Viviendo entre sombras
Capítulo 24: Inquilinos
No había forma de sacudirse el penetrante aroma de su perfume de entre su piel, de sus manos, de su cuello. El príncipe limpió acelerado la húmeda comisura de sus labios y miró nuevamente a la entrada, tan próxima a ellos que le provocaba escalofríos. No se tomó la molestia de girarse a verla a ella y en cómo se encontraría de abochornada, separándose a regañadientes del tan ansiado cuerpo femenino y girándose al lado contrario al encuentro de aquella voz solicitante.
Familiar como lo era, presumió a Nappa aproximarse a ellos. Con suerte y se había anunciado al menos, dándole el tiempo necesario para perder el rubor de su acalorado rostro.
Corriendo, emocionado y tal vez con algo de inocencia, Nappa se aproximó inoportunamente a la pareja. Detrás de él apareció Tarble, con una notable sonrisa dibujada. Una vez a una distancia cercana, el saiyajin calvo empuñó con fuerza ambas manos.
— ¡Vegeta! —volvió a gritar y el aludido se exasperó aún más.
— ¡YA TE OÍ, MALDITA SEA! —le contestó fastidiado.
Nappa lo miró algo asombrado, sin esperar que su vociferada noticia lo hiciera reaccionar de esa manera. Tarble, en cambio, más atento que su compañero, estiró el cuello en busca de Bulma y la manera en la que escandalizada acomoda su vestimenta le extrañó. Sin decir palabra alguna pasó la mirada por sobre su hermano y notó el ardor en su rostro. Volvió la mirada a la fémina, él era muy observador. Bulma limpió con disimulo sus labios, intentando que su rouge corrido no fuese tan evidente. El pequeño y perceptivo príncipe entrecerró la mirada con incredulidad.
— ¿Qué demonios quieres ahora, Nappa? —Le cuestionó con un gruñido.
— Ciertamente eso explicaría su mal humor —se dijo el más joven en un pensamiento.
Nappa se irguió derecho y soltó el fuerte agarre de sus puños.
— Uhm —dudó un instante—. El escuadrón de Bardock recibió el mensaje del príncipe Tarble y han arribado al planeta.
— ¿Arribado? —preguntó Bulma a espaldas de Vegeta. Saliendo detrás del que la miraba apretando la mandíbula, se asomó sorprendida—. ¿Cuatro naves han llegado?, ¿cómo es que no las detecté?
El de mayor altura la miró de reojo, reusándose a contestar. La peli azul miró al otro joven y se acercó a él cruzando los brazos de manera relajada y con el rostro preocupado.
— Tarble, ¿las naves de esos saiyajins pueden ocultarse a mis radares?
— No lo sé, pero es probable.
La científica frunció el ceño, no esperaba que ninguna nave extraterreste volviera a tomarla por sorpresa.
— Debemos ir por ellos, tal vez tengan información sobre Freezer —dijo Nappa a Vegeta en un tono serio.
El príncipe se cruzó de brazos y asintió. Pidió aguardara un momento más para volver a vestirse su armadura y presentarse como la figura de la realeza que él era. Bulma se quedó estática y fruncía una mueca mientras deliberaba en las variantes que podrían haber causado tal descuido.
Tarble continuaba rondando una extraña idea por su mente que se le coló al momento de hacer entrada en las instalaciones de la científica. No era posible que su hermano, tan intachable como era, cometiera tal indiscreción. Aunque de ser esa la cuestión, no era la reputación de Vegeta lo que le preocupaba, sino la seguridad de su nueva amiga terrícola. Tarble miró con desdén a la mujer parada a su lado y notó una pequeña mancha de un tono casi bordó, marcada entre su hombro y cuello, bien definida en el crema de su piel.
— ¿Qué es eso? —le cuestionó con inocencia.
— ¿Qué? —contestó confundida.
— Eso que tienes en el cuello.
Bulma no imaginó que la casi violenta succión que le príncipe acababa de proporcionarle le habría dejado con tanta rapidez tan evidente marca. La mujer quedó petrificada nuevamente, y ágil cubrió el lugar con una mano para correr en busca de cualquier objeto que reflejara. Se afirmó contra una brillante plancha metálica y pudo verlo con claridad, la distintiva huella de su infidelidad.
— ¡Maldición! —pensó e inmediatamente comenzó a buscar cualquier prenda para cubrirse en vano, ya que todo su guardarropa yacía abandonado en la central de Corporación Capsula.
— ¿Te encuentras bien? —le cuestionó el jovencito al ver que su mirada se volvía igual de nerviosa que cuando acababa de llegar.
— Vámonos, Nappa —espetó Vegeta, ya blandiendo su capa tras de sí.
El susodicho medio sonrió al verlo de su imponente vestimenta saiyajin. Vegeta miró a un lado como Tarble observaba preocupado a la mujer que, histérica, giraba de un lado a otro en busca de algo que él desconocía.
— ¿Qué es? —cuestionó Tarble.
Bulma miró a Vegeta, que la observaba de soslayo y su rostro volvió a prenderse fuego.
— Es… es… —dudó—, una picadura de mosquito —finalizó dejando la marca al descubierto.
— ¡Hmph! —se oyó de Vegeta, quien rápidamente comentó su marcha a las afueras del edificio.
Apretó la quijada una vez más, atónito ante la evidencia que había dejado en el cuerpo de la fémina. Levemente seducido de su delicadeza.
Nappa apresuró el paso y fue tras su líder mientras Tarble corría unos pasos para no quedarse atrás.
— ¡Oye! —llamó Bulma—, yo también voy. Tendrás que llevarme, no quiero quedarme atrás.
Tarble tragó saliva al ver como su hermano se giraba durante un segundo para dirigirle una mirada inquietante, casi en forma de amenaza. Detuvo su marcha y la mujer se posicionó a su lado.
— ¡Vamos!, ¡apresúrate! —le reclamó ella.
Indeciso la tomó entre sus brazos a las afueras de la Corporación y emprendió vuelo detrás del dúo saiyajin. Percibiendo la intensidad de la mirada furtiva de su hermano de momento a momento.
Devota y bien intencionada, como de costumbre, servía plato tras plato con la esperanza de ser aprobada o al menos reconocida como la grandiosa ama de casa que era. Alimentar a seis Saiyajins y a tres humanos más, sin contar con el semi saiyano que se gestaba en su vientre, era todo un reto. Pero ella se consideraba a la altura.
Como guerrera ató a su frente una bandana para mantener su largo cabello azabache fuera de los alimentos y sin tener en cuenta o consideración las limitaciones de su embarazo, continuó sirviendo la interminable cantidad de platos para los recién llegados amigos de su suegro.
— ¿No tienes algo de ron, Kakarotto? —pidió un soldado corpulento, de gran altura, con un poco de cabello alborotado sobre las orejas y nuca, mientras que el centro lo tenía calvo.
Goku rio con una mano posada en la nuca.
— Lo siento, Borgos —dijo algo divertido—, aquí no tomamos alcohol.
— Qué aguafiestas —contestó para luego vaciar su plato y mirar de soslayo al saiya obeso a su lado, que no dejaba bocado por dar. Con una mueca de asco se alejó unos centímetros—. Pareciera que no has comido en meses.
El hombre de baja estatura y cabello corto no se molestó en limpiar todas las migajas de comida que tenía regadas por el rostro, mordisqueó una pierna de pollo asada y miró al otro con una sonrisa.
— Siempre que despierto de un sueño hibernal, lo hago con más apetito que de costumbre.
— Oigan, ahora que no quedan saiyajins con vida más que nosotros, ¿deberíamos repoblar la raza con Seripa? —bromeó el soldado mejor parecido de cabello recogido y el resto se echó a reír azotando la débil mesa de los Son.
— Uhm —Bufó la mujer. Cruzando una de sus musculosas piernas y brazos tonificados por sobre el pecho—, ya quisieras, Tooma —respondió medio sonriendo.
— En todo caso creo que Seripa corre con suerte, por cómo están las cosas podría terminar teniendo un hijo del príncipe Vegeta —agregó Borgos.
— Quién diría que una soldado de clase baja tendría un hijo de la realeza —comentó el más gordo.
— Ya cállense —pidió ella cerrando los ojos con fastidio hasta que un pitido de su scouter captó su atención.
El pitido se repitió el los rastreadores de los tres soldados restantes y se mostraron altivos.
— Mi padre —determinó Goku con el ceño fruncido y sin decir más todos los saiyas se retiraron de la mesa ante los perplejos y callados ancianos y su discípulo calvo.
La orgullosa ama de casa acababa de vestirse sus hogareños guantes para sostener la enorme y pesada hoya metálica y girarse para servirles una nueva ronda de pastas, pero lo único que se encontró fue una inmensa pila de platos sucios y sólo a los tres humanos que, espantados siguieron al resto con temor a sufrir las represalias de la indignada embarazada.
El de bandana aterrizó a unos metros de la morada, momentos después de que el grupo de sonrientes soldados se avecinaran a su encuentro.
Bardock sonrió ampliamente manteniendo siempre su ceño fruncido.
— Me alegra que estén bien.
—Afortunadamente estábamos muy lejos de Vegeta-sei —comenzó el de uniforme azul que respondía al nombre de Tooma, pero luego su mirada fue desviada a la joven y delicada criatura que medio se ocultaba detrás del gallardo guerrero—. Vaya —espetó. Se acercó galante, con una sonrisa maliciosa y se agachó levemente hasta quedar a su altura—. ¿Vienes a darnos la bienvenida?
Bardock se mantuvo estático y Launch, a pesar de su ingenuidad, percibió la malicia en su mirada e instintivamente se echó para atrás casi escondiéndose tras el torso del soldado. Tooma sonrió ante la reacción de la hembra y cruzó los brazos, al tiempo que los demás se acercaban unos pasos más hacia ellos y, para desgracia de la mujer, parecía llamar la atención de los guerreros.
— Parece que la tienes muerta de hambre, Bardock —dijo entre risas Shugesh, el más bajo y regordete de los presentes.
— Tranquilos —demandó con firmeza el aludido.
— ¿Puedo darle de comer? —preguntó Borgos aproximándose con un trozo de carne en una mano que había tomado antes de retirarse de la pequeña y concurrida vivienda de Kakarotto.
— Ya basta —contestó Bardock apretando los dientes.
— Ya déjenlo, muchachos —interrumpió Tooma aún sonriente—, parece que se ha encariñado.
— No digas estupideces —se defendió el soldado.
— Chicos —dijo la mujer de armadura rosa y pendiente dorados—. Llegó el príncipe.
El escuadrón de saiyajins presente se aserió inmediatamente y observaron al de capa roja aterciopelada, aterrizar a unos metros de ellos e inmediatamente le rindieron una reverencia. Vegeta cruzó los brazos sobre el pecho y con una leve satisfacción que no dejó exhibirse en su rostro, los observó. Nappa caminó hasta la derecha de su príncipe y le ordenó que se levantasen pasado un tiempo respetuoso.
Detrás de ellos y de forma algo desapercibida, llegaban Bulma en los brazos de Tarble, que se aproximó rápidamente a ellos.
— Estamos a su servicio, príncipe —espetó Tooma en representación del grupo.
Bardock los observó de soslayo. No terminaba de confiar en el criterio de Vegeta y se sintió en una disyuntiva al ver como su propio escuadrón se entregaba a su comando, muy a pesar de que ese fuera el correcto proseguir.
— ¿Qué saben de Freezer? —cuestionó Vegeta, imponente.
— No tenemos mucha información sobre él, pero luego de la explosión de Vegeta-sei ha atacado un sin número de planetas.
— Debe estás detrás de nosotros —dijo Nappa y el de cabellera puntiaguda lo miró de lado mientras lo escuchaba. A sabiendas de que sería lo más probable— ¿Algún otro sobreviviente?
El grupo negó rápidamente.
—No del que nos hayamos enterado —Agregó Tooma.
Bulma se acercó a los guerreros a paso firme y a Tarble se le crisparon los nervios al verla tan decidida a pasar entre Vegeta y el escuadrón. Intentó detenerla pero la escurridiza mujer pronunció palabra incluso antes de poder tomarla por el brazo y regresarla a su lugar.
— Disculpen, necesito hacerles una pregunta —se acercó capturando la atención de los soldados.
— Vaya, vienen en varios colores —bromeó Shugesh.
La peli azul quedó extrañada un momento y el más alto de los tres recién llegados soldados se le aproximó malicioso. Hizo un click de su scouter frente a ella y observó su figura de pies a cabeza. Luego de una minuciosa inspección y que su rastreador le revelara el casi nulo poder de pelea de la hembra, bufó una risa.
— ¿Puedo quedarme con esta? —dijo tomando a la mujer de la cintura con leve violencia.
Bulma dobló los codos y anonadada se sintió posesión del soldado por un instante. Vegeta apretó rápidamente la quijada y torció el gesto, alzó una ceja y comenzó a presionar la mirada casi sin control.
La mujer tuvo un recuerdo muy rápido y claro de las palabras del príncipe al decirle que terminaría reclutada para un harén y abrió los ojos desmesuradamente. No podía ser que la demandaran para ello tan rápidamente.
Sin pensarlo alzó sus manos contra el pecho del guerrero y se alejó lo suficiente para darle una bofetada en pleno rostro al saiya. Acción que más dolor le causó a su frágil extremidad que al rostro férreo del otro.
Tarble tragó saliva, todo estaba dándose catastróficamente mal.
— ¿¡Quién te crees que eres para tocarme así!?, ¡quítame tus sucias manos de encima ahora! —demandó al inmóvil soldado que aún no salía de su asombro.
Tooma sobó su mejilla incrédulo y se giró a mirar la exasperada expresión de la fémina. Gruñó a la criatura que había osado ridiculizarlo frente a sus compañeros. Alzó su mano derecha, la misma que atrevidamente había tomado la diminuta cintura de Bulma y con berrido formó una esfera de energía que alzó por encima de su cabeza. La mujer se encogió aterrada.
La esfera de energía terminó desviada en dirección contraria y la mano de Tooma chamuscada por la nueva esfera, causante de la bifurcación. El sorprendido soldado y la aterrada mujer miraron en la dirección de la que provenía dicha esfera y sorprendentemente se encontraron con un joven y atemorizado príncipe.
Vegeta lo observó con sorpresa, difícilmente había demostrado poder armar una esfera de energía en sus años en Vegeta-sei e incluso pudo actuar antes que él mismo en pos de detener la ejecución de la hembra.
— ¿Príncipe Tarble? —cuestionó Tooma.
El primero al mando gruñó, su temperamento y hombría lo obligaron a interrumpir.
— Esa hembra está bajo mi protección.
Nappa arqueó una ceja ante el enunciado y, del otro lado, Bardock observaba con curiosidad.
— Así que suéltala —continuó y el soldado, tras una disculpa, se regresó a su sitio junto con el resto de saiyajins.
Sintió entonces una enorme presión por parte de todos reunidos allí por explicarse a sí mismo y el por qué de esa repentina protección. Pero su orgullo se atragantó en su garganta y se dijo a sí mismo que no tenía por qué rendirle explicaciones a nadie. De todas formas, todos los presentes se suponían ahora sus subordinados.
Aún así, la mirada de sorpresa de los saiyas lo dejó incómodo. Al igual que su hombría, que amenazada lo obligó a hablar.
Luego de su encuentro casi feroz con la mujer de cabellos azules y de aún ver en su cuello, plasmada una marca dejada por él, la intervención de Tarble no le resultó del todo simpática. Se había cerciorado anteriormente de que no tuvieran relación alguna por una razón que él mismo había dejado desecha por sus acciones, pero, una vez más, él era el príncipe.
Extrañamente comenzó a sentir un sentido de pertenencia por sobre la mujer, aún tenía ella el olor de él, probablemente. Acababa de degustarla, de tocarla. No podía ser repentinamente protegida por su hermano. ¿Qué era lo que él pretendía?
Por supuesto que Tarble no imaginaba que estaba pasando por la mente de Vegeta, proteger a la terrícola, eventualmente. Seguramente Goku también estaría en posición para interferir pero no se dio el tiempo de esperar a nada y tan sólo actuó. Pero de alguna manera, ese tono y manera de reclamarle a Tooma aquella mujer, terminaba de confirmarle sus sospechas anteriores. Existía una parte de la relación entre Vegeta y Bulma que nadie más conocía.
Esa afirmación lo dejó casi en un estado catatónico, y repentinamente varias interrogantes comenzaron a tener respuesta. ¿Cómo fue que Bulma se dejó envolver por el sanginario guerrero que era su hermano?, ¿cómo Vegeta pasó por sobre sus propias órdenes y normativas de imperio destruido?
Nappa, por otro lado, se encontraba algo contrariado. Hasta el momento no había tenido instante de platicar a solas con Vegeta sobre su entrenamiento en la cámara de gravedad, y no supo en qué momento la hembra había pasado de estar constantemente amenazada de muerte por él mismo, a ser una pieza indispensable.
La joven científica sintió su corazón palpitar con tanta fuerza que temió fuera audible para esos seres de otro planetas, de cualidades aún desconocidas. Tragó saliva con timidez, el silencio incómodo que se había apropiado del lugar la ponía nerviosa.
Lo miró de lado, al príncipe, pasando por alto la pequeña esfera de energía que Tarble había lanzado para protegerla. Parecía gruñirle al mismo aire perturbador que la tenía intranquila. Con ese aspecto siempre obstinado e impenetrable que lo caracterizaba.
—Está bajo mi protección —pensó Bulma imitando la voz del guerrero.
Pensó rápidamente en esas emblemáticas palabras que le había dedicado, algo consternada y levemente atraída. Juraría que días atrás, si elegía un orden de palabras que a él no le agradara, la liquidaría sin dudarlo y ahora, en cambio… Estaba "bajo su protección". Obviamente no pudo evitar preguntarse si ese beso que compartieron habría cambiado en algo su parecer.
— Vegeta… —pronunció ella casi en un susurro.
Él sabía que antes de dado ese perturbador encuentro entre ellos dos, él ya había decidido que ella no podía morir. No era conveniente para sus planes y si bien, no era indispensable, tampoco podía dejarla morir. Al menos no por mano de otro soldado.
Vegeta no toleraría que lo cuestionaran, de modo que se dio media vuelta listo para retirarse. Se quedó quieto un segundo y miró por sobre su hombro, aún los soldados que acababan de arribar esperaban a sus órdenes.
—Pienso quedarme aquí a entrenar durante un tiempo, pueden quedarse pero espero no interrumpan mi entrenamiento —miró entonces a Bulma, por la comisura de su ojo y luego a Tarble, con mirada demandante—. Regresa a la hembra a su laboratorio cuando termines de jugar con ella.
El pequeño príncipe imitó el característico ¡Hmph!, de su hermano mayor y sintió como una punzada en su interior que no supo cómo calificar. Casi como un escalofrío intenso.
Bulma no carraspeó ante el pedido de su ahora turbio amante, sólo se giró a verlo partir acompañado de su fiel escolta. Los saiya se irguieron nuevamente y se miraron entre sí.
—Lo mejor será permanecer juntos, muchachos —espetó Shugesh—, ¿qué opinan?
El resto asintió, al tiempo en que el llamado ahora Goku se aproximaba a su amiga científica.
—Oye, Bulma —comenzó—, ¿crees que ellos podrían quedarse en Corporación Capsula?, los tendría aquí pero mi casa es muy pequeña y Milk está algo susceptible —terminó algo risueño.
La mujer se cruzó de brazo con serenidad y miró a los soldados saiyajin para luego soltar un suspiro fatigado.
—De acuerdo —dijo y agregó con fuerza—. Pero sólo si se comportan.
—Sí, señora —contestaron los caballeros al unísono.
El joven príncipe se sorprendió de lo rápido que habían sido domadas aquellas fieras, cosa que, por supuesto tenía mucho que ver con las últimas palabras de su hermano mayor.
La científica de cabellos azules caminó unos pasos, esta vez hasta la otra fémina del grupo.
— Disculpa, podrías decirme cómo hicieron para eludir mis radares.
Seripa la miró de lado con un aspecto tan impenetrable y gélido como el de Vegeta por tan sólo un instante y luego giró la mirada hacia el otro lado.
—No sé de qué me hablas.
Bulma bufó ante la nula respuesta de la saiyajin y se giró a Tarble. Luego de pensarlo unos segundos decidió regresar a C.C., y así indicarles a los guerreros dónde dormir y tal vez dormir ella un poco también.
Al llegar a su hogar los padres de Bulma, en especial su madre, no mostraron queja alguna ante sus nuevos visitantes. Muy al contrario, la señora Briefs se encargó personalmente de preparar una cena de bienvenida para los inquilinos espaciales. Mientras que su hija divagó por su habitación deliberando una vez más sus pasos a seguir desde ese momento.
Se sentó pesadamente en su cama. Había besado a Vegeta y engañado a Yamcha en consecuencia y realmente, aunque lo segundo no fue intencional, lo primero se dio casi con naturalidad, como si fuese lo correcto. Sintió entonces genuinamente que tal vez lo erróneo hubiera sido no besarlo, lo cual le resultaba contradictorio y, a su vez, la falta de culpa o empatía para con Yamcha se le hacía muy impropia de la situación. Ciertamente ella no disfrutaría en lo más mínimo saber que él se hubiera besado con otra mujer, más bien los hubiera mandado al diablo a los dos juntos.
Bulma no entendía su falta de culpa o empatía. Parecía no reprochar su propio comportamiento a pesar de saber lo mal de sus actos. Fue entonces cuando se preguntó a dónde iría ahora, ¿cuál era el paso a seguir? Vegeta no le tomaría de la mano y la llamaría su novia como hacía Yamcha. Vegeta tampoco tenía pudor de mirarla a los ojos o acariciar su cuerpo de manera furtiva como había esperado tantas veces de su novio. Era tan obvio que Vegeta no haría tantas de las cosas que su pareja haría que no supo qué le esperaba si esperaba algo de él. Por lo que simplemente se dijo a si misma que tal vez sólo fue un "desliz" de una sola vez y que quizás no se volviera a repetir.
Se encontró a sí misma esbozando una mezcla de amargura y tristeza. ¿No volvería a suceder?
La pensativa mujer se dejó caer en el colchón de la cama y juntó ambas manos sobre su abdomen.
— Qué voy a hacer ahora… —susurró— No puedo decirle a Yamcha lo que sucedió o se meterá en problemas con Vegeta. Tampoco creo que Vegeta se sienta muy cómodo si le hablo del tema, al menos sé que ya no me matará ya que estoy "bajo su protección" pero no sé exactamente qué quiso decir con eso —se giró sobre la cama, ahora con las manos debajo de su mentón— ¡Ash!, justo cuando pensaba hacerme una habitación allá para no tener que viajar de un lado a otro.
No entablaron conversación durante todo el trayecto a la nueva sede de Capsule Corp.
Nappa esperaba al menos un comentario al respecto de la llegada de los saiyajins, pero su líder se mostró más frío que de costumbre.
— ¿Crees que es buena idea dejar a Tarble a solas con esa mujer? —cuestionó, tan inoportuno como sólo él podía ser.
Un día de estos Vegeta iba a terminar matándolo.
— Me importa un bledo —dijo sin inmutarse.
Su súbdito no quebró el silencio siguiente, tal vez si elegía las palabras equivocadas para la próxima oración terminaría sufriendo peor destino que el planeta Vegeta-sei entero.
Aún no estaba seguro de qué era exactamente lo que lo tenía molesto, pero como siempre, asumió que las continuas interrupciones a su entrenamiento lo debían tener fastidiado.
Sin importar el bledo que le interesaba al príncipe, a Nappa seguía perturbándole la idea de que el linaje de su especie se viera manchado por una mujer terrícola.
Al llegar a las instancias de la Corporación, el soldado de cabeza calva sintió un ardor hambriento en la boca de su estómago y se sobó sobre la armadura.
— Vegeta, ¿dónde tienes algo de comer?
El príncipe lo miró de lado y luego señaló en dirección a la cocina y se dispuso en busca de una reflexiva sesión de entrenamiento. Se retiró su capa y la dejó en la entrada de su cámara de gravedad. Sin duda no quería maltratar una de sus pocas pertenencias como parte de la familia real saiyajin.
Nappa por su parte, se desvió rápidamente a la cocina. Al parecer él no tenía muy buena relación con las latas que encontró distribuidas en la cocina y jamás se imaginó que en las capsulas encontraría comida ya preparada. De modo que en su manera neandertal abrió lata por lata, recipiente por recipiente y sobre por sobre, sin importar el desastre que dejaba tras de sí a cada paso. Luego de un par que más que alimentarlo dejaron su contenido esparcido sobre los azulejos, comenzó a recordar con cierta amargura los platos que aquella rubia mujer le preparaba, no sin antes abochornarlo con sus coquetos e ilusos comentarios. A ninguna otra hembra le hubiera pasado por alto sus comentarios y tal como a esas latas, la hubiera destrozado, pero su habilidad culinaria la redimían de todos sus pecados a la hambrienta mirada del calvo guerrero.
No tardó mucho en verse a sí mismo, sumido en aquel aparente campo de batalla de comida, e imaginarse a sí mismo rodeado de delicias servidas por la extravagante mujer.
Tardó mucho menos en levantarse de su asiento, allí en el suelo de la espantosa cocina y cambiar su rumbo a Corporación Capsula. Vegeta evidentemente no lo necesitaría y, muy probablemente Tarble se encontraría allí, o al menos así se excusaba él.
Horas después, cuando la penumbra había reclamado ya el cielo nocturno del desierto, Bulma hizo entrada a la nueva sede de la empresa de su familia con más sigilo del necesario. Aún estaba indecisa sobre qué pensar acerca del encuentro cercano que había tenido con el príncipe y, ante la duda, prefería estar en guardia contra lo que estuviere por pasar. De cierto modo le emocionaba esa rara expectativa de su porvenir.
Caminó por las sombras con mucho cuidado de no pisar algún aparato a medio armar, chocarse con alguna silla o tropezarse con sus propios pies de los nervios.
Al adentrarse al recinto de lo que ahora era el laboratorio de sus armas, oyó unos sonidos que pudo suponer sería Vegeta, entrenando en la cámara de gravedad. Tragó saliva e instintivamente sus mejillas se tornaron coloradas. Tenía planeado inspeccionar un poco más el resto de las habitaciones vacías de la nueva cede para elegir la más apta para convertirse en su habitación temporaria. Pero sin duda tendría que compartir la cocina y el camino hasta su laboratorio con el príncipe y eso le provocó un ligero dolor en el abdomen.
Bulma caminó recorrió el pasillo y se giró por un instante hacia la cámara en la que se encontraba el saiyajin, luego de ver una silueta moviéndose de un lado al otro apresuró el paso y siguió de largo sin volver a mirarlo.
Lo que encontró en la cocina la tomó realmente por sorpresa. Definitivamente no era algo que, como aquella silueta, podía pasar por alto y seguir caminando. No, definitivamente no.
¿Cómo podía explicarse tanto embutido chorreando de las paredes?, ¿cómo podía ensañarse tanto con una sopa en polvo?
¿Cómo podía destruir así algo que tan cuidadosamente ella había preparado para él?
Bulma infló el pecho, indignada.
— ¡MALDITO MONO ASQUEROSO!
Vegeta repentinamente sintió un escalofrío recorrer su espalda a pesar de no haber podido escuchar ese grito. Tal vez los agudos decibeles de la voz de Bulma podían afectarlo a la distancia, casi como a los perros.
Inmediatamente la atmosfera rojiza que lo rodeaba desapareció y la puerta a su espalda se abrió. El príncipe se giró y allí estaba, con el rostro enrojecido y los puños tan presionados que podía notar una diminuta vena palpitando en esa pálida extremidad.
— ¡¿Cómo te atreves a dejar todo en ese estado?!, ¡eres un idiota mal agradecido!
El príncipe la miró de soslayo y ladeó una sonrisa
— ¿Ah, sí? —dijo luego de presionar el botón verde de su panel de control de gravedad, seguido del que marcaba un "2". Bulma perdió el equilibrio y por poco cae de bruces, debió arquear un poco su espalda y brazos para mantenerse erguida.
— ¿¡Qué demonios haces?! —le dijo y el esbozó una sonrisa más amplia, para presionar el botón "3".
Bulma cayó al suelo y lo miró aterrorizada.
— ¡Basta ya!
Vegeta se rió y continuó con su juego hasta que ella quedó postrada en el suelo con las rodillas flexionadas y el ambiente dentro de la cámara de gravedad comenzara a tonarse color rojo claro.
— ¡Vas a matarme! ¿¡Estás loco!?
El saiya rio nuevamente ante la debilidad de la mujer, él ni siquiera había sentido el cambio en el peso de su cuerpo mientras que ella estaba presionada contra el suelo, aprisionada. Parecía que hasta formular palabra le resultaba una labor bajo esa gravedad.
— ¡Me lastimas! —reclamó y entonces notó cómo comenzaba a dificultársele la respiración.
El príncipe la observó tendida en el suelo, con suma arrogancia y satisfacción. Sumisa y suplicante. Tal vez debería matarla, asesinarla cruel y sádicamente con su propio invento. Incluso le parecía una idea algo poética. Aplastar los órganos con la misma gravedad de esa habitación hasta que sangrara por dentro y demostrarle finalmente quién estaba al mando. Que dejara de una vez por todas de faltarle el respeto continuamente.
— Debería matarte —le dijo agachándose y apoyando los codos sobre sus rodillas—. Debería asesinarte aquí mismo por haberte comportado de una forma tan impertinente conmigo todo este tiempo. Ya tengo todo lo que quería y más ¿por qué he de conservarte con vida?
— No lo harías —replicó ella. Fue entonces cuando el saiya notó la mirada de terror en sus ojos. Estaba asustada porque sabía que él sería capaz y ya no lo podía esconder, se le escapaba el miedo por los ojos. Su ceño tembloroso no podía mentirle. Ella no deseaba morir.
— Sí lo haría —negó acercando su rostro ensombrecido al de ella—. No te necesito.
Bulma tragó saliva, el sadismo con el que Vegeta la estaba tratando le produjo escalofríos en todo el cuerpo. La firmeza de su voz al momento de decirle que la mataría y su inquebrantable y oscuro semblante digno de un asesino de elite, la hicieron temblar.
Así era como debía comportarse cerca de él, pero de alguna forma siempre pasaba por alto toda su inimaginable fuerza y poder, con impertinencia y eso lo hacía exasperar. Todo ese tiempo lo había dejado pasar, su mal comportamiento, sus atrevimientos; por su deseo de salir de ese planeta y entrenar alejado de toda esa insolente especie, pero ya había llegado el momento y ella había cumplido con su promesa e incluso, quizás, le había otorgado la llave para liberarse del dominio planetario de Freezer.
— Si la rompes nadie podrá repararla más que yo. Mi padre no te ayudará y Tarble no tuvo participación en esto. No tienes a nadie más que a mí —espetó la mujer frunciendo el ceño. Segura y con convicción, mirándolo a los ojos y notó como él formaba una diminuta sonrisa de lado al escucharla.
— ¿Darás pelea hasta el último minuto, he, mujer? —Susurró acercándose a ella peligrosamente.
— Libérame, Vegeta… —Contestó ella, estremeciéndose.
— El tono de tu voz está perdiendo convicción —dijo sonriéndose.
Bulma temblaba sus palabras cuando lo tenía cerca, pero ya no era miedo, si no otro sentimiento y él creía saber qué era.
— ¿De verdad quieres que te deje ir? —Vegeta apoyó su enguantada mano derecha junto al hombro de la mujer a su merced, inmóvil, y ella parecía más y más alarmada. Luego apoyó la izquierda, del otro lado y de no ser por las rodillas temblorosas de ella, él podría colocarse justo encima.
— Te… te dije que me soltaras…
— ¿Y si no lo hago qué? —cuestionó aun sonriendo.
El corazón de Bulma comenzó a bombear acelerado, estaba nerviosa pero ya no temía por su vida. Lo que estuviera pasando en ese momento parecía no importarles realmente a ninguno de los dos.
— Deberías hacerlo —susurró ella, seducida. Entrecerrando la mirada y ya sin luchar contra la gravedad que la estaba aprisionando, sino que cediendo a ella y dejándose caer en el suelo.
— ¿Debería hacerlo? —Le preguntó pasando la mirada por el curvilíneo cuerpo de ella.
No sabía en qué momento pasó de desear matarla a sólo desearla, pero así era. Ella le había dado una migaja de esperanza para liberarse de su peor pesadilla, había cumplido con su promesa y quizás ya había llegado el momento de quitarse ese pesado deseo de encima. De darle fin a esos profanos pensamientos y enterrarlos no sin antes satisfacerlos por completo. No le bastaba con tan sólo un beso.
La mujer había borrado todo otro pensamiento por su mente y sólo miraba los labios de aquel arrogante guerrero. Ese hombre de intrincado y sombrío pasado que simulaba sólo ser el soldado más fuerte e impenetrable de la galaxia. De convicciones fuertemente establecidas y altos estándares.
Bulma sintió ganas de liberarse del peso de aquella gravedad y tomarlo entre sus brazos, alojar aquel frío rostro en su pecho y darle calor. De liberarlo de todo lo pasado.
Allí estaban los dos, acalorados sin siquiera haberse tocado y sintiendo las levemente agitadas respiraciones del otro. Vegeta comenzaba a arrepentirse de tenerla sometida a la gravedad, sólo quedaba a disposición de él si seguir o retroceder, ella no podía conectar sus labios, ni tocarlo. Lo que por un lado le agradaba, le gustaba sentirla su prisionera.
Ella se rindió a sí misma al no poder moverse y lo invitó a sí con un simple gesto. Bulma cerró los ojos ligeramente ruborizada y preparó sus labios para recibirlo. Vegeta se sintió arder al ver lo sumisa que se había vuelto de un segundo al otro. Finalmente recibía lo que tanto había esperado, ella aguardaba que él se hiciera de sus labios. Y él los observó a detalle, contemplando lo que le aguardaba a ser probado. A que la saboreara y quizás también mordiera.
Vegeta entrecerró la mirada y sentía cómo sus respiraciones se tornaban cada vez más pesadas y tibias. No sólo el corazón de ella palpitaba con rapidez, parecían estar compitiendo entre ellos una batalla de agilidad que sólo terminaría luego de un compás desenfrenado.
La mujer sintió una ligera presión sobre su boca pero no era nada parecido a un beso, le faltaba su calor y su humedad. Con duda abrió leve los ojos y Vegeta había posado su pulgar en el ellos, sonriéndose mientras lo movía circularmente, obligándola a abrir un poco más los labios y luego cerrarlos. Perverso, intentó llevar su pulgar más allá pero la expresión de incertidumbre de ella lo hizo desistir. Entonces con esa misma mano vestida de guante blanco, tomó su mentón y lo trajo hacia él con suavidad. Bulma no opuso resistencia alguna, totalmente seducida y entregada.
— ¿Me detengo? —Le susurró al oído, sin embargo no esperaba que ella lo pidiera, ni se detendría si ella así lo determinaba. Tan sólo deseaba escucharla pedirle que continuara. Que ella lo deseara con tanta intensidad como lo hacía él en ese instante.
Bulma titubeó y su ceño se alzó casi entristecido, más que eso, derrotada. No quería detenerse aunque la lista de razones para hacerlo era más amplia que la de motivos para continuar. Había algo en la sonrisa perversa de Vegeta y en todo ese desolado y triste pasado que le atraían y la llevaban a tropezarse continuamente con la misma escena. Bulma lo deseaba pero no sabía si debía admitirlo en voz alta así él lo estuviera pidiendo.
— ¿Quieres detenerte? —Le preguntó ella, le parecía mejor y menos intimidante que decirle que continúe.
Vegeta la miró y supo que ninguno de los dos admitiría el deseo que se les estaba escapando del cuerpo. Bajó la mirada y notó el abdomen descubierto de ella y los diminutos pantalones blancos que apenas sí la cubrían. Giró apenas su mano izquierda y con el reverso de su dedo acarició el ombligo de la peli azul.
El sólo tacto la estremeció y arqueó un poco su espalda. Nunca nadie la había acariciado con tanta confianza y sin titubeos. Tan seguro y al mismo tiempo sereno. Él no pasó por alto la forma en la que su espalda se contorsionó con ligereza a su solo tacto, no estaba seguro si a lo que le temía era a él o sólo al acto. Su enguantada mano recorrió desde el centro de su abdomen hasta pasar por sobre los pequeños pantalones blancos y tomó de su muslo con confianza y se hizo con él, con un agarre firme y casi salvaje. Tuvo el detalle de mirar sus ojos una vez más y sacar de allí la verdad, ¿cuál era el verdadero temor?, y tal y como se lo esperaba, ella gimió y tragó saliva ante su posesivo tacto. ¿Sería posible que ella fuese…
Vegeta se extrañó, la mujer tenía pareja y sin embargo se mostraba demasiado primeriza para ya haber sido iniciada en el arte del sexo. Quizás realmente ella estaba inmaculada aún.
No se supo definir a sí mismo lo que aquel pequeño gran descubrimiento le estaba provocando en su interior. No se había disminuido su deseo, ni mucho menos. A pesar de ese semblante perverso pero sereno que llevaba en el rostro y de que cada movimiento de su cuerpo estaba previamente planeado, todo su interior ardía de deseo por dejarse llevar y hundirse en ella de una maldita vez por todas.
Aunque había algo en el hecho de no haber sido nunca tocada por otro hombre que le hacía sentir cierta pertenencia, recorrer un camino nunca antes recorrido por ningún otro. Era extraño, sin embargo. Toda esa confianza con la que ella se pavoneaba diariamente, totalmente desmantelada ante el descubrimiento de que muy probablemente ella fuera… virgen. Carecía de aquella timidez típica de las mujeres en su condición, aunque su inexperiencia se hacía obvia ahora que se encontraba tendida ante los brazos de su hambrienta presencia.
Inspeccionó su rostro una vez más en busca de algún otro rastro de su pureza y se le pasó por la cabeza cuestionárselo. Pero de encontrarse escuchando una respuesta negativa tendría que borrar los pasos de otro de todo su cuerpo y se le hacía más satisfactorio ser el primero en pasearse por sus senderos.
Dejando de lado las dudas que lo retrasaban, tomó una de sus piernas con firmeza y se acomodó entre ellas. Bulma continuaba erizada, expectante a cada paso que el otro daba. Vegeta deshizo el agarre que su cola sostenía alrededor de su cintura y con ella presionó el botón rojo del panel, yéndose así el aura rojiza que los rodeaba. Finalmente logró relajarse y respirar con un poco menos de dificultad. Aunque aun así, su pecho continuaba meciéndose agitado, el color de sus mejillas no se modificó y su mirada seguía perdida en cada uno de los movimientos del otro.
Vegeta apoyó nuevamente sus brazos a los lados de ella y se acercó a su boca.
Bulma no pudo contenerse un segundo más y tomó el rostro de su gallardo guerrero entre sus manos y lo besó con ternura. Las palmas de sus manos estaban tibias y parecía ser que se colocaba alguna fragancia en las muñecas, ya que el aroma que exudaba se hacía más presente.
El príncipe la acercó a sí tomándola por la cintura y la sintió contraerse una vez más, razón que le provocó esbozar nuevamente un pequeña sonrisa ladeada. La cual se borró al sentir como ella se alejaba un poco de él.
— Está fría… —le dijo, apuntando a su armadura al ver como él fruncía el ceño.
El soldado de ojos negros se irguió sobre sus rodillas, mirando su pecho y sin más se retiró la armadura por sobre su cabeza y los ojos de Bulma se abrieron de sobre manera. En realidad estaba sucediendo, o iba a suceder en breve. Vegeta arrojó su armadura a un lado y se regresó a mirar a la mujer, que había cerrado las manos para dejarlas por sobre su boca, cubriéndose levemente.
Él la tomó por las muñecas y descubrió sus flamantes mejillas. Llevó las delicadas muñecas, que cual rama podría romper en cualquier instante; por sobre su desordenada cabellera azulada y se regresó a besarla. Muy a diferencia de su primer beso casi casto, Vegeta saboreó sus labios a profundidad y ella se sintió aún más rendida que antes. Sus piernas que permanecían flexionadas y tensas, rosando las del saiya, se desplomaron lentamente permitiéndole a él acercarse más a su cuerpo.
Bulma abrió levemente los ojos durante su apasionado y atrevido beso, casi sin poder controlar sus respiraciones sólo para verlo compenetrado en su tarea, sintiendo su mordaz lengua recorrerla casi con salvajía.
Al sentir como sus piernas cedían no pudo contener sus ansias y soltó el agarre de sus muñecas y levantó la blusa color rojo que ella traía puesta por sobre su pecho, sin quitársela por completo pero, aun dejando al descubierto su brasier blanco, Bulma soltó un gemido ante la agresividad de Vegeta y volvió a tomar su rostro entre sus manos. Él la miró por un segundo cuando estaba a punto de plantarse a degustar el sabor de sus pechos y regresó a su boca como ella parecía solicitar. El saiya se conformó con sostenerlos con firmeza y escuchar dentro de su propia boca, los ahogados gemidos de la fémina.
Con cada movimiento ella parecían más entregada aún o más cooperadora con el acto. La manera en la que ese atrevido guerrero presionaba de sus senos hacía que su ceño se frunciera hacia arriba suavemente.
Luego recorrió impaciente su cuello, esa pequeña marca que le había dejado en la mañana y olió desde su pecho hasta su oreja casi con locura. Al llegar a sus pechos sintió las manos de ella hundiéndose entre su cabello, desordenándolo inexperta.
Él estaba listo para dar inicio a su frenesí tan esperado, sin embargo aún podía sentirla a ella ligeramente tensionada.
Por primera vez se preguntó si realmente debía continuar. Por mucho que lo deseaba y lo mucho que ella lo estaba incitando, quería profundamente saber que además de ser el primero, sería el mejor. Pero sólo podría serlo si ella estaba dispuesta a cooperar.
Repentinamente se detuvo y ella lo miró entristecida.
Vegeta la observó con la profundidad de sus ojos azabaches.
— Por favor… —susurró ella, vencida.
El príncipe medio sonrió. Realmente no podía negarse.
Continuará…
N/A: AHHHHHHHHHHHHHHHH! Me muero yo de sólo escribirlo y la verdad como que me apeno. Realmente no sabía cómo escribir este lemon porque todo el fic no ha sido muy sexual, más bien de aventura y creí que desentonaría un poco bastante con el resto del fic si dedicaba todo un capítulo al acto sexual (tan bien merecido) de Bulma y Vegeta. Lo complejo con escribir un lemon, al menos para mí, es la intensidad, si me paso, si es muy mojigato, si las descripciones se entienden, si se me revolcaron mucho y así. Por eso prefiero no complicarme tanto la vida y sinceramente me siento cómoda con lo que salió, si bien no leímos el coito xD creo que fue bastante bonito el cómo llegaron a eso.
¡Espero que les haya gustado! Nos vemos en el próximo y gracias a todos los que me han mandando review, todos los guest que no se ponen nombre jajaja Un besaso.
