Viviendo entre sombras

Capítulo 17: Estratega.

En aquel instante, Tarble se cuestionaba si los gases emitidos en aquella explosión serían tóxicos o alucinógenos, porque la clara imagen de su petrificado hermano mayor no se le había pasado por desapercibida y continuaba intrigándolo.

De ser cierto que el príncipe Vegeta haya estado allí, junto a ellos, no tenía razón de ser. Si Vegeta hubiese sido testigo de cómo el techo del laboratorio salía disparado por una ráfaga de fuego, no se hubiese ni tomado la molestia de acercarse a verificar que él siguiese con vida.

Aunque por otro lado, entre sus brazos aún estaba la científica que lo posibilitaría a largarse lo más lejos posible.

— Esto es genial, Tarble. Ahora estamos totalmente seguros de que podremos sacarle provecho —Comenzó, levantándose del suelo.— ¡Tan sólo mira el desastre que provocamos con sólo una diminuta fracción de aquella esfera! —Exclamó empuñando sus delicadas manos chamuscadas— Lo único que debo hacer es construir un laboratorio más amplio y estoy segura de que en un par de días-

Bulma se detuvo un minuto y se preguntó a sí misma qué era lo que su planeta precisaba con más urgencia. Por un lado, una fuente de poder para enviar a los seres más poderosos que ahora habitaban la Tierra al otro lado del universo; o, por otro lado, unas fuerzas descomunales para protegerlos.

— ¿Hay algo mal?

— ¿He? —Musitó con duda, para luego sonreír con calidez y, con un movimiento de la cabeza, le negó.— Todo está bien.


Como de costumbre, su comportamiento le resultaba inaceptable. No conforme con llevar el apelativo de "príncipe" y portar, deshonrosamente tan patético poder de pelea, ahora se comportaba como el gran salvador, héroe de humanos.

No habían transcurrido ni siquiera veinte minutos dentro de aquel alejado y recóndito laboratorio, y todo el lugar ya había estallado en llamas.

Vegeta se sentía extrañamente intranquilo.

Luego de presenciar ese vergonzoso acto de heroísmo, se retiró a toda velocidad. Una parte de él se sentía que, nuevamente, Tarble no estaba cumpliendo con su rol primordial de Saiyajin, pero si fuese sólo eso lo que le perturbaba, debía recordar que según sus estándares, Tarble no cumplía los requerimientos desde su nacimiento.

Por otro lado, había otro sentimiento que lo incomodaba aún más, y era eso exactamente, el sentirse levemente incomodado por la demostración de afecto que aquella ridícula mujer humana, demostró para con su indigno hermano.

Tarble podía llegar a ser una especie de héroe entre los humanos, considerando lo patético de sus fuerzas…

Aun así el príncipe se sentía realmente extraño. Él nunca en su vida había sido, ni pensaba llegar a ser sombra de nadie, mucho menos de la alimaña que consideraba al menor. No importaba la magnitud de los descubrimientos que Tarble llegase a conseguir, sus logros o progresos, él nunca sería de tener en cuenta o consideración, en absoluto.

Vegeta no podía entender cómo es que durmiera por "error" entre sus sábanas y se demostrara cariñosa, a solas en el desierto a nada más y nada menos que Tarble. Definitivamente estaba loca.

No tenía idea de cómo eran las cosas, por supuesto. Ella debería besar el suelo bajo sus pies y vanagloriarlo, además de agradecerle eternamente la misericordia que le estaba demostrando diariamente al no asesinarlos a los dos juntos.

Repentinamente, como le había sucedido la noche anterior, se encontró disparando preguntas que no tenía sentido alguno hacerse a sí mismo. ¿Ella lo prefería?

— ¿En qué demonios pienso? —Se preguntó entre gruñidos.

— Si no lo sabe usted, su alteza.

— ¡Hmpf!

Tan ensimismado como estaba, no había notado la presencia de Nappa. Entre pensamientos de rechazo y autoindagación había aterrizado sobre los tejados de la Corporación Cápsula.

— ¿Ahora me espías? —Le cuestionó, irritado.

Nappa lo miró confuso sin seguridad de qué era lo que debía contestarle.

— Es que… lo noté algo alterado y sólo quería cerciorarme de que todo estuviera bien. ¿No tiene noticias sobre los avances de la humana?

— Ninguna —Contestó rechinando los dientes. De hecho, esa era su idea desde un principio, cerciorarse de que ella realmente estuviese viendo por su exigencia. En cambio ahí estaba, con Tarble, jugando al súper héroe.

— ¿Noticias sobre el príncipe Tarble o de Bardock?

Vegeta se quedó totalmente quieto y luego respondió:— Tarble ya casi no se encuentra bajo la tutela de Bardock, se la pasa detrás de esa humana loca.

— ¿Cómo dice?, ¿la de cabello rubio? —Cuestionó, preocupado.

El príncipe gruñó nuevamente, aún más incómodo que antes.: — ¿Qué… ¿rubia?, ¿de qué hablas, Nappa? Estoy refiriéndome a la científica —Corrigió— Al parecer ellos tienen esas estupideces en común y él se ha vuelto su perro faldero —Espetó cerrando los ojos— ¡Já! Ya parece mascota de humanos.

La expresión de Nappa se plagó de inseguridad, una diminuta gota de sudor nació en su calva y recorrió su marcada mejilla.

— Eso no es aceptable. A su padre no le agradaría.

— Pero él, probablemente esté muerto en este momento.

— Vivo o muerto, tiene el deber de prolongar la memoria de nuestro imperio —Replicó, su vasallo.

— ¿Y qué harás al respecto? —Preguntó, Vegeta, con una sonrisa ladeada.

— No permitiré que pase un minuto más con esa mujer. Le informaré de esto a Bardock. Es un estúpido, debió haber estado más atento. En cambio está jugando a la casita con su hijo, Kakarotto cuando debería estar vigilando del príncipe como su padre hubiera querido. No es para menos, si intentan aparearse y ella queda embarazada tendríamos que sacrificarla.

— ¡Hmpf! —Se oyó en la garganta de Vegeta, nuevamente. Una vez más se ruborizó por tan sólo un segundo, sin embargo no pudo regresarle la mirada al calvo.

— Veré cumplir con esto lo antes posible.

— Tarble simplemente vive para ser una deshonra.

Nappa hizo caso omiso del comentario de su superior y rápidamente puso manos a la obra en su nueva tarea, debería comunicarse con Bardock lo antes posible, y luego de la destrucción de su scooter, tendría que recordar dónde le señaló la vivienda de su hijo de clase baja.

En un santiamén, ese enorme hombre fornido se había retirado y lo había dejado a solas con sus pensamientos, cuando, revoltosa, una sonrisa victoriosa se coló en su rostro. Era un haz de la manipulación, en especial sobre el pequeño cerebro de Nappa.

Pero no pudo evitar, luego, enfadarse consigo mismo al verse envuelto en tal artimaña para evitar que aquella mujer de cabellos azulados, pasara más tiempo con su pequeño e inservible hermano. Sin embargo se dijo a sí mismo que eso distaba mucho de ser la razón por la cual se había comportado de esa manera. Sus móviles eran legítimos. Si Tarble se encontraba tan encariñado con esa hembra, bien podía terminar embarazándola y era, además de repugnante, sumamente inaceptable. Deberías matar a la mujer por cargar con el hereje y eso retrasaría totalmente su pedido.

En su mente ya todo se había dejado perfectamente ordenado de modo que no podría ni siquiera dudar de sí, sin darse una irrebatible y lógica respuesta. Entonces volvió a felicitarse, con una sonrisa.

Vegeta sin lugar a dudas, era un estratega.


Cada vez que un mechón dorado le caía sobre el rostro, rápidamente y con un movimiento certero, lo regresaba detrás de su oreja. Concentrada en su labor.

Con una franela naranja y sentada, en típica posición de indio, junto a un frasco de contenido similar al betún, untaba con ligereza sobre su arma de mano y frotaba. De vez en cuando dejaba salir la punta de su lengua por la comisura de su boca y, sin darse cuenta, sus ojos brillaban como si estuviera posando la mirada directamente sobre un enorme lingote de oro.

Al saiya se le escapaba de vez en cuando un ojo, curioso, durante su pelea de entrenamiento, para ver a la platinada dejar su ametralladora reluciente. Ya había visto que su poder de pelea era minúsculo, diminuto, nada comparado con el de cualquier hembra saiyajin. Y que se aferraba a esa ametralladora con fuerza y confianza cada vez que se volvía en esa efervescente personalidad. Supuso que su habilidad de tiro era lo que la hacía sentir segura y por ello se aferraba tanto al armamento. Su fortaleza estaba ahí.

En cambio, la otra parte, tan delicada e inocente como parecía era blanco fácil para cualquiera. Hasta el más inútil de los soldados podría atraparla y hacerla parte de algún harén intergaláctico, en el cual moriría después de su primer encuentro.

La quijada de Bardock se hizo a un lado, de forma brusca. Se vio obligado a retroceder, doblegándose ante el certero puñetazo que Kakarotto le acababa de obsequiar mientras él meditaba sobre cómo le iría a Launch si su planeta fuese conquistado. Tal y como se suponía.

Con el reverso de su puño se limpió el hilillo de sangre que goteaba desde su labio inferior. Se distrajo por unos segundos y su hijo por primera vez había logrado golpearle el rostro, cosa que nunca antes había conseguido.

Levantó la vista y ahí estaba, del otro lado de la arena con una sonrisa de satisfacción. Fue entonces que notó que, para Goku, ese golpe no significó ningún esfuerzo. Bardock jadeaba sus respiraciones mientras se recuperaba sin quitarle la mirada de encima a su hijo menor, mientras que el otro sólo mantenía su posición de pelea, implacable, nueva y humana.

— Me sorprende cómo has mejorado, hijo. Te felicito —Le dijo imitando su sonrisa de satisfacción.

— Las técnicas de los humanos son buenas, ayudan a liberar mucho potencial. No creí que fuera posible pero así es, fue difícil pero siento que estoy aumentando mi poder de pelea, aquí en la Tierra.

— Es bueno saber que no estuviste perdiendo demasiado tiempo con esa hembra humana.

Inmediatamente sintió un ardor en su nuca al finalizar esa última oración. Y con algo de duda, miró por el rabillo de su ojo.

Allí estaba, fulminándolo con la mirada.

— Oye, ¿qué dijiste de las humanas? —Cuestionó mientras se levantaba de su lugar, aún con su amada ametralladora entre las manos.— Yo te mostraré de lo que somos capaces las humanas.

Bardock enarcó una ceja y entreabrió la boca sin darse cuenta, balbuceó un par de monosílabos con una expresión que sólo podría ser definida como sorpresa.

Inmediatamente los dos ancianos se sujetaron de los brazos de la mujer, por poco terminando suspendidos en el aire.

— No le haga caso, señor Bardock. ¡Es una jovencita muy efusiva! —Se disculpó el abuelo Son.

— ¡Suéltame, viejo mañoso! —Le gritó la platinada a Roshi.

No faltó mucho para que detrás de ellos dos, se acercaran Krilin y Yamcha con la esperanza de apaciguar a la "hembra humana".

Irrumpiendo aquel océano de gritos de aquella violenta mujer de cabello rubio, las palabras de los ancianos y las poco tranquilizadoras de los otros dos discípulos, apareció la risa de Kakarotto. Con una expresión aún más extrañada, Bardock se giró y lo encontró sonriente. Con una mano en la nuca y los ojos cerrados.

— Perdónala, papá. Launch es algo temperamental —Su expresión aniñada no duró mucho. Retiró su musculoso brazo de su espalada y se giró levemente mirando al cielo con el ceño fruncido. — Alguien viene.

Su padre miró el cielo, con incertidumbre, al igual que el resto.

— ¿Cómo puedes saberlo sin tu scooter?

— Te enseñaré luego —Le contestó y a lo lejos comenzó a vislumbrarse la enorme figura de su compatriota.

— Es Nappa.

— ¡Ahí estás! —Gritó el soldado al de bandana roja y aceleró su paso entre los cielos. Rápidamente toco el suelo y se acercó con una áspera expresión en el rostro. Nappa estaba molesto.

Nappa no se anduvo con vueltas ni extendió lo que les competía, fue directo al grano.

— ¿Alejarlo de la hembra?

— Así es, Vegeta ha notado que la distrae de sus tareas y temo que pueda desarrollar algún interés por ella.

Bardock sudó levemente y se giró a su hijo, que entrenaba no muy lejos de allí junto con los dos terrícolas, mientras los ancianos y la mujer lo observaban. Aunque parecía ser que Launch seguía ofendida por su manera de referirse a las de su raza.

El imperio que había levantado el Rey Vegeta se había formado a obra de soldados de sangre pura y no mezclas extrañas con criaturas de otros planetas. Si bien los harenes estaban repletos de mujeres de diferentes complexiones, colores y para todos los gustos, cada una de ellas estaba castrada para su uso "adecuado". Todo infante que se gestase dentro del vientre de una mujer que no fuese tan Saiyajin como su padre, debía ser eliminado.

Si bien esta ordenanza era bien respetada por todos los miembros de la comunidad de Vegetasei, en el caso de tratarse de un miembro de la familia real, la hembra debía ser exterminaba para borrar todo indicio de que tal abominación había llegado a ocurrir alguna vez. Ninguna mujer de otro planeta tenía la capacidad o el nivel necesario para cargar el hijo de un Rey Saiyano.

— Sabes que si quedara embarazada tendríamos que exterminarla y eso no encaja en los planes de Vegeta. No tenemos el equipo para castrarla.

— Es cierto —Formuló sin otro bien pensado comentario, recordando a su nieto, no nato.

Kakarotto no estaba ni mil años cerca de pertenecer a la realeza, por lo tanto no era indispensable la destrucción, ni de Milk, ni del feto. Pero Bardock sabía bien que aquello que se gestaba seguía siendo una aberración a las leyes del imperio al que toda su vida, fue fiel.

Se giró levemente y lo observó luchando contra los humanos, incluso divertido. Le retiró la vista de encima y pensó por un momento las consecuencias que traería sobre él, arrebatarle a su hereje primogénito. Esa criatura simplemente no podía nacer, pero no estaba preparado para exigirle a su hijo que se deshiciera de él.

— ¡Bardock! —Llamó el calvo, extrañado por la ligereza de atención que le prestaban, dada la delicadeza del tema.

El soldado regresó la vista de inmediato.— Me encargaré —Aseveró con rapidez.

Continuará…


N/A: Gracias por el apoyo de los que siguen leyendo y de los que han dejado reviews. ¡Nos leemos en el próximo capítulo!

Nadeshico023.