Viviendo entre Sombras

Capítulo 22: Ratas

— ¿Qué fue lo que sucedió?

— ¿No recuerdas nada antes del… —Se aclaró la garganta.

— ¿De estornudar? —Completó con una sonrisa y él se cruzó de brazos.— No, no recuerdo nada.

— No parece importarte.

— No, no es eso. Verás, han pasado muchas cosas. He despertado durante un atraco a un banco, en medio de una pelea en un bar, huyendo a toda velocidad en una motocicleta. A la otra persona parece gustarle mucho el peligro y la adrenalina, de modo que todo se volvió muy impredecible para mí, no sé en dónde estaré después de estornudar, no sé lo que sucede durante horas, semanas o meses de mi vida o quizás ella pueda estar en peligro y ya no regresar, por eso debo disfrutar de todo el tiempo que me toque a mí. No es que no me preocupe o no me importe, es que prefiero pasar disfrutar de cada momento que me toca —Launch giró su rostro al Saiya y alzó levemente sus hombros esbozando su tierna sonrisa con los ojos cerrados.

— Será mejor que te marches de aquí, entonces —Contestó Bardock girando su rostro, no podía mirar esa cara de inocencia por mucho tiempo.— Si vuelves a entrar, esa científica va a obligarte a estornudar.


Nappa decidió escoltar a Tarble de regreso a la montaña Paoz, donde residiría durante un tiempo más a la espera de los resultados de aquel arduo entrenamiento al que se sometería Vegeta. Su misión de alejar a la científica de Tarble seguiría en piel, más ahora que antes, ya que se vería obligado a sobrellevar el embarazo de la mujer de Kakarotto.

La peli azul se giró en el pasillo justo antes de abandonar la habitación en la que distantes, los observaban Nappa y Tarble, con expresiones curiosas. La mujer se giró un poco más a inspeccionar el rostro de Vegeta, frío e inmutable. Hacía unos minutos atrás parecía capaz de fulminar, no sólo con la mirada, sino también con una esfera de energía, el rostro de Launch. Luchando por quién se quedaría con la mujer. A Bulma le resultaba curioso ese desenlace de sucesos y de la fiereza con la que Vegeta luchaba por lo que creía suyo, lo que le correspondía. ¿Ella ahora estaba dentro de ese grupo? No podía ser. Ella bajó la mirada al suelo y se sonrió por sus flamantes mejillas coloradas. Qué cosas estaba pensando.

— Hmph! —Se oyó de la garganta del príncipe que repentinamente aceleraba su paso y la dejaba atrás.

Por supuesto que un soldado tan finamente entrenado notaría cada cambio en el rostro de la mujer que lo acompañaba. De más estaba decir que ella tampoco disimulaba demasiado su gesticulación o sus miradas. Estando a medio metro de distancia ella miraba directamente a su rostro para luego retraer la mirada y volverse a sí misma acompañada de una diminuta risa. En otro momento le cuestionaría qué demonios le miraba tanto, pero luego de la riña por quién se la llevaría consigo con aquella disparatada mujer de ojos felinos, se hacía una idea de lo que ella podía estar pensando de él. Cosa que ni siquiera él mismo debía permitirse. Y no era momento indicado de ponerse a discutir con la científica, lo que él más deseaba era regresar a esa extraordinaria habitación y entrenar hasta el cansancio.

Bulma lo miró acelerar el paso y lo copió, intentando quedar nuevamente a la par de él, sólo hasta llegar frente al panel de control.

— ¿Qué esperas? —Le apresuró él.

— Qué ansioso estás, Vegeta —Contestó y el príncipe arqueó una ceja. Parecía no tener problema alguno en atreverse a tutearlo.— Mira, desde este panel externo puedes manipular la gravedad una vez que la compuerta esté cerrada, pero diseñé uno para ti en el interior de la habitación —Bulma abrió la compuerta e ingresó a la sala invitándolo a acompañarla. Luego de que la compuerta se cerrara detrás de ellos, se acercó al otro extremo y un panel escondido contra la pared se desplegó frente a ellos dos.— Es muy fácil, sólo debes presionar éste botón verde y luego teclear la cantidad de veces en la que quieres aumentar la gravedad. Cuando estés listo para regresarla a la normalidad presionas el botón rojo. Eso es todo —Dijo segura y posó sus manos en la cadera durante un segundo, para luego deshacer el agarre hacia sí misma y continuar:— Oh. —Musitó.— Olvidé a los robots —Se giró rápidamente, dejando a Vegeta de brazos cruzados, esperando. No tardó demasiado en regresar seguida por un grupo de cuatro robots voladores y un pequeño control remoto entre sus manos.

Bulma programó a los robots desde su control de mano y sonrió:— Ya, ahora cuando crees una esfera de energía estos robots podrán devolverla a casi la misma velocidad.

El príncipe miró con desconfianza las creaciones voladoras de la mujer, le resultaba difícil de creer que aquel cacharro tuviera la capacidad de sostener una de sus esferas de energía y aún más, devolvérsela. De modo que formó una en la palma de su mano, sin dudarlo y con un movimiento de su brazo se la envió de lleno a uno de ellos.

— ¡¿No puedes esperar que me marche para empezar!? —Gritó Bulma haciéndose contra una pared.

Sorprendentemente el "cacharro" logró maniobrar el ataque de Vegeta y enviarlo a otro robot, el cual copió su accionar y la esfera se paseó de robot en robot sin seguir algún esquema aparente.

— Vaya, humana. No creí que pudieras, pero lo hiciste —Le dijo ladeando una sonrisa.

— Dime algo que no sepa —Contestó molesta y cerró la puerta tras de sí. Antes de retirarse, se arrimó al panel externo y presionó un botón, para luego acercarse a un pequeño micrófono. — Cuando termines deberías darte una ducha, del otro lado del pasillo tienes un baño, habitación y comida —El príncipe hizo caso omiso de las palabras de Bulma y se quitó la capa, dejándola en el suelo, para entrenar con mayor comodidad— DE NADA.

Molesta, se dio media vuelta con la esperanza de recuperar algo del tiempo perdido. Ahora el laboratorio parecía vacío, no se oía ningún sonido. Ni siquiera de la cámara de gravedad de Vegeta, ya que sus tan resistentes paredes no permitían salir de allí a sonido alguno.

Bulma recorrió los alrededores con la esperanza de encontrar nuevamente a Launcha, pero parecía haberse esfumado junto con Bardock. Desanimada, regresó a su escritorio y justo en el instante en el que decidió poner manos a la obra, nuevamente sintió unos pasos acercándose a ella muy rápidamente y alzó la vista preocupada.

Él la saludó con una sonrisa sincera y amable, y el corazón de Bulma se encogió al recordar lo que había prometido y no cumplido. Se había comprometido a llamarlo al momento de terminar con esos labores impuestos por Vegeta, sin embargo se le había pasado totalmente por alto y aunque le apesadumbraba admitir, no tenía deseos de verlo en ese instante. Bulma tenía demasiadas cosas en mente como para preocuparse por su novio. Ante sus ojos tenía cientos de armas diferentes, las cuales debía aprender a utilizar y modificar para estar preparada en caso de algún ataque, había estado pendiente de las necesidades de Vegeta y de encontrar una manera de no ser asesinada por el mismo. Habían pasado miles de cosas por su mente en esos últimos días, muchas excepto Yamcha, quien sonriente se encaminaba hasta ella.

— Qué bueno que estás bien, Bulma. Me preocupé por ti, hace unos momentos llegaron esos Saiyajins a casa de Goku y dijeron que se quedarían en la Tierra. Creí que algo te había sucedido.

Bulma lo miró y miró su trabajo nuevamente, fastidiada por las constantes interrupciones. Pero no podía echarlo de ninguna manera, teniendo en cuenta lo preocupado que se había puesto por ella.

— Todo está bien, Yam. Pero debo seguir trabajando, lo siento mucho —Dijo ella sin levantarse de su asiento.

— Oh… ¿Ese sujeto sigue aquí? —Se cuestionó mirando en dirección a la cámara de gravedad.

— ¿Te refieres a Vegeta? —Le preguntó ella.

— ¿Lo llamas por su nombre como si fuera tu amigo? ¿Olvidas a toda la cantidad de gente que asesinó al llegar a nuestro planeta? —Cuestionó con recelo.

— ¿Y cómo pretendes que lo llame si ese es su nombre?

— Bah, de todas formas encuentro a ese tipo despreciable —Contestó cruzándose de brazos— Y me desagrada mucho que debas pasar tanto tiempo con él. Ese lunático es capaz de hacer cualquier cosa.

— En realidad no es tan malo como crees.

— ¿Qué no es tan malo como creo?, ¿estás delirando?

Bulma frunció el ceño y elevó la voz.

— Pues si has venido aquí a insultarme, mejor vete —Reclamó y giró su rostro con arrogancia.

Su novio rápidamente ofreció disculpas y se acercó a ella, ligeramente bañado de sudor. Ciertamente no le agradaba discutir con la primera mujer con la que había podido mantener una conversación.

— No, no, no he venido a discutir, Bulma. Por favor, es tarde y creo que deberías comer algo.

Bulma soltó un suspiro:— Yam, tengo mucho trabajo por delante aún.

— Vamos, Bulma. Debes comer —Pidió en tono conciliador, pero ella no parecía ceder— Perdóname, no debería ser tan duro contigo. Has lidiado con mucho en los últimos meses y sé que haces tu mejor esfuerzo. Lo siento… vamos, salgamos a cenar.

¿Cómo negarse a los amorosos intentos de Yamcha por pasar algo de tiempo con ella? De ninguna manera podía decirle que no sin cargar una insoportable culpa dentro de sí, de modo que en son de liberarse de todo aquello y terminarlo de una buena vez, aceptó con la sola condición de que la trajera de vuelta a su laboratorio para poder continuar con su trabajo.

A regañadientes, Bulma se levantó de su asiento y escoltada por aquel gallardo guerrero de mono anaranjado, se montaron a una nave y marcharon a la Capital para disfrutar juntos de una cena.

Si disfrutar es lo que se le llama a observar lo infructuosos intentos de Yamcha, intentando levantar una amena conversación mientras que ella no podía dejar de pensar en las diversas maneras de utilizar el combustible que creó a partir de la ayuda de Tarble.

Parecía que mientras más intentaba él llevar en paz la cena, más desagradable y tedioso se le hacía a ella. Simplemente deseaba terminar con la cena de una buena vez y así poder volver a su querido laboratorio.


Le resultaba sorprendente la manera en que su pequeña esfera de energía se paseaba por la habitación para regresar convertida en su enemiga e intentar atacarlo, una y otra vez hasta el cansancio.

A pesar de encontrarse ya jadeando levemente sus respiraciones, tenía plantada en el rostro una sonrisa de victoria. Regocijándose por adelantado en la segura muerte de Freezer por su propias manos. Tal y como estaba predestinado.

Entrenaría día y noche hasta finalmente lograr superar los poderes del sátiro dueño del universo entero. Para luego convertirse él mismo en el Lord y Señor de toda la galaxia.

Después de todo tal vez podría dejar a la humana con vida, se había ganado un poco de misericordia. Incluso si se comportaba podría tenerla trabajando bajo su comando, aunque era muy poco probable que se comportara, basado en lo que la conocía hasta ahora.

Con algo de dificultad Vegeta esquivó la esfera y regresó a su posición de pelea, por lo que notó como divagaba entre estúpidos pensamientos mientras debería estar totalmente concentrado en hacerse aún más fuerte. Habían pasado varias horas y tal vez era momento de un pequeño refrigerio y luego regresar, está vez con la mente más atenta.

Vegeta salió de su cámara con el pecho descubierto y la parte superior de su traje azul, amarrada a su cadera. Su armadura la dejó en el interior de la habitación y antes de retirarse, limpió el sudor de su frente.

Recordaba que la mujer le había indicado hacia dónde se encontraban su dormitorio, una cocina y un baño, pero la irritante voz de la hembra se oía gritar no muy lejos de allí. Vegeta se preparó para lo que viniera y se encaminó hacia los alaridos de la peli azul. Sin embargo, al verla lanzándole todo tipo de artefactos al muchacho irritante de rostro cortado lo dejó atónito.

— ¡Con que eras tímido con las mujeres! ¡¿Entonces quién diablos era esa tipa que te saludó tan afectuosa?!

— ¡No es lo que tú crees, Bulma! —Dijo esquivando los objetos que ella le lanzaba— ¡Es amiga de Krillin!

— ¿¡Amiga de Krillin!? ¿Por quién me tomas? ¡¿CREES QUE SOY ESTÚPIDA?!

— ¡Estás algo confundida!

— ¿Confundida yo? ¡Confundida ella, que cree que los abrazos se dan con sus pechos!

— Es una chica muy afectuosa —Intentó refutar Yamcha, con timidez.

— ¡Ya vete y déjame terminar mi trabajo! Sólo has venido a interrumpirme —Gritó Bulma empuñando sus propias manos— Ya veo que tendré que defenderme sola si nos atacan, porque estarás muy ocupado baboseándote por otras mujeres.

— ¡No es así Bulma! Si algo llegara a suceder yo te protegeré.

Vegeta simplemente no pudo contener la risa que le causó ese último comentario y se acercó unos pasos, aún de brazo cruzados.

— ¿Defenderla? ¿Tú? ¡Já!, no me hagas reír. Tú no podrías ni contra un bebé Saiyajin, ¿qué te hace pensar que podrás defender a alguien más de todo un ejército?

— Este no es asunto tuyo —Contestó Yamcha.

— Ni me interesan tus asuntos, insecto. Interrumpes mi entrenamiento con tus alaridos. Sinceramente creí que se trataba de la hembra, pero eras tú —Agregó sonriendo.

— Ya cállate, maldito. No sé qué haces aquí aún, este no es tu lugar.

— ¿Tú vas a decirme a mí dónde está mi lugar? Miserable.

— Si fuera por mí ya te hubieras marchado lejos de aquí.

— Al parecer la hembra no opina igual —Contestó con una sonrisa y el otro lo observó confuso.

Bulma se sobresaltó y sintió la mirada de su novio plantarse en su rostro por un instante, pero al parecer se contestó a sí mismo y regresó su mirada a Vegeta.

— ¡Deja de decir tonterías! —Bramó agitando su mano derecha.

— ¿Qué acaso no te dijo lo que ha hecho para que me quede aquí? —Le contestó confiado.

La mujer inmediatamente se posicionó entre ellos dos y tomó entre sus manos los hombros de Yamcha.

— Yam, ya vete por favor. No quiero que sigan discutiendo —Dijo preocupada.

— ¡Mentiroso! —Le gritó al príncipe, con furia. Ignorando a la jovencita.

— Que te lo diga ella, supongo que estaba ansiosa porque me quedara, teniendo en cuenta todas las molestias que se tomó.

— ¡Ya cállate, Vegeta! —Reclamó, ella.

— ¡Hmph! —Se oyó de su garganta.

— Y tú, Yamcha. ¡Vete ya!, sólo quiero terminar con mi trabajo y aquí estás, ocasionando una pelea. No tengo deseos de seguirlos escuchando discutir, necesito que te vayas. ¿Qué no te das cuenta de que Vegeta puede matarte?

— Y sin embargo has dicho que no es un mal sujeto —Contestó su novio con más calma— Quizás no es él el que miente, después de todo.

Bulma soltó los hombros del muchacho y se hizo un paso hacia atrás.

— Yam…

— Ya me voy, no quiero causarte más problemas.

No bastó más para que Yamcha se marchara de allí sin la necesidad de ninguna nave. Bulma se quedó estática por unos segundos hasta oír a sus espaldas la voz del príncipe.

— Por fin cesaron los alaridos.

Bulma se infló de coraje al escucharlo, ¿cómo se había atrevido a comportarse de esa manera? Vegeta no tenía ningún derecho a intervenir en la discusión que sostenía con Yamcha, y mucho menos a insinuarle que ella quería tenerlo cerca.

— ¡¿CÓMO TE ATREVISTE?! —Le gritó furiosa, dándose vuelta.

Vegeta alzó una ceja y se hizo un paso hacia atrás al verla acercase con violencia.

— ¡¿Qué te pasa, mujer loca?!

— ¿¡Cuál es tu problema, Vegeta!? ¿No podías quedarte callado?, ¿tenías que decirle todo eso a Yamcha?

— Mira, mujer lunática. Tu no vas a limitar lo que puedo y no, decir —Comenzó, caminando hacia ella con determinación— Tú —Pronunció con fuerza— No eres nadie —Haciendo énfasis en la última palabra— ¡Nadie!

Bulma se encogió levemente al sentir el aliento de Vegeta sobre su rostro, con esa expresión de fastidio tan típica de él.

— Eres un malagradecido —Replicó ejerciendo presión sobre sus puños— ¡Te he brindado mi hospitalidad! ¡Comida, un techo, una cama! ¿Y así es como lo agradeces?, ¿maltratando a mis amigos? —Antes de que Vegeta pudiera contestar, continuó— No era necesario que le dijeras eso a Yamcha, ¡¿en qué estabas pensando?! ¿Crees que te ofrecí la cámara de gravedad porque quiero estar contigo? ¿¡Pues sabes qué!? ¡No es así! Si hay algo que quisiera es que todos ustedes se largaran lejos de aquí y nos dejaran en paz. Estábamos mucho mejor antes de que ustedes llegaran. ¡Eres la persona más malagradecida que he conocido en mi vida! ¡NO TE SOPORTO!

Vegeta se inclinó levemente por los gritos de Bulma y, fastidiado por sus palabras contestó:— Había considerado tenerte piedad una vez que derrote a Freezer pero con esa bocota que tienes debería matarte ahora mismo —Comenzó, entre gruñidos— No importa cuántas armas construyas para mantenerte protegida del ejército de Freezer, de nada te servirá. Terminarás muerta al igual que todos tus amigos y tu familia, humana debilucha. Con más razón aún, si desperdicias el poco tiempo que te queda peleando con tu noviecito en lugar de poner tu trasero a trabajar.

Bulma no tuvo más palabras para replicarle y luego de una corta batalla de miradas él se giró sobre sus talones y partió a la cocina, como tenía pensado, al salir de su cámara en primer lugar. Con un bufido se retiró y ella tragó saliva mientras lo seguía con la mirada. Se recluyó nuevamente a su escritorio aún furiosa y se dejó caer en su silla, como si liberara su frustración dejando caer su cuerpo con pesadez.

Vegeta había resultado tan creído y petulante que no podía quitarse esa irritación del cuerpo aunque lo intentara. Con qué desfachatez se había dirigido a Yamcha para decirle que ella deseaba tenerlo allí, a su lado. Cuando su plan de mantenerlo en la Tierra era sólo una medida de seguridad.

Maldito príncipe egocéntrico y narcisista, ¿cómo se atreve? Ahora Yamcha creerá que siento algo por Vegeta y… ¡¿Pero qué estoy pensando?! ¿Ahora yo soy quien debe rendirle excusas a él? —Se cruzó de brazos con los ojos cerrados— ¿Después de cómo se comportó con esa mujer espera que yo le responda sobre mi relación con Vegeta?... No es que haya algo entre él y yo, ni siquiera nos llevamos bien. Creo que incluso me detesta… —Cruzó sus brazos sobre su escritorio y apoyó su mentón sobre ellos— Tal vez hasta tenga razón y todo esto es en vano, y no lograré nada construyendo todas estas armas. Quizás no pueda escapar de aquí si algo malo sucede y aunque no quiera admitirlo, Yamcha no podrá protegerme aunque quisiera —Giró levemente su rostro a la pared repleta de armas en las que había estado trabajando con un dejo de arrepentimiento. Sin embargo ella simplemente no podía tirar por el tacho todas esas horas de trabajo. Todo ese tiempo invertido en idear alguna manera ingeniosa de liberarse de aquella amenaza. Se negó, entonces a aceptar que todo sería en vano y con determinación se regresó a trabajar.

De ninguna manera se resignaría a morir junto con el resto de la humanidad en el medio de una implosión galáctica. Bulma Briefs había nacido destinada a la grandeza, o eso era al menos, lo que su interior le decía a gritos.

— Voy a demostrarte de lo que ésta humana debilucha, es capaz, principito.


A cientos de años luz, alejado y en soledad. Situado en un recóndito planeta, colonizado y utilizado con el solo fin de ser un punto de embarque para otras naves, se encontraba el magnate de las conquistas interplanetarias.

No parecía tener deseos de abandonar la nodriza. Postrado en su pequeño vehículo flotante, observaba a través de la colosal ventana que, lo único que le permitía ver era una inmensa e interminable penumbra, bañada de débiles destellos dorados y blancos.

Posó su agrietada mano blanca, sobre su fina barbilla y se acarició por un segundo. Una media sonrisa se le plantó y su sádico aspecto sólo relucía los seguramente macabros pensamientos que sostenía.

Escuchó a lo lejos como unos pasos parecían aproximársele y entonces regresó sus brazos al borde de su nave para aguardar en silencio; sin quitar la mirada del profundo espacio.

Finalmente los pasos terminaron en el umbral de la entrada de aquella estancia y el gallardo soldado se presentó ante su señor con una reverencia, sin importar que éste le estuviera dando la espalda.

— ¿Qué sucede Zaarbon? —Cuestionó con calma sin dirigirle la mirada.

El soldado se levantó del suelo y con una expresión de satisfacción se dirigió a su líder:

— Tengo gratas noticias, mi Lord —Comenzó— Un soldado ha arribado al planeta. Se trata de un Saiyajin que dice tener valiosa información sobre la ubicación del príncipe Vegeta.

Freezer sonrió ampliamente e hizo girar su transporte.

— Qué bien, soldado Zaarbón. Nos han ahorrado mucho tiempo, tenemos suerte de que esa asquerosa especie de Saiyajins no sean más que unas ratas traicioneras —Se rió— Escóltalo hasta aquí, quiero saber exactamente la ubicación del pequeño Vegeta.

A pesar de lo mucho que deseaba hallarlo, le resultaba divertida la búsqueda. A sabiendas de que probablemente estuviera oculto y aterrado esperando su inevitable final.

Después de todo, no habría sitio en el universo que lo mantuviera a salvo por mucho tiempo.

Una parte de Freezer detestaba saber que en algún lugar habitaba un ser con el mismo despreciable rostro del Rey de Vegetasei, pero al mismo tiempo disfrutaba de ser el gato de ese juego y recorrer lentamente cada rincón y saberlo escabulléndose como la rata que él creía que era.

Zaarbón no se hizo esperar mucho y al cabo de unos minutos reapareció acompañado de un desagradable soldado obeso y de piel color rosa pardo, y otro de tez morena.

El soldado Saiyajin se hincó sobre una pierna y bajó la cabeza en señal de respeto hacia Freezer, quien lo observaba seriamente.

— Gracias por recibirme, mi Lord.

— No es necesaria tanta formalidad, soldado…

— Turles —Completó él.

— Turles… Adelante, me ha dicho el soldado Zaarbón que tienes información que puede serme útil, ¿no es así?

El hombre de armadura púrpura asintió con seguridad.

— Antes de venir a éste planeta, recibí un mensaje a mi scouter. Parecía ser del príncipe Tarble —Dijo mientras Freezer se esforzaba por recordar al muchacho, sin embargo al no salir con un rostro rápidamente, regresó su atención a Turles—. El príncipe invitó a todos los saiyajins sobrevivientes de la explosión a reunirse con él en un planeta llamado Tierra, y luego nos facilitó las coordenadas.

— Vaya, así que planean reagrupar sus pequeñas tropas. Qué interesante… —Se dijo el Lord, pensativo—, y tú, soldado, ¿por qué no te has unido a ellos?

— Debo confesar, mi señor… que mi lealtad es del mejor postor —Se inclinó nuevamente, sonriendo de lado.

Freezer apretó los labios en una pequeña sonrisa.

Así que el pequeño y débil hermano de Vegeta está reuniendo un grupo de Saiyajins a mis espaldas. Seguramente ese cretino está detrás de todo esto y se encuentra allí con los sobrevivientes… —Repentinamente cambió la expresión de su rostro y se ensombreció, para luego darse media vuelta—. Ya puedes retirarte —Bramó y el soldado fue escoltado hacia la salida por Dodoria y Zaarbón.

Si no fuera por el desgraciado de Vegeta no me vería obligado a lidiar con todo esto. ¿Cómo es que el maldito se anticipó a mis planes y mandó a sus tropas lejos del planeta? —Se cuestionó entre gruñidos, que luego de unos segundos se silenciaron y fueron sustituidos por la fría y penetrante expresión de su silencioso rostro—. Una vez encuentre a tus hijo, como último castigo, los asesinaré frente a tus ojos, Vegeta. Así te llevarás al infierno una lección bien aprendida.


Habían pasado ya muchas horas desde su brutal cruce de palabras con el príncipe de los Saiyajins y la nueva sede improvisada de la Corporación Capsula se encontraba sumida en un incómodo silencio.

Por las noches en aquel desierto en el que se ubicaban, el frío se volvía insoportable, a diferencia del calor sofocante que dominaba sus tardes.

Bulma agitó su mano por sobre su frente, intentando espantar un insecto que se posaba sobre la hoja de papel en la que escribía. Perturbando su serenidad.

— ¿Qué rayos hace este insecto merodeando con tanto frío?, creí que preferían molestar los días calurosos y húmedos —Se dijo a sí misma antes de levantarse y agitar sus manos mientras lo espantaba con un "shú, shú", muy poco efectivo.

Luego de alejar al molesto visitante, se regresó a su asiento y se dedicó a inspeccionar con la mirada el perímetro silencioso. Fastidiada, se hizo hacia atrás sobre su silla y se cruzó de brazo, meciéndose levemente sobre las patas traseras.

No tenía muchos deseos de regresar a la Corporación Capsula aún y medio se arrepentía de no haberse hecho una habitación para ella también. Luego de trabajar tantas horas y sin contar con la discusión que mantuvo con Yamcha y luego con Vegeta, no se sentía en condiciones de conducir su nave de vuelta hasta su hogar. La única cama que le quedaba era la que había preparado para Vegeta, pero no sería tan estúpida como para volver a cometer el mismo descuidado error. De modo que en vez de añorar una cama y un poco de sueño, se estiró rápidamente y se levantó de su asiento.

— Tal vez con un poco de música me anime —Dijo caminando hasta el estéreo que su padre le había alcanzado cuando remodelaba el lugar.

Bulma se colocó frente al aparato, pero como si controlase todo el lugar, al presionar el encendido todas las luces de la nueva Corporación se fueron abajo y se escuchó un intenso sonido que luego de un segundo disminuyó hasta desaparecer.

— El generador debe haberse sobrecalentado —Se dijo, y esperaba que para ese instante, Vegeta ya estuviera —con mucha suerte— durmiendo.

Su última flexión la hizo casi flotando. Un segundo, sus músculos pedían clemencia con cada nuevo movimiento, y al siguiente su cuerpo se había liberado de todo peso, haciéndolo sentir aún más liviano de lo que en realidad era. La atmosfera rojiza se deshizo y en su lugar, la penumbra se adueñó de la cámara.

La compuerta de entrada se abrió inmediatamente la luces se apagaron y Vegeta se quedó un instante esperando que sólo hubiera sido un error momentáneo y todo regresara a la normalidad en breve. Pero no fue así.

El príncipe se levantó del suelo y esperó por otro instante pero al no ver señales de que el problema fuera a solucionarse, gruñó y se aventuró en busca de la mujer.

Él, sin duda alguna no necesitaba sostenerse de las paredes para saber exactamente en dónde estaba parado, pero en ese momento le hubiese sido muy útil tener puesto su scouter para poder localizarla más fácilmente, en lugar de merodear el predio mientras vociferaba su nombre. Y aún si intentara llamarla, no usaría su nombre aunque se lo supiese de memoria. Se le hacía más factible llamarla por un frío apelativo, de preferencia degradante.

— ¡MUJER! —Gritó, sorprendido de no hallarla en el último sitio en el que la había visto—. ¡Mujer terrícola! —Gritó nuevamente y tampoco tuvo respuesta.

No le quedó más remedio que recorrer las instalaciones a oscuras mientras la buscaba. Tristemente tuvo que apoyar una de sus manos contra un muro y seguir el trayecto, esperando al menos escuchar algún sonido que lo guiara.

Se paseó ciego por el establecimiento por vario minutos hasta que finalmente vio a lo lejos el leve movimiento de una luz y aceleró su paso, tomando camino por una escalera que parecía llevar a un profundo subsuelo.

Continuó siguiendo la luz hasta que pudo vislumbrar la silueta de la hembra por la que clamaba minutos atrás.

— ¡Mujer! —La llamó a sus espaldas y ella se giró con un salto y un grito, tocando su pecho con una de sus manos. Espantada.

— ¡¿Por qué me asustas así?! —Reclamó.

— ¿Qué demonios sucede? Necesito volver a entrenar —Espetó el príncipe con seriedad.

— Y yo necesito volver a trabajar, Vegeta. Así que si me disculpas, iré a solucionar esto —Se regresó a su camino y apartó una tela de araña con una expresión de desagrado, retornando a su búsqueda del generador.

Vegeta la siguió, casi imitando la expresión en su rostro al pasar junto la creación del arácnido y tragó saliva de manera inaludible.

— ¿A esta pocilga llamas laboratorio? —Bramó casi azulado.

— ¡Deja de quejarte! ¿Qué pasa, le tienes miedo a un par de insectos? —Bromeó risueña.

— ¡No digas tonterías! —Le contestó y ella se giró, apuntando la luz de su linterna en él. Por la expresión de su rostro, mirándose a sí mismo, se podría decir que Vegeta sintió un cosquilleo en su brazo derecho y por ello la mirada perturbada. Bulma dirigió la luz hasta la extremidad del guerrero y al parecer una larva, cría de araña, se había posado sobre él.

El príncipe se hizo con pánico varios pasos hacia atrás maldiciendo en voz alta y sin querer dándose contra un par de muebles mientras Bulma observaba atónita lo sucedido.

Luego de una lucha repugnante, Vegeta logró librarse de la baba de aquella larva y respiró con profundidad, más calmado. Levantó la vista y ahí estaba ella, conteniendo la risa.

El saiya empuño ambas manos.

— ¡¿De qué te ríes estúpida?! —Gruñó avergonzado.

— Pues mira nada más, pero si el grandioso y soberbio príncipe de los Saiyajins le aterran los insectos —Se rio ella y él se acercó amenazante.

— Si tú estás habituada a convivir con criaturas desagradables es tu problema —Se defendió aún algo ruborizado.

Ella se rio nuevamente y la posición de su cuerpo se tornó engreída.

— Así que tiene un punto débil después de todo. Quién diría que un hombre tan poderoso e invencible tendría—

El príncipe alzó una ceja, la mujer había dejado su oración inconclusa y ahora se la apreciaba de cierto modo, petrificada. Repentinamente sus ojos se abrieron de sobremanera y sus pupilas se volvieron más pequeñas. Entonces su labio comenzó a temblar junto con sus hombros al mismo tiempo y lentamente llevó la luz de su linterna y mirada a su pie derecho.

La cola de una rata se había enredado en su tobillo.

De repente los pechos de Bulma se habían plantado en pleno rostro del príncipe, que no le quedó más opción que tomarla de las caderas que ahora tenía a horcajadas sobre él mismo y retroceder por los estridentes gritos y pataleos de la histérica mujer.

El rubor se incrementó cuando se abrazó de su cabeza mientras gritaba "¡MÁTALA!" a todo pulmón.

Vegeta intentó abrir un ojo y peleando por no perder la estabilidad, formó una pequeña bola de energía y dio en el blanco.

— ¿Ya? —Le preguntó con más calma, respirando de manera agitada cada respiración.

Fue entonces cuando notó el furtivo agarre que sostenía sobre el guerrero y se giró a su rostro avergonzada.

Con las mejillas sonrosadas miró sus ojos con dificultad entre la penumbrosa habitación y Vegeta cometió el ligero error de respirar. Aspirando así el aroma embriagante de su perfume y sintió ansias por hacer de su agarre un poco más posesivo.

Bulma se hizo un poco hacia atrás con timidez y sintió claramente como sus rodillas temblaron. Sintiendo plenamente sus fuertes manos enguantadas sosteniendo sus muslos.

— Já —Se mofó rápidamente—, con que muy val—Intentó burlarse, cuando amenazante, otro peludo arácnido se colocó entre los dos, expulsando de su trasero la baba viscosa de su tela y el príncipe se pintó de azul nuevamente.

Sin pensar caminó hacia atrás y Bulma echó grito intentando esquivar al diminuto animal, tropezando ambos en la oscuridad para caer al suelo.

La fémina abrió los ojos con duda y un poco de dolor. Sus rodillas estaban levemente magulladas a pesar de que había caído sobre Vegeta.

Lentamente se incorporó sobre él, quedando sentada.

Mientras que él seguía respirando ese exquisito aroma que era su perfume, colándose entre sus sentidos de manera perturbadora. Movió la punta de sus dedos y notó que las piernas de la mujer estaban prácticamente desnudas. Probablemente vestía esos pequeños pantalones ceñidos a sus glúteos y sin querer se preguntó si traería el abdomen descubierto también.

La linterna había caído en el suelo detrás de ellos y lo único que podía verse era la silueta bien proporcionada de ella, sentada a horcajadas sobre él. Con un par de prendas menos y eso sería todo.

El príncipe se encontró a sí mismo acariciando esas piernas con la yema de sus dedos y su hombría reaccionó como era de esperarse. Con un rápido y certero movimiento la tomó por los hombros y la arrojó a un costado, para luego ponerse de pie y sacudirse el polvo de su traje.

— ¡Oye!, ¿no podrías ser más cuidadoso? —Le reclamó mientras le príncipe se alejaba unos pasos a respirar profundo, añorando una ducha fría.

— Terminemos con esto de una vez.

Continuará…


N/A: ¡Hola lectoras de mi alma! Como siempre espero que les haya gustado, esta vez salió más largo n_n pero se lo merecían, para el próximo capítulo prometo más acción, y más y más Y MÁS ACCIÓN *0* jajaja Nos leeremos en unos días!