"Trick or treat"
— Vas a congelarte aquí.
Tardó unos segundos en quitar la vista de su móvil tras reconocer mi voz. Su sonrisa aun seguía pegada a sus labios, como si supiese que yo iba a ir detrás de ella. Me pregunto si lo hizo apropósito y si luego de tantos años, aun sigo siendo tan obvia.
— No me importa el frio. — me dijo volviéndose.
— ¿Quieres que te consiga un abrigo por lo menos?
Mi preocupación por ella era sincera, y tengo que reconocer que la temperatura había caído en picada desde que había estado por última vez fuera, teniendo en cuenta nuestra vestimenta y que ella estaba bastante bebida, permanecer aquí no era nada saludable.
— No. Déjalo así. Ahora me iré dentro. — dijo arrastrando un poco sus palabras.
— Dianna… — hable luego de unos segundos. Ella seguía tonteando con su móvil sin prestarme mínima de atención. Negó con su cabeza junto a una enorme sonrisa hacia el aparato y volvió su vista a mí.
— Dime
— Yo… — balbucee — ¿Has venido… — me interrumpe.
— ¿Dónde está tu novio? — Ríe y no entiendo que es lo que le causa tanta gracia. Supongo que la borrachera le provoca eso, pero de igual manera me parece molesto.
— No tengo novio. Oye… — hago dos pasos con intensiones de acercarme a ella para que los demás no escuchen nuestra conversación, pero me detengo al ver su mano enfrente a mis ojos pidiéndome con un gesto que me detenga.
— ¿No tienes novio? — Vuelve a reír — ¿Cómo es eso que no tienes novio?
— Yo… — Frunzo mi ceño por caer en su juego. — No he venido para hablar sobre él contigo, quisiera que me…
— ¡Ah! Pero entonces si estas con él — — vuelve a interrumpir.
— Dianna, ¿Puedes dejar de tomar? — estiro mi mano para quitarle el vaso medio lleno que tiene pero lo aleja a tiempo mojándose un poco el brazo.
— Ya déjame en paz.
— ¿Qué te deje en paz? Has sido tú la que se presento a saludar.
— Pero tú me has seguido… — levantó sus hombros burlándose en mi cara.
— No merezco que me trates así. ¿Qué sucede contigo?
— ¿Qué sucede conmigo? ¡¿Qué sucede contigo?! — me apunta con la mano donde tiene su vaso.
— Solo he venido para saludarte como corresponde y hablar contigo.
— Ya me has saludado y estamos hablando. No quiero que tu novio o lo que sea venga detrás de mí.
— Eres una infantil. — digo molesta apretando mi mandíbula. Aun no creo como se está comportando conmigo.
— See — levanta sus hombros burlándose de mí. — Hay cosas que aun no cambian. — Clava sus ojos avellanas en los míos y siento que está lanzando algo más que una indirecta.
De un momento a otro nos vemos interrumpidas por Matthew que ha llegado por detrás mío riendo a carcajadas con otro muchacho. Solo me limito a sonreír e intercambiar saludos para no ser descortés. Dianna, una vez más, toma su móvil ignorándome completamente apartándose de nosotros momentáneamente.
— ¿No me presentaras? — escucho su voz detrás mío una vez que me he alejado solo unos pasos con Matthew. Cierro mis ojos y suspiro lentamente, pidiendo que no comience una escena aquí mismo. Aun puede escucharse algo borracha.
— No sabía que querías ser presentada. — digo entre dientes simulando una sonrisa a la vez que me giro en mi lugar.
— No me perdería por nada del mundo la oportunidad de conocer el nuevo romance de Lea Michele. — estiró su mano por delante mío presentándose con el antes mencionado — Dianna Agron, encantada. — Si. Ahí está. Su sonrisa. Una vez más. Pero de aquellas que solo ponía cuando una situación no era de su agrado y fingir era lo más adecuado, por supuesto, Matthew no tiene idea que cae en sus redes de actuación.
— Matthew Paetz. El gusto es todo mío — Tomó su mano, le dio un apretón y luego se acercó a su mejilla depositando un beso allí.
Sí.
Todo aquello paso frente a mis ojos. Parecía una puta broma.
— He oído mucho hablar de ti. — comenta él. Y estoy segura que de mi parte jamás. — Pero nunca le hicieron justicia a semejante belleza. — Suelta su mano y a continuación pasa su brazo por encima de mis hombros.
— Pues… gracias. — Se ríe — Me gustaría decir lo mismo sobre ti… ya sabes — deja el suspenso y tres de las personas que estamos en esta conversación lo malinterpretamos — es decir… el oír sobre ti. — Parece darse cuenta y aclara la situación — Lea acaba de comentarme. Linda pareja. — Sonríe forzado y cierra sus ojos milésimas de segundos. Nadie parece notarlo pero para mí, como antes dije, nada de lo que ella haga pasa sobre mí. — D-debo… debo irme. — Suspira — Nos vemos luego. Un gusto.
Sin más, sale casi corriendo de allí. ¿Qué demonios?
— Vaya personaje. — se burla Matthew con el muchacho nuevo.
Ni siquiera me detengo en su conversación pidiendo que dejen a Dianna en paz. Mis ojos siguen en ella, quien tiene dificultades para acceder dentro de la casa. Se ha tomado unos segundos para apoyarse en el marco de la puerta sosteniéndose con una mano. Parece tomar aire y agachar momentáneamente su cabeza. No espero a que pase mas, simplemente salgo de allí detrás de ella tomándola delicadamente de su brazo para llevármela escaleras arriba, al baño más cercano que haya perdiéndonos de la fiesta.
— Dianna, por dios. Reacciona. — Digo una vez que llegamos al baño, la dejo sentada en el retrete y corro a cerrar la puerta con seguro. Ella permanece sentada, con su espalda apoyada en la fría pared cerrando sus ojos. — Dianna. — palmeo un poco su mejillas. Ella solo gruñe acomodándose de medio lado para alejarse de mi insistencia.
— Ya basta… Lea — Suspira sonando mas a un llanto silencioso que a un suspiro en sí. — No hagas esto.
Escucho un sollozo salir de sus labios. Exactamente como lo pensé, ella permanecía enroscada en su propio orgullo dándome la espalda para que no la viese llorar.
— ¡Ya vete! — Volvió a pedirme, pero me acerque aun mas a ella tomándole uno de sus brazos para poder voltearla y verla a los ojos.
La chica de la que me había enamorado a primera vista en la cena de Glee para conocer a mis compañeros se había convertido en una hermosa mujer. Su, ahora, corto cabello platinado estaba algo despeinado cayendo sobre sus ojos. Tome un montón de ellos alejándolos de allí, conectándome nuevamente con su mirada. Acariciando su mejilla al alejarme. Pero sus ojos, ahora verdes, estaban tan intensos como siempre.
Yo permanecía clavada en el suelo de rodillas cuando ella decidió acercarse, incapaz de alejar mi mirada de sus ojos. Entonces, ella estaba allí, la antigua Dianna, conmigo en un mismo baño, deslizando sus manos por mis brazos y hacia mi cuello. Trague saliva nerviosa, con mis manos temblando, las deslice alrededor de su cintura sumergiéndonos en un abrazo.
Aspire su aroma familiar y así sin más, más de tres años alejadas fueron olvidados cuando mi cuerpo se unió al suyo, encajando a la perfección.
— Te extrañé tanto. — Me susurró al oído.
— Yo también te extrañé. — Dije besando su hombro aun sintiendo nervios recorrer mi cuerpo entero
— Tenemos que hablar. — Me eche hacia atrás alejándome de sus brazos.
— En realidad no hay nada de qué hablar ¿o sí?
Me cuestiono mirándola a sus ojos que comienzan a acumular lágrimas. Creo morir.
— Me comprometí. — Su mentón tiembla y no puedo ver más allá de ella. — Me voy a casar.
Fue como un golpe en el pecho que me empuja hacia atrás, levantándome nuevamente a tropezones.
— ¿Casar? – balbuceo.
— Eres la primera en saberlo, aparte de mi madre y Jason.
No era como si no supiese que ese día llegaría, pero no así, no con otra persona que no fuese yo. Fue como un cuchillazo en mi corazón.
Asentí aun sintiendo como mi corazón se rompía con cada respiración que tomaba — Espero… espero que seas feliz. — dije mientras negaba con mi cabeza sintiendo como las lagrimas querían escapar fuera de mis ojos. Gire mi cuerpo con la intensión de marcharme de allí, pero mis nervios ni siquiera permitían que tomase la llave con tranquilidad para quitar el seguro.
— Lea… por favor.
— ¿Por favor? Por favor ¿Qué? ¡Te vas a casar! — grite ahogando mi llanto.
— Necesito hablar. Te necesito.
Negué con mi cabeza rápidamente. — No puedo hacer eso. No puedo pretender que soy tu amiga y tú eres la mía. Siempre te he mirado con otros ojos, Dianna. No puedo… — apreté mi mandíbula molesta por ser tan idiota con ella y conmigo misma. El tiempo no espera. Claramente no tuvo piedad conmigo. — No puedo escuchar que me hables de la persona con la que te casaras y del matrimonio. Ni siquiera puedo pensar en esas dos cosas relacionadas contigo. — Gire mi cabeza mirando por encima de mi hombro para encontrarme con la mirada llorosa de Dianna — Eso me duele.
— Lo sé, Lea. Sé que duele. A mí también me duele esto, y verte con él de la mano. — Dio un paso hacia mí — Por favor, necesito hablar.
Antes de que pudiese responder, la puerta detrás de mi espalda comenzó a moverse. Como si alguien estuviese forzándola para entrar.
— ¡Ocupado! — Gritó Dianna.
— Oh, lo siento. — La perilla dejo de moverse y los pasos rápidamente comenzaron a escucharse lejos de aquí.
— ¿Estas saliendo con alguien? ¿En verdad lo haces?
Dianna parece sorprendida por mi pregunta. Ha sido idiota, lo sé, teniendo en cuenta que acaba de anunciarme su compromiso.
— Si. He tenido algunas citas.
— ¿Con chicas?
Dianna soltó una breve carcajada. — Sí, Lea. Chicas. Soy gay. Eso es lo que haces cuando eres gay. Sales con chicas, no sales y te acuestas con un hombre. — Le sostengo la mirada pero rápidamente la bajo sin saber que decirle. Sé que sus palabras siempre son directas pero disfrazadas para no herirme. — No quiero casarme con ella. No la amo, lo sabes.
— ¿Entonces porque haces esto, Dianna?
— Oh, Lea, vamos. Sabes cómo es esto. Sabes que siempre ha sido así. No hay elección, no cuando la persona que amas no puede estar contigo. Nunca ha habido elección para mí.
— Siempre la has tenido. Es tu vida de la que estamos hablando aquí.
— ¿Si? Pues la única elección que he tenido ha sido amarte, y siento que puedo tomar decisiones solo cuando estoy contigo. — Dijo con su voz ronca por el llanto contenido.
Sentía como mis lágrimas querían volver a escapar pero parpadee alejándolas. Dianna en cambio se volteó dándome la espalda, abrazándose a sí misma como si así pudiese protegerse de lo que se le viene encima. A ambas.
— Siento que no puedo hacer esto. No cuando vuelvo a verte entre la gente y mi corazón siente que se hincha en mi pecho. — Sus hombros se mueven en señal de llanto — Estoy aterrorizada. La quiero, si. Pero ella no es tú. — Dianna limpió sus lágrimas que caían libremente. — Ella quiere hacerlo el próximo año, en verano.
— ¿Ella?
Dianna por fin se dio vuelta con los ojos humedecidos — Molly. — Me ve bacilar y rápidamente toma mi mano — Se que ella sabe que tú estás aquí. También se que sabe que he querido venir por ese mismo motivo. — Volvió a mirarme a los ojos — Quiero que seas tú. Siempre quiero que seas tú.
— Entonces ponle fin a todo este disparare. Termínalo. — Presione su mano con la mía — Tú y yo, nosotras solas. Podemos irnos de aquí, encontraremos un lugar, podemos…
— ¿Qué? ¿Huir? — Dianna largó otra carcajada — ¿No crees que luego de unos días notaran la ausencia de dos famosas? ¿Acaso estás loca?
— En cuanto crucemos esta puerta nada me importara. — Digo con firmeza.
— Van a encontrarnos, Lea. Ellos siempre lo hacen y tú accederás a ello cuando la presión sea grande. Ellos te arrastraran de regreso.
— Dianna… — me interrumpe.
— No. No es así como funciona. Lo sabes. — Negó con su cabeza. Hizo una pausa retorciendo sus dedos con los míos. Finalmente, levantó su rostro mirándome con sus ojos suplicantes — Por favor, Lee. Te necesito — Acabó con la distancia que nos separaba mesclando su aliento con el mío por lo cerca que estábamos — Tengo que estar contigo. Te necesito, Lea. ¿Por favor?
Sus palabras volvieron a chocar contra mi pecho, dándole un tirón a mi corazón. Un sentimiento familiar del cual no podía escapar. No podía resistirme a Dianna. Nunca pude hacerlo y ni siquiera sabía porque aun permanecía aquí, parada frente a ella, analizando su pedido.
Asentí con mi cabeza y ella también lo hizo en extremo silencio, viendo como sus ojos volvían a brillar.
— Voy a… voy… — balbucee nerviosa y ella lo supo entender.
— Saldré primero. Te espero al final del pasillo. — Sus palabra siguen resonando en mi cabeza y en este enorme cuarto de baño un minuto luego de verla partir.
¡¿Qué demonios estoy haciendo?!
Sin embargo tomo la perilla de la puerta entre mi mano y la giro sabiendo que fuera de aquí las cosas cambiaran. Volveré a estar entre sus brazos y seremos la una para la otra nuevamente.
El fuego se extendía por mi cuerpo en cada paso que daba. Tuve que detenerme en el pasillo para no salir corriendo hasta su encuentro. Una vez en el final, pude notar como una de las puertas permanecía entreabierta. Me detuve nuevamente para recuperar el aliento antes de asomar mi cabeza dentro del cuarto.
No tuvimos preámbulos, mucho menos más conversación como la del baño. Tan pronto como escuche el clic de la puerta detrás de mí cerrándola con seguro, tome a Dianna de la cintura atrayéndola hacia mí. Gemimos cuando nuestros labios se volvieron a encontrar luego de tanto tiempo, abriendo nuestras bocas la una a la otra. Dianna, inmovilizándome contra la puerta, comenzó a desatar el lazo de mi capa roja.
— Oh, Lea… — Susurró contra mis labios apoyando su frente a la mía tras ver mi atuendo debajo de la capa.
— Shh… — fue lo único que salieron de mis labios mientras mis manos jugueteaban en el valle de sus pechos gracias a su generoso escote. Sentía como se acomodaban perfectamente en mis manos. Sus pezones se endurecieron mientras mis pulgares los frotaban.
— Por favor, llévame a la cama. Te necesito. — Susurró Dianna alejándose de mi boca.
Pero no estaba en mis planes adelantarme pasos en nuestro encuentro. Había pasado demasiado tiempo sin poder tocar su piel.
La posicione frente a la cama dándome la espalda para bajar cómodamente el cierre de su vestido. Tome su mano derecha para que de un salto pudiese salir de allí adorando la forma en la que solo sus bragas la cubrían. Giró en su lugar, siguiendo los mismos pasos que di con ella, despojándome de mi disfraz al competo, con su mirada fija en mi pechos. Se inclinó un poco mas capturando uno de ellos con sus labios, suspirando contra mi pecho de placer mientras mis dedos se perdían en su rubia cabellera sosteniéndola contra mi cuerpo.
— Dios, te he extrañado muchísimo. — dijo Dianna contra mi pecho levantando su mirada para conectarla a la mía, besando lentamente hacia arriba, comenzando un recorrido hacia mi rostro, haciendo una pausa en mi cuello para mordisquearlo un poco. Sus labios encontraron los míos rápidamente y abrí mi boca para ella, su lengua delineando mis labios, succionando la mía con fuerza.
Torpemente tomé a Dianna de la cintura dando un paso atrás. —Cama — dije nuevamente.
Esta vez Dianna hizo caso a mi petición. Despojándonos rápidamente de la poca ropa que quedaba encima de nuestros cuerpos. Dianna me empujó con ella hacia la cama. Hice una pausa, fijando mis ojos en cada hermoso detalle de su cuerpo tendido en esta cama. Un cuerpo que solía conocer a la perfección.
— Eres más hermosa de lo que recordaba. Eres… única — dije en voz baja sintiendo como me ahogaba con el aire. Levante la vista quedando completamente atrapada en los ojos verdes que había echado tanto de menos — Única para mí — murmure otra vez.
— Hazme tuya — susurró Dianna — Necesito que me hagas el amor.
Solo asentí aturdida por sus palabras mientras abría sus piernas con mi muslo quedándome entre ellas — Lo que quieras.
Me moví hacia abajo sobre su cuerpo, sintiendo como la humedad de Dianna cubría mi estómago. Sus manos me insistieron a seguir bajando, levantando sus caderas para mí, murmurando cuanto y donde me necesitaba.
Bese sus pechos, moviéndome más abajo, trazando un camino a través de su piel, bajando aún más, hasta encontrarme con el olor embriagador de su excitación. Gemí incluso antes de probarla provocándole lo mismo a ella con mi aliento chocando en su intimidad. Mi lengua se deslizo a través de sus pliegues antes de girar alrededor de su clítoris hinchado.
— Dios...Lea — Balbuceó Dianna mientras sus caderas se levantaban para encontrarse conmigo, poniendo mi boca a su merced para poseerla al completo. Mi lengua se movió rápidamente a través de su clítoris, deteniéndome cuando sentí su orgasmo acercándose.
Deslice nuevamente mi lengua profundamente dentro de ella, sintiendo como sus muslos se apretaban contra mi cabeza.
— Por favor, Lea… por favor — Me rogó.
Regrese a su clítoris haciendo caso a su pedido desesperado, jugueteando con ella, una y otra vez, sintiendo como se retorcía debajo de mí. Su mano derecha dejo de estrangular el acolchado para aferrarse a mi cabello otorgándole el alivio que tanto pedía succionando su clítoris duramente dentro de mi boca, sujetándola con fuerza, sabiendo cuanta presión debía usar. Sus caderas se sacudieron sobre el colchón teniendo que pasar mi brazo por su abdomen para presionarla hacia abajo, sosteniéndola mientras llegaba a su clímax.
— Dios mío — murmuró Dianna mientras su cuerpo se relajaba, sintiendo como sus piernas temblaban sin ni siquiera poder mantenerlas flexionadas por más tiempo. — Ven aquí — susurró tirando de mi hacia sus brazos.
Por mi parte me sentía en las nubes permitiendo que Dianna me abrazara aun sabiendo que nos quedaba poco tiempo juntas. Cerré mis ojos, absorbiendo todo su aroma y lo que podía obtener de Dianna.
— Te amo, Di. — susurre sin poder sellar mis labios para que las palabras se escaparan.
Tras unos segundos en silencio despegue mi mejilla de su pecho viendo como Dianna cerraba sus ojos con fuerza. Podía sentir como el rechazo en ella comenzaba a separarnos y mis palabras se tornaban agridulces al no recibir su respuesta.
— Yo también te amo.
Sentí rápidamente su cuerpo dándome vuelta sobre el colchón, sintiendo su peso sobre mí. Permaneciendo con mis ojos cerrados mientras Dianna me besaba. Podía sentir como su boca viajaba abajo hacia mis pechos.
Lo había intentado. Juro por Dios que intente quitármela de la cabeza en todos estos años, pero como Dianna había dicho anteriormente, era imposible que no me arrastraran lejos de ella una vez que supieran donde estoy. Pero ningún amante le llegaba a los talones. Nadie me tocaba en cuerpo y alma como ella lo hacía.
— Eres tan deliciosa — dijo, sus labios se arrastrándose nuevamente hacia mi boca de nuevo — Te he echado mucho de menos, Lea. Pienso en ti todo el tiempo.
— Yo también pienso en ti todo el tiempo — Admito en un simple susurro.
Dianna fijo su vista en mi ojos desnudándome aun más de lo que estaba. Desnudando mi alma. — ¿Es así con él?
— No. —Trago saliva — Nunca es así con nadie. Nunca más.
— ¿Piensas en mí cuando estás teniendo sexo con él?
— Sí.
Su mano se movió entre nuestros cuerpos, deteniéndose sólo un segundo antes de deslizarse entre mis muslos entrecortando mi aliento.
— ¿Y hace que te pongas así de mojada? — susurró sobre mis labios sin romper nuestras miradas. Mi boca entreabierta chocaba contra su aliento, estremeciéndome cuando frotó el dedo sobre mi clítoris.
— No — jadee abriendo mis piernas, dándole más acceso a su mano.
— ¿Qué quieres de mi? ¿Qué este dentro de ti?
— Sí
Dianna deslizó dos dedos dentro de mí provocando mi gemido inmediato ante el contacto, mis caderas elevándose para encontrarla. Sus labios se unieron a los míos nuevamente, sintiendo su lengua como delineaba mi labio inferior antes de darle un mordisco y colarse dentro.
— ¿Quieres que baje? — preguntó luego de desenroscar su lengua de la mía.
—Sí. Dios, sí — Jadee aun mas excitada.
Luego de dos golpes más, sus dedos me dejaron sintiéndome ridículamente vacía pero reemplazándolos con su lengua.
Gemí. Gemí como loca cuando sentí que la metía dentro de mí agarrando su cabeza, presionándola con fuerza contra mí.
— Esto se siente bien. Tan bien. — susurre.
Sus manos tomaron fuertemente mis caderas mientras se acomodaba entre mis piernas, su lengua se movía ahora sobre mi clítoris, devorándolo con rapidez, sabiendo perfectamente como complacerme. Mi cabeza cayó hacia atrás, con mi boca entreabierta mientras jadeaba en busca de mas aire, sacudiendo mis caderas bruscamente cuando succionó mi clítoris dentro de su boca.
— Di...Dios — respire entrecortada — Sí, sí, sí… Más duro.
Mis manos estrujaban los pelos de Dianna violentamente mientras sus labios y lengua parecían estar por todas partes a la vez. Mi orgasmo me tomo desprevenida, estallando contra ella jurando que había visto las estrellas. Antes de que pudiera recuperarme, los dedos de Dianna se encargaban de llenarme nuevamente, sumergiéndose profundamente en mi interior.
— Necesito estar dentro de ti. Quedarme allí. Tener todo de ti. — dijo mientras reclamaba mi boca nuevamente.
Cedí rápidamente ante sus palabras, provocando una lucha de lenguas mientras los dedos de Dianna bombeaban dentro de mí.
— Déjame tocarte. Yo también quiero sentirte. — dije desplazando mi mano entre nuestros cuerpos encontrándola húmeda y lista.
Dianna separó sus muslos mientras me deslizaba dentro de ella. Con su ayuda pude enterrarme más dentro de ella comenzando a mecerse sobre mis dedos. Nuestros ojos permanecieron conectados mientras nos movíamos la una contra la otra, al principio lentamente, disfrutando del contacto, luego más rápido, ambas jadeando mientras nos entregábamos placer la una a la otra.
— Por Dios… Lea — jadeó — Es tan… bueno.
Yo ni siquiera pude hablar mientras volvía a llegar a mi climax. Girando mi cabeza para buscar una almohada y ahogar mí grito en ella.
Una…Dos, tres embestidas más y Dianna llego al orgasmo, su boca cubriendo la mía para ahogar sus gritos.
— Te amo. — Susurre rodeando mis brazos en el cuerpo de Dianna, abrazándola con fuerza — Te amo con locura. — Dije presionándola contra mi desnudo cuerpo, sintiendo como Dianna temblaba y la humedad en mi cuello se hacía presente por sus lágrimas.
Cerré mis ojos negándome mentalmente a entregarme a lo que pronto vendría. Me negaba rotundamente a desprenderme de ella con las lágrimas cayendo también de mis ojos. — Te amo, Dianna. — Murmure — No te cases. No lo hagas, por favor.
Ella solo susurro contra mi cuello antes de apartarse —Siempre voy a amarte.
