Viviendo entre sombras

Capitulo 15: Agendas propias.

La tortuosa estadía en la Tierra estaba sentándole pésimamente a Vegeta. Con mucho esfuerzo dormía durante la noche y se despertaba antes de que el primer rayo de sol se arrimara contra la ventana de su habitación. Amablemente la señora Briefs les había brindado dos cuartos separados y no contiguos a los guerreros. Afortunadamente para Nappa, quien eventualmente terminaría siendo apaleado por los achaques de mal humor de su líder. Habían transcurrido ya cuatro días desde su llegada al planeta azul y a pesar de que el príncipe pretendía estar al pendiente de los supuestos avances de la científica que le daba hospedaje, no podía evitar sentir en su interior unas ansias desquiciadas por entrenar. De modo que ya ni siquiera se tomaba la molestia de ordenarle a su súbdito que se levantase de la cama. Inclusive él resultaba un estorbo, nadie se comparaba con su fuerza y entrenar con alguien débil tampoco significaba avance alguno. Esa mañana no fue la excepción. Su solitario entrenamiento en las montañas culminó cuando su estomago así lo decidió, era hora de regresar por alimento. Al entrar nuevamente a la Corporación Capsula sus sentidos se agudizaron. Su nariz se respingó y pudo oler perfectamente que de la cocina se exhalaba el aroma de algo asarse. Naturalmente se guió hasta allí y apoyó su enguantada mano en el marco de la puerta.

— ¡Oh! Me alegra mucho que este disfrutando de mi comida, muchachote.

— Nunca había probado algo tan delicioso antes —Contestó Nappa con una sonrisa.

— ¡Y espera a que pruebes las chuletas que tengo en el horno, y aún faltan los pastelillos! —La mujer canturreaba por la cocina sirviendo plato tras plato y levantando los que su escolta dejaba vacíos.

Una gota de sudor se desprendió de la frente de Vegeta. La escena ante sus ojos lo había dejado sin habla. Cada mañana Nappa se disponía junto a la escandalosa madre de Bulma y se desayunaba un festín mientras Vegeta vagaba en la soledad del desierto. Era cierto que aquella fémina de vigorosos bucles dorados estaba un poco desequilibrada ¡Pero vaya que cocinaba bien!

— ¿Me puedes explicar qué demonios estás haciendo? —Le cuestionó adentrándose en la habitación.

— ¡Joven Vegeta! Ven, siéntate por favor. Haz de comer algo tú también —Cordialmente le sirvió frente al otro que se había quedado completamente mudo.

El príncipe resolvió sentarse y comer. Era su propósito al dirigirse allí de cualquier forma. No pudo retirar su maliciosa mirada de encima de su lacayo, ¿Qué clase de forma de comportarse era esa?

— Buenos días, Vegeta —Saludó, incomodo.

El aludido bajó la mirada y se dispuso a comer. No valía la pena crear una discusión en ese preciso instante. De cualquier modo terminarían haciéndolo en algún espacio en el que pudiera aporrearlo con tranquilidad.

Tras procurarse un laboratorio acorde a sus necesidades se colocó unas gafas especiales y con un control envió a un robot con un brazo biónico a fragmentar la diminuta esfera que Tarble le había proporcionado.

Aún los escabrosos pensamientos del tal Freezer estaban presentes en su mente. Le dio forma y cuerpo al sujeto y solo lograba imaginarse esa figura de gran tamaño que la acechaba en sus sueños. Tal vez era él. Tal vez era su terror materializado. No había forma de garantizar el futuro de su amado planeta, y esa idea la perturbaba. Si esa pequeña esfera era la respuesta y todos ellos se marchaban, probablemente nadie podría hacerle frente a ese ser maligno que estaba encaminado a encontrarlos.

Con duda giró su rostro y observó la cámara gravitatoria que un tiempo atrás había utilizado gustosamente su amigo Goku. No tardaría demasiado en construir una más grande si pedía ayuda a su padre…

Se mordió el labio inferior, indecisa. No tendría tiempo para todo. Debía elegir. Una o la otra. Eventualmente moriría si ellos se largaban, de modo que proporcionarles el combustible estaba fuera de discusión. Por otro lado, si a Vegeta no le resultaba agradable su plan "B", también la mataría.

— Morir o morir, Bulma ¿Cuál eliges?

Era simple, al parecer su muerte era inevitable. La idea de tomar la muerte rápida no era más atractiva que la de esperar la inminente llegada del tal Freezer. De tomar la segunda decisión y aguardar simplemente se sentaría nuevamente a observar un espectáculo mayor al que la Patrulla les había brindado. Las ideas maquiavélicas del excéntrico Doctor Gero parecían más útiles ahora…

— No puedes dejar que se vayan… ¡Está bien! —Se dijo energética— Bulma Briefs no nació para rendirse, si es necesario no dormiré, pero esos bestias no deben irse de aquí.

Rápidamente se levantó de su asiento y regresó sobre sus pasos. La cámara de gravedad había estado inactiva desde hacía varios meses. La mujer rascó su cuero cabelludo y ladeó la cabeza. Frunció los labios y comenzó a maquinar lo que vendría de allí en adelante. Miro a los lados, probablemente tendría que adaptar toda esa ala del subsuelo si quisiera entrenar junto con el más grande. Quedaba un poco demasiado cerca de su laboratorio privado pero podría reforzar las paredes para evitar daños. Recorrió con la vista todas las soldaduras del techo. Era lo suficientemente alto para que pudieran volar con tranquilidad y lo suficientemente amplio como para saltar de un lado al otro en un enfrentamiento. Contaría una cantidad exorbitante de dinero hacer todos esos cambios pero tenía los recursos necesarios y suficientes robots para ayudarla. Tomó el móvil de su bolsillo y contuvo el aliento. Si empezaba con este nuevo proyecto debía estar completamente segura de que era la decisión correcta. Y su intrépida Bulma interior ratificó su idea. Era lo más adecuado.

Luego de procurarse un envío de materiales suficientes, puso manos a la obra y comenzó a trazar en un plano las modificaciones. Colocó un lápiz sobre su oreja y su azulado cabello cayó sobre éste. Tendría que sacar de allí todas esas mesas y proyectos a medio terminar, solo para amontonarlas en el lugar más cercano. Realmente no iba a dormir…

El Doctor Briefs no puso trabas a los planes de Bulma, lo que sí tomó en cuenta es que necesitarían un envió de cigarritos y un estéreo para ambientar la construcción. Inmediatamente tomó asiento junto a los planos y programó robots de ensamblaje para comenzar lo más rápido posible. Algunos estarían destinados a colocar los refuerzos en las áreas más altas y sensibles del recinto. Otros estarían colaborando directamente con los científicos a la colocación de paneles que incrementarían la gravedad dentro de la sala.

Con el transcurso de las horas su padre notó como el énfasis de Bulma por que todo fuera perfecto y rápido, se incrementaba. Sacó de su bolsillo un suave trozo de tela y sin descuidar el cilindro que pendía de sus labios, se quitó las gafas. Limpió el vidrio empañado y le dirigió una mirada preocupada a la joven.

— Si no te tranquilizas, tu madre te reprochará tus arrugas.

Bulma posó su mano sobre su agitada frente, para luego desordenar su cabello. — Y si me tranquilizo, no habrá Bulma a quien reprochar.

— Tranquilízate hija, aquel hombre estará muy feliz cuando vea lo que hemos hecho para él.

Por su parte ella sonrió incomoda, pero cortés. No podía mencionarle a su pacifico padre que aquel hombre distaba tanto de ser "feliz", que lo más probable fuese que no se dignara a agradecer y que existían chances de ser asesinada luego de mostrarle lo que con tanto esfuerzo habían creado para él. Tampoco se podía mostrar tan apesadumbrada a los miopes ojos del científico. Si bien parecía prestar más atención a la estación de radio, no era ningún atolondrado.

— Si es algún alivio, hace un tiempo he estado trabajando en unos robots para Goku. Son pequeños pero le resultarán muy útiles, son resistentes y rápidos, pueden rechazar y devolver las esferas de energía que ellos crean. Las más pequeñas al menos. Si te deja más tranquila, puedo hacer unos cuantos para estos muchachos también.

La peli azul sonrió — Eso sería de mucha ayuda, papá.

Él devolvió la sonrisa y regresó sus tan necesarias gafas. — ¿Quieres uno? —Ofreció su cajilla de cigarros y ella negó.

— No gracias, ya tendré tiempo para eso.

Las presentaciones en la casa de los Son ya se estaban haciendo habituales, la llegada desde el espacio exterior del padre de tan querido Saiyajin no pasó desapercibido a los ojos de sus ancianos maestros terrícolas. Muten Roshi, retiró su sombrero negro y lo apoyó en su pecho. Vestido con el traje de color oscuro que solía portar en ocasiones importantes, se inclinó levemente con emoción.

— Es un gusto conocerlo —Saludó el viejo con educación, notoriamente exaltado.

A su lado Son Gohan lo inspeccionaba de arriba abajo. Si bien se hizo llamar por Goku, "abuelito", sentía un poco de aprensión por conocer al otro guerrero. Pero al verlo y notar de inmediato las similitudes físicas entre ellos, sintió que su pequeña familia había adquirido un nuevo integrante. Se acercó un paso más al alto sujeto de piel morena y lo miró a los ojos con tranquilidad. Bardock devolvió la mirada al sujeto de escaso metro y medio y respetuosamente le hizo una reverencia. Era extraño, mostrar tal respeto a unos hombres tan débiles a comparación de él mismo, pero eran dos inocentes ancianos, y habían inculcado nuevas técnicas muy útiles a su joven hijo.

— Con que usted es Son Gohan, Kakarotto me ha hablado mucho de ustedes dos —Sonrió el saiya y Gohan se sonrojó bajando la mirada.

— Y usted es el padre de tan poderoso muchacho, debería estar orgulloso.

Por primera vez Bardock se infló, jamás en su vida alguien había hablado de esa manera de ninguno de sus hijos y hacía poco tiempo había comprobado, ciertamente lo poderoso que se había vuelto en tan poco tiempo.

— Creo que parte del crédito es de ustedes dos.

Muten Roshi fue carcomido por el rubor — ¿Qué dice? Bah, fueron unas simples enseñanzas, estoy seguro de que cualquiera las podría aprender —Bramó con humildad. Naturalmente hubiera llenado la habitación con exageraciones de sus habilidades, pero teniendo al frente a tan gallardo hombre se sintió profundamente alagado.

— Y ella es Launch, también es nuestra amiga —La esbelta señorita de bucles morados se acercó tímidamente, esbozando una sonrisa. Con una reverencia mostró sus sinceros respetos y se hizo un paso hacia atrás.

— Veo que conociste muchas personas, hijo —Su padre comenzaba a hacerse a la idea de convivir en paz con aquella especie, por lo menos el tiempo que fuese necesario. A pesar de ello no podía otorgarle su bendición a la pareja que había entablado. Si bien se había encargado de llenar la casa de alimentos para la reunión, si no era Saiyajin, estaba fuera de las normas preestablecidas.

Ella aparentemente haría todo lo que estuviese a su alcance para ganarse la aprobación de su suegro. Si había humana en la Tierra, digna de llamarse "esposa de Goku", sin lugar a dudas era ella. Era comprensiva, amaba las artes marciales, era un ama de casa perfecta y cuidaría de él y su hijo así tuviera que empeñar su vida en ello. ¿Cómo no verlo?

El ceño fruncido de Milk se hizo más notorio al ver que Bardock ni siquiera se dignaba a prestarle atención. El resto en la mesa había elogiado su tan preparada cena. Se había desvivido en la cocina para que ese hombre notara lo perfecta que era, y los tobillos que comenzaban a hincharse y los constantes mareos y olores fuertes que su embarazo le exageraban, no resultaban en ninguna ayuda.

— Esta exquisito, Milk. —Felicitó la delicada fémina en la mesa.

— Gracias Launch. Al menos alguien tiene la cortesía de notarlo —La irreverente mujer echó una mirada asesina al de piel morena, quien más allá de no oír el altanero comentario seguía comiendo con una expresión de desconcierto en el rostro.

Krilin a un lado, entre la de violácea cabellera y el anciano de gafas oscuras rió nervioso. El tiempo que había pasado junto con Goku y Milk era suficiente para saber que debía alivianar la situación si no pretendían comer fuera de casa.

— Creo que nadie quiere hablar con la boca llena —Dijo excusando el silencio— Launch tiene razón, tu comida es deliciosa.

Ligeramente más relajada, la perfecta ama de casa se sentó en la cabecera de la mesa y sacudió una servilleta de tela para colocar sobre su regazo.

Del otro lado, el padre de Kakarotto ingería lentamente y masticaba más como un humano que como acostumbraba.

Era exquisita. En todas sus conquistas planetarias había visto miles de hembras de todos los colores y formas, pero sencillamente jamás había tenido la fortuna de posar sus ojos sobre tan delicada criatura.

Su diminuta cadera y menuda espalda cubierta por esa salvaje cabellera brillante. Sus enormes ojos púrpura, que a pesar de ser oscuros tenían ese destello de ingenuidad. De llegar a tocarla con demasiada fuerza probablemente la quebraría a la mitad, era una perfecta porcelana sonriente.

Si el planeta Tierra hubiese sido entregado por Kakarotto como se suponía, ella sería una de las esclavas con prestaciones sexuales más cotizada del mercado. Con delicadeza corrió sus bucles detrás de su espalda, era simplemente perfecta. Cada movimiento era angelical.

— ¿No te gusta la comida, papá? —Cuestionó el desatento esposo de Milk al ver lo lentamente que comía.

Momento en el que su padre se dio repentinamente con sus inapropiados pensamientos. Frunció el ceño y regresó con más atención a su atiborrado plato de comida. Esa mujer probablemente no sabría usar ni par de tijeras, un hombre como él solo podría encontrarse bajo esos comentarios mentales con una Saiya poderosa. Es más, ni siquiera podía tener ese tipo de monólogos interiores, demasiado blandos e impropios.

— Está bien —Culminó el ensimismado hombre.

¿Sólo bien? —Pensó el ama de casa con una vena palpitante plasmada en la frente.

En realidad estaba delicioso, inclusive más sabroso que sus acostumbradas cenas. Pero estaba tan absorto en su vulgar mente que contestó lo primero que se le vino a la cabeza y no fuera sobre aquella pálida hembra.

Lamentablemente no podía dejar de mirar de soslayo, sus pequeños brazos y delicadas maneras de comer eran sumamente atractivos. Bardock por poco se atraganta cuando la mujer se levantó de su asiento seguido de un cálido "Disculpen" y se estirara sobre la mesa a tomar un condimento. Su diminuto pantalón amarillo hacía incluso sus largas piernas torneadas verse más largas.

— ¿Me pasas la pimienta, Krillin? — Pidió el maestro Roshi, y el descuidado joven calvo se hizo con él, pasándolo justo frente a las narices de la volátil mujer.

Del otro lado Son Gohan abrió los ojos desmesuradamente y como era de esperarse el pimentero se cayó de su tapa. Todos los presentes apretaron las mandíbulas y los puños.

— ¡Cúbranse! —Gritó el abuelo de Goku y la polvareda marrón que se dibujó de pimienta en el aire hizo que Launch entrecerrara los ojos y respingara su diminuta nariz.

Tardó un par de segundos, pero los palillos que sostenía en su mano cayeron al suelo junto con su plato de arroz.

— ¡Atchú!

Nadie sabía con certeza dónde, de entre tan diminutas prendas que traía encima podría llegar a esconder semejante rifle.

Roshi fue el primero en salir corriendo a toda velocidad de la escena, esa rubia mujer de mirada gatuna parecía tener algo personal en su contra y probablemente recordaría su último problema de ropa interior. El cual, la desmemoriada de ojos violáceos había pasado por alto, para su fortuna.

Bardock alzó una ceja sin retirar las manos de sus alimentos, la preciosa criatura delicada se había transformado en una fiera platinada y de ojos verdes. Su mirada inocente había cambiado radicalmente, pasando de dulce a enchispada. Incluso su porte era diferente, la delicada muñeca de porcelana era ahora una musculosa y altiva guerrera.

La mesa y el plato de Bardock fueron destruidas por las balas al momento en el que la imponente voz de la fémina se alzaba con furia: — ¡¿A dónde crees que vas, viejo perverso! ? —Gritó y se subió a la mesa para luego saltar detrás de los pasos del susodicho.

No estaba seguro de que fuera del agrado de Bulma, pero era lo que había acordado con su hermano tiempo atrás. Se había comprometido a traer a los sobrevivientes de su planeta y realinear su ejército. Había logrado comunicarse con varios Saiyajins que al parecer, no se habían sublevado al todopoderoso Lord del Universo. Acarició su sien, aún no la conocía demasiado pero si lidiar con dos Saiyajin en su hogar ya le estaba costando mucho trabajo ¿Qué haría cuando tuviera frente a ella un desordenado ejército? Ya había entregado las correctas coordenadas de su actual ubicación he informado que se reunieran allí con su realeza. Le sorprendió escuchar cuan comprometidos con la causa sonaban los guerreros. Intentarían llegar allí a como de lugar, lo cual resultaba complicado ya que enfrentaban el mismo problema que ellos ahora. Falta sustancial de combustible. Al menos unos no se encontraban demasiado lejos y habían confiscado una base de otro planeta, acordando robar un par de naves más y embarcarse a la Tierra. Sabía que ese equipo de Saiyajins contaba con más de tres al momento de partir a su misión, pero no estaba seguro de cuantos habían sobrevivido en aquel inhóspito planeta y en cuanto tiempo llegarían.

— Espero que no nos causen problemas —Se lamentó el joven príncipe conociendo a la perfección a sus soldados. Con suerte Bulma encontraría la manera de mandarlos lejos y no armarían estragos entre la pacífica población. Debía también aceptar que demasiado bien se estaban comportando Vegeta y Nappa, y ninguna otra Capital del planeta había sido destruida.

— ¿No piensas dormir?

— ¿No piensas trabajar?

— Estoy en eso, es solo un descanso, créeme que no pienso dormir.

— ¡Ja! Creí que con la confianza que te tenías tendrías todo más que resuelto a esta altura ¿Nerviosa, humana?

Y sí que lo estaba, pero no podía dejarle oler sus miedos a tan fiera bestia. Bulma se había retirado unos minutos a la terraza de la Corporación, no era muy normal encontrarla allí a las tres de la mañana. Generalmente Vegeta vagaba por el techo mirando las estrellas sin poder dormir. Meditando qué planeta sería mejor para retirarse a entrenar, cual sería más resistente y menos inestable.

— Nerviosa no, tengo algo grande entre manos y créeme principito. Te va a encantar.

— Me parece correcto, después de todo trabajas para un príncipe. Ya era hora de que te pusieras acorde a la situación.

— Príncipe de los Saiyajins… pero Rey de los engreídos… —Murmuró Bulma arqueando las cejas.

Vegeta ladeó una sonrisa, a sus ojos no era engreído. Era sumamente realista.

— Deberías dormir un poco —Agregó sacando un cigarrillo de su bolsillo y junto con él, un encendedor— Y que ni se te ocurra —Comenzó mientras posaba el cilindro en sus labios e intentaba encenderlo, cuando frente a sus ojos pasó una furiosa ráfaga rojiza que rebanó su cigarro a la mitad. De haber pasado un milímetro más cerca, probablemente lo rebanado hubiese sido su dedo.— ¿¡Qué has hecho!? —Gritó girándose a su levitante encuentro.

— Ya te lo dije, humana debilucha. Esas porquerías te quitarán energías y debes estar enfocada en tu tarea. Esas ridiculeces déjalas para cuando me encuentre entrenando lejos de aquí —Cerró los ojos y bajó el mentón— Si es que se me antoja dejarte con vida —Agregó.

Pequeñas venitas se marcaron en la frente de la mujer de cabellera azulada. Ese sujeto podía ser tan pero tan irritante que por momentos solo se le apetecía enviarlo lejos y esperar paciente, fumando, con una sonrisa, la llegada de Freezer. Pero debía tenerle paciencia si pretendía que considerara la ligera posibilidad de proteger el planeta.

— No eres el único que se preocupa ¿Sabes? Y no me refiero a que me asusta que quieras matarme. Lo has dicho tantas veces desde que llegaste que me he acostumbrado a la idea. Quisiera que dejes de descargar tus frustraciones con mis cigarros —Vegeta no contestaría tan es insolente pedido, ni siquiera sabía por qué había entablado nuevamente una insulsa conversación con aquella mujer. Pasaron unos segundos que a él se le hicieron eternos y antes de que pudiera retirarse ella habló:— Sé lo que le ocurrió a tu planeta… —Espetó envolviendo su puño frágilmente en su pecho, Vegeta la miró extrañado— No me gustaría que sucediera con el mío. No creas que no entiendo por lo que estas pasando, yo también tuve que servir a alguien con malas intenciones.

— ¿Lástima, humana? —Bramó con duda sin deshacer el lazo de sus brazos.

— No, tonto —Contestó rápidamente rolando los ojos— Digamos que simpatizo con la situación.

— No te compares, mujer ordinaria. Nada de lo que hayas vivido en tu miserable existencia se comparará jamás con esta situación. No intentes ponerte a la altura, no sabes de lo que hablas —Sin mayor comentario denigrante por ofrecerle, se dio media vuelta y se retiro en la penumbrosa noche. Desvaneciéndose en un haz de vuelo.

Bulma sabía sobre existencias tortuosas y sometimiento. Lastimosamente no lograría hacer al príncipe empatizar con su situación. Para Vegeta solo existía el sufrimiento de Vegeta, incluso parecía distar del sufrimiento colectivo de los Saiyajins y el imperio derrocado. De la muerte de su padre y compañeros. A Vegeta parecía molestarle con severidad algo más que Bulma aún no llegaba a conocer.

Continuará...

N/A: Hola! Bueno creo que estoy subiéndome a los rieles de mi fic nuevamente, estoy poniéndole mucho empeño a mi ortografía u/u que siempre fue bastante horrible... en fin, en lo personal este capítulo en especial me gustó mucho escribirlo. La trama está regresando a mi mente y creo que así también van a ir saliéndome los siguientes caps, ¡estoy feliz! ¡Me ha gustado! Me encanta imaginarme todos estos personajes relacionándose. Hablando de relaciones… ¿Cómo se sentirían con un Bardock/Launch? Lo dejo a su consideración! A mí personalmente se me hace perfecto.