parece perfecto.
El resto del grupo aún estaba un poco inseguro sobre la relación que llevarían la morena y el Saiyajin. Por la manera elusiva en la que Kakarotto recibía sus elogios y muestras de afecto, no daban la impresión de ser una feliz pareja. Sin embargo el guerrero estaba comenzando a adaptarse poco a poco a los modos de aquella mujer tan extraña.
— Tu nombre terrícola de ahora en adelante es Muten Roshi El Segundo —Espetó el anciano maestro nombrándolo como su sucesor.
— ¿¡Qué estás diciendo!? ¡Fue mi idea la de ponerle un nuevo nombre! ¡Debería ser yo quien se lo dé! ¡No tú! —Gritó molesto su amigo— Muten Roshi El Segundo… ¡ja! —Remedó el pequeño hombre con la mirada baja. Luego se volteó al joven Saiya que torcía una sonrisa incomoda esperando por su nuevo apelativo.— Te nombraré como mi abuelo, Goku. Son Goku —Concluyó satisfecho.
— Y le parecía que "Muten Roshi" era ridículo —Susurró por lo bajo el de barba— Goku… que nombre tan estúpido.
Son Gohan se volvió a su amigo con la misma mirada reprobatoria que le dirigió mientras lo remedaba y éste respondió de la misma manera. Sin lugar a dudas las personalidades de aquellos dos ancianos tenían sus fricciones muy a menudo. Ambos típicos ancianos testarudos.
— Como sea, Goku, Kakarotto, extraterrestre con… cola. Da igual, no estamos aquí por eso —Interrumpió Bulma colocando las manos en su cadera.
— Es cierto, muchachos. Me parece muy extraño que aún no se haya presentado el líder de las fuerzas armadas —Agregó Krilin mirando las instalaciones a su alrededor.
— Tal vez se dieron cuenta de las grandiosas fuerzas de mi Goku y simplemente se rindieron —Dijo la morena, adaptando de inmediato el nuevo nombre del Saiyajin, tomándolo por el brazo una vez más.
— Pues lo dudo mucho —Murmuró Bulma comenzando a acercarse a la inmensa mansión.
Contrario a lo que ella creía, nadie la detuvo al intentar ingresar a la Corporación Capsula. Tecleó un par de veces diferentes códigos de ingreso y gracias a sus habilidades como hacker, logró finalmente abrir la puerta y luego de hacerle una seña al resto, todos ingresaron detrás de ella a la mansión. Para su sorpresa el lugar estaba desértico.
— Qué extraño —Espetó Bulma mientras avanzaba por un largo corredor— Entiendo que unos cuantos soldados hayan desertado de su servicio después de la aparición de Goku, pero esto es demasiado.
— Te lo dije, mi Goku es mucho más fuerte que todos ellos y no pudieron evitar huir de aquí.
A Bulma comenzaban a molestarle las constantes irrupciones de Milk para nada más que alagar al hombre a su lado y no aportar un comentario más sustancial a aquella situación.
— Se ve que sabes muy poco sobre la Patrulla Roja —Culminó molesta. No en vano había pasado años presa de aquella organización. Sabía de primera mano cómo se dirigían y no era propio de ellos rendirse de esa forma.
Mientras caminaban corredor tras corredor la peli azul empezó a reconocer poco a poco cada pasillo y logró llegar a aquella puerta que la llevo hasta aquel General de ojos celestes meses atrás.
El suelo estaba atestado de papeles, jarrones y vidrios rotos. En cuestión de segundos y bajo sus narices toda la organización que yacía en aquella instalación se había esfumado.
La científica de ojos azules sabía perfectamente que no se trataba de un cese de actividades por parte de la Patrulla, si no que más bien el líder había ordenado una retirada hasta nuevo aviso. Antes que sacrificar a más de sus miembros, encontraría los puntos débiles de su enemigo y atacaría de otra manera en el momento en el que estuvieran más preparados. Por otro lado Bulma estaba un tanto decepcionada, realmente esperaba ver el rostro que le impartió tantos momentos de dolor y resentimiento. Y de una vez por todas darle fin a esa siniestra etapa de su vida.
En poco tiempo concluyeron la revisión de Capsule Corporation y determinaron que la armada se había retirado. Los humanos estaban satisfechos, todos con excepción de Bulma, quien no lograba ver a través de los planes de la Red Ribbon.
Puar añadió que quizá la acción más conveniente y próxima a realizar era la de liberar a los antiguos dirigentes del planeta y comenzar a reconstituir su civilización. Los maestros coincidieron y pidieron que por seguridad Goku los escoltara, con su compañía no sería ningún inconveniente. Pero a medida de que continuaban su ruta notaban que todas las bases militares más importantes del planeta estaban desoladas.
En menos de una semana el presidente de la Tierra estaba comenzando las nuevas transmisiones a los terrícolas agradeciendo la ayuda de Goku y sus compañeros por la liberación del planeta y la abolición del golpe militar.
La Corporación Capsula regresó a las manos de la familia Briefs, y tal y como Bulma había anticipado, su padre y madre emergieron de su improvisado escondite, sanos y salvos al anunciarse la victoria. Sin embargo el Doctor Maki Gero no regresó, lo que llevó a la jovencita a creer que quizá había sido capturado nuevamente y asesinado. Única vía posible según ella para no presentarse nuevamente.
Ya habían pasado cuatro meses y medio desde aquel Día en el que gracias al Saiyajin antiguamente llamado Kakarotto, la Tierra había vuelto a ser lo que un día fue. Poco a poco el planeta comenzó a reconstruirse y las personas a vivir más en calma.
La enorme Corporación aún no había sido del todo remodelada, aunque el jardín de la señora Briefs fue una de las primeras partes en ser construida nuevamente.
La aventurera Bulma Briefs recorría lentamente la habitación que presumía ser la oficina del líder de la organización. Al parecer no se había marchado sin antes destruir gran cantidad de sus papeles y objetos. Esa habitación había sido recorrida por ella una vez con anterioridad pero al encontrarla tan falta de evidencia que dejara al descubierto el escondite de los miembros de la Patrulla, decidió que no sería de mucho continuar investigándola.
Ese día Bulma inspeccionaba la mansión para continuar las remodelaciones. Ingresó en la percudida oficina y se sentó en la enorme silla, notando inmediatamente lo alta que había sido ajustada. Luego de reacomodarla más a la medida de sus largas piernas se giró a un lado próxima a un cajón y encontró una de las pocas carpetas que no había sido reducida a cenizas. Luego de abrirla se encontró con una fotografía de su padre, adjunto a ella encontró una pequeña reseña de su vida y un examen que parecía ser redactado por algún psicólogo. En la siguiente estaba su propio rostro y por curiosidad leyó lo que tenían para decir de ella.
— ¿¡Emocionalmente inestable y demuestra manifestaciones de ira reprimida!? —Cuestionó al artículo, molesta, y arrojó el folio al suelo para luego cruzar los brazos.
Las hojas del folio se regaron por el suelo y cuando la escandalosa mujer abrió los ojos se encontró con el familiar rostro del Doctor Gero, su viejo compañero de laboratorio. Sin más se agachó y tomó la hoja entre sus manos para disponerse a leer y quizá encontrar algo que lo llevara a su escondite, de continuar con vida.
La mujer se impresionó de sobremanera al leer lo que la misma Patrulla Roja tenía para decir sobre él.
Dr. Maki Gero: Ex miembro de la organización, vetado y confinado a trabajos forzados bajo vigilancia las 24 horas del día.
A pesar de los continuos descubrimientos en la gama de la biotecnología otorgados por Gero, nos hemos encontrado en la obligación de relegarlo de su actual cargo y enviarlo a instalaciones de alta seguridad.
Su cuestionable juicio e inestabilidad les han costado a la organización la baja de siete de nuestros más antiguos miembros. Las insanas investigaciones y métodos del Doctor Maki Gero son una constante amenaza para la Patrulla. Por lo tanto será enviado a las facilidades de Corporación Capsula y cada uno de sus proyectos será supervisado y monitoreado a toda hora. A pesar de su innegable talento, nos encontramos frente a un individuo peligroso y demente.
Continuará…
N/A: ¿Qué les ha parecido? Simplemente no podía dejar que el Dr. Gero siguiera pareciendo un buen ciudadano. ¡Nos leemos en el próximo capítulo! Y sí, ya llega nuestra primer escena Bulma y Vegeta! 3
Nadeshico023
