Viviendo entre sombras
Capítulo 16: "Plan B"
Sobó su ojo derecho, palpitante y acalorado. Llevaba casi dos días sin dormir, intentando encontrar la perfecta solución a su problema, con insomnio y preocupaciones acumuladas. Por un lado había un nombre que resonaba en su mente, aunque nadie se hubiera detenido a explicarle en detalle, se imaginó un ser con la capacidad de destruís un planeta entero de una sola vez y se le erizó la piel. Freezer podría aparecer allí en cualquier momento y atormentarlos de maneras que jamás imaginaron. No sabía qué era peor, o tener a los prófugos de Freezer escondidos en su ahora pacífico planeta, o dejar que los únicos seres que aquel mismo tirano consideraba una amenaza latente, se marcharan y los dejaran a la intemperie.
De una u otra manera, la Tierra estaba en desventaja.
— No puedo permitirme que Vegeta se marche —Se dijo apesadumbrada.
Miró a su derecha y allí estaba, juntando nada más que polvo, la vieja cámara de gravedad que su padre había ayudado a crear para el uso de Goku. El Dr. Briefs también había ofrecido un útil, nuevo invento. Unos robots con la capacidad de devolver pequeñas esferas de energía y ahora que lo pensaba, tal vez esa combinación le resultaría atractiva a los saiyas. Entrecerró la mirada y se esforzó por recordar la reacción de Tarble al verla, y no, él se mostró sorprendido, es decir que no llegaría a Vegeta con una oferta insulsa. Si bien estaban adelantados en tecnología, al parecer nadie había sido tan innovador como ella.
Tomo aire, determinada y se arremangó las mangas, fue por un equipo básico de herramientas y se dio paso al interior de la Cámara de Gravedad.
Al cabo de unas horas, apenas si podía ver con claridad. Necesitaba urgente de un par de horas de sueño profundo y regresar revitalizada para continuar con su pequeño "plan B". De modo que lentamente se retiró del recinto y caminó a paso cansado hasta su dormitorio. Tan cansada estaba que de sólo reposar su cabeza sobre la almohada, se durmió profundamente.
— Tanto esfuerzo —Pensó— Tanto esfuerzo para nada —Se dijo nuevamente, y con una notoria vena remarcada en su frente se quitó la servilleta del regazo y la dejó con fuerza sobre la mensa. Levantó con un poco de dificultad su embarazada humanidad y comenzó a levantar los platos sucios y rotos. Esquivó un trozo de comida pisoteado y como la buena esposa que era, se dispuso a dejar todo como nuevo.
Launch había sufrido nuevamente su extraña transformación, luego de que, en un descuido, Krilin dejara caer un frasco de pimienta frente a su rostro. La rubia y alborotada contra parte de la pacífica morena violácea, se había abierto paso por entre los platillos que con tanto ahínco, Milk había preparado para dejar boquiabierto a su suegro, para luego, a punta de ametralladora perseguir al anciano Roshi vociferando lo pervertido que éste era.
Por otro lado, lo único que dejó boquiabierto a Bardock fue la fémina en sus dos formas. Tanto la dulce y delicada muñeca de porcelana que le presentaron, como la alocada y musculosa guerrera de cabellos platinados que se retiró escandalosamente de la mesa.
Bardock estaba incómodo, tal vez las hembras humanas poseían alguna especie de afrodisíaco que turbaba el criterio de los saiyajines, de ser así como buen soldado que era, debía poner a salvo a la realeza y dar aviso, de no ser así quedaría en ridículo al demostrar su absurdo y repentino interés por aquella extraña mujer.
El soldado gruñó y desvió la vista a un sitio incierto.
— Lo siento, padre. Te prometo que la próxima vez comeremos con más tranquilidad.
Bardock le dirigió la mirada y luego a la, antes preciosa mesa que su nuera había preparado. — Preferiría no volver a comer aquí —Espetó fríamente, lo que causó que la atenta mujer de cabello negro rompiera el plato que fregaba continuamente para dejar reluciente.
— ¿Acaso no te gustó la comida de Milk? —Le susurró su hijo.
— ¿Ah? —Musitó y sacudió, por supuesto que no confesaría su verdadera preocupación, lo mejor para él sería no volver a recaer en esos absurdos pensamientos que lo habían recorrido, minutos atrás.— Prefiero cazarla por mí mismo —Finalizó y se levantó de la mesa.
— ¿A dónde vas?
— A entrenar.
— Perfecto —Dijo su hijo y se apresuró detrás de él.
El príncipe vagaba por los alrededores de la Corporación Capsula, sin poder conciliar el sueño. La idea de que de un momento a otro, Freezer se hiciera presente ante ellos y no estar lo más remotamente preparados para recibir un solo ataque de su parte, era aterradora.
Ciertamente no quería sufrir el destino que los demás saiyajins habían compartido, ni terminar viviendo uno aún peor. Freezer era capaz de hacerlo pasar por el peor de los sufrimientos antes de darle muerte. Lo retorcido de su perversa mente ya había recorrido galaxias completas y vuelto para aterrorizar a miles de razas diferentes.
Vegeta tragó saliva y miró la luna a la mitad, que adornaba la noche de la ciudad. Gruñó levemente, no lograrían nada aún si Tarble lograba cumplir su palabra y recuperar al menos diez soldados, las fuerzas de Freezer y su ejército, eran abismales. Debería pasar el resto de su vida, prófugo, robando naves de otros planetas con la esperanza de no caer en alguno que yaciera bajo el dominio del Lord del Universo. Lo cual sería una lotería.
Su futuro era demasiado incierto.
— Deberías descansar mejor, Vegeta.
— ¡Já! ¿ya estar dormido para cuando Freezer llegue? Estás demente.
— No ha pasado el tiempo suficiente como para que Freezer nos encuentre.
— Eso no lo puedes asegurar —Contestó para finalmente retirarse.
Era cierto que debía descansar algo, al menos un par de horas y luego volvería a estar de pie para interrogar a la humana acerca de sus progresos.
Se regresó a la habitación que tan demasiado amablemente, la señora Briefs le había preparado para pasar su estadía. La penumbra de la mansión no lo confundió, ya sabía perfectamente cómo llegar a cada habitación aún con las luces apagadas. No era para menos, era un guerrero de elite. De modo que se encaminó a su dormitorio pero al abrir la puerta notó que la confusión era de otra. ¿O sería una insinuación?
— ¡¿Qué demo… —Se preguntó al verla allí, tan cómodamente recostada sobre su cama. — Mujer… —Pronunció confundido pero ella no respondió, simplemente se mostró acomodándose en aquella cama.— ¿Acaso pretende que yo… la…? —Tragó saliva, incómodo.
¿Podía ser tan vulgar? Comprendía que la mujer pudiera llegar a sentir deseos de compartir por unas horas, la cama con él. Pero jamás se le había cruzado por la mente que fuese capaz de cometer semejante insinuación. Realmente creía que esos constantes guiños que le hacía no eran más que costumbres de una humana corriente y sin clase, no que eran invitaciones para tener sexo.
Ciertamente estaba confundido, tanto que se ruborizó por un instante, allí expectante, aún con la puerta entreabierta.
Ella quería saciar sus más bajos instintos, ser suya por una noche y él se encontró ¿considerándolo?... ¡NO! No podía estar cayendo en esos indecentes pensamientos, ¡era una humana ridícula y vulgar! Pero ahí estaba, prácticamente envuelta para regalo esperando que el príncipe llegara para abrirlo y terminar con todo ese juego de miradas y mejillas sonrojadas.
Cuando Vegeta notó que se debatía a sí mismo qué debía hacer recordó también cuánto tiempo ya había pasado desde la última vez que recorrió su harén y nuevamente sus mejillas se prendieron fuego. Había pasado más tiempo del que habituaba.
Levantó la mirada y la miró otra vez, allí, acurrucada entre las sabanas en las que él descansaba. Gruñó por lo bajo y se preguntó si debía tomarlo como a la comida que le daban diariamente. Un "servicio" más, entonces medio sonrió, era su prostituta, su lujurioso servicio nocturno ¿y por qué no? Sólo debía asegurarse de que no quedara embarazada tal y como se acostumbraba en Vegetasei.
— Así que eso es lo que querí- —Comenzó cuando un sonoro ronquido lo interrumpió, borrando su pervertida sonrisa y reemplazándola con un rostro repleto de sorpresa mezclada con confusión.
Bulma se giró, dejando al descubierto sus inocentes bragas rosas y su aniñada forma de dormir. Vegeta miró la prenda rosa y rápidamente retiró la vista.
— ¡¿Qué estás haciendo aquí?! —Cuestionó en llamas.
La mujer se incorporó con los ojos casi cerrados, bostezó y se sobó los ojos.
— ¿Qué quieres, Vegeta? —Le preguntó mientras se rascaba la nuca.
— ¿Que qué quiero?, ¿qué es lo que tú quieres, durmiendo en mi cama? —Dijo sin mirarla directamente.
Las mejillas de la peli azul se tornaron carmesí.— ¿Que quiero en tu cama? ¡¿Qué dijiste?! —Replicó cubriéndose el cuerpo con las cobijas.
— ¡QUE SALGAS DE MI CAMA, MUJER! —Le gruñó el saiya.
— ¡¿Pero de qué —Bramó y miró a los lados, claramente esa no era su alcoba. Rápidamente se prendió de rojo por completo. Estaba recostada en la cama de Vegeta, muy cómoda y en pijama.
Apenada y sonrojada lo miró por un momento como esperando que le diera una solución a todo ese vergonzoso espectáculo.
Vegeta miró el rostro de la mujer que yacía cubriéndose en la que era su cama. Con los ojos cristalinos por acabar de despertar, el cabello azulado, revuelto y sus mejillas ardiendo. Tragó saliva nuevamente, sus lascivos pensamientos no tardaron demasiado en llegar y no quiso ser evidente. De modo que simplemente se dio media vuelta al compás de:— Hay más habitaciones en este loquero.
Bulma lo observó retirarse y regresó la mirada a aquella cama.
— Qué tonta —Se llamó y se regresó a dormir algo intimidada. Sin querer prestó más atención a aquella almohada y respiró profundamente. Así que ese era el aroma de Vegeta.
Bulma sonrió ligeramente antes de volver a quedarse completamente dormida.
— Qué tonta… —Se volvió a llamar.
Al día siguiente actuar como si nada hubiese pasado era primordial. Vegeta se sentía algo humillado, no había terminado de entender qué hacía esa mujer durmiendo en su cama si no era para dormir con él. Por lo visto ni siquiera tenía idea de en la cama de quién estaba durmiendo. No había sido nunca una insinuación, no era nada más que una mujer tonta que carecía del gran instinto de dirección que a él le sobraba. Aún así era un tanto humillante para él, habiéndose encontrado a sí mismo considerando desfogar tantos meses de abstinencia en ella y que al final de todo, ella nunca haya sido una opción. Lo más humillante de todo es que después de toda la duda, la respuesta parecía ser bastante positiva.
Bulma por otro lado seguía avergonzada, Vegeta la había encontrado en su ropa interior menos sexy y su pijama de domingo. Echada en su cama probablemente babeada y con medio cuerpo descubierto. Al pensarlo se cubrió el rostro y se decidió no volverlo a cruzar a menos que tuviera todo preparado para él. Regresó a instalarse dentro de la cámara de gravedad, totalmente decidida a aumentar su potencia.
Durante el resto del día Vegeta no se hizo presente en el laboratorio, sólo el padre del Bulma fue y volvió con los prometidos robots de combate. La científica se alegro al ver la cantidad que su padre había logrado preparar en tan poco tiempo. Al cabo de unas horas, limpió su frente con orgullo y se retiró de la cámara. Colocó un aparato que mediría el peso de la gravedad una vez activada y elevó su capacidad levemente hasta llegar al máximo. Con orgullo observó cómo el pequeño aparato se desmoronaba lentamente, incapaz de tolerar semejante peso.
— Si no se conforma con esto, entonces nada lo hará.
Ya por fin, luego de tanto tiempo dio un largo suspiro y apagó la Cámara de Gravedad. Se dio media vuelta, satisfecha y observó la pequeña, casi diminuta esfera roja que había colocado en un envase de máxima seguridad, junto con el resto que Tarble le había facilitado.
— Aún me quedan cosas qué hacer —Sin más preámbulo se encaminó a los contenedores y los cargó hasta una nave amarilla colocada estratégicamente debajo de una salida que se habría con un par de tecleos en un pequeño monitor empotrado a la pared. Rápidamente se subió a su nave y se retiró a un laboratorio alejado de la ciudad, diseñado especialmente al manejo de sustancias volátiles.
Tarble observó silenciosamente su trayecto y creyó sensato ir tras ella y acompañarla en aquella investigación que quizás pudiera resultar un tanto peligrosa.
Bulma no tardó demasiado en llegar al laboratorio en el desierto. Al igual que en su salida, tecleó ágilmente el código de ingreso y se dispuso a entrar, antes de oír a sus espaldas un atento:— ¿Necesitas ayuda? —El cual la recorrió como un espasmo y la dejó helada.
— ¿¡Por qué me asustas así!? —Le gritó con una mano en el pecho.— Casi me da un infarto.
— Lo siento —Musitó avergonzado y trató de esbozar una sonrisa.
— Ash —Se quejó— Está bien, entra. Seguro serás útil —Finalizó y le permitió la entrada.
Luego de que Bulma pusiera una de las pequeñas esferas dentro de una cámara sellada, se retiró para sentarse del otro lado del cristal reforzado. Dentro de aquella habitación blanca, Bulma dirigía un par de brazos electrónicos que copiaban sus acciones.
— Esperemos que no suceda nada mano cuando la fragmentemos —Dijo entusiasta y Tarble sudó frío.
Lentamente el brazo robótico se encargó de diseccionar la pequeña esfera, quitándole así una pequeña fracción que serviría para hacer un par de pruebas. El príncipe respiró con mayor tranquilidad ahora que esa etapa estaba terminada. La peli azul se sonrió confiada y luego giró la vista a él.
— Te dije que nada malo pasaría. No soy sólo una humana inútil, como dice tu hermano —Engreída, alzó el mentón y con orgullo se propició un par de halagos mentales.
El muchacho a su lado encontró graciosa toda la acción, sólo hasta girarse y notar que estaba a punto de dejar caer al suelo esa minúscula partícula de material volátil y peligroso, probablemente inflamable. Bulma giró su rostro al de él y notó su preocupación en una fracción de segundo, pero cuando se volteó a ver por su diminuta nueva fuente de energía, se había soltado del brazo mecánico y se dirigía directamente al suelo.
La mujer perdió el aliento y abrió los ojos desmesurados, si resultaba ser tan inestable como esperaban, todo el lugar explotaría en pedazos.
Cuando su scooter la detectó partir y detrás de ella el pequeño príncipe, Vegeta pensó que lo mejor sería seguirla y verificar de lejos que continuara con su investigación y no desperdiciara tiempo en estupideces. Como sea, pasar tiempo con Tarble, sería una pérdida de tiempo.
Al aterrizar la pequeña nave amarilla en el desierto junto a una pequeña instalación se imaginó que habría de ser una especie de laboratorio. La mujer cargaba un envase bastante grande entre sus brazos, y luego de ser sorprendida por Tarble, ambos ingresaron al recinto.
Era extraño, sin embargo. Se imaginó que una vez ya verificado que ella seguiría adelante con sus investigaciones, sería suficiente para marcharse. Realmente no deseaba tenerla cara a cara, recordando la estresante situación vivida la noche anterior. No tenía el más mínimo deseo de volver a ver ese color rozagante de sus mejillas, ni esa cara de inocencia probablemente fingida.
— No sé qué diablos sigo hacién- —Comenzó, pero un sonido familiar lo interrumpió. Volteó a su izquierda y el techo del laboratorio volaba por los aires, hecho añicos. La destrucción le era familiar, pero esa sensación que lo embargaba no lo era. Rápidamente bajó a la superficie y corrió unos pasos, cuando repentinamente un muró calló frente a él y se hizo un paso hacia atrás.
No lo pensó ni un segundo, la tomó entre sus brazos tratando de protegerla de las llamas y con toda su velocidad y fuerza se dio la espalda contra una de las paredes más cercanas esperando poder sacarla de allí antes que todo el sitio se desmorone.
Al caer, parpadeó un par de veces y sacudió la cabeza, miró a los lados y al verlo allí, parado frente a ellos, entrecerró la vista y sacudió nuevamente. Como si de una alucinación se tratara.
— ¿Hermano? —Cuestionó y un leve quejido llamó con urgencia su atención.
Bulma estaba cubierta de hollín, sus hombros y nariz cubiertos de ceniza negra. Sobó su nuca como lo había hecho la noche anterior y giró su vista al laboratorio hecho pedazos.
Extrañamente, sonrió.
— Oh ¡Por Kamisama! ¡ERES UN GENIO! —Exclamó y lo cogió entre sus brazos.
Tarble no pudo contener el rubor de su rostro al encontrarse sobrecogido entre los delgados y chamuscados brazos de la fémina. Lo extraño fue que por un segundo le pareció notar un leve incremento del ki de su hermano, pero al voltear a buscarlo él ya no estaba.
— ¿Realmente estuvo aquí? —Se preguntó, preocupado.
Continuará…
N/A: Volví otra vez. Para quienes venían siguiendo este fic y se encuentren con que no recuerdan NADA de lo que escribí porque soy muy mala ficker y actualizo cada muerte de obispo (aprovechando la renuncia de Benedicto sixteen), les comento que he corregido mis primeros capítulos para que no haya tanta diferencia de redacción entre esos, y los nuevos.
Estoy FELIZ, me vino una ola tremenda de inspiración y ya tengo todo planeadito para los próximos capítulos.
Quienes lean el fic "Terrícola con orgullo de Saiyajin", no se preocupen, cuando tenga tiempo también le dedicaré a ese, tuvo muy buena acogida por los lectores.
Sin otro particular me despido, y ustedes saben, el alimento de los fickers como yo, son ustedes, los atentos lectores y si te sobran 2 minutos, deja tu comentario y/o crítica. ¡Nos leemos en el próximo!
Nadeshico023.
