Viviendo entre sombras

Capítulo 18: Vía de escape.

— Tarble.

— Dime…

— ¿Puedo hacerte una pregunta?

— ¿He?... Claro.

— ¿Cómo es Freezer?

Bulma había estado meditando en el camino de regreso a la Corporación Capsula, no sólo en las necesidades que debería tener su nuevo laboratorio, considerando la pérdida del anterior; si no también en que si lo que estaba haciendo los ayudaría a sobrevivir.

Eventualmente, Freezer arribaría a la Tierra y dado el caso, ni los saiyajins habían sobrevivido, de modo que era más que obvio que ellos no dudarían ni medio segundo. Ella ya sabía lo que significaba ser una esclava, ser privada de la libertad y forzada diariamente, por lo que se había prometido no volver a caer en las redes de ningún nuevo tirano en su vida… pero no podía hacerles frente, su única opción era… ¿Escapar?

¡Escapar! Sí, eso mismo. Ella debía estar preparada para evacuar el planeta junto con su familia y amigos cuando la situación se tornara crítica o morir en el intento. Entonces lo que debía hacer no era negarse a conseguir el combustible para la nave de Vegeta, si no que debía preparar una nave similar para ella también. Según lo que había hablado con Tarble, tenía un frasco completo y lleno de aquellas pequeñas esferas extraterrestres, seguro y lograba llenar las naves de los Saiyajins y, al mismo tiempo procurarse una. Es más, ya tenía una, una nave que hacía mucho tiempo habían creado los científicos más inteligentes de todo el globo para la Red Ribbon, y allí debía seguir, juntando polvo y telarañas. Así se ahorraría el tiempo de volver a crear una.

Pero antes que nada ella deseaba tener una imagen visual de aquel ser aterrador al que todos estos soldados intergalácticos parecían temerle tanto.

— En realidad nunca lo he visto. Mi padre se encargaba de asistir a sus reuniones junto con Vegeta y Nappa, él creía que yo era o muy joven o muy débil para estar parado frente a él. Supongo que sabía que podía antojársele matarme, aunque realmente no importara mi poder de pelea, ni siquiera teniendo el mismo que Vegeta podría durar más de cinco minutos en combate con él. Nadie podría.

— Eso no suena muy bien… ¿Cómo se las arregla un solo sujeto para doblegar galaxias enteras? —De la frente de Bulma se desprendió una pequeña gota de sudor frío, ciertamente no esperaba que la fuerza de Freezer pareciera tan devastadora.

— No es sólo él, Freezer tiene controlados a los mejores soldados del universo. De todas las razas que puedas imaginarte, de todos los tamaños. Tiene miles de tropas que se encargan de conquistar planetas para él, tal y como solíamos hacerlo los saiyajins. El problema fue que nuestro número se incrementaba y nunca estuvimos bajo su control total, Freezer debió pensar en nosotros como una potencial amenaza y fue por eso que decidió terminarnos.

— Es decir que es más probable que una de sus tropas venga a la Tierra para conquistarla, antes que el propio Freezer.

— Eso es cierto, aunque Freezer estuviera determinado a encontrar a los saiyajins sobrevivientes, es muy difícil que aparezca en persona, sólo que un escuadrón no pudiera encargarse de nosotros, o más bien de Vegeta, o que le dieran aviso de nuestra ubicación y él quiera tener el honor de terminar con mi hermano —Tarble se aclaró la garganta, no era erróneo decir que el tema no le resultaba agradable a ninguno de los dos.

— Al menos puedo estarme más tranquila de que ese sujeto no vendrá, si no otros soldados.

Entonces la idea la golpeó, había escuchado de boca de Tarble que, en aquel planeta de donde tomó todas esas esferas habitaba una especie de hombres reptiles que portaban armamento tan destructivo, que lograron lastimar levemente a Nappa. ¿Podría ella manipularlo también para mejorar algunas armas en caso de emergencia? Era la única opción que le quedaba para defenderse.

— ¿El resto de soldados son muy poderosos? —Cuestionó preocupada.

— Unos pocos son más fuertes que Vegeta, de la mayoría podría ocuparse, pero no si lo atacan a la vez.

— Oh —Musitó, no era un pronóstico muy prometedor.

— Entiendo tu preocupación —Le dijo con la mirada en el suelo— Sé que no es justo que hayamos venido a tu planeta a exigirte que hicieras cosas para nosotros, estamos actuando tal y como Freezer lo hizo en mi planeta. Lo siento mucho, pero en algún momento Freezer vendrá a este planeta también y lo conquistará, me gustaría decirte que tú y tus amigos van a estar bien pero no puedo asegurarte nada, ni siquiera puedo saber qué pasará conmigo si nos encuentran. Realmente el único que conozco que pueda hacer algo, ese es mi hermano mayor. Aun así, no verá por la seguridad de la de nadie más que la suya.

— ¿Por qué te detesta tanto? No logro comprenderlo, eres un buen niño.

Tarble soltó una risa y se relajó.— Cuando yo nací, mi padre iba a matarme porque mi poder de pelea era demasiado bajo para ser parte de la realeza de nuestra raza. Vegeta fue entrenado para ser un Rey. aún más poderoso de lo que es… era, de lo que era mi padre. Cuando entró en la edad apropiada para entrenamiento, que para mi raza son los 5 años; lo sometieron a las peores batallas hasta llegar a las últimas consecuencias. Era entonces cuando lo llevaban a un cuarto de recuperación hasta que sus heridas sanaran y al poco tiempo volvían a hacerle lo mismo. Supongo que todo eso formó su carácter, que era lo que mi padre pretendía. Además, cuando un Saiyajin se recupera de tan severas condiciones, regresa aún más fuerte —Tarble se aclaró la garganta— Realmente entiendo que Vegeta me odie, tal vez yo también me hubiera odiado.

Bulma retiró la vista de los controles de su nave y lo observó de soslayo.

— Cuando yo llegué a la edad en la que él comenzó con todos esos entrenamientos suicidas, mi padre ordenó que yo no pasara por eso. Y Vegeta nunca comprendió por qué mi padre hizo esa excepción, él sintió que mi padre me protegía demasiado y que con él había sido sumamente cruel. Aunque él jamás lo confesará, nunca escucharás de su boca decir que me odia porque no me hicieron pasar lo que él sí. Vegeta dirá que mi poder de pelea es suficiente razón para ser odiado, te dirá que soy una "alimaña miserable" que no merece ser parte de la familia del Rey, pero yo sé lo que odia en el fondo. Él dirá con orgullo la forma tan atroz en la que lo entrenaron y que gracias a ello es tan fuerte hoy en día, pero yo vi en su rostro cuando éramos unos niños, cómo su expresión cambió conmigo y nunca nada fue igual.

— Entiendo… Supongo que es algo comprensible. Era sólo un niño cuando su padre lo hizo pasar por todo eso.

— Sí, cuando me pongo a pensarlo de esa forma simplemente no puedo molestarme cada vez que se burla de mí o me desprecia.

— Vegeta tiene muchas cosas escondidas.

— Mi hermano pretende ser un guerrero invencible.

— Nunca me imaginé que cargara con algo así, es tan petulante y exigente, como un niño rico de la Tierra. No parece ser el mártir que describes.

— Es que Vegeta es demasiado orgulloso para admitir que todo eso era demasiado, él sólo quiere ser superior a todos los demás, ser el más poderoso del universo y demostrarle a todos que nada de eso jamás le afectará.

Es cierta forma Bulma pasaba por una situación similar. Ella, tan orgullosa como era no podía admitir lo mal que había pasado su estancia captiva bajo las redes de la Red Ribbon, ella era mucho mejor que todo ese intento de destruir su psiquis, y si había superado todo ello, ilesa, no era más que un símbolo irrefutable de su fortaleza.

La científica no pudo evitar sentir un apego por esa parte escondida sobre el príncipe, que le acababan de revelar, ciertamente la similitud entre ellos era impresionante. Sin embargo jamás había conocido a alguien como él, a alguien tan como era ella. El orgullo de Bulma siempre había sido superior al de cualquier otro, también su inteligencia o su afán por ganar discusiones. Era la primera vez que se sentía frente a un igual a pesar de que la fuerza del otro fuese tan descomunal.

Pero ya se había dado cuenta de que aquella fuerza sobre humana no le perturbaba, más bien le atraía. Y eso no era aceptable, puesto que ella no hace mucho había comenzado una relación amorosa con Yamcha.

— ¡Cuidado! —Le gritó Tarble, a su costado y ella inmediatamente detuvo el paso de su aeronave.

Al levantar la vista pudo ver a los tres caballeros saiyajin levitando frente a ella, por un lado Nappa y Bardock, de brazos cruzados y por el otro, Goku totalmente relajado.

En orden de encontrar al pequeño príncipe, Nappa debía utilizar su scouter o recorrer todo el globo con la esperanza de hallarlo, al igual que el saiya de bandana. Pero, debido a que Kakarotto había adquirido una nueva habilidad que lo permitía sentir las presencias ajenas e identificarlas sin la necesidad de aquel aparato, lo llevaron consigo y le permitieron guiarlos para no perder nada de tiempo.

No fue muy reconfortante para Nappa encontrarlo acompañado de la mujer terrícola que Vegeta había denunciado pasar demasiado tiempo con él, sino que además estaba montado dentro de un transporte para humanos en lugar de surcar los cielos por sí mismo, blandiendo su capa detrás de sí.

— ¡¿ALGUNA VEZ APRENDERÁN A DEJAR DE HACERME ESO?! —Reclamó la mujer, ofuscada.

Bardock alzó una ceja, siempre sorprendido de la irreverente estupidez de las humanas, de inmediato apretó la quijada y se dirigió a Tarble.— Príncipe, debe acompañarnos de inmediato.

El aludido giró su rostro al de la mujer de cabellos azulados como preguntándose qué hacer, ella le sonrió levemente. — Ve con ellos, Tarble. Yo puedo hacerlo sola.

El jovencito le devolvió la sonrisa y sin más aguardó porque Bulma le abriera una escotilla lateral para poder unirse en vuelo a sus compatriotas, y para no perder el tiempo aceleró su paso hacia la Corporación Capsula. Aún le quedaba mucho por hacer.

— ¿Hay algún problema? —Cuestionó el solicitado príncipe, pasando su mirada desde Nappa hasta Bardock.

— No consideramos conveniente que usted pase tanto tiempo con esa humana —Comenzó Nappa, provocando un leve rubor en las mejillas del aludido.

— ¡¿D-de qué hablan?! Y-yo n-no tengo nada con esa mujer, ¡se los aseguro! —Exclamó nervioso— Tan sólo intenté ayudarla, creí que mi hermano estaría feliz mientras más rápido cumpliéramos sus pedidos…

— Con el debido respeto, su alteza. Usted no debería codearse con las criaturas de este planeta, recuerde que su sangre es saiyajin —Aseveró Bardock con un semblante muy determinante. Inmediatamente recibió una mirada furtiva de parte de su hijo menor, Kakarotto. Sin embargo continuó con la intención de dejar claro un punto, sólo una vez.— Si una hembra, no saiyajin es compatible con nuestra raza y resulta un embarazo de tal unión, no sería nada más que una abominación. Su padre hizo respetar esa norma toda su vida.

Tarble pudo sentir que aquel enunciado no iba dirigido a él. Inquisitivo, miró de soslayo al más joven de aquel trío y notó la mirada de desagrado de Goku. Sabía bien de aquella situación desde el momento en el que arribaron a la Tierra y él los recibió para darles de desayunar tan grande e impactante noticia, a la cual, lo único que acotó fue que, ya que el imperio había sido destruido, las normas no valían de mucho.

Y realmente no lo valían para el príncipe. Por leyes ya inexistentes, aquellas criaturas engendradas de la unión impura de un saiya y otra raza, debían ser exterminadas. Pero Tarble no creía que toda esa burocracia prehistórica aún fuera válida, aunque como siempre, eso no era suyo de dictaminar.

— Lo sé —Dijo Tarble, dispuesto a continuar— ¿Ahora dónde iremos?

— Nappa y Tarble pueden venir conmigo a casa, mi padre puede escoltar al príncipe Vegeta —Contestó rápidamente Goku.

El más pequeño lo miró extrañado. Estaba dispuesto a recibir en su hogar a quien probablemente terminaría con la vida de su mujer a pocos segundos de verla preñada.

— ¿Estás seguro de eso? —Cuestionó el jovencito.

— Por supuesto, Nappa desea tenerlo bajo su cuidado y alguien debería escoltar al príncipe —Refutó confiado y sonriente.

Por un leve instante, Bardock y Goku se miraron a los ojos, prácticamente retándose entre sí.


Ya no podía entrenar en tranquilidad, no podía mirar el cielo sin esperar que aparecieran como un enjambre de avispas todas las naves del demoníaco ejército de Freezer acompañadas de la nodriza y terminaran con su vida en un instante. No quería perder las esperanzas y caer en la desesperación pero todo el tiempo que debía esperar para poder entrenar dignamente lo estaban volviendo loco.

Sí, le había dado una semana de clemencia a la mujer para que tuviera lista su nave, pero ¿qué había si ella no lo lograba como tanto presumía? Debería resignarse a entrenar de manera mediocre hasta ser encontrado u esperar más tiempo aún para que Tarble le preparase una. De cualquier forma ninguna de las opciones le agradaba.

Aún le quedaban un par de días a aquella mujer para entregarle la nave, para esa hora debía de estar de vuelta en ese laboratorio subterráneo y desesperada, temerosa por su vida, cumpliendo su pedido.

Sin más se encaminó a monitorear las tareas de la hembra y se introdujo en las instalaciones de la Corporación. Se le hizo imposible no notar, entonces, el escándalo de metales pesados chocando unos con otros, y el sonido de un rodaje en movimiento. Se aventuró dentro del laboratorio y allí estaba aquella excéntrica mujer, colocando piezas de armamento dentro de un enorme contenedor que parecía seguirla por donde quiera, ella se encontrara. Por otro lado unos robots voladores los brazos metálicos la escoltaban, tomando entre sus garras todo lo que a ella le pareciera importante incluir al carro.

¿Qué demonios está haciendo ahora esta mujer? —Se preguntó en un pensamiento.

Ella se giró y miró sobre su hombro por un instante.

Y allí estaba, la grandiosa cámara de gravedad. Sin lugar a dudas la necesitaría esta vez, pero al ver el espacio que la albergaba temió, considerando su pasado encuentro con las llamas, ubicarla tan cerca de un laboratorio medio desmantelado y de aquel hogar en el que habitaba su tan amada familia, ya no le parecía seguro.

— Deberá cuidarla si es que pretende entrenar durante mucho tiempo —Se dijo con los brazos cruzados y Vegeta alzó una ceja.— Le diré a mi padre que me ayude a trasladarla. Espero que no me tome mucho.

— ¿Es que acaso estás tan loca que ya alucinas otros seres que se dignen a conversar contigo? —Le cuestionó Vegeta, acercándose al predio.

Bulma frunció el ceño.

— ¿No puedes ser amable sólo una vez? —Cuestionó endureciendo el cruce de sus brazos.

Vegeta se rio de lado.— ¿Debo repetirte lo clemente que soy al—

— Sí, sí, sí, dejarme vivir. Ya —Interrumpió y se giró sobre sus talones, prosiguiendo con su acción.— Ahora estoy ocupada Vegeta, pero en unos días tendrás noticias y estoy segura de que te agradarán —Bulma lo miró por sobre su hombro sólo para guiñarle— No comas ansias, príncipe.

— ¡Humpf! —Musitó para luego gruñir.— Más te vale —Bramó, pero Bulma parecía más concentrada en sus tareas que en prestarle atención, lo cual lo irritó.— Te estoy hablando, humana estúpida.

— ¡Y ya te oí! —Le contestó sin mirarlo— ¿Qué no ves que estoy algo ocupa—

La mujer se giraba para contestarle, pero al terminar de pronunciar la última palabra él ya estaba ahí, frente a ella. Parado y observándola con esa mirada fría y penetrante que la dejó desarmada en tan sólo un segundo.

Con fuerza colocó su brazo izquierdo por sobre el hombro de la mujer, lo que la hizo dar un pequeño salto del susto. Y así le gustaba verla, asustada y débil, como todos los demás.

Su rostro tan inexpresivo y sin vergüenza la dejó boquiabierta, no estaba en sus intenciones despreciarlo, tan sólo quería evitar tener que brindarle alguna explicación de lo que se proponía hacer y simplemente explicarle todos los por qué y cómo en su debido tiempo. Sin embargo ahí seguía, respirando su oxígeno e invadiendo su espacio.

Intentó hacerse para atrás pero no había nada más que esa pared metálica en la que Vegeta tenía apoyado su brazo.

— Aléjate… —Le murmuró.

Él en cambio, lentamente la tomó por el cuello con su mano libre. Aquella mano vestida de guante blanco y la sujeto firme, más no ejerció presión. Con su enguantado pulgar acarició su mentón y ella intentó quitárselo girando su rostro, pero él la devolvió para quedar enfrentados.

— Que no se te olvide, mujer —Comenzó susurrándole al oído.— Soy un príncipe —Ejerció una leve presión en su delicado cuello.— Y como tal jamás te puedes dirigir a mí de espaldas, me debes respeto… ¿Entendido? —Cuestionó sonriendo.

A pesar de todo Bulma no estaba asustada, cuando él se volvió a mirarla otra vez, sus mejillas se habían pintado de un penoso color rosa. Vegeta se extrañó por la reacción de la peli azul, y luego sintió sus débiles manos, sobre la suya enguantada.

— Suéltame… —Pidió nuevamente y la obedeció. Miró a un lado y aún estaba abierta la escotilla por la cual ella entró con su aeronave.

Luego de que Vegeta se retirara, la mujer acarició una y otra vez su frágil cuello con una expresión difícil de descifrar. ¿Qué había sido todo eso? ¿Por qué rayos se sentía tan seducida? Estaba abochornada y sentía sus pómulos prendidos en llamas. ¿Lo habría notado?

Levantó la vista y se vio a sí misma en soledad y a todos sus pequeños ayudantes robóticos esperando a su comando para continuar con los labores. Sabía que no quedaba mucho para cumplir los plazos así que se dijo nuevamente "manos a la obra" y continuó trabajando un poco más pensativa que antes y sin poder quitar de su rostro ese incómodo rubor.

Por otra parte allí estaba un tercero en cuestión que ninguno de los dos había notado.

Había presenciado una escena un poco difícil de comprender incluso para los partícipes. Le acababan de encomendar que alejase a la científica humana, de Tarble, su respetable príncipe. Pero al llegar con la intención de escoltar al príncipe Vegeta y encontrarlo acariciando de tal manera la yugular de la misma mujer lo había dejado algo confundido. ¿Qué pretendía Vegeta?

Desde un principio no congeniaron y sabía que su narcisismo y orgullo no llevarían por buen camino a su pueblo, pero era lo único que quedaba de la realeza.

Bardock apretó la quijada. Las intenciones de Vegeta se le estaban haciendo cada vez más difusas…

Continuará…


N/A: Acá me tienen nuevamente y ahora hay cambio de planes por todos lados. Bulma quiere armas y más naves, quiere salvarse el trasero con la cámara de gravedad y Vegeta está actuando como todo un macho alfa!

Nos leeremos en el próximo, queridísimas/os lectoras/es!

Nadeshico023.