Viviendo entre sombras

Capítulo 19: Subestimado

Para sorpresa de Tarble, Goku se mostraba confiado durante todo el trayecto que compartían junto a Nappa, hasta su hogar en la montaña Paoz.

Luego de escuchar las palabras de Bardock, quien determinaba que la muerte de su hijo no nato estaba próxima, ofreció su propia casa, y de aquella humana terrícola, para darle morada a él y su escolta.

Por alguna razón Kakarotto no estaba nervioso ni asustado por lo que pudiera llegar a suceder dentro de unos minutos, cuando el calvo viera el pequeño pero prominente vientre de la humana. Más bien lo hubiera calificado como entusiasmado.

A juzgar por las palabras de su propio padre, desaprobaba de sobremanera el nacimiento de aquella criatura sin precedentes. A pesar de que le había manifestado que lo aceptaba sin importar su pobre poder de pelea, parecía un poco indignado por ignorar así las costumbres de su imperio.

Tarble miró de soslayo a Nappa, realmente no quería ver ningún enfrentamiento innecesario entre ellos, sabía que Goku tenía un bajo poder de pelea y que el otro, era un soldado de elite que desde joven fue asignado al escuadrón del Rey.

— ¿Todo está bien, príncipe? —Le cuestionó Kakarotto, esbozando una pacífica sonrisa.

Él lo miró, tan aparentemente tranquilo y afirmó con la cabeza.

— Todo saldrá bien, no tiene de qué preocuparse —Aseguró y aceleró su vuelo.

El joven entendió así que todo estaba premeditado, que el saiyajin de clase baja se consideraba listo para enfrentar lo que seguía.

Al cabo de unos minutos pudieron vislumbrar la pequeña vivienda con forma de iglú, en el medio de una pradera y allí estaba, actuando como la abnegada ama de casa que era, mientras tendía sábanas limpias al aire libre.

Goku aterrizó justo detrás de ella y se acercó unos pasos, la sombra de su cabello inconfundiblemente se dibujó en la sábana gracias al atardecer a sus espaldas. Milk sonrió ampliamente y se giró para abrazarlo con fuerza.

— ¡¿Dónde estabas?! —Le gritó luego de abrazarlo y él comenzó a reír— He estado muy preocupada, te marchaste hace horas y no regresabas. No sabía si debía empezar a preparar la cena o no y—

— Tranquila, Milk —Dijo Goku, tomándola por los hombros con delicadeza— Ya estoy aquí.

Y esa sonrisa sincera era todo lo que se necesitaba para doblegar su implacable personalidad. La morena suspiró mientras se volvía a enamorar y lo abrazó apoyándose en su pecho esculpido.

— Está bien.

Del otro lado Nappa estaba horrorizado, sus ojos prácticamente se saldrían de sus cuencas en unos minutos más. No podría creer que después de todo lo ocurrido minutos atrás, Kakarotto se hubiera formado en pocos meses un nidito de amor terrícola y lo hubiera mantenido en silencio de esa manera.

Tarble se aclaró la garganta, en vista de que la mujer de Goku aún no había notado su presencia, ni la de su escolta. Lo mejor era que terminaran lo antes posible con esa demostración tan evidente de afecto.

Milk deshizo su agarre y los miró ladeando su cuerpo, por un costado de Goku.

— No me dijiste que tenías compañía —Dijo y se alejó un paso de su esposo para hacer una reverencia al príncipe.

Y allí estaba el latente hijo de Kakarotto, creciendo lentamente en el vientre de la mujer de cabello azabache.

La mirada de Nappa pasó de horror a estupefacción.

Goku miró al calvo de soslayo y se colocó otro paso frente a su mujer, por lo que tanto ella como Tarble se extrañaron.

— Milk, quiero que te metas a la casa y no salgas de ahí a menos que te lo pida. Por favor —Espetó seriamente y ella intentó replicar— Ahora, Milk —Finalizó y luego de pasar su mirada desde el príncipe hasta su escolta se retiró a su pequeño hogar.— Ahora ya lo sabes, Nappa —Declaró enfrentándose a él— Pero déjame decirte que si pretendes hacerle daño a mi familia no voy a permitírtelo.

— ¿Familia? ¡Maldito clase baja! ¡Ella es una terrícola, tu familia son los saiyajins! —Le gritó Nappa, fuera de sus cabales.

— Lamento decirte que las cosas han cambiado desde que llegué a la Tierra —Le comentó con decisión mientras se ponía en posición de pelea— Y he entrenado mucho, no creas que será tan fácil acabar conmigo.

— ¿¡Cómo te atreves a faltarle el respeto a nuestro imperio de esta manera!? Esa abominación debe morir. Tú y tus estupideces arruinarán lo que queda de nuestra especie.

— Nappa, tranquilízate. No creo que esto sea necesario —Tarble alzó las manos y se aproximó a él lentamente.— No tenemos que hacer esto.

— ¿¡Que no!? ¡EL IMPERIO DE SU PADRE NO FUE FUNDADO BAJO ESTAS ATROCIDADES!

— Pero todo eso ya no existe. Freezer nos buscará a todos hasta tenernos bajo su poder o matarnos. No tiene sentido que sigamos aferrándonos a viejos mandamientos que ya no rigen. ¡No tenemos planeta, ni Rey! Estamos huyendo, escondidos en un planeta lejano hasta encontrar la manera de desafiarlo o al menos defendernos. ¡Entiéndelo!

Pero Nappa no lo entendería con palabras, él había vivido toda su vida respetando una normativa que hacía a su especie diferente, de sangre fina y pura. Que en cada generación pulía su estirpe guerrera y mejoraba.

Lastimosamente todo eso había desaparecido en una explosión en el medio del universo. Todo se había ido, desmoronado en cuestión de segundos, y no podía hacer nada al respecto. Nappa estaba tan aferrado a sus costumbres, a su planeta y vieja vida que simplemente no podía aceptar que aún después de desaparecer de la galaxia, continuara haciéndose pedazos frente a sus ojos.

El calvo apretó sus puños, como si las palabras de Kakarotto lo atravesaran e intentaran cortarlo, pero él seguía allí, erguido, recibiendo esos golpes como un soldado de elite.

— ¡Debíamos hacerlo perdurar hasta morir!

Tarble pudo percibir algo diferente en su eterno acompañante, algo se rompía en Nappa. Era la primera vez después de todo lo que había sucedido, en la que él respondía de esa manera. Ni siquiera ante todas aquellas veces en las que Vegeta lo había humillado o amenazado, había dejado salir algo de ese aparente temperamento. La estructura del imperio Saiyajin y su cultura eran un sostén para aquel lastimado guerrero.

— ¡YA SE TERMINÓ, NAPPA! ¡Ya no hay imperio!

No necesitó decir más para que el enorme guerrero se lanzara en su ataque con furia desmedida y un grito desgarrador. Con su puño derecho listo para golpearlo y el brazo flexionado detrás de sí, se acercó a una velocidad casi indetectable y lanzó su golpe apuntado a su rostro, pero Goku saltó y apoyó ágilmente sus palmas en aquel violento puño que seguía suspendido en el aire y con su pierna izquierda pateó el rostro de Nappa, enviándolo a cincuenta metros de derrape por el suelo.

— ¡Vaya! —Exclamó Tarble, impresionado. Kakarotto era un soldado de clase baja, que había logrado darle una certera patada en plena cara a Nappa, un soldado de elite, parte del escuadrón real. Toda una hazaña.

Se giró y el saiya se levantaba del suelo, limpiando con su puño la comisura de su labio ensangrentado.

— Te lo advertí, he entrenado mucho en este planeta.

— Nunca serás más que un clase baja para mí.

— Adelante, estaba esperando este momento. Sé que quieres atacarme con todas tus fuerzas.

Goku, a pesar de que aquel mastodonte enfurecido deseaba quitarle la vida a él y a la de su familia terrícola, no se mostraba con miedo o aprehensión, al contrario, estaba extasiado a la espera de una grandiosa batalla con un soldado del nivel del presente.

A Tarble le preocupaba que en su estado temperamental él terminara matando a uno de los pocos soldados saiyajins que quedaban aún con vida. Pero sería inútil intentar detenerlo. Además la emoción que presentaba Kakarotto con cada arranque de ira de Nappa se incrementaba y secretamente le daría su voto de confianza y vencería al calvo sin arrebatarle la vida. Kakarotto era otra clase de soldado.

Nappa intentó embestir a Goku como un toro pero éste levantó vuelo rápidamente y lo invitó a seguirlo, lo mejor sería desplazar el epicentro de esa pelea a un sitio más alejado de su humilde vivienda. El irritado soldado lo siguió sin dejar de lanzarle golpes en el trayecto aéreo.

— ¿¡De qué tanto te ríes, mugroso clase baja!? —Le gritó el enfurecido guerrero al ver como el otro, esquivaba sus golpes con una sonrisa dibujada en el rostro.

— Lo siento, no creas que es mi intención burlarme. Es que siento que mi padre no pelea usando todo su potencial cuando entrenamos y esta oportunidad es perfecta para usar todas las técnicas terrícolas que he aprendido.

— ¡YA DEJA DE DECIR TONTERÍAS!

Sin embargo cada golpe que le lanzaba no llegaba a tocarlo, de modo que, exasperado, formó una esfera de energía que emanaba un aura amarilla y se la lanzó, pero Goku se giró aún más rápido y la esfera se impactó contra una ladera y la perforó, haciendo que se desmoronada en cuestión de segundos.

La furia de Nappa se incrementaba con cada infructuoso ataque. Con ambas manos comenzó a formar esferas de energía idénticas a la anterior y a lanzarlas una tras otra. Cada impacto al suelo desprendía una cortina de polvo que terminó cubriendo por completo la figura de Goku. El gigantesco hombre relajó su posición, respirando agitado y ahora un poco más confiado, se irguió y medio sonrió triunfante.

— Aquí arriba —Lo saludó, aproximadamente veinte metros arriba de él.

— ¡¿Có-cómo llegaste ahí arriba tan rápido!? —Tartamudeó.

— Creo que llegó el momento de terminar con todo esto —Espetó y el otro se mostró confuso, pero en facciones de segundo, Kakarotto había recorrido esos veinte metros para golpear el abdomen de Nappa con su puño. El saiya se quedó sin aire de inmediato y se abrazó a sí mismo, temblando, doblegado, momento que aprovechó para enviarlo al suelo con un acertado golpe de su codo.

El saiyajin quedó prácticamente incrustado en el pedregullo, aún con aparentes complicaciones respiratorias, tratando de mover su temblorosa mano para levantarse nuevamente.

— No-pue-de-ser —Pronunció con dificultad.

Ya tenía marcadas las venas de sus ojos y frente, palpitantes, casi a punto de explotar.

Tarble corrió a socorrer a su compañero, impresionado de las nuevas habilidades de Kakarotto, quien bajaba victorioso hasta apoyarse en el suelo y se acercó a su derrotado rival. Nappa lo miró con recelo y se contrajo al ver como acercaba su mano, creyendo que probablemente buscaría terminar con su vida, en cambio parecía un símbolo de tregua.

Goku le extendió la palma de su mano al guerrero para ayudarlo a levantarse del suelo, siempre con una atenta sonrisa. El príncipe observó el gesto prácticamente maravillado, jamás había conocido a un saiyajin como ese. Nappa, en cambio, despreció el gesto, ante la sorpresa del resto y eligió levantarse del suelo con dificultad.

Goku sonrió nuevamente, feliz de descubrir que era perfectamente capaz de derrotar sin dificultad el custodio real de su raza y de que, al menos por el momento, nadie estaba presente para intentar dañar a su familia.


Con su paso galante y aún tímido, saludó a la coqueta dueña de casa, quien luego de ofrecerle de toda su variedad de dulces caseros y obviar sus preguntas acerca de dónde se encontraba su tan desaparecida novia, lo llevó hasta el laboratorio subterráneo. Luego de ser escoltado hacia las ya prácticamente vacías instalaciones se encontró con su anciano suegro, supervisando a sus siempre confiables robots, mientras se encargaban de levantar una habitación completa que se encontraba empotrada contra la pared. No parecían tener demasiados inconvenientes en su tarea.

El anciano de bata blanca se giró y sonrió el ver al muchacho, seguido de su risueña mujer. Tomó su cigarrillo, dejó caer despreocupadamente las cenizas al suelo y le dedicó un cálido saludo.

— Tiempo sin verte, muchacho.

Yamcha se acercó al hombre y lo saludó con un apretón de manos.

— La llegada de los saiyajins nos han tenido a todos algo ocupados —Le contestó con una sonrisa.

— Es cierto —Asintió y le dio una nueva pitada a su cigarro— Supongo que has venido a buscar a Bulma ¿no es así?

El joven terrícola se ruborizó y rascó levemente su mejilla. Aún seguía en esa penosa etapa de superar su fobia.

— Sí, hacer varios días que no nos hemos visto y espero que no esté molesta conmigo.

— No te preocupes, muchacho. Mi hija tiende a enojarse, sólo debes darle su tiempo. Ella ahora está en una antigua base abandonada de la Red Ribbon, haciendo algunos experimentos. Me pidió que me encargara de trasladar la cámara de gravedad que le había construido a Goku, al mismo sitio —El doctor se separó del joven e inició camino por un corredor— Ven conmigo y te mostraré en el mapa, dónde está.


Flashback

— Que no se te olvide, mujer. Soy un príncipe y como tal jamás te puedes dirigir a mí de espaldas, me debes respeto… ¿Entendido?

Realmente no se había percatado de la cercanía de sus cuerpos hasta ese preciso momento, momento en el que se tomó un segundo para respirar y la respiró a ella y a su extraño aroma tan dulce y, extrañamente, se sintió seducido. En lugar de sentirse amenazante y ejercer dominio sobre la débil mente de la mujer, se sintió atraído a respirarla una vez más.

Fue entonces cuando levantó la mirada, pasando disimuladamente por su pequeño escote, arrinconado contra la pared, cubierto de un par de mechones azulados y brillantes. Tan sólo para notar su agitada respiración y el rubor natural que se estaba formando en su pecho. Levantó aún más la mirada, por sobre su cuello, aquel que con un céntimo de su fuerza podía estrangular sin problema alguno, sin embargo continuó hasta sus labios, rosa y de aspecto húmedo.

— Suéltame… —Le dijo y pasó su mirada por esas mejillas tan ruborizadas como las de una niña virgen, para finalizar en sus ojos.

Y se sintió tentado a cometer una indiscreción en ese mismo instante, una vez más, agobiado por la misma idea que se le había presentado noches atrás. Sin embargo, a riesgo de cometer alguna tontería, deshizo el agarre de su cuello y se hizo hacia atrás sin modificar su semblante áspero, retirándose por la primer salida que pudo vislumbrar.

Fin del Flashback

Vegeta se alejó una distancia prudencial y se maldijo a sí mismo y a ella, también. ¿Qué demonios estaba pensando ahora? Por lo único que debía preocuparse en esos momentos era en entrenar, y en orden de lograrlo debía aguardar porque la mujer terminara con sus tareas. Y muy a pesar de ello, ahí estaba, interrumpiéndola, intimidándola y arrinconándola contra la pared para luego olfatearla como un animal y desearla por unos segundos. ¿Qué demonios le sucedía?

— Maldita sea —Gruñó, levitando a las afueras de la Corporación Capsula cuando pudo ver algo de movimiento bajo sus pies.

Al parecer la mujer que acababa de acorralar estaba trasladando la mayor parte de su laboratorio en un enorme transporte y por supuesto no podía permitirse no estar al tanto de lo que se propusiera. Sutilmente la persiguió a varios metros de distancia, surcando los cielos. No faltó mucho para que ella cruzara la ruta que la llevaría a las afueras de la ciudad y al cabo de un poco más de una hora llegase a un edificio ligeramente deteriorado, ubicado en un área desértica.

Rápidamente se ubicó en un sitio estratégico sobre una de las torres del mismo edificio, para poder supervisar las labores de la hembra sin ser detectado. Así la observó, descargando y acomodando dentro del recinto todas esas armas de fuego y materiales de laboratorio que había cargado anteriormente.

Por suerte para Vegeta, el edificio tenía varios acabados de vidrio por los cuales podía echar un vistazo a las labores de la mujer, sin que ella lo notara.

Bulma comenzó a separar por áreas, dentro de las mismas instalaciones, las armas de fuego de los materiales de investigación científica, indicándoles a sus ayudantes robots en dónde debían colocar cada pieza. Y así se pavoneó de una punta a la otra, cerciorándose de que todo estuviese en su debido lugar y apuntando con el dedo la dirección indicada a sus creaciones voladoras.

El príncipe percibió movimiento a lo lejos, y al voltearse descubrió que tendrían compañía. Recordaba haberlo visto, en tan sólo una ocasión. Aquel primer día en el que Nappa por poco y asesina a la científica, convirtiéndola en un embutido.

Yamcha miró a Vegeta directamente, erguido sobre el techo de aquel enorme edificio, de brazos cruzados como custodiando el lugar. Se extrañó, más luego consideró que quizás esperaba a que su novia tuviera avances y tal vez fuera la razón de su presencia. Aunque esperaba que no estuviera causándole molestias a su amada peli azul.

Rápidamente se adentró el ahora nuevo laboratorio de Bulma y la encontró deambulando por toda la habitación, sin parar de hablar o consigo misma o con sus ayudantes.

— Bulma —La saludó alegre y ella se giró y quedó estática por un momento.— Sé que no nos hemos visto en varios días, espero que no estés molesta…

Ella lo miró extrañada e inmediatamente se dio cuenta de que había ignorado su existencia desde el momento en el que llegaron los saiyajins, cayendo así una gota de sudor frío de su frente.

— Te extrañé mucho —Le dijo y la abrazó, aunque Bulma seguía estática y tardó un momento más en devolverle el gesto.

Él la tomó por los brazos y le sonrió ampliamente.— Deberíamos salir ahora mismo a cenar, ¿qué te parece?

Pero ella, a diferencia de él, no estaba tan entusiasmada con la idea.

— Yamcha, lo siento. Tengo muchas cosas que hacer, tal vez en otro momento.

— Anda, puedes escaparte por un rato —Espetó al tomarla de la mano y comenzar a andar, pero el movimiento que ella hizo para regresarse un paso hacia atrás, lo detuvo.

— Aún no termino de organizarme aquí, Yam. Quiero tener todo esto listo antes de tomarme algún descanso.

— Pero no hemos tenido ni un momento en una semana —Le contestó, preocupado.

Ella colocó su mano sobre la de él, en un gesto tranquilizador.— Todo estará bien, Yam. Te llamaré cuando termine.

El muchacho se giró rápidamente, estaba seguro de haberlo sentido por un instante. Como la energía maligna de Vegeta se incrementaba erráticamente de un segundo al otro, sin embargo inmediatamente regresó a la normalidad.

— ¿Qué sucede? —Cuestionó extrañada al verlo tan distraído.

Él se giró y con una sonrisa le negó, para luego acercarse, para despedirse con un tierno y casto beso, al que Bulma respondió un tanto incómoda.

No sabía por qué, realmente, pero la aparición de Yamcha la había dejado algo estresada. En los últimos meses y en su afán por ayudarlo a recuperarse de esa extraña fobia que parecía tener, Bulma pasaba gran parte de su tiempo junto a Yamcha y Puar, sin embargo, luego de la aparición de los guerreros espaciales, ella se enfrascó netamente en su trabajo de laboratorio.

Luego de ese beso, se ruborizó levemente y se le dibujó un gesto de incomodidad en el rostro. La cercanía que había tenido su cuerpo con el de Vegeta y sus promiscuos pensamientos aún estaban latentes, por lo que se sintió engañarlo y que, quizás ese beso no debería darse de esa manera. Bulma se sentía algo culpable.

Lo más extraño e incómodo de todo era que durante su pequeño encuentro con el príncipe de los saiyajins, Yamcha fue lo último que se le pasó por la mente, a diferencia de este encuentro, en el que Vegeta se le atravesó de inmediato.

El joven guerrero enamorado se retiró por el mismo camino que tomó al llegar, dejando a su confusa novia para terminar sus tareas a la esperanza de una llamada.

Bulma se apoyó sobre su escritorio, consternada, y limpió de su frente las diminutas gotas de sudor que le dejó su gallardo novio y meditando por unos minutos qué era lo que le estaba pasando. Era su novio, no se suponía debiera sentir tal incomodidad por un beso. Luego de unos minutos de meditación pudo oír unos pasos acercándose, y creyó que quizás Yamcha había decidido regresar a insistirle.

— No deberías estar perdiendo el tiempo en estas estupideces de humanos.

La mujer levantó la mirada, extrañada.

— ¿¡Estabas espiando!? —Le gritó empuñando la misma mano con la que acababa de limpiar su preocupada frente.

— ¿Para qué querría yo, ver tal cursilería terrícola? —Le gruñó él.

— ¡Ash! —Refunfuñó ella y se giró sobre sus talones, dándole la espalda una vez más.

Vegeta alzó una ceja. — ¿Te atreves a darme la espalda mientras te hablo?

— ¿Debo explicarte todo lo que hago? —Contestó girando su rostro y Vegeta arremetió hasta ella sin dudarlo.

La tomó del hombro y la obligó a girarse y por poco sentarse sobre el escritorio.

— Sólo haz tu maldito trabajo y cierra la boca.

— ¡Tal vez lo haría si dejaras de interrumpirme! —Gritó, acercando su rostro con fiereza.

— ¡CIERRA LA BOCA DE UNA VEZ! —Gritó también, terminando empotrando su frente sobre la de la científica.

Y aquel grito sólo hizo que el silencio siguiente fuese más notorio. Haciendo eco en las habitaciones desoladas del laboratorio, recorriéndolas para luego volver disminuido y luego sólo oírse la nada.

Bulma, al sentirse en tal soledad se dio cuenta de lo que había hecho, más se quedó allí estupefacta, con su frente totalmente apoyada en la de Vegeta. Y él, por el otro lado, era demasiado hombre para alejarse una vez más. La situación por muy extraña que fuere no volvería a doblegarlo, ella debía ceder.

— Vegeta… —Pronunció ella, casi murmurando su nombre.

Pero él, contrario a su accionar anterior, apoyó ambas manos contra el escritorio que la acorralaba.

— ¿Qué sucede, mujer? ¿Tienes miedo? —Cuestionó, prácticamente ronroneando.

Bulma no pudo más que apoyar su débil mano de porcelana sobre el musculoso pecho del guerrero saiyajin y en vano intentar empujarlo.

— ¿Ahora no hablas? ¿Este es el modo de hacerte callar? —Cuestionó otra vez, ladeando una sonrisa.

La mujer tragó saliva, Bulma sólo quería dejarse caer en todo ese jugueteo sensual y peligroso, a pesar de saber que no era lo correcto. Otra vez estaba allí, agitada y nerviosa. Y él nuevamente acorralándola, disfrazando sus ansias y necesidad por esa máscara de serenidad y confianza. Vegeta no podía dejar de formular promiscuos pensamientos, como escenas cinematográficas en su cabeza, de todas las cosas que podía hacer de allí en más. Deseaba tomarla de los muslos y sentarla por completo en aquel escritorio, arrancarle la camisa y oler salvajemente ese aroma tan dulce, desde su escote hasta sus orejas.

— Déjame… —Susurró completamente ruborizada— Debo seguir con…

— No te veo oponer mucha resistencia, mujer —Le contestó en voz baja.

— Yamcha puede regresar…

Vegeta se quedó frío y abrió los ojos con desmesura. La excitación pronto comenzó a esfumarse y rápidamente ser reemplazada por la ira.

Gruñó, indignado. La mujer estaba superponiendo los sentimientos de un insignificante y patético terrícola ante la compañía del mismísimo príncipe de los saiyajins. Era simplemente inaceptable, debería incluso tomarla a la fuerza, obligarla a sufrirlo, a pagar en carne la indignación que le acababa de provocar.

Vegeta se alejó de ella, si seguía un minuto más a esa distancia la mataría sin dudarlo.

— Oye —Lo llamó, extrañada— ¿A dónde vas?

— Lejos de ti, terrícola estúpida.

Continuará…


N/A: Cuando me pongo a describir escenas como estás me abochorno tantito de saber cuántas personas podrían leerlo jajaja Espero que les haya gustado, y haberlas dejado con ganas de ¡más!

Ya saben queridos/as lectores/as, si les sobra un minuto o dos, siempre pueden dejar un comentario sobre lo que les gustó o no les gustó de este fic. Estoy totalmente abierta a sus sugerencias y sólo tengo una pregunta que se me ha venido presentando en los últimos capítulos… ¿quieren lemon?

Originalmente no pensaba en que este fic tuviera lemon, pero a medida en que voy escribiendo siento que si no lo hago, estoy castigando a mi pobre príncipe jajajaja Me gustaría saber qué piensan al respecto. ¡Nos leemos en el próximo capítulo! Gracias por haber leído y si alguien quisiera agregarme a Facebook, he dejado mi link en la información de mi perfil. n_n