Viviendo entre sombras

Capítulo 20: Segunda opción

Todo se había vuelto demasiado incómodo para ellos dos. Por un lado, Bulma estaba confundida, su último encuentro con Yamcha no había sido lo que antes era, lo raro era que sólo había pasado una semana desde la llegada de los saiyajins. Estaba consciente de que estaba desarrollando un extraño sentimiento por su visitante, pero se convenció a sí misma de que una vez que se marcharan todo volvería a la normalidad. Que ese sentimiento diferente que comenzaba a albergar desaparecería junto con él.

Por otro lado, Vegeta seguía abochornado, molesto, indignado. Todo lo que había pasado con esa mujer durante los últimos días, todos esos impertinentes pensamientos libidinosos no eran comunes en él. Jamás se había sentido tan atrapado por sus deseos como en aquel momento. Lo peor de todo es que estaba a punto de ceder a ellos, cuando la mujer le puso un alto a todo, en nombre de aquel humano debilucho.

Nadie nunca lo había despreciado, comparado con otro hombre u reemplazado. Él era el príncipe de toda una imponente raza de guerreros, las mujeres de su planeta se matarían entre ellas para poder pasar un par de horas en sus aposentos. En cambio ella le escupía en la cara el nombre de otro ¿por qué era tan atrevida y estúpida?

Vegeta sabía que de volverla a ver recordaría toda la escena y probablemente desearía matarla de una vez, y olvidar para siempre todo ese miserable momento. Por lo que, hasta el día límite de aquella prometida semana, se mantuvo al margen de su laboratorio, y sus experimentos. Tampoco deseaba volver a ver al patético humano que le nombró en aquel momento tan próximamente íntimo, también deseaba matarlo…

Repentinamente, deseaba matarlos a todos.

Por tanto deseos asesinos, el príncipe de los saiyajins prefirió no pasar demasiado tiempo en la Corporación Capsula. De modo que pasó sus tardes restantes entrenando en el desierto y cazando sus propios alimentos, alejado de todos esos humanos despreciables. Lo extraño fue no recibir noticias de Nappa o de Bardock, las pocas veces en las que se acercó a la Corporación Capsula, tan sólo para dormir por las noches, había logrado verlo, deambulando por los alrededores, en silencio. Viniendo de Nappa, no era algo común.

Vegeta se preparaba, aún ofuscado y listo para terminar con la vida de la mujer en caso de no haber cumplido con lo solicitado. Y lo haría con una enorme sonrisa en el rostro, lo disfrutaría con sadismo. Incluso, hasta esperaba ligeramente que no haya podido cumplirle y así destruirla.

Se puso de pie al borde de la cornisa de un balcón de la Corporación, ya que no la encontró allí para exigirle, le mostrara los resultados. Por lo que probablemente estaba en ese viejo edificio abandonado. Miró en dirección a ese desierto como el sol salía como cada mañana, levemente rojizo. Ese momento y el atardecer le recordaban levemente el calor y la atmosfera rojiza de su amado Vegetasei, de modo que se detuvo un par de minutos para apreciarlo antes de emprender vuelo.

— ¿Tiene alguna novedad sobre las naves? —Cuestionó Bardock, poniéndose a su lado.

— En unos minutos las tendré.

— Iré con usted.

— No soy Tarble —Gruñó— Yo no preciso una niñera.

Bardock recordaba lo que había visto acontecer entre la mujer de cabello azul y el príncipe Vegeta, y, mentalmente puso en duda aquel enunciado.

— Lo sé, sólo lo acompañaré para poder volver con el príncipe y largarnos de aquí.

Vegeta rió.— ¿No se suponía que el plan de Tarble era que entrenásemos aquí?

— Sí, pero supongo que usted coincidirá conmigo sobre que en este planeta hay demasiadas distracciones —Le contestó ladeando una sonrisa.

El príncipe gruñó ¿qué quería decir con eso? ¿Es que acaso él había logrado ver...

— No sé a qué te refieres —Formuló rápidamente y giró su rostro.

— Debió ser idea mía, entonces.

Las extrañas insinuaciones del saiya de bandana comenzaban a irritarlo, por lo que prefirió no perder el tiempo, parado junto a él y tomó vuelo al laboratorio.


No sólo lo doblegó el increíble puñetazo en el estómago, sino que también terminó doblegado diariamente en la estancia de los actuales Son. A Tarble le resultaba gracioso ver como Nappa era lentamente domesticado y obligado a compartir junto con ellos por el tiempo que tuviesen que habitar esa pequeña morada. Ya le había insistido que si deseaba regresar con Vegeta podría hacerlo, pero él se negó y estableció que su obligación era permanecer junto con él.

Y allí estaba, Nappa, encorvado y sentado en una pequeña silla de madera que parecía se quebraría en pedazos en cualquier momento. Comiendo junto con el pequeño calvo de mono naranja, los ancianos entrenadores, Kakarotto, Milk, la flamante recién casada y embarazada, y a su derecha, su pequeño príncipe. Parecía que le costaba trabajo quitarle la vista de encima a Goku, pero generalmente todos tenían el mismo problema a la hora de comer.

Milk sonreía al verlo devorar tan desaforadamente, traducción clara de lo buena cocinera que era.

Tarble y Nappa también eran saiyajins, pero los modales del primero, a pesar de comer prácticamente la misma cantidad que Kakarotto, se mostraban más impecables. Nappa en cambio recordó sus modales al encontrarse en alguna conquista espacial, desgarrando un animal desconocido alrededor de una fogata junto con sus compañeros de equipo.

— No voy a creerme que este par de ancianos te ayudaron a volverte tan fuerte —Dijo el apaleado calvo con recelo.

— No me subestimes, yo también puedo patearte el trasero —Contestó el de barba y gafas pero se hizo hacia atrás, riendo histéricamente cuando el enorme saiya se le aproximó sobre la mesa con un gruñido.— ¡Estoy bromeando! Sólo estoy bromeando.

Nappa se regresó a su asiento, algo resignado.

Si Vegeta recibiera ese entrenamiento probablemente se convertiría en el Súper Saiyajin de la leyenda —Se dijo el calvo a sí mismo.

— Ka… Goku —Llamó el príncipe más pequeño y el saiya levantó la mirada— ¿Podría pedirte que me enseñaras a detectar el… ki?

Goku se sonrió y asintió con la cabeza.— Por supuesto.

— Oigan muchachos, ¿alguien sabe dónde está Launch? —Cuestionó Krillin.

— Recibió una llamada y se marchó en su motocicleta —Contestó el anciano Son sin descuidar su plato de arroz.


El calor del desierto era sofocante, pero no lo suficiente para que ninguno de los dos saiyajins llegase a levantar una queja. La temperatura de Vegetasei era considerablemente mayor a la de la Tierra, puesto que poseía más de un sol. Los soldados tocaron el petrificado suelo y caminaron hasta el interior del laboratorio abandonado. Vegeta aún estaba molesto por lo sucedido días atrás y sería mejor para la mujer que consiguiera rellenar el tanque de su nave, caso contrario la mataría como tantas veces la había amenazado.

— ¿Esto es un laboratorio? —Cuestionó Bardock al ver lo desgarbado de las instalaciones.

— No importa el aspecto del laboratorio si no cuán brillante es el científico —Sonrió Bulma acercándose y Vegeta soltó un leve gruñido.— Te has tardado —Dijo dirigiéndose al príncipe— Con lo ansioso que estabas creí que estarías aquí a primera hora.

Bulma traía un overol atado a la cintura y una playera blanca algo sucia. Pequeñas manchas de aceite negro por doquier y un par de guantes que en el camino hasta ellos, se retiró.

Bardock miró de reojo al príncipe, percibía que había algo inexplícito entre ellos dos. Pero no estaba totalmente seguro aún.

— Deja de parlotear por una vez y vamos al grano.

Bulma asintió algo emocionada.— Bien —De inmediato se dio media vuelta— Sígueme, pequeño.

—¡Hmpf! —Rápidamente se giró a Bardock quien lo miraba algo impresionado. ¿Se había atrevido a llamarlo "pequeño"? Inmediatamente se volteó a reclamarle el apelativo pero ya había cruzado la habitación hasta el naciente de un pasillo.

— ¡Apresúrate! —Le gritó agitando una de sus manos.

— Qué gritona —Espetó Vegeta, avergonzado y sorprendido. Sin embargó siguió sus pasos a la espera de ver qué era lo tanto la emocionaba.

Rápidamente lo guio hasta una amplia habitación enmohecida, y allí en el centro, perfectamente ordenadas estaban las cuatro naves Saiyajin en las que habían arribado a la Tierra y a su derecha una quinta de mayores proporciones y cuatro trenes de aterrizaje que la sostenían. Bulma le había colocado varias ventanas a los lados y por supuesto, el sello de su empresa a un costado.

Vegeta inmediatamente miró la más grande.

— ¿Qué es eso? —Cuestionó de brazos cruzados.

— Una chica debe cuidarse a sí misma ¿no es así? —Le dijo imitando su posición— Si el tal Freezer llegara también tendré la posibilidad de largarme del planeta, pero será la última opción.

— ¿Cuál es la primera opción?

Que ustedes lo destruyan por nosotros —Pensó y una gota de sudor recorrió su mejilla.— ¿No que nada de parloteos? —Le contestó y comenzó a caminar junto a las naves.— Me costó mucho trabajo, como te habrás imaginado. Casi no he dormido pero ya están listas, y es sorprendente la cantidad de esferas que tuve que usar. Los tanques están totalmente llenos y si mis cálculos no me fallan, podrás viajar cientos de años luz y regresar, sin problemas.

— Entonces ya es hora de partir —De inmediato se acercó a una de las naves e intentó abrir la compuerta. Bulma se escandalizó por un momento y corrió hacia él de inmediato. No podía permitir que se marchara tan rápido, pero no podía disimular su nerviosismo, no estaba en sus planes dejar que se marchara.

— ¡Espera! Aún tengo algo que mostrarte —Dijo apoyando su mano en el fornido pecho del guerrero.

Ambos miraron la delgada mano de Bulma hasta que un segundo después, recordando lo ocurrido noches atrás, ella la retiró rápidamente, movimiento acompañado de un leve rubor en sus mejillas.

— Acompáñame, te aseguro que te gustará.

Vegeta alzó una ceja y dudoso fue tras la mujer. Esta vez le tocó recorrer un pasillo un poco más alejado, y la mujer parecía cada vez más entusiasmada a medida que avanzaban.

¿Qué rayos está planeando? —Se cuestionó el príncipe.

Finalmente ella se detuvo y miró encantada la sala que había sido trasladada desde Capsule Corporation hasta estas nuevas instalaciones.

Al príncipe le resultó familiar esa sala de ventanas rojas y se aventó extrañado un paso hacia adelante. La miró de reojo y parecía estar satisfecha. Con orgullo colocó sus manos en la cadera y se felicitó mentalmente.

— Fue difícil traerla hasta aquí, pero funciona perfectamente —Le dijo tomando posición junto a un panel externo.— Ven, entra.

Una puerta metálica se abrió de par en par, luego de que Bulma tecleara en el panel que tenía frente a ella. Nuevamente Vegeta la miró extrañado.

— Si esto es una trampa, te lo advierto, mujer, no te servirá de nada.

La científica no pudo contener la pequeña risa que le provocó la desconfianza de Vegeta.

— Te prometo que no es ninguna trampa. Anda, entra, ya te di mi palabra de que te gustaría.

Con un poco de aprehensión, Vegeta entró a la cámara y se paró en el centro, observándola por la venta. Esperaba encontrar algo allí dentro y al encontrar nada más que una habitación vacía se molestó y soltó un gruñido.

— ¿Qué clase de broma patética es esta?

— Cálmate, Vegeta —Le dijo la mujer, pero su voz ahora se escuchaba levemente distorsionada gracias a la acción de un pequeño parlante instalado dentro de la habitación.— Esta cámara la construí junto con mi padre para Goku, hace varios meses atrás. Tarble se sorprendió al verla, así que probablemente tú también.

— Vaya sorpresa —Volvió a gruñir el príncipe.

— Espera, ni siquiera está encendida —Bulma presionó una serie de teclas y la atmósfera dentro de la cámara de gravedad se volvió más densa y rojiza.— ¿Ya puedes sentirlo? —Le preguntó y levantó la vista para encontrarlo observando sus manos, extrañado.

— ¿Qué demonios… —Se preguntó y luego la oyó reir.

— Ahora la aumentaré un poco más —Repitió su acción y una de las rodillas de Vegeta casi impacta el suelo, con todas sus fuerzas se sostuvo de pie, maravillado. ¿Acaso esa mujer había logrado manipular el peso de su cuerpo?

— Puede modificar la gravedad que haya dentro de la cámara, a Goku le gustó mucho entrenar aquí, pero desde que Milk se embarazó dejó de usarla para pasar tiempo con ella. Tú puedes usarla si deseas, incluso le pedí a mi padre que construyera unos robots que puedes usar durante tu entrenamiento que son capaces de regresarte las esferas de energías que creas con tus manos. Espero que la encuentres útil, después de todo, lo que querías era entrenar ¿no es así?

La mujer terrícola le sonrió a través del rojizo espejo y él se quedó mudo.

Es perfecto… —Pensó, aun albergando la duda del por qué se había tomado tantas molestias, ¿qué era lo que ella pretendía?, ¿acaso quería que se quedara allí?

La atmosfera regresó a la normalidad, la compuerta se abrió nuevamente y la mujer caminó hasta la salida.

— Aunque si gustas irte también eres libre de hacerlo.

El príncipe caminó a paso recto y con su siempre porte de brazos cruzados, junto a ella y pasándola por el pasillo. Ella lo miró sobrepasarla y comenzó a seguirlo.

— Me gustaría entrenar un poco en esa…

— Cámara de Gravedad —Completó ella.


Bardock merodeaba las afueras del deteriorado laboratorio, a pie. Contemplando el resquebrajado suelo bajo sus pies. Daba la impresión de que aquel inhóspito desierto no había sido bendecido con lluvia en varios meses, sin embargo al bajar la mirada, una pequeña mata color dorado había logrado crecer a la sombra de la unión de la pared verde militar y el suelo.

Se agachó levemente y la arrancó con su mano derecha sólo para colocarla en la comisura de su boca, y luego apoyarse contra la pared, aguardando por los resultados de la científica terrícola.

— Tienes suerte, mujer. Hoy no es tu día para morir —Escuchó de la voz de Vegeta, acercándose y decidió entrar con el afán de descubrir las noticias.

Vegeta contempló el otro lado de la habitación y se frunció el ceño. Todas las armas que Bulma había llevado hasta el laboratorio estaban dispersas por doquier, algunas de ellas colgadas ordenadamente en un marco, contra la pared y otras sobre diversas mesas repartidas por toda el ala oeste del laboratorio. El príncipe ya las había visto una vez, pero ésta, se veían diferentes, más grandes y nuevas.

— ¿De qué se trata todo eso? —Cuestionó en tono demandante.

Bulma se giró.— ¿Eso? Ya te lo dije, una chica debe cuidarse.

— No podrías disparar un arma sin perder un hombro, mujer. No seas ridícula. Mejor súbete a tu nave y huye. —Repicó Vegeta en son de burla.

Ella lo enfrentó con el ceño fruncido pero con una sonrisa victoriosa.

— Por supuesto que una dama delicada como yo no peleará con monstruos espaciales. Tenía pensado que alguien más lo hiciera por mí.

Y a lo lejos comenzó a oírse, casualmente, el sonido de un motor sobre-exigido, dirigido salvajemente por sobre dunas de arena hasta llegar a esa área de tierra más deshidratada.

Bardock se giró extrañado, esperando que no fuere quien él se imaginaba. La estridente humana amante de las armas de fuego.

Pero luego de un sonoro derrape, se estacionó justo frente a la puerta del laboratorio y su inconfundible melena rubia se sacudió la arena del camino, para después retirarse las gafas plásticas y con una sonrisa retirarse de su motocicleta aérea.

— Y acaba de llegar —Finalizó Bulma.

Bardock gruñó y masticó la ramilla dorada que tenía en la comisura de sus labios, mientras la hembra terrícola se acercaba peligrosamente. El guerrero alejó levemente su rostro cuando, al verla, ella le dedicó una mirada fulminante. Aún recordaba cómo se había dirigido a ella y a las de su raza y le provocó un ataque.

Launch se dirigió directamente a Bulma y ambas mujeres se saludaron, Bulma se hizo un par de pasos para atrás para permitirle mejor vista a la rubia de aquel botín que tenía entre manos.

— Necesito tu ayuda con un proyecto, Launch. Por supuesto te pagaré por ello —Comentó conociendo lo ambicioso de la platinada.

Los ojos verdes de la mujer brillaron y se agigantaron, empuñó ambas manos, emocionada. Era un combo perfecto, dinero y armas. No podía pedir más.

— ¿Ésta mujer será tu guarda espaldas? —Dijo Bardock alzando una ceja en un tono tajante.

Launch gruñó y lo miró de soslayo.— ¿Qué has dicho, bruto?

Bardock no le contestó, tan siquiera continuó masticando ese trocillo de rama y apretó la quijada.

Vegeta miró algo extrañado la interacción, al parecer no era el único saiyajin con problemas de interacción, lo cual lo hizo sonreírse levemente.

— Óyeme, ¡te estoy hablando! —Le gritó y el saiya se giró hacia ella, ofuscado.

Sin intención pasó la ramilla debajo de su nariz y la hembra entrecerró la mirada. A Bardock le resultó familiar aquella acción y se alejó un paso, ¿sería posible que tuviera una tercera transformación?

— ¡Oh, maldición! —Dijo Bulma al ver como su guerrera se desvanecería.

Los delicados brazos de Launch se levantaban conforme a sus pequeñas respiraciones se presentaban, listas para soltar un estornudo.

— ¡Atchú! —Se oyó y la mujer se cubrió la nariz.

Vegeta retrocedió dos pasos al ver como la melena platinada de volvía púrpura por completo en fracciones de segundo.

— ¡¿Qué demonios?! —

Bardock la miró aún de brazos cruzados y con ligeras gotas de sudor surcando su frente. La diminuta muñeca de porcelana había regresado.

Delicadamente limpió su nariz, avergonzada y le rindió una reverencia al saiya que tenía frente a ella y pidió disculpas para luego girarse a los lados, contrariada y preguntar:— ¿Dónde estoy?

Tan dulce y delicada era su voz que había borrado ya todo recuerdo de la estridente y gritona de la anterior que poseía su cuerpo.

Bardock se quedó en silencio, más no petrificado, si no expectante de lo que era esa pequeña humana.

— Ahora debo hacerla estornudar de nuevo —Dijo Bulma, cruzando los brazos.

— No lo hagas —Espetó el padre de Goku y el trío se giró por la interrupción. El saiyajin se ruborizó por un segundo y continuó— La otra me irrita demasiado.

Continuará…


N/A: Hola lectores. n_n Les comento que me he hecho una cuenta en y estaré subiendo dibujos de Bulma y Vegeta y otros personajes de la serie, para quien quiera seguirme pueden hacerlo en este link: nadeshicovegetariana. deviantart por ahora sólo tengo un dibujo, pero en unos días subiré el resto de los que tengo.

Nos leemos en el próximo capítulo.