Estoy triste de que esta historia haya llegado a su fin. Me hubiera gustado poder hacerla más larga, pero no le veo sentido, así que no quiero que se vuelva aburrida o pierda el rumbo. A pesar de que el final sea muy amargo y pueda parecer que falta algo, estoy feliz con éste y espero que sea de su agrado. Recuerden que la historia no es de amor o romance, sino de angustia. Soy buena escribiendo sobre angustia.

Gracias por llegar hasta aquí y espero que sigan mis demás historias.


Ahórratelo

Si fuera la misma Pansy Parkinson de hace ocho años, jamás se hubiera creído capaz de fumar en este instante.

"Draco" Quería gritar "Draco, regresa"

Pero él sólo la vio con unos ojos grises atormentados. La vio correr hacia él, con los brazos estirados, el cabello enmarañado y lágrimas en los ojos.

La guerra había terminado y todos estaban reuniéndose con sus seres queridos. Sin embargo, Draco Malfoy se mantenía inmóvil.

Y, después de unos segundos, cuando ella estaba a pocos metros de su alcance, él se dio media vuelta y caminó hacia sus padres, con expresión indescifrable, y juntos Desaparecieron.

Ella cayó de rodillas y escuchó su corazón hacerse añicos.

La vida le pasaba ante los ojos, dolorosa.

Parecía que todos estos años se había vestido en todo él, extendida a través de su vergüenza; todo el tormento y el dolor se colaban y la cubrían.

Haría lo que fuera por tenerlo para ella, sólo para ella.

Y ahora no sabía qué hacer, y él todavía la volvía triste.

Ocho años ya.

Exhaló el humo del cigarrillo, aquellos que siempre le habían parecido asquerosos y que ahora se habían vuelto sus mejores amigos y su única compañía. Sólo estaban ella, esa gran casa lujosa y vacía, aquel balcón majestuoso, su tumbona y sus cigarrillos.

Él seguía siendo su todo, el sueño no correspondido.

¿Y ella? Una canción que nadie cantaba. Él se había encargado de que ella fuera inalcanzable.

Ahora era como un mito en el que nadie creía, cuando todo lo que necesitaban para hacerla real era una razón más. Sólo una razón más.

Ella no sabía qué hacer ya, y ellos, todos ellos, siempre le ponían triste.

Dio un largo suspiro, tratando de tragar esos recuerdos amargos.

No debía dejar que eso se transformara en algo pesado en su vida.

A pesar de que fuera su vida entera.

Los momentos en que habían anunciado en El Profeta la unión de Astoria Greengrass con Draco Malfoy, los planes, la boda, y ahora… el nacimiento de su primer hijo.

¿Cómo alguien podía aguantar todo esto? No creía que fuera mágicamente posible sobrevivir a dicho tormento. Un vacío… sí, un hueco en medio de su pecho. Un agujero de plomo, pesado, que duele, arde y escoce, que le presiona y le retuerce. Un agujero lleno de aire, que le hace soplos el corazón, que es tan ligero y agudo que lo respira y le estremece.

Él ni siquiera se había tomado la molestia de volver a hablarle después de ese día.

Ni una excusa, ni una disculpa, ni una explicación. Draco Malfoy no se había tomado la molestia de comprobar que ella seguía con vida.

El día en que su corazón se rompió completamente.

Año tras año juntaba los pedazos, los recogía y los armaba juntos de nuevo, pero nunca encajaban; no volvía a ser igual. Otros años, se hartaba y volvía a romper en pedazos aquellos pedazos que ya tenía, los estrellaba contra el suelo, destruyéndolos con sus propias manos y llorando noches eternas. En los últimos años, se había dedicado a ignorarlos, a apilarlos en un rincón en el fondo de su armario, convirtiendo toda esa tristeza en amargura, es desesperanza e infelicidad.

Pansy Parkinson siempre había estado ahí para Draco, siempre le dedicó cada segundo de su vida. Se dedicó a cuidarlo, a mimarlo, a odiarlo y a amarlo. ¿Y ella? No había obtenido nada, sólo un corazón roto y una vida sinsentido.

Sin embargo, no lo odiaba. No, su amor era demasiado grande todavía.

Ella había sido su primera admiradora, su primera amiga, su primer beso, su primera vez. Siempre había estado antes que todas, pero había acabado de última; porque nunca fue su primer amor.

De pronto todas las palabras que él le dedicó un día no valían nada. Todos los recuerdos que atesoraba no significaban nada. De pronto se puso a pensar en cómo cada instante que pasó con ella, él en realidad estaba practicando para dárselo a alguien más. Y todo lo que podía pensar Pansy era en que debió ahorrárselo para Astoria.

Ahorrárselo para ella.

FIN