Viviendo entre sombras
Capitulo 14: Sobrevivientes
El repiqueteo de sus uñas negras no cesaba, chocaba con firmeza, exasperado, la punta de sus dedos sobre la coraza de su transporte. Frunció su nariz y sus labios, también negros, manifestando notoriamente su indignación. El zafiro de sus pupilas rojas suspiraba odio. ¿Cómo podía ser posible que hayan escapado de sus manos? Los había subestimado.
— Esto puede tomarnos todo el día, Vegeta —Salió con malicia de sus labios sin moverse de su posición— Puedes decirme dónde están o puedo continuar con mi pequeño jueguito —No le quitó la mirada de encima al otro, que yacía encadenado del otro lado. A sabiendas de que, como todos, debía confesar luego de su tortuosa rutina.
Uno de sus ojos ya no respondía, probablemente había perdido la visión. Manchado de sangre seca y jadeando sus respiraciones, esbozó media sonrisa. Podía torturarlo todo lo que deseara, el Rey jamás traicionaría a su raza.
— Puedo amputarte un brazo, Vegeta. —Le dijo acercándose con su pequeña nave levitante— Puedo desmembrarte y hacer que los doctores de mi nave cierren las heridas para continúes con vida. Sabes que soy capaz. Incluso puedo cortarte los parpados para que tengas que observar cuando haga lo mismo a tus dos hijos —Fue satisfactorio para Freezer capturar la atención del Saiyajin. No le quedaba más remedio que hablar.— ¿Qué será entonces?
Vegeta por su parte contuvo el aliento, la criatura frente a sus ojos parecía haber salido del mismísimo infierno y las palabra "piedad" no significaba nada para él. Dolorosamente abrió la boca, las magulladuras de su cuerpo palpitaban y le contraían los músculos.
— Nunca… —Contestó y el Lord del vasto universo abrió los ojos, asqueado.
— Comenzaremos por cada uno de tus dedos, entonces.
No le mató luego de obligarlo a observar la explosión de su amado planeta. No, él no era tan misericordioso como para dejar al monarca irse al otro mundo de una manera tan simple.
FlashBack
El Rey cayó sobre su pierna derecha y alzó la vista. Aún con los huesos rotos de la restante, se irguió y ejerció presión sobre sus puños. Ya no había razón para doblegarse ante la voluntad del Lord. Freezer frunció el ceño.
No veía el objeto de continuar con ese juego. Lo más razonable sería inmolarse a sí mismo con una esfera de energía y acabar con todo. Por muy cobarde que sonara y por inconcebible que fuese para su raza. Aquel bastardo no tendría la satisfacción de llamarse su asesino. Sin esperar más comenzó a formar la esfera celestina en la palma de su mano, que le daría muerte.
— ¿Piensas atacarme con tan insignificante poder? —Rió victorioso— ¿Qué acaso no sabes a quién tienes frente a tus ojos? —Cerró los ojos y murmuró una risa burlona— Mi querido Rey... Entiendo tu desesperación.
Y él no era ningún estúpido. Con un ligero, casi imperceptible movimiento de su muñeca había cortado la palma del rey, obligándolo a cerciorarse si había sido amputada o no. Los ojos de Vegeta se abrieron desmesurados y se observó a sí mismo. No... su mano aún seguía ahí. Pero la esfera se había desintegrado.
— ¿A qué juegas, Vegeta? ¿Crees que eres el primero que se suicida antes de que pueda aniquilarlo? —Ronroneó una risa por segunda vez. — ¿Crees que alguno lo ha logrado?
Aún podía sentir la calidez de aquella devastadora explosión rozando su piel. Se giró con cautela y vio nuevamente los asteroides a los que había sido reducido todo su imperio.
— Hoy me siento muy bien ¿Sabes? —Dijo aunque parecía estar hablando solo, puesto que el otro estaba ensimismado en sus propios pensamientos— Destruí toda una monarquía con un solo dedo. Ahora junto a esos trozos de tierra que se pasean por la galaxia, yacen regados miles de Saiyajins desintegrados. Admito que me tomé mi tiempo en hacerlo. Ver a tus inferiores compatriotas tan esperanzados con nuestra alianza me provocó... algo de curiosidad. No mentiré, fue incluso gracioso firmar todos esos documentos inservibles. Me sirvieron durante un tiempo, colonizaron gran parte de la galaxia, pero sinceramente ya me tenían harto. Esas estúpidas leyendas de ustedes, esa arrogancia, esa mirada de tu hijo... Me asqueaba.
— ¿Qué pretendes? —Cuestionó finalmente el Rey.
— ¿Que qué pretendo? —Burlonamente superpuso a su labio inferior, su destructor dedo índice— Sólo te pedí que te arrodillaras, ya lo has hecho antes. No sé por qué pones tantos reparos en hacerlo ahora.
— Pierdes tu tiempo —Sonrió el monarca del destruido imperio. Segundo después cayó de bruces al suelo. ¿Podía sentir sus piernas? Con duda intento mover una, por suerte respondió instantáneamente, a pesar del indescriptible dolor. Se apoyó sobre sus codos y miró los rojizos ojos del miserable.
— Maldito...
— Ts, ts, ts —Dijo meneando la cabeza de lado a lado— Tu falta de cooperación amerita un castigo, estimado Rey.
Fin del FlashBack.
— Increíble —Musitó fascinado el joven calvo de mono anaranjado. La batalla de entrenamiento que libraban Kakarotto y su padre no tenía igual, no podía encontrar la más mínima similitud con algo que hubiese visto antes. Peñascos completos habían cedido a sus descomunales ataques, incluso los más temibles dinosaurios de la región habían huido espantados por los estruendos. Había pasado al menos una hora y los dos Saiyajines continuaban. Por la expresión de Bardock estaba más que satisfecho, su hijo había aumentado sus fuerzas en esos meses en la Tierra. Después de todo, su estadía allí no había sido todo un desperdicio. Incluso llegaba a su mente la idea de que había superado las fuerzas de su hermano mayor, no podía esperar volver a ver Raditz y que Kakarotto se encargara de darle una paliza. Si aún existiera el planeta Vegita probablemente se mofaría de todos los guerreros que lo habían menospreciado cuando niño, y durante gran parte de su adolescencia.
Bardock se alejó de su hijo con un salto y jadeante limpió el hilillo que paseaba por la comisura de sus labios. A pesar de respirar con dificultad y sentirse adolorido, estaba sonriendo. Goku, del otro lado, no estaba ni remotamente tan exhausto como parecía estarlo el mayor.
— Parece ser no desperdiciaste el tiempo, hijo —El aludido se irguió y asintió.
— Te sorprenderían las habilidades de los terrícolas —
Tal vez subestimarlos de esa manera era similar a lo que los Saiyas hacían con su hijo menor y con su consentido Tarble. Qué pequeña epifanía había abordado el guerrero.
Del otro lado Yamcha giraba su rostro a lo lejos y los regresaba a la épica batalla, sólo para repetir la acción capturando la atención del maravillado Krilin.
— Ella estará bien, Yamcha. Deja de preocuparte tanto.
El muchacho se ruborizó levemente, aún no terminaba de superar sus fobias y aversión a las mujeres, o las relaciones.
— Con esa boca dudo mucho que esté a salvo —Rió simulando despreocupación pero claramente tenía un buen punto.
— No olvides que Bulma es fundamental para los planes de estos sujetos. Si le hacen daño tendrán que quedarse aquí y no creo que esa sea su idea —Refutó el de menor estatura.
Sin importar la convicción con la que habló, cabía una ligera duda. Si Vegeta era tan temperamental como parecía entonces la muerte de Bulma tenía más posibilidades de ocurrir. Conociendo a su peli azul amiga, probablemente dijera algún disparate sin importarle las consecuencias, era sin lugar a dudas la mujer más inteligente del planeta, pero así también la más impulsiva. Con excepción claro de la versión platinada de Launch.
Yamcha por su parte luchó por quitar esos desagradables pensamientos de su mente. Le perturbaba de sobremanera saber que esos sujetos eran alojados en las instalaciones de Corporación Capsula. Sacudió su cabeza intentando retirar esas torcidas ideas y volver a la pelea.
— Tienes razón, ella sabrá manejarlos.
Romper su cabeza contra el escritorio parecía ser lo más factible en ese instante. Si tan solo hubiese sabido con antelación lo que ahora era evidente imposible, hubiera cerrado la boca. Ya suponía obvio lo ficticio de encontrar la combinación adecuada de componentes para crear un combustible ligeramente similar al utilizado por los Saiyas. De mantenerse propiamente callada, no habría limitado su tiempo de trabajo. Una semana para rellenar esos tanques de gasolina parecía un día para encontrar la cura de las peores enfermedades de la Tierra. ¿Cómo es que se había puesto en esa situación? Con lo inteligente que decía ser.
Por tan sólo tres cigarros, casi acaba su cajetilla nueva. Había pasado toda la noche encerrada en su laboratorio inmersa entre sustancias químicas de alta volatilidad. Dejó salir con desgana el aire grisáceo y entristeció su semblante.
— Ahora, por tu culpa Bulma, nos matarán a todos —Se dijo apesadumbrada. Sabía que lo último que podía hacer era rendirse, pero después de horas y horas de arduo trabajo científico su cerebro no formulo más que un "Es imposible". Probablemente la única manera de enviarlos lejos a la misma velocidad sería con una nave de mayor proporción de la que trajeron. Así mismo esa dichosa nave no podría ser construida en menos de una semana. Quizás los elementos que utilizaran no estaban dentro de su planeta, ni siquiera de dentro de la misma constelación o galaxia. — Maldita sea.
Las similitudes entre Bulma y Vegeta eran obvias a los ojos del menor de los príncipes. El insulto salido de sus labios lo hizo auditivamente más evidente. Tarble había sido suministrado por el excéntrico doctor Briefs, de un pequeño laboratorio. Él también había sido encomendado con una difícil misión. Tomándose un receso decidió revisar los avances de la mujer, pero encontrarla maldiciendo cabizbaja no fue muy esperanzador. Demás conocía a Vegeta, y sabía también que de no ser resulta la situación la mataría. No dudaría ni una fracción de segundo en quitarle la vida y proseguir por quien tuviese más cerca por la sola impotencia de no poder largarse.
La fémina se giró con tranquilidad y sonrió falta de ánimos.— ¿Tienes combustible para las naves de tu hermano? —Cuestionó bromeando a Tarble quien regresaba animoso luego de su extraña retirada.
El más joven guardó silencio. Un recuerdo había llegado a su mente. Un comentario de importancia que Vegeta se negó rotundamente a escuchar, pero que probablemente sería de interés para Bulma.
Una vez más analizó lo ocurrido, como un resumen mental de los últimos días. Sí, se había comprometido a ayudar a los Saiyas a salir del planeta cuanto antes. Sí, había logrado conocer un poco más de su avanzada tecnología al embeberse en su nave. Sí, había fanfarroneado al decir que lograría rellenar esos tanques y no lo había logrado hasta ahora. De pronto la prisa con la que energéticamente aquel príncipe añoraba largarse resultaba algo sospechosa. Bien había escuchado de Tarble que un tal Freezer había destruido su planeta y traicionado a su raza, que aquel ser era más fuerte que el llamado Vegeta y por lo tanto necesitaban entrenar hasta fortalecerse y enfrentarlo. También habían ayudado al jovencito a comunicarse con los demás para reafirmar su ejército. Pero... ¿Qué hay si el tal Freezer apareciera por la Tierra y ellos se encontrarán desprotegidos?
— Eso no sería para nada bueno... —Pensó. Obviamente Goku no era más fuerte que los que acababan de llegar, se suponía que el más fuerte de aquellos era el príncipe. Ergo, no podría ganar la pelea contra el tirano asesino de mundos. ¡Qué desdichada epifanía! Si los Saiyas se largaban evidentemente no podría asegurar el destino de la Tierra. Tampoco asegurar que Vegeta y compañía los protegerían, ellos deseaban largarse de allí. Evidentemente y sin lugar a dudas Freezer llegaría en busca de todos ellos y quizás su destino fuera el mismo que el de Vegetasei.— ¡Maldita sea! —Dijo presionando sus débiles puños.
— No te desesperes —Contestó a sus espaldas el joven Saiyan.— Quizás esto ayude —Sonriente depositó en el escrito una pequeña esfera rojiza. — La tomé del último planeta que conquistamos. Si no me equivoco los residentes las utilizaban y mercadeaban para la fabricación de armas pesadas. He visto como destruyeron la armadura de Nappa, que son prácticamente indestructibles.
Miró la esfera con detenimiento pero ante la duda evitó tocarla.— ¿Pasará algo si la fragmento? —
— No estoy seguro, pero deberíamos tener cuidado.
— Tendré que preparar toda una habitación para investigarla, si tienes razón quizás podamos manipular los componentes para el bendito combustible de las naves —Sin embargo no sonrió, la idea de verse nuevamente el una subversión planetaria no le hacía ninguna gracia.
— Creí que te alegraría más —Comentó confuso.
Inmediatamente notó su descortesía y sonrió ampliamente.— Perdona, es que he estado estresada. Muchas gracias Tarble, probablemente te debo la vida —Rió para sí antes de retirarse y acariciar con complicidad su espalda. Sin más se retiró a procurar una habitación y robots con la capacidad de manejar sustancias tóxicas. Sin darse cuenta del flamante rubor en las mejillas del joven Saiyajin.
Ciertamente a Tarble jamás fueron dadas tales muestras de aprecio, reprimido por su hermano y padre a socializar, siempre se vio inmerso a su propio mundo de saber. Tragó saliva con disimulo y observó su trayectoria al retirarse la mujer. Comenzaba a sentir cierta afinidad y compañerismo. Tal vez podrían llegar a hacerse buenos amigos. Y la idea de amistad para el joven secundario al trono lo abrumó. Jamás tuvo un amigo ni soñó tenerlo, simplemente aceptó su realidad y no se desanimó al conocerla. Después de todo, ni siquiera Vegeta tenía amigos. Tal vez sí los tenía su padre, pero el era mucho más diplomático de lo que pudiera llegar a ser su hermano mayor. Pero entre tanto pensamiento recordó que había dejado de lado su misión para darle una mano a la científica. A paso lento y seguro regresó con tranquilidad a la habitación en la que trabajaba antes de inmiscuirse en el trabajo ajeno. Miró el escritorio, seguían allí los cables y microchips desarmados en los que había estado concentrando su atención. Si sus cálculos no eran errados, con ese nuevo y mejorado scooter podría comunicarse a cualquier ordenador con transmisor que deseara y la frecuencia de emisión, en caso de rastreo, los llevaría a cualquier punto de la galaxia que deseara.
Luego de cinco horas estiró su espalda. Estar encorvado con una diminuta pinza, colocando pequeñas piezas milimétricas era una tarea que acarreaba un par de contracturas menores. Finalmente soldó una unión y miró satisfecho su nuevo y mejorado rastreador. Se sonrió y lo colocó sobre su oreja, hizo una rápida revisión de las opciones básicas del mismo y luego de que todo saliera como estaba estipulado, prosiguió con la más importante:
— ¿Alguien me escucha? —Pronunció y esperó. Las coordenadas al azar debían corresponder al de algún miembro de su especie. Al pasar unos segundos que para Tarble se hicieron eternos comenzó a escucharse una leve interferencia y una voz escondida entre los erráticos sonidos. — ¿Hola? —Llamó nuevamente y ajustó la señal
— Aquí Turles, reportándose.
Continuará…
N/A: Sé que acostumbro capítulos más largos, pero aún queda mucho por escribir. ¡Nos leemos!
Nadeshico023.
