Viviendo entre sombras

Capítulo 23: Seducción.

El príncipe, heredero por linaje y excelencia de aquella milenaria raza guerrera, no podía reaccionar de esa manera por ningún motivo. El simple tacto de una hembra no era razón suficiente para poner en duda sus valores o compromiso para con su especie, y mucho menos por una tan irritante como lo era ella.

— Uno creería que los príncipes saben de modales —vociferó la mujer.

Tras ser arrojada con violencia a un costado, luego de caer al suelo a horcajadas de Vegeta, Bulma decidió imitarlo y levantarse de suelo para luego sacudirse la ropa en busca de remover el polvo de aquel abandonado sitio.

El príncipe le daba la espalda, nervioso y ofuscado. Casi con temor de que su cuerpo pudiera reaccionar de alguna manera, traicionándolo, sin su previa autorización. Por supuesto que legendario hijo del Rey Vegeta podía ejercer control total de su cuerpo y tolerar lo inimaginable a la perfección, pero sólo teniendo en cuenta que debía tener su mente en ello de principio a fin y no divagar en banalidades o en curvas femeninas. Si bien la abstinencia no era nada para él en Vegetasei, en la Tierra se hacía más complicada por la suma de una hembra en ajustados pantalones cortos, merodeando a su alrededor.

Rápidamente sacudió la cabeza y se cubrió la nariz con fastidio. El aroma del cuerpo femenino se le había impregnado y ciertamente no era algo que un soldado —en cuya vida el hedor a sangre seca ha sido una predominante— pudiera pasar por alto muy fácilmente.

— Soy una mujer muy delicada para estar pasando por esto —gimoteó nuevamente y se agachó a tomar la linterna, que en la conmoción anterior había caído al suelo. Se giró sobre sus talones a lo alumbró, notando así que ya había vuelto a adaptar su típica posición de cruce de brazos por sobre el pecho.

— ¿Eso le dirás a los soldados de Freezer cuando vengan a reclutarte a sus harenes?

— ¿Harenes?, te refieres a esas mujeres que sirven… ¿sexualmente? —cuestionó enfatizando desagrado en la última palabra.

— Lo vulgar ya lo tienes —agregó y ella frunció la expresión—, pero no es momento de estar perdiendo el tiempo —dijo y le arrebató la linterna de entre las manos.

— ¡Oye! —se quejó.

— ¿Qué buscamos? —se apresuró él, comenzando a retomar el camino que seguían anteriormente.

— ¡Espérame! —gritó nuevamente y corrió detrás de él. Una pequeña aunque protuberante vena se marcó en la frente de Vegeta.

Es un generador de energía. La primera vez que lo vi creí que funcionaría bien pero al parecer se sobrecargó. Creo que ha pasado tanto tiempo sin utilizarse al máximo que a la primera que lo hizo, colapsó. Aunque no es nada que no pueda arreglar.

— Pero qué impresionante laboratorio.

— Deja de quejarte, sólo tomará unos minutos.

El príncipe no emitió palabra alguna, en respuesta. Continuó su camino a paso firme y con la esperanza de no tener ningún nuevo encuentro con algún insecto, aunque sin modificar su expresión férrea.

Al cabo de unos metros la luz de la linterna se posó sobre un aparato de moldura cilíndrica, empotrado al techo desde el centro de la habitación y de grandes magnitudes a comparación del resto de aparatología vecina. Su base, ancha y colmada de botones, perillas e interruptores, tenía en la parte más baja y contra el suelo, una compuerta de metal levemente corroído y entreabierta. Mientras que la parte que se conectaba al techo y probablemente enviara la energía eléctrica al resto del edificio, estaba cubierto con monitores apagados, seguros ilustradores de cámaras instaladas en los alrededores.

— ¡Ahí! —exclamó tomando el brazo que sostenía la linterna y señalando con el dedo lo que para el príncipe fue obvio al momento de verlo la primera vez.

Vegeta sintió su cálida y pequeña mano sobre su musculosa extremidad y no pudo evitar mirar a la científica de soslayo, conteniendo la respiración. Su exagerada forma de ser lo impresionaba.

Le era sencillamente sorprendente que en su efusividad, la mujer se tomara tales atrevimientos sin importar lo mucho que él se esmerara en demostrarle su desagrado. Casi como si ella no lograra entender lo que él intentaba trasmitirle, no le importara o no pudiera creérselo.

Ella en cambio, sintió los músculos de ese vigoroso brazo tornarse tensos a su tacto. Tal y como lo hacía un gato al erizarse, hinchado y con los sentidos agudizados, lo cual le provocaba un poco de gracia. Se preguntaba cómo podía ser que semejante guerrero se alterara al toque inocente de una mujer, sin menospreciar sus siempre impecables encantos femeninos, por supuesto. Lo destacable era que a lo inofensiva que la presumía Vegeta, al mismo tiempo parecía considerarla una amenaza.

En razón de divertirse con la extraña situación que se estaba dando y continuar alterando los nervios del Saiyajin, no lo soltó ni suavizó el agarre sino hasta llegar al generador, para luego acercarse y ponerse de rodillas.

— Qué bueno que estás aquí —le dijo sonriente.

— ¿Uhm? —musitó él.

— Así me ayudas sosteniendo la linterna mientras yo arreglo esto —agregó divertida.

El guerrero gruñó. No le agradaba el título de ayudante de laboratorio, pero lamentablemente para él, si no colaboraba con la causa no podría continuar entrenando como tanto deseaba.

— Oye, Vegeta —llamó y él asintió con un sonido ronco de su garganta— Creo que te debo una disculpa por lo que te dije antes, no fue mi intención echarte de aquí. Por supuesto que puedes quedarte el tiempo que necesites, eres bienvenido en mi casa —dijo y luego recordó—, aunque te agradecería que no le dijeras a Yamcha que es mi intención retenerte conmigo —finalizó algo avergonzada.

De no ser por la penumbra, el príncipe hubiera notado el repentino rubor que se adueñaba de las mejillas de la hembra terrícola.

— ¿Re-retenerme junto a ti? —cuestionó con dificultad, torciendo el gesto—, ¿de qué rayos estás hablando?

— ¿Cómo que de qué estoy hablando?, no te quieras desentender de todo lo que dijiste antes —reclamó regresándose a verlo con expresión de fastidio y un rubor más intenso.

Vegeta empuñó su enguantada mano libre.

— ¡Mujer estúpida!, ¡me refería a que descubrí tu patético plan de que los proteja en caso de que Freezer llegue aquí! —gruñó con fuerza—, ¿qué demonios estabas pensando?

El rostro de Bulma fue carcomido salvajemente por un rojo intenso.

— Oh…

Vegeta giró su rostro al encontrarse ante lo evidente en el rostro de ella y confirmó gruñendo, avergonzado.

Sin darse cuenta, tal vez se había planteado a sí mismo ante la pareja de la muchacha como un rival, en lugar de establecer una ventaja al evidenciar el insignificante y patético plan de Bulma para mantenerlo en la Tierra en un intento desesperado por salvarse del genocidio de Freezer.

Para el príncipe todo había sido muy claro desde el principio. En un comienzo había logrado cumplirle su promesa y de proveerlo con las naves espaciales a tanque lleno para poder largarse lejos de allí, tal y como tantas veces le había exigido ella. Sin embargo la emoción con la que se presentó junto con su vanagloriada creación, que manipulaba la gravedad; sospechosamente no sólo se podía adjudicar a su orgullo de científica. Pero todo tomó sentido cuando recordó la nave que había creado para ella misma. La mente del Saiya no necesitó de más para descifrar sus intenciones.

Una media sonrisa se le dibujó. La mujer tenía claras esperanzas de que, luego de un arduo entrenamiento, pudiera derrotar al tirano intergaláctico, aunque así mismo tenía el recaudo de procurarse una vía de escape en caso contrario. Pero su deplorable manera de transmitirlo —lo cual era raro—, lo había dejado parado en medio de una extraña disputa territorial junto con el humano de rostro cortado y la fémina de cabellos azulados.

El inconsciente de Vegeta, posiblemente le estaría jugando una mala pasada. Demás estaba mencionar que él no reconocería tal error de expresión, por lo que prefirió abogar en contra de la capacidad de interpretación de Bulma y traspasarle la culpa a ella.

— No me digas que pensaste que me interesaría por ti —le dijo con arrogancia, apoyándose en la pared detrás de él.

Bulma se prendió fuego, nerviosa. Si bien esa no fue la primera impresión que tuvo, sí se había colado entre sus frágiles pensamientos femeninos esa desequilibrada idea.

Ella se giró completamente hacia él, aún arrodillada en el suelo y empuñó ambas manos.

— ¡Por supuesto que no! —le negó en voz alta—, ¡creí que tu intención era hacer sentir a Yamcha fuera de lugar!

— ¿Y cómo creías que lo hacía?, ¿robándome su pareja? —refutó en son de burla—, no digas tonterías.

— Ash —se le oyó con fastidio—. No sé para qué intento explicarte todo si vas a comportarte así —frunció el ceño y se regresó a sus labores.

Vegeta se mostró renuente al reclamo de la mujer y permaneció en silencio y con seriedad giró su rostro a un lado mientras que la joven científica tomaba sus herramientas y proseguía su labor. Al príncipe no le quedó más opción que desviar la mirada, si es que la peliazul en posición de cuadrúpedo y vistiendo tan diminuto pantalones era lo que quisiera mirar. Aunque de momento a momento, se le perdía de soslayo, una mirada inquisitiva que luego se regresaba reprochante al rincón en penumbras.

Un silencio levemente incómodo tomó posesión del lugar y al cabo de unos minutos no quedaba más que oír engranajes encastrarse y las respiraciones y pequeños jadeos de esfuerzo que la mujer hacía debajo del panel atiborrado de botones.

Bulma interrumpió la calma con un tono suave y tímido.

— Hace un tiempo le pregunté a tu hermano cómo era Freezer y no pudo describírmelo —comenzó—, ¿tú podrías?

Vegeta esperó un segundo en silencio antes de decidirse a contestarle.

— ¿Para qué quieres saber eso? —le cuestionó sin girarse a su rostro.

— Pues, si resulta que al final tenías razón y moriré sin remedio alguno, me gustaría al menos poder imaginar el rostro del responsable —contestó ingenua.

Vegeta soltó una imperceptible risa, casi en forma de bufido.

— Tarble no podrá describirlo bien ya que nunca lo vio personalmente —dijo y renegó de la constante sobreprotección de su padre para con su hermano—. Nunca asistió a sus asambleas, incluso dudo que él sepa de su existencia —hizo una pausa y continuó—. Freezer es… —dudó—, extremadamente desagradable.

Bulma descuidó sus labores para escucharlo con mayor atención. Jamás imaginó que el mejor apelativo que Vegeta pudiera encontrar para describir al mítico Lord de todo el universo, sería "desagradable".

— Repugnante —agregó luego.

— ¿Tan horrible es? —cuestionó anonadada.

El saiyajin medio sonrió.

— Imagina una lagartija morada, blanca y cuarteada.

— Eso no suena tan mal —le dijo imaginando.

— Ahora imagínala antropomorfa y afeminada —terminó sonriente, más sin descuidar su ceño fruncido.

Bulma dibujó en su mente a un ser casi femenino e incrédula, frunció una mueca.

— No puede ser que sea así el ser más poderoso de la galaxia —dijo ofuscada y el príncipe ronroneó una risa ante el consternado rostro de ella—. Estás jugando conmigo —determinó con fastidio.

— Ya quisieras —dijo él—. A pesar de todo, no es su cuerpo lo que te aterrará si tienes la desgracia de conocerlo, mujer —continuó en un tono más serio—. Son sus ojos.

La mujer retomó su expresión de asombro a la espera de lo que él pudiera contarle.

— Sus ojos son de un negro profundo, pero si miras con atención verás un destello rojo en su interior.

Un rojo sangre.

La peli azul tragó saliva a un tono perceptible al oído del guerrero, que la miró de soslayo y nuevamente soltó una risa muda.

— Si supieras realmente cómo es Freezer no tendrías la osadía de desear verlo antes de morir —sentenció con seriedad y cerró los ojos—. Sería el peor recuerdo que llevarse al otro mundo.

— Pues a mí me dio más curiosidad —dijo con calma.

Vegeta torció el gesto y la miró sin articular palabra. Bulma sonrió con el ceño endurecido y se puso de pie, luego se giró y buscó con la mirada un interruptor que no tardó mucho en encontrar para luego accionar, devolviéndole la luz a la oscura instancia.

— Ya —se dijo satisfecha—. Creo que debo volver a trabajar.

— Ya era hora —le dijo dejando la linterna a un lado y girándose sobre sus talones para volver a su entrenamiento.

No faltó mucho tiempo para que cada uno se regresara a su respectiva labor y pasaran las horas una vez más. Bulma analizaba pacientemente cada arma y renegaba la falta de Launch para darle una mano con su labor, ya que la platinada las debía de conocer como nadie más.

Cada minuto que transcurría sentada en su escritorio y con cada bostezo que de su boca salía más difícil se le hacía mantener los ojos abierto y más borroso se volvía todo. La mujer limpió la húmeda comisura de sus ojos y sacudió ligeramente la cabeza pero otro bostezo se le escapó. Luchó contra su mirada entrecerrada y casi ardiente por mantenerse despierta pero sin darse cuenta, lentamente perdía la batalla.


Con cada hora que pasaba, se exigía un poco más elevando los números del panel empotrado en una esquina de la habitación gravitatoria y continuaba su exhaustivo entrenamiento. Y con cada nuevo esfuerzo, intentaba quitar de su mente cualquier escena anterior en la que estuviera metida esa entrometida peli azul, pero le resultaba más difícil de lo que él creía, por lo que determinó que lo mejor en ese momento era procurarse una ducha fría, refrescante y tranquilizadora, y un par de horas de sueño.

Vegeta limpió su frente con una toalla que encontró a mano, dentro de la misma habitación, y luego la arrojó a sus pies para dar por terminada su sesión. Presionó con determinación el botón que lo liberaría de esa aura rojiza y sin más por hacer, se retiró.

Al salir de la cámara de gravedad se reprochó estarse preguntando por el silencio perturbador de la sede en la que residía. Se suponía que la científica estaba trabajando pero todo estaba inquietantemente en calma y se imaginó varias cosas aunque con el rostro sereno, recorrió el pasillo hasta llegar al ala que le pertenecía a ella y descubrió el motivo de aquel escalofriante silencio. Estaba dormida.

El príncipe la miro sin modificar su semblante y cruzó los brazos sobre el pecho. Parecía exhausta.

Bulma se meció un poco sobre su escritorio y una extraña sensación recorrió la espina dorsal de Vegeta, al ver como un arma cargada yacía entre los brazos de la mujer, justo por debajo de su pecho.

Qué tonta —pensó él—. Mujer estúpida, ha pasado tanto tiempo preguntándose cómo es Freezer para terminar aniquilada por sus propias armas. Qué manera más ridícula de morir.

Vegeta intentó dar un paso atrás para regresarse a dormir pero sencillamente había algo que le impedía girarse y dejarla a merced de sus movimientos entre sueños.

Gruñó por lo bajo y se recriminó no haberse marchado aún. Se volvió a mirarla, dormida con tanta calma y con un artefacto letal amenazando a su vida cada segundo que él no hacía nada por ayudarla.

Si ella muere, nadie podrá arreglar mi cámara de gravedad —se dijo como si intentara convencerse de ello. Aunque en su interior aún no terminara de descifrar ese extraño sentimiento que lo dominaba.

Caminó unos cuantos pasos hasta estar cerca de ella y con extraña delicadeza intentó tomar el arma de un lado y ella se aferró con más fuerza. Una vez más aventuró su mano a lo que con firmeza sostenía la mujer e intentó jalar de ella. La mujer comenzó a recuperar lentamente el conocimiento, pero retomó su sueño se regresó a su anterior posición.

Renuente a lo que intentaba hacer, gruñó exponiendo su colmillo derecho y se detuvo justo frente a ella para analizar una vez más la situación. Recordó como un flash extraños momentos casi íntimos en los que, sin querer, la había deseado o se había sentido intensamente atraído y se reprochó una vez más su inaceptable comportamiento.

Bajó la mirada, fastidiado y observó su cálida expresión al dormir, aproximándose un paso más hacia ella. Bulma pareció reaccionar con calma y estiró ligeramente sus extremidades, lo que hizo a Vegeta contener la respiración por un segundo. Pero al cabo de unos instantes re volvió a contraer aferrándose con más fuerza al arma, cruzando sus brazos en un abrazo inconsciente y apoyando la cabeza sobre la intercepción de la punta de la pistola y su codo. Haciéndose a sí misma, cada vez un blanco más fácil.

Vegeta deliberó sus opciones con un par de gotas de sudor en la frente. Parecía haberle arrebatado el poco tiempo de decisión que le queda a propósito.

Bulma no podía morir y él lo sabía, el problema era encontrarle una respuesta al interrogante "¿por qué?" y lo único que llegó a su mente y sonó conveniente fue su cámara de gravedad.

Tarble había sido recluido por su orden, lo más alejado posible de la fémina y por lo tanto era imposible que supiera sobre el funcionamiento de semejante maquinaria. De modo que si llegase a sufrir algún desperfecto y Bulma se encontrase en el otro mundo, le tomaría más tiempo del deseado ponerla en funcionamiento nuevamente y él sabía muy bien que el tiempo apremiaba. Vegeta no tenía más tiempo que perder.

Tomó rápidamente el arma desde el centro y jaló de ella, pero repentinamente sintió como se regresaba con terror y alzó la mirada para ver como la mujer retrocedía sobre su silla con los ojos aún cerrados y la boca hecha una mueca.

— ¡Suéltame! —reclamó casi saliendo de una pesadilla.

Una sombra desdibujada que se le avecinó en la oscuridad amenazante, la aterró y se hizo hacia atrás. Lentamente salió de su sueño y parpadeó un par de veces. Del otro lado Vegeta permanecía expectante y algo atónito.

— ¿Vegeta? —cuestionó al salir del sueño—. ¡¿Por qué me asustas así?!, ¿¡estás loco?! —le reclamó ofuscada y él gruñó retrocediendo un paso.

Bulma se aferró con fuerza del arma que tenía entre los brazos sin saberlo y con un sonido similar a un pitido, pasó a una velocidad imperceptible para ella, más visible para él; una ola de energía caliente junto al rostro gélido de la fémina.

Ahora asustada, sintió un calor abrazador recorrer durante un fragmento de segundo su mejilla derecha y percibió después el hedor de unos pocos cabellos chamuscados.

Vegeta torció el gesto ante la escena y blanqueó algunos dientes en sorpresa. Miró los ojos ahora enormes de la científica y sus diminutas pupilas. La sintió temblar levemente y luego de escuchar un crujido seco por encima de ambos, y que unas migajas de cemento cayeran sobre el escritorio, ambos alzaron la mirada. El flechazo de energía había perforado gran parte del techo y dejando otra parte insostenible. Crujió nuevamente, regando más pequeñas porciones de cemento sobre sus cabellos e inevitablemente se colapsó sobre ambos. Rápidamente cerró los ojos con fuerza y sintió un firme agarre de su cintura. No podía ser.

Abrió con cautela los ojos y lo primero con lo que se encontró fue su tonificado pectoral desnudo y se ruborizó. Tenía ambas manos posadas sobre él y nuevamente se encontró casi aprisionada entre él y una pared.

Alzó la vista y encontró su altivo rostro de perfil y no pudo evitar notar su tan varonil y marcada manzana de Adán. Sobresaltada, lo observó regresar su mirada a la de ella.

— Qué torpe eres —le dijo con frialdad.

— Lo siento —murmuró avergonzada y al mismo tiempo maravillada ante lo que había ocurrido.

Era la primera vez que la escuchaba disculparse de una manera tan serena y sincera, entonces se dio cuenta de que acababa de salvarle la vida y que no albergó duda alguna en ese instante.

El príncipe se quedó estático, mirándola tan ruborizada y sumisa. Apretó la dentadura y sintió como la respiración de ella se aceleraba segundo a segundo y que, al mismo tiempo la de él se acomodaba al mismo ritmo. Analizó el escenario y se encontró a sí mismo rodeando su cintura con ambas manos y notó la tibieza de sus brazos acomodados sobre su pecho. Tragó saliva con reproches internos, ante todos los pensamientos furtivos que merodearon su mente como un haz en menos de un segundo. Su proseguir podría ser cuestionable.

Vegeta se fastidió, pero no tanto de la situación como de sus ataduras y obligaciones. Después de todo él era el príncipe de los Saiyajins y la primera autoridad al mando de todo su pueblo y como tal podía torcer las normas a su antojo y disposición. Y ciertamente se le antojaba algo prohibido. Él podía haber lo que le plazca y deseaba hacerlo.

El guerrero retomó su posición dominante y su actitud posesiva tomando con fuerza esa pequeña cintura y la arrastró contra sí. Bulma pasó por alto el ligero rubor de las mejillas del príncipe, perdida en sus determinados ojos azabaches que no la perdían de vista. El frío de sus manos enguantadas hacían que se le estremeciera la piel al igual que la fiereza con la que la demandaban.

Seducida, entrecerró la mirada, tomando casi por sorpresa a Vegeta, que continuaba luchando contra los demonios de sus obligaciones y orgullo de saiyajin.

El príncipe la observó con el rostro entregado y la espalda seductoramente arqueada hacia él. Ella lo esperaba con ansias y ya no podía negar lo atraído que se sentía al ver a esa irrespetuosa e irreverente mujer, tan sumisa entre sus manos. Ver como su salvajía se apagaba lenta pero gustosamente para nadie más que él.

No pudo hacerse esperar más, luego de una leve inspección a mirada entrecerrada, sus labios rosa pálido lo recibieron con agrado, abriéndose inquisitivos. Y su cuerpo flaqueó encastrándose más al del príncipe, casi como por instinto. Rápidamente sintió los delgados brazos color crema, pasando de su prisión entre su busto y el pecho del saiya, a enredarse en su nuca de una manera extrañamente suave pero sin descuidar su firmeza.

La mujer meneaba cautivadoramente su cabeza y lengua dentro de él, tacto dulce que jamás había probado con antelación. Ya bañado en su enloquecedor aroma, la empotró inmutable contra la pared a sus espaldas y enloquecido, recorrió los centímetros de su cintura y cadera, contenido por un ligero temor a "romperla" si se aferraba con demasiada fuerza. Tarea que ella no le facilitaba, al escuchar sus gemidos engatusantes, atrapados en el encuentro de ambos labios.

— Vegeta… —murmuró ella cuando él retiró su boca de la de ella y se dedicó de lleno a su cuello.

— ¡Vegeta! —se oyó con eco a lo lejos y ambos amantes quedaron petrificados.

Un par de gotas de sudor los recorrieron, a la espera de que aquel llamado no haya sido nada más que un error.

El príncipe descuidó levemente el agarre de aquella cintura como ella lo hizo de su fornido cuello. Con cautela se giraron para escuchar con atención, hacia el sitio del que provino el primer llamado.

— ¡Vegeta! —gritó una vez más la voz de Nappa—, Buenas noticias, han llegado más saiyajins.

Continuará…


N/A: Qué mala que soy, siempre los estoy interrumpiendo jajaja

Quería tomarme un momento para agradecerles a todos y cada uno, los reviews que me han dejado desde el inicio del fic. Realmente, cada vez que leo uno me alegro mucho y me pongo a imaginar las continuaciones o escribir borradores. ¡Son una inspiración! ¡Gracias y nos leemos en el próximo!