Viviendo entre sombras
Capitulo 13: Torturantes pensamientos.
La joven científica abanicó su rostro con una hoja de papel en blanco. Las diminutas gotas de sudor caían copiosas por los surcos de sus agraciadas facciones. Pasar horas y horas encerrada en un laboratorio construido en el subsuelo no exactamente su idea de cómo pasar un domingo. Después de tres largos días y noches investigando y testeando diferentes tipos de combinaciones químicas para dar con el resultado exacto del combustible de la nave Saiyajin, Bulma comenzó a pensar que quizás hubiera sido más fácil crear una nave con mayor velocidad. Idea que luego se borró de su mente ya que la única manera de hacerla más rápida sería con un combustible nuevo o una cantidad exagerada de él. ¿¡Cómo diablos es que ese pequeño compartimiento les es suficiente para viajes intergalácticos!? Lo más triste sería revelarle a Vegeta que la combinación de elementos probablemente no existiese en ese planeta… y quizás ni siquiera en el sistema solar.
Bulma se imaginó a sí misma, cruzando el corredor, acomodando el azulado mechón de su cabello detrás de su oreja como de costumbre. Mordiendo su labio inferior, juntando las cejas… apretando los puños.
— No lo pude conseguir Vegeta —Murmuró en ese sueño consciente.
Y esa mirada… esa mirada fría, vacía y llana que él tenía le erizó hasta la medula. Toda la cantidad de atrocidades que debió haber cometido, ella no podía ni terminar de imaginar. Pero si se dio una pequeña idea cuando a la hora de haber llegado ya habían acabado con un gran número de vidas.
Al pensar eso Bulma se afligía un poco, era consciente de todo el dolor que esas personas debían estar pasando, las familias, la devastación. El solo aterrizaje de Tarble y Bardock debió de haber tomado la vida de algunas personas inocentes y ellos jamás se voltearon a pensarlo. Incluso el niño más pequeño obviaba esos detalles que a ella le provocaban escalofríos. Tanto era el remordimiento que sintió que sus ojos se empañaron ¿Y si hubiese sido su madre? Era demasiado… y ella misma les daba cabida en su hogar a esa horda de asesinos. Después de lo que ella había vivido… creía que su planeta ya había lidiado con suficientes muertes.
Pero no era hora de sentarse y abanicarse, tanto pensamiento era innecesario. Lo mejor sería poner manos a la obra y terminar esa tarea lo antes posible, de ello dependía su vida y la de su familia. Si el príncipe de los Saiyajins no se preocupa por su propio hermano ¿Qué importaría ella? Su sola función para él era procurarle los insumos necesarios para largarse aunque de no lograrlo tendría que idear un plan B lo suficientemente atractivo… Pero no habría plan B que valga en este caso, Vegeta se notaba un ser decidido y exigente. Y aunque ella era excesivamente autoexigente sabía muy bien que había cometido un grandísimo error al ponerse en aquella situación.
— ¿Cómo demonios? —Murmuró ensimismada rascándose la cabeza.
— ¿Ne-necesitas ayuda…? —La peli azul se sobresaltó, volteándose rápidamente para encontrar los oscuros ojos del pequeño asesino espacial— ¡Perdona! —Se disculpó inmediatamente acercando las palmas de sus manos a ella, para luego retraerlas avergonzado. Jamás había estado tan cerca de una mujer que no fuese servidumbre.— No era mi intención asustarte…
— ¿Asustarme? —Cuestionó, alzando el mentón— Sólo me tomaste por sorpresa… No es de buena educación saltar de esa forma sobre la gente —Le dijo altanera, observándolo por sobre su hombro. Aún no podía agitar de su mente todas las muertes que acarreaban esos sujetos sobre sus espaldas.
— Creí que me habías oído acercarme, no fui muy silencioso… quizás estabas muy concentrada en tu tarea —Tarble era sumamente tímido e inocente como para notar los modos de Bulma en ese instante.— ¿Sabes?... Pues… Quiero darte una mano, conozco muy bien la tecnología de mi planeta.
La científica frunció los labios, y muy a pesar de la desconfianza de la que se había formado, decidió bajar su guardia y darle una oportunidad al muchacho.
— De acuerdo, niño —Comenzó apoyando un brazo sobre el respaldo de su silla de escritorio— Acércate, aquí tengo diferentes combinaciones de sustancias que puedes encontrar en el planeta. Debemos buscar la fórmula adecuada y que genere la misma combustión que la que utilizan en tu planeta… O al menos una similar… —Continuó mientras Tarble tomaba asiento contiguo a ella. Rápidamente tomó de la mesa un lápiz y resolvió un par de ecuaciones ante los atentos ojos celestes de Bulma.
— Conocen nuestro idioma… —Concluyo ella sonriendo levemente.
— ¿Eh? —Dijo algo sonrojado— Pues sí… verás, tu idioma y escritura son comunes en más de un planeta en esta galaxia… la verdad sé varios idiomas —Concluyó avergonzado, sin dejar de resolver las ecuaciones.
Bulma no podía quitar su vista de encima del pequeño guerrero. Tampoco podía olvidar la forma en que sus naves destruyeron buena parte de la ciudad y de la vecina. Mucho menos la tranquilidad con la que se pasearon por sus alrededores y la serenidad en su mirada. ¿Qué tan diferentes podían llegar a ser sus valores de los humanos? Parecía ser que Tarble no notaba las vidas que se habían perdido ni la importancia que conllevaba.
Entre tanto debate interno la mujer de cabellos azules no notó la manera tan acusante en la que lo estaba mirando en ese instante. Con el mentón en alto y los brillantes y vivaces ojos a media asta, con un brazo detrás del respaldo de su silla, fraguando pensamientos en cada respiración. Intimidándolo.
El pequeño príncipe obviamente notó la descarada manera de ver de aquella muchacha, o mejor dicho la reconfirmó, ella lo examinaba a fondo cada vez que lo tenía cerca. Asumió así que cada vez que la tuviera a esa distancia tendría que soportar aquel examen visual. Tenía que aceptarlo, era una científica que jamás había tenido ocasión de conversar con un ser de otro planeta, cuando él convivió con más de cien durante toda su vida.
— ¿El problema es el nivel de combustión?
— Exacto, la única forma de conseguir su velocidad es con una cantidad exagerada de gasolina, son demasiados recursos que terminarían agotándose en la primera parada.
Tarble levantó la mirada como si acabara de tener una epifanía. Saltó entre recuerdos de lo que había ocurrido meses atrás y perplejo volvió el rostro a su mano, encontrándola desnuda.
— Oye, ¿te sucede algo? —Preguntó Bulma, acercándose extrañada— ¿Estás bien pequeño?
— ¿Eh? —Dudó él— Eh-h ¡sí! ¡Muy bien! —Le dijo sonriendo empuñando esa mano falta de guante. No faltaron más segundos para que el joven decidiera levantarse de su silla y dirigirse a la salida.
La mujer no objetó nada ante su partida, solo volvió su rostro a la ecuación incompleta sobre la mesa y frunció su ceño preocupada, era inevitable el estado de tristeza que la embargo en aquel instante. No era típico de ella dar todo por perdido pero cada vez se le hacía más difícil ver la luz al final del túnel. La científica dejó caer su cabeza y acaricio suavemente su frente.— Debes calmarte Bulma, si te pones nerviosa no notarás que la respuesta esta frente a tus ojos.
La minuciosa mirada del príncipe de la especie Saiyajin merodeaba por cada rincón de esa extraña residencia. Vegeta notó desde los pequeños rayones en las gafas del anciano Briefs, como la diminuta peca en el cuello de su mujer. El guerrero observó los forzados esfuerzos por darle calidez al ambiente claramente diseñado con otros fines. Ese lugar se parecía a los puestos de aterrizaje galácticos, ciertas áreas le recordaban mínimamente al interior de algunas naves antiguas. Obsoletas. Pero eran esos pequeños detalles que intentaban darle otro aspecto al recinto lo que capturaron una pizca de su atención. Las paredes blancas y frías, los remaches metálicos… las cámaras, no pasaban desapercibidas aunque se hallara junto a ellos un jarrón con una serie de plantas color rojo sangre en ellos. Algo notable en cada una de las rosas que yacían en ese depósito era su belleza, parecían recién regadas a pesar de haberlas notado durante su ingreso. Aquella extraña mujer rubia debía de tener mucho tiempo libre para regar los pétalos de sus flores, tan seguido.
Ciertamente Vegeta era un ser extremadamente meticuloso, observador, calculador y atento. Por sobre todo él estaba siempre atento.
— ¿Aún no duermes?
— Ni lo haré tranquilo hasta que nos hayamos largado de aquí, Nappa.
— Debes relajarte un poco, este planeta solo es estacionario.
— Lo que me molesta es no saber cuánto tiempo estaremos "estacionados" aquí.
— Lo sé bien. No hace falta que te repita de lo que es capaz tu hermano.
Vegeta bajó la mirada a punto de gruñir por lo bajo. Dejó de levitar un segundo para quedar totalmente apoyado sobre el techo esférico de la Corporación Capsula. Merodeo un momento por los alrededores analizando el suelo.
— Al menos no tiene un mal clima —Agregó innecesariamente Nappa imitando a su líder.
— No te cansas de comentar estupideces, así fuera un pantano o un desierto tarde o temprano Freezer nos encontrará y aquí, no voy a volverme más fuerte.
Fue entonces cuando el más grande notó realmente la determinación del príncipe por ser el más poderoso, y aunque por un lado se infló de orgullo, por el otro se intimidó por ese enorme deseo por superarse, entendió que su ímpetu pasaba de ser una virtud a su peor defecto.
Antes de poder agregar palabra alguna Vegeta ya se había largado. Imponentemente descendía por un lado del edificio y con determinación contempló su camino hacia los interiores de C.C.
Nappa se extrañó y le tomó un par de segundos entender que se disponía a hacer el príncipe de los Saiyajins. Continuaría insistiendo constantemente hasta que le dieran una solución.
Tan abandonada estaba la mansión a esas horas de la noche que lo único que se podía oír era el sonido de las gruesas botas blancas del nunca Rey, Vegeta. Cada minuto en aquel planeta parecían la más horrenda tortura, cada hora incrementaba las predicciones sobre la llegada de Freezer y sus escuadrones. Seguramente aún continuaban su búsqueda, seguramente sus propias tropas ya formaban parte de ellos, aunque parecía absurdo y descabellado esa era su ahora realidad.
La penuria del laboratorio lo desconcertó, estaba seguro de aquella muchacha terrícola le había prometido surgir con una solución ¿Le había mentido? Una prominente vena se marcó en su frente. Ya estaba furioso.
Camino de un lado a otro entre las sombras del gigantesco laboratorio hasta encontrar a lo lejos un pequeño foco encendido. Allí estaba ella. Con el cabello alborotado y las manos manchadas de tinta, de brazos cruzados sobre el escritorio y la cabeza gacha, rodeada de papeles rotos, escritos y arrugados.
Vegeta entrecerró la mirada, ella estada profundamente dormida. Quiso gruñir y tomarla con una mano de los cabellos. Mandarla volando de un solo movimiento hasta el otro lado de la habitación y así despertarse con un brazo roto a continuar con sus labores. Tal vez podría ser más retorcido y desmembrarla antes de que ella pudiera siquiera notar su presencia. O más misericordioso y matarla mientras sueña… Vegeta deseaba mucho su muerte.
Bulma ya casi nunca soñaba por las noches, solo tenía pesadillas macabras y sangrientas. Más de una noche dormía con miedo, miedo de volver a vivir un viejo instante durante la noche y recordar todo el dolor que la dictadura de la Red Ribbon los hizo vivir a ella y a su familia. Esa noche no sería la excepción.
— Come rápido muchacha, no tenemos todo el día para esperarte.
— ¿Crees que lo que me dan de comer es delicioso?
— Aun debes darte una ducha antes de ir a trabajar, apestas.
— Huelo mejor que tú, y sólo me dan una ducha a la semana.
Bulma sintió como jalaban de su camisa por la espalda y rápidamente ella cayo de su silla y junto a ella el plato de comida, con una mezcla amarillenta y grumosa en él. La mujer sabía exactamente a lo que la conducía diariamente el exceso de parloteo con los oficiales, pero su genio podía más que el miedo que en ella provocaban, o los castigos que podría llegar a ganar.
— Atrévete a faltarme el respeto de esa forma otra vez, mujerzuela —Le dijo el oficial tomándola otra vez de la camisa por el pecho.
Bulma bajo la mirada con los ojos mojados.
— Suéltame… —Murmuró.
— ¿Qué dijiste? —Le cuestionó el soldado acercando su rostro al de ella.— Dilo de nuevo, nena. Vamos.— Pidió él con una sonrisa retorcida. Pasó un segundo y la peli azul no se volteó ni respondió las provocaciones, así con su mano libre la tomó violentamente del mentón y la obligo a enfrentarlo.— Debes ser castigada.
La mujer nunca sabía que esperar de sus castigos, ya había sido denigrada una buena cantidad de veces como para perder ánimos soltar palabra alguna. Pero parecía que jamás aprendería una lección de todo aquello.
El enorme soldado la tironeo de un brazo y la alzó del suelo, prácticamente arrastrándola por el corredor hasta llegar a las duchas.
— Estás sucia —Le dijo señalando la camisa blanca con manchas amarillas de comida. Para luego con esa misma mano abrir el grifo del agua.— Báñate —Ordenó empujándola hasta la saliente de agua.
Bulma lo miró anonadad mientras el agua recorría su cabellera hasta llegar a sus tobillos.
— ¿Qué?
— ¿No me oíste? —Cuestionó acercándose unos pasos— Báñate, mujerzuela asquerosa.
Asustada, se dio media vuelta y comenzó pasando sus dedos por entre los mechones celestes de su cabellera. Mientras sus lágrimas se disimulaban entre las demás gotas se mordió los labios por aquella terrible humillación. El agua estaba helada y ya la sentía en cada centímetro de su cuerpo.
— ¿Normalmente te duchas con ropa? —Preguntó sonriendo.
— No… —Rogó ella en un pensamiento y su angelical rostro se marchitó, sin poder ocultar el horror que sentía.— Por favor, no… —Murmuró entre dormida mientras una lagrima cristalina recorría su mejilla. La tenue luz matizo la gota en todo su trayecto dejando a Vegeta boquiabierto. ¿Sabría ella en sus sueños las intenciones que él tenía?
— ¿Q-qué? —Susurró é,l en un tono aún más bajo.
— No lo hagas… —Lamentó la mujer frunciendo su bello rostro, con profunda tristeza.
Vegeta retrocedió un paso, sus macabros pensamientos cesaron y fueron suplantados por la duda, la incertidumbre y por sobre todo la sorpresa. Dio media vuelta sobre sus pies y marcho a paso veloz por entre los aparatos colados en el laboratorio, no quiso voltear a mirarla otra vez, toda aquella pequeña escena había sido por demás extraña. Solo dos seres vivos habían sobrevivido sus deseos de matar, Freezer, y Tarble, ambos eran blancos imposibles. ¿Pero ella?
— Te tomó por sorpresa —Se dijo a si mismo todo el camino hasta su habitación.— Quizás me engañó y no estaba dormida. —Se susurró incrédulo.— Esa mujer debe tener más artimañas ocultas. No volverá a engañarme otra vez…
Continuará…
N/A: Me alegraría mucho saber que están disfrutando de lo que con tanto trabajo y cariño, me he sentado a escribirles. Recuerden que mi tan esperada paga son sus simples saludos, es bonito saber que están ahí leyendo.
¡Saludos cordiales, mis queridos lectores!
Nadeshico023.
