Inspirada en la canción Gravity, de Sara Bareilles.


.Gravedad.

Lo podría haber ayudado.

Algo siempre me lleva hacia él, me jala, me empuja, me absorbe como una fuerza de la que no puedo zafarme. Nunca tarda demasiado en aparecer.

No importa lo que haga o lo que diga, todavía lo siento aquí conmigo hasta el momento en que me doy por vencida y me voy a otro mundo. Esta guerra no tiene sentido para mí.

Quizás antaño me hubiera divertido, pero, ¿qué de divertido puede haber en esperar asustada todos los días a escuchar su nombre en la lista de muertos que anuncian por la radio? ¿Qué de divertido hay en hechizar a los de primer año, maldecirlos, torturarlos, dejarlos inconscientes, si no hay nadie aquí para celebrarlo; si ahora es cosa de todos los días? El castillo ya no es divertido.

Ser una Slytherin ya no es divertido.

Se respira un aire mohoso, guardado y putrefacto.

Y cada noche él regresa, me toma en sus brazos sin tocarme, me mantiene encadenada sin cadenas, como víctima de un encantamiento. Me tiene aprisionada.

Nunca quise nada más que ahogarme en su amor.

Sin embargo, esto me ha llevado hasta aquí. Hasta nada.

Quiero que me libere, que me deje ir, no quiero caer ni por un momento en esa fuerza de gravedad que me empuja hacia él. Yo aquí estoy, erguida, como se supone que debo estar, pero él está sobre mí y en todo mi ser.

Quizás le gusto porque soy frágil.

Yo creí que era fuerte, pero cuando él me toca por un rato toda mi frágil fuerza se evapora, como un hechizo del cual el profesor Flitwick estaría muy orgulloso.

Y estoy aquí en mis rodillas, tratando de hacerle ver que él es todo lo que creo que necesito aquí en la Tierra, y aunque no es ni mi amigo y ni mi enemigo, al parecer no puedo dejarlo ir. Lo único que sé con certeza en este punto es que me está trayendo abajo.

Me está haciendo caer.

Algo siempre me regresa a él, me jala, me empuja, me absorbe como una fuerza de la que no puedo zafarme. Nunca tarda demasiado en aparecer.

Por eso ese mayo de 1998, cuando el Señor Tenebroso nos habla por primera vez en Hogwarts, mis piernas no tardan para nada en responder y mi voz en gritar que entreguemos a Potter. Porque sé que él va a venir, porque sé que pronto será demasiado tarde otra vez y volveré corriendo hacia él.

Él me ha dejado, y todavía no termino de entenderlo.

Cuando McGonagall nos ordena evacuar a las mazmorras, mi corazón se salta un latido y palpita desbocado. Siento esta fuerza, este empuje, este retortijón.

Y sé que él está aquí, porque todo mi ser quiere ir donde él, como la fuerza de gravedad que nos mantiene sobre nuestros pies.